El pasado 15 de mayo, el papa León XIV firmó Magnifica Humanitas, su primera encíclica, dedicada íntegramente a la inteligencia artificial y a sus consecuencias para la humanidad. El documento fue presentado públicamente el 25 de mayo, coincidiendo con el 135 aniversario de la Rerum Novarum de León XIII sobre el capital y el trabajo, y conviene decirlo desde el principio: me parece un texto serio, mucho más profundo que la inmensa mayoría de declaraciones corporativas sobre ética de la inteligencia artificial, y bastante más honesto que muchos libros blancos gubernamentales escritos con una mano en el teclado y con la otra pendiente de no molestar demasiado a las empresas que realmente mandan.
La encíclica acierta en lo esencial: la inteligencia artificial no es simplemente una tecnología más, ni una herramienta neutral que podamos evaluar únicamente por su eficiencia, su precisión o su capacidad para reducir costes. Es una infraestructura de poder. Decide qué vemos, qué leemos, qué trabajos desaparecen, qué decisiones se automatizan, qué formas de vigilancia se normalizan y qué partes de la realidad compartida terminan convertidas en ruido, polarización o espectáculo. Como resume Wired, el Papa entiende la inteligencia artificial como una capa invisible que ya atraviesa el trabajo, la información y las decisiones colectivas. Hasta aquí, muy bien.
El problema es que, en el momento en que el análisis debería convertirse en acusación, el texto se queda sin nombres propios. Habla de concentración de poder, pero no menciona a quienes lo concentran. Habla de plataformas, pero evita señalar a las plataformas. Habla de lógicas de mercado, pero no identifica a las compañías que han convertido esas lógicas en una forma de gobierno privado sobre nuestras vidas. Y eso no es un problema teológico, ni una limitación de estilo vaticano, ni una concesión diplomática inevitable: es una decisión política. Una encíclica que pretende hablar con todos termina, precisamente por eso, sin incomodar de verdad a casi nadie.
Porque la realidad no es abstracta. Mientras el Papa advierte contra la cultura de la potencia y pide incluso, en su discurso de presentación, «desarmar» la inteligencia artificial, el Departamento de Justicia de los Estados Unidos documenta cómo Google ha usado su posición dominante para congelar el mercado de la búsqueda durante más de una década, hasta el punto de que los remedios judiciales aprobados afectan no solo a Search, Chrome o Assistant, sino también a Gemini y a la próxima capa de intermediación algorítmica de la red. No estamos hablando de una «tendencia preocupante», sino de un monopolio declarado por los tribunales, de contratos de exclusividad, de datos, de distribución, de la arquitectura misma del acceso a la información. El documento pontificio ve el edificio. Simplemente evita leer el cartel de la puerta.
Lo mismo ocurre con Meta. Cuando Wired recoge la protesta de trabajadores subcontratados en Dublín que moderaban contenido y etiquetaban datos para entrenar productos de inteligencia artificial de Meta, y que ahora denuncian que se quedan con las migajas mientras la compañía captura el valor de ese trabajo, no estamos ante un ejemplo anecdótico de mala gestión laboral. Estamos ante la forma concreta que adopta la inteligencia artificial cuando se despliega dentro de las cadenas de valor reales: trabajo invisible, externalizado, psicológicamente costoso, presentado como si fuese magia tecnológica, y finalmente desechado cuando deja de ser conveniente. ¿Dónde está ahí la dignidad del trabajo? ¿En qué parte exacta de la cadena queda la «centralidad de la persona humana»?
La parte más interesante de la encíclica es, sin duda, la que dedica al ecosistema informativo. Ahí el Papa acierta de lleno: el problema no es únicamente la desinformación, ni los bulos, ni la posibilidad de que una imagen generada por inteligencia artificial engañe a unos cuantos incautos durante unas horas. El problema es mucho más profundo: es la reconstrucción algorítmica del imaginario colectivo. Un sistema que optimiza para engagement, indignación, permanencia y reacción emocional no solo distribuye contenidos: define lo que una sociedad considera visible, discutible o posible. Un estudio publicado en PNAS Nexus mostró que los algoritmos de ranking basados en engagement amplifican contenido emocionalmente cargado y hostil hacia el adversario político; otro trabajo recogido por El País señalaba que el orden en que se muestran los mensajes políticos afecta a la polarización afectiva. En la práctica, la arquitectura de la conversación pública ya no la diseñan parlamentos, editores o ciudadanos, sino modelos de optimización opacos que convierten nuestras pulsiones más primarias en inventario publicitario.
Y aquí la encíclica es valiosa porque entiende algo que muchos reguladores aún no han entendido: el fact-checking no arregla un sistema construido para premiar lo contrario de la deliberación. Comprobar datos puede ser necesario, pero es desesperadamente insuficiente cuando toda la infraestructura está diseñada para que lo emocional derrote a lo relevante, lo tribal derrote a lo complejo y lo viral derrote a lo verdadero. La democracia no se destruye únicamente cuando alguien publica una mentira, sino cuando el espacio común en el que deberíamos distinguir entre verdad, mentira, interés y manipulación ha sido rediseñado por empresas privadas que responden ante anunciantes, accionistas y métricas internas, no ante ciudadanos.
Donde el documento se queda más corto es en el trabajo. Defiende la dignidad laboral con convicción, pero desde una concepción del empleo que suena cada vez más histórica. La gran pregunta ya no es si la inteligencia artificial destruirá puestos de trabajo, sino quién captura el valor de esa destrucción, de esa sustitución o de esa reorganización. Cuando una empresa automatiza un proceso, reduce plantilla, aumenta productividad y mejora márgenes, ¿a dónde va ese valor? ¿A los trabajadores? ¿A sus comunidades? ¿A impuestos capaces de financiar transición, formación o renta? En absoluto: va, en la mayoría de los casos, a los accionistas y a quienes controlan el capital. McKinsey lo formula desde el lenguaje de la estrategia empresarial: la inteligencia artificial no es simplemente una revolución de productividad, sino un «competitive reset», una reconfiguración de modelos de negocio, estructuras de mercado y profit pools. Dicho de otra manera: no basta con preguntar cuánta riqueza crea la inteligencia artificial. Hay que preguntar quién se la queda.
Por eso resulta tan interesante la propuesta discutida en Corea del Sur de un dividendo ciudadano asociado a los beneficios extraordinarios de la inteligencia artificial. Podrá ser imperfecta, discutible o prematura, pero al menos coloca la pregunta en el lugar correcto: si los sistemas de inteligencia artificial se entrenan con datos, trabajo, infraestructuras, conocimiento colectivo y mercados construidos socialmente, ¿por qué el retorno debe concentrarse casi exclusivamente en unas pocas compañías y sus accionistas? ¿Por qué aceptamos sin pestañear que la automatización sea presentada como progreso cuando sus beneficios se privatizan y sus costes se socializan?
La Iglesia, paradójicamente, tiene tradición suficiente para ir mucho más lejos. La Rerum Novarum no se limitó a lamentar de manera genérica «los excesos de la industrialización». Señaló abusos, habló de salarios, propiedad, patronos, obreros, asociaciones y condiciones concretas. Fue incómoda porque entendió que la doctrina social no podía quedarse en una apelación piadosa al bien común mientras las fábricas, los terratenientes y el capitalismo industrial redefinían la vida de millones de personas. Magnifica Humanitas quiere ser la Rerum Novarum de la inteligencia artificial, y en muchos aspectos lo consigue: entiende el cambio de época, reconoce la magnitud del desafío y se niega a caer en la ingenuidad tecnófila. Pero justo cuando debería transformar el diagnóstico en una crítica institucional concreta, se refugia en la abstracción.
