La inteligencia artificial no despide a nadie: lo hacen idiotas con hojas de cálculo

IMAGE: A split-screen illustration contrasts AI-driven layoffs with a collaborative human-AI engineering workflow based on expertise, quality control, and continuous feedback

Hay una forma especialmente torpe de adoptar la inteligencia artificial: sentar a alguien ante un organigrama, enseñarle una demo brillante y pedirle que señale nombres. “Lo que hace este lo puede hacer una inteligencia artificial, lo que hace este también, este otro de aquí sobra”. Es la vieja reducción de costes de siempre, envuelta en terminología futurista. No es transformación digital: es idiotez directiva con coartada tecnológica.

El caso de Ford es un recordatorio magnífico. Tras confiar demasiado en sistemas automatizados para resolver problemas de calidad, la compañía ha tenido que volver a contratar a cientos de ingenieros veteranos, los famosos gray beard engineers, porque la inteligencia artificial no alcanzaba donde sí llega la experiencia acumulada.

Ford no abandona la inteligencia artificial: entiende que necesita conocimiento experto, buenos datos y personas capaces de detectar problemas antes de que se conviertan en defectos caros. Charles Poon, vicepresidente de ingeniería de hardware, lo resume perfectamente: la inteligencia artificial es una herramienta fantástica, pero solo es tan buena como la información con la que se la entrena. El problema no era la inteligencia artificial. Era creer que podía sustituir sin más a quienes sabían interpretar la realidad.

No es un caso aislado. Además de Ford, si tenemos en cuenta al Commonwealth Bank of Australia, a IBM y una serie de datos de Robert Half, resulta que un 32% de hiring managers estadounidenses que eliminaron puestos principalmente por la disponibilidad de inteligencia artificial acabaron recontratando personas para el mismo puesto o para uno similar. También podemos citar un informe de Orgvue: el 39% de líderes empresariales hizo despidos vinculados al despliegue de inteligencia artificial, y entre ellos, el 55% admite haber tomado decisiones equivocadas. Primero se despide, después se descubre que faltaban capacidades, y finalmente se intenta recomprar a toda prisa el conocimiento que había salido por la puerta.

El caso de Commonwealth Bank es aún más revelador: el banco despidió a decenas de empleados de atención al cliente tras introducir un voice bot, pero tuvo que revertir la decisión cuando aumentaron las llamadas y el sistema no fue capaz de absorber la complejidad real del trabajo. La entidad terminó reconociendo que no había considerado adecuadamente todos los factores relevantes antes de declarar redundantes esos puestos. Muchas tareas parecen simples cuando se miran desde lejos, pero contienen contexto, excepciones, criterio, memoria institucional y responsabilidad. Un puesto de trabajo pocas veces se reduce a una lista plana de tareas automatizables.

La pregunta sensata no es “¿a quién puedo despedir con esta herramienta?”, sino “si diseñáramos hoy este proceso desde cero, con inteligencia artificial disponible, ¿cómo lo haríamos?”. Esa diferencia lo cambia todo. Automatizar el statu quo sólo acelera sus defectos. Transformar exige rediseñar flujos de trabajo, datos, incentivos, responsabilidades y métricas. Bain lo explica con claridad: las compañías que crean valor con inteligencia artificial no son las que simplemente añaden herramientas a procesos existentes, sino las que rediseñan cómo se trabaja y cómo se toman decisiones. McKinsey llega a una conclusión parecida: el impacto real aparece cuando las organizaciones rediseñan workflows, gobiernan bien los sistemas y miden resultados con indicadores claros.

Ahí está el elemento que muchas empresas olvidan: los bucles de retroalimentación. Una inteligencia artificial no debe limitarse a producir respuestas, resúmenes, recomendaciones o decisiones parciales. Debe estar conectada con lo que ocurre después. ¿Funcionó la recomendación? ¿El cliente quedó satisfecho? ¿Se evitó el defecto? ¿La respuesta fue correcta? Sin ese feedback loop, la inteligencia artificial se convierte en una demo vistosa o en una herramienta individual de productividad, pero no en un sistema organizativo que aprende.

