El Blog de Enrique Dans

La dudosa ética de hacer experimentos psicológicos con tus usuarios

Escrito a las 1:08 pm
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IMAGE: Slaven Devic - 123RFA través de una publicación en un journal científico, titulada Experimental evidence of massive-scale emotional contagion through social networks, hemos sabido que al menos un investigador del Core Data Scientist Team de Facebook, Adam D. I. Kramer, ha participado en un experimento que muchos considerarán aterrador: la manipulación del estado de ánimo de los usuarios de Facebook mediante el filtrado intencionado de las actualizaciones en su muro.

La situación es la siguiente: durante una semana en enero de 2012, un total de casi setecientos mil usuarios de Facebook fueron, sin mediar consentimiento alguno de su parte, sometidos a un experimento psicológico: las actualizaciones de sus amigos que aparecían en sus muros fueron intencionadamente filtradas para mostrar de manera mayoritaria estados en los que predominaban palabras o connotaciones positivas, mientras otro grupo lo fue con palabras o connotaciones fundamentalmente negativas. Al cabo de la semana, se evaluó hasta qué punto esos usuarios tenían una probabilidad más elevada de compartir actualizaciones con tonos respectivamente positivos o negativos.

El experimento es sencillo: comprobar el nivel de influencia que la información compartida en su entorno social virtual ejerce sobre el estado de ánimo. Tan sencillo como esto:

Emotional states can be transferred to others via emotional contagion, leading them to experience the same emotions as those around them (…) This research demonstrated that (i) emotional contagion occurs via text-based computer-mediated communication; (ii) contagion of psychological and physiological qualities has been suggested based on correlational data for social networks generally; and (iii) people’s emotional expressions on Facebook predict friends’ emotional expressions, even days later.

Pero indudablemente, y dicho por la propia editora de la revista que aprobó su publicación, resulta también profundamente inquietante. Jugar a programador de estados de ánimo, con personas. Setecientas mil personas manipuladas durante una semana para lograr que su estado de ánimo tuviese un componente más negativo o positivo. Algunos de los afectados podrían, posiblemente, ayudados por un calendario y por su propia timeline en Facebook, tratar de recordar aquella semana de enero de 2012, tratar de asociarla con otros eventos que tuvieron lugar en su vida personal, y pensar que, en efecto, estaban siendo condicionados por Facebook, que la red estaba tratando de influir en su estado de ánimo.

Algo que, por otro lado, nos permite imaginar infinitas posibilidades más: ¿por qué no generar artificialmente estados de ánimo de determinados tipos entre los usuarios para, por ejemplo, hacer que tengan una mayor propensión a adquirir productos o servicios, a contratar un seguro de vida, a irse de viaje? ¿Para cuándo un estudio que demuestre que si saturamos el muro de un usuario con actualizaciones sobre viajes de todos sus amigos, conseguimos que se vaya corriendo a contratar un viaje él mismo? Y ya que estamos, ¿le ponemos precio y lo comercializamos a las aerolíneas y cadenas de hoteles? ¿Por qué no generar estados de ánimo par tratar de influir en los resultados de unas elecciones? ¿Cómo puede afectar un estado de ánimo predominantemente positivo o negativo en los ciudadanos que se acercan a votar a un colegio electoral?

Con este experimento, Facebook cruza una línea roja que muchos, sin duda, van a considerar completamente inaceptable: la de la experimentación con sus propios usuarios. Todas las empresas que reciben datos de sus usuarios analizan esos datos, y habitualmente, además, dan difusión a muchos de sus hallazgos. Analizar datos producidos de manera espontánea o generados por un factor externo independiente es algo que a muy pocos va a molestar: que se pueda ver hasta qué punto ha influenciado lo compartido por los usuarios en una red una noticia buena o mala, o incluso cuestiones directas y personales. Si este experimento hubiese tenido lugar seleccionando usuarios que de manera natural estuviesen sometidos a una mayoría de actualizaciones positivas o negativas en su muro, no tendría personalmente ningún problema con él. Es el componente de manipulación, de filtrado voluntario, el que me incomoda profundamente, el que me lleva a ver a Facebook como un enorme manipulador, como la empresa que tiene una puerta de entrada a nuestro cerebro, que puede llegar a ser capaz de programarnos, de producir un efecto en nuestro estado de ánimo… y lo que es mucho peor, que no solo tiene esa facultad, sino que además va y la utiliza.

