Cada vez que un europeo paga un café, compra un billete de tren o contrata una suscripción online, es muy probable que la transacción viaje a través de infraestructuras controladas por compañías estadounidenses. Visa, Mastercard, American Express, PayPal, Apple Pay o Google Pay se han convertido en elementos tan cotidianos que rara vez pensamos en ellos. Pero la pregunta es importante: ¿tiene sentido que una economía del tamaño de la Unión Europea dependa de sistemas de pago que no controla?
La cuestión resulta especialmente llamativa porque Europa lleva años hablando de soberanía digital. Discutimos sobre inteligencia artificial, cloud computing, semiconductores o ciberseguridad, mientras ignoramos una de las capas más ...