Soberanía tecnológica europea: o dejamos de alquilar el futuro a Silicon Valley, o seguiremos pagando peaje democrático

IMAGE: A powerful, circuit-board fist rises from a map of Europe, shattering a heavy chain that spells out "DEPENDENCIA." In the dark background, a cracked Silicon Valley skyline and broken sign signal the end of passive reliance, while bright, green digital growth flourishes below

Europa lleva demasiado tiempo confundiéndose a sí misma con un mercado, cuando lo que está en juego es algo bastante más incómodo: poder. Poder para decidir qué se puede hacer con los datos de sus ciudadanos, poder para definir qué prácticas empresariales son aceptables, poder para exigir auditoría, transparencia y rendición de cuentas, y poder para que, cuando alguien en Washington estornude o amenace, aquí no nos dé una neumonía. Que hoy estemos discutiendo «soberanía tecnológica» no es una moda ni una ocurrencia: es el síntoma de que por fin empezamos a asumir que la infraestructura digital no es un conjunto de productos, sino una capa de soberanía comparable a la energía, las telecomunicaciones o la defensa.

La paradoja es que Europa sí tiene piezas críticas del rompecabezas, pero las ha tratado como si fueran accesorios. El caso de ASML es casi obsceno: una empresa europea que sostiene una parte esencial de la cadena global de semiconductores y, aun así, Europa se ha permitido actuar como si su liderazgo fuese un accidente del que no hay que sentirse responsable. ASML lo recuerda en su propia presentación corporativa: su tecnología de litografía es «fundamental» para la fabricación masiva de chips. Y sin embargo, el debate geopolítico ha tendido a convertirla en rehén de agendas ajenas, justo lo contrario de lo que debería permitir un bloque que se toma en serio a sí mismo. Ahí hay una lección central: la soberanía no empieza prohibiendo nada, empieza protegiendo lo que ya tienes y dejando de comportarte como vasallo.

Esa discusión estratégica tiene hoy nuevos actores que obligan a replantear los monopolios de facto: uno de ellos es Taalas, una compañía canadiense que propone revolucionar la infraestructura de la inteligencia artificial transformando modelos de aprendizaje profundo en silicio personalizado altamente optimizado. Su plataforma automatizada permite que un modelo entrenado se convierta en hardware específico, lo que ellos llaman Hardcore Models, con una eficiencia energética y de procesamiento hasta mil veces superior a la ejecución de software en GPUs tradicionales, eliminando gran parte de los costes y cuellos de botella asociados a la computación clásica de inteligencia artificial. Esta aproximación radical, que revoluciona la inferencia, por ejemplo, alcanzando más de 17,000 tokens por segundo en modelos populares como Llama 3.1, no solo es un desafío tecnológico, sino que redefine qué significa tener control sobre la infraestructura crítica de inteligencia artificial en un mundo dominado por arquitecturas cerradas y proveedores concentrados.

Otro actor interesante y ya conocido es Mistral: una startup francesa fundada en 2023 por investigadores formados en Google DeepMind y Meta que ha emergido como uno de los contendientes más serios en el desarrollo de LLMs con un enfoque de apertura y transparencia, lo que la distingue de competidores cerrados como otros grandes proveedores de inteligencia artificial. Mistral no es solo un competidor tecnológico: su apuesta por modelos de código abierto, accesibles y modificables, y su creciente papel en aplicaciones empresariales y aplicaciones de inteligencia artificial generativa convierten a esta empresa en una pieza estratégica para Europa si quiere reducir dependencia de proveedores extranjeros y al mismo tiempo mantener control y auditabilidad sobre tecnologías que moldean lo público y lo privado. Su relevancia se amplifica cuando ejecutivos europeos y fabricantes clave como ASML establecen inversiones y alianzas robustas con Mistral, subrayando que esta no es una iniciativa aislada, sino parte de un movimiento más amplio para forjar capacidad tecnológica propia en el corazón de la Unión Europea.

En ese sentido, el reciente artículo de mi amigo Julián de Cabo llega en el momento perfecto, porque pone el foco donde suele doler: en la arquitectura estratégica, no en el titular fácil. Cuando subraya que «Taalas es canadiense, y eso importa más de lo que parece», no está haciendo una precisión anecdótica, sino describiendo el tablero real: alianzas, marcos regulatorios compatibles, y la posibilidad de construir alternativas a dos modelos que Europa, con razón, percibe como incompatibles con su tejido institucional: el capitalismo de vigilancia estadounidense y el control social chino. Esa frase, por sí sola, desmonta una trampa habitual: creer que «lo europeo» es una bandera estética o una obsesión por la regulación excesiva. No lo es. Es un conjunto de límites y garantías que definen qué tipo de tecnología queremos permitir.

