El Blog de Enrique Dans

La privacidad como derecho fundamental

Escrito a las 11:54 am
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Tim CookEn la segunda parte de una entrevista exclusiva a The Telegraph (primera parte aquí), titulada Apple boss: we have a human right to privacyTim Cook deja claras sus convicciones sobre la importancia de la privacidad y el balance entre privacidad y seguridad, en unas declaraciones que merecen ser extractadas y destacadas:

None of us should accept that the government or a company or anybody should have access to all of our private information. This is a basic human right. We all have a right to privacy. We shouldn’t give it up. We shouldn’t give in to scare-mongering or to people who fundamentally don’t understand the details. 

(…)

History has taught us that privacy breaches have resulted in very dire consequences. You don’t have to look back too far or be a historian to see these things. They are readily apparent.

(…)

Terrorists will encrypt. They know what to do. If we don’t encrypt, the people we affect by cracking down on privacy are the good people. They are the 99.999pc of people who are good.”

 

En traducción libre:

Nadie debe aceptar que el gobierno, o una empresa, o nadie deba tener acceso a toda su información privada. La privacidad es un derecho humano básico. Todos tenemos derecho a la privacidad. No debemos renunciar a ella. No debemos ceder al alarmismo o a personas incapaces de entender los detalles.

(…)

La historia nos ha enseñado que las violaciones de la privacidad han generado consecuencias muy graves. No hace falta echar la vista muy atrás o ser un historiador para verlo. Es claramente evidente.

(…)

Los terroristas va a cifrar su información. Ellos saben lo que tienen que hacer. Si no usamos cifrado, los afectados por esa eliminación de la privacidad son las buenas personas, ese 99.999% de personas que son buenas.”

 

Creo que es, decididamente, una opinión a destacar. No es la opinión de cualquiera: hablamos del CEO de la empresa más grande del mundo, cuyo valor en bolsa duplica el de la siguiente, y que además no habla de esto por casualidad: fabrica y comercializa productos que tienen un amplio impacto potencial precisamente sobre los temas a los que se refiere, tanto en uso directo como en creación de tendencias. Cuando Apple toma una decisión como la de implantar un cifrado fuerte en sus productos, cuando de repente resulta que un gobierno se encuentra con que no puede perseguir un delito porque los presuntos delincuentes se comunicaron utilizando un producto de Apple que la compañía ni siquiera tiene la posibilidad de descifrar, la reacción no puede ser “Apple colabora con el crimen”, sino “que ese producto no garantizase la privacidad no sería bueno en ningún caso”, o “los efectos negativos superarían en mucho a los posible efectos positivos”. Por un lado, porque si no lo ofreciese Apple, lo ofrecería otro: la disponibilidad de herramientas de comunicaciones con cifrado fuerte, a lo largo del tiempo, no puede hacer otra cosa más que incrementarse. Y segundo, porque nada bueno puede salir del hecho de ofrecer herramientas con puertas traseras para que alguien entre a vigilar lo que decimos en ellas.

A este tipo de ideas se contraponen las de gobiernos empeñados en una cruzada por espiarlo todo y por vendérnoslo como una supuesta – y completamente falsa – garantía de seguridad. Gobiernos que ven la información de los ciudadanos como una manera de ejercer control social, en cualquiera de sus niveles. Al menos, tratemos de que a estas ideas, a esa naturaleza de la privacidad como derecho fundamental, no se oponga también una noción equivocada de nuestro propio sentido común: no importa de dónde vengan esos conceptos, da exactamente lo mismo cómo llegaron a asentarse como ideas en tu cabeza, pero si en algún momento piensas cosas como “no tengo nada que temer porque no tengo nada que ocultar”, “total, esto solo lo uso para decir tonterías a mis amigos” o “prefiero que incrementen la vigilancia si a cambio atrapan a los terroristas”, descártalas inmediatamente. No es cierto: todo lo que no sea preservar la naturaleza de la privacidad como derecho fundamental es una equivocación. Son ideas erróneas. Y peligrosas.

