Terafab o la fábrica del poder: cuando la inteligencia artificial empieza a construirse fuera del mercado… y quizá fuera del planeta

IMAGE: A futuristic semiconductor factory where robotic arms with lasers engrave a glowing AI chip, while a lone figure in a suit resembling Elon Musk observes, symbolizing control over advanced technology

Hay anuncios que conviene leer con cautela, y otros que, aun envueltos en la habitual grandilocuencia de quien los pronuncia, apuntan a un cambio de dirección difícil de ignorar. El proyecto Terafab de Elon Musk pertenece claramente a la segunda categoría. No porque sepamos exactamente qué va a construir, que no lo sabemos, sino porque sí sabemos lo suficiente como para entender hacia dónde se mueve el vector: menos dependencia del mercado, más integración vertical, y chips cada vez más diseñados para un propósito concreto dentro de un ecosistema cerrado que, además, empieza a pretender extenderse más allá de la Tierra.

Conviene empezar por poner límites a la especulación. No hay evidencia pública de que Musk pretenda fabricar chips «a la Taalas», es decir, chips en los que un modelo de inteligencia artificial queda prácticamente convertido en silicio específico, sacrificando flexibilidad a cambio de eficiencia extrema. La propuesta de Taalas, «the model is the computer«, explicada en su propia página y respaldada por su reciente financiación, es radical: transformar modelos en hardware en cuestión de semanas, con mejoras sustanciales en rendimiento y consumo precisamente porque el chip deja de ser programable en sentido amplio. Es una idea potente, pero también estrecha en su aplicabilidad, pensada para escenarios en los que el modelo está suficientemente estabilizado como para «congelarlo» en el chip.

Lo que sí sabemos de Terafab apunta en otra dirección, menos extrema pero igualmente significativa. Musk ha planteado una fábrica capaz de producir dos familias diferenciadas de chips: una orientada a vehículos autónomos, robotaxis y robots humanoides como Optimus, y otra destinada a aplicaciones espaciales. Esa división no es menor. No estamos ante un chip universal, ni siquiera ante un único diseño optimizado, sino ante arquitecturas distintas para dominios distintos. Es la especialización convertida en estrategia industrial.

Ese detalle encaja perfectamente con la evolución lógica de Tesla. Sus chips de conducción autónoma ya son un ejemplo de hardware diseñado para una tarea muy concreta, optimizado en rendimiento por vatio y profundamente integrado con su software. Pero lo que ahora se plantea es un salto cualitativo: no solo diseñar el chip, sino fabricarlo, escalarlo y alinearlo completamente con las necesidades de todo un ecosistema de productos que incluye coches, robots, sistemas de inteligencia artificial y, potencialmente, infraestructuras fuera del planeta.

La motivación tampoco es especialmente misteriosa. Musk ha reconocido implícitamente lo que muchos en la industria llevan tiempo señalando: la capacidad de producción de actores como TSMC, Samsung o incluso Nvidia no es suficiente para sostener determinadas ambiciones de crecimiento. Cuando tu hoja de ruta incluye millones de vehículos autónomos, flotas de robots humanoides y centros de datos masivos, la dependencia de proveedores externos deja de ser un problema de coste y pasa a ser un problema de viabilidad.

Ahí es donde Terafab deja de ser una inversión industrial para convertirse en algo más interesante. No se trata simplemente de producir chips propios, sino de construir una infraestructura de computación completamente integrada, en la que diseño, fabricación y aplicación forman parte de un mismo sistema. Es, en esencia, una forma de internalizar la inteligencia artificial como capacidad productiva, del mismo modo que en su día se internalizó la generación eléctrica o la logística.

Pero hay un elemento adicional que cambia aún más el marco: el espacio. La idea de satélites capaces de generar energía solar y actuar como nodos de computación, a modo de pequeños «AI Sat Mini» con unos 100kW de potencia, apunta a un escenario en el que la infraestructura de inteligencia artificial no se limita a centros de datos terrestres, sino que empieza a desplegarse en órbita. La escala necesaria para competir con la capacidad actual en Tierra sería enorme, sí, pero la dirección es lo relevante: una arquitectura distribuida que podría, en el límite, escapar parcialmente de las restricciones regulatorias tradicionales.

Si combinamos ambos vectores, los chips propios y la computación orbital, el resultado es inquietante. No estamos viendo simplemente una empresa que quiere ser más eficiente. Estamos viendo a un actor que intenta reducir al mínimo su dependencia de cualquier capa externa: ni proveedores de chips, ni infraestructuras energéticas ajenas, ni siquiera necesariamente jurisdicciones territoriales convencionales.

