La importancia de los perks

IMAGE: Microsoft

En los entornos corporativos, los beneficios extrasalariales, generalmente conocidos como perks, son una cuestión muy polarizadora: mientras muchos empleados los adoran, los consideran una parte fundamental de su remuneración e incluso les atribuyen efectos significativos en términos de atracción, retención y fidelización en general a modo de «salario emocional», otros los ven como un engaño y reclaman que la compañía les entregue su valor en dinero para que sean ellos los que puedan elegir si quieren gastárselo en esos beneficios, en otros o en cualquier otro concepto.

Sin embargo, las evidencias a lo largo del tiempo parecen mostrar que los beneficios extrasalariales, cuando se perciben como privilegios que el empleado no podría obtener fácilmente por sí mismo (si no formase parte de un pool que permite negociar condiciones razonables, por ejemplo) o suponen retirar de su cabeza conceptos que de otra manera tendría que solucionar por sí mismo, juegan un papel muy importante que hace que muchos empleados los defiendan a capa y espada.

Recuerdo, hace años, un amigo que llevaba ya más de una década trabajando en Google, y que me contaba que aunque se quería ir, no lo había hecho aún en gran medida por la «complicación mental» que le suponía solucionar muchos de los elementos que la compañía cubría para él, desde la comida los días de semana hasta la lavandería y muchos elementos más. El seguro médico con un nivel de cobertura elevado es un caso claro de beneficio que indudablemente fideliza a los trabajadores, o que incluso se percibe como un elemento de prestigio social en determinados países.

¿Puede el disfrute ilimitado de los propios productos de la compañía convertirse en un perk entendido como tal? Hace muchos años, era relativamente habitual que los empleados de las compañías energéticas en España, por ejemplo, no pagasen sus facturas de electricidad, que se consideraban parte de su salario. En Microsoft, durante mucho tiempo, la mayoría de los 238,000 empleados de la compañía han disfrutado de un pase ilimitado para jugar videojuegos en la Xbox, el Xbox Game Pass Ultimatehasta que a alguien en la compañía se le ocurrió que esos eran muchos pases, y que había que recortar por algún sitio.

En cuanto la compañía ha anunciado su decisión de recortar ese beneficio, las protestas, el malestar y prácticamente la revuelta entre los empleados ha alcanzado en pocos días un nivel y unas proporciones que han obligado al director general de Microsoft Gaming, Phil Spencer, a interesarse personalmente por la situación, y a terminar anunciando que la decisión se revierte y que los empleados de la compañía seguirán pudiendo disfrutar de esos pases ilimitados gratuitos.

El caso es ilustrativo de hasta qué punto determinados beneficios asumidos ya como parte de un contrato psicológico adquieren gran importancia a efectos de motivación: poder utilizar de manera ilimitada un pase para los productos de una de las divisiones más apreciadas de la compañía – a pesar de su teórica falta de encaje con otras de sus divisiones «más corporativas» – supone, para muchos empleados, algo a lo que no están dispuestos a renunciar, aunque pagarlo ellos mismos no suponga, en la práctica, tanto dinero para un empleado de Microsoft (14.99 euros al mes).

Por otro lado, ¿qué añade la posibilidad de poder jugar de manera ilimitada a los juegos producidos o distribuidos por la compañía? En primer lugar, un cierto orgullo de pertenencia: estás jugando con videojuegos que están ahí porque tu compañía lo hace posible. Pero en segundo, y en gran medida, evitar la tentación de que esos jugadores, en un mercado tan intensamente competitivo como este, se dirijan a otras ofertas de videojuegos diferentes, y tiendan a reforzar la cuota de mercado de la compañía.

¿Anecdótico? Sería un error interpretarlo como tal. Los privilegios de este tipo son potencialmente un elemento muy importante a la hora de fidelizar a los empleados, y funcionan en muchos casos como algo que contribuye a consolidar elementos culturales que pueden ser considerados estratégicos. Pero sobre todo, más que la decisión de si los empezamos a entregar o no, está la mucho más peligrosa decisión de retirarlos cuando ya los empleados han estado un tiempo significativo disfrutando de ellos, una decisión que equivale al odio que un cliente habitual de una aerolínea profesa a esa compañía cuando por haber volado menos un año determinado, le retiran los privilegios inherentes a su tarjeta de viajero frecuente de nivel elevado: ningún director de marketing quiere que sus clientes acumulen ese tipo de sentimientos negativos hacia su compañía, que en muchos casos dan al traste con inversiones de años en desarrollar una cierta fidelidad.

Podemos intentar ser todo lo pragmáticos que queramos, pero los beneficios extrasalariales funcionan mucho como elemento de consolidación cultural y de fidelización, y no tienen nada que ver con simplemente compensar a cada empleado con su coste, que eran tan solo quince eurillos más al mes. Y si no, que se lo digan a Microsoft…


This article is also available in English on my Medium page, «What is it about perks that employees value so much? It certainly isn’t the money«

8 comentarios

  • #001
    menestro - 5 noviembre 2023 - 17:01

    Yo le he pegado una etiqueta de snacks a mi curriculum. Para ampliar competencias.

    Espero que por lo menos tengan calefacción.