Tras una constatación así, Facebook merecería que todos sus usuarios le diesen la espalda. No es de recibo que por el simple hecho de utilizar una plataforma para compartir voluntariamente determinados aspectos de tu vida con tus amigos, te encuentres de repente y sin tu conocimiento sometido a un experimento manipulador de tu estado de ánimo. Es completamente inaceptable, y debería determinar no solo que toda la cadena de mando que aprobó este experimento fuese inmediatamente despedida, sino que se llevase a cabo una rigurosísima auditoría que tratase de determinar qué otros experimentos han sido realizados por la compañía, como quién audita a una especie de Dr. Mengele. Y si eso lo pienso yo, que en principio soy un científico inclinado a justificar la investigación y una persona que tiende a tener una opinión generalmente positiva sobre Facebook y sobre otras empresas que intentan plantear herramientas innovadoras, no quiero ni pensar cómo se sentirán todos aquellos que de manera natural tienden a tener una visión pesimista o escéptica.

El experimento de Facebook incide en esas percepciones: ahora, cualquier usuario de la red social tiene todo el derecho del mundo a imaginarse manipulado, a pensar que está participando en otro experimento, a verse como un conejillo de indias con su cerebro en manos de otro científico loco. Completamente inaceptable y gravísimo, independientemente de lo que diga la legalidad y los términos de servicio de la compañía. Quien haya autorizado o participado en esto, tiene un serio problema de valores. Y de ética.

 

ACTUALIZACIÓN: ya hay reacciones, desde una disculpa/justificación del autor del estudio en Facebook, hasta apoyos al concepto de A/B testing. Ninguna de ellas me convence por el momento. Sigo pensando que estuvo mal, y que no es en modo alguno justificable.

 

(This article is also available in English in my Medium page, “Facebook crosses the line into mind control territory“)

Realidad virtual, alternativas y ecosistemas

Escrito a las 7:04 pm
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Google Cardboard

Ayer tuve la oportunidad de probarme un visor de realidad virtual acoplado a un teléfono móvil construido por la empresa canaria vrAse, que ha conseguido financiar exitosamente su proyecto mediante Kickstarter y ha recibido varias críticas positivas al respecto, y la verdad es que la experiencia no pudo ser más positiva: casualmente, el primer clip que pude ver fue el mismo de la montaña rusa que había experimentado hacía unos pocos días en un equipo de Oculus VR, lo que me permitió una comparación muy directa entre ambas experiencias.

¿El resultado? Mi impresión fue que utilizar un smartphone con la pantalla dividida en dos para obtener una representación de realidad virtual inmersiva en un visor ofrecía un mejor resultado que la alternativa ofrecida por Oculus VR, que necesita estar conectada a un ordenador mediante un cable. Y no, la empresa canaria no era la única que estaba avanzando por el camino de la realidad virtual mediante el recurso al smartphone, pero lo que es indudable es que en el momento que muchos definieron como más WTF de la última Google I/O, la comparación entre las alternativas de usar un visor específico o un simple smartphone ha recibido un impacto significativo: la irrupción en el panorama de Google con un visor construido… con cartón.

En efecto, el visor de Google, que la compañía ha llamado no muy imaginativamente Google Cardboard, supone todo un puñetazo encima del tablero de la realidad virtual, que puede además suponer un enorme impulso para su desarrollo. Su presentación ha dado lugar a una caída brutal de las barreras de entrada al desarrollo: de repente, cualquiera puede hacerse con un kit de realidad virtual simplemente comprándolo por veinte euros o incluso recortándolo uno mismo.

¿Tiene sentido gastarse dos mil millones de dólares en adquirir una empresa que fabrica un set que puede ser razonablemente bien sustituido con un modelo de cartón? Obviamente, la pregunta, vista así, es enormemente simplista: la adquisición permite a Facebook situarse como uno de los competidores principales en el campo de la realidad virtual, con un equipo muy experimentado y valioso que pasa a tener muchos más recursos de todo tipo, y desarrollos que van mucho más allá de un simple casco de proyección. Pero sin duda, la llegada de Google pasa a minimizar la importancia del hardware como elemento limitante, y concentra el desarrollo en un software en el que, además, tiene una posición consolidada con desarrollos significativos y se ha encargado de abrirlo a cualquiera que lo quiera utilizar.

Resulta interesantísimo ver el impacto que en el escenario tecnológico de hoy en día puede llegar a tener un simple modelo de cartón…

 

(This article is also available in English in my Medium page, “Virtual reality, alternatives and ecosystems“)

 

Eres lo que compartes

Escrito a las 8:43 am
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Eres lo que compartes - Expansión (pdf)Mi columna de esta semana en el diario Expansión se titula “Eres lo que compartes” (pdf), y es un intento de explicar lo que subyace tras una actividad muy común ente los consumidores habituales de información en la red, pero que no resulta tan natural para quienes simplemente han trasladado sus hábitos desde el mundo analógico: compartir.

