Hay pocas historias más irónicas que la de una industria nacida para reinventar el dinero que ahora empieza a preocuparse por otra tecnología nacida, también, para reinventarlo todo: la computación cuántica. Una prometía acabar con los intermediarios, con la inflación arbitraria, con la captura del sistema financiero por bancos centrales y gobiernos. La otra lleva décadas prometiendo resolver problemas imposibles para la computación clásica. Y las dos comparten algo muy característico de nuestra época: han sido extraordinariamente eficaces a la hora de generar expectativas, titulares, rondas de financiación y especulación, pero bastante menos a la hora de producir cambios reales, cotidianos y masivos.
La noticia tiene un punto casi literario: mientras el gobierno estadounidense presume de reserva estratégica de bitcoin, anuncia también una apuesta de unos 2,000 millones de dólares en compañías de computación cuántica, con IBM como principal beneficiaria y GlobalFoundries, Rigetti, D-Wave o Infleqtion entre las empresas mencionadas. Es decir: el mismo Estado que algunos querían imaginar como futuro comprador disciplinado de bitcoin está poniendo dinero en una tecnología que, si alguna vez cumple sus promesas, podría poner en cuestión una parte esencial de la seguridad criptográfica sobre la que descansa ese ecosistema.
El problema no es nuevo. Bitcoin no «se rompe» mañana porque aparezca un titular sobre ordenadores cuánticos. Pero tampoco es razonable seguir repitiendo, con esa mezcla de fe y arrogancia tan habitual en el mundo cripto, que «no pasa nada». Un paper reciente de Google Quantum AI sostiene que los recursos necesarios para atacar criptografía de curva elíptica podrían ser menores de lo estimado anteriormente, y recomienda a la comunidad cripto empezar a migrar hacia criptografía post-cuántica antes de que el problema sea operativo.
La cuestión es especialmente incómoda para bitcoin porque su gran virtud, la descentralización, es también su gran dificultad. Ethereum puede crear equipos, hojas de ruta y mecanismos relativamente coordinados. Ripple, Circle o Tron pueden diseñar planes corporativos para proteger carteras o infraestructuras. Bitcoin, en cambio, es deliberadamente resistente a la coordinación centralizada. No hay CEO, no hay comité ejecutivo, no hay nadie que pueda ordenar una migración. Esa es precisamente la belleza del sistema, pero también su fragilidad cuando aparece una amenaza que exige actuar de forma coordinada. Un artículo reciente del Financial Times lo resume bien: la amenaza ha pasado de «teórica» a «creíble», pero bitcoin sigue sin una propuesta clara que proteja a todos los tenedores.
La vulnerabilidad tampoco afecta por igual a todos. Glassnode ha estimado que unos 6.04 millones de bitcoins, valorados en torno a 469,000 millones de dólares, podrían estar expuestos en un escenario futuro por tener claves públicas ya visibles en la cadena, especialmente por reutilización de direcciones. Sólo los exchanges concentrarían alrededor de 1.66 millones de BTC en carteras potencialmente inseguras. La cifra no significa que alguien vaya a robar mañana medio billón de dólares. Significa algo más interesante: que una tecnología construida sobre la idea de que «el código es la ley» descubre que la ley puede necesitar ser reescrita.
Y ahí aparece la paradoja de fondo. La criptoeconomía fue, en su origen, un proyecto intelectual fascinante: dinero programable, resistente a la censura, con reglas transparentes y sin necesidad de confiar en intermediarios. Pero la industria que se construyó encima convirtió demasiadas veces esa promesa en un casino global, alimentado por codicia, narrativas mesiánicas, apalancamiento, celebridades, fraudes y una obsesión enfermiza por el precio. El proyecto de construir el futuro del dinero fue desplazado por la necesidad de enriquecerse antes que el vecino. Lo que podía haber sido una infraestructura de confianza distribuida terminó, en demasiados casos, convertido en una gigantesca máquina de extracción de liquidez.
