Hay empresas que venden tecnología, y hay empresas que venden una forma de organizar el mundo. Palantir pertenece, sin matices, a la segunda categoría. Y ya no lo disimula. Su reciente deriva discursiva, alimentada por el universo ideológico de «The Technological Republic«, no es una excentricidad, sino una declaración de intenciones: la tecnología no como instrumento, sino como infraestructura de poder.
Lo importante no es el tono grandilocuente de sus manifiestos, sino la coherencia entre ese tono y su modelo de negocio. Palantir no compite por contratos aislados, sino por posiciones estructurales. Entra en gobiernos, hospitales o grandes corporaciones con la promesa de integrar datos, y acaba definiendo la forma en la que esos datos se entienden y se utilizan. Como ...