Compartir información es una actividad mucho más interesante y con más trasfondo de lo que parece. Mucho más que un simple gesto, supone una manera diferente de gestionar la información, en un entorno en el que precisamente gestionar la información de forma eficiente se ha convertido en un auténtico reto en sí mismo. Un acto sumamente simple, poco menos que instalar un botón en la barra del navegador y acostumbrarse a utilizarlo de manera rutinaria, pero con enormes posibilidades. En primer lugar, define el paso desde una implicación del usuario baja y unidireccional hasta una más elevada, más participativa, e intrínsecamente bidireccional. Pero además, marca una actitud: la de quien decide hacer un uso eficiente de la información, dado que el propio hábito de compartir suele implicar la creación de un repositorio ordenado al que se puede volver para recuperar lo compartido. En muchos casos, la motivación del compartir no está necesariamente en proporcionar una utilidad a los que se encuentran al otro lado de la pantalla, sino a uno mismo: los beneficios que surgen de una retroalimentación y de una gestión ordenada.

Pero más allá de este tipo de beneficios, existe uno más complejo: el hecho de que lo que compartimos, en muchos sentidos, nos define. Alguien que solo comparte noticias de una tendencia determinada, pasa a “heredar” esa tendencia en la consideración que quienes acceden a lo que comparte, a quedar de alguna manera “asociado” a ello. Alguien que de manera persistente comparte chistes, será percibido como un chistoso – o como un pesado, según su nivel de insistencia y la calidad de lo compartido.

Crear un repositorio para compartir información en redes sociales o en herramientas de gestión de información puede, en muchos casos, convertirse en una herramienta de marca personal, asociada a una persona en la que tendemos a pensar cuando evocamos determinadas cuestiones. En el fondo, una herramienta potente, muchas veces incomprendida y relacionada absurdamente con el llamado “postureo”, pero que puede ir mucho más allá.

A continuación, el texto completo de la columna:

 

Eres lo que compartes

Compartir es un fenómeno inherente a la vida en sociedad. Considerada una función primigenia asociada al desarrollo del lenguaje, compartir nos convierte en entidades activas en nuestro tratamiento de la información: no solo “nos encontramos con ella” pasivamente, sino que podemos decidir conscientemente circularla, o al menos, almacenarla para un eventual uso posterior.

Existen múltiples herramientas, con diferentes matices. Algunas permiten compartir “a gritos”, como reafirmación o como aporte directo a terceros. En Twitter, Facebook o LinkedIn, compartir con tus seguidores algo que has leído permite que estos te asocien a esa información, que le otorguen el valor de venir compartida por ti, que actúes a modo de filtro. Pero además, funciona como repositorio personal, para que puedas posteriormente recuperar ese enlace, frase, etc. con facilidad.

Siguiéndote, alguien podría hacerse a la idea de tus intereses en función de lo que tiendes a compartir. El llamado FOMO, Fear Of Missing Out, “miedo a perdértelo” o a “no estar enterado”, se convierte en incentivo para seguir a quienes comparten cosas que te interesan, porque además de la información, pasas a obtener algo más, una métrica de interés, de popularidad: reacciones, opiniones, criterio…

Pero hay otras herramientas: Pinterest, con su organización en tablones, Delicious, que lleva desde 2003 ayudando a usuarios a guardar y etiquetar lo que les interesa, pública o privadamente. O Evernote. Un simple botón en tu navegador, y tu uso de la red puede  tomar un componente infinitamente más útil.

Ponlo a prueba: algo tan simple como almacenar y compartir lo que te interesa puede convertirse en uno de los primeros pasos para entender y disfrutar el verdadero valor de la web social. Piénsalo, la idea es muy simple, pero muy potente: somos lo que compartimos.

 

(This article is also available in English in my Medium page, “You are what you share“)

… y Snowden cambió el mundo

Escrito a las 11:33 am
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IMAGE: Henrik Lehnerer - 123RFLa noticia es clara: forzados fundamentalmente por el cambio en el panorama internacional que han provocado las filtraciones de Edward Snowden, la administración Obama acepta restaurar el equilibro en las relaciones mediante la aprobación de un paquete legislativo que ofrecerá a los ciudadanos de la Unión Europea las mismas garantías y derechos sobre su privacidad que poseen los ciudadanos norteamericanos.

La idea de buscar protección para los derechos de los no-americanos emerge específicamente de las tensiones provocadas por las revelaciones de Snowden, que han generado un fuerte clima de tensión diplomática entre las autoridades norteamericanas y europeas. La insistencia de los Estados Unidos en señalar que sus leyes protegían a sus ciudadanos pero no a los ciudadanos extranjeros han sido una fuente de tensión que demandaba negociaciones desde hace más de tres años, pero la situación se precipitó y la exigencia de soluciones se convirtió en demanda inapelable hace un año.

Por el momento, se trata simplemente de un anuncio, de la expresión de una voluntad de cambio forzada por las circunstancias. Queda por ver de qué manera se expresa legislativamente y que tipo de interacción va a mantener con el marco regulatorio de la US Privacy Act, que a su vez se encuentra también sujeta a una fuerte polémica y presiones de cambio por su evidente debilidad. Pero en cualquier caso, que la recolección y el tratamiento de datos de ciudadanos europeos en los Estados Unidos pase al menos a tener protecciones comparables a las que tiene un ciudadano del país es una buena noticia.

