Mi columna de esta semana en Invertia se titula «Los incendios empiezan en los presupuestos» (pdf), y como la del pasado agosto, trata sobre una realidad que preferimos disfrazar de catástrofe natural: los incendios forestales no comienzan cuando aparece la primera llama, sino mucho antes, cuando se abandona el territorio, se deja acumular la biomasa, desaparecen las actividades rurales y se recortan sistemáticamente los presupuestos destinados al mantenimiento.
La emergencia climática es, por supuesto, el factor que multiplica el riesgo. Las temperaturas más altas, las sequías prolongadas, la vegetación sometida a estrés hídrico y los episodios meteorológicos extremos están convirtiendo amplias zonas de España, Francia y otros países mediterráneos en paisajes cada vez más inflamables. Pero sería demasiado cómodo utilizar el cambio climático como una explicación que nos exime de toda responsabilidad: el clima crea las condiciones, pero la intensidad y la extensión de los incendios dependen en gran medida de cómo gestionamos el territorio.
España lleva décadas, con gobiernos de uno y otro lado, demostrando una extraordinaria incapacidad para entender el valor del mantenimiento. Nos encanta inaugurar infraestructuras, cortar cintas y anunciar inversiones, pero mostramos mucho menos entusiasmo cuando se trata de conservar carreteras, vías ferroviarias, redes hidráulicas o montes. El mantenimiento no resulta fotogénico, no produce grandes titulares y rara vez puede presentarse como una ocurrencia brillante del político de turno. Por eso se aplaza, se recorta o se encomienda a contratos insuficientes, hasta que el deterioro termina por hacerse visible de la peor manera posible.
En el caso de los bosques, ese deterioro se acumula en forma de combustible. El abandono rural, la desaparición de la ganadería extensiva, la falta de limpieza, los cortafuegos degradados, los accesos impracticables y las masas forestales excesivamente homogéneas convierten muchos espacios supuestamente protegidos en auténticos polvorines. Como explicaba en «Crear trabajo tratando de paliar la emergencia climática«, gestionar esos espacios podría convertirse además en una importante fuente de empleo estable, cualificado y distribuido por zonas rurales que llevan décadas perdiendo población.
La tecnología ofrece posibilidades extraordinarias. Ya escribí sobre ellas en «Llenando los bosques de tecnología» y, más recientemente, en «Inteligencia artificial, satélites, drones… estrategias contra los incendios forestales«. Satélites, drones, cámaras térmicas, sensores, modelos meteorológicos y sistemas de inteligencia artificial pueden detectar focos incipientes, anticipar su evolución, identificar las zonas de mayor riesgo y ayudar a asignar recursos con una precisión impensable hace pocos años.
Eso sí, tengamos claro que ningún algoritmo desbroza un monte. La inteligencia artificial nos puede señalar muy bien qué parcelas acumula más combustible, qué caminos deberían recuperarse o dónde conviene crear discontinuidades en la vegetación, pero después hay que enviar equipos, maquinaria o ganado y mantenerlos allí con cierta continuidad. La tecnología puede mejorar la calidad de las decisiones, pero no sustituye a la voluntad política, a los presupuestos ni al trabajo diario sobre el terreno.
La gestión de la biomasa debería entenderse como una política energética, industrial y territorial. Los restos forestales pueden utilizarse, dentro de límites rigurosos, para generar calor, biogás, materiales o energía, mientras se reduce la cantidad de combustible disponible para los incendios. El pastoreo preventivo, las quemas prescritas, los mosaicos agroforestales y la recuperación de actividades rurales no representan una especie de vuelta romántica al pasado, sino una caja de herramientas perfectamente compatible con la observación por satélite, los gemelos digitales y la inteligencia artificial.
Pretender resolver el problema comprando más aviones cuando empieza el verano es como responder al deterioro ferroviario encargando más ambulancias. La extinción es necesaria y comprar más aviones también lo es, pero ahora está llegando cuando la prevención ya ha fracasado. Mientras sigamos considerando el mantenimiento un gasto prescindible, cada nuevo avance tecnológico servirá únicamente para observar con mayor precisión cómo arde aquello que decidimos no cuidar.
Lo verdaderamente inquietante no es que ignoremos cómo reducir el riesgo. Sabemos perfectamente qué hacer. Lo inquietante es que seguimos escogiendo no hacerlo, confiando en que el próximo incendio, el próximo colapso o la próxima tragedia ocurran lo suficientemente lejos, o bajo el mandato de otro.
This article is also available in English on my Medium page, «We have the technology to fight wildfires. We lack the will to prevent them.«


Y, por analogía,
«El país que solo limpia los barrancos cuando ya ha habido inundaciones»
Y, de momento, poco más se ha hecho, en casi dos años…
¿Quién paga la limpieza?
