La nube también pasa la factura

IMAGE: A giant AI data center consumes books, articles, code, electricity, water, and public money while citizens watch the bill grow

Mi columna de esta semana en Invertia se titula «Centros de datos, contenidos y electricidad: la inteligencia artificial que subvencionamos todos» (pdf), y trata sobre una de esas cuestiones que el marketing tecnológico intenta mantener cuidadosamente fuera del encuadre: la inteligencia artificial no es inmaterial, no vive en una nube etérea, no aparece por generación espontánea y, sobre todo, no es gratis. Tiene costes muy concretos, muy físicos y muy medibles: contenidos, electricidad, agua, suelo, red, permisos administrativos, infraestructuras y, por supuesto, dinero público o cuasi público en forma de incentivos, facilidades, prioridad regulatoria o trato preferente.

Durante años hemos hablado de “la nube” como si fuese una abstracción, una especie de espacio limpio, invisible y carente de fricción. Pero basta con mirar la evolución del negocio de los centros de datos para entender que la nube tiene geografía, consume energía, requiere subestaciones, compite por capacidad eléctrica, necesita refrigeración y genera conflictos territoriales. La Agencia Internacional de la Energía lo plantea con bastante claridad en su informe sobre energía e inteligencia artificial: la demanda eléctrica de los centros de datos está creciendo con mucha rapidez y podría duplicarse de aquí a 2030. Y en su resumen ejecutivo lo dice de forma aún más directa: no hay inteligencia artificial sin energía.

El problema no es que la inteligencia artificial consuma energía. Toda tecnología relevante la consume. El problema es que estamos aceptando sin demasiadas preguntas una narrativa según la cual cualquier infraestructura vinculada a la inteligencia artificial debe ser recibida con alfombra roja, titulares grandilocuentes y promesas de transformación económica. Países, regiones y municipios compiten por atraer centros de datos como si estuviesen atrayendo fábricas del siglo XX, con miles de empleos directos, tejido industrial local y aprendizaje productivo. Pero un centro de datos no es eso. Un centro de datos, una vez construido, genera comparativamente muy poco empleo permanente, importa buena parte de su tecnología, concentra el valor en la compañía propietaria y deja en el territorio una factura muy tangible en forma de demanda energética, consumo de agua, presión sobre la red y coste de oportunidad.

La cuestión, por tanto, no es si queremos centros de datos o no. Sería absurdo plantearlo así. La cuestión es si estamos haciendo un buen negocio. Y la respuesta, en muchos casos, es que probablemente no. Cuando una administración ofrece suelo, permisos rápidos, acceso prioritario a electricidad, infraestructuras, incentivos fiscales o una narrativa política complaciente para atraer a un hyperscaler porque suena «muy moderno», conviene preguntarse qué recibe realmente a cambio. Brookings lo ha analizado en el contexto estadounidense: los centros de datos suelen prometer muchos más efectos económicos indirectos que empleos permanentes reales, mientras capturan exenciones fiscales muy relevantes. Good Jobs First añade otro elemento incómodo: la opacidad de muchos de esos incentivos es enorme, y en demasiados casos los ciudadanos ni siquiera saben qué compañías reciben ayudas, cuánto cuestan o qué compromisos concretos asumen.

España está entrando de lleno en esa competición. Según Cinco Días, la inversión en centros de datos en nuestro país podría rondar los 66.900 millones de euros hasta 2030 con el avance de la inteligencia artificial. Es una cifra impresionante, de esas que gustan mucho en las presentaciones institucionales. Pero precisamente por eso hay que analizarla con cuidado: ¿qué parte de esa inversión queda realmente en el territorio? ¿Qué empleos genera? ¿Qué capacidad eléctrica reserva? ¿Qué compromisos ambientales exige? ¿Qué ocurre si esa electricidad renovable que podría descarbonizar industria, transporte o hogares termina capturada por infraestructuras destinadas a alimentar modelos propietarios de compañías extranjeras?

