California acaba de hacer algo que, por obvio, resulta casi revolucionario: dejar de tratar la inteligencia artificial como una simple cuestión de innovación tecnológica y empezar a tratarla como lo que realmente es, una cuestión de política económica, de distribución de riqueza y de poder. La nueva orden ejecutiva de Gavin Newsom no parte del entusiasmo infantil de «preparemos a todos para los empleos del futuro», sino de una premisa mucho más incómoda: habrá disrupción, habrá sectores muy afectados, habrá muchos trabajadores desplazados, y si el estado no mide, anticipa y regula ese proceso, la factura volverá a caer sobre los mismos de siempre.
Lo interesante no es que California hable de formación, reciclaje profesional o alfabetización en inteligencia artificial. Eso ya lo había hecho antes, incluso asociándose con Google, Microsoft, IBM y Adobe para llevar certificaciones, prácticas y programas de inteligencia artificial generativa a institutos y universidades públicas. Lo verdaderamente importante es el cambio de tono: la IA deja de ser presentada únicamente como una herramienta para aumentar la productividad y pasa a aparecer como un fenómeno que puede requerir seguros de desempleo, estándares de indemnización, participación en capital, modelos de propiedad de los trabajadores, cambios en la ley WARN, paneles públicos de seguimiento sectorial e incluso mecanismos para que una parte del valor generado por las compañías de inteligencia artificial se destine a usos de interés público.
Ese giro es fundamental. Durante los primeros años de la inteligencia artificial generativa, la interpretación dominante fue una mezcla de evangelismo tecnológico, determinismo histórico y consultoría barata: «la inteligencia artificial no te quitará el trabajo, te lo quitará alguien que sepa usar inteligencia artificial mejor que tú». Era una frase perfecta para conferencias, cursos y titulares, pero pésima como diagnóstico social. California parece empezar a entender que el problema no es si cada trabajador aprende a escribir prompts, sino qué ocurre cuando las empresas descubren que pueden reorganizar procesos completos, reducir capas enteras de trabajo cualificado y concentrar aún más los beneficios de la automatización en accionistas, directivos y propietarios de infraestructura computacional.
La orden ejecutiva tiene un importante valor simbólico porque llega desde el territorio que más se ha beneficiado de esa concentración. California presume, con razón, de ser el mayor ecosistema de innovación del mundo y de alojar 33 de las 50 principales compañías privadas de inteligencia artificial. Pero precisamente por eso su movimiento resulta especialmente revelador: cuando el lugar que produce la disrupción empieza a prepararse para protegerse de ella, el resto del mundo debería dejar de mirar la inteligencia artificial como una promesa abstracta y empezar a verla como una política industrial de primer orden.
No hablamos de una reacción aislada. El AI Index 2026 de Stanford muestra un fenómeno con dos frentes claros: inversión privada disparada, adopción organizativa creciente y capacidades técnicas en rápida expansión, pero también efectos laborales desiguales, especialmente en los trabajadores más jóvenes de ocupaciones expuestas. Según Stanford, el empleo de desarrolladores de software de 22 a 25 años ha caído cerca de un 20% desde 2024, y una parte significativa de las empresas espera reducir plantilla en el próximo año. La misma Stanford destaca además que los estadounidenses son particularmente escépticos: solamente un 33% cree que la inteligencia artificial mejorará su trabajo, y la confianza en la capacidad del gobierno para regularla es muy baja.
Ese es el contexto real: no una revolución tranquila, sino una tensión creciente entre quienes diseñan la tecnología, quienes la financian y quienes la sufren. Los expertos tienden a ver posibilidades; el público ve riesgo, opacidad y pérdida de control. Una tecnología que avanza más deprisa que la capacidad social para comprenderla, gobernarla o confiar en ella. Y esa frase debería estar enmarcada en todos los despachos públicos: una tecnología que avanza más rápido que la gobernanza no es progreso, es simplemente poder sin contrapesos.