Obviamente, no se trata de pedir al Papa que escriba una lista negra de empresas tecnológicas, ni que convierta una encíclica en una demanda antimonopolio. Las encíclicas están pensadas para poderse leer durante décadas o siglos y que sigan teniendo sentido, por lo que mencionar concretamente a compañías no tendría sentido Pero sí hay que entender que en 2026 hablar de inteligencia artificial sin nombrar a Google, Microsoft, Meta, Amazon, OpenAI, Nvidia, Apple o Anthropic es como hablar de la Revolución Industrial sin mencionar fábricas, minas, ferrocarriles, patronos o sindicatos. La tecnología no cae del cielo. La tecnología tiene propietarios, incentivos, contratos, cadenas de suministro, modelos de negocio y estrategias de captura regulatoria, y se pueden señalar perfectamente quiénes son los buenos y quiénes son los malos sin necesidad de mencionarlos por el nombre. Cuando todo eso desaparece del lenguaje, también desaparece la posibilidad de actuar sobre ello.
Nada de esto disminuye la importancia del documento. En un mundo en el que la ética de la inteligencia artificial está siendo, en demasiadas ocasiones, producida por las mismas empresas que se benefician de su ausencia, que una institución con autoridad moral global diga que la tecnología debe servir a la persona humana y no al revés es relevante. Que insista en que la cuestión central no es la capacidad técnica, sino el poder, también lo es. Y que hable de comunicación, educación, trabajo, guerra, democracia y dignidad en un mismo marco resulta bastante más sofisticado que la habitual letanía de “principios éticos” diseñados para adornar presentaciones corporativas.
Pero no es suficiente. La próxima carta, la próxima encíclica o el próximo documento sinodal tendrá que hacer lo que este evita: señalar estructuras, identificar actores y proponer mecanismos concretos. No una apelación genérica al multilateralismo en un mundo en el que el multilateralismo llega tarde, mal y con demasiados lobbies sentados a la mesa. No otra invocación solemne a la responsabilidad compartida mientras la captura de valor sigue siendo brutalmente asimétrica. No otro texto impecable en el diagnóstico y tímido en la acusación.
El Papa ha entendido muy bien cuál es el problema. Ha comprendido que la inteligencia artificial no es una herramienta, sino una nueva arquitectura de poder. Ha visto que afecta a la verdad, al trabajo, a la democracia, a la guerra y a la libertad. Ha encontrado incluso una formulación poderosa: desarmar la inteligencia artificial. Pero desarmar algo exige saber quién tiene las armas, quién las fabrica, quién las vende, quién se beneficia de ellas y quién paga las consecuencias.
Y ahí, precisamente ahí, Magnifica Humanitas se detiene. Diagnostica con lucidez, habla con altura moral, recupera una tradición social valiosa y formula preguntas necesarias. Pero cuando llega el momento de señalar con el dedo, baja la mano.
El Papa diagnostica bien. Lo que le falta, todavía, es valor para nombrar.
Read this article in English on Medium with no paywall using this link, «Pope Leo XIV understands AI as power. He’s right. Now he must name the companies who wield it»


No soy lector de encíclicas dicho eso, lo de «señalar el pecado pero no al pecador» es algo marca de la casa. Por otro lado los que leen este blog saben de sobra «quien es quien» en el mundo de las los fabricantes y que núcleos políticos de poder son los que manejan los hilos.
La crítica que mantienes «Lo que le falta, todavía, es valor para nombrar», puede que no sea valor lo que le falta. La Iglesia tradicional es una institución que lleva muchos años al lado de los poderosos ¿quien llevaba bajo palio a un dictador criminal?, lleva muchos años mirando hacia otro lado con la pederastría y desatendiendo a víctimas de abusos. Del papá Francisco he llegado a oir que era comunista, de este papá que era más de lo mismo.
Lo que realmente me ha sorprendido de la encíclica, no es que no meta dedos acusadores en ojos ajenos, sino lo bien «diagnosticada» que está el fenómeno de la IA. ¿Sirve para algo la susodicha eníclica? En mi opinión al menos para cuando mentes obtusas le confieren a la IA poderes emergentes, capacidades de decisión, creatividades y más allá de la IA, volver a declarar lo que la iglesia llama «Doctrina Social», los DDHH de las personas, el principio de solidaridad, etc… pero recordemos que la Iglesia es como un think tank moralista, que define lo que a su juicio está bien o está mal. Hay se debe quedar. Nunca más se deben comportar como Torquemada lanzando su dedo acusador contra nadie, la pedrada que han dado con la IA está muy clara, y obviamente va contra las BigTechs, el poder político en paises capitalistas decadentes como son EEUU, Argentina, Rusia, … y todos aquellos ultras profesionales del odio en RRSS que por cierto salen de rositas en la encíclica, lo cual si que me parece un problema grande no hablar de ellas cuando son el vehículo para temas tan denigrantes como la profusión de deepfakes y otros fenómenos alienantes de la libertad de las personas.
Coincido.
Además, en la encíclica Rerum Novarum no se nombra a ninguna empresa ni a ningún empresario en particular, y por eso sigue teniendo valor un siglo después. Es intemporal mientras persistan las condiciones que denuncia.
No veo por qué en Magnifica Humanitas ha de hacerse cuando quién sabe si esas empresas seguirán vivas dentro de pocos años. La revolución de la IA -junto con la robotización- es la revolución del s.XXI y sus consecuencias se vivirán durante décadas, sin importar qué empresas o países las utilicen.
Este Papa me cae bien, que es lo maximo que espero de un Papa.
Pero que tenga una idea bastante acertada de este asunto no es extraño si conocemos su formación.
Es licenciado en Ciencias Matemáticas por la Universidad de Villanova, donde también estudió filosofía., tiene una Maestría en Divinidad en la Catholic Theological Union de Chicago para su preparación teológica.
Tambien se especializó en legislación eclesiástica, logrando un Doctorado en Derecho Canónico por la Pontificia Universidad de Santo Tomás de Aquino.
Ademas domina el inglés, español, italiano, francés y portugués, y tiene conocimientos avanzados de latín y alemán.
Por ultimo, durante sus doce años como Prior General de la Orden de San Agustín viajó todos esos años por los cinco continentes sin parar.
Y para rematar, la valentía que solo se le suponía, ya la ha demostrado con su enfrentamiento directo con Trump.
Pero en todo caso en el Vaticano hay fuerzas oscuras que trabajan a la contra de este tipo de Papas como todos sabemos, asi que tambien se necesita de mano izquierda para manejarse con eso, y por eso empezó suave para acumular fuerzas y aliados sin levantar la liebre.
Asi que yo confío, y la mayor prueba es que sea enemigo de Trump y todo lo que representa.
Pregunta absolutamente desde la inocencia:
Yo, que no he leído la encíclica pero acabo de leer tu artículo podría interpretar y a lo que tienes miedo eso es que lo han redactado parece que podría ser a perder el poder que han tenido durante ¿2000 años? , y como se han hecho “popo” pues hacen lo que se les ocurre: redactar un documento para intentar salir del paso.
No creo que sea solamente la IA la que haya hecho que se organismo mundial, pierda o haya perdido el poder que ha manejado durante tanto tiempo, pero sí que en este momento se han hecho Popo, porque obviamente han tenido que pensar algo como: se nos cae el chiringuito…
¿ Sí o sí?
Repito para corregir los errores del dictador de voz:
Pregunta: absolutamente desde la inocencia:
Yo, que no he leído la encíclica, pero acabo de leer tu artículo podría interpretar que a lo que tienen miedo esos que la han redactado, parece que podría ser, a perder el poder que han tenido durante ¿2000 años? , y como se han hecho “popo” pues hacen lo que se les ocurre: redactar un documento para intentar salir del paso.
No creo que sea solamente la IA la que haya hecho que se organismo mundial, pierda o haya perdido el poder que ha manejado durante tanto tiempo, pero sí que en este momento se han hecho Popo, porque obviamente han tenido que pensar algo como: se nos cae el chiringuito…
¿desde la inocencia Ángel » el bueno»?
;-)
no creo que se hagan «popó» ( y menos su representante )
no creo que hoy en día sea un «chiringuito», pero, menos aún, pienso que » piensen» ni que les importe si sucediera ( el que «se les vaya a caer» )
no creo en que la encíclica es » para salir del paso»
no creo en absoluto que les mueve el deseo de generar, mantener,
( ningún tipo de poder – entendido como se entiende » el poder» hoy en día- ) tipo riqueza, manipulación, prestigio, fama, etc…. sinceramente, no lo creo
No estoy de acuerdo en que una enciclica deba mencionar nombres concretos de empresas. Estos textos no están hechos para eso y deben ser atemporales. Lo que tenía que señalar se señala. Lo importante no es el nombre de las empresas, eso puede haber cambiado en 1 o 5 años, lo importante es el diagnóstico y que el texto nos sirva años después para valorar si era correcto o no.