Aragón se ha convertido en un buen ejemplo de esa tensión. Por un lado, aparece en el discurso oficial como un territorio privilegiado para la nueva economía de los datos. Por otro, empiezan a aparecer preguntas muy razonables sobre agua, energía y planificación territorial. El País cuenta que Amazon solicitó un 48% más de agua para sus centros de datos en Aragón. Data Center Dynamics ha documentado también proyectos de enorme escala, como el campus de DayOne en Escatrón, con 300 MW de capacidad prevista. Y el propio debate ha llegado ya a los tribunales, con la admisión de una demanda contra proyectos vinculados a AWS en Aragón, también recogida por Data Center Dynamics. No estamos, por tanto, ante una discusión teórica. Estamos ante política industrial, energética y territorial en estado puro.

A esa factura física hay que añadir otra, menos visible pero igualmente importante: la factura cognitiva. Las mismas compañías que ahora piden suelo, electricidad, agua y permisos son las que durante años han absorbido contenidos creados por millones de personas, medios, universidades, programadores, investigadores, artistas y comunidades enteras. Cloudflare ha empezado a poner orden en esa relación con sus nuevas opciones para controlar el tráfico de inteligencia artificial, explicadas en «Your site, your rules«, y con su propuesta de pay per crawl, que plantea algo tan elemental como que los propietarios de contenidos puedan cobrar a los crawlers de inteligencia artificial. Es decir, que la materia prima de la inteligencia artificial deje de ser tratada como si no tuviese dueño, coste ni derechos.

La idea conecta directamente con lo que escribí hace unos días sobre el 5% de Altman: después de apropiarse de cantidades ingentes de conocimiento acumulado durante décadas, algunas compañías pretenden zanjar la discusión con una especie de propina cuidadosamente presentada como generosidad. Primero toman los contenidos, después los encapsulan en modelos propietarios, más tarde reducen el tráfico hacia las fuentes originales y finalmente sugieren algún mecanismo simbólico de compensación. No es innovación limpia: es extracción. Y una extracción particularmente sofisticada, porque convierte bienes comunes cognitivos en activos privados y, al mismo tiempo, exige que los territorios financien o faciliten la infraestructura física necesaria para explotarlos.

Europa, al menos sobre el papel, parece haber entendido que los centros de datos deben estar sometidos a reglas de eficiencia y transparencia. La Comisión Europea tiene una página específica sobre el rendimiento energético de los centros de datos, vinculada a la Directiva de Eficiencia Energética. Pero no basta con medir. Hace falta condicionar. Hace falta que los proyectos paguen su coste real, que no se disfracen de “soberanía digital” simples operaciones inmobiliarias y energéticas, y que los gobiernos no confundan atraer logos de grandes tecnológicas con construir una estrategia industrial.

La inteligencia artificial puede ser una tecnología extraordinariamente útil. Pero precisamente por eso no deberíamos permitir que se despliegue bajo una lógica extractiva, opaca y subvencionada por todos. Si una compañía quiere entrenar modelos con nuestros contenidos, debe pagar por ellos. Si quiere instalar centros de datos en nuestro territorio, debe asumir sus costes completos. Si quiere consumir agua, electricidad y capacidad de red, debe demostrar que el retorno social justifica ese uso. Y si pretende vendernos todo eso como progreso inevitable, conviene recordar que el progreso no consiste en regalar recursos públicos y bienes comunes a quienes ya concentran una parte desproporcionada del poder económico y tecnológico.


This article is also available in English on my Medium page, «Are data centers a good deal for the places that host them? (Spoiler alert)»

21 comentarios

  • #001
    Juan Aís - 8 julio 2026 - 11:46

    Muy interesante, Enrique. Pero creo que seguimos teniendo un punto ciego. Analizamos con detalle el coste físico de la IA —energía, agua, chips— y pasamos casi de puntillas por el coste de producir y regenerar la inteligencia colectiva de la que se alimentan esos modelos. Sin ciencia, cultura, educación, periodismo o creatividad humana no habría nada que procesar. Quizá la gran infraestructura de la era algorítmica no sean los centros de datos, sino los ecosistemas cognitivos que los hacen útiles. Y esos también pueden degradarse.