  • #002
    Juan T. - 5 noviembre 2023 - 18:16

    Que venga Leo Harlem y lo explique: Al del banco…»¡ Que no quiero las sartenes, cooooño…Damelo en dinero !!!.

    En pocas palabras, los perks son el chocolate del loro emocional. Los traduces en dinero y no lo valoras nada. Claro que no es lo mismo que te paguen una suscripcion de videojuegos a que te paguen un buen seguro de salud.

    De todos modos Enrique, sin entrometerme en tu criterio…En una semana en la que los youtubers tecnologicos cuelgan su video titulándolo : «The most insane week in AI news» ¿no había otro tema mas importante?.

  • #003
    Javier - 5 noviembre 2023 - 20:18

    Que sea una empresa la que crea que puede decidir qué es lo que para mí debe ser un beneficio… roza el feudalismo 2.0.

    Ahora, que los empleados de una empresa (se llame Microsoft o la que sea) que no deben estar mal pagados, consideren un «beneficio» recibir el acceso a video juegos y lo consideren una parte de su sueldo (…y encima costando nada más que 15 dólares…) pues que quieres que te diga.. me rasco la cabeza… y me guardo de comentar mis pensamientos… o_O

    Disclaimer: lo dice alguien que de joven recibió como beneficio de la empresa un departamento (piso) a estrenar en el centro de la capital de mi país, pagando un alquiler ridículamente bajo, mas testimonial que otra cosa.

  • #004
    Gorki - 5 noviembre 2023 - 21:11

    Si los perks, te «sueldan» a la compañía en cierta forma. Yo recibia mucho «perks» cuando fui vendedor, no sólo me proporcionaban un coche y me lo cambiaban cada dos años, sino que además el kilometraje y las dietas me dejaban un razonable sobresueldo en B, unido a los premios por hacer la cuota y alguna que otra pequeña ventaja por ser del Club 100%, (vendedor que había hecho la cuota), como un viajes de premio anual y cosas por el estilo.

    Cuando después de hacer la cuota 5 años seguidos, me ascendieron a Jefe de Logística, como era costumbre en la compañía, resultaba que el «ascenso» suponía en la practica disminución de ingresos,y perdida del coche de empresa y cambio de domicilio. Hubo que negociar todo eso, para que el ascenso no fuera en la realidad un castigo,

    Pero quedaba otro asunto, la compañia nos pagaba un seguro con Sanitas. Cuando me echaron, por cierre de la sucursal en España, mi mujer y yo, teníamos los suficientes años como para no ser aceptados por ningún seguro privado, Suerte que la compañía negoció con Sanitas la posibilidad de que voluntariamente todos nos pudiéramos quedar, pagando unas cuotas aceptables.

    Nunca quise irme de aquella compañía, me fui porque cerraron en España. pero evidentemente, esos «perks», ayudaban a quitarme tentaciones de irme.

  • #005
    F3r - 6 noviembre 2023 - 09:56

    Como bien ha dicho Gorki («un razonable sobresueldo en B»), el tema fiscal lo hablamos en otro artículo.

  • #006
    Nortenio - 6 noviembre 2023 - 12:11

    Bueno en todo caso supone un ahorro de 15$ para los empleados, no un gasto de 15$ para MS. Son sus productos y los costes de licenciarlos serán ínfimos.

    De hecho, un ahorro ficticio, muchos de ellos no lo suscribirían de su bolsillo, por lo que son clientes ficticios también.

    Interesante conocer su tributación en estos supuestos

  • #007
    Xaquín - 6 noviembre 2023 - 12:52

    Como siempre toca ir por derroteros algo laterales. Pero a mi siempre me fueron esos «perks», que conlleva el trabajo, cuando intentas hacerlo con ganas.

    En la enseñanza hay un tipo de «perks inversos», que te llenan de enorme satisfacción. Se llama «ver como una cara se muestra amablemente curiosa de haber entendido algo (normalmente muy poco, para las expectativas creadas) de lo que has explicado.

    Eso se nota sobre todo en el trabajo de laboratorio, donde la mente de un preadolescente adocenado puede comprobar, con un simple experimento, que existe algo que dá soporte a lo que le has explicado. o le explicarás.

    Supongo que EDans, a otro nivel, sabe bien de lo que hablo. Ya que varias veces ha insinuado que disfruta con su trabajo.

    Y es curioso que, muchas de esas veces, era a cuenta de haber gastado parte de tu salario en comprar algún material, con lo que te pagaba la Administración Educativa/Domesticadora. Porque la modernización de los centros escolares siempre se hizo en buena parte a costa de los cuartos de una parte (más bien pequeña) del profesorado. Pero aquellas caras de alegría no tenían precio.

    En fin, que luego me decían que trabajaba para ellos (los políticos que mandan), porque no podían entender que mi trabajo iba dedicado a ELLOS (el alumnado).

    Está claro que no hay que ser griego clásico, para tener tu propia filosofía.

  • #008
    Chipiron - 6 noviembre 2023 - 13:20

    Ejemplo de «perk» extinguido: Los profesores de universidad publica tenian el privilegio de matricular gratuitamente a sus hijos en cualquier universidad publica. No se cuantos años hace, pero perdimow el «perk» correspondiente ya hace tiempo… Y sí, aunque la suma de dinero no es descomunal, era una buena ayuda en especie…

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