Hay decisiones de adopción tecnológica que cuesta rectificar, y que sólo terminas rectificando cuando ya has causado un montón de molestias e inconvenientes completamente absurdos y evitables a tus propios clientes.
Ese es claramente el caso de Walmart, que ha tardado nada menos que doce años en darse cuenta de lo que todo el mundo pudo entender de manera casi inmediata allá por 2014, cuando Apple lanzó Apple Pay: que iba a tener una adopción enorme y rápida.
¿Cómo consiguió Apple, en un ámbito como el de los medios de pago electrónicos en el que muchos habían fallado, que Apple Pay resultase tan enormemente convincente y fuese aceptado tan rápidamente por todas las partes implicadas, desde los clientes hasta las tiendas, pasando por las compañías de tarjetas de crédito y los bancos? Básicamente, demostrando desde el principio que su base instalada, su experiencia de uso y su esquema de beneficios para todos estaban muy bien planteados, y que había logrado poner de acuerdo a todos esos actores previamente, obviamente con la ayuda de una posición negociadora fuerte.
En 2014, Apple presentó Apple Pay, y como era de esperar, fue arrasando uno por uno en prácticamente todos los mercados. En los Estados Unidos, sin embargo, Walmart y otra serie de retailers grandes como Rite Aid o CVS se dedicaron a fantasear con la absurda idea de boicotear a Apple y lanzar un esquema de pagos por su cuenta que les permitiese reducir las comisiones pagadas a las redes de tarjetas y, de paso, mantener mucho más control sobre la relación y los datos transaccionales de sus clientes. Y de paso, evitar el pago de comisiones de tarjetas, ya que debitaba la compra directamente en la cuenta bancaria del cliente. Se quejaban de que Apple Pay era «demasiado cómodo» y eso hacía que sus clientes no utilizasen sus tarjetas de fidelidad, y de que no recibían suficiente información de las transacciones. Entre todos se pusieron de acuerdo, deshabilitaron la funcionalidad NFC de sus terminales de pago, y lanzaron un intento de medio de pago condenado al fracaso desde su inicio denominado CurrentC, que posiblemente llegaron a utilizar los empleados y directivos de la compañía y algún cliente raro en alguna galaxia lejana.
Mientras Apple Pay y las distintas encarnaciones del sistema de pagos móviles de Google terminaban convirtiendo el pago mediante NFC en algo completamente habitual para millones de personas, CurrentC obviamente se pegó la gran bofetada, y terminó siendo cancelado pocos años después, cuando los retailers implicados en su lanzamiento fueron desmarcándose, volviendo a habilitar el NFC y simplemente empezando a aceptar el ya predominante Apple Pay. Resulta interesante apreciar cómo Apple no inventó el pago móvil NFC, pero sí hizo que funcionase como fenómeno de adopción: Google Pay, bajo el nombre Google Wallet, existía desde 2011, tres años antes de Apple Pay, y ya permitía pagos NFC. De hecho, cuando CVS y Rite Aid bloquearon Apple Pay en 2014, también bloquearon Google Wallet, que hasta entonces funcionaba en sus terminales, aunque tenía un nivel de adopción puramente testimonial. Apple fue quien consiguió convertir ese modelo en algo verdaderamente masivo y bien articulado entre fabricantes, bancos, redes de tarjetas y comercios.
En algunos casos aislados, y Walmart es uno de ellos, esos retailers siguieron negándose a aceptar Apple Pay, e incluso invirtieron millones en desarrollar su propio esquema de pago, Walmart Pay, para poder seguir reteniendo información de sus clientes. Imaginemos la cantidad de clientes que habrán ido a comprar a esas tiendas llevando únicamente su smartphone, como hacemos muchos habitualmente, para encontrarse con la desagradable sorpresa de que, al llegar el momento de pagar, no podían hacerlo. Una incomodidad clara, un engorro que obligaba a plantearse la visita a esas tiendas como «algo diferente», o simplemente una forma de ver cómo la tienda en la que hacías habitualmente la compra se enrocaba en el error y hacía caso omiso de los intereses de sus usuarios, que no pedían nada más que poder pagar ahí como lo hacían en el resto de establecimientos.
Y así, hasta hace unos días, cuando Walmart, finalmente, anunció que a partir del 24 de agosto de 2026, casi doce años después del lanzamiento de Apple Pay, comenzaría a aceptar esos esquemas de pago en establecimientos seleccionados, para extenderlos a todas sus tiendas estadounidenses antes de finales de año. Según la empresa, «Tap to Pay ofrece a los clientes y miembros otra forma familiar y práctica de pagar en caja mediante métodos de pago sin contacto (…) Se trata de ofrecer a los clientes y miembros más opciones y facilitarles las compras diarias, desde cómo gestionan su dinero hasta cómo pagan en caja»… sí, es exactamente eso, ni más, ni menos. Eso mismo que habéis ignorado y esas demandas a las que habéis hecho caso omiso durante doce años.
Como demostración de tozudez, de falta de reflejos y de incapacidad para entender las tendencias del mercado, no está nada mal. En tecnología, estudiar los fracasos y los errores siempre es algo que puede enseñar mucho, y a eso nos dedicamos los profesores. Bienvenido, Walmart, al Hall of Fame de las compañías que tomaron decisiones tecnológicas absurdas e inexplicables y que, a pesar de estar claro desde sus inicios que habían cometido un error, decidieron perseverar en él durante años y años.
In English on Medium, «Walmart’s 12-year ApplePay mistake that cost it more than money«


Se quejaban de que Apple Pay era «demasiado cómodo» y eso hacía que sus clientes no utilizasen sus tarjetas de fidelidad, y de que no recibían suficiente información de las transacciones
Y ese es el quid de la cuestión en estos tiempos, los datos, poseer los datos de los clientes, saberlo todo de los clientes. Y no para ofrecerles un mejor trato, no, para venderlos bien empaquetaditos a empresas terceras…
Siempre los malditos datos.
¿Cómodo el apple pay?
1. Mi tarjeta sirve sin estar atado a un ecosistema
2. Me cuesta lo mismo…
3. Cuando voy a Mercadona… siempre se tienen que esperar ellos pq van en modo «soy la cajera más rápida del oeste», mientras no embolse todo… no pago
4. Tardo en pagar, unos 5,10, 15 segundos» lo que me da la real gana, SON SUS PRISAS no las mias.
Asi que no compro la mercancia
¿Quieren ir más rápido? que pongan a más cajeras, que yo no trabajo para ellos… #me_la_suda
Opino lo mismo: no me resulta especialmente cómodo pagar con el móvil en comparación con la tarjeta.
En mi vida diaria tengo que llevar obligatoriamente varias tarjetas con propósitos diferentes, con lo que no me importa llevar también la de débito en la cartera.
Yo pago principalmente con la tarjeta de débito de mi banco… que tengo metida en Apple Pay.
Hasta tengo metida también una de prepago.
No entiendo tu problema.
Pues disfrutas tus cadenas
¿Qué cadenas?
¿Cómodo el Apple Pay? Sí claro, si lo quieres usar.
Con el iPhone basta con hacer doble-clic en el botón, FaceID te lo desbloquea y listo, a pagar. Dos segundos.
¿Atado a un ecosistema? ¡Pero si es la misma tarjeta de mi banco! Puedo seguir pagando con ella como tú, añadirla al móvil no me anula el plástico.
Pero en tu caso ni en efectivo es más rápido si pagas sólo cuando has acomodado toda la compra en sus bolsas.
En mi caso igual pero con Android/Google Pay: desbloqueo el esmarfón con mi huella dactilar y pago en un santiamén, llevando la versión de plástico en la cartera como respaldo. No entiendo eso de «atado a un ecosistema».
Qué interesante, no conocía esta historia
Yo soy una de esas pèrsonas reacias al pàgo electrónico. Quizá lo sea por mi edad, (83 años), sin embargo desde mi punto de vista tango otros motivos.
No es el mayor el de la `privacidad, es indudable que dejo menos datos pagando con billetes que con tarjeta, pero me consta que ya he dejado un montón de datos por el echo de entrar en coche a un parking de un hipermercado y que un montón de cámaras de «seguridad», algunas con reconocimiento facial-me han captado desde que puse un pie en la calle,
La razón principal de ser reacio al pago digital, es que mi control de pequeños gastos es mas sencillo con el ver disminuir el tamaño de los billetes bancarios de mi cartera, que cualquier otro.
¡Vaya! No sabía que tenías 83 años…, ahora te entiendo mucho mejor.
A mi me sigue gustando meter monedas en las ranuras de las máquinas para pagar. A mis 76 años mantengo buena puntería.
Apoyo la moción.
Si uso tarjetas es por mi comodidad, pero el palo se lo llevan las tiendas…
Al final los intermediarios digitales vampirizan a las tiendas, que suben los precios para cubrir esos costes…
PS1: Solo confío en el panadero de mi barrio, que no mete tarjetas, pq no le sale de…
PS2: Ni apple-pay ni Walmart(casi digo pollas) ! Una panda de chorizos
Dios! 83/76
Bien!
Yo tengo 57, y me divierto, peleo y concuerdo leyendolos!
Entiendo ahora un poco más el encanto del sitio!
Entiendo que Enrique ronda los 60, si ese es el promedio del sitio se puede también suponer que eso forma parte de su marca.
Sus estudiantes rondarán los 25 a 35…
De todas las maneras hay que reconocer que Walmart no es un político… ellos se mueren antes!!!
«Todo el mundo sabia de manera inmediata»…
A toro pasado…
Tu no has visto las fechas de los artículos míos que enlazo, ¿no?
De Apple Pay sólo espero que admita también la tarjeta Bizum o como quiera que acabe llamándose el sistema.
Si llega a admitir Bizum, que lo dudo, empezaré a usar Apple Pay.
Todo por no depender de sistemas de pago de EEUU.
Para pagar con Bizum en el comercio hay que abrir una app específica, Bizum Pay o la de tu banco, y acercarlo al terminal. También cobra comisiones, pero se estima que sean muy inferiores a las actuales.
No sé si al integrarla en Apple Pay se añadirían comisiones, a mí o al comercio, pero lo mismo me daría porque haría que el botón abriera dicha app directamente.
En este caso hablo de Apple Pay de una forma genérica, como sinónimo de pagar con el móvil y, quizás, con el reloj. En definitiva, la comodidad de pagar con el móvil/reloj vs pagar con la tarjeta.
Muy interesante lo de Bizum Pay.
Voy a probar qué tal va.