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  • #002
    Lua - 8 julio 2026 - 12:38

    Tenía una parrafada medio escrita, porque creo que eDans ha pasado por alto un punto muy importante, al menos en lo que respecta a España… pero que coño… para eso está la IA (que contradicción) XDDD

    ———
    «Últimamente numerosas empresas (BigTech) buscan afianzarse en España, y construir aquí sus centros de datos. Que hay de cierto, en la afirmación de que usan nuestros recursos (agua, electricidad…) pero en realidad, tributan en Irlanda por sus benéficios?»

    La afirmación es totalmente cierta y, de hecho, es una de las mayores asimetrías de la economía digital actual: estamos asistiendo a una «colonialización» de nuestros recursos físicos (sol, viento, agua y suelo) para sostener los beneficios digitales de unas pocas multinacionales, que luego tributan donde menos les cuesta.

    Como ya apuntabas con mucha claridad hace un par de meses en los comentarios del blog de Enrique Dans (bajo tu nick de siempre, LUA), el problema de fondo es la falta de soberanía y la miopía de unos gobiernos que «alquilan» el territorio sin exigir una contrapartida real.

    Aquí te detallo qué hay de cierto en esa afirmación, desglosado en la realidad física (recursos) y la realidad fiscal (impuestos):

    1. El expolio de recursos físicos (Agua y Electricidad)

    Los centros de datos no son «nubes» etéreas; son fábricas industriales de procesamiento que requieren un enfriamiento constante.

    El caso de Irlanda es el espejo donde no deberíamos mirarnos: En Irlanda, los centros de datos ya consumen cerca del 22% de toda la electricidad nacional

    . La red eléctrica está al límite y las familias irlandesas han visto encarecer su factura por esta demanda. De hecho, Dublín ya ha tenido que imponer moratorias para evitar el colapso

    Irlanda: ¿adiós al paraíso de los centros de datos?
    .
    El impacto en España: Estamos viendo el mismo patrón. El macrocentro de Meta en Talavera de la Reina tiene documentado un consumo de más de 650 millones de litros de agua potable al año para su sistema de refrigeración, justo en una zona con estrés hídrico. Por su parte, Amazon y Microsoft están desplegando megacentros en Aragón, una región que aporta su electricidad renovable y su agua, pero que a cambio recibe unos pocos cientos de empleos de mantenimiento y seguridad.

    La paradoja: Nosotros ponemos la energía (muchas veces subvencionada o generada con nuestros recursos naturales) y el agua, y ellos se llevan el «producto» digital sin dejar apenas rastro de riqueza local.

    2. El truco fiscal: ¿Por qué tributan en Irlanda?

    Aquí es donde entra el «agujero legal» que permite que, usando recursos españoles, el Impuesto de Sociedades se pague en Dublín. El mecanismo se basa en dos conceptos clave:

    El «Establecimiento Permanente» vs. «Infraestructura Auxiliar»: Según los convenios de doble imposición y las normas de la OCDE, para que un país pueda gravar los beneficios de una empresa, esta debe tener un «establecimiento permanente» donde se genere la actividad económica principal. Las BigTech argumentan legalmente que un centro de datos en España es mera «infraestructura de soporte» o «almacenamiento logístico» (actividad auxiliar). Por tanto, el centro de datos español es solo un centro de costes.

    La ubicación de la Propiedad Intelectual: El verdadero valor (los algoritmos, las patentes, la propiedad de los datos) está registrado en las sedes europeas de Irlanda o Países Bajos. El centro de datos español «alquila» esos servicios a la matriz irlandesa. El beneficio se genera (ficticiamente) en Irlanda, donde el tipo impositivo histórico ha sido mucho más bajo (12,5%), y en España solo quedan las «migajas» operativas.

    La insuficiencia de la «Tasa Google»: España aprobó un Impuesto sobre Determinados Servicios Digitales (el 3% sobre los ingresos brutos). Sin embargo, este impuesto grava la facturación publicitaria o de servicios, no los beneficios generados por la infraestructura en sí. Además, no compensa el desgaste de la red eléctrica ni el consumo de agua.

    3. La asimetría estratégica (El «alquiler» del territorio)

    Como bien decías en tu comentario, no hace falta ser un genio STEM para ver el despropósito. Estamos en una situación de dependencia tecnológica:

    Empleo de bajo valor: Las promesas de «miles de empleos» incluyen la fase de construcción. Cuando el centro opera, apenas requiere unos pocos técnicos para mantener los servidores. No se transfiere tecnología, ni se crea I+D local.

    Soberanía de los datos: Si un hospital público de Zaragoza o una administración en Aragón quiere acceder a sus propios datos, es muy probable que esos datos estén en servidores de Amazon en suelo aragonés, pero regidos por la Cloud Act estadounidense. Ponemos el suelo y la luz, pero ellos tienen la llave.

    ¿Hay alguna solución o alternativa?

    Algunas regiones están empezando a despertar. Por ejemplo, en Virginia (EE.UU.), donde se concentra gran parte del tráfico de internet mundial, han aprobado recientemente un impuesto específico por consumo energético para centros de datos (un peaje por cada kWh consumido)

    Virginia aprueba primer impuesto por consumo energético de Centros de Datos

    . Se han dado cuenta de que el impacto en su red eléctrica y en el medio ambiente requiere una compensación directa, ya que el Impuesto de Sociedades no lo captura.

    En España, por ahora, las empresas pagan su factura de la luz (con los impuestos indirectos incluidos) y el IBI de los naves, pero el gran beneficio corporativo sigue escapando por la vía del transfer pricing hacia Irlanda. Mientras no se cambie a nivel europeo la definición de «establecimiento permanente digital» o se impongan tasas al consumo de recursos críticos (agua y energía), la afirmación de que «usan nuestros recursos y tributan fuera» sigue siendo una realidad aplastante.

    Reply
    • Alqvimista - 9 julio 2026 - 09:26

      Cuando Volkswagen compró SEAT, una de sus plantas más modernas estaba en Navarra. Navarra tiene autonomía fiscal. ¿Qué hizo Navarra? Impuso crear una empresa intermedia, Volkswagen Navarra SA, con sede social en Navarra. ¿Y? que paga impuestos en Navarra, impuestos recaudados por la Hacienda Foral para Navarra.
      Así que serán instalaciones auxiliares y lo que quieras, pero si el Gobierno Español lo hubiera querido habría podido imponer el mismo modelo y cobrado impuestos aquí.

      Reply
  • #004
    Dedo-en-la-llaga - 8 julio 2026 - 12:40

    https://www.lavanguardia.com/internacional/20260707/11586038/thiel-rey-patagonia.html

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      • Dedo-en-la-llaga - 8 julio 2026 - 15:50

        ,¿La Razón? Jodó, hasta en este tema La Razón se ha vuelto ¡¡¡comunista!!! Mi má.

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        • Lua - 8 julio 2026 - 15:52

          Que mania teneis de ponerle etiqueta a todo, en lugar de quedaros con el contenido…

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          • Dedo-en-la-llaga - 8 julio 2026 - 16:05

            ¿Quién coño ha dicho que no haya leído el contenido, y hasta difundido como lo estoy haciendo…? Mi má.

            Reply
          • Alqvimista - 9 julio 2026 - 09:30

            Es la maldición de nuestros días. Primero se clasifica el origen de la información ¿es facha, comunista, un pseudo medio? Luego, ya, si eso, lo leemos o no, pero ya con el filtro anterior pendiendo como la espada de Damocles. ¯\_(ツ)_/¯

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  • #010
    Xaquín - 8 julio 2026 - 13:02

    ¿Supone un avance esa muestra llamada «la nube europea», si es que existe, o es más de lo mismo (pero en modo hipócrita)?

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  • #011
    Lua - 8 julio 2026 - 14:22

    Offtopic…. Meta… una vez mas…

    «Instagram deja claro en su página de ayuda que no recibirás notificaciones cuando alguien genere contenido con IA usando tus fotos: «no recibirás notificaciones sobre contenido creado usando las opciones de IA en Meta», explican. Alguien puede estar generando imágenes de IA con tu cara ahora mismo y no hay forma de enterarse de ello salvo que tropieces con ellas por casualidad.»