La computación cuántica, por su parte, es la promesa eterna de la informática: siempre a diez años vista, siempre a punto de cambiarlo todo, siempre necesitada de otra ronda de financiación, otra arquitectura, otro avance en corrección de errores, otro titular sobre supremacía cuántica. IBM habla ya de sistemas tolerantes a fallos hacia 2029 y de una hoja de ruta hasta 2033, pero incluso sus propios planteamientos reconocen que el reto esencial sigue siendo la corrección de errores y la construcción de máquinas realmente escalables. La historia de la computación cuántica es una sucesión de «ya casi», y los «ya casi» no pagan facturas, no protegen claves privadas y no ejecutan ataques reales.
Pero sería un error despreciarla. NIST ya publicó estándares de criptografía post-cuántica en 2024, no porque exista hoy una máquina capaz de destruir Internet, sino porque las migraciones criptográficas llevan años, afectan a sistemas críticos y obligan a inventariar dependencias que muchas organizaciones ni siquiera saben que tienen. En seguridad, esperar a que la amenaza sea visible suele ser sinónimo de llegar tarde. La expresión «harvest now, decrypt later« se hizo popular precisamente por eso: un atacante puede capturar hoy información cifrada y esperar a que mañana exista la capacidad de descifrarla.
Para bitcoin, el desafío es más profundo que cambiar un algoritmo. Es una prueba de gobernanza. ¿Puede una comunidad que ha convertido la inmutabilidad en un dogma aceptar que la seguridad exige adaptación? ¿Puede un sistema diseñado para evitar la confianza coordinarse para preservar la confianza? ¿Puede una cultura que ha premiado durante años el maximalismo, el insulto fácil y la sospecha hacia cualquier cambio ponerse de acuerdo antes de que el problema deje de ser una conjetura puramente académica?
La respuesta probablemente no llegará desde los foros más ruidosos ni desde los influencers que miden la realidad en las barras verdes y rojas de los gráficos de precio de su shitcoin favorita. Llegará, si llega, desde los desarrolladores, los expertos en criptografía y las instituciones que entienden que la tecnología no es religión, sino ingeniería. Y la ingeniería tiene una virtud que muchas comunidades cripto han olvidado: no cree en dogmas, cree en modelos de amenaza, pruebas, migraciones, compatibilidad y mantenimiento.
La ironía es que cripto y cuántica se necesitan como enemigos. La cuántica necesita un caso de uso narrativamente poderoso para justificar inversiones gigantescas: romper o amenazar la criptografía global es perfecto para eso. La cripto necesita un enemigo externo que le recuerde que su supervivencia no depende únicamente del precio, sino de su capacidad para evolucionar técnicamente. Una promesa fallida puede obligar a madurar a otra promesa fallida. No deja de tener su punto poético.
Quizá la conclusión sea incómoda para ambos mundos. Bitcoin no está muerto por la computación cuántica. Pero tampoco puede seguir comportándose como si su seguridad fuese una propiedad metafísica escrita en piedra. La computación cuántica no ha demostrado todavía ser la revolución práctica que lleva décadas anunciando, y probablemente está muy lejos de hacerlo. Pero tampoco puede seguir siendo tratada únicamente como ciencia-ficción irrelevante. Entre la fe ciega del bitcoiner y el PowerPoint eterno del evangelista cuántico hay un espacio mucho más interesante: el de la preparación racional.
El futuro del dinero no se construye con superstición tecnológica, ni con memes, ni con apuestas especulativas disfrazadas de inevitabilidad histórica. Se construye con instituciones, aunque sean distribuidas, con incentivos, aunque sean imperfectos, con protocolos capaces de cambiar cuando cambia el mundo. Y si bitcoin quiere seguir siendo algo más que un activo para especular, tendrá que demostrar precisamente eso: que puede adaptarse sin traicionarse. Ahí está la verdadera prueba. No en el próximo máximo histórico, ni en la próxima subvención pública, ni en la próxima promesa de que la revolución sigue estando a diez años vista.