Y aquí conviene decirlo sin rodeos: si Europa pretende «soberanía» pero sigue aceptando como inevitables los modelos de negocio basados en extraer datos, maximizar adicción y degradar deliberadamente la conversación pública, lo que está comprando no es tecnología: está importando una ideología empaquetada. La discusión no es si el scroll infinito es bonito o feo, ni si una plataforma concreta nos cae o no simpática: la discusión es si aceptamos como normal un modelo que necesita vigilancia sistemática para funcionar, que monetiza el deterioro cognitivo y que convierte el espacio público en una máquina de segmentación publicitaria. Ese es precisamente el eje de lo que llevo tiempo argumentando: cuando el negocio consiste en espiar, el producto somos nosotros. Y cuando el negocio depende de retenerte y engancharte, la adicción deja de ser “un efecto secundario” y se convierte en requisito operativo.

Por eso, hablar de «abandonar modelos estadounidenses que no encajan con nuestra visión» no es antiamericanismo, ni capricho regulatorio, ni postureo proteccionista: es coherencia con derechos fundamentales. El choque reciente entre Estados Unidos y la Unión Europea alrededor de la regulación digital lo ilustra con claridad: mientras la UE plantea marcos como la DSA como una obligación de diligencia, transparencia y gestión de riesgos, desde ciertos sectores políticos y corporativos estadounidenses se intenta reetiquetar todo eso como «censura». Esa guerra semántica no es casual: cuando un actor controla la infraestructura informacional global, no defiende solo beneficios, defiende soft power e influencia.

La buena noticia es que, por primera vez en mucho tiempo, la discusión europea empieza a aterrizar en medidas concretas. La Comisión Europea no solo habla de soberanía: empuja estrategias explícitas de tecnologías abiertas y de código abierto, con un enfoque de «Think Open», y con estructuras como su Open Source Programme Office para institucionalizar contribución, reutilización y «stay in control». Esto es importante por un motivo que a veces se pierde: el open source no es una religión, es una palanca de soberanía. No porque «sea gratis», sino porque reduce asimetrías, facilita auditoría, permite bifurcar y mantener, y hace más difícil el chantaje del proveedor. En otras palabras: vuelve negociable lo que hoy es dependencia.

Pero soberanía no es autarquía. Aquí la idea de «neutralidad activa» es clave: diversificar proveedores, evitar lock-in y reservar capacidad propia donde duele perderla. La pregunta útil no es «¿podemos vivir sin tecnología estadounidense mañana?», sino «¿podemos diseñar un camino para que lo crítico no dependa de un tercero que no comparte ni nuestros incentivos ni nuestras garantías?» Y en ese camino, «Made in Europe» no debería leerse como una mera campaña industrial, sino como giro geopolítico: pagar más a propósito para recuperar control estratégico, porque el precio real de lo barato suele ser la dependencia. Esa es exactamente la tesis del texto sobre «Made in Europe»: no va de fábricas, va de control.

A partir de ahí, el debate se vuelve incómodo para muchos porque obliga a hablar de procurement, no de deseos. Si Europa quiere soberanía, tiene que comprar soberanía. El discurso de EuroStack y su insistencia en un «Buy European» acompañado de interoperabilidad y requisitos de salida, apunta justo a ese nervio: dejar de financiar, con gasto público y empresarial, la consolidación de dependencias estructurales. No se trata de excluir por pasaporte, sino de exigir condiciones: jurisdicción, auditabilidad, portabilidad real, estándares abiertos, y ausencia de prácticas incompatibles con derechos fundamentales. Quien pueda cumplirlas, compite; quien no, no debería ser infraestructura de lo público.

¿Y las redes sociales? Ahí el problema es todavía más claro porque no hablamos solo de servicios: hablamos de «infraestructura cognitiva», de la que dependen elecciones, agenda pública y salud democrática. Proyectos como Eurosky son interesantes precisamente porque intentan mover la discusión del «hagamos otra app» al «construyamos infraestructura y gobernanza». Su apuesta por el AT Protocol y por una capa europea para cuentas, datos y moderación apunta a lo que de verdad importa: que la soberanía no se resuelve con un clon, sino con un ecosistema y reglas propias. Y el hecho de que Reuters lo trate como un intento explícito de reducir dependencia de los gigantes estadounidenses muestra que, claramente, el diagnóstico ya está a la vista.