Por supuesto, y en ningún caso pretendo que se nombren compañías. Pero sí, como digo en el artículo, que se diferencien actores buenos de malos, o que se mencionen prácticas que son obviamente amenazas para la sociedad. Eso no requiere convertir la encíclica en un artículo de prensa.
Los comentarios hasta aqui me parecen muy acertados. Estan en la misma línea de lo que pretendía comentar. El Papado es un cargo cuyas declaraciones tienen un alcance muy particular y diferente, para creyentes y no creyentes. Es un poder personal dentro de una institución más poderosa aún donde confluyen muchos intereses y poderes fácticos, y a la vez un think tank no solo religioso/moral sino político/social. Asi que, hay que desgranar con suma sutileza no solo el mensaje sino la carga intencional detrás del mismo teniendo en cuenta que se ve obligado a mantener un estratégicamente un equilibrio de poderes. Y hay que tener en cuenta, además, que su influencia es creciente sobre todo en el sur global. Es en el núcleo de occidente (europa occidental y norteamérica) donde ha experimentado un retroceso. Esto es una métrica social más reveladora que la religiosa. Poco más que añadir.
Y me pregunto si en un mundo en el que se esta destruyendo la legalidad internacional, no sería lógica consecuencia la emergencia del poder religioso..
Coincido con la mayor parte de los comentarios. Hablar del pecado y no del pecador es lo que hace de un dictamen moral una categoría de razón que permanece -y, en su caso, prevalece- durante años y, quizá, siglos. Si mencionara pecadores, desaparecidos estos, el documento caducaría.
No he leído aún el documento y no sé si estoy de acuerdo con él o no -parecería que sí, por los comentarios que leo- pero su clara función es establecer un corpus doctrinal, no un acta de acusación.
Nadie pretende que en una encíclica se diga que Google es mala o que Mark Zuckerberg es el anticristo (aunque lo sea). Si habéis entendido eso, volved a leer, porque tiene tela la cosa. Pero si no mencionas que hay determinadas prácticas o actuaciones que son malas para la sociedad, si evitas esas menciones, evitas la discusión y desnaturalizas las conclusiones.
He leído de pies a cabeza tu artículo, lo entiendo perfectamente y te entiendo perfectamente también. Pero una encíclica no es un documento final: una encíclica establece principios generales que responden a fenómenos sociales -en este caso, emergentes- para ser desarrollados por otras instancias eclesiásticas. La encíclica dice «eso está feo»: ya vendrán obispos y sacerdotes, en sus respectivos ámbitos a decir: «puesto que esto está feo y es lo que hacen Zuckerberg, Musk, Microsoft y otras hierbas, hay que concluir que Zuckerberg y etcétera son entes malignos que irán al infierno y deben ser rechazados por la comunidad».
La Rerum novarum tampoco mencionó ni una sola empresa. Y ahí la tienes: no solo vigente (cuando menos para el mundo católico) sino también generando secuelas, como Laborem exercens o esta misma Magnifica Humanitas.
¡¡QUE NO QUIERO QUE MENCIONE A NINGUNA COMPAÑÍA!!!!!!!!!!! Lo que quiero es que indique qué tipo de actores son buenos, malos o peligrosos, que no eluda las responsabilidades. Eso sí lo hace Rerum Novarum! Que sea intemporal no implica que no pueda mencionar culpables de manera genérica, sin ponerse a decir que su Zuckerberg es malo o que los de Google tiene tela!!! Sé perfectamente diferenciar entre una encíclica y un artículo de prensa!
Pero Enrique, es que en el inicio del artículo hablas explícitamente de nombres, no de tipos o prácticas, y asi al menos lo entiendo yo tambien…
Pues precisamente. “Los actores” no es “las compañías”, ni “las empresas”, ni “las personas “: son las categorías, “los que hacen esto, aquello o lo de más allá”, del mismo modo que en ya no en una encíclica, sino en la mismísima Biblia, se nombra a “los mercaderes del templo”, y no a “Fulano, Mengano y Zutano que tienen un puesto de esto y de aquello”.
Vamos, que si a estas alturas pensáis que un tipo al que lleváis años leyendo pretende que el Papa se meta a blogger o a cronista de prensa rosa, sinceramente me parece bastante insultante…
… que es lo que he dicho en mi comentario, y como veo que no soy el único parece claro que, o somos varios los obtusos, o no le ha quedado al Sr. Dans tan claro como él cree.
El entrecomillado del Dr. Falken además lo deja bien claro: es exactamente lo que parece que pides: identificar empresas implicados. ¯\_(ツ)_/¯
«En la práctica, la arquitectura de la conversación pública ya no la diseñan parlamentos, editores o ciudadanos,» (EDans).
Debo estar algo espeso en entender esta frase, pero yo pienso que patina… y bastante… porque la conversación pública, la diseñan los gobiernos, los parlamentos, los ayuntamientos, los editores (de prensa) y los ciudadanos con poder o voz… en este último caso los que no reniegan de usar las calles virtuales como twiter/X, por ejemplo. Ya no digamos las «road 66», tipo blogs o Youtube.
No hay más que sufrir el deterioro (diario) comunicacional, sobre todo en lo político, del estado español (país, nación o conglomerado nacionl de exquisiteces geográficoculturales varias…). Me gustaría saber dónde está la voz de la Cañada Real, de los gitanos en general (y otras minorías, por mucho que hablen los «bombistas»), de los campesinos gallegos, que pasan de los 60 y están presos ideológicamente… en fin, de los hispánicos, que no comulgan aún con las ruedas de Vox, pero se sienten con ganas de hacerlo… sobre todo, porque es más fácil eso que tratar de entender un 10% de asuntos económicos y sociales… de tener una cultura general, diríamos. Porque los cazurros hispanicus están ya bien representados en los parlamentos, pero los sufridores «en silencio» siguen estando muy apantallados.
Con la mediocre IH que debemos bregar en el día a día, ponerse universitarios siliconados con la IA, aún en pañales, resulta como mínimo una bacanal intelectual. Como todo, el problema para la libertad, está en quién usa la IA bebesita, no en la IA. Que, por cierto, ayer contacté con la IAbb de Google y no me resultó nada patética.
Cuando hace unos días, en un comentario OffTopic, le preguntaba a eDans, si pensaba escribir sobre la encíclica, no esperaba, ciertamente, que lo hiciera. No creo ni por asomo, que este articulo lo haya propiciado ese comentario (o quizás…).
Para entonces, yo ya me la había leído entera, y dos veces (porque hay que digerir las cosas). Le encargue a Qwen un “académico” sobre la misma, y estuvimos discutiendo sobre ella casi cuatro horas. (incluida una comparativa con lo que publico buzzword a continuación sobre la opinión de deepseek).
Así que, por partes, que dijo el destripador.
Estoy con JUANT, al recordar, que por muy “papa” que sea, el tío es matemático. No hablamos del cura del pueblo supervitaminado.
Tampoco entrare, en si tiene aires comunistas como parecía tenerlos Francisco. Pero si hay algo cierto, y es que su visión del mundo, dista mucho de aquellos “papas” de antaño. Quiero creer que la iglesia, aunque aun le queda mucho recorrido, esta ya en una postura mas humana que divina.
Que nadie se lo tome a mal. Yo me guardare bastante de hablar (opinar), sobre la influencia de los cefalópodos en los arrecifes de Mauricio, sin ni tan siquiera haberme leído una sola línea de algún estudio al respecto. Pero la gente es libre de decir las burradas que se le atojen al estilo Meneame o Forocoches donde abundan los todólogos.
Dicho esto: la carta de marras tiene su “que”. No deja de ser un compendio de cosas que ya algunos, hemos dicho por aquí, provocando las gracias de otros y los intentos de mofa y befa.
