Durante mucho, mucho tiempo, una parte muy importante de la movilidad social en las sociedades de países desarrollados ha consistido, en cierto sentido, en tratar de alejar a los hijos de los considerados «oficios», o trabajos manuales. El mensaje era sencillo: estudia para no tener que ganarte la vida con las manos, dando implícita y explícitamente a esos oficios una connotación de inferioridad. Sí, trabajar como electricista, carpintero o fontanero podía ser perfectamente respetable e incluso potencialmente muy rentable, pero ser ingeniero, arquitecto o directivo en una compañía parecía siempre más deseable, más seguro y dotado de más prestigio social.
Ahora, la inteligencia artificial está invirtiendo esa jerarquía de una ...