Para sostener todo ello, una premisa que rara vez se comenta: la flexibilidad, durante décadas considerada la gran virtud del hardware, empieza a ser un lastre en determinados contextos. Cuando el objetivo es desplegar inteligencia a escala masiva (y Musk ha llegado a hablar de fabricar miles de millones de robots, algo que habrá que leer en términos de «Elon time«), el chip generalista deja de ser óptimo. No desaparece, pero pierde centralidad frente a arquitecturas cada vez más especializadas, sin llegar al modelo de los ASICs, pero diseñadas para dominios concretos y profundamente integradas en sistemas cerrados.

Esto no es Taalas, pero tampoco es Nvidia. Es otra cosa: un punto intermedio en el que el hardware sigue siendo programable, pero cada vez menos genérico, cada vez más alineado con una función específica y cada vez más difícil de sustituir por alternativas externas. Un hardware que ya no es un componente intercambiable, sino una pieza estructural de un ecosistema.

Ahí es donde la lectura deja de ser tecnológica para convertirse en política. Como defendía hace no mucho, la dependencia tecnológica no es una cuestión abstracta, sino una forma concreta de cesión de capacidad de decisión. Si las infraestructuras sobre las que se construye la inteligencia artificial, incluido el hardware, están diseñadas, fabricadas y controladas por un puñado de actores privados en Estados Unidos, el margen de autonomía del resto del mundo se reduce de forma proporcional.

Pero quizá el problema ya no sea solo ese. Porque lo que sugiere Terafab es algo aún más incómodo: que la soberanía tecnológica ya no se está disputando únicamente entre estados, sino entre corporaciones capaces de construir sus propias infraestructuras completas. Infraestructuras que abarcan desde el diseño del chip hasta su fabricación, desde el software hasta el despliegue físico, y desde la Tierra hasta, potencialmente, su órbita.

Europa, mientras tanto, sigue discutiendo en un plano que empieza a parecer desfasado. Regulamos, legislamos y debatimos principios, pero apenas participamos en la construcción de las capas materiales que harán posible (o limitarán) esas decisiones. Y si el futuro de la inteligencia artificial se construye sobre hardware cada vez más específico, más integrado y más difícil de replicar, la pregunta ya no es si podemos permitirnos invertir en soberanía tecnológica.

La pregunta es si podemos permitirnos seguir siendo irrelevantes mientras otros deciden, diseñan y fabrican, literalmente, el futuro.


This article is openly available in English on Medium, «Beyond Nvidia: Musk’s Terafab and the end of generic chips»

14 comentarios

  • #001
    Benji - 27 marzo 2026 - 08:26

    Aquí seguimos con tapones de botellas y curvaturas de bananas. Es lo que hay.

    Ni siquiera me atrevo a aventurar la reacción de los eurócratas si aparezco por el parlamento diciendo que quiero construir una empresa de lanzaderas al espacio para subir satélites que van a fabricar chips y llevado por robots humaniformes que no necesitan respirar.

    Creo que tardo 25 años en salir de la maraña legislativa que inventarían para mí

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  • #002
    Javier - 27 marzo 2026 - 12:20

    Sí, el papel lo aguanta todo… a reserva de ver que resta por aparecer en los Epstein Files. Luego hablamos… si eso. Porque de manipular masas y mercados sabe un poco el HdLGP.

    Pero si se trata de tener «los pies en la tierra», me gusten más o me gusten menos, me guiaría en gran medida por los avances tecnológicos que los chinos van declamando y logrando.

    Ahí sí «la cosa» se parece y siente un poco menos a aceite de serpiente y más a «la verdad».

    Eso sí más o menos me pintaría un panorama realista del estado de las cosas.

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  • #003
    BUZZWORD - 27 marzo 2026 - 13:27

    Con los años se le está poniendo a Elon cara de Sarita Montiel

    Es lo que tiene el humo de sus «ideas», curioso que siga embriagando a algunos de sus viejos seguidores.