You can read this article in English on Medium with no paywall using this link, «The real test for Bitcoin isn’t price. It’s quantum computing»


La dificultad a la que se enfrenta el bitcoin ante la amenaza de la computación cuántica no es tanto de adaptación como se sugiere en el artículo sino de resolver un dilema complicado: la protección del bitcoin potencialmente expuesto frente a respetar el derecho de propiedad de sus dueños.
Me explico: si llegado el «día Q» la red no ha congelado esos fondos y no se ha movido el bitcoin expuesto (nunca se moverá todo lo expuesto), nos enfrentamos a un robo masivo. Si una actualización congela esos fondos en una fecha determinada debido a una supuesta amenaza cuántica, estamos violando los derechos de propiedad de quienes poseen ese bitcoin.
Bitcoin se sigue actualizando y lo seguirá haciendo para mejoras que no perjudiquen a nadie pero cuando se plantean cambios polémicos o discutibles es normal que sea difícil llegar a un consenso.
«violando los derechos de propiedad»
¿Se puede poseer el humo? ¿Crees que podrías defender que «posees» bitcoins en un juicio con la legislación vigente española en la mano?
Obviamente que se puede. Bitcoin es literalmente un registro de propiedad digital.
Esto sí que es gracioso. Pregúntale a hacienda si tienes que declarar que «posees» bitcoin.
Voy a intentar ser sistemático:
1) «una industria nacida para reinventar el dinero» ¿hace falta rebatir esto? «acabar con los intermediarios, con la inflación arbitraria, con la captura del sistema financiero por bancos centrales y gobiernos» Son cosas que o bien chocan con la realidad humana y/o física per se (y ya te digo yo como acaban las cosas que tozudamente chocan contra la realidad) o bien son totalmente indeseables, fruto de la mente calenturienta de individuos despreciables que no creen en la comunidad (esos que no creen en el estado y tal)
2) poner al mismo nivel lo cripto (el más tonto de tu clase) y lo cuántico (el más listo de tu clase). Créeme, cuando toda la bruma de hype desaparezca, de lo cripto quedará o bien nada o bien una crisis económica que todos recordaremos. De la computación cuántica, cuando llegue (que nadie sabe cuándo va a ocurrir, igual que con la fusión nuclear), quedarán avances increíbles en química, materiales, salud…es casi imposible imaginar todo lo que puede salir de ahí.
3) ¿cómo? ¿que el bitcoin adolece de un fallo que ya fue resuelto hace siglos en la economía real? (adaptación de su regulación y funcionamiento a las realidades físicas y sociales)
4) «La cuántica necesita un caso de uso narrativamente poderoso para justificar inversiones gigantescas» esteee…no. A ver, la gente puede jugarse su dinero donde quiera y correr hacia eldorado a lo loco, como con la IA, y luego está el mundo real, donde todos los estados deben invertir en tecnologías con proyección de futuro, para estar en la vanguardia cuando empiecen a dar sus frutos.
5) algo que no se suele hablar porque es técnico: a diferencia de la fusión nuclear, cuyo éxito se mide en si da energía neta o no (la meta no se mueve), la supremacía cuántica (excepto en lo criptográfico, que no le interesa a nadie que no sea militar) depende de qué es simulable/computable clásicamente. Y esto ha ido cambiando bastante en las últimas dos décadas. Para que se entienda, se ha visto que gran parte de procesos cuánticos se pueden aproximar por sumas de procesos clásicos de orden bajo (es similar a compressed sensing, donde una imagen con estructura -una cara- puede describirse por una suma de patrones más simples -una ceja orientada así, una boca puesta allá-, ocupando mucho menos espacio que los N² píxeles de la imagen). La gente más inteligente del mundo de la cuántica está a saco precisamente con este tema. Es una meta que se mueve constantemente. De hecho siempre pensé que iríamos descubriendo con el tiempo la manera de separar un proceso cuántico en una mayoría de proceso clásico y un irreductible micro-problema cuántico, de tal manera que la CPU que lo resuelve está dividida en dos, siendo la parte cuántica mucho más pequeña y manejable.