Con todo, estamos lejísimos aún de poder caer en algún tipo de triunfalismo. Europa tiene talento, capital, industria y regulación, pero lo que le ha faltado históricamente es voluntad sostenida, velocidad y coordinación para escalar alternativas sin que mueran en la «fase piloto». Esa es la razón por la que, cada cierto tiempo, resurgen las dudas sobre si Europa «de verdad» puede divorciarse de las Big Tech: porque el divorcio no es un tweet, es una migración masiva de dependencias, contratos, hábitos y cultura tecnológica. Y además, habrá presión, y mucha. Lo vemos cuando incluso Google advierte públicamente a la UE contra «levantar muros» en su agenda de soberanía: porque entiende perfectamente lo que se está discutiendo.

La pregunta, por tanto, no es si Europa puede «adquirir soberanía tecnológica» como quien compra un paquete en Amazon o en AliExpress. La pregunta es si está dispuesta a asumir el coste político y económico de alinear su infraestructura digital con sus principios. Si de verdad creemos en la importancia de la privacidad, en los límites al poder corporativo, en la transparencia y en el Estado de derecho, entonces no tiene sentido que la conversación pública, la nube de lo público o la capa de identidad digital dependan de modelos diseñados para extraer datos y maximizar influencia. La soberanía europea no será un gran gesto, sino una suma de decisiones aburridas: estándares abiertos, contratos con cláusulas de salida, exigencias de interoperabilidad, inversión paciente, y una preferencia explícita por tecnologías que se puedan auditar y gobernar aquí.

Y sobre todo, una decisión moral disfrazada de decisión técnica: dejar de tratar nuestros derechos como un «coste de fricción» y empezar a tratarlos como lo que son. El día que Europa entienda que su ventaja comparativa no es copiar a Silicon Valley, sino ofrecer una alternativa compatible con la democracia y los derechos fundamentales, aunque al principio suene «menos sexy«, ese día la soberanía dejará de ser un eslogan y se convertirá, por fin, en una estrategia como tal.


This article is openly available in English on Medium, «Tech sovereignty has a price tag, and Europe must be prepared to pay it»

22 comentarios

  • #001
    f3r - 7 marzo 2026 - 11:19

    Solo puntualizo esto:
    «La pregunta es si [Europa] está dispuesta a asumir el coste político y económico, Y MILITAR de alinear su infraestructura digital con sus principios».

    Es muy importante recordar que independizarse del yugo americano en cualquier aspecto vital para ellos (¿qué les queda, sus tecnológicas, sus armas, sus hidrocarburos y su bolsa?) implica inmediatamente convertirse en un enemigo existencial. ¿Creéis que nos van a tratar de manera diferente a Rusia o Irán por haber sido algún tiempo sus «aliados»?

    Imagínate, ya para rizar el rizo, que desarrollamos, como dices, todo un stack tecnológico sin espionaje, respetando los derechos del usuario, etc, y empezamos a vendérselo a otros países interesados, EN EUROS. Enseguida nos vamos a dar cuenta de que solo con las bombas atómicas francesas no es suficiente (los británicos son el enemigo, así que ni los considero europeos): 1) euromaidanes y revoluciones por doquier (es decir, patrocinio de golpes de estado), 2) nordstreams a cascoporro (cables de internet?) (es decir, destrucción de infrastructura crítica bajo falsa bandera), 3) sanciones internacionales secundarias contra nuestros países (y amenazas de invasión militar para los países que no las secunden), 4) invasión militar mientras finges que estás negociando un «deal»

    Señores, se está con o en contra del hegemón, no existen otros estados de existencia. Y cuando digo «con» me refiero lamiendo sus botas y obedeciendo todo lo que diga (que es lo que llevamos haciendo décadas). Si queremos estar en contra, como Enrique propone, hay que armarse hasta las cejas.

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    • D. FALKEN - 7 marzo 2026 - 11:51

      …O se puede ir por el camino del medio, hasta que el hegemón deje de serlo, que así será.
      Al menos así he interpretado yo esa ‘neutralidad activa’.

