Mi columna de esta semana en Invertia se titula «¿Cae mal la inteligencia artificial? El problema político frente al problema tecnológico» (pdf), y trata sobre una evidencia cada vez más difícil de negar: la inteligencia artificial empieza a caer mal.
No porque haya dejado de ser útil, ni porque haya perdido capacidad transformadora, sino porque a medida que deja de ser una promesa abstracta y se convierte en una infraestructura de poder muy concreta, su imagen pública se deteriora. The Guardian
lo resumía muy bien al explicar cómo las grandes compañías del sector están tratando de corregir ese problema de imagen financiando think tanks, documentos de política pública e instrumentos de influencia. Cuando una tecnología necesita construir con tanta urgencia ...