    Un chiringuito en el espacio, no es lo mismo que ponerlo en Monterrey, el coste de sacar chips en un sitio hostil como el espacio es carísimo, tardaría en montarlo tanto tiempo que no tiene ninguna ventaja, ni en precio, ni en estrategia:

    China + mercado vivo global + TSMC se comen esta payasada antes de montarla

    Si me dices que quiere montar fábricas en Alaska, para reducir el coste de refrigeración, es otro agujero económico made in Elon…

    Asumiendo que le dan un electro schock y le quitan la gilipollez de fabricar en el espacio, aún así el proyecto puede fallar por

    1. Intentar hacer todo a la vez. Hacer el diseño de chips, fabricarlos, software, centro de daps, robots/coches… se va a ahogar en complejidad… y las consecuencias son claras retrasos en cascada, decisiones técnicas malas por falta de foco, productos que llegan tarde o nunca se entregan…

    2. Hacer una TSMC no es hacer una fábrica (que se lo digan a los chinos) requiere décadas de expertise, dependes de proveedores críticos como ASML, y tener camiones de pasta… Aqui no hay atajos

    Cuando fallas conviertes las obleas en chips defectuosos… se te disparan los costes, y eres un cero a la izquierda, eres incapaz de competir. Y te quedas en el tío que hace chips para los eleva ventanas…

    3. Luego vete a buscar al mercado los ingenieros formados en semiconductores top, más raros que el lince ibérico…y tengan experiencia real en fabricación… lo que te haces es con una caterva de inexpertos, parecidos a los que pintaban los tesla d Shangay con rotuladores…

    4. Energía y coste operativo ¿que quiere controlar todo con IA? Pues se va a cagar la perra con las facturas de electricidad y refrigeración. Le va a costar más el collar que el perro… otro negocio a pérdidas….

    5. Lo de tener tus propios «chips» queda muy bonito en el papel. Abrimos cualquier dispositivo electrónico y vemos que hay componentes de muchos sitios… por algo será… NVIDIA se forjó con una historia, hoy una de las cosas que más pesa es el ecosistema SW (CUDA)

    6. El timing es importante. Si empiezas no es que llegas tarde, es que eres un idiota si quieres dominar un standard que ya domina el mercado. Cuando seas capaz de producir algo, ¿será el mercado igual? Sr. Elon el mercado es dinámico, no seas aún más imbécil que lo que pareces

    Lo que más me jode es que Musk, promete con anuncios muy adelantados que rara vez cumple, y ahí están los promotores del HYPE. No seré yo quien le compre la burra a este payaso integral. Es como ibas al circo salía un payaso con sus tonterias, y la truppe de enanos haciendo chorradas… Vaya circo !!

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    • Javier - 27 marzo 2026 - 14:18

      7. Las posibles represalias «repercusiones» geopolíticas de tener algunos de tus «huevos» en el punto de mira en una sola canasta.

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  • #005
    D. FALKEN - 27 marzo 2026 - 14:26

    Huele a que estos grandilocuentes proyectos anunciados a bombo y platillo no serían más que intentos de disparar el hype inversor para quemarlos en xAI donde estan teniendo «problemas organizativos internos».

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  • #006
    Dedo-en-la-llaga - 27 marzo 2026 - 15:04

    No me cabe la más mínima duda de que el nivel de drogadicción de toda esta gentuza elonsiana, está llegando a unos niveles francamente colosales. Y la hostia, cuando llegue, que está llegando, va a ser épica. (Soy consciente de que con esto no aporto nada, pero al menos creo que no hago daño a nadie, a diferencia de todos estos dopados comebragas que llevan sembrando y cultivando el Mal ya desde primera hora de la mañana… Juassss!)

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  • #007
    Gorki - 27 marzo 2026 - 18:03

    ¿Cuando van a ser normales los robotaxis en todos los sitios’¡por que si ya estan probados en America mo se ponen en todos los sitios.?- Esto parece algo mas sencillo que hacer chips en el espacio

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    • Enrique Dans - 27 marzo 2026 - 18:29

      Lo hemos comentado un montón de veces, Gorki. Porque el robotaxi es lo de menos, porque no es un aparato que traigas y funcione sin más, sino que se apoya en una microcartografía que hay que desarrollar y en unos acuerdos con el ayuntamiento de turno para que introduzca en ella todas las operaciones de mantenimiento, los baches que hay y que se arreglan, la limpieza, las obras y todo aquello que pueda impactar en la conducción. Y eso es una inversión fuerte que la ciudad tiene que aprobar si quiere disfrutar del efecto imagen que conlleva ser una ciudad con vehículos autónomos. El único caso en el que esto es diferente es el de Tesla, que trata de operar casi únicamente con lo que captan los sensores del vehículo, sin necesidad de microcartografía, y por el momento, está muy ocupada con su primer rollout en Texas…

      Pero vamos, que no te obsesiones. La prueba de que la conducción autónoma es real, existe y escala perfectamente es el hecho de que miles de personas la usan todos los días sin necesidad de conductor de seguridad en cada vez más ciudades norteamericanas, chinas y del golfo pérsico. Lo demás, es dinero y voluntad política.