Creo que el artículo plantea un riesgo real, pero parte de una premisa discutible: que Bitcoin es una especie de sistema estático, congelado en 2011. Y no lo es.
Bitcoin es, ante todo, software de código abierto coordinado por consenso social. Desde hace años existe un proceso formal de mejora del protocolo, los BIPs —Bitcoin Improvement Proposals—, a través del cual se proponen, discuten, revisan y eventualmente se adoptan cambios en la red. El propio repositorio de BIPs deja claro que publicar una propuesta no implica adopción automática: la aceptación final depende de los usuarios y de la comunidad económica de Bitcoin.
De hecho, Bitcoin ha cambiado mucho desde sus primeros años. Se han incorporado mejoras relevantes como P2SH, SegWit, Taproot, Schnorr signatures o Tapscript. Taproot, por ejemplo, se activó como soft fork en 2021 e incluyó BIP340, BIP341 y BIP342.
La llamada “guerra de los bloques” fue probablemente la mayor prueba de gobernanza de Bitcoin. Entre 2015 y 2017 la comunidad se enfrentó a una discusión técnica, económica y filosófica sobre el tamaño de bloque, que acabó con una bifurcación y el nacimiento de Bitcoin Cash en agosto de 2017. Aquello demostró dos cosas: que Bitcoin puede cambiar, pero también que no cambia de cualquier manera ni por imposición de una parte concreta.
Por eso creo que la amenaza cuántica no debe negarse, pero tampoco presentarse como un “game over” inevitable. Es un problema potencial de futuro para Bitcoin, pero también para buena parte de la criptografía actual, incluyendo sistemas bancarios, comunicaciones, certificados digitales e infraestructuras críticas. La diferencia es que ya existen estándares post-cuánticos publicados por NIST, como ML-KEM, ML-DSA y SLH-DSA, y el propio ecosistema Bitcoin lleva tiempo discutiendo propuestas de resistencia cuántica, nuevos formatos de dirección y esquemas de migración.
El reto no es si Bitcoin puede actualizarse. Puede. El reto es cuándo, cómo y con qué grado de consenso. Y ahí precisamente está una de sus fortalezas: no depende de una empresa, de un CEO ni de una decisión unilateral. Cambiar Bitcoin es difícil, sí, pero no porque sea técnicamente imposible, sino porque exige consenso amplio en una red global que protege cientos de miles de millones de dólares.
Así que sí: la computación cuántica puede ser un problema futuro. Pero reducir Bitcoin a una tecnología incapaz de adaptarse ignora más de una década de evolución real del protocolo. Bitcoin no es el mismo hoy que en 2011, y probablemente tampoco será el mismo cuando la amenaza cuántica sea realmente práctica.
Una pregunta, ¿de dónde te sacas esa falsa dicotomía entre cripto/libertario/capital frente a cuántica/ciencia/estado?
Comentario para #003 f3r
Si el Estado no tiene visibilidad sobre tu dinero, que le pagues impuestos pasa a depender de tu buena voluntad. Es decir, voluntario.
Si el Estado no puede recaudar impuestos, entonces se acabó el Estado.
¿falsa dicotomía?
No sé ni por dónde empezar, la verdad, imagino que tendríamos que repasar toda la historia de la humanidad, de los fundamentos de la ciencia y de la adquisición de conocimientos. Después tendríamos que seguir por asignaturas de economía (por qué la inflación es un proceso real relacionado con factores reales, y no con un estado malvado), etc
Si tienes alguna pregunta concreta, te la respondo sin problemas. Si es una pataleta porque estoy categorizando a los anarco-capitalistas, pues ajo y agua.