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    • Yomismo - 7 marzo 2026 - 12:25

      Es alucinante ver a gente aún blanqueando a Rusia tras años (más de una década) de guerra híbrida contra nosotros, financiando partidos de ultraderecha, intentando reventar elecciones, propagando desinformación, saboteando instalaciones y realizando ciberataques y un larguísimo etc. El Euromaidan fue el levantar de los ucranianos contra la injerencia rusa, que intentó hundir un tratado de libre comercio con la UE que hubiera significado prosperidad para Ucrania, y Rusia no podía permitirlo, por eso intentó hundirlo desde el minuto 1. Y por eso Rusia se puso a invadir Ucrania comenzando con Crimea y el Donbás, hasta llegar al momento actual, tras años de intensificación de la guerra de desinformación e híbrida, y tras el palo que se llevaron países como Alemania pensando que qué más da un poco de guerra híbrida si nos da gas barato, a la mierda nuestra soberanía

      Al menos ya os vais enterando de que hay que gastar mucho, pero mucho en defensa si queremos realmente soberanía militar en un plazo razonable de tiempo. A menos que sigamos creyendo que no hay prisa y que con un 2% (que ni siquiera cumplíamos muchos países) vamos sobrados y en dos años lo tenemos

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      • Juan T. - 7 marzo 2026 - 14:44

        Sin animo de blanquear a Rusia recuerda que para los neocon USA Europa es un enemigo a la altura o mayor que Rusia, asi que hicieron todo lo posible para crear la situación actual.

        Nos quieren divididos, al igual que Rusia para depredarnos pais por pais.

        Imagina que habría hecho Trump con Sanchez y España si no estuviera bajo el paraguas de la UE.

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        • Yomismo - 7 marzo 2026 - 14:59

          No entiendo qué tiene que ver lo que me dices con lo que he escrito…

          (Confundes Neocon con los MAGA)

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      • Matt - 7 marzo 2026 - 20:37

        La union europea ya gasta en defensa más que Rusia por mucho que vendáis los trolls. A Alemania y Europa les iría mucho mejor si siguieran comprandole más barato el gas al dictador Putin que comprandoselo más caro al dictador Trump y si dejaran de apoyar las guerras del verdadero eje del mal (Estados Unidos e Israel) que encarecen los precios y nos empobrecen aun mas.
        Y como ya lo hemos comentado muchas veces, para que hablar de tus obsesiones habituales como las guerras hibridas mientras nuestros supuestos aliados nos revientan infraestructuras energeticas clave, la financiación de partidos de ultraderecha y lo de reventar elecciones porque los tontos siempre seguís con la linde y si quieres intentar vendernos que la ultraderecha está disparada en occidente porque Putin patata para que vamos a insistir, sería como intentar convencer a un paleto de Montana de que Trump no es el mesías.

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        • Yomismo - 7 marzo 2026 - 22:23

          Vaya, Matt como siempre no sabes debatir sin insultar

          ¿Nos iría mejor, Matt, comprando gas barato al país que lleva más de una década atacándonos de manera directa? Es una idea genial, Matt, que le regalemos el dinero para que siga reventando elecciones, haciendo ciberataques, desinformación y todo tipo de injerencia para destrozarnos por dentro, ¿verdad, Matt? ¿O vas a negar que Rusia lleva haciendo eso durante años contra nosotros?

          A lo mejor puedes leer incluso artículos de nuestro anfitrión en los que habla de la guerra híbrida de Rusia y cita artículos anteriores a la guerra de Ucrania en los que Rusia la practica contra nosotros:

          https://www.enriquedans.com/2022/02/las-guerras-y-las-sanciones-economicas-en-el-siglo-xxi.html

          Pero seguro que Enrique también es un «troll», un «tonto que siempre sigue con la misma linde» y un «paleto de Montana», verdad, Matt? O dado que él también aboga por que «debemos reducir al mínimo la dependencia del gas y el petróleo ruso, y reforzar la inversión en energías limpias que posibiliten un mayor nivel de independencia» seguro que es un troll, ¿no?

          Y no, lo de la guerra híbrida de Rusia contra Europa es una cosa muy vieja sobre la que se viene avisando desde antes de la guerra de Ucrania, otra cosa es que tíos como tú, que solo saben insultar, no leáis o solo leáis los cuatro panfletos de siempre en vez de hacer un esfuerzo por informaros:

          https://cepa.org/comprehensive-reports/the-evolution-of-russian-hybrid-warfare-eu-nato/

          A lo mejor, Matt, por una vez, puedes intentar bajar a tierra y dejar de vivir en los cerros de Úbeda, pero sobre todo puedes intentar tratar a portarte como un adulto y dejarte de insultos baratos como un niño maleducado incapaz de pararse a argumentar

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          • Matt - 8 marzo 2026 - 01:58