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      • BUZZWORD - 27 marzo 2026 - 20:49

        Creo que tu respuesta da en el clavo de porque una tecnología como Robotaxi en la práctica falla.

        En realidad lo que está detrás son unos costes de infraestructura que hasta ahora no había leído de forma tan expresa como la que estás diciendo.

        Cuando un fabricante piensa un producto y afirma que en un futuro lo que habrá son grandes flotas que sustituyen a las personas conduciendo, está contando solamente la mitad de la película.

        Si por ejemplo en Madrid se tuvieran que implementar RoBoTaXis tendrías el siguiente escenario:

        a) El ayuntamiento tendría que invertir con dinero público ( es decir de todos nosotros) para realizar una microcartografía y todo lo que sea necesario, que no nos ponemos a relatar ahora mismo en este espacio de debate. Pero entiendo como tu mismo dices una millonada…. entiendo que te refieres a Waymo

        b) Por otro lado hay otras tecnologías de VA (citas Tesla) que podrrían tener flotas muy ajustadas en precios VE chinos, y sobre todo medios de transporte públicos 8buses, minibuses, metros) o privados (furgonetas de reparto) que no requerirían de esa inversión en infraestructura.

        No veo por ningún lado que la opción (a) se tenga que asumir con medios públicos si las flotas no son públicas. No es una cuestión de imagen, se trata de no prevaricar y favorecer con dinero público a ciertas empresas extranjeras que como mínimo tienen dos grandes perjuicios:

        1. No necesitan conductores humanos, dejarían de tener sentido trabajos de conductores, dejarían de pagar sus cotizaciones en la SS, y además estaríamos pagando nosotros la fiesta para el lucro de esas empresas no españolas.
        2. Esas empresas deberían ser en todo caso las que mantuvieran el actual status quo de empleos, y además cotizar integramente en España, y hacerse cargo de lo que podemos llamar «servicios digitales para su funcionamiento»
        3. Tampoco se debería obviar, el aumento de tráfico «inútil» dando vueltas en la ciudad en espera de clientes. Hay modelos hechos en EEUU sobre ese impacto y como retrasarían la velocidad efectiva.

        Llamar tecnología real a la de los Vehículos Autónomos es un acto de fe, pausible sobre todo para esas empresas, pero siendo honestos son una tecnología condicionada a un gasto que hoy por hoy esas empresas privadas no están asumiendo más que en demos, por algo será. Siempre es más fácil ser una empresa subvencionada, y que se les pague la fiesta. Pero hoy x hoy, tú mismo expresas que hay tecnologías posibles sin ese handicap. Cuando una tecnología es deficiente, su ciclo de adopción se ralentiza hasta que consiguen mediante lobbys de presión, captar voluntades políticas a cambio de lo que todos conocemos, o simplemente desaparecen del mercado al no ser viables.

        Responder
      • Lua - 27 marzo 2026 - 21:07

        — «Lo hemos comentado un montón de veces, Gorki. Porque el robotaxi es lo de menos, porque no es un aparato que traigas y funcione sin más, sino que se apoya en una microcartografía que hay que desarrollar y en unos acuerdos con el ayuntamiento de turno para que introduzca en ella todas las operaciones de mantenimiento, los baches que hay y que se arreglan, la limpieza, las obras y todo aquello que pueda impactar en la conducción. «

        asi.. el robotaxi sigue siendo un bluff… sin mas…

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  • #011
    D.M.G. - 27 marzo 2026 - 20:53

    Yo creo que Terafab, en el fondo, representa la desconexión definitiva del «Contrato Social».

    Hasta ahora, las grandes empresas han dependido de las infraestructuras estatales: carreteras, red eléctrica, educación de los trabajadores, seguridad jurídica.
    El proyecto Terafab, junto con Starlink y la generación energética de Tesla, busca cerrar el círculo:
    No necesita la red eléctrica (tiene Powerwalls y energía solar).
    No necesita el cableado nacional (tiene satélites).
    No necesita la moneda del mercado (puede crear sus propios sistemas de intercambio o usar cripto).
    No necesita el silicio de terceros (tiene Terafab).

