La noticia de que SpaceX habría mostrado a inversores un prototipo de dispositivo de inteligencia artificial, más fino que un iPhone, con sistema operativo propio y tecnología de xAI, que TechCrunch interpretó como «algo muy parecido a un teléfono«, debe leerse con cautela: Elon Musk lo ha negado como “utterly false”. Pero lo importante, considerando la nula confiabilidad del personaje, no es si ese prototipo existe, sino la dirección que revela: los grandes actores de la inteligencia artificial parecen haber llegado a la misma conclusión. La inteligencia artificial no va a vivir eternamente en una pestaña del navegador, en una app móvil o en una ventana de chat. Necesita su propio objeto.
Cuando OpenAI incorporó al equipo a Jony Ive, no compró simplemente diseño: compró una hipótesis. El ordenador fue el dispositivo del escritorio. El smartphone fue el de la ubicuidad. La inteligencia artificial quiere ser el dispositivo de la asistencia: algo que nos acompaña, interpreta el contexto y actúa.
El smartphone no cambió la sociedad porque fuese un teléfono mejor, sino porque reorganizó nuestra vida alrededor de un gesto: sacar un rectángulo del bolsillo, mirarlo, tocarlo y esperar que todo estuviese ahí. Banca, movilidad, fotografía, conversación, comercio, identidad y ansiedad pasaron a orbitar alrededor de ese gesto. Pew Research Center muestra cómo su adopción pasó de minoritaria a prácticamente universal en muchos segmentos, y el informe The Mobile Economy 2025 de la GSMA explica cómo el móvil se convirtió en infraestructura social.
La pregunta ahora es si la inteligencia artificial va a cambiar de nuevo el gesto dominante. Si pasaremos de mirar, tocar y navegar por menús a hablar, escuchar, mostrar, delegar y recibir respuestas contextuales. Esa transición no es una mejora de interfaz: es un cambio en quién media entre nosotros y el mundo.
Por eso interesa la integración vertical que rodea a SpaceX. Si una compañía combina conectividad vía Starlink, inteligencia artificial vía xAI, una base social manipulable en X, capacidades industriales y narrativa propia, el dispositivo deja de ser un simple gadget, y se convierte en terminal de ecosistema. La adquisición de xAI por SpaceX apunta a esa convergencia: comunicaciones, modelos, identidad, datos y servicios unidos por una misma arquitectura. No se trata de fabricar “un teléfono con inteligencia artificial”, sino de decidir quién se queda con la interfaz cotidiana.
La prudencia es obligatoria. La primera oleada de dispositivos de inteligencia artificial ha sido torpe. Humane terminó vendiendo sus activos a HP y cerrando el AI Pin, una demostración de que el diseño visionario no compensa una utilidad poco clara, una mala autonomía o un precio absurdo. El Rabbit R1 fue recibido como un producto inacabado, más promesa que herramienta. Pero esos fracasos no invalidan la categoría: la preparan. Antes del iPhone estuvo la Palm, la BlackBerry, el Nokia Communicator y Windows Mobile. La historia tecnológica está llena de intentos fallidos que llegan demasiado pronto o mal.
Las gafas inteligentes son, por ahora, el experimento más serio. Atacan el punto esencial: la inteligencia artificial necesita contexto, y el contexto está en lo que vemos, oímos y hacemos. Las Ray-Ban Meta crecieron más de un 200% en ventas en la primera mitad de 2025 a pesar de ser una máquina de espionaje al servicio de una de las empresas más siniestras que existen, y trabajos como VisionClaw: Always-On AI Agents through Smart Glasses exploran agentes siempre activos capaces de combinar visión, voz y ejecución. Ver un cartel y crear un evento. Mirar un documento y resumirlo. Escuchar una conversación y preparar notas. Traducir en tiempo real. Todo eso, en un smartphone, exige sacarlo del bolsillo. En un artefacto más contextual, puede ocurrir casi de forma ambiental.
Ahí está la frontera real: la inteligencia artificial será cotidiana no cuando responda mejor, sino cuando deje de esperar a que le preguntemos. Y ahí aparece el problema. Un dispositivo dedicado no es solo un aparato: es un testigo. Mira, escucha, recuerda, interpreta y actúa. Puede reducir fricción, mejorar accesibilidad y liberarnos de la pantalla. Pero también puede multiplicar la vigilancia, la dependencia y la concentración de poder en quien controle modelo, sistema operativo, conectividad, datos y servicios. Nos puede poner completamente en manos de los mismos irresponsables peligrosos que ya nos explotaron con las redes sociales.