+1000
Mientras los luditas cripto bros discuten y se miden el ojal sobre el agujero de los bitcoins, resulta que Huawei da el salto en sus chips de IA, pudiendo llegar a la par con TSMC a la tecnologia de 1,4 nanometros… en breve…
https://www.youtube.com/watch?v=jrEQ8GDg4GU
la época dorada de los yanquis se basó en atraer talento de todo el planeta, junto con un mercado de capitales unificado y con ganas de riesgo (que absorbía los ahorros de todo el planeta en su maquinaria financiera). Esta máquina se ha roto porque mola mucho más darle al botoncito de crear dinero ex nihilo (la bolsa). Los chinos están consiguiendo lo mismo con talento propio y unas inversiones estatales tochísimas. Fíjate que el resultado es el mismo: inversión brutal en ciencia y transferencia de resultados a empresas, que lo llevan al mundo real. La diferencia es que el estado (el suyo, claro, un estado democrático está atrapado en la condena del ciclo electoral) puede fijar metas a largo plazo, no como el mercado que se mueve por la inmediatez. Bienvenidos a una nueva era y a un nuevo modelo. La pregunta que queda es ¿cómo hacemos para importar un modelo de desarrollo superior al nuestro, mientras mantenemos nuestro modo de vida hedonista y «libre»?
Ah, el famoso encanto de las dictaduras. Si a una le va bien en un momento determinado, de repente es que ese es el modelo a seguir, la democracia es una mierda y tenemos que dejar que haya una dictadura que haga lo que le salga de las narices, dan igual la represión, la tortura, las purgas, las masacres indiscriminadas… Da igual que la historia (la misma de China, sin ir más lejos) demuestre una y otra vez que no es solo inferior moralmente, sino que son más ineficientes que las democracias, pero siempre alguien salta corriendo a adorarlas, cegado. Unas veces como franquistas, o pinochetistas, o soviéticos, o ahora con la china. La propaganda de las dictaduras es siempre tan seductora que saca a la luz las verdaderas interioridades de la gente.
El mantra del largo plazo, como si en las democracias no hubiera también planes e infraestructuras a largo plazo y que ahora repiten como propaganda esas dictaduras, y olvidando las maravillas de esos planes a largo plazo como el hijo único o la gran hambruna que causaron decenas de millones de muertes y centenares de millones de hambrientos, y superando con creces lo más de mil millones de reprimidos… Por no hablar de los campos de concentración de ahora, los reprimidos, las purgas… Maravilloso todo. ¿Para qué recordar lo que ocurre cuando dejamos que haya gente con poder absoluto sin contrapesos ni capacidad de frenarles en sus planes a largo plazo, verdad?
Un modelo superior, seguro. Vivan las caenas!
Me he acordado de cuando en el blog, se critica por hablar de política. Esto del bitcoin no es tecnología es política, de la mala, de la antisocial, os presento en formato «proyecto de ley» lo que la gente normal piensa de las CRIPTOS:
Señorías, ciudadanos que nos siguen desde sus casas:
Hoy traigo a este hemiciclo una propuesta que no nace del odio a la innovación, sino del amor a la justicia y a la protección de los más vulnerables. Propongo prohibir la especulación, tenencia y negociación de criptomonedas en España. No por miedo al futuro, sino por responsabilidad con el presente.
Primero, hablemos de ética. Detrás de cada gran fortuna en criptoactivos hay miles de pequeñas pérdidas. No es una exageración: los datos nos muestran que más del 70% de los pequeños inversores pierden dinero. No porque sean ignorantes, sino porque el juego está amañado. Las ballenas —los grandes tenedores— mueven el mercado a su antojo, provocando picos y desplomes que esquilman los ahorros de quienes solo buscaban un futuro mejor. ¿Acaso podemos llamar «inversión» a un sistema donde el 0,1% de las direcciones controlan más del 50% de la riqueza? Eso no es finanzas descentralizadas; es la ley del más fuerte con mascara de algoritmo.