Por supuesto, la orden de Newsom no satisface a todos. La Federación Laboral de California la ha recibido con una mezcla de reconocimiento y crítica: está bien que el gobernador admita el daño potencial de la inteligencia artificial sobre los trabajadores, pero estudiar no basta, y la pérdida masiva de empleo no debe tratarse como una fatalidad inevitable, sino como una decisión política. Esa objeción es muy relevante, porque señala la diferencia entre gobernar la transición y limitarse a documentarla. Un dashboard sobre el impacto de la inteligencia artificial puede ser útil; pero si solo sirve para certificar el deterioro una vez producido, será otra forma elegante de llegar tarde.
La parte más sugerente de la orden es, precisamente, la que rompe con el lenguaje habitual de la «empleabilidad». Hablar de «universal basic capital«, de propiedad de los trabajadores o de participación en el valor generado por la productividad equivale a reconocer que la inteligencia artificial no es solo una cuestión de salarios, sino de propiedad. Si la productividad ya no procede únicamente del trabajo humano, sino de modelos entrenados con datos colectivos, infraestructura masiva y una concentración extraordinaria de capital, entonces la pregunta deja de ser «¿qué curso debe hacer el trabajador desplazado?» y pasa a ser «¿quién va a capturar (o está capturando ya) la renta de la automatización?». Esa es la pregunta incómoda. Y es exactamente la que la mayoría de gobiernos siguen evitando.
California será representativa para el resto del mundo en un sentido muy preciso: no porque sus soluciones sean exportables sin más, sino porque allí aparecerán antes las contradicciones. Silicon Valley ha sido durante décadas el laboratorio donde primero se veían las promesas de la tecnología; ahora puede convertirse en el laboratorio donde primero se vean sus costes sociales. Los países que hoy miran la inteligencia artificial como una carrera por atraer centros de datos, startups y talento deberían fijarse más en esta orden que en cualquier keynote de una gran tecnológica. La verdadera madurez no consiste en aplaudir cada nuevo modelo, sino en preguntarse qué instituciones serán necesarias cuando esos modelos empiecen a reorganizar mercados laborales enteros.
También hay una diferencia importante con las primeras interpretaciones de la inteligencia artificial generativa. Al principio se habló mucho de creatividad aumentada, productividad individual, asistentes personales y democratización del conocimiento. Todo eso existe, y sería absurdo negarlo. Pero la fase actual es distinta: las empresas ya no están experimentando con chatbots, sino rediseñando estructuras de costes. La inteligencia artificial ha pasado de ser una herramienta en manos del trabajador a ser un argumento en manos del consejo de administración. Ese desplazamiento semántico es crucial: cuando una tecnología entra en Excel, ya no se discute en términos de fascinación, sino de márgenes, plantilla y retorno sobre el capital.
Por eso California importa. No porque Newsom haya encontrado alguna fórmula mágica, sino porque ha puesto sobre la mesa un marco más adulto: innovación sí, pero con señales tempranas. Adopción sí, pero con negociación colectiva. Productividad sí, pero con reparto. Formación sí, pero no como coartada para abandonar a quienes sean desplazados. Colaboración con las grandes tecnológicas sí, pero sin confundir el interés público con el folleto comercial de quienes venden la tecnología.
La pregunta para Europa, para España y para cualquier economía que aspire a algo más que consumir herramientas diseñadas en otro sitio es evidente: ¿vamos a esperar a que la disrupción llegue convertida en estadísticas de desempleo, o vamos a diseñar antes los mecanismos de reparto, protección y gobernanza? Porque la inteligencia artificial no es inevitable en sus consecuencias. Lo inevitable, si no hacemos nada, es que siga el patrón habitual: socialización de costes, privatización de beneficios y una narrativa optimista cuidadosamente empaquetada para que parezca modernidad lo que en realidad es una transferencia masiva de poder.
