Mi columna de esta semana en Invertia se titula “Cuando la gasolina amenaza tu economía (y el coche eléctrico la rescata)” (pdf), y trata sobre algo que, sorprendentemente, sigue sin formar parte del debate público con la claridad que debería: la electrificación del transporte no es solo (ni principalmente) una cuestión medioambiental, sino una decisión económica de primer orden.
Para ilustrarlo, he utilizado dos ejemplos que, a primera vista, no podrían ser más distintos. Por un lado, Costa Rica, una economía pequeña, sin producción de petróleo, con una fuerte dependencia de las importaciones energéticas y, al mismo tiempo, con una matriz eléctrica prácticamente renovable. Por otro, Noruega, uno de los países más ricos del mundo y uno de los mayores exportadores de petróleo y gas, que sin embargo ha llevado la electrificación del automóvil a niveles prácticamente totales. Dos realidades opuestas que convergen en la misma conclusión: seguir quemando petróleo en el transporte es, sencillamente, una mala decisión.
El caso de Costa Rica lo conocí a través de este interesante artículo del New York Times, «These countries embrace E.V.s to avoid oil price shocks«, que describe cómo el país se ha convertido en uno de los mercados más dinámicos de adopción de vehículos eléctricos en América Latina. No por una súbita conversión ideológica, sino por algo mucho más prosaico: el ahorro. Con precios del combustible volátiles y elevados, y con electricidad generada localmente a partir de fuentes renovables, la ecuación es evidente. Como señala el artículo, una gran mayoría de usuarios adopta el vehículo eléctrico por razones económicas, no medioambientales.
Además, el fenómeno tiene implicaciones interesantes en términos de competencia y estructura de mercado. La irrupción de fabricantes chinos con vehículos mucho más asequibles está acelerando la transición en países donde, hasta hace poco, el coche eléctrico se percibía como inaccesible. Cuando se eliminan barreras y se permite competir en precio, la adopción deja de ser una cuestión de subsidios y pasa a ser una decisión racional del consumidor.
En paralelo, el informe de la Agencia Internacional de la Energía sobre el futuro del vehículo eléctrico
muestra que este tipo de dinámicas no son aisladas, sino parte de una tendencia global, con crecimientos especialmente fuertes en lo que durante años se denominó «resto del mundo». Es decir, fuera de los grandes mercados tradicionales.
El caso noruego, por su parte, está magníficamente descrito en un artículo reciente de Jan Rosenow, que si te interesa el tema energético y medioambiental, es una de las mejores personas a las que puedes seguir por lo mucho y lo bien que publica. Lo interesante en este caso no es solo el nivel de adopción, que ya es bien conocido, sino la lógica que hay detrás. Noruega no electrifica porque no tenga petróleo, sino precisamente porque lo tiene. Ha entendido que su riqueza depende de venderlo, no de consumirlo internamente, y que reducir la dependencia doméstica de los combustibles fósiles es una forma de proteger su economía frente a la volatilidad de los mercados energéticos.
Ese enfoque encaja con una visión más amplia de política económica que también aparece en estudios como este del Banco Interamericano de Desarrollo sobre la descarbonización en Costa Rica, que analiza los beneficios macroeconómicos de reducir la dependencia de los combustibles fósiles importados.
En ambos casos, la electrificación del transporte aparece como una palanca que va mucho más allá de la reducción de emisiones. Afecta a la balanza comercial, a la estabilidad de precios, a la seguridad energética y, en última instancia, a la autonomía estratégica de los países. No es casualidad que en Noruega, mientras se electrifica el transporte interno, el país siga exportando petróleo a gran escala. La lógica es clara: vender caro fuera, dejar de depender dentro.
Mientras tanto, la tecnología sigue avanzando a un ritmo que hace que muchos de los argumentos habituales contra el vehículo eléctrico resulten cada vez más obsoletos. La caída del precio de las baterías y los análisis de ciclo de vida de emisiones refuerzan la idea de que no estamos ante una tecnología experimental, sino ante una solución madura y cada vez más competitiva.
