Hay momentos en los que una compañía se delata mejor con sus reflejos que con sus comunicados. Meta lleva años sosteniendo, con esa mezcla tan característica de cinismo corporativo y arrogancia monopolística, que sus plataformas son poco menos que espacios neutros en los que, de vez en cuando, vaya por dios, suceden cosas lamentables. Pero cuando un jurado empieza a decir en voz alta lo que la compañía lleva demasiado tiempo negando, y cuando los despachos de abogados comienzan a buscar demandantes entre quienes fueron atrapados por ese diseño adictivo, la reacción de Meta no es revisar su modelo, asumir responsabilidades o reparar el daño. La reacción es otra: retirar de sus redes los anuncios de quienes buscan víctimas para litigar contra ella. No intenta discutir el fondo. Intenta ...