 

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Ni azul y negro, ni blanco y dorado: es color verde. El verde del dinero…

Escrito a las 11:56 am
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TheDress original Tumblr post

Una chica hace una fotografía de un vestido en una boda, y genera – sin quererlo ni saberlo – un efecto óptico que hace que, en función de diversas variables, la combinación de colores del vestido se vea o se crea ver de una u otra manera. Se da cuenta del efecto tras enseñar su fotografía a algunos amigos, y la publica en su Tumblr. Una periodista de BuzzFeed, Cates Holderness, llega a esa entrada en Tumblr, se sorprende con el efecto, y decide dedicarle una página en su publicación, titulada simplemente What colors are this dress?. A partir de aquí, el resto es historia.

Historia que tiene como punto culminante un pico de tráfico de más de 670.000 usuarios simultáneos viendo el artículo en la página de BuzzFeed, varios trending topics mundiales en Twitter asociados con el tema, y discusiones en todas partes, desde bares, hasta aulas de escuelas de negocios e incluso informativos de televisión, sobre los colores del vestido. Pero lo importante en ese momento ya no son los colores del vestido. Lo importante ya es otra cosa: la capacidad de convertir un contenido aparentemente anodino – una simple fotografía de un vestido subida a una página personal – en un fenómeno mundial. Antes del desarrollo y popularización de la web, esta fotografía, si alguien se hubiese dado cuenta de sus curiosas propiedades, se habría limitado a ser comentada en el círculo próximo de quien la tomó. Pero ahora, hablamos de otra cosa completamente distinta. En disputa, las grandes preguntas: ¿de quién es el mérito? ¿Es algo repetible? ¿Tiene BuzzFeed, que se congratula hasta el infinito por su hazaña, una varita mágica que convierte en oro todo lo que toca, una especie de “llave de la cultura web”?

Lo que BuzzFeed afirma es que ha encontrado el santo grial que convierte un contenido en viral. Que el mérito del fenómeno fue el artículo de Cates Holderness, que sacó a la luz algo que no habría circulado mucho más allá de los escasos seguidores del Tumblr original de la autora de la foto. Que su publicación, por tanto, es clave en la construcción de eso que se ha dado en llamar viralidad, y que prácticamente basta con entregarle tu contenido – a cambio de la comisión correspondiente – para que alcance esa condición dorada, ese Olimpo de la viralidad.

Precisamente eso es lo que empresas como Facebook pretenden ofrecer a los creadores de contenido: entréganos tu contenido, y lo haremos viral. Multiplicaremos sus opciones de visualización, lo expondremos a las personas adecuadas, y conseguiremos que circule como tú nunca podrías haberlo hecho circular. Si quieres viralidad, somos la red que te la consigue, o que tiene las llaves para vendértela. Ahora, con el ya famoso vestido, BuzzFeed pretende demostrar que ellos también juegan: que pueden hacer olas, incluso con un contenido que no han creado, que simplemente tuvieron la suerte de encontrarse por ahí.

¿Tiene dueño la viralidad? ¿Son los fenómenos de la cultura web algo que puede ser comercializado y prefabricado, ofrecido al mejor postor? ¿Podría haberse obtenido un resultado similar si la fotografía del vestido hubiese sido simplemente reproducida por cualquier otra publicación diferente de BuzzFeed? ¿Está el mérito en el contenido, en quién lo saca a la luz, o parcialmente en ambos? Si BuzzFeed consigue difundir la idea de que el éxito de difusión y los más de cuarenta millones de visualizaciones se deben a su artículo, estarán en una posición perfecta para pretender que el fenómeno es replicable, y que además, puede ser vendido a quienes quieran pagar por él. Si, por el contrario, se debe simplemente a alguna característica del contenido obtenida por pura casualidad y que cualquiera podría haber hecho circular variando únicamente la velocidad de su difusión, entonces BuzzFeed – o Facebook – no tienen realmente nada más que la capacidad de hacer circular contenido, segmentarlo adecuadamente, y esperar a que, el algunas ocasiones, suene la flauta – una flauta que puede sonar en cualquier sitio.

Mientras se dilucida la capacidad de unos y otros para provocar, generar y vender la viralidad, el vestido solo tiene un color. Es verde. Verde dólar.