            Pues claro que nos iría mejor comprandoselo a Rusia. Mira a ver si no le iba mejor a Europa y especialmente a la mencionada por ti Alemania cuando se lo compraba a Rusia. Pero bueno, si para ti es mejor comprarselo más caro a Estados Unidos que para nada nos amenaza, ni intenta robarnos territorios ni nos impone aranceles, ni se los sube a los que países que no obedecen inmediatamente todo lo que él ordena, ni nos hace firmar acuerdos de vasallaje en su campo de golf, ni manipula elecciones, ni propaga desinformación, ni apoya a partidos ultraderechistas, ni ataca nuestra democracia … pues que quieres que te diga, como he dicho no se puede convencer a alguien con el cerebro lavado.
            Y por supuesto que sería mejor no tener que comprarselo a nadie y depender solo de energias limpias pero como aun no podemos tirar solo con eso, sí, es mejor comprarselo más barato a Rusia que más caro a Estados Unidos.
            Ah y por cierto, si crees que toda la desinformación y el fomento de la ultraderecha es cosa de Rusia y segun tú tanto te preocupa eso no les compres el discurso y repitas lo de que Sanchez es un dirigente autoritario, como dicen esos partidos que segun tú fomenta Rusia, no seas hijo de Putin ;)

            Y sí, ya se que lo de la guerra híbrida de Rusia es una cosa muy vieja … exactamente mas de un siglo lleváis con el «¡que vienen los rusos!»

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            • Yomismo - 8 marzo 2026 - 09:22

              Mira, un intento de razonar y solo un insulto, es un avance. Pena que está lleno de falacias

              Matt, el falso dilema que planteas es ridículo, la UE precisamente ha optado por una solución mucho mejor: diversificar. Nuestro gas ahora proviene de varias fuentes y estamos intentando diversificar aún más. Mientras tú planteas volver a la insensatez de comprar barato a Rusia mientras sabemos que Rusia nos intenta joder, no te preocupes, que lo estamos haciendo mejor que eso, pese a todas las cosas que hemos hecho mal y que seguimos haciendo mal

              No sé a quiénes te refieres con ese “mas [SIC] de un siglo lleváis con el «¡que vienen los rusos!”, pero imagino que te refieres a cualquier persona leída, porque cualquier persona leída sabe que el imperialismo ruso lleva, efectivamente, más de un siglo. Y que incluso la URSS de mierda (ese régimen criminal) se dividió Europa en un pacto con los nazis precisamente con ese imperialismo de mierda y que juntos comenzaron la IIWWW en Europa. Y que ahora mismo lleva años matando a civiles en Ucrania indiscriminadamente para intentar conquistarla como el primer paso para un nuevo imperio ruso (así lo han dicho varias veces Putin, sus altos mandos militares, sus ministros, medios de comunicación y nuestros servicios de inteligencia, los mismos que avisaron de que Rusia iba a conquistar Ucrania, que Corea del Norte estaba enviando tropas para ayudar a Rusia, que Irán estaba ayudando a Rusia -y viceversa-, etc.). Así que sí, Matt, “que vienen los rusos”, a ver si te enteras de una vez de que eso es lo que lleva pasando desde hace muchísimo tiempo. Pero oye, Matt, que todo eso son tonterías, que Finlandia y Suecia se hayan unido a la OTAN corriendo seguro que también es “propaganda otanista” y todo lo que estamos viendo es porque tenemos “el cerebro lavado”. Vuelve a cerrar los ojos y taparte los oídos muy fuertes mientras dices “nanananananananoestápasandonoestápasandonoestápasando”

            • Yomismo - 8 marzo 2026 - 09:53

              Por cierto, Matt, si eres tan amigo de esa forma de razonar ten cuidado, porque eso de “volver a comprar el gas ruso barato” es también lo que defiende la ultraderecha europea, ojito con “comprarle el discurso”, eh?

          • Yomismo - 8 marzo 2026 - 09:29

            Ah, se me quedaba: me da igual si la ultraderecha dice que Sánchez es un autoritario o no. Yo no soy como tú y me voy a poner a negar lo que dice mi enemigo solo para llevarle la contraria, yo miro hechos, los analizo y llego a mis conclusiones independientemente de quién más diga lo mismo. Como te digo, eso es lo que hacemos los adultos racionales, no niños emocionales que solo saben insultar y se toman la vida real como si fuera la liga de fútbol

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            • Matt - 8 marzo 2026 - 22:10

              Que hayas llegado a esa conclusión por ti mismo (seguro que no ha tenido nada que ver el hecho de que sea lo que mas repiten esos partidos que segun tu fomenta Putin y lo que mas se escuche en las redes sociales y en los medios de comunicacion españoles … porque estan todos controlados por Putin claro, que es quien fomenta estas cosas xDDDD) demuestra que analizar y razonar no es precisamente lo tuyo.

              Y sobre el gas basta que googlees o busque en tu gpto de confianza cuanto ha aumentado las compras europeas de gas a Estados Unidos en los ultimos años (cosa que iba incluida en el acuerdo de vasallaje firmado en el club de golf de Trump) y cuales son las perspectivas de cuanto más va a aumentar pero si tu lo quieres llamar diversificar, adelante.

            • Yomismo - 8 marzo 2026 - 23:21

              Claro, Matt, y tu idea de comprar el gas ruso barato se te ha ocurrido a ti solito y no porque haya un montón de prorrusos de izquierda y derecha extrema repitiéndolo a diario, verdad? Los demás compramos el discurso de extrema derecha y no pensamos, pero si tú repites el discurso de extrema derecha es porque eres independiente. Hay que joderse contigo, Matt…

              Entonces mientras Rusia se pone a montar guerras en Europa, a intentar destrozar nuestras elecciones, a pagar a partidos de extrema derecha, campañas de desinformación, ciberataques, sabotear nuestras instalaciones estratégicas y todo tipo de locuras, la solución es darle más dinero a Rusia para que pueda seguir haciendo esto a placer. Y eso mientras Putin, sus generales, sus ministros, sus medios de comunicación, etc. llevan años diciendo que esto es solo el comienzo de un nuevo imperio ruso, por si no lo tenías aún claro

              En fin, que sí que has visto que sí que venían los rusos, incluyendo el mayor desastre que ha habido en Europa (la IIWWW) y que siguen viniendo, pero te da igual, pues allá tú con los prorrusos a los que les “compras el discurso”, pero parece que el resto, por suerte, lo tenemos claro

              Ya has mirado entonces lo de que tenemos que aumentar mucho nuestro presupuesto militar si queremos conseguir la soberanía militar en un tiempo razonable, o sigues con la idea de que como invertimos más que Rusia ya vamos sobrados? Has investigado un poco?

            • Yomismo - 9 marzo 2026 - 07:30

              Mis tonterías de la guerra híbrida:

              https://www.elconfidencial.com/espana/2026-03-09/guardia-civil-investiga-ataque-influirgenerales-23j_4316103/

        • Yomismo - 7 marzo 2026 - 23:23

          Por cierto, Matt, si dedicaras menos esfuerzo a insultar y un poquito más a leer verías que había escrito “ hay que gastar mucho, pero mucho en defensa si queremos realmente soberanía militar en un plazo razonable de tiempo”

          Léelo un par de veces despacio para ver si captas los matices. Luego buscas un poco de información sobre el tema y si quieres, vuelves, como un adulto civilizado, y lo hablamos

          Responder
    • Juan T. - 7 marzo 2026 - 14:39

      Totalmente de acuerdo.

      Y a proposito de esto y para poner en contexto la guerra contra Irán.

      En 1951, el primer ministro iraní Mosaddegh nacionalizó el petróleo, desafiando el control británico.

      Reino Unido y Estados Unidos temieron perder acceso a los recursos y una supuesta influencia soviética.

      La CIA y el MI6 orquestaron la Operación Ajax para desestabilizar el gobierno mediante propaganda y sobornos.

      En 1953, un golpe de Estado derrocó a Mosaddegh y consolidó el poder absoluto del Sha Pahlavi.

      El nuevo régimen, respaldado por Washington, permitió que empresas occidentales retomaran el control petrolero.

      Se generaba una inmensa riqueza que no llegaba al pueblo. El resto es historia.

      Así que si, primero las armas o al menos en paralelo con el resto.

      Responder
      • Alqvimista - 8 marzo 2026 - 12:08

        Conforme al 99,99% con lo dicho. Tan sólo una pequeña puntualización.

        En 1951, el primer ministro iraní Mosaddegh nacionalizó el petróleo, desafiando el control británico.

        Reino Unido y Estados Unidos temieron perder acceso a los recursos y una supuesta influencia soviética.

        Entre estos dos puntos hay una historia detrás.

        Los británicos, con mentalidad de Imperio todavía, pidieron ayuda a EEUU para recuperar el control de Irán y los norteamericanos les dijeron que se dejaran de sueños imperiales y empezaran a comportarse de forma neutral como hacían ellos, que al fin y al cabo negociaban con los petroleros árabes aún a pesar de su apoyo a Israel. Los negocios son los negocios.

