La propuesta de Bernie Sanders de crear un fondo soberano estadounidense de siete billones de dólares mediante un impuesto único del 50% en acciones sobre las grandes compañías de inteligencia artificial tiene todo para provocar urticaria en Silicon Valley: toca la propiedad, el poder, la innovación y la ficción de que la tecnología aparece por generación espontánea. La iniciativa, explicada en nota oficial de Sanders, plantea que las empresas de inteligencia artificial con más de 200 millones de dólares anuales en ventas transfieran obligatoriamente la mitad de sus acciones a un fondo, con voto y capacidad de repartir dividendos o financiar servicios.
La reacción era previsible: «socialismo», «expropiación», «fin de la innovación». Pero la inteligencia artificial no es otro sector. Es una tecnología de propósito general, una de esas General Purpose Technologies que cambian todo lo que tocan: como el fuego, la rueda, la electricidad o internet. Y ahí aparece la anomalía: las grandes tecnologías de propósito general no suelen estar explotadas en exclusiva por una o dos corporaciones. Nadie «posee» el fuego, ni la rueda, ni internet en su conjunto. Se construyen negocios sobre ellas, sí, pero la tecnología básica termina perteneciendo a todos, convertida en infraestructura compartida. La inteligencia artificial, en cambio, amenaza con convertirse en una tecnología universal gobernada como plataforma privada.
El argumento a favor es potente: si la inteligencia artificial va a transferir riqueza desde trabajadores hacia propietarios de capital, la sociedad necesita participar en esa riqueza. El FMI advierte que la inteligencia artificial puede aumentar la desigualdad si complementa sobre todo a trabajadores de rentas altas y eleva los retornos del capital. En su trabajo sobre la macroeconomía de la inteligencia artificial, Daron Acemoglu es aún más prudente: las ganancias de productividad podrían ser más modestas de lo prometido, mientras se amplía la brecha capital-trabajo.
Ahí es donde un fondo soberano podría tener sentido. Noruega convirtió el petróleo en un fondo soberano que financia bienestar a largo plazo. Alaska creó su Permanent Fund para transformar ingresos petroleros en valor duradero. La pregunta incómoda es si la inteligencia artificial no debería tratarse como un recurso natural contemporáneo: no porque surja de la tierra, sino porque surge del conocimiento colectivo, de la infraestructura pública, de las universidades, de la investigación financiada por contribuyentes, de internet y de contenidos creados por millones, por todos nosotros. Si la materia prima es social, ¿por qué el excedente debería ser privado?
Pero que la idea tenga sentido no convierte esta formulación en buena. Un impuesto del 50% en acciones es una enormidad jurídica y económica si se plantea mal. Puede diluir accionistas, espantar capital, incentivar estructuras opacas, desplazar empