Cuando una familia aragonesa recibe una carta dándole cuatro días para vender su terreno a Amazon, no estamos ante una anécdota: estamos viendo el síntoma más visible de un cambio mucho más profundo: España está entrando en la economía de la inteligencia artificial por la puerta trasera. No como desarrollador, ni como propietario de tecnología, sino como proveedor de condiciones. Suelo, energía, agua y rapidez administrativa.
El caso de Aragón, muy bien contado por Bloomberg, no es una excepción: es el patrón. Y ese patrón se repite con una claridad casi inquietante cuando uno mira lo que está ocurriendo en otros puntos del país. En Talavera de la Reina, Meta está desarrollando uno de los mayores centros de datos de Europa sobre unas 190 hectáreas, con una inversión cercana a los mil millones ...