    Frente a esto, el Estado pierde su capacidad de presión (con impuestos, regulaciones, leyes laborales) cuando la empresa no «toca» el suelo común. Estas élites están construyendo una infraestructura paralela que opera al margen.

    El espacio, además, es la «ultimate gated community». Mencionar la computación orbital y el despliegue extraterrestre no es solo una cuestión técnica: es el refugio definitivo, el paraíso fiscal final. En la Tierra siempre hay una jurisdicción (un juez o regulador puede sancionar). En órbita (o en Marte, da igual) las reglas las dicta quien provee el oxígeno, la conexión y el hardware de IA. Si tus servidores están en órbita y tu energía viene del sol, ¿qué gobierno puede desconectarte? Es la secesión tecnológica de las élites respecto al resto del planeta.

    Es también la culminación de la idea de «comunidad cerrada», un entorno donde la élite no solo se separa por muros y guardias, sino por kilómetros de vacío y tecnología propietaria. Además, si el hardware es cada vez más cerrado y específico (como los chips de Terafab), la libertad del usuario desaparece.

    En ese mundo al margen y «perfecto», la ética no se decide en un parlamento, se programa en el silicio. Si el chip que controla tu coche, tu robot asistente o tu conexión a internet está diseñado por una sola entidad de forma opaca, tu capacidad de disentir es nula. Estás viviendo en el sistema operativo de otro. No hay «jailbreak» posible si la inteligencia está fundida en el chip. Es un muro digital infranqueable.

    Terafab es un paso más hacia un modelo que estamos viendo florecer: del Capitalismo de Plataforma (donde Google o Amazon dominan el mercado) al Feudalismo Tecnológico (Tecnofeudalismo, vaya). En este nuevo modelo, las élites no quieren «competir» en el mercado, quieren ser dueñas del territorio entero (físico, digital y orbital) y, en el futuro, alquilarte el derecho a existir en él bajo sus propias reglas.

    Y no se esconden. Si tiramos de hemeroteca, antes el discurso era: «Hacemos esto para que todo el mundo tenga acceso». Ahora, el discurso (descarado) es: «Hacemos esto para que nosotros no tengamos límites».

    Es, en esencia, la construcción de una soberanía post-estatal. Lo que antes hacían los países (moneda, ley, energía, defensa), ahora lo hace una sola corporación (prueba piloto en Texas) para un grupo selecto.

    Lo más irónico (y quizás lo más triste) es que mientras estas élites diseñan su salida de emergencia hacia el espacio o hacia sistemas autárquicos, el resto nos quedamos debatiendo leyes que ellos simplemente planean ignorar por diseño técnico.

    Como bien se apunta, Terafab tiene palos por doquier. Pero nosotros tenemos mucha mierda… Habrá que darles algo que hacer a esos robots, ¿no?

    Responder
  • #012
    Lua - 27 marzo 2026 - 21:20

    El 23 marzo 2026 dije algo así:

    ”si le das a una inteligencia artificial un objetivo explícito —como maximizar el número de clips en el mundo— y esa inteligencia artificial se ha vuelto lo suficientemente inteligente como para inventar sus propias supertecnologías y construir sus propias fábricas, entonces, bueno, ten cuidado con lo que deseas»

    y enlacé un juego (que no es la primera vez que lo hacia en este blog… el puñetero Universal Paperclips…

    El juego en cuestión, por si alguien no lo ha intentado, resuelve una fabrica de clips, esos con los que adjuntamos varias hojas. La fabrica en cuestión, dominada por una IA, que solo quiere “optimizar” la producción, acaba con toda la materia prima en la tierra, y después de lanzar sus “hypnodrones” (volver gilipollas a la población, haciendo que requieran mas y mas clips), empieza a colonizar el universo… en busca de mas materia prima, y de más fabricación de clips, como si no hubiera un mañana… clips, clips clips….

    En serio nadie ve una correlación, entre ese juego y hacia donde vamos…?

    Centros de datos de IA = fabricas de clips
    No tengo bastante con la tierra = colonizo el espacio

    conclusiones, las vuestras…

    Responder
    • Lua - 27 marzo 2026 - 21:26

      «»El defecto habitual del hombre es no prever la tormenta cuando hace buen tiempo.”

      – Nicolás Maquiavelo

      Responder
      • Lua - 27 marzo 2026 - 21:41

        Anda… tres comentarios sin que me los dicte una IA… guau… XDDD

        Responder

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