California acaba de admitir que la inteligencia artificial no se gobierna con entusiasmo. Se gobierna con datos, con derechos, con negociación, con fiscalidad, con propiedad y con una pregunta que muchos preferirían no escuchar: si las máquinas van a producir más riqueza que nunca, ¿por qué deberíamos aceptar que esa riqueza pertenezca a menos gente que nunca?
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Occidente siempre se ha adaptado plenamente a los tiempos presentes.
Los amos han usado por igual el latigo o la IA para hacer de los demas esclavos.
Los optimistas me cuentan que no se puede comparar una kelly con un esclavo sirviendo de galeote bajo el latigo.
La adaptacion de occidente es evidente oyendo a los optimistas de todas las epocas.
Enrique te puedo predecir el futuro a partir del pasado y el presente. Jodido. Muy jodido.
Pagarán las clases medias, como siempre
Je, je, je…
En Occidente las clases medias son como los gamusinos.
Ya no quedan ni en los zoos.
La ultima hornada de humanos les pagan tan poco que ni encuentran un techo donde follar para reproducirse.
Y da igual kellys que abogados pasantes para toda la vida.
SALUDOS
OT:
Mira Gorki… tu que siempre dices que no sabes para que puede servir el 5G… XDDD
Orange usará sus antenas 5G para detectar drones ilegales y contar personas durante la visita del Papa a Barcelona
Las autoridades ya están poniéndose en acción para bajar la demanda de empleo, alguna de las medidas
ICE
Los Angeles
Edadismo
Y a este panorama actual se le suma el «encanto de la IA»…
Ideas que lleven a soluciones no faltarán, lo que no hay es voluntad y valentía. Ni de políticos, ni de ciudadanos.
Y pagaran la transición los mismos que pagan el cambio climático y el colapso del capitalismo: los estados e individuos que menos recursos tengan. No hablo de pobres simplemente, sino de quienes no tengan el acceso exigido al nivel de recursos necesarios.
Alea iacta est: hágase una análogía a las causas políticas, económicas y socio-culturales de la caída del imperio romano. Bizancio se localiza nuevamente en Oriente. Mientras tanto… esperemos que los ovnis de Trump, o próxima ocurrencia, nos salven de ello. Y mientras tanto, tambien, ahoguemos nuestras frustraciones en los odiosos régimenes dictatoriales y perversos que constituyen los bárbaros actuales que amenazan la gloria del imperio.
«si las máquinas van a producir más riqueza que nunca. ¿por qué deberíamos aceptar que esa riqueza pertenezca a menos gente que nunca?»
Primero, veremos qué quiere decir «más riqueza que nunca».
Segundo, «por qué deberíamos aceptar que esa riqueza…» Pues muy fácil, porque siempre ha sido así, lo sigue siendo y lo seguirá siendo por los siglos de los siglos; y si se piensa que una Inteligencia Artificial (IA) va a venir a cambiar eso, es que esa Inteligencia Artificial no es ni más ni menos que Ignorancia Artificial (IA). Repito, ni más, ni menos.
Recordad: Ignorancia Artificial (IA), que es lo que realmente se esconde detrás de la IA.
No quiero repetir el mensaje único que han dado ya los demás, solo lo reformulo cambiando tu última frase
«si los humanos van a producir más riqueza que nunca, ¿por qué deberíamos aceptar que esa riqueza pertenezca a menos gente que nunca?»
¿ves? si cambias máquinas por humanos, podrías estar hablando casi casi de cualquier momento histórico (e.g. la revolución industrial). Dos guerras mundiales después (donde la lucha era, sobre todo, entre oligarcas y el resto de sus sociedades; y una vez ganado eso era entre oligarcas de diferentes países) y una caída de la CCCP después, volvemos al mismo punto.