        En un segundo intento, los británicos engañaron a los yanquis conque el país podía caer en manos comunistas; a pesar de su gran frontera común con la URSS, en Irán el comunismo era desconocido y la URSS tampoco mostraba interés por ese país de sur.
        Este anzuelo sí mordieron los yanquis, obsesionados por los comunistas, y ahí sí, ahí ya sí decidieron derrocar a Mosaddegh. Y ya la historia continúa.

        Los norteamericanos no temían perder el control de ese petróleo, para ellos sólo era cuestión de dinero, de negocio. Les daba igual de quién fuera el petróleo. Fue su obsesión anticomunista la que les perdió.

        _
        En mi opinión, ese fue el acto fundamental del caos que a continuación ha sido Oriente Medio, el crecimiento del fundamentalismo islámico, el odio a “América” y a lo occidental.
        Sin Norteamérica los intentos británicos no habría más importancia que la toma del Canal de Suez junto a los franceses. Pero UE los yanquis entrarán en ese jaleo… para mi fue el inicio de los tiros en el pie que llevan dándose desde entonces.

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  • #018
    D. FALKEN - 7 marzo 2026 - 11:45

    Esto es importante por un motivo que a veces se pierde: el open source no es una religión, es una palanca de soberanía. No porque «sea gratis», sino porque reduce asimetrías, facilita auditoría, permite bifurcar y mantener, y hace más difícil el chantaje del proveedor. En otras palabras: vuelve negociable lo que hoy es dependencia.

    El código abierto genera economías de escala porque elimina barreras de acceso, fomenta la colaboración masiva y permite que los costos fijos del desarrollo se diluyan entre un gran número de agentes. Genera un networking que lo hace más eficiente a medida que la red crece. Los proyectos de opensource tienen la potencialidad de un nivel de escala inviable para los modelos propietarios actuales. No es sólo poesía, podemos tomar como referencia académica, por ejemplo, a Lerner & Tirole.

    La falta de incentivos económicos constituye su desventaja competitiva frente al modelo privativo, pero precisamente porque se enmarca en un modelo de desarrollo económico y social diferente. El impulso inicial que le aporte la inercia necesaria es el principal reto.

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  • #019
    Jaime Bravo - 7 marzo 2026 - 12:49

    Estimado Enrique, en el artículo planteas con claridad una cuestión que durante mucho tiempo se ha subestimado: la infraestructura digital no es simplemente un conjunto de tecnologías o servicios, sino una capa de poder con implicaciones económicas, políticas y democráticas.
    En ese sentido, el debate europeo sobre soberanía tecnológica es comprensible y necesario.
    Quizá, sin embargo, el cambio más profundo que estamos observando no sea únicamente geopolítico, sino también arquitectónico. El poder tecnológico global se organiza hoy en distintas capas infraestructura, nube, identidad, plataformas, interfaces y ningún actor controla todas ellas simultáneamente. La posición estratégica de un país o de una región depende cada vez más de en qué capas tiene capacidad real y en cuáles depende estructuralmente de otros.
    Desde esa perspectiva, el debate sobre soberanía tecnológica podría enriquecerse incorporando un concepto más operativo: resiliencia estratégica.
    No necesariamente implica construir todo desde cero ni aspirar a una autonomía absoluta, sino diseñar arquitecturas tecnológicas que reduzcan dependencias críticas, eviten bloqueos estructurales y mantengan la capacidad de cambiar de proveedor, de tecnología o de modelo cuando el entorno lo requiera.
    En ese contexto, decisiones que parecen meramente técnicas interoperabilidad, estándares abiertos, cláusulas de salida, políticas de contratación tecnológica adquieren un carácter profundamente estratégico.
    Porque en un sistema digital cada vez más concentrado, la ventaja no siempre reside en controlar todo el ecosistema, sino en preservar suficiente margen de maniobra cuando la arquitectura tecnológica global vuelva a reorganizarse.

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  • #020
    D.M.G. - 7 marzo 2026 - 14:59

    Me parece una reflexión necesaria y urgente. El artículo da en el clavo: Europa no puede seguir «alquilando su futuro». Sin embargo, para que esta soberanía no sea solo un eslogan, debemos entender que el problema no es solo quién es el dueño del software, sino que estamos llegando a un punto donde la modificación de ciertas arquitecturas técnicas produce una inestabilidad del sistema hasta tal punto de que el colapso parece la única alternativa al vasallaje.