El problema, por tanto, no es tecnológico. Es, como tantas veces, una cuestión de inercia, de ignorancia, de intereses creados y de falta de análisis riguroso. Países con condiciones mucho menos favorables que otras economías desarrolladas están avanzando más rápido simplemente porque han decidido dejar de ignorar lo evidente.
Mi columna intenta precisamente eso: plantear el debate en términos económicos, no ideológicos, y preguntarse por qué, a pesar de toda esta evidencia, seguimos viendo decisiones políticas y narrativas públicas que parecen ancladas en un pasado que ya no existe. Porque, al final, lo verdaderamente sorprendente no es que Costa Rica o Noruega estén electrificando su transporte: lo sorprendente es que haya tantos países que aún no hayan entendido por qué deberían hacerlo.
This article is also openly available in English on my Medium page using this link, «The EV revolution isn’t about the climate, it’s about the economy, stupid»


Al final, como es de esperar, la adopción no viene dada por conciencia ecológica sino por conveniencia económica
Como siempre ha sido y como siempre será.
Y por eso digo: UE, olvídate del CO2, del Cambio Climático etc, etc., a la gente no le interesa eso, a la gente sólo le interesa el dinero. Ahorrar dinero nunca causa debates ideológicos, así que cambia el discurso ecologista por el discurso económico y tendrás menos problemas.
Y de inversiones sr. Dans, y de inversiones.
Siempre me creí el discurso de que en España la Red Eléctrica podía soportar perfectamente la electrificación del automóvil, pero no era verdad.
Ahora sabemos que la RE es insuficiente incluso para la demanda actual. Empresas que quieren ampliarse, viviendas construidas, empresas que quieren implantarse, etc. que no pueden acceder a la electricidad necesaria porque en la RE no se ha invertido lo necesario. Actualizaciones de líneas de Alta Tensión paradas desde hace décadas porque un pueblecito cualquiera dice que por mi municipio, no.
Para actualizar la Red Eléctrica y cumplir los objetivos de electrificación en España se necesitan unos 13.000 millones de € en Alta Tensión y otros 20.000 millones de € para Redes de Distribución (más los 15.000 millones de € para actualizar las Renovables para que sean aprovechables al 100%).
¿De verdad cree que el problema es sólo de inercia, de ignorancia, de intereses creados y de falta de análisis riguroso?
No sé cómo serán las Redes Eléctricas de Noruega o Costa Rica, pero seguro que mucho mejores que las nuestra sí son.
Pero eso no tiene nada que ver con «soportar la electrificación del automóvil»
Si REE no cumple es porque la ley y el estado lo permite.
La red no tiene ningún problema TEÓRICO en soportar los coches eléctricos.
El problema es si se niega a hacer inversiones y mantenimiento normales para todo (vivienda, industria, etc). Entonces claro. No te ponen de nada.
Pero no tiene nada que ver con los coches eléctricos.
Sin ánimo de entrar en polémicas creo que el que está fallando estrepitosamente en cuestión de red eléctrica son la red de tensión media o sea las distribuidoras, es decir Iberdrola, Endesa y Naturgy.
Parece que están más interesadas en repartir dividendos que en invertir en la red y permitir la movilidad eléctrica masiva con gran beneficio para todos.
https://www.noticiasdealava.eus/economia/2025/09/09/la-red-electrica-vasca-esta-saturada-al-100-10063846.html
1º) Cree que el coche eléctrico s el futuro a corto plazo
2º) Soy partidario de la explotación de energías renovables, no solo fotovoltaicas sino de aprovechar todos las posibles fuentes de energía, a un poco explotadas o no explotada de momento, como eólica marina, mareomotriz, geotérmica y por qué no, atomica, o de otros origenes … en la seguridad que solo la variedad de fuentes permitirá obtener una producción continua de energía en la cantidad que la sociedad actual y futura va a necesitar.
Sin embargo centrar el mundo de el petróleo, en la producción de combustibles para vehículos es tener una visión tan reducida como centrar el mundo del derecho en el Código de la Circulación.
