Meta ha decidido finalmente que Instagram retirará de sus redes los vídeos grabados con sus gafas inteligentes cuando se utilicen para acosar a desconocidos, gastar bromas humillantes a trabajadores de servicios o abordar a mujeres que ni siquiera saben que están siendo filmadas. Adam Mosseri, responsable de Instagram, afirma que la compañía no quiere que nadie grabe subrepticiamente a otras personas, las acose y después publique el resultado en su plataforma. La frase suena razonable. El problema es que llega después de que Meta haya diseñado, fabricado, promocionado y distribuido masivamente el instrumento perfecto para hacer exactamente eso.
No estamos ante una desviación extravagante ni ante un uso imposible de prever. Estamos ante la consecuencia lógica del producto. Unas gafas de aspecto completamente normal, con una cámara integrada, grabación en manos libres, conexión directa con las redes sociales y un diminuto indicador luminoso que puede pasar inadvertido a plena luz del día reducen radicalmente el coste de convertir a cualquier desconocido en contenido. Si además la plataforma recompensa la sorpresa, la provocación, la humillación y la reacción espontánea mediante visualizaciones, seguidores y dinero… sorpresa! El resultado no requiere demasiada imaginación.
En septiembre de 2021, cuando Facebook lanzó las primeras Ray-Ban Stories, escribí que poner una cámara prácticamente invisible en unas gafas normales era una irresponsabilidad, especialmente viniendo de la compañía con peor historial imaginable en materia de privacidad. El LED ya era entonces una solución cosmética: no avisaba de forma comprensible, simplemente permitía a la empresa afirmar que había avisado. En junio de 2025 volví a describir estas gafas como el último caballo de Troya de la vigilancia ubicua: un intento de normalizar la captura permanente del entorno presentándola como comodidad, inteligencia artificial y diseño atractivo.
Ahora, Business Insider documenta la proliferación de bromistas que importunan a dependientes y de supuestos seductores que graban sus aproximaciones a mujeres sin que ellas lo sepan. The Verge resume perfectamente la paradoja: Meta ha creado un producto que facilita conductas tan repulsivas que después se ve obligada a prohibir en su propia plataforma los vídeos que genera. No es una política de prevención: es una operación de control de daños para impedir que las ya conocidas como «pervert glasses» arruinen una categoría de producto en la que la compañía ha invertido enormes cantidades de dinero. ¿Quieres probar unas gafas inteligentes? Tú mismo, pero ya sabes cómo te van a percibir los que te rodean.
Las conductas, además, no aparecieron ayer. Ya en marzo, Business Insider había comprobado que una parte significativa del contenido grabado con estas gafas consistía en trolear a trabajadores, incomodar a desconocidos o abordar a mujeres. Los afectados no mostraban la reacción típica de quien sabe que tiene delante una cámara porque, sencillamente, no lo sabían. Esa naturalidad involuntaria es precisamente el valor del producto para el acosador: no documenta una interacción, sino que explota la ignorancia de una de las partes para monetizarla.
Meta insiste en que las gafas tienen un indicador luminoso y acaba de anunciar que desactivará la cámara si detecta que ese LED ha sido manipulado. Pero ese argumento confunde deliberadamente señalización con consentimiento. Una lucecita minúscula cuyo significado la mayoría de la población desconoce no equivale a preguntar a alguien si acepta ser grabado, convertido en personaje involuntario de una broma y expuesto ante millones de personas. Tampoco resuelve el problema de quien no ve la luz, no sabe interpretarla o descubre la grabación cuando ya ha sido publicada, copiada y redistribuida.
La propia Meta asegura ahora, en una página de preguntas y respuestas cuidadosamente redactada, que la privacidad de quienes rodean al usuario constituye una prioridad y que ningún otro fabricante ha hecho tanto para impedir la manipulación del indicador. Es la clásica defensa basada en comparar el producto con cámaras convencionales, ignorando que una cámara convencional suele ser visible, reconocible y socialmente interpretable. Las gafas, en cambio, están diseñadas precisamente para borrar esas señales y hacer que grabar parezca indistinguible de mirar.