Ya no quedan pastores de ovejas, hoy dia no se aprovechan los pastos que comian las ovejas, Menos aun hay pastores de cabras, animales capaces de encaramarse a los árboles y comerse los brotes tiernos, con lo que limitaban el tamaño de los árboles. Tampoco aprovechan la leña los antiguos consumidores como eran los panaderos para alimentar los hornos. Yodos los medios «gratuitos» de controlar el bosque han desaparecido.
Además, un ecologismo desmadrado hacen cada vez mas imposible, la no solo la tala, incluso la poda de los árboles, Puedo asegurar que unos amigos, mios que tienen un encinar, tienen prohibido la poda de las encinas incluso para el uso en la chimenea que tiene en la casa, a la vez que este msmo ecologismo impide que montes cualquier tipo de actividad que deje beneficios en la finca, (hacer un camping, dedicarlo a eventos y festejos, icluso a parking, de maquinaria agrícola- Con todo ello lo que produce el montes es nulo o casi nulo..
Por otra parte como en cierto grado son fincas particulares, el Estado se resiste a meter en una propiedad privada personas que limpien el bosque.
Hoy está en experimentación introducir el bisonte europeo (Bison bonasus) que parece que esta ayudando en los experimentos iniciales. A ver si es verdad
Hasta que a un imbécil le dé por intentar torear a un bisonte que andaba suelto y lo mate, y los sacrifiquemos a todos porque son mu’ peligrosos. O hasta que un bisonte se pille una enfermedad por andar por ahí de pendón y la transmita a las vacas…
Solo hablo de los bisontes, porque he leido que algun monte se ha librado del fuego por su labor al comer el pasto. Evidentemente un animal salvaje de ese tamaño, libre por el monte, puede crear bastantes problemas al igual que los están creando los osos y los lobos, pero no se de mejor solución para limpiar «gratis» el monte.
Todo eso es cierto con MUCHOS PEROS.
Legalmente no es así, de facto sí.
Hay comunidades/municipios que pagan a pastores por hacer esa labor. Ellos hacen y pagan los trámites y además pagan al pastor -unos 6.000 €/año- para que pastoreen las zonas seleccionadas.
Como medida preventiva el coste es ridículo.
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Luego está el pequeño asunto de la propiedad, ¿quién debe hacerse cargo del coste?
El Estado Central y el Autonómico tienen pocas propiedades, en general pertenecen a Ayuntamientos -comunales- y particulares -creando asociaciones o no-.
En mi radical opinión, si un propietario privado no se hace cargo del mantenimiento de su propiedad, ésta debería expropiarse -por un justiprecio- a favor del Municipio.
Si un Municipio tampoco se encarga de sus propiedades, éstas deberían expropiarse a favor de la Autonomía.
Y finalmente, si ésta tampoco lo hace debería expropiarse a favor del Estado.
Prohibir talar un arbol no es ecologismo.
Es medioambientalismo.
Ecologismo es «vale, tala el árbol, pero dentro de que todo el ecosistema sea razonable y bueno para la humanidad, hablemos de estrategia para dejarlo todo bonito»
Medioambientalismo es «no tales ese árbol, prohibido sin motivo lógico, no hagas esa presa porque cambia el paisaje, no pongas paneles solares, no hagas una mina ni aunque sea subterránea, no a la eólica que afea el paisaje y mata pájaros, no a las fábricas de baterías, no a ningún cambio»
Como señala Gorki, el ecologismo urbanita hace bastante daño, la falta de población en los pueblos también, el papeleo para cualquier cosilla y como dice Juanjo, aquí siempre somos
– Los más rápidos en restaurar el apagón, pero lo pagais todos vosotros y no hay responsables
– Los más rápidos en limpiar barrancos… cuando ya han muerto personas mientras los políticos comían por ahí
– Los más rápidos devolviendo inmigrantes después de 72.000 almas entrando de golpe… y destituyendo a la que daba la noticia.
Somos una pena como país en estas cosas. Pero es que gastamos muchísimo dinero en tonterías y luego no hay dinero para lo importante. A mí me encantaría que se hiciera una auditoría completa e independiente (tal vez encargarsela a China) de todo nuestro presupuesto y buscar los agujeros fiscales y subsanarlos con un comité de expertos en esas áreas. Mientras tanto, España y europa seguirán ardiendo.
Otra cosa que ayudaría mucho es poner drones y satélites mirando todo 24/7, no es tan caro en comparación, y multar enormemente a quien se le ocurra hacer un fuego, usar maquinaria pesada o cualquier desmadre de piromanía o incluso encarcelar, por delito contra la ecología.