Que un cambio como este provenga de las acciones de una sola persona da una idea de la importancia enorme que tiene proteger a las personas que, cumpliendo su verdadero deber, deciden luchar para cambiar las cosas a mejor, en ocasiones poniendo en riesgo su vida. Cualquiera que sea la manera en que lo queramos interpretar, Edward Snowden ha cambiado el mundo, y la situación a la que nos aboca la era post-Snowden es indudablemente más real, más consciente y más garantista en términos de protección – aunque realmente no fuera muy difícil mejorarla partiendo del nivel del que partíamos.

Una vez más: si este hombre no merece el premio Nobel de la Paz, no lo merece nadie. Como bien dice su nominación, “Edward Snowden ha contribuido a un orden mundial más estable y pacífico exponiendo las prácticas de espionaje de los Estados Unidos y forzando un nuevo debate sobre la seguridad y la privacidad”. La insistencia del gobierno de los Estados Unidos en considerarle un “traidor” choca cada vez más con la evidencia de una ciudadanía norteamericana que mayoritariamente lo apoya. La existencia de ciudadanos como Edward Snowden es una de las fuerzas más importantes que termina provocando que los países se hagan mejores. 

El anuncio del premio Nobel de la Paz tendrá lugar el próximo 10 de octubre.

 

(This article is also available in English in my Medium page, “… Snowden, the man who changed the world“)

Kickstarter busca su sitio

Escrito a las 8:43 am
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Funded with KickstarterKickstarter es uno de esos casos en los que la evolución de la idea original llegan a cuestionar su esencia y a generar auténticos problemas de identidad a su equipo fundador: creada en abril de 2009 por Perry Chen, Yancey Strickler y Charles Adler como una forma alternativa de buscar financiación para proyectos artísticos y creativos, la plataforma vio crecer rápidamente una variedad de proyectos diferentes, centrados en la innovación, la tecnología y la electrónica de consumo que, sencillamente no estaban incluidos en el modelo de partida.

Ese tipo de proyectos, sin embargo, resultaron enormemente exitosos: hablamos de un mundo, el de la tecnología y la electrónica de consumo, en el que las ideas fluyen de manera rápida y eficiente a través de todo un entramado hiperactivo de blogs y medios especializados al tiempo que reciben fácilmente atención de medios generalistas. Un entorno en el que ser referenciado en determinadas páginas asegura flujos de clics y de atención capaces de definir el ser o no ser de una idea. Con la llegada de ese tipo de proyectos a Kickstarter, se impuso la práctica en los blogs y páginas de tecnología de empezar a vigilar Kickstarter como si fuera una auténtica fuente de inspiración, una meca del diseño y las nuevas tendencias, rodeada además de un cierto “aura de provocación”, de “antes no se podría llevar a la práctica pero ahora, gracias al crowdfunding, funciona”. La propia existencia y el éxito de Kickstarter, que representaba un éxito sin precedentes y convertía a los proyectos en historias que resultaban agradecidas cuando se contaban, contribuyó en gran medida al desarrollo de una especie de “leyenda del crowdfunding“.

Kickstarter se convirtió en una especie de “sello de aprobación” para proyectos tecnológicos, de “este negocio funciona porque los usuarios lo han querido así”, una especie de “prueba del nueve” del emprendimiento. La realidad, en muchos casos, es que se trataba de un fenómeno provocado por la propia difusión que las páginas de tecnología otorgaban a los proyectos. El caso de Pebble, el smartwatch que aún a día de hoy marca el record de financiación en la página, resulta claro y evidente: cuando sus creadores, tras salir de la prestigiosa incubadora Y Combinator, acudieron al mercado de capital riesgo, la contestación unánime de los inversores fue “el hardware es muy duro”, y no consiguieron levantar capital. El intento de hacerlo en Kickstarter, sin embargo, se encontró con el apoyo y difusión unánime de todas las páginas de tecnología conocidas, lo que redundó en una visibilidad que elevó rápidamente el proyecto al Olimpo de las siete cifras.