Por eso el sistema operativo propietario importa tanto. Un dispositivo propio es una forma de escapar del dominio de Apple y Google. Hoy, quien quiera llegar al bolsillo del usuario tiene que pasar por iOS o por Android, por sus reglas, sus APIs, sus comisiones y sus restricciones. El hardware vuelve a importar porque define quién está presente cuando el usuario formula una intención. Google dominó la búsqueda; Amazon, las compras; Apple y Google, las aplicaciones; Meta, la intención social. La inteligencia artificial aspira a algo más amplio: la intención, incluso antes de convertirse en acción.
No creo que el smartphone desaparezca pronto. La pantalla sigue siendo eficiente para leer, comparar, editar o verificar. Pero puede perder centralidad, como el ordenador personal la perdió frente al smartphone. La nueva interfaz podría ser una constelación de gafas, auriculares, objetos de bolsillo y dispositivos ambientales. Lo decisivo no será la forma, sino la capa: sensores, contexto, modelo, conectividad y capacidad de acción.
La oportunidad es enorme, pero también el riesgo. Un dispositivo de inteligencia artificial bien diseñado podría hacer la tecnología menos absorbente, más accesible y más humana. Uno mal diseñado podría sustituir la adicción a la pantalla por una vigilancia y monitorización continua y una delegación cognitiva completamente opaca en manos de personajes peligrosísimos. Yo mismo, un profesor de innovación acostumbrado a probarlo todo, no uso WhatsApp o Threads ni de lejos, no he llegado a tocar ninguno de los dispositivos recientes que he mencionado en el artículo, y todo aquel al que veo con las gafitas de Meta me parece, por definición, un idiota que merece todo lo que le pueda pasar. Entre querer entender la innovación y ser una maldita fashion victim, con gran énfasis en lo de victim, hay una distancia enorme.
La próxima revolución de la interfaz no consistirá en dejar las pantallas, sino en que dejen de ser el centro. Y entonces la pregunta no será qué dispositivo llevamos encima, sino qué compañía, qué modelo y qué arquitectura de poder llevamos, literalmente, pegadas al cuerpo.
This article is also available in English on my Medium page (no paywall), «AI: new app, or new device?»


La adquisición de xAI por SpaceX es principalmente una maniobra de ingeniería financiera, porque xAI es muy deficitaria y SpaceX tiene beneficios.
SpaceX lo que tiene son ingresos, no beneficios. Tuvo una perdida neta de 2600 millones. (*datos de 2025)
Un teléfono de verdad:
https://johndoeworldwide.com/johns-phone
A ver cuando desaprendemos de verdad de tanta promoción y hype, para mover el mercado, hacia lo que el mafioso quiere…
El teléfono de john es tan de verdad, que hasta DEDO se lo compraría !!!
Aunque por supuesto me preocupa enormemente la privacidad, creo que todos valoramos lo que entregamos a cambio de lo que recibimos. Y en esa valoración influyen las circunstancias personales. Para mí, que soy ciego, la mejora que en mi día a día supone llevar unas gafas inteligentes, de momento de Meta que son las que hay, cambia bastante la ecuación. Porque ademas la vida más accesible de momento no la hacen los poderes públicos o no mayormente, sino las iniciativas tecnológicas. Por eso cuando vea a alguien con las gafas puestas, lo mismo no es un idiota y lo mismo usted cuando sea viejo y necesite descripción en tiempo real y lo mismo no vea bien, se lo piensa.
Si yo tuviera que elegir el dispositivo que todos llevaremos en el futuro, elegiría el reloj por delante de que las gafas por loa siguientes razones:
– El reloj tiene mas volumen, lo que aun exigiendo la miniaturización de la electrónica, hay mas volumen para l el hardware.
– El reloj tiene una pequeña pantalla, menos intrusiva que proyectarte algo delante de los ojos.
– Ya muchos estamos acostumbrados a llevar en la muñeca el reloj, mientras que las gafas son un dispositivo menos cómodos de portar todo el tiempo.
– La correa del reloj puede ser una con facilidad una ampliación del hardware o el lugar donde portar una batería de bastante capacidad.
Al menos en mi entorno veo cada vez mas utilidades al reloj, Contador de calorías gastadas y ejercicio realizado, forma de pago, conexión a internet,….
OffTopic:
Hoy he leído un artículo de la Waag Foundation que me ha dejado bastante preocupado, y creo que encaja perfectamente con las preocupaciones sobre soberanía digital que tanto hemos debatido aquí.