Por eso tantos proyectos fracasan. El informe The GenAI Divide del MIT NANDA señala que, pese a inversiones enormes, el 95% de las organizaciones analizadas no obtiene retorno medible de la inteligencia artificial generativa. La causa no está simplemente en los modelos, sino en la mala integración con los procesos, la falta de aprendizaje contextual y la incapacidad para rediseñar operaciones. BCG insiste en la misma idea: apenas una pequeña proporción de empresas obtiene ganancias financieras sustanciales, y el valor procede sobre todo de repensar el componente humano, no de comprar más tecnología.

La inteligencia artificial no sustituye personas: sustituye, acelera o transforma tareas. Y precisamente por eso obliga a pensar más, no menos. Obliga a mapear procesos, distinguir entre automatización y responsabilidad, preservar conocimiento experto, formar a quienes deben supervisar los sistemas y crear mecanismos para aprender de cada interacción. El NIST insiste en que la inteligencia artificial debe gestionarse con gobernanza, medición, gestión de riesgos y adaptación al contexto. No es burocracia: es simple sentido común.

La próxima vez que alguien diga “esto ya lo puede hacer una inteligencia artificial”, habría que responder: “¿dentro de qué proceso rediseñado, con qué datos, con qué supervisión, con qué métricas, con qué mecanismo de aprendizaje y con qué responsabilidad?”. Si no hay respuesta, no estamos ante una estrategia de inteligencia artificial. Estamos ante una hoja de cálculo en manos de un idiota que busca víctimas. La inteligencia artificial no elimina la necesidad de personas: elimina, más bien, muchas excusas, desde procesos mal diseñados a datos abandonados, pasando por directivos idiotas que no saben medir y por organizaciones que nunca aprendieron a aprender.

7 comentarios

  • #001
    D. FALKEN - 2 julio 2026 - 11:27


    La inteligencia artificial no elimina la necesidad de personas: elimina, más bien, muchas excusas, desde procesos mal diseñados a datos abandonados, pasando por directivos idiotas que no saben medir y por organizaciones que nunca aprendieron a aprender.

    Una síntesis brillante. Totalmente de acuerdo.
    Aunque el problema creo que tiene que ver menos con la estupidez y más con la codicia y la avaricia.

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  • #002
    Marcos - 2 julio 2026 - 11:39

    Todo esto para entornos de oficina, está bien, pero para el día a día, se tornó más grotesco. Y no hablo ya de una pescadera o de alguien que limpie fosas sépticas, que estos quizás le vean las orejas al lobo más tarde.

    Reitero lo de Sony y Playstation y es evidente que va a suponer un terremoto a nivel conductual, a nivel de consumo, de avance tecnológico, de todo lo contrario y de hasta cierres de empresas multinacionales, en las que ya no se trata si una IA, toma parte o no.

    No hace falta ni tan siquiera abrir un Excel para saber que la demanda física de juegos va a la baja, pero esto acelera las cosas de manera estratosférica. Es mucho menos tiempo del que da la UE cuando obliga a adoptar ciertas normativas.

    Y obviamente, mucha gente se va a quedar literalmente, en la calle. Sin ir más lejos, en Reedit trabajadores de Gamespot comentaban que el otro día ante la apertura de reservas de GTA6 esperaban en ese día alcanzar las 200 y solo se reunieron 5. Multipliquemos esto por cada tienda. Y ahora multipliquemos esto, por cada juego que se lance para PS6 (que obviamente, ya de forma indirecta ha anunciado su lanzamiento).

    Y si ya la IA generativa estaba teniendo presencia en los estudios de desarrollo y ahora se abaratan estos costes mientras de se despiden a decenas de miles de personas (lo de Microsoft y Xbox… tiene una pinta horrible), pues se viene una crisis como la sufrida en los 80.

    ¿Qué puede hacer la IA en todo esto? Veremos. Quizás no haga falta para generar un buen ecosistema de venta de juegos virtuales y no físicos. Pero eso no es posible. Porque generación tras generación las 3 grandes de las veían y deseaban para hacer retrocompatibles sus juegos antiguos en nuevas máquinas. Es sistema es absolutamente diferente pese a que solo cambies un 3 por un 4 en el nombre de la consola.