¿Qué es Kickstarter a día de hoy? En muchos casos, una idea muy alejada de su original función de “simplemente” financiar proyectos. Un buen paso por Kickstarter puede, en muchos casos, representar el ser o no ser de la viabilidad de una empresa, en sentidos que van muchas veces más allá de lo puramente económico. No son pocos los proyectos que se presentan en la plataforma atraídos no tanto por el dinero que se pueda captar, sino por el valor que esta tiene como tienda, como estudio de mercado o como generador de feedback. En un número nada despreciable de casos, hablamos de emprendedores que podrían holgadamente poner el dinero necesario para lanzar su proyecto encima de la mesa, pero que ven que financiarse en Kickstarter puede aportar mucho a la esencia del proyecto (convertirlo en una idea “empujada” por aquellos que la apoyan) o, en muchos casos, a su visibilidad en páginas de tecnología. Muchos emprendedores, de hecho, se lanzan en la plataforma solicitando niveles de financiación ridículamente bajos que prácticamente aseguren que el proyecto alcanza el umbral necesario para considerarse exitoso, aunque en realidad, lo que esperaban no era ese dinero, sino la explosión de publicidad que en ocasiones acompaña su paso por la plataforma. Una práctica que, por otro lado, minimiza el riesgo de pasar por Kickstarter con etiqueta de “no lo consiguió”.

El uso de Kickstarter como canal de distribución, como auténtica tienda capaz de generar un tráfico muy superior al que se obtendría en caso de abrir una página independiente, fue censurado por la propia dirección de la compañía en septiembre de 2012, pero las evidencias apuntan claramente a que este tipo de uso ha seguido teniendo lugar de manera muy generalizada: para muchos, Kickstarter no es más que una galería comercial incomparablemente más transitada que una página web propia, en la que abrir un escaparate a cambio de una módica comisión.

Este tipo de usos  convierte a Kickstarter no tanto en una plataforma de financiación colectiva como en una especie de “centro de investigación de mercado” o incluso prácticamente en una “agencia artística”, aportes que indudablemente pueden hacer mucho por el desarrollo de un proyecto, pero que no tienen nada que ver con la idea original. La gran pregunta, purismos aparte, es hasta qué punto esta característica es algo negativo. En muchos sentidos, los fundadores de Kickstarter se encuentran ahora con que su idea original se ha desvirtuado, pero que su contribución al ecosistema innovador y emprendedor es, si cabe, muy superior bajo su nuevo pelaje. Los emprendedores han tomado la plataforma de Kickstarter poco menos que por asalto y la han redefinido para darle la esencia que ellos necesitaban que tuviese. Han reinventado Kickstarter a partir de la idea original, y lo han hecho, aparentemente, de una manera razonablemente sostenible. ¿Sería razonable, a estas alturas, restringir este tipo de usos para tratar de salvaguardar la esencia que el proyecto tuvo en sus orígenes? En el fondo, las ideas tienden a evolucionar, en muchos casos, como sus usuarios quieren que evolucionen, y esa es, precisamente, una de las características fundamentales de la economía participativa o colaborativa que constituye la base sobre la que se apoya Kickstarter…

Por otro lado, el cambio de naturaleza Kickstarter también deben cambiar los factores críticos de éxito que los emprendedores manejan a la hora de dirigirse a una plataforma como esta. Si eres emprendedor y te planteas acudir a un mecanismo de crowdfunding, no te quedes en la idea original: apunta a – y trata de maximizar –  todos los posibles beneficios que una plataforma así podría ofrecerte en términos de publicidad, visibilidad, prospección de mercado, feedback de usuarios y canal de gestión de pedidos. En muchos casos, esos beneficios supuestamente colaterales pueden llegar a exceder la magnitud que tenía la mera obtención de recursos que se planteó en su momento como mecanismo original.

 

(This article is also available in English in my Medium page, “Just what is Kickstarter for, anyway?” 

Sentando las bases del hogar inteligente

Escrito a las 1:56 pm
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IMAGE: Lucadp - 123RFEl hogar inteligente, o smart home, es un tema del que se lleva hablando muchísimo tiempo. Cerraduras sin llave, calefacciones y aires acondicionados que aprenden de nuestros hábitos y mantienen una temperatura ideal para el confort, luces que se encienden, regulan y apagan de maneras comodísimas y centralizadas, consolas y mandos a distancia verdaderamente universales, detectores de monóxido de carbono… toda una promesa apetecible para los tecnófilos que, como es habitual en la mayoría de los desarrollos tecnológicos, avanzaba de manera irregular, pieza a pieza, sin una dirección clara. Un complejo entorno de protocolos, fabricantes e integradores que terminaba por generar una realidad que solo estaba al alcance del que tenía o bien mucho dinero, o mucha voluntad, o mucha habilidad, o las tres cosas a la vez.

El panorama empieza a clarificarse ahora, cuando asistimos a la toma de posiciones de los grandes: en su última WWDC, Apple presentó Homekit, un intento de convertir el iPhone en una especie de hub en el que se concentra toda la información y los controles de todo aquello relacionado con el hogar inteligente, con la misma filosofía que proponen con HealthKit para centralizar la información de todos los dispositivos que controlan nuestra salud.