Por eso para mí la única pregunta importante en la historia de la humanidad es ¿qué mecanismo vamos a inventar para que sea imposible que el capital se acumule? Nadie la ha respondido nunca de manera definitiva (es un problema científico abierto), y a la gente que ha intentado responderla parcialmente e implementarla se le han puesto de frente todos los ejércitos del mundo.
El problema cientificamene esta resuelto hace mucho.
Al intentar pasar digamos los 2.000.000 de euros de patrimonio… se pone en marcha las bellas guillotinas y se confiscan los bienes.
Pero lo que no esta resuelta es la mente de muchisimos esclavos voluntarios o estupidos.
te entiendo, pero eso es renunciar a que haya un sistema económico (pacífico) donde no se concentre el capital de manera intrínseca
La última pregunta puede tener varias respuestas, no muchas.
La mía marcha por los campos de la sociogenética.
Desde tiempo inmemorial nos acostumbramos a ver como lógico, que unos pocos se hicieran con las propiedades de otros muchos… primero 3-4 frente a 8-12 (caso «2001, una odisea…»), y luego ya en proporciones desmesuradas.
La usurpación de propiedades llegó a poseer la mente de los desposeídos/esclavos, por injerto de algo así como un adn social negativo (nada de misteriosos monolitos), que minimiza (incluso anula mentalmente) el sufrimiento de ser robado, al emborronar el ADN que nos quiere, por esencia, libres. La opresión se hace ver como algo natural, y para aguantar, ya se inventó en paralelo, el cuento de la vida eterna en un cielo prometido.
Si todo sigue como hasta ahora, llegará un momento en el que solo será necesario un determinado nivel de eficacia «general» (asumible), para diluir la esencia humana del ente terrestre… y, mientras tanto, relajarse, porque ya se sabe que la llamada CF está plagada de ensueños y disparates de los seres humanos, con tiempo para discurrir demasiado (el peor cáncer de todos los tiempos). Sobre todo si se hace con bajos niveles de silicona.
Se calcula que el 90% del capital de los medios de comunicacion en USA esta en manos de megamillonarios y grandes fortunas.
Del mismo modo, se calcula que el 90% del total de inversión en IA proviene de grandes corporaciones y multimillonarios.
Ergo, los multimillonarios no solo tienen casi todo el pastel sino que lo lo van a multiplicar por 100.
¿Y a que no sabeis por que se estan haciendo con todos los medios de comunicación?
Obviamente , si tienen la IA y tienen los medios de propaganda van a tener los medios para manipular las mentes para que al votar le gente se pegue un tiro en el pie, cuyo mas excelso ejemplo es Trump.
Es decir, no va a producirse una revolución de la gente para votar a partidos que pidan una redistribucion de los beneficios por que la mayoria de la gente es imbecil, tiene voto y su voto será para sus verdugos, quienes habrán manipulado sus cuatro neuronas en su beneficio.
Vamos de cabeza a una distopia donde habrá una dictadura en manos de una oligocracia cleptocrata dictatorial asistida por una IA a su servicio que será tan inteligente en la defensa de sus privilegios que hará imposible la reacción desde abajo.
Eso es inevitable.
Luego esta hacer inhabitable el planeta como medio para conseguir lo que describes.
Creo que llegara esto antes que lo que mencionas.
Crack economico o ecologico?
Que sera primero.
Por estupidos, obedientes y ciegos.
+1000
«una distopia donde habrá una dictadura en manos de una oligocracia cleptocrata dictatorial asistida por una IA a su servicio que será tan inteligente en la defensa de sus privilegios que hará imposible la reacción desde abajo»
Ese es el miedo más terrible posible: un mecanismo tan perfecto que no sea posible la escapada. Creo que esto ya lo mencionaba Orwell «imagine a boot stamping on a human face— forever». Y de alguna manera, en Matrix, se hablaba de la idea de que, por muy perfecto que fuera el sistema de dominación, el «error del sistema» que nos acaba liberando siempre termina por surgir.