    Eso genera desconfianza.

    A eso súmale que los precios son en muchos casos similares y las ofertas están supeditadas a lo que quiera una única tienda.

    Es decir, Se obligaba a a Apple a permitir tiendas en IOS, pero ahora no va a ser así para quien tiene las mismas exacta práctica ¿verdad? (Ya lo tenía, desde hace años, seas Nintendo, Sony o Microsoft).

    Mercados de segunda mano, vayámonos olvidándonos. Y reitero… unas tiendas virtuales que han tratado a sus usuarios como a leprosos por lo que no genera confianza tener una biblioteca de 49 juegos con Sony.

    Valverde, en PC es otra historia, pero a base de golpes de confianza. Nada que ver con las actuales en consola.

    Una industria que genera más dinero que la del cine y que acaba de entrar por la puerta grande en eso que se suele llamar “un antes y un después” literal.

    Van a caer como moscas tiendas, empleados y hasta estudios. Con Microsoft queriendo vender la marca Xbox (tras haber gastado una pasta tal que hace que hasta tú creo recordar que lo comentaras aquí, por los creadores de Call of Dutty, por ejemplo), todo el mundo en teoría dando la espalda a Sony por una política restrictiva que les deja fuera de posesión real y con una Nintendo que.. en fin está siempre va a su ritmo (y soy nintendero de toda la vida).

    Y que nadie hable de jugar en streaming. No es la opción. No lo es. Que se lo digan a a Google con Stadia ¿verdad?

    Me gustaría ver cómo la IA ya no solo ocupa puestos laborales aquí, sino, soluciona este cristo que se ha montado en cuestión de dos semanas.

    Y reitero, no, un servicio Netflix no es la opción. Y solo comprar digitales tampoco. Se vienen tiempos oscuros y no solo para los gamers, sino para quienes comen de aquí también.

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    • Alqvimista - 2 julio 2026 - 12:08

      Es curioso cómo se relativiza esto de las inversiones y las pérdidas.
      MS invirtió más de 70.000 millones de $ en comprar estudios de videojuegos, inversión que está a punto de tirar por la ventana.
      Meta invirtió más de 80.000 millones de $ en el Metaverso que no ha servido para absolutamente nada.
      Y nadie dice nunca nada.

      Pero todo el mundo se ríe de Apple por su inversión de 10.000 millones de $ en el coche (aunque mucha de esa investigación se rentabiliza en IA y hardware, por ejemplo en tecnología de baterías).
      Y 20.000 millones de $ en el Vision Pro, que sigue siendo un producto en desarrollo y que todavía no ha dicho su última palabra.
      Y esto en una empresa que gana cada año tres veces esa cantidad…

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  • #004
    Alguien - 2 julio 2026 - 11:59

    Exactamente esto nos está pasando.

    Ya vino un «idiota con hoja de cálculo» intentando recortar porque usamos IA.

    El idiota será el mismo que recortó subcontratando a terceros países baratos ciertos servicios de software y ahora es todo un caos y el resto tiene que trabajar mucho mas para suplir las deficiencias de esos departamentos, y todo manga por hombro.

    Luego falla calidad, por culpa de estos idiotas, y se pierden miles de millones en valor de marca y ventas. Daños dificilísimos de reparar. Por imbéciles.

    Pero eso no salía en su hoja de cálculo.

    Y sigue sin salir.

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    • D. FALKEN - 2 julio 2026 - 12:38

      Reducidos los «costes» toca sustituir la estrategia en improvisación y «barrer debajo de la alfombra»: …típico

      Reply
  • #006
    Alqvimista - 2 julio 2026 - 12:18

    Espero que la gente recontratada haya negociado una más que generosa subida salarial y un buen blindaje por despido.

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    • D. FALKEN - 2 julio 2026 - 12:33

      Conociendo la lógica dominante no lo creo. La tendencia es aproyechar la coyuntura para redirigirlo hacia una «optimización» de costes salariales.

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