Tan solo dos semanas después, para algunos como reacción al anuncio de Apple, Google ha presentado su alternativa para el hogar inteligente como anticipo a su conferencia de desarrolladores, el Google I/O, y lo ha hecho utilizando la recién adquirida Nest, que se establece como punto central de la arquitectura. En realidad, ambos sistemas se basan en el desarrollo de una API abierta en la que otros fabricantes integran sus dispositivos: en el caso de Nest, se anticipan colaboraciones con empresas como Mercedes Benz, Whirlpool, Jawbone, LIFX y sus bombillas inteligentes, las puertas de garaje automáticas de Chamberlain, los mandos a distancia de Harmony, el gestor de reglas condicionales IFTTT (If This Then That) o las recién adquiridas cámaras de Dropcam, todo ello agrupado bajo una certificación de Works with Nest y gestionado mediante la capa de interacción con el usuario que proporciona Google Now. Ideas como que tu sistema de calefacción o aire acondicionado reaccionen cuando tu automóvil inicia el camino a casa, que las bombillas parpadeen en color rojo si se detecta una elevación en el nivel de monóxido de carbono, o que las condiciones de la casa cambien cuando el usuario se acuesta o se levanta de la cama según indica su brazalete de Jawbone.

Sin duda, uno de los escenarios que sedujeron a Nest Labs a la hora de poner en valor la adquisición por parte de Google. En el aire, por supuesto, la gestión de toda la información generada por las acciones del usuario: ¿qué valor puede tener saber exactamente cuando un usuario se acuesta o se levanta, llega o sale de casa, ilumina las habitaciones, gestiona la temperatura, y todo lo que se nos pueda ocurrir a medida que más y más fabricantes conectan sus dispositivos a esta red? ¿Qué hay que poner encima de la mesa, además de simple comodidad, para que los usuarios nos encontremos cómodos compartiendo esa información? ¿A qué escenarios nos lleva algo así?

 

(This article is also available in English in my Medium page, “Laying the foundation for the smart home“)

No (solo) es una cuestión de precio

Escrito a las 2:53 pm
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Juan Gómez Jurado (@JuanGomezJurado) status update #481030386722820096 - TwitterMe llama la atención un tweet de Juan Gómez-Jurado, sin duda uno de los escritores más activos en Twitter y más participativos en la discusión sobre el futuro de la industria editorial, en el que comenta su satisfacción por un mensaje que ha recibido de un chico de diecinueve años en el que le dice que ha comprado su libro, que es el primer libro electrónico por el que paga pudiendo haberlo obtenido gratis, y que el mérito es fundamentalmente suyo.

El contexto es claro: algunas de las grandes editoriales españolas están siendo enormemente activas en el lobbying al gobierno reclamando leyes más duras para perseguir las descargas de libros a través de la red, cuando resulta ya completamente evidente desde hace años que el problema de las descargas es, sencillamente, una cuestión de oferta disponible. Quien quiera reducir la incidencia de las descargas tiene clarísimo lo que tiene que hacer: rebajar los precios hasta adaptarlos a las estructuras de costes del entorno electrónico, y sobre todo, cuidar la relación con el cliente.

El mensaje que el joven de 19 años envía a Juan Gómez-Jurado es clarísimo: estoy dispuesto a pagar un precio razonable, me interesa invertir en que un creador tenga incentivos para seguir creando, no soy un descerebrado que lo quiere “todo gratis”. La dialéctica que nos pretenden vender en la que nos hablan de usuarios irresponsables es y siempre ha sido falsa, solo lleva al enfrentamiento absurdo y a situaciones insostenibles. Como cliente, no voy a contribuir al sostenimiento de una industria que no solo pretende sostener márgenes irracionalmente elevados y estructuras de costes absurdas, sino que además se dedica a insultarme y a reclamar medidas más duras para perseguirme.

Cuando bajamos al nivel del autor, las cosas se vuelven mucho más sencillas. Los autores que invierten en recursos y comunicación para acercar sus obras a sus usuarios a precios razonables y con la actitud adecuada terminan por obtener condiciones de sostenibilidad de su negocio mucho mejores, aunque ello tenga que suponer, en muchos casos, renunciar a los canales tradicionales.

No, la discusión no se limita al precio. Por supuesto, un ebook a diez u once euros es tan patéticamente insostenible como una canción a un euro: precios calculados en función de la estructura de márgenes que la industria tenía el siglo pasado, antes de que apareciese internet, y no supone más que una invitación a obtener el producto a través de otros canales. Pero además de un precio razonable, es precisa una actitud enfocada a la sostenibilidad, al diálogo, a la transparencia, nunca al insulto, al victimismo ni a la persecución. Nada que no hayamos comentado anteriormente en unos cuantos cientos de ocasiones.