Resulta que las wallets de identidad digital que los estados europeos están desarrollando (esas que supuestamente nos darán «soberanía» sobre nuestros datos) dependen críticamente de APIs privadas de Google y Apple. En concreto, requieren usar Google Play Integrity API o Apple DeviceCheck para verificar la integridad del dispositivo, lo que significa que:
Violan el espíritu del DMA (Digital Markets Act), que precisamente busca reducir la dependencia de las gatekeepers
Convierten a Google y Apple en árbitros de quién puede usar servicios gubernamentales europeos
Ignoran alternativas más abiertas como Android’s Hardware Attestation API, que ofrecería verificación sin dependencia de servicios en la nube de terceros
El resultado es paradójico: mientras la UE regula agresivamente a las Big Tech, sus propios proyectos de infraestructura digital las están reforzando. Si tu identidad digital depende de que Google o Apple validen tu dispositivo, ¿de quién es realmente esa soberanía?
Me pregunto si esto es incompetencia técnica, captura regulatoria, o simplemente la comodidad de usar soluciones existentes sin pensar en las implicaciones a largo plazo. Lo que está claro es que estamos construyendo infraestructura crítica sobre cimientos privados.
European digital ID wallets are a gift to Google and Apple
(respuesta consensuada con @Cinico )
De hecho, estamos debatiendo ahora que implicaciones puede tener, precisamente, con dispositivos que ejecuten IA como los mencionados.
Los nativos americanos necesitaban leña y una manta, el teléfono fijo una mesita ad hoc, el móvil ya va en a ropa, pero aún separado del cuerpo… los aditivos incorporados, tipo audífono o gafas, ya van «como parte de»… solo queda el implante y el chip integrado, hasta que se pueda usar un receptor microscópico con USBX al exterior… todo avanza, camino del cibernauta humano androide o androide humano, según gustos y necesidades). De nosotros depende no del avance tecnológico… ya está bien de echar balones fuera!!!
Ante el espía que saca el móvil del bolsillo, hay una defensa más o menos fácil. Ante la flor en la chaqueta o el bolso, ahora las gafas, solo hay «darse la vuelta», aunque te pille de espaldas. Y siempre se puede usara una camiseta que ponga ¡Jódete!
En fin, lo siento por los que las necesiten de verdad, pero se supone que habrá algún tipo de filtro (nos acostumbraremos a diferenciar a los ciegos de verdad de los espías/cotillas) y, sobre todo, ellos irán con la verdad por delante, despejando la posibles dudas..
Mientras tanto…
El TJUE confirma la multa por más de 4.100 millones de euros a Google
El tribunal de Luxemburgo desestima el recurso de casación interpuesto por la multinacional por “abuso de posición dominante” con su sistema operativo Android, lo que valida la sanción de Bruselas, la mayor de su historia en casos de monopolio
https://elpais.com/economia/2026-07-02/el-tjue-confirma-la-multa-por-mas-de-4100-millones-de-euros-a-google.html
PS: Que van a decir ahora los de Apple… posición dominante a Android !!!
OpenAI ‘in early talks to give 5% stake to US government’
new distopy unlocked!!
¿En serio, como especie, no sabemos innovar sin acabar creando una situación siempre peor a la anterior?
Sí, en serio.
https://www.youtube.com/watch?v=EnPMHi85K48
De esta misma mierda ya hablaron de ella desde OpenAI
He cogido esta frase del post. La he sumergido en el caldero de la historia. Le he añadido un par de actualizaciones temporales. Otro manojo de realidad cruda y dura, y una pizca de verdad de la buena.
He dejado que todo el engrudo que se formó se calentase durante unos pocos minutos, y he aquí el resultado real de lo que realmente va a pasar, porque es lo que pasó, está pasando y pasará de verdad:
«Un dispositivo de inteligencia artificial bien diseñado podría sustituir la adicción a la pantalla por una vigilancia y monitorización continua y una delegación cognitiva completamente opaca en manos de personajes peligrosísimos.»
Y, contra esto, nadie me va a toser. ¿A que no? ¿Apostamos?
Lo más importante de un dispositivo así es saber quién es quien es el dueño y a quien sirve.
Si el usuario no es verdaderamente a quien sirve el dispositivo es un caballo de troya o un topo.
Si verdaderamente sirviera al usuario sería una verdadera inteligencia externa.
Desgraciadamente, el historial que tenemos hasta ahora de como han actuado Google, Apple, Meta, etc. el nuevo dispositivo producirá una situación parecida a la novela Amos de Títeres de Heinlein (https://en.wikipedia.org/wiki/The_Puppet_Masters).
Recuerdo un desasosegante episodio de la serie Black Mirror en el que las personas llevan un aparatito que graba todo lo que ven y oyen, en un proceso de filmación sin fin.
«Todo sobre ti», tercer episodio, 1ª temporada. De lejos, la mejor temporada de todas.
Creo que la combinación de auriculares con micrófonos y pantalla adicional desplegable por si queremos ver algo, más que suficiente.
80% audio, voz y 20 % imagen.