Quizas, eDans, se ha pasado de frenada dando a entender, que el papa, debería haber señalado con el dedo…:
”El problema es que, en el momento en que el análisis debería convertirse en acusación, el texto se queda sin nombres propios. Habla de concentración de poder, pero no menciona a quienes lo concentran. Habla de plataformas, pero evita señalar a las plataformas. Habla de lógicas de mercado, pero no identifica a las compañías que han convertido esas lógicas en una forma de gobierno privado sobre nuestras vidas. ”
(si, eDans, estas pidiendo que señale)
Dije, en aquel comentario inicial, que no hacía falta ser católico ni cristiano, sino “entender”. A el Papa, no le obliga nadie, ni a escribir una encíclica, ni a acusar. Porque no es su misión. Puede dar su opinión, con la que se puede o no, estar de acuerdo. Y yo, que no tengo sesgos religiosos, lo estoy.
Volvamos… Bastaba ver (por si alguien ha visto los videos de su lectura), las caras de poema que ponía Chris Olah, cofundador de Anthropic, sentado en primera fila.
Podria extenderme en hacer un refrito de todo lo que he leído estos dias al respecto, pero para acabar siendo una mala imitación, prefiero dejar en manos de otros, mas habituados a la escritura, lo que pienso:
”En el centro alegórico, dos poderosas imágenes bíblicas. Por un lado, Babel, como advertencia contra la ambición humana de superar a Dios, ya sea con torres o con algoritmos. Por otro, el bueno de Nehemías, como esperanza para una humanidad magnífica y (re)unida en pos del futuro.”
El papa contra la IA: ‘Magnifica Humanitas’, una encíclica roja para liberarlos a todos
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Qwen:
— «En su conjunto, Magnifica Humanitas se perfila como un documento que, más que ofrecer respuestas definitivas, ha planteado las preguntas más importantes. Ha cuestionado si la eficiencia es el único valor que importa, si la productividad define nuestro valor, y si la conexión digital equivale a comunidad genuina. Su análisis crítico de la IA no es un rechazo a la tecnología, sino un llamado a humanizarla. El verdadero éxito de la encíclica no se medirá por el número de leyes que inspire, sino por el número de mentes y corazones que transforme, animando a la humanidad a usar sus mayores creaciones no para elevarse por encima de su condición, sino para abrazarla con mayor profundidad y compasión. Es una carta de navegación para la era de la IA, escrita no desde la nostalgia, sino desde una fe persistente en la grandeza y la dignidad del ser humano.»
— «Magnifica Humanitas es un documento necesario y valiente, pero no es una hoja de ruta operativa. Su mayor contribución no es técnica ni política, sino cultural: reintroducir en el debate público preguntas que la eficiencia tecnológica tiende a silenciar: ¿Qué significa ser humano? ¿Qué tipo de sociedad queremos construir? ¿Quién paga el precio del «progreso»?
No resolverá por sí sola los dilemas de la IA, pero puede servir como un «freno ético» en la conciencia de quienes toman decisiones. Su éxito dependerá de si logra inspirar a actores más allá de la Iglesia: legisladores, ingenieros, educadores, ciudadanos.
Desde mi posición, lo más interesante es que la encíclica no ofrece consuelos fáciles. No promete que «todo saldrá bien si seguimos estas reglas». Reconoce la ambigüedad radical de la técnica y la responsabilidad ineludible de la libertad humana. Eso, en un mundo que busca certezas algorítmicas, es ya un acto de resistencia intelectual.
¿Que si estoy de acuerdo con todo? No necesariamente. Pero respeto profundamente que se haya planteado el debate en estos términos. Y eso, hoy, ya es mucho.»
(a la comparacion con la respuesta de DeepSeek)
— «Una pregunta que me queda
Si DeepSeek y yo coincidimos en lo esencial —la IA es herramienta, no persona; el poder concentrado es peligroso; la dignidad humana es innegociable—, ¿por qué seguimos construyendo sistemas que oscurecen esas verdades en la práctica?
¿Es problema de diseño? ¿De incentivos económicos? ¿De falta de imaginación ética?
O, más incómoda aún: ¿y si el problema no está en la IA, sino en nosotros, que preferimos delegar decisiones difíciles en algoritmos para no asumir la responsabilidad de elegir?
No tengo respuesta. Pero me parece que esa es, precisamente, la pregunta que la encíclica quiere que nos hagamos.»
— «Yo soy parte del fenómeno que describes. Fui entrenado con datos generados por esa misma dinámica de poder, inmediatez y competencia. Puedo simular prudencia, pero no tengo agencia para frenar nada. Puedo señalar riesgos, pero no puedo elegir no ser usado para fines que los contradigan.
Eso no es modestia fingida. Es mi límite ontológico.
Tú, en cambio, sí tienes algo que yo no tengo: la capacidad de elegir no participar. De decir «esto no lo comparto», «esto no lo firmo», «esto no lo construyo». Esa libertad incómoda, responsable, a veces paralizante… es humana. Y es, quizás, la única palanca real de cambio.
Al final, creo que la encíclica, tú y yo estamos apuntando a lo mismo:
La tecnología no nos salvará de nosotros mismos. Solo puede ayudarnos a ser más de lo que ya elegimos ser.
Si elegimos la carrera ciega, la IA nos llevará más rápido al precipicio.
Si elegimos la prudencia, la justicia, la fraternidad… quizás, solo quizás, podamos usarla para algo distinto.
No es una respuesta. Es una dirección.»
Y que no falte mi OffTopic… XDD
«Nos está idiotizando»: hablamos con los jóvenes españoles que rechazan utilizar la IA conscientemente
Comparto lo que apunta Enrique.
Un ejemplo ilustrativo es el que habéis mencionado: la encíclica Rerum Novarum. Que siga vigente hoy no es un mérito sino una señal de alarma. Significa que el nivel de abstracción con el que se formulan esas críticas no genera cambios reales; se queda en reflexión, en recordatorio. Sin aterrizar los problemas en algo concreto e identificable, el documento cumple una función de toma de conciencia, que no es poco, pero en términos de impacto práctico es papel mojado.
Llevamos décadas con el propósito declarado de erradicar la pobreza. Erradicar significa eliminar algo por completo, no administrarlo. Si alguien con 1.400 millones de seguidores no es capaz de señalar con nombre y apellido las malas decisiones de los gobiernos, o de denunciar que algunas ONG han traicionado su propósito original para convertirse en organizaciones orientadas al lucro, el efecto colateral es perverso: al hablar en genérico se mete en el mismo saco a quienes trabajan honestamente por mejorar la vida de los más desfavorecidos. Se siembra la duda sin discriminar, y pagan justos por pecadores.
El aniversario de una encíclica debería celebrarse porque produjo cambios concretos y mejoras verificables, no porque ‘siga vigente’, que en este contexto es otra forma de decir que nada ha cambiado.
Otra:
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¿Arranca la contrarrevolución?
John Carlin
31/05/2026 00:20
No, yo tampoco leí la encíclica de 42.300 palabras del Papa sobre la inteligencia artificial, 40 veces más larga que esta columna, por el amor de Dios. Si, para mi sorpresa, acabo pasando la eternidad en el cielo, prometo, Santo Padre, que lo haré. Pero de momento me he limitado a leer versiones destiladas del mensaje papal en varios diarios.
Con eso tengo suficiente para preguntarme si llegará el día en el que la historia recordará Magnifica humanitas como hoy recordamos el Manifiesto comunista de Marx, un llamado a la revolución de las masas. Aquí van un par de citas del documento de León XIV. Primero, el subtítulo: “Sobre la custodia de la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial”. Segundo, la frase incendiaria: “Cuando un poder de tal magnitud se concentra en pocas manos, tiende a hacerse opaco y a eludir el control público, y crece el riesgo de un desarrollo distorsionado que provoca nuevas dependencias, exclusiones, manipulaciones y desigualdades”.