Con el precio y las actitudes adecuadas, con la muy necesaria “limpieza étnica” de toda una generación de directivos patéticamente equivocados, es posible que se pueda aspirar a reconstruir la muy dañada relación entre clientes e industria. Pero aun así, seguiremos viendo descargas, porque son inherentes a la naturaleza del mundo en que vivimos: dado un interés suficiente, siempre habrá formas de acceder gratuitamente a un conjunto de bits. Otra cosa es que la industria se enfoque a disminuir el incentivo para obtener esos bits gratis en lugar de recurrir a su canal, y que finalmente, las descargas irregulares se conviertan en un canal marginal, limitado en su impacto, y que acoge únicamente a aquellos que en modo alguno iban a ser clientes de la industria – y que, con la descarga, al menos se convertirán en parte del fenómeno de difusión de la obra. No, se pongan como se pongan, insulten lo que insulten y legislen lo que legislen, descargar una obra gratuitamente nunca será imposible, como nunca lo fue obtenerla antes de que existiese la red. Pero sí puede que, dadas las opciones ofrecidas por la industria, llegue a resultar marginalmente absurdo.

 

This article is also available in English in my Medium page, “It’s not (just) about price

La verdadera disrupción no ha empezado aún

Escrito a las 1:07 pm
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IMAGE: Helder Almeida - 123RFTres artículos recientes en TechCrunch, en Frankfurter Allgemeine  y en El Mundo, hacen referencia a una realidad que se acerca cada vez más: la llegada de la disrupción a la industria financiera, tanto a la banca como al sector asegurador. Recientemente participé en una jornada sobre la importancia de la analítica en esta industria organizada por Atos, y la inminente aparición de propuestas disruptivas procedentes del mundo de la tecnología fue una de las constantes en la conversación.

La entrada de empresas como Google, Facebook, Apple o Amazon en la industria financiera es simplemente una cuestión de tiempo – y cada vez de menos tiempo. Hablamos de empresas que han hecho de la gestión eficiente de la información del cliente su principal ventaja competitiva, y de una industria en la que precisamente esa gestión supone uno de los activos más importantes. Tras las vagas amenazas del tipo “que viene el lobo” en la industria financiera a día de hoy, subyace una gran verdad: cualquiera de las grandes empresas del mundo de la red haría mucho mejor trabajo a la hora de calcular riesgos, de inspirar confianza, de proporcionar conveniencia, facilidad de uso o relación con el cliente que prácticamente cualquiera de los líderes actuales de la industria.

Hace ya bastantes años que los productos financieros, seguros de diversos tipos, préstamos, hipotecas, etc. se convirtieron en el principal componente de la dieta alimenticia de la publicidad en la red. La aparición de comparadores y el uso cada vez más amplio de publicidad online tanto en su vertiente display como en performance dejan claro que la red es el habitat natural para la toma de decisiones de compra de muchos de estos productos y que existen importantes márgenes que pueden ser capitalizados en esta industria, algo que claramente ha llamado la atención de los gigantes de este entorno.

Mientras, el fortísimo conservadurismo de los competidores tradicionales está posibilitando que la brecha de percepción para los usuarios crezca de manera cada vez más evidente. Sí, todavía ingresamos nuestra nómina en un banco, vamos a un banco a pedir una hipoteca, y aseguramos nuestro automóvil, nuestro hogar y nuestra vida con aseguradoras tradicionales, pero eso no impide que cada vez seamos más conscientes de lo torpes que son esas empresas a la hora de gestionar su relación con nosotros, y de hasta qué punto estaríamos mejor servidos con empresas que nos conociesen mejor. La evidencia de que estas empresas gestionan procesos anticuados de maneras muy poco eficientes y basados en la mayor parte de los casos en sistemas legacy con muy escasa flexibilidad escapa a muy pocos, como tampoco lo hace el elevado nivel de conservadurismo en la mayoría de sus cuadros directivos.

El porcentaje de usuarios que verían con buenos ojos una oferta de productos financieros procedentes de empresas nativas digitales a las que ya, de una u otra manera, confían la gestión de sus datos crece de forma persistente, como lo hace el creciente coqueteo de estas empresas con los productos de esa industria. Si la llegada de la disrupción a industrias como los contenidos o el transporte fue dura, espera a que llegue al mundo financiero…

 

(This article is also available in English in my Medium page, “Disruption? You ain’t seen nothing yet“)

Twitter: editorializando el pulso del planeta

Escrito a las 1:42 pm
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Twitter World CupAyer, un poco antes de las diez de la noche, abrí Twitter en mi smartphone como hago en infinidad de ocasiones a lo largo del día.

En la pantalla, además de las secciones habituales, una llamativa banda superior hacía referencia al partido de fútbol que se estaba jugando en ese momento en el mundial de Brasil, Suiza contra Francia, con las banderas de ambos países claramente visibles. Un simple clic me llevó a la pantalla cuya captura aparece ilustrando esta entrada: una cabecera inequívocamente futbolera, el resultado del partido en tiempo real, y una recopilación de los tweets publicados en ese momento referentes al partido divididos entre tweets, fotos y personas.

Por supuesto, hace ya unos cuantos años que estoy acostumbrado a seguir el pulso informativo a través de Twitter, pero ese nivel de editorialización me sorprendió. El mundial de fútbol de Brasil está indudablemente convirtiéndose en uno de los laboratorios de pruebas más importantes para los medios sociales de todo tipo, y Twitter había anunciado ya un cierto número de pruebas en ese sentido que incluían hashtags especiales con la bandera de los países participantes, rankings de popularidad, cuentas oficiales, etc. Pero adaptar una búsqueda determinada para suministrar un resultado en tiempo real va un poco más allá: supone destinar un editor a seguir el evento en cuestión y proporcionar información que sirva para seguirlo, algo que hasta el momento no había visto hacer a Twitter de una manera tan directa.

Que Twitter se ha convertido en el pulso del planeta es algo que ya muy pocos dudan: el 23 de abril del años pasado, un simple tweet emitido por la Syrian Electronic Army a través de la cuenta hackeada de Associated Press logró que el Dow Jones perdiese 145 puntos durante dos minutos.

Twitter está trabajando mucho el marketing relacionado con los eventos y las grandes citas que congregan la atención de millones de personas. Los Billboard Music Awards, la final de la NBA, la final de Roland Garros, la Stanley Cup… Para la empresa, este tipo de acontecimientos suponen una manera de poner audiencias multitudinarias a disposición de los anunciantes, en un mercado de la atención que tradicionalmente se encontraba dividido en función de derechos de emisión con ventanas geográficas, pero que Twitter es capaz de ofrecer en un solo timeline para todo el mundo. En muchos sentidos, Twitter se convierte en la agencia de noticias con más corresponsales desplegados de todo del mundo, atenta a todo lo que se dice y lo que está sucediendo en el evento, de todo aquello que genera atención.

Cada vez más, las marcas se organizan en auténticas war rooms, en centros con infinidad de pantallas en los que, por un lado, observan las analíticas de Twitter, los tweets y las tendencias que están generando más atención en cada momento, y, por otro, agrupan creativos y responsables de asesoría jurídica para lanzar y patrocinar en cada momento mensajes que conecten esas audiencias multitudinarias con su marca. A medida que Twitter añade herramientas de seguimiento y editorialización, las oportunidades para asociar ese contenido con formatos de publicidad especializados se incrementan, y se asocian además a un formato de publicidad no especialmente intrusivo ni molesto, a unos mensajes que forman parte inseparable del contexto que les rodea. Un tweet ocurrente que vincule a una marca con algo específico que está teniendo lugar en el evento o con uno de sus protagonistas puede alcanzar de manera viral audiencias millonarias y conectar con miles de followers, además de ofrecer una brillante imagen de frescura para la compañía.

Para Twitter, la editorialización progresiva supone una forma inteligente de intentar capitalizar su posición de punto central de consulta para el “qué está pasando”: enterarse de las cosas ya no solo depende del hecho de seguir las cuentas adecuadas, sino que pasa a ser dependiente del simple hecho de estar en Twitter, sin ni siquiera tener que auditar unos trending topics que, en muchos casos, han dejado de medir la popularidad real de las cosas y únicamente evalúan la capacidad de organización de grupos interesados en un tema concreto. Si Twitter es capaz de convertirse en el one-stop shop para las marcas interesadas en el marketing coyuntural asociado a eventos, habrá conseguido sin duda conquistar un nicho muy interesante. Y para muchos de sus usuarios, que empiezan a ver que seguir un evento sin tener Twitter abierto no es lo mismo, un interesante servicio de valor añadido y un cambio en la percepción del servicio que proporcionan.

 

(This article is also available in English in my Medium page, “Twitter: broadcasting the pulse of the planet“)

Hablando de compras tecnológicas, en El Mundo

Escrito a las 2:40 pm
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El mundo físico vuelve a estar de moda - El Mundo (pdf)María Climent, de El Mundo, me llamó por teléfono hace un par de días para hablar sobre operaciones de adquisición en el mundo tecnológico, intentando buscar explicaciones a los elevados precios que han alcanzado recientemente y a la fuerte preponderancia que parecen estar marcando algunas empresas del mundo del hardware como Nest, Oculus VR o Beats, y hoy ha publicado algunas de mis impresiones bajo el título “El mundo físico vuelve a estar de moda” (pdf)

Hablamos sobre los criterios de valoración de algunas de las últimas operaciones: cuánto vale un usuario, cómo puede valorarse una compañía que ni siquiera ha comenzado a elaborar un modelo de negocio como tal, el aporte de sinergias que puede incorporar la parte compradora para poner en valor a la parte adquirida, el valor de un equipo en planteamientos de tipo acqui-hire, etc.

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