En el análisis de las transiciones tecnológicas solemos caer en dos extremos: pensar que la adopción de una nueva tecnología será lineal y predecible, o por el contrario, creer que la innovación disruptiva emerge de la nada y en un instante redefinirá el ecosistema existente.
La noticia reciente de que CATL y Changan preparan el primer vehículo de pasajeros con batería de ion-sodio en producción masiva para 2026 es presentada como un hito histórico en el sector del vehículo eléctrico, incluso sugiriendo implícitamente una «revolución» que desplazará a las químicas basadas en litio. Pero, como siempre he argumentado, tales narrativas, si no se contextualizan, son víctimas de la falacia del análisis estático ...