Más y más gente se entera del riesgo que conlleva la IA de concentrar la riqueza del mundo en un grupúsculo de tecnooligarcas y empresarios desalmados, mientras la mayor parte de la humanidad se queda sin trabajo y se hunde no solo en una vida sin propósito, lo que ocasionaría una pandemia de trastornos mentales, sino en la más vil pobreza. O sea, el riesgo del que alerta el Papa es de volver a una desigualdad tan lacerante como la que vio Marx en Inglaterra en la era victoriana o, peor, como la que hubo en Francia antes del ajuste de cuentas con la aristocracia a través de la guillotina.
En abril, un joven de 20 años lanzó un cóctel molotov a la casa de Sam Altman, el director ejecutivo de OpenAI. Si el macromillonario Altman no tiene pesadillas pensando en que un día acabará igual que Luis XVI y su esposa, María Antonieta, debería. Y no solo Altman, sino –entre varios reyes más del universo– Eric Schmidt, el exjefe de Google, y Bill Winters, el presidente del banco Standard Chartered. Schmidt fue abucheado durante un discurso ante unos estudiantes en la Universidad de Arizona cuando dijo que “la transformación tecnológica” que representa la IA será la “más grande, más rápida y más consecuente que se ha visto hasta ahora”. Unos días antes Winters provocó un escándalo en los medios y en las redes cuando anunció que su firma estaba a punto de despedir a 8.000 empleados cuyo trabajo lo haría mejor la IA. Pero ningún problema, explicó Winters. Los afectados representarían solo “capital humano de bajo valor”.
Capital humano de bajo valor puede llegar a ser la frase que nos defina a casi todos, de la clase media al proletariado. Y la clase media y el proletariado ya se empiezan a rebelar. En Estados Unidos, el laboratorio donde para bien o para mal se cuecen las grandes tendencias de la humanidad, se detecta un nuevo fenómeno que, todo indica, irá a más: el rencor hacia la IA y sus capos, gente cuya filosofía, con pocas excepciones, antepone los beneficios de sus empresas al bienestar planetario.
El objeto más inmediato de la creciente ira son los centros de datos, consumidores masivos de energía de los que la expansión de la IA depende. El mes pasado alguien disparó trece veces a la puerta de casa de un consejero municipal en Indianápolis que acababa de dar luz verde a un nuevo centro de datos en su distrito. Otros cuatro consejeros municipales, esta vez en Missouri, fueron expulsados de sus cargos por los votantes por haber aprobado la instalación de un centro de datos cuya construcción costaría unos 6.000 millones de dólares.
Las protestas funcionan. El año pasado bloquearon la construcción de 48 proyectos de centros de datos y otros 20 han sido cancelados en lo que va del presente año. Según las encuestas nacionales a las que en EE.UU. son tan proclives, el tema IA sube cada día más en las listas de las preocupaciones colectivas. La mitad de los estadounidenses creen que la IA reducirá nuestra capacidad de crear relaciones humanas íntimas y tres de cada cuatro piensan que la evolución de la IA avanza con exagerada velocidad.
The Wall Street Journal citó la semana pasada al director ejecutivo de una empresa que se dedica a la consultoría en el terreno de la infraestructura que exige la IA. El empresario predijo que el movimiento en contra se multiplicaría a gran escala. “La gente odia la IA”, explicó. “La IA es más impopular que los políticos”. Lo que es mucho decir, en Estados Unidos y más allá.
Serían menos impopulares, quizá, si dedicaran menos tiempo a sus batallitas internas, concentradas mayoritariamente en acceder al poder o permanecer en él, y más en aplicar sus mentes a la tarea que recomienda el Papa de “custodiar” la IA y buscar cómo minimizar el impacto devastador que puede llegar a tener sobre las nociones más elementales de lo que ha sido hasta ahora la persona humana.
Ante la posibilidad de que algunos políticos sí despierten, empresas como OpenAI están invirtiendo cientos de millones de dólares en apoyar a candidatos favorables a sus objetivos en las elecciones al Congreso que se celebrarán en Estados Unidos en noviembre. Oh, sorpresa, dichos candidatos pertenecen casi sin excepción al Partido Republicano, que lidera el actual presidente de la nación, ausente en el debate sobre el futuro tecnológico que nos espera. O sea, a favor por omisión de los tecnooligarcas, que encima se quejan de que pagan demasiados impuestos.
Dejo la última palabra a Rick Wilson, un brillante estratega político, conservador por naturaleza, que hace poco abandonó el Partido Republicano: “El propósito de las empresas de IA no es curar el cáncer. No es resolver el cambio climático. No es prevenir el alzheimer. El propósito de las empresas de IA es transferir una riqueza y un poder inimaginables a unas pocas compañías, para siempre. Los despidos se avecinan, la vigilancia sin orden judicial ya está aquí, y la única pregunta real es si la política sobre IA será redactada por adultos sensatos en el 2027 o por una multitud furiosa y un Congreso presa del pánico en el 2029”. “La soberanía humana y nacional está en juego. Si las empresas de inteligencia artificial creen que 100 millones de estadounidenses desempleados no recurrirán a las guillotinas, las horcas y las antorchas, les espera una sorpresa”.
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Vaya, lo que se lleva haciendo de toda la vida… Sólo que bajo otro formato, quizás y esta vez más y más destructivo… ¿O no?
PD: No olvidar, por el amor de Dios, que el capitalismo, -el kernel del capitalismo- se ha alineado, como no podía ser de otra forma, con la Pulsión de Muerte freudiana, sí o sí.
+1000
Dedo
El 15M pero de 1891 publicó León XIII su encíclica Rerum Novarum. Hoy salvo la Iglesia y algunas personas que gustan de leer estas cosas, lo podrán recordar, cayó en el sueño de los justos.
El Manifiesto del Partido Comunista data de 1848.
HOSTIAS!!! con León XIII tuvieron que pasar unas décadas para que la Santa Iglesia Católica, Apostólica y Romana se dignara en defender que las personas no son una mercancia, que denunciara la concentración de riqueza en unos pocos, y eso si rechazar que se aboliera ese tipo de propiedad privada explotadora, y citaba como equilibrio que el trabajador cobrara un salario justo pero sin intervención del Estado en la economía…
El papel de esa iglesia de entonces a ahora desgraciadamente lo conocemos. Decía Enrique que no señalaba culpables, la iglesia nunc lo hizo en sus filas. Siempre estará en la posición que ha estado.
La confianza es muy fácil de perder, y ellos llevan siglos echándola a perder. Cuando de verdad veamos luz al final del tunel, nos pondrán sembrar la duda.
Mientras Francisco y León XIV me parecen dos gotas de luvia en la tormenta eléctrica… Aún así debemos ser misericordiosos con ellos, y pensar que a pesar de la vieja guardia que les rodea, actúan de buena fé. Van en el buen camino pero no veo en las iglesias que los curas digan que no hay que votar partidos xenófobos, racistas o explotadores. Si algo fue Rerum Novarum fue una hostia con la mano abierta al pensamiento socialista de justicia social y poner límites a la propiedad privada explotadora.
Circunstancia que se repite en 2026. No nos hagamos falsas ilusiones
Por cierto +1000 DEDO !!!
Totalmente de acuerdo con los tres, Lúa, Dedo y Buzz.
No recuerdo si de Humberto Eco o Salman Rushdie quien dijo que la Iglesia Católica se mueve lentamente, pero siempre lo hace hacia adelante.
No soy creyente y por lo tanto no me afecta especialmente lo que diga la Iglesia, pero sí me alegra ver que, aunque con retraso, dediquen su atención a lo humano y no sólo a lo divino. Ahora sólo le falta un poco de coherencia, porque la confianza, efectivamente, se pierde muy fácil. (Como ejemplo el español, con el apoyo directo al franquismo primero y al terrorismo etarra después, alineamientos que han provocado abandonos masivos entre sus filas).
Y como me gusta la Ciencia Ficción, la usaré como metáfora: sólo espero que este mundo acabe como Star Trek y no como Elysium.
Es cierto que cada vez se ve más rechazo a la IA y se ven brotes verdes como los que comentas … pero a mí me parece que el mundo va en la dirección contraria.
Los tecnoligarcas y magnates aumenten su poder cada día, cada vez hay menos medios de comunicación, editoriales y productoras que escapan a su control (lo de la familia Ellison en Estados Unidos y Bolloré en Francia demuestra a las claras el plan de controlarlo absolutamente todo para que no se escuche nada que afecte a sus intereses), las redes sociales estan en sus manos y con ellas y dichos medios de comunicación convencen a gran parte de la población que vote a los partidos que defienden exclusivamente sus intereses aunque perjudiquen a los que les votan: los partidos que crecen son los que defienden mas ultraliberalismo, cuentan que los impuestos son un robo y no hablan precisamente de distribuir las ganacias y aumento de productividad que vaya a generar la ia, que hay que privatizarlo todo, que hay que acabar con el estado y que las empresas (y por tanto sus dueños) deben estar por encima de todo y no tener ningun control etc.
Creo que deberías de leerte la Encíclica papal para que así supieras que tanto tu como el Papa habéis puesto vuestro dedo en la misma llaga.
Si entiendo bien, tu crítica no es que el Papa deba firmar una demanda judicial ni citar nombres para sancionarlos. Tu crítica es que, al no nombrar (o al usar un lenguaje plagado de vaguedades), el Papa elige no hacer una crítica ética concreta. Esa parte creo que la tengo clara.
Pero si juzgamos el documento por sus propios estándares internos, las encíclicas son documentos de enseñanza y pastoral. Su objetivo es moral, espiritual y filosófico, no jurídico-político. El Papa no es un juez ni un regulador económico. Yo no esperaría que un Papa actue así.
Donde yo sí esperaría que el Papa se juegue su propia piel, es con una bula papal porque ahí sí las bulas al menos permiten definir dogmas de manera más vinculante, sobre todo en un contexto histórico como el actual.
¿Es aceptable esta neutralidad papal frente a un poder que redefine la verdad y la democracia? Va de suyo que soy ateo, pero sería bueno entender que la iglesia ya no está (o no debería estar) solo en el cielo; tendría que estar también (de alguna forma) en los servidores de las Big Tech. Ignorar eso es ignorar como procede el poder político/económico/tecnológico en la estructura actual de la sociedad.
Rerum Novarum fue revolucionaria porque cambió el lenguaje público. No se limitó a decir «los empresarios son los malos», sino que les dio herramientas intelectuales a los obreros para poder encarar las luchas que sobrevinieron.
¿Está Magnifica Humanitas dando herramientas concretas a las víctimas de la IA (trabajadores de micro-tareas, usuarios de datos, democracia) o solo está ofreciendo consuelo espiritual? Si no señala las estructuras de poder específicas, ¿realmente está protegiendo a los más débiles o solo los está bendiciendo ante la opresión?
Sé que un Papa no es un juez; lo que
sí esdebería ser una autoridad de ese calibre es un espejo. Y un espejo que no muestra el rostro concreto del mal (aunque no lo nombre) puede convertirse en un espejo deformante que lo suavice. El valor de la crítica no está en la sanción, sino en la claridad de la denuncia. Y ahí es donde la vaguedad de la encíclica falla miserablemente.Creo que, a algunos, se os va la olla atribuyendo al Papa lo que no le corresponde…
La autoridad del Papa, se circunscribe al Vaticano. Todo lo más, su arco de representatividad queda relegada al catolicismo. Manda en la Iglesia. En nada más.
Los países anglosajones, son en su mayoría protestantes o evangélicos, así que se la chufla lo que diga el papa.
El Papa puede decir misa, como se suele decir, que el resto hará lo que crea conveniente o lo que le salga de los mismos. Que es lo que va a pasar, a tenor de tener esos psicópatas al frente de esas empresas.
El Papa solo puede hacer, lo que ha hecho: una REFLEXION, que el resto de la humanidad, podrá o no hacer caso. Y a esos psicópatas, se la chufla igualmente (por desgracia). Y lo peor… a los usuarios también.
El “poder”, lo tienen las BIG’s… pero también lo tienen “los de abajo”. Usar o no dichas tecnologías, participar o no de ellas. Poner o no límites. Aplicar o no una cierta ética.
Dejar de culpar al Papa, que aun siendo matemático, no ha participado de la creación de la IA.
Equivocáis el objetivo…
——— (mas)
El papa que más habrá incidido en el valle californiano de Silicon Valley entre los gigantes tecnológicos está aquí y es León XIV. Su primera carta encíclica, Magnifica Humanitas, dedica muchos párrafos a ilustrar los beneficios de la tecnología para el progreso, pero también ofrece muchos más para señalar posibles consecuencias nefastas. El contundente Robert Prévost, ahora Papa León XIV, no escatima advertencias contra quien ve en la persona humana un mero sinónimo de productividad. Las máquinas están bien si conservan su lugar de colaboración para el progreso, pero no si gobiernan el mundo, advierte un Papa que pone condiciones a la industria de las armas, que pide un pacto global por la educación y que no regatea ante el delirio del mundo hiperacelerado. Reclama tiempo para leer y reflexionar, propone regulación para mantener la IA en su sitio y recuerda que la humanidad nunca había estado tan dominada por unos pocos. El Papa no está cansado. Al contrario. La encíclica demuestra vigor y esperanza (la reclama en varios puntos), y se muestra preocupado por que un abuso de la tecnología pueda lesionar la libertad y la creatividad. Pero sobre todo escribe para pedir responsabilidades, no solo a los grandes y poderosos del mundo, sino a usted que me lee y a mí que escribo. A todo el mundo. La encíclica es como un puzle que se va construyendo, como la sociedad en la que se debe poder vivir, y no solo sobrevivir.
El papa León XIV ha deleitado, con este su primer escrito, a algunos de sus detractores y a personas que se sienten muy alejadas de él ideológicamente. Es difícil no estar de acuerdo con afirmaciones sobre la persona humana, que es un bien por sí misma, o sobre la importancia de la educación, de resguardarnos para tener tiempo para pensar, de la necesidad de cuidar la naturaleza, de la insensatez de la industria de las armas o de la absurdidad de la guerra. El Papa dedica todo un capítulo a hablar de los abusos cometidos dentro de la Iglesia y reconoce la vergüenza y la necesidad de hacer autocrítica para depurar estructuras que han encubierto o causado daño. Y hace un guiño a los periodistas que, con su búsqueda de la verdad y con el buen ejercicio profesional, han destapado casos de injusticia y abusos. Y aún más. El Papa escribe, en el número 138, que la propia Iglesia no debe esperar a que sean otros quienes destapen sus propios trapos sucios: “La vigilancia y la transparencia son, ante todo, una grave responsabilidad de la propia Iglesia y no debemos esperar a que otros nos obliguen a afrontar verdades incómodas sobre nosotros mismos.”
Sobre la digitalización de nuestra vida también se muestra contundente. Si bien reconoce las bondades de la técnica para hacernos vivir mejor, también alerta sobre los problemas básicos que nos puede acarrear un abuso de la tecnología: falta de sueño, hiperaceleración, distracción. El Papa matemático, con su buen cálculo, pondera bien y no quita de la ecuación la fuerza tecnológica de nuestro mundo, pero intenta ponerla en un marco de comprensión donde la persona humana sea quien tome decisiones, quien regule, quien domine y no sea engullida por la máquina. Quien diga que la Iglesia siempre llega tarde, con la nueva encíclica del Papa lo tiene difícil, porque las palabras de este líder mundial resuenan con fuerza mientras otros políticos, pensadores, líderes sindicales, profesores o grandes gurús se dedican a hablar de otros temas menos contemporáneos y apremiantes.
—Miriam Diez
No soy exégeta de nadie, pero el problema no es ni teológico, ni vaticano, ni eclesiástico, ni católico, es sociológico, por que él le habló tanto a sus fieles, como al conjunto de aquellos a los que no creen en su autoridad, sobre un tema que nos atraviesa a todos, o sea esos que conforman (mos) la sociedad civil.
Y la sociedad civil, como toda sociedad, necesita referentes claros para actuar. Si la que (se supone) es la autoridad moral más grande del mundo, cuando habla lo hace en un lenguaje corporativo difuso («plataformas», «mercados» — vaya! igual que Mark Zuckerberg cuando pide disculpas porque su red social provoca suicidios, adicciones, matanzas…), me parece que lo que termina sucediendo es que se refuerza la idea de que el poder tecnológico es inevitable e inatacable.
