En la sala del Tribunal Superior de Los Ángeles, bajo la presidencia de la jueza Carolyn B. Kuhl, Mark Zuckerberg ha tenido que escuchar cómo se le recuerdan sus propias decisiones. No se trata de una comparecencia amistosa ante el Congreso ni de una entrevista cuidadosamente preparada. Es un juicio con jurado, con documentos internos proyectados en pantalla y con víctimas que afirman que el diseño de sus productos contribuyó a su deterioro psicológico.
Pero si reducimos lo que está ocurriendo ante la jueza Kuhl a un debate sobre adolescentes y filtros de belleza, estaremos perdiendo de vista la dimensión real del problema.