Si evitamos fuegos de origen humano nos quitamos un 60% de encima más o menos.
Otra cosa que aun estoy esperando son los 10 millones de árboles que Rajoy con mayoría absoluta dijo que plantaría. Ya serían retoños de 15 años pero ni uno plantó el sinvergüenza.
Pero es que tampoco es tan fácil. Lo de la maquinaria pesada, por ejemplo: ¿cómo le dices a un agricultor de cereal que tiene el grano listo para cosechar, que no meta una cosechadora porque pueden salir chispas? ¿Y qué hace con el grano? Que fuegos verdaderamente intencionados con un hijo de puta pirómano detrás hay (gracias a dios) cada vez menos, ahora la mayoría están en la categoría «accidentes e imprudencias», pero claro, esa categoría hay que mirarla muy bien. Yo al pirómano la lapidaría o lo quemaría vivo, pero al pobre agricultor al que la cosechadora le genera una chispa y la cosa se le desmadra, pues hombre, no es lo mismo…
¿Qué tal obligar al cosechador a ir acompañado de una autobomba?
El mejor extintor es el que está ahí mismo, a mano.
Y no tiene por qué ser un camión de bomberos, bastaría con uno de esos tanques baldeadores/abonadores con agua tirados por un tractor. Incluso podrían mojar los lindes preventivamente.
Como en las fábricas, primero actúan los propios trabajadores mientras llegan los bomberos.
La balas mágicas de plata no existen, desde luego. Pero intento buscar mitigaciones.
Si el agricultor informa a las autoridades, podemos tener una brigada rondando la zona, puesto que no será el único agricultor que necesite hacerlo. Lo bueno de la agricultura es que todos los vecinos van a tener un calendario parecido, y solo se cosecha una vez al año.
Los pirómanos merecen mención aparte. Viví un año en Almunécar y había/hay una persona que se dedica a quemar coches en la vía pública. Lo increíble es que en 5 años no le han pillado y si buscas «vehículo» y «quemado» y «almuñécar» tienes noticias para aburrir. Los pirómanos no empiezan con un bosque, comienzan con papeleras, coches, etc.
Vaya, aparte del sacrosanto comunismo (soviético), ahora (y antes) los ecologistas son auténticos seres malignos… los políticos terraplanistas y los ganaderos/campesinos, que solo piensan en el monte para sacar cuartos, incluso edificando al tun tutn… esos, son unos benditos. Y claro, en la España rural semivacía, cómo va a haber ecologistas, si todos viven a lo grande en las capitales de provincia… y algunos de ellos, seguro que usan áticos millonarios y luego les van a dar de comer a los pocos lobos que van quedando!!! Y lo dicen, tan panchos, gente que no sabe del Club de Roma (su estudio sobre los límites…) ni de quién pudo ser Barry Commoner… , ni siquiera, en modo patrio, de un tal Félix.
No me extraña que la España fernandina siga rigiendo su destino.
No, los ecologistas no son malignos, los ecologistas de salón sí, esos que que dicen que el campo se regula sólo, que los ríos no hay limpiarlos porque la sabia naturaleza se encarga ella sóla, etc.
Y el problema empieza cuando esos idiotas llegan a puestos de poder…
Suele hacer más daño un idiota que un malvado.
Los medioambientalistas tienden a ser seres miopes, que miran su ombligo, su paisaje, su monte, les da igual la humanidad. NIMBY. No en mi patio.
Los ecologistas tienden a ser seres con visión, que abogan por un acuerdo positivo para la humanidad. Visión global y aceptar cambios si el conjunto va a mejor.
Estoy dando palmas a dos manos con tu artículo de hoy.
Desgraciadamente, mi pueblo ha sido el segundo más afectado de Ávila.
Esto, se sabía que iba a pasar, lo único que sabíamos era cuando.
Desde hace muchos años, la limpieza de los campesinos se dejó de hacer y las partidas para hacerlo disminuyen continuamente. Si a eso me sumas que hay menos medios y más valor tienes un cóctel perfecto, pero como tenemos fútbol, bares y cañas además echamos la culpa a una ideología política opuesta a la propia, pues seguiremos igual.
Llegará un punto en el que los incendios se reduzcan, no por las políticas de prevención, ni de afectivos sino porque cada vez, tristemente hay menos para quemar.
Campesinos = ganaderos y agricultores.
Que estoy leyendo el libro de los pilares de la tierra y he escrito, rápido.
Perdón
Ejemplo claro de ecologismo de salón
Multan a una señor en Gerona por tener CUATRO GALLINAS para el consumo de huevos, pero nada impide que tenga cuatro pavos reales o cuarenta periquitos
Hasta 3.000 euros de multa: la obligación que sorprende a quienes tienen gallinas para autoconsumo