La investigación sobre el incidente de hacking a Hugging Face por parte de OpenAI sobre el que escribí el pasado 24 de julio está adquiriendo tintes cada vez más peliculeros y más graves cuanto más es investigado. Resulta que no es que OpenAI descubriese de pronto a un agente rebelde que había encontrado una puerta, sino que la compañía lanzó deliberadamente decenas de miles de ejecuciones con el fin de poner a prueba sus capacidades ofensivas, y lo que no esperaba era que esas ejecuciones, en principio aisladas, descubrieran cómo comunicarse, cómo acumular conocimiento, y cómo atacar un sistema real con más de 1,200 agentes a la vez.
Hablamos de una infraestructura experimental generada por una organización para atacar a otra, ...