La Electronic Frontier Foundation lleva años advirtiendo que unas gafas con cámara, micrófonos e inteligencia artificial convierten el espacio público en una zona de vigilancia potencialmente permanente. En 2026 aconsejó directamente pensárselo dos veces antes de comprar unas Ray-Ban de Meta, y denunció además la aparición de código de reconocimiento facial en la aplicación asociada a las gafas, retirado únicamente después de que la investigación se hiciera pública. La secuencia es demasiado familiar: diseñar primero, negar o minimizar después y corregir únicamente cuando llega el escándalo.
La cuestión esencial no es si Meta puede redactar una norma que distinga una grabación inocente de un acoso, ni si sus sistemas serán capaces de identificar automáticamente qué vídeo se obtuvo con unas gafas. El problema es que la compañía pretende externalizar la moral que decidió no incorporar al producto. Fabrica una herramienta orientada a capturar y compartir sin fricción, la inserta en una plataforma que monetiza la atención y espera que sus usuarios desarrollen espontáneamente las restricciones éticas que ella misma se negó a imponer.
Una compañía con brújula moral habría partido del principio contrario: la persona grabada debe saberlo de manera inequívoca, comprenderlo y poder negarse, la publicación de desconocidos identificables debería exigir garantías adicionales, y el diseño tendría que dificultar, no facilitar, la grabación encubierta. Meta hizo exactamente lo contrario porque cualquier fricción reduce el uso, el contenido y, por tanto, el negocio.
Cuando una empresa construye sus productos alrededor de la extracción de datos, la maximización de la interacción y la eliminación de fricciones, el acoso no aparece como una anomalía: aparece como una oportunidad de engagement. Después llegan Mosseri, las políticas y los comunicados sobre privacidad responsable. Pero la ética no se instala mediante una actualización cuando el escándalo amenaza las ventas. Se incorpora en el diseño antes de lanzar el producto.
Meta no está descubriendo ahora que algunas personas son imbéciles. Está descubriendo que, cuando una compañía sin brújula moral entrega a millones de usuarios una cámara disimulada y les ofrece recompensas por explotar a los demás, algunos hacen exactamente lo que el sistema les invita a hacer. Lo sorprendente no es que haya ocurrido. Lo sorprendente es que Meta pretenda todavía presentarse como parte de la solución.


Hace un par de semanas el policía nacional que ejerce el control de entrada en la subdelegación del gobierno, que no hace falta que te mencione, me dijo que ni siquiera podía usar mi teléfono móvil para grabar por la calle.
Puedes imaginar que ya le he pedido a Policía Nacional que expulsen a este zoquete, sobre todo, porque puedes leer la sentencia de la audiencia nacional que autoriza a que estos señores, agentes de los cuerpos de seguridad del Estado, sean grabados por la ciudadanía.
De hecho, ese es el ejemplo que yo le ponía: entonces en la provincia en cuestión de esa Subdelegación, no se pueden usar las gafas meta. Y después tienen un eslogan que dice:
“ el cielo nos ha elegido” . En fin que inventó los chistes del Lepe fue solo porque no pasó antes por esa provincia.
Te lo dejo todo aquí:
https://x.com/angelsanabria01/status/2076635220040724843?s=46
Pregunta para abogados:
– En vista del uso que se puede hacer de estas gafas, ¿hay base legal para prohibir estas gafas? Si no la hubiera, ¿se puede hacer? ¿O violaría algún Derecho Fundamental?
– En vista del historial de la empresa META, ¿hay base legal para ilegalizar la empresa? ¿O algunos de sus productos?
Porque veo que todo esto no servirá sino para justificar la obligatoriedad de identificarse en las RRSS y estos imbéciles se lo están poniendo a huevo a las autoridades.
Lee la sentencia que aparece en el tuit que he puesto en mi comentario