Olvidarse que necesitamos petróleo, para seguir produciendo todo un mundo de fertilizantes para la agricultura, plásticos, como polietileno, PVC, PET, poliuretano, … industria petroquímica, para producir medicamentos o fibras sintéticas, poliéster, nailon, acrílico para la industria textil, asfalto y materiales de construcción: betún, impermeabilizantes, revestimientos,….
El petróleo es esencial para la vida moderna y su importancia como materia prima, llega mucho mas allá de ser considerada sólo combustible, para la automoción.
Precisamente por eso hay que dejar de quemarlo como si no hubiera un mañana y reservarlo para usos de mayor valor.
El petróleo era esencial para la vida moderna y era importante crucial como materia prima. Otro mundo es posible… ¡por suerte, y, sobre todo, por necesidad no solamente vital sino también económica!
El propio artículo de eDans te demuestra como países ya entendieron que, al igual que cualquier traficante aka narcoestado, lo mejor para ellos mismos a todos los niveles era justamente no consumir de lo que vendían.
Personalmente, frente a argumentos, no concibo emitir opiniones.
My two cents.
El petróleo no es el problema, el problema es darle un mal uso tal como quemarlo.
Esa sería la «urgencia».
Por tanto, dentro de 30-40 años a lo mejor estamos extrayendo un 30%-40% del petróleo que se extrae hoy en día, evitando quemarlo o darle mal uso.
A largo plazo, en 100-200-300 años, es posible que no se saque casi nada de petróleo y se usen alternativas mas sostenibles.
OFF-TOPIC,
Zity: el servicio de ‘car-sharing’ de Renault deja de operar en Madrid.
¿Cómo es posible, que lo que muchos pensamos que era el futuro, es coche compartido, no consiga entrar en rentabilidad? ¿Será mas rentable el robotaxi, o tampoco conseguirá despejar?
Lo dices como si fuera el único servicio de ese tipo en Madrid. Asi de primeras recuerdo Voltio y Free2move, pero hay alguno más.
Es solo una mas de los que empezaron, pero cerraron varias, Creo que quedan, (mal viven si tenemos en cuenta el escaso número de vehículos que tienen), Free2move y .Voltio. Algo parecido ha pasado con motos, coches y patinetes eléctricos de alquiler por uso, la mayoría han desaparecido, quienes quedan son bicicletas municipales eléctricas (bicimadrid), que se toman y dejan en un puntos determinados, que tambien son deficitarias.
No obstante muchos aquí pensábamos que eran el futuro, que dejaríamos de tener coche propio y usaríamos los carsharing, pero eso no ha ocurrido y convendría estudiar por qué,
Hace unos días, el presidente de Colombia, Gustavo Petro, antes las alzas en la gasolina publicó un tuit diciendo que era de comprar vehículos eléctricos para dejar de pagar tanto en gasolina.
Se cogió mucho a broma (con toda razón) pero creo que tiene razón en lo que dijo. Ojalá su gobierno hubiera hecho más por facilitar o masificar el acceso a paneles solares y vehículos eléctricos. Fue hasta hace poco que llegó Tesla. Llegó rompiendo y haciendo buena competencia a los EVs chinos.
Ojalá salgan más casos de países que optan por energía limpia y vehículos eléctricos.
Aunque soy un entusiasta de la electrificación, existen algunos temas que me inquietan. Un coche eléctrico es un smartphone con ruedas; lo compramos, lo usamos y flipamos, pero creo que no se presta la debida atención al software. ¿Quién diseña ese software? ¿Es código fuente abierto? ¿Durante cuánto tiempo se actualizará? ¿Puede el fabricante, como en el caso de Tesla, gestionar el coche de forma remota, activando/desactivando funciones, o incluso bloqueándolo? ¿A nadie más le quita el sueño esto? Si analizamos el soporte de actualizaciones ofrecido por la mayoría de los fabricantes de móviles el panorama es, en general, desolador. ¿Será igual en los coches eléctricos? ¿Qué tal un artículo profundizado en este tema, Enrique?