    Para aterrizar esta soberanía, no sé si es adecuado pasar de lo diagnóstico a lo estructural en futuros debates. Por si interesa, esbozo cuatro ejes… (y que empiece la fiesta XD):

    1. La «Prueba del Algodón» de la dependencia.

    No basta con «comprar europeo»; hay que medir el margen de rediseño sin colapso a través de indicadores claros:

    Un sustituto real. ¿Podemos cambiar de proveedor en menos de tres años sin interrumpir el servicio?.

    Distribución interpretativa. La capacidad de auditar y entender la lógica del sistema debe estar en manos públicas o independientes, no solo en el proveedor (evitar la «clausura silenciosa»).

    Reversibilidad jurídica efectiva. Necesitamos protocolos de «desconexión» probados; un contrato que permite irse pero no ofrece un plan de salida es una trampa.

    Costo relativo de salida. Si el costo de sustituir un sistema supera significativamente su valor anual, la capacidad de negociación del Estado/Europa queda capturada.

    2. Gestionar la urgencia sin sacrificar el futuro.

    El argumento de «necesitamos decidir rápido» (en pandemias o crisis financieras) suele ser el caballo de Troya de la excepción permanente. A mi entender, la solución es distinguir entre:

    Velocidad táctica. Ejecutar decisiones rápido ante una crisis.

    Apertura estratégica. Asegurar que la arquitectura que permite esa rapidez incluya cláusulas de caducidad automática y revisiones obligatorias que no sean meros trámites ceremoniales.

    3. Construir coaliciones de resistencia.

    Para enfrentar la asimetría de recursos de Silicon Valley, Europa podría activar tres vectores:

    Capacidad técnica independiente. Crear organismos de auditoría pública con recursos propios para que la presión técnica no dependa de expertos financiados por las propias tecnológicas.

    Intermediación política. Traductores que conviertan la complejidad técnica en narrativas de impacto público y electoral.

    Incentivos internos. Aliarse con reguladores y proveedores pequeños que ya sufren las consecuencias operativas de sistemas que no comprenden ni controlan.

    4. La Soberanía como palanca multinivel

    La escala global de las plataformas requiere una respuesta articulada:

    Usar el «Efecto Bruselas» para imponer estándares de reversibilidad a nivel mundial.

    Ejercer la soberanía de datos local como mecanismo de negociación: «Si quieres extraer valor de nuestros ciudadanos, tu arquitectura debe aceptar nuestras condiciones de auditabilidad».

    Como bien señala el artículo, la soberanía digital no es un concepto técnico, es una decisión política. El objetivo final es diseñar las instituciones de hoy de manera que la próxima generación no se encuentre con un sistema que sea imposible de cambiar. La política debe dejar de ser solo retórica para convertirse en un ejercicio de «modelado de la hipercomplejidad». Si no poseemos nuestros propios «motores de imaginación» (World Models), acabaremos siendo simples administradores de las simulaciones de otros…

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  • #021
    Victor - 7 marzo 2026 - 18:27

    Estoy convencido que nuestros amados líderes europeos tomarán las medidas oportunas después de hacer cola para besar el anaranjado trasero

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  • #022
    Javier Lux - 8 marzo 2026 - 08:25

    Pronto vamos a necesitar esas plataformas ya que el enfrentamiento con Trump va a subir de tono.

    Ya hay bastantes europeos sancionados por USA, entre ellos jueces del Tribunal Penal Internacional y el anterior comisario de la competencia Thierry Breton, autor de la agenda digital que limita algo los imperios de IA y RRSS. Esas sanciones han afectado incluso a las familias de esas personas, privándoles a todos ellos de acceso a sus cuentas google, amazon o apple.

    https://www.lemonde.fr/en/opinion/article/2025/12/27/us-sanctions-on-thierry-breton-signal-a-new-warning-for-europeans_6748876_23.html

    Creo que en este área del software es CRUCIAL la colaboración con China, siempre en base al open source. Los Chinos estarán encantados de ayudar en este área ya que el éxito de ese proyecto debilitaría a su hiper-rival USA. Obviamente habrá que establecer potentes mecanismos de seguridad de esas plataformas open source europeas para evitar troyanos y supply chain attacks. Los servidores de actualización de ese software estarán en Europa y supervisados por europeos y con IAs europeas.

    Alibaba, Tencent, Baidu ya han hecho el trabajo de quitarse de encima a los GAFAM. Hagamos aquí lo mismo.

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