Personalmente creo que la segunda es la real. Por muy imbéciles que nos consigan hacer (¿más aún?!!!, sí, es posible) siguen naciendo seres libres e inteligentes que desconfían del sistema opresor en el que nacieron (incluso si los propios padres son fervientes fans del sistema)
Cambie Siglo XXI – Inteligencia Artificial por Siglo XVIII – Revolución Industrial y se encontrará un escenario exactamente igual.
Los argumentos serán los mismos, las quejas, los miedos, todo será exactamente igual, el paralelismo entre ambas situaciones es total.
Los cyberluditas ya están reuniéndose y organizándose en lugares oscuros, preparando sus armas para destruir las máquinas, perdón AIs, que les quitan sus puestos de trabajo.
Claro que hacen falta normas, leyes y sindicatos para administrar las nuevas formas de trabajo y evitar que los dueños de las máquinas sean los únicos beneficiarios de la nueva tecnología, todos se tienen que beneficiar, todos tendremos derecho a dedicar muchas menos horas de nuestra existencia a cumplir la maldición bíblica del trabajo y a disfrutar de mas libertad y mas recursos.
¿Tratar de poner puertas al campo?, ¿No hemos aprendido nada?, ¿Tenemos que pasar otra vez por el mismo proceso?.
El estado de California es el mayor productor de frutas y verduras en Estados Unidos, y toda actividad agropecuaria se hace utilizando humanos, pese al constante marketing de Silicon Valley, la afectación de la IA en el sector laboral de California es reducido porque call centers y programación utilizan escaso personal en comparación con Agricultura.
No es que IA se pueda adaptar al sector agrícola, es ni siquiera se ha intentado hacerlo
Sería especialmente interesante saber que beneficios está trayendo o traerá esta nueva etapa tan disruptiva. Lo que más se oye es hacerlo todo mas rápido, con menos gente y en consecuencia generar más beneficios para la empresa.
Pero cuáles son los beneficios para la sociedad en general?. Yo creo que la gente recibiría mejor esta tecnología si lo vieran realmente como un beneficio también para ellos, pero a mi parecer se habla demasiado de productividad y demasiado poco de las ventajas de algo que, además, se ha alimentado con innumerables datos proporcionados por los mismos a los que más les afectará.
A mi parecer esto vas más allá de la percepción que pudiera haber tenido la sociedad en otros periodos de cambios extremos como la revolución industrial
Respuesta corta, mas y mejores productos mas baratos y con menos esfuerzo.
Exactamente lo que ocurrió en la otra revolución.
La pregunta a quién se va a beneficiar mas y quién menos, también la contesta la historia, los ricos se harán aún mas ricos y los menos ricos también se verán beneficiados incluso proporcionalmente en mayor medida. Si no fuera por la revolución industrial ¿como iba a tener yo el pedazo de computadora multifuncional/celular que me acabo de comprar por unos cuantos euros?
Está por ver. De momento, a nivel social está trayendo despidos, programadores más rápidos pero con código mucho menos seguro, el open source está saturado, las redes llenas de basura, reviews y respuestas falsas creadas por IA, mayores niveles de scam, mayores niveles de información falsa, precios de memoria RAM por las nubes… y componentes que usan esa RAM tb a precios desorbitados.
Que curioso que Dans hoy comience su post diciendo «por obvio, resulta casi revolucionario: dejar de tratar la inteligencia artificial como una simple cuestión de innovación tecnológica y empezar a tratarla como lo que realmente es, una cuestión de política económica, de distribución de riqueza y de poder. La nueva orden ejecutiva de Gavin Newsom no parte del entusiasmo infantil de «preparemos a todos para los empleos del futuro», sino de una premisa mucho más incómoda: habrá disrupción, habrá sectores muy afectados, habrá muchos trabajadores desplazados, y si el estado no mide, anticipa y regula ese proceso, la factura volverá a caer sobre los mismos de siempre»..