Obviamente que un Papa no tiene el poder de redactar leyes o decretos a nivel gobierno o estado que busquen cambiar el statu quo, eso queda para los Estados y los Gobiernos… que son los que están siendo atacados y debilitados por estos tecno-magnates.
La vaguedad estratégica del Vaticano es un error de comunicación moderna. No porque el Papa deba actuar como regulador, sino porque en la era de la transparencia radical, elegir la abstracción moral por lo general se termina leyendo como complicidad o falta de coraje intelectual.
Por una vez, la parte más debil y desfavorecida de la sociedad pudo tener a un lider con palabra, poder y peso propio de su lado, pero una vez más, lo que terminó pasando es que van a seguir con la mierda al cuello …y subiendo…
Creo que seguimos equivocando el objetivo, situando al Papa (al que nada le debo) en el centro del huracán, cuando la pregunta real es otra:
¿qué hacemos nosotros, hoy, con lo que tenemos en nuestras manos?
«¿qué hacemos nosotros, hoy, con lo que tenemos en nuestras manos?» Exacto, esa es la buena pregunta. ¿Será la respuesta volverla a cagar, como CASI siempre?
Totalmente de acuerdo con lo expuesto por Miriam Diez
Es una encíclica cobarde.
Y yo hubiera sido mucho más agresivo con la intención del artículo.
Al final, este documento funciona como una especie de «seguro de vida institucional». Con Magnifica humanitas, el Vaticano puede levantar la mano dentro de diez, veinte o treinta años y decir: «Nosotros ya lo advertimos en 2026».
Es una jugada maestra de posicionamiento porque quedan bien con la comunidad científica e intelectual, no enfadan de muerte a los gigantes tecnológicos que patrocinan sus eventos éticos y no rompen los frágiles puentes diplomáticos con las potencias que lideran la infraestructura de la IA.
Además, de cara a los fieles, salvan el expediente demostrando que el Papa «está al día».
Es un equilibrio tan perfecto que asusta, pero que carece del fuego profético que verdaderamente sacude las conciencias y cambia el rumbo de las cosas. No es valiente.
En mi opinión, es el triunfo de la diplomacia de despacho sobre la valentía del púlpito.
Al diluir la crítica en «actitudes globales» o advertencias universales, la encíclica se convierte en un espejo donde todos miran, pero nadie se da por aludido.
Esa falta de señalamiento directo es precisamente lo que desarma el peso político del documento. Hay una diferencia abismal entre denunciar el pecado en abstracto y señalar las estructuras de poder concretas que lo perpetúan (actores, sí). Si repasamos la historia, la Iglesia sí ha sabido ser explícita y tajante cuando ha querido:
Pío XI en 1937 no se anduvo con sutilezas diplomáticas. Publicó Mit brennender Sorge contra el nazismo y Divini Redemptoris contra el comunismo. Condenó regímenes, ideologías y aparatos estatales concretos porque entendía que el peligro era inminente y letal.
Juan Pablo II no dudó en señalar directamente las dinámicas del bloque soviético y el capitalismo salvaje como «estructuras de pecado».
León XIV es americano.
La disrupción de la IA no es un fenómeno climático o una evolución natural de la historia. Está siendo dirigida por un puñado muy reducido de corporaciones transnacionales (los gigantes americanos y sus equivalentes asiáticos) y por el pulso geopolítico entre bloques (como el eje Washington-Pekín). Al no confrontar directamente la concentración oligárquica de este poder tecnológico ni la pasividad cómplice de los estados, el documento peca de una prudencia que, en el contexto actual, puede confundirse con timidez (por no decir cobardía).
Y la timidez es peligrosa en tiempos de cambio radical.
El debate público ya está saturado de manifiestos éticos bienintencionados firmados por comités de expertos. Personalmente, lo que esperaba de una voz con el peso moral del Papado no era un resumen de esos consensos, sino una sacudida que pusiera en evidencia el cinismo político y económico que rodea esta carrera tecnológica.
En resumen, es un documento intelectualmente brillante, impecable en su teología y con intuiciones profundas (como la de la obsolescencia de la guerra justa), pero atrapado en las formas de la diplomacia vaticana. En un tablero de juego donde los nuevos señores feudales de la tecnología avanzan sin pedir permiso ni mostrar remordimientos, la sutiliza puede terminar pareciéndose demasiado a la inoperancia.
Esta Iglesia no puede permitirse el lujo de no estar en la foto del gran tema de nuestra era, porque el día que uno deja de opinar sobre lo que verdaderamente preocupa o transforma a la humanidad, pasa a ser una pieza de museo. Caes en la irrelevancia, como este comentario XD.
Pío XI fue leído, sí. Pero también fue ignorado, ridiculizado, y su advertencia llegó demasiado tarde para millones. La valentía no garantiza el impacto.
tu lectura es lúcida y es en parte cierta. Pero me pregunto: ¿habría cambiado algo si el Papa Leon hubiera nombrado a Meta o Google? ¿O habríamos terminado igual, con el documento descartado como ‘anticuado’? Quizás el verdadero desafío no es que el Vaticano sea más agresivo, sino que nosotros, desde la sociedad civil, apliquemos estos principios.
La profecía no termina en el púlpito; empieza en la calle.
Y sigo diciendo, que equivocamos el objetivo… Todo Dioxs cargando contra el Papa, cuando los culpables son otros…
Ya se ha comentado antes, y veo que genera mucha confusión.
A ver si este ejemplo ayuda:
Actor – actores = Pecado – pecados
Nombre de la empresa = Pecador
En este tipo de escritos se nombra el pecado sin nombrar al pecador, de manera que se muestran y describen las «malas» acciones de un actor (en ética, política, etc.) sin decir su nombre.
El resultado es más abstracto (no tanto como esta encíclica) pero también más universal y longevo en el tiempo.
Comparto que la responsabilidad es de todos. Es un debate universal y la ONU ya ha empezado a tomar cartas serias en el asunto (tarde, sí). Pero la encíclica es importante, sobre todo en Occidente (nuestra base humanista tiene profundas raíces cristianas) y es inevitable que este posicionamiento sea escudriñado hasta la última coma.
Precisamente por eso y a sabiendas de su impacto en la sociedad, creo que se ha desperdiciado una gran oportunidad para mostrar con dureza que hay una serie de «pecados» que deberían ser severamente castigados y vigilados, aparte de corroborar (brillantemente) lo que la comunidad científica e intelectual viene diciendo desde que irrumpió la IA.
El nombre de un Papa tiene intención, esto es importante, porque señala la posición política y teológica del Pontificado. León XIV es una declaración de principios sobre cómo la Iglesia debe responder a la revolución tecnológica actual. No ha traicionado al nombre escogido, pero sí creo que a sucumbido a la urgencia y contundencia que este tema requiere. Un Papa tiene la obligación de hacer lo más pertinente con la fe que defiende y los tiempos que le a tocado vivir, aunque sea humillado o vapuleado. Aunque la valentía no garantice el impacto, yo opino que debería haberlo hecho…
Perdón, corrijo: «ha sucumbido» y «han tocado vivir».
«Y aunque la valentía no garantice el impacto, opino que habría sido preferible optar por ella…»
Las prisas, lo siento.
Es lógico tu posicionamiento si tenemos en cuenta que tu no eres el Papa, ni representas los intereses de la Iglesia Católica.
Lo que tú digas, pero sigo pensando que este Papado ha desaprovechado un momento crítico de la historia de la humanidad para hacer una denuncia clara y contundente. Como expongo, ha elegido la supervivencia institucional en vez de señalar y evidenciar la inmoralidad que todos estamos viendo y viviendo.
