Hay anuncios que conviene leer con cautela, y otros que, aun envueltos en la habitual grandilocuencia de quien los pronuncia, apuntan a un cambio de dirección difícil de ignorar. El proyecto Terafab de Elon Musk pertenece claramente a la segunda categoría. No porque sepamos exactamente qué va a construir, que no lo sabemos, sino porque sí sabemos lo suficiente como para entender hacia dónde se mueve el vector: menos dependencia del mercado, más integración vertical, y chips cada vez más diseñados para un propósito concreto dentro de un ecosistema cerrado que, además, empieza a pretender extenderse más allá de la Tierra.
Conviene empezar por poner límites a la especulación. No hay evidencia pública de que Musk pretenda fabricar chips «a la Taalas», es decir, chips en los que un modelo de inteligencia ...