Y que casualidad que este pensamiento coincida con el del Papa León XIV espresado en su reciente encíclica Magnífica Humánitas,, en las que el Papa se hace tres preguntas en relación con la Inteligencia Artificial:
1. ¿Hacia donde vamos?
2. ¿Hacia que meta deseamos orientarnos?
3. ¿que dirección seguir como comunidad humana y como pueblos?
Tras un amplio repaso a los principios de la doctrína social de la Iglesia que son:
1. El principio del bien común
2. El principio del destino universal de los bienes
3. El principio de solidaridad
4. El principio de la Justicia Social
Señala que estos principios son la base para un desarrollo humano integral, que son el horizonte en el cual se han de ller las transformaciones de nuestro tiempo, incluyendo las de la revolución digital, incluida la Inteligencia Articficial, que no son neutrales, y que pueden aumentar la participación y la justicia, pero que pueden aumentar las desigualdades, el descontrol y la exclusión.
Tras esta introducción, la encíclica entra en destalles de como «la inteligencia artificial, recordando algunos de los elementos necesarios para un discernimiento moral y social que proteja la primacía de la persona» con el fin de que sea siempre la Inteligencia Humana la que, «con su conciencia y su libertad, guíe las innovaciones técnicas y establezca con responsabilidad su uso y sus límites».
El capítulo tercero de la encíclica lleva por título
«TÉCNICA Y DOMINIO. LA GRANDEZA DE LA PERSONA HUMANA ANTE LAS PROMESAS DE LA IA», y en el desarrolla toda una serie de posicionamientos sobre el paradigma de las tecnocracias y el poder digital:
1. la IA como ayuda valiosa que requiere atención
2. Sobre la responsabilidad, la transparencia y la gobernanza de la IA
3.Y Lo que no podemos perder
En el Capítulo IV titulado «CUSTODIAR LO HUMANO EN LA TRANSFORMACIÓN. VERDAD, TRABAJO, LIBERTAD», la encíclica se detiene en algunos ámbitos que se van a ver afectados por transformaciones muy concreta, y «a veces dramáticas» que pueden afectar al bien cómún, a la democracia, a la comunicación, y especialmente a la educación y «al rol central de la escuela» con varios retos por delante:
1. El primer reto es de carácter socio político. Tanto dentro de cada país como entre las distintas regiones del mundo, persisten fuertes desigualdades en el acceso a la educación básica y a los estudios superiores.
2. El segundo gran reto es de carácter pedagógico, pues muchos sistemas educativos tienen dificultades para actualizarse al ritmo de los cambios y para apoyar un crecimiento integral de los alumnos.
3. El tercer gran desafío es de carácter intelectual y sapiencial en el que se multiplican los conocimientos sapienciarios pero se hace mas dificil captar la realidad en su conjunto, planteando preguntas sobre el sentido de las cosas, y pudiendo desarrollar un pensamiento crítico y creativo.
Después desarrolla todo aquello que trata sobre la dignidad en el trabajo en la transición digital, haciendo incapié en el valor del trabajo, el problema de la IA y el desempleo, la consecución de una economía que valore la dignidad de la persona, para finalizar repasando como la IA puede afectar a la esperanza de la familia, los jóvenes, y su condición social, y como la gobernanza debe de custodiar la libertad frente a la dependencia y la mercantilización, rompiendo las cadenas de las nuevas esclavitudes, señalando que todas estas cuestiones deben de configurar lo que es una responsabilidad compartida por todos.
Personalmente pienso que lo uqe en esta encíclica se expresa sobre la inteligencia artificial y su capacidad transformadora de la sociedad actual deberá de ser tenida muy en cuenta por políticos, reguladores, empresarios, educadores, y usuarios para conocer desde el punto de vista de la Iglesia Católica las ventajas y los peligros que estas nuevas tecnologías comportan.