 

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El debate sobre la enseñanza de la caligrafía, en Euronews

Escrito a las 10:04 am
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Desde Euronews me pidieron que respondiese en español a algunas preguntas para su sección Learning World sobre la decisión finlandesa de restringir la dedicación de los niños al aprendizaje de la caligrafía para privilegiar más la enseñanza del teclado (de la que hemos hablado anteriormente), y lo han integrado en un reportaje de diez minutos, titulado A sign of the times: why some schools are erasing cursive writing, en el que aportan opiniones de profesores finlandeses, y contraponen mi opinión a la de la profesora canadiense Isabelle Montésinos-Gelet.

Calligraphy guideMi intento fue el de explicar que estamos, en general, tratando de justificar decisiones de hoy apoyadas en un escenario de futuro que, si bien está próximo, no está aquí aún, y ese es precisamente el motivo por el que a algunos les parecen extravagantes o criticables. Cuando el escenario se complete con un curriculum educativo mucho más adaptado al entorno, muchas de esas críticas sobre “la terrible carencia que supone no enseñar la caligrafía para el desarrollo de la psicomotricidad fina” resultarán tan poco creíbles como aquella de “el ferrocarril, con su velocidad excesiva, provocará muertes muy dolorosas en los viajeros debido al desplazamiento interno de los órganos del cuerpo”. No, ni la caligrafía es una capacidad “natural” (es fruto de un escenario tecnológico determinado y de sus limitaciones) ni poner menos foco en ella para dedicarlo al aprendizaje de otras cuestiones resultará en ningún tipo de pérdida irrecuperable. O al menos, igual de “irrecuperable” como lo fue el dejar de aprender a escribir con plumilla, tinta y secante. Las habilidades que desarrollamos en la enseñanza tienen que cambiar para adaptarse a los escenarios tecnológicos en que vivimos.

El reportaje está disponible también en alemán, árabe, españolfrancés, griego, húngaro, italiano, persaportugués, ruso, ucraniano y turco.

La neutralidad de la red como escenario de futuro

Escrito a las 1:52 pm
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Net neutrality FTWFinalmente, se impuso la voluntad y el interés de los ciudadanos: ayer, la Federal Communications Commission (FCC) aprobó el paso de los servicios de telecomunicaciones de banda ancha a través de internet como servicios de telecomunicaciones o public utilities, lo que conlleva que sus proveedores tendrán la consideración de common carriers. En la práctica, esto implica que las empresas de telecomunicaciones tendrán completamente prohibido el bloqueo o ralentización de determinados servicios para dar prioridad a otros a cambio de un pago, la principal cuestión en debate – que no la única – que provocó la discusión en torno a la neutralidad de la red.

La dimensión de la decisión tomada ayer es histórica. He escrito en infinidad de ocasiones sobre la neutralidad de la red e incluso colaboré en la presentación de una moción para tratar de garantizarla por ley en el Senado español, y el escenario que comenzó a definirse con la decisión de la FCC de ayer es el mejor que se podía esperar. Es claro, rotundo, inequívoco, y realmente pone las cosas en su sitio con respecto a lo que los proveedores de telecomunicaciones podrán llevar a cabo tanto en redes fijas como móviles. Para entender la magnitud de la decisión de ayer, lo mejor es leer las reacciones de los actores implicados hoy, incluido el análisis de Tim Wu, inventor del propio término “network neutrality”.

El resultado de la votación de ayer supone un enorme triunfo del activismo y la participación ciudadana frente a la presión del lobby de las empresas de telecomunicaciones. La neutralidad de la red fue una de las primeras promesas de Barack Obama en la primera de sus campañas en 2008, pero a lo largo de la primera y segunda legislatura, la presión de los lobbies y el fracaso del primer intento de consagrarla por ley llevado a cabo por Julius Genachowski desde la FCC llevó primero a una inacción en este sentido, y después al nombramiento de un ex-lobbista de la industria del cable y las telecomunicaciones, Tom Wheeler, como responsable de la FCC, lo que llevaba a presagiar lo peor. De hecho, los primeros movimientos de Wheeler en este sentido representaban auténticamente el mejor escenario para las empresas de telecomunicaciones. Ha sido el activismo popular, expresado a través de infinidad de campañas, publicaciones, llamadas, cartas, manifestaciones y presión en todos los sentidos lo que llevó a Obama a reforzar su postura en defensa de la neutralidad de la red y, finalmente, a esta votación. La FCC es una agencia independiente, pero contrariamente a lo que ocurre en “democracias simuladas” como España en las que los supuestos representantes de los ciudadanos pueden hacer lo que les dé la gana, la toma de decisiones frontalmente en contra del criterio de los ciudadanos supone un verdadero problema en los Estados Unidos. Sobrepasado un umbral determinado, la FCC no podía dejar de escuchar la voz de los ciudadanos y de los académicos expertos. Y sencillamente, ha hecho eso: escuchar la voz de los ciudadanos.

La mejor prueba de lo positivo de la decisión es la furiosa reacción de una empresa de telecomunicaciones como Verizon, que amenaza con demandar a la FCC y comunicó una respuesta en código Morse. No, Verizon, no se trata de regulaciones anticuadas: se trata de defender a los ciudadanos de la infinita codicia de empresas como la vuestra, que pretenden convertir internet en una nueva versión de la televisión por cable, donde solo pueden emitir aquellos que llegan con vosotros a un acuerdo económico para evitar que ralenticéis su tráfico. Las amenazas de la industria de detener sus inversiones en banda ancha me preocupan más bien poco: si los actuales competidores se enrocan y se niegan a invertir en fibra, ya llegarán otros y lo harán en su lugar, sencillamente porque en este entorno, el dinero no permanece mucho tiempo encima de la mesa sin que alguien llegue y haga una oferta para llevárselo. De hecho, en otra de las decisiones importantes tomadas ayer por la FCC, los ayuntamientos obtienen la posibilidad de llevar a cabo sus propias inversiones para dotar de banda ancha a sus ciudadanos, lo que supone la derogación de las leyes que anteriormente protegían a los proveedores de acceso. La tendencia en los Estados Unidos es clara: en un número creciente de ciudades, la mejor oferta de banda ancha no llega a través de una empresa de telecomunicaciones tradicional, sino mediante empresas como Google y similares. Si las empresas de telecomunicaciones no quieren moverse, otros lo harán.

No todo está conseguido. En Estados Unidos, falta la votación en el Congreso, donde muchos de los congresistas republicanos untados por los lobbies correspondientes aún tienen el atrevimiento de prometer dura lucha, de nuevo en contra de los intereses de aquellos que les votaron. El activismo norteamericano deberá seguir encima de los ataques que esos estómagos agradecidos pretendan hacer en el Congreso, y vigilando los agujeros que puedan surgir en las provisiones de la FCC. Es momento de pensar en los próximos pasos. Pero más que nunca, ahora es el momento de trasladar las garantías de protección de la neutralidad de la red al resto del mundo: en Europa, la propuesta de legislación del mercado único de las telecomunicaciones puede representar un paso importante, pero aún requiere de la debida vigilancia sobre los políticos que pretenden suavizar – o mejor, desnaturalizar – las reglas. Y en el resto del mundo, otros países están luchando sus propias batallas en este sentido: el triunfo en los Estados Unidos va a suponer, sin duda, un fuerte estímulo en la dirección correcta. Pero hay que seguir ahí: escribiendo, hablando, reclamando y poniendo las cosas en su sitio.

Por otro lado, la protección por ley de la neutralidad de la red no terminará con el abuso de algunas empresas de telecomunicaciones: zombie cookies para registrar tus hábitos de navegación (comprueba si tu operador las utiliza accediendo a esta página desde tu móvil con la WiFi apagada y cuando estés en red 3G o 4G, es posible que te sorprendas) y otras jugadas contra las que habrá que seguir posicionándose. Internet se ha convertido en algo demasiado importante como para dejarlo en manos de unas empresas de telecomunicaciones que han probado ya en demasiadas ocasiones su codicia e irresponsabilidad. Internet es la nueva política.

 

ACTUALIZACIÓN: Entrada citada en el artículo de El Periódico titulado “Neutralidad de la red en EEUU como vía para ganar competitividad” (pdf)

 

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Entrevista en No sólo CINE

Escrito a las 10:07 am
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Nueva entrevista a Enrique Dans: celebrando el 12º aniversario de enriquedans.com - No sólo CINEJosé López Pérez me entrevistó en su página, No sólo CINE, al hilo del duodécimo aniversario de esta página, y lo ha titulado “Nueva entrevista a Enrique Dans: celebrando el 12º aniversario de enriquedans.com“.

Hablamos sobre los inicios, la génesis de la primera versión de la página y de las primeras dos entradas, la evolución desde mi página anterior, la que tenía de profesor en IE Business School, que por pura nostalgia se mantiene aún allí, “congelada” desde abril de 2005 (no aparece enlazada en la web principal, lógicamente, donde mi página oficial es esta otra), el papel de la página en mi mecánica habitual de trabajo, la comparación de la página con otras que empezaron más o menos en la misma época, y los planes de futuro más inmediatos.

Apple: la historia se repite… una vez más

Escrito a las 3:33 pm
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Tablet market 4Q14Un par de gráficas con datos de IDC publicadas hoy dejan claro que Apple, la compañía más valiosa del mundo, sigue un patrón absolutamente repetitivo: sus productos redefinen mercados, obtienen un enorme éxito inicial, y posteriormente ven como esos mercados que revolucionaron son capturados por otros competidores.

La primera gráfica que ilustra esta entrada ofrece una perspectiva clara del desarrollo del mercado del tablet desde el año del lanzamiento del iPad, 2010, hasta el último trimestre de 2014. El del tablet era un mercado prácticamente testimonial antes del lanzamiento del iPad: muy pocos modelos de muy pocos fabricantes, y con muy escasa popularidad. Tras el lanzamiento del iPad, Apple ha sido capaz de vender más de doscientos millones de unidades, pero con una evolución tan clara como la que refleja la gráfica: completamente descendente, únicamente alterada con los picos correspondientes a cada nuevo lanzamiento. Ahora, tras cuatro generaciones de iPad, tres de iPad Mini y dos de iPad Air, la cuota de mercado global de Apple en el mercado del tablet está ya por debajo del 30%.

Smartphone market 4Q14La segunda gráfica, igualmente con datos de IDC, muestra la evolución del mercado smartphone desde el año 2010 para convertirse en un absoluto duopolio tras la práctica desaparición de competidores como BlackBerry o Windows Phone, pero un duopolio enormemente desequilibrado en el que el iOS de Apple posee únicamente un 14,8% a nivel global, frente a un 81.5% de Android. Un mercado, el del smartphone, que Apple redefinió completamente con el lanzamiento del iPhone en 2007, pero que de nuevo, ha evolucionado hacia un dominio de otros competidores.

En la práctica, hablamos del mismo fenómeno que Apple vivió con el lanzamiento del ordenador personal en los años 80: el Macintosh fue un éxito fantástico que prácticamente redefinió el concepto de ordenador personal, pero que fue posteriormente barrido por un sistema en el que múltiples fabricantes desarrollaban productos en torno a un sistema abierto. Exactamente lo mismo que ha vuelto a ocurrir con el mercado smartphone y tablet con el desarrollo de Android. Sí, Apple consigue mantener un margen mucho más elevado que la gran mayoría de sus competidores y ganar dinero donde muchos otros lo pierden, pero la estrategia de tener que estar buscando constantemente mercados que reinventar para que, tras unos pocos años, otros los dominen y la cuota de mercado de la compañía se convierta en testimonial supone un coste muy elevado, por mucho que obligue a la compañía a permanecer en un estado de constante reinvención.

La definición de la innovación en Apple es compleja: por un lado, no inventa nada, todas las ideas las toma de modelos ya desarrollados anteriormente. Pero por otro, se ha convertido en la compañía capaz de redefinir los estándares de un producto y de convertirse en la referencia que todos intentan imitar. Que esa capacidad termine convirtiéndose, poco tiempo después, en un dominio de esos mercados redefinidos por parte de otros competidores que cabalgan en definiciones más abiertas de esos mismos estándares que la propia Apple redefinió es un desenlace poco vistoso, que revela una carencia a la hora de entender los procesos de innovación colectiva. Pero por otro lado, es un problema relativo cuando la compañía que lo sufre es precisamente aquella cuyo valor no ha parado de crecer a lo largo de los últimos diez años hasta elevarse por encima de los 750.000 millones de dólares y convertirla en la empresa más valiosa del mundo…

 

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El crowdfunding como estrategia

Escrito a las 2:14 pm
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Pebble TimePebble lanza un nuevo modelo de smartwatch, y lo hace volviendo al lugar en el que para ellos, de una manera u otra, empezó todo: Kickstarter. Y de nuevo, vuelven a convertirse en un auténtico caso de estudio de cómo utilizar el crowdfunding en una estrategia.

Si en su primer lanzamiento – realmente el segundo, ya que el primero fue el minoritario inPulse – se convirtieron en el récord absoluto de los proyectos de crowdfunding, obtuvieron un total de 10,2 millones de dólares y terminaron por dejar de aceptar dinero antes del fin del período establecido por la amenaza de no ser capaces de producir y enviar tal cantidad de pedidos, en esta segunda ronda han logrado superar todas las expectativas: dos millones de dólares en la primera hora de campaña, y ahora mismo, cuando aún no se cumplen veinticuatro horas, superan los ocho millones y medio.

Quedarse mirando a los contadores de la página resulta casi hipnótico, y más pensando que detrás de cada incremento hay un buen montón de personas entregando dinero a cambio de obtener un smartwatch producido por una pequeña startup, – dirigida, eso sí, por un Eric Migicovski convertido ya casi en leyenda – que comete la osadía de no seguir las reglas establecidas por quien habitualmente redefine y sienta con sus lanzamientos los estándares de cada categoría de productos: Apple.

Si recientemente decíamos que las ventas de smartwatches se habían prácticamente detenido a la espera del lanzamiento del de la marca de la manzana, que había además influido poderosamente en la orientación al entorno de la salud y de la monitorización de toda la categoría, ahora llega Pebble, que no olvidemos que sigue siendo el smartwatch más vendido por el momento, y vuelve a animar el mercado con un crowdfunding realmente bien hecho. Todos los elementos están presentes: precalentamiento del mercado, vídeo que muestra el producto y transmite capacidad de ejecución (menor riesgo percibido), y posicionamiento claro del tipo “pequeña startup frente a la empresa más grande y poderosa del mundo”.

No, el Pebble Time no te dará tu pulso, no será un elemento de estilo a la Apple, no irás a comprarlo a una Apple Store y no tendrá muchos de los elementos con los que Apple pretende colocar entre cinco y seis millones de relojes en pocas semanas. Pero a cambio, no tendrás que romper la hucha (precio final de $199, que eran $149 si lo adquirías en Kickstarter en primera iteración y son ahora $179, frente a los previstos $349 de Apple), y tendrás una batería que te durará toda una semana frente a un día. Mientras la tendencia marcada por Apple apunta a relojes que se cargan todas las noches y llenos de sensores de todo tipo, el de Pebble se atreve a desafiar con un posicionamiento mucho más de “pantalla secundaria” del smartphone, sin más enfoque a la salud que el que cada uno le quiera dar con las apps oportunas, y sin sensor de pulso.

El uso de Kickstarter en este caso se plantea claramente como “necesito el apoyo de mis usuarios para resistir la llegada del gigante”. Una cosa es un cliente que va a una tienda a comprar un reloj, y otra cosa muy distinta en términos de nivel de compromiso el que entrega dinero a cambio de recibir un producto en un tiempo determinado y con la expectativa de que sea precisamente su donación, junto con la de muchos otros, la que convierta el proyecto en viable. En un lado tienes clientes, que no es poco. Pero en otro, tienes entusiastas que se ven como parte del proyecto, que sin duda es mucho más.

El movimiento de Pebble sitúa a Kickstarter como algo que anteriormente había sido criticado por sus propios fundadores: lo convierte prácticamente en un canal de distribución, en una tienda. El proyecto de Pebble no es un proyecto como tal: está ya completamente diseñado y preparado para su fabricación, y recurre a Kickstarter únicamente como forma de demostrar poderío, de probar su apoyo, de testar el mercado, y por supuesto, de conseguir repercusión mediática. En muchos sentidos, esos objetivos superan al meramente económico de obtener dinero para lanzar el proyecto, porque realmente la compañía ya tenía suficiente dinero como para fabricar el producto y ponerlo en el mercado. Pero un lanzamiento así, lógicamente, cambia mucho las cosas y permite muchas mayores alegrías.