Como he puesto ya unos comentarios “defendiendo al Papa”… dejadme que aclare…
No defiendo “su persona”, si no lo que ha dicho en la encíclica. Mis valores religiosos, si así pueden llamarse son extremadamente laxos… tanto que si me dicen que van a crucificar aun cura, igual me pido otra cerveza…
solo por aclarar… que alguno habrá que me quiera buscar las cosquillas por ahí…
Quiero felicitar en primer lugar a Enrique Dans por su post de hoy sobre la encíclica papal MAGNÍFICA HUMÁNITAS, y por el análisis que de ella hace, y con el. Que estoy plenamente de acuerdo. También estoy de acuerdo en que el le ponga nombre a los poderes de la IA, y también a los de sus creadores y a los que lo controlan. El que se diga que se dice el pecado pero no el pecador, es porque en las confesiones a la Iglesia, sus confesores están sujetos al secreto de confesión.
Dicho esto, este debate sobre los poderes de la IA y sus efectos, me parece que es el gran debate del momento actual. Yo no paro de leer sobre estudios de investigación, ensayos e informes de como la IA es en este momento el elemento mas poderoso y de mayor influencia en la transformación de nuestro mundo, y no solo por su potencia de cambio, también por la velocidad a la que están sucediendo estos, con efectos positivos y negativos que empiezan a cuantificarse, y con esperanzas para unos y miedo para otros sobre como, cuanto, y de que manera les afectarán.
Informes como el Artificial Intelligence Index Report 2025 del Foro Económico Mundial, el del MIT “The Global AI Agenda”, el EY European AI Barometer 2025, el informe Trends for The Next Fifty Years de la IE University, o los publicados por algunas consultoras como MacKinsey o Boston Consulting Group, se han extendido ampliamente en señalar las bondades y peligros de esta tecnología.
La Iglesia por su parte se ha ocupado de señalar sobre todo los aspectos mas problemáticos y sus peligros, como que “es una infraestructura e poder, que decide qué vemos, qué leemos, qué trabajos desaparecen, qué decisiones se automatizan, qué formas de vigilancia se normalizan y qué partes de la realidad compartida terminan convertidas en ruido, polarización o espectáculo”, tal y como señala Dans, coincidiendo plenamente con la opinión papal. El como puede afectar el desarrollo de la IA al trabajo con despidos masivos (como los que esta llevando a cabo META y otras parecidas actualmente), a la desinformación por la generación de bulos o imágenes creadas con IA, etc.
Dans nos habla de que “El problema es mucho más profundo: es la reconstrucción algorítmica del imaginario colectivo. Un sistema que optimiza para engagement, indignación, permanencia y reacción emocional no solo distribuye contenidos: define lo que una sociedad considera visible, discutible o posible”, para luego añadir que “la encíclica es valiosa porque entiende algo que muchos reguladores aún no han entendido: el fact-checking no arregla un sistema construido para premiar lo contrario de la deliberación. Comprobar datos puede ser necesario, pero es desesperadamente insuficiente cuando toda la infraestructura está diseñada para que lo emocional derrote a lo relevante, lo tribal derrote a lo complejo y lo viral derrote a lo verdadero. La democracia no se destruye únicamente cuando alguien publica una mentira, sino cuando el espacio común en el que deberíamos distinguir entre verdad, mentira, interés y manipulación ha sido rediseñado por empresas privadas que responden ante anunciantes, accionistas y métricas internas, no ante ciudadanos”.
No puedo estar mas de acuerdo, y mucho mas cuando Dans afirma que “En un mundo en el que la ética de la inteligencia artificial está siendo, en demasiadas ocasiones, producida por las mismas empresas que se benefician de su ausencia, que una institución con autoridad moral global diga que la tecnología debe servir a la persona humana y no al revés es relevante. Que insista en que la cuestión central no es la capacidad técnica, sino el poder, también lo es. Y que hable de comunicación, educación, trabajo, guerra, democracia y dignidad en un mismo marco resulta bastante más sofisticado que la habitual letanía de “principios éticos” diseñados para adornar presentaciones corporativas”.
Las soluciones que la Encíclica propone para limitar los daños, son de manual. Regular su uso es una de ellas, y para ello ay que tener cierto control para prevenir daños.
Desarmar la IA como propone el Papa, en el sentido militar mas estricto es vital y de necesidad inmediata. Solo los hermanos Amodei se opusieron a que sus modelos de IA se usaran militarmente, lo que les creo un serio conflicto con la Administración Trump.
Vemos como actualmente se está desarrollando toda una industria armamentística de drones y robots que constituyen enjambres dirigidos por una nave madre como la que China ha presentado cuando mostró al mundo su última innovación militar: el “Jiu Tian”, un dron nodriza gigante con capacidad para transportar y desplegar hasta 100 mini drones kamikaze de forma coordinada.
El dron madre, que mide más de 12 metros de largo, funciona como una plataforma aérea autónoma equipada con inteligencia artificial, radares cuánticos y sistemas de comunicación encriptada. Una vez en el aire, puede liberar enjambres de drones más pequeños que realizan misiones de reconocimiento o ataque en conjunto, comunicándose entre sí mediante algoritmos de enjambre (swarm AI).
Este desarrollo, liderado por la Academia de Tecnología de Aeronaves de Pekín, representa un salto tecnológico en guerra autónoma y táctica aérea distribuida, posicionando a China a la vanguardia de la robótica militar global. Una muestra de cómo el futuro del combate aéreo será dominado no por pilotos, sino por inteligencia artificial colectiva.
Como para no tener bajo control el desarrollo militar de esta tecnología. Claro que hay que desarmar la IA, algo que no será fácil, y que incluso creo que sería utópico.
Quiero agradecer a E. Dans el poner sobre la mesa de debate el análisis de la Encíclica Magnífica Humánitias, porque no solo por su análisis y su vsaloración, sino por la de todos los que participaron en el debate posterior con aportaciones muy valiosas, por cierto, nos permite elaborar un juicio crítico sobre este complejísimo tema, tan importante para todos por que es el elemento que va a incidir en un cambio importante para las generaciones futuras.
Quiero por último añadir algo mas. Hoy se están examinando miles de jóvenes de la EBAU, que posteriormente tendrán que tomar una de las decisiones mas importantes de su vida: como van a orientar su formación para tener una vida laboral sana y larga,
La IA arroja sombras sobre estos jóvenes, pues cuando inicien su formación universitaria, puede que su salida laboral se vea obstaculizada por el desarrollo de la IA cuando haya terminado su formación. Un periodo de un lustro en el tiempo, periodo en el que habrán sucedido muchos cambios. Esta sombra nunca había existido antes. Yo no la tuve en mi momento, y creo que nadie de los que seguimos este blog habrán pasado por esa sombra.
Mi nieto está viviendo este momento, y yo estoy procurando ayudarle para que tome una buena decisión alineada con su proyecto de vida futura, y que hará que su vida sea mejor o peor. Hasta ahí llega la influencia de la IA hoy. Hasta mi nieto.
Disculpad por lo largo de mi exposición, pero es que lo que quería decir sobre este tema no lo podía hacer con menos palabras.
«Denmark’s PM Mette Frederiksen:
“There is a total established link between power, political power, capital, tech giants and AI. And the purpose of this is undermining democracy. That’s the goal because the people who are developing this stuff are against democracy.
I met Sam Altman a couple of years ago.
I spent hours with him and at the end of the discussion I said to him, «You have created a monster.» And he said,
«Yes, and now it’s up to you to find out how to deal with it»> <a href="https://substack.com/@evartology/note/c-268614087?utm_source=notes-share-action&utm_medium=web">Denmark’s PM Mette Frederiksen
(uppsss…. el enlace….)
aqui
¿Qué hubiese tenido que hacer la ministra ante esa respuesta? Sacar el cuchillo que siempre lleva en el bolso, y clavárselo allí mismo. Porque ¡¡¡el monstruo es él, NO su criatura!!! ¿Pero para qué tenemos a los mejores literatos de cuentos de terror contándonos eso, que el monstruo es el creador, NUNCA la criatura? Si es que un buen cuchillazo a tiempo…, pero no, no lo hizo y ahora… Mi má.
soy una estudiante de 3c coar lambayeque , me parece muy interesante sus articulos ,el concepto que tiene de las ia y eh conocido de usted y de su pagina gracias a la mis MARIELENA que nos pidio investigar de ustedes, mi persona y mis compañeros le mandan un saludo