Cuando una sociedad no sabe qué hacer con sus problemas, busca un culpable sencillo. Preferiblemente uno que quepa en una mano, tenga pantalla y emita notificaciones. El smartphone se ha convertido en el chivo expiatorio perfecto de una crisis educativa que viene de mucho antes, tiene causas mucho más profundas y no se resolverá fingiendo que el mundo de nuestros hijos puede dejarse en la puerta del aula.
El interesante artículo de The Atlantic sobre uno de los psicólogos evolutivos más conocidos, Peter Gray, titulado «What if it’s not the phones?», es interesante porque pone palabras académicas desde el punto de vista de la psicología evolutiva a algo que llevo defendiendo prácticamente toda mi carrera: el problema no es la tecnología, ...