Hay palabras que funcionan como tranquilizantes morales. «Híbrido» es una de ellas: suena a transición razonable, a pragmatismo, a «lo mejor de ambos mundos». En la práctica, demasiadas veces significa exactamente lo contrario: lo peor de ambos mundos, convenientemente empaquetado para que gobiernos, fabricantes y compradores se sientan cómodos mientras la descarbonización real se retrasa un poco más.
No es una discusión nueva. Ya hablé de ello en 2022 señalando cómo algunas administraciones empezaban a desconfiar, con buen criterio, de los supuestos beneficios medioambientales que les vendían las marcas, y preferían basar decisiones en análisis independientes. Lo interesante es que, tres años después, la evidencia empírica se ha vuelto aún más ...