Con otro crowdfunding que está rompiendo récords en su categoría, el de El Español, vemos exactamente el mismo fenómeno: los más de dos millones de euros obtenidos son obviamente algo que no amarga a nadie y que vienen bien en cualquier proyecto, pero la realidad es que la verdadera preocupación, el número que realmente mira su equipo con atención permanente no es el dinero, sino el número de accionistas. Tres mil quinientos son mejores que tres mil, y cinco mil serían mucho mejores, aunque cada uno pusiese únicamente la cantidad mínima de cien euros. De nuevo, un proyecto de crowdfunding en el que lo importante no es tanto obtener fondos como lo es el asegurar un amplio respaldo social que permita asegurar la independencia del proyecto, que asegure que siempre habrá ahí una serie de personas demandando en cada momento que no se pierda la esencia que convierte al proyecto en lo que es.

El crowdfunding, como comentamos en su momento, se empieza a convertir en un elemento fundamental en muchos proyectos corporativos, más allá de lo que en su momento se identificó como algo “solo para startups” o “solo para quien necesita dinero”. Los elementos de otro tipo – visibilidad, compromiso, base social, estudio de mercado, etc. – superan a los objetivos meramente económicos de “necesito dinero para hacer viable este proyecto”. Una evolución muy razonable, que tampoco llevará necesariamente a desatender el mercado de aquellos que sí necesitan dinero, pero que se dispone a atraer mucho interés a este tipo de procesos de financiación colectiva. La importancia del apoyo colectivo y de la búsqueda de base social más allá del dinero que puede traer consigo. Sin duda, una deriva interesante.

 

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En el Consejo de Administración de El Español

Escrito a las 4:37 pm
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El EspañolEsta mañana, en la cita que Pedro J. Ramírez tenía en el Foro Nueva Comunicación, en el Hotel Ritz, anunció mi incorporación al Consejo de Administración de El Español como consejero independiente. He visto crónicas de la intervención en varios sitios, y el vídeo completo está disponible en YouTube.

Mi relación con Pedro viene de muy largo: desde hace varios años, mantenemos una dinámica habitual de reuniones en las que hablamos sobre la evolución de la red, los problemas del negocio publicitario, la dinámica del periodismo y la transición desde el papel a la pantalla. Tras su salida de El Mundo, esas conversaciones se hicieron más frecuentes, mientras el proyecto de El Español iba tomando forma bajo una editora cuyo nombre provenía de un blog y no me podía resultar más sugerente: #nohacefaltapapel.

A partir de ahí, más reuniones, empezar a conocer al equipo, e ir hablando de temas que me han ido llevando a considerar el proyecto como mío, con todo el respeto para los que de verdad se están dejando las pestañas en él. Ir viendo el proceso de formación del equipo, los fichajes y la dinámica de relaciones que tienen lugar en esa oficina por el momento casi vacía está siendo un ejercicio muy bonito para un académico: aunque intento mantenerme alejado de “la torre de marfil” gracias a colaboraciones de diversos tipos con múltiples empresas, poder ver en primera fila como toma forma un medio está siendo una oportunidad verdaderamente inspiradora. El clima, además, es de absoluta apertura, colaboración y transparencia, y lo es de manera natural, como si realmente no hubiese otra manera de llevar un proyecto. Cuantas más personas he ido conociendo en el proyecto, más me ha ido emocionando, al tiempo que voy viendo cómo se va dando forma al modelo de negocio y a las diferentes posibilidades existentes, todo ello expuesto en modo “todo vale”, auténticamente sobre un lienzo en blanco, con todo lo que ello conlleva de flexibilidad mental y posibilidades. Y sobre todo, la sensación, acrecentada por el inapelable éxito del crowdfunding, de que hay muchísimas esperanzas puestas en un proyecto como este, y que cuanta más forma toma, más convencido estoy de que puede perfectamente estar a la altura de las mismas. La sensación que tengo es la de estar viendo el incipiente desarrollo del que va a ser, en no mucho tiempo, el medio de comunicación de referencia en España.