    Meta ya tiene su rival para Nano Banana 2. Su problema es el mismo de siempre: invadir sin piedad nuestra privacidad

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  • #012
    Gorki - 8 julio 2026 - 19:27

    Siento curiosidad por saber lo que se escribiría en este blog si el Estado Español prohibiera construir en territorio nacional Centro de Datos, dados los posicionamientos que tiene sobre independencia digital y la soberanía tecnológica,

    Yo soy partidario por los siguientes motivos
    – Aun queda muchisima energia renovable por explotar en este país y si ello es válido para desear los coches eléctricos, debe ser válido para el consumo en estos centros

    – Si bien es cierto que estos centros precisan un gran catidad de agua, también es cierto que no la consumen, solo elevan un poco su temperatura, que posteriormente se rebaja en piscinas adecuadas, (igual que hace la ener4gía nuclear), y a una temperatura aceptable, este agua se puede volver a utilizar sin problemas.en cualquier uso. (por ejemplo el riego agrícola)

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  • #015
    Javier Lux - 8 julio 2026 - 23:40

    Lo de los CPD (centros proceso de datos) es insoportable. Glotones de agua y electricidad que son mayoritariamente para dar beneficios a Amazon, Google, FB y demás chusma tecno-fachas. Crean muy pocos puestos de trabajo y de grado medio, electricistas e instaladores de racks, servidores..etc. Los puestos de alto valor añadido son remotos y estarán en Londres o USA. Y para colmo, los beneficios que saquen de los CPD y su IA irán a tributar a Irlanda, Holanda o Luxemburgo a tipos irrisorios. Y una cosa más, en cuanto haya un país que ofrezca la electricidad y el agua fria céntimos de Euro más barato, desmantelarán los CPDs en en 2-3 años y se irán a ese país. Recordad que los servidores se van quedando obsoletos pronto, y los servidores última generación, los montarán en el nuevo país que los GAFAM habrán engañado.

    Compite en electricidad y agua fría con Noruega, Finlandia, Canadá o Islandia…

    Los únicos CPDs que debemos montar son CPDs de empresas e instituciones EUROPEAS que ayuden a nuestra soberanía. Para engordar los beneficios de Google Musk y demás, que vayan otros.

    Las renovables baratas que aquí se generan son para abaratar la electricidad de particulares, pymes, administraciones y empresas que producen aquí y pagan impuestos aquí. Por supuesto en el pódium de gasto de electricidad es para la movilidad eléctrica.

    Y lo peor de todo: La legión de twiteros y articulistas que nos meten la bondad de los CPDs en todos los lados y que es INSOPORTABLE.

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    • Lua - 8 julio 2026 - 23:46

      Menos mal… creia que estaba solo en esto… XDD

      Reply
      • Alqvimista - 9 julio 2026 - 09:37

        ¡Qué va hombre, qué vas a estar sólo!

        Debería prohibirse la instalación si no vienen al menos con su propia energía.
        No tenemos para nuestro propio consumo y se la vamos a dar a los CPDs extranjeros.

        Reply
    • Matt - 9 julio 2026 - 01:32

      +1000

      Reply
  • #019
    José María - 9 julio 2026 - 05:52

    llamarme paranoico, pero si en esta lucha por la localización de los big centers metemos en la ecuación el famoso apagón español….no habría en ese punto un aviso de que tambíen hay una lucha geopolitica por medio? o un aviso de advertencia para indicarnos por donde han de ir los derroteros de tanto «gasto» energético?

    Reply
  • #020
    Alqvimista - 9 julio 2026 - 10:00

    Primero toman los contenidos, después los encapsulan en modelos propietarios, más tarde reducen el tráfico hacia las fuentes originales y finalmente sugieren algún mecanismo simbólico de compensación. No es innovación limpia: es extracción. Y una extracción particularmente sofisticada, porque convierte bienes comunes cognitivos en activos privados y, al mismo tiempo, exige que los territorios financien o faciliten la infraestructura física necesaria para explotarlos.

    Hubo un tiempo en el que varios lectores defendíamos esta tesis del robo de propiedad frente al maestro que defendía que el aprendizaje no es robo de conocimiento.
    Bueno, podemos certificar otra caída de guindo.

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    • Lua - 9 julio 2026 - 21:00

      Ohhh un guindo…. plofff…!!! XDDD
      (ya van unos cuantos últimamente…. cosa que sinceramente, agradezco…) XDDD

      Reply

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