Segundo, la quiebra técnica está al caer. Las criptomonedas se sustentan en la criptografía de clave pública, la misma que protege tus transacciones. Pero los ordenadores cuánticos, que ya son una realidad en laboratorios, romperán esa protección en menos de una década. Cuando eso ocurra, todas las carteras serán vulnerables, todas las llaves podrán ser descifradas. ¿Qué pasará entonces con los ahorros de quienes confiaron en este sistema? Desaparecerán, sin seguro de depósitos, sin banco central que los rescate. No estamos prohibiendo el futuro; estamos desmontando un castillo de naipes antes de que el viento cuántico lo derribe y entierre a millones de familias bajo sus escombros.
Tercero, el espejismo de la riqueza rápida. Se nos vende la idea de que cualquiera puede hacerse rico. Pero la realidad es que la gente de a pie no especula por codicia, sino por necesidad. Con salarios estancados y alquileres disparados, muchos ven en las criptos una falsa puerta de emergencia. Y pierden. Pierden porque el sistema está diseñado para que los que entran tarde paguen la fiesta de los que entraron temprano. Eso se llama «esquema de Ponzi» en cualquier libro de economía serio. No es inversión, es lotería con trampa.
No propongo prohibir la tecnología blockchain. Esa puede servir para registrar propiedades, garantizar cadenas de suministro o proteger certificados. Pero las criptomonedas no son la tecnología; son el producto especulativo que secuestra esa tecnología para crear deuda disfrazada de activo.
¿Qué ganamos con esta ley? Que el ahorro vuelva a la economía productiva: a préstamos para pymes, a hipotecas para vivienda, a fondos de inversión regulados. Que la gente no pierda su dinero persiguiendo un sueño que solo unos pocos realizan. Que España no se convierta en un paraíso fiscal de lo digital.
No les pido que entiendan de algoritmos. Les pido que entiendan de dignidad. Porque dejar que la especulación cripto siga libremente no es libertad de mercado, es abandono de los débiles frente a los depredadores.
Voten sí a esta ley. No por el pasado, sino por el futuro de quienes no pueden permitirse un error financiero. Porque el verdadero valor no se mina con electricidad, sino con trabajo, comunidad y justicia.
Muchas gracias.
Tu punto Primero es exactamente igual en bolsa…
Y hablando de ética, se está empezando a hablar de poner impuesto del 2% a gente con mas de 100M€ (aunque se vayan del país)
https://elpais.com/ideas/2026-05-24/que-paguen-mas-los-ultrarricos-la-revolucionaria-y-cabal-propuesta-del-2.html
The most advanced lithography system, crucial for future advanced memory and computer chips, will play a key role in scaling up quantum technology
World first: imec presents quantum dot qubit device using High NA EUV lithography
si no te pone la fidelidad de las puertas de 2 qubits, desconfía. Si además no te pone cómo escala el error con el número de operaciones, desconfía (y no veo links a papers!)
La noticia me parece tipo: sabemos fabricar qubits con los métodos clásicos industriales (pero ni idea de cómo escalarlo para que sirva de algo)
Creo no haber leido en los comentarios , quizá por que es obvio, que si hay un robo masivo de monedas crypto por el avance cuántico, el efecto siguiente es la depreciación casi total de dichas monedas, con lo que de de hecho se acaba por completo el tema crypto.
Esa es la verdad incomoda… XDDD
Las batallas de gobernanza, y la evolución del protocolo de consenso en Bitcoin, son quizá el aspecto más interesante de esta tecnología.
Si alquien tiene interés en la historia de la gobernanza en Bitcoin recomiendo estas lecturas:
– 2011 – La primera crisis de gobernanza
– 2015-2017 – La guerra por el tamanio del bloque
@Enrique, creo que un cambio de reglas de consenso para adaptarse a la computación cuántica va a ser business as usual