Veo en The Register un artículo, “Teachers take timid approach to classroom tech“, directamente relacionado con “mi negociado”, y sobre un tema en el que llevo toda mi vida profesional trabajando: el uso de nuevas tecnologías en la educación.
Los datos provienen de un trabajo longitudinal de cuatro años con mil quinientos profesores británicos, y confirman mi impresión: el problema del uso de las nuevas tecnologías en la educación se deriva fundamentalmente de la actitud de los profesores. El estudio define un escenario de utilización “esporádico y desilusionante”, con un treinta por ciento de los profesores que deliberadamente evitan toda relación con artefactos tecnológicos como actitud marcada (y ello a pesar de los esfuerzos realizados por el Gobierno para difundir el uso… bonita manera de tirar el dinero). Un 60%, por otro lado, opinan que la tecnología interfiere con un aprendizaje genuino, especialmente en materias creativas. En muchos casos, y sigo citando el informe, se trata de profesores que, por falta de confianza y soltura en el uso de la tecnología como soporte de su actividad, prefieren restringirla a un uso puramente administrativo.
Utilizar nuevas tecnologías en clase es, efectivamente, dificil, agotador en cuanto a la demanda constante de necesidades de actualización, y complejo por las posibilidades que acarrea de utilización negativa. Constantemente me encuentro con profesores que optan por obligar a los alumnos a que cierren sus portátiles en clase para evitar que, por ejemplo, contesten correos durante la clase, utilicen la mensajería instantánea o naveguen y hagan cosas no relacionadas con los contenidos impartidos. He oído hablar de todo: de restringir el acceso, de bloquear determinadas aplicaciones, de prohibir los portátiles… Y no me gusta nada. Lo siento, pero a cierto nivel, todo lo que sea imponer restricciones tecnológica en una clase me parece profundamente negativo, como el caso de los profesores que protestan contra Google porque facilita la obtención de trabajos de manera fraudulenta (en otro momento escribiré sobre esto en concreto).
Si te dedicas a enseñar a otros, tienes que hacerlo en el contexto que marca tu entorno. Si tu entorno vive una revolución tecnológica que hace que TODA la información esté al alcance de los estudiantes, tendrás que cambiar tu metodología, porque tu negocio ha cambiado. Tendrás que enseñar a buscar, a tener criterio, a comprender, a interiorizar. Es indispensable seguir esa revolución tecnológica e introducir sus consecuencias en tus contenidos, o serás culpable de contribuir a generar una generación de estudiantes desconectados de su entorno. En algunas materias es duro, sí. Pero creo que en el centro del debate está la esencia misma de lo que implica ser profesor y dar clase, la disyuntiva entre la frase de Aristóteles,
“Los que saben, hacen. Los que además comprenden, enseñan”
y su contrapartida satírica varios siglos posterior, de George Bernard Shaw,
“Los que pueden, hacen. Los que no pueden, enseñan”.
En eso está la diferencia. Espero francamente que mis alumnos me vean más cerca de la primera frase que de la segunda.






21.09.2009 a las 19:58 Permalink
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