Mi papel como consejero independiente será exactamente ese, el de aportar ideas de manera independiente, porque por algún tipo de “defecto del animal” no me sale ser de otra manera que independiente. Un papel de aporte de ideas que intento desempeñar también en proyectos de otro tipo con los que colaboro, pero que aquí me permite poner en práctica cuestiones sobre una industria sobre la que llevo reflexionando – y escribiendo mucho – desde los tiempos de mi tesis doctoral, que ya trataba el paso de los periódicos del papel a la pantalla. Desde 1996, he participado en congresos, he escrito papers académicos, he dado conferencias y he analizado todo lo analizable: el paso de predicar a dar trigo era algo que me resultaba especialmente atractivo, y si además se podía hacer de la mano de una persona que admiras y bien acompañado por un gran equipo, resultaba completamente absurdo decir que no. Además, intentaré contribuir al desarrollo de un clima de innovación organizacional que, desde mi punto de vista, resulta fundamental mantener en un proyecto como este, y colaboraré también aportando contenido con cierta periodicidad. Y por supuesto, iré también compartiendo mis impresiones.

Pronto, más :-)

Salud, deporte, apps y wearables

Escrito a las 4:47 pm
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El deporte inyecta salud a la economía - El País (pdf)Susana Blázquez me llamó para hablar de la contribución a la economía del deporte, y tocamos fundamentalmente el tema de las apps, los wearables y cómo factores como la monitorización y la gamificación contribuyen a la motivación de los usuarios a la hora de plantearse hacer deporte o controlar su salud con una cierta regularidad. En su artículo del domingo, titulado “El deporte inyecta salud a la economía” (pdf) me cita brevemente.

Un subsegmento sujeto a fuertes movimientos de convergencia: sin duda, la llegada al mercado del Apple Watch, con unas ventas previstas de entre cinco y seis millones de unidades y un fuerte enfoque a la monitorización de parámetros de ejercicio físico y salud, afectará fuertemente a las de otros wearables especializados, que además en algunos casos han sido ya excluidos de las tiendas de la marca o directamente se han dejado de fabricar.

Apple y Microsoft

Escrito a las 11:51 am
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Jobs contra Gates: la victoria póstuma - La Vanguardia (pdf)Piergiorgio Sandri, de La Vanguardia, me llamó para hablar sobre la dinámica competitiva de Apple frente a la de Microsoft, y hoy cita algunos de mis comentarios en su artículo en el suplemento del fin de semana titulado “Jobs contra Gates: la victoria póstuma” (pdf).

En mi conversación con Piergiorgio comenté varios temas: la enorme destrucción de valor que ha supuesto el interminable período en el que Steve Ballmer se mantuvo como CEO de Microsoft, el problema que supone que una empresa insista en sus errores de manera terca y obstinada, y la posibilidad de que una compañía que cuenta con indudable talento interno y una cultura sólida (a pesar de los “esfuerzos” de Ballmer por destruirla y convertirla en un monstruo burocrático) pueda volver a meterse en la agenda tecnológica ofreciendo de nuevo productos interesantes y corrigiendo los errores que la sacaron del selecto club de las empresas que todos miramos para intentar ver el futuro.

Para ser parte del futuro, Microsoft necesita adoptar una cultura abierta, aprender a competir en un entorno en el que la gestión de la apertura es la primera clave de competitividad. Hoy, Microsoft únicamente sustenta su crecimiento en el hecho de que infinidad de directivos de tecnología en muchas compañías creen, como se decía hace años de IBM, que “jamás han echado a nadie por comprar Microsoft”. Sus productos no son atractivos, las migraciones a nuevas versiones no inspiran más que pereza en todos los sentidos, y la adopción a nivel del mercado de consumo es claramente subóptima, muy por debajo de otros productos competidores. Las categorías en las que Microsoft mantiene una posición de liderazgo son escasísimas.

En el mundo actual, abierto es mejor que cerrado. Sin duda, Gates ya pudo comprobar eso cuando comenzó a gestionar su fundación, y de hecho, lo puso como condición para tomar decisiones sobre qué proyectos financiar. Pero volver a situar la compañía dentro del radar competitivo, conseguir aparecer en la próxima portada que retrate a los gigantes de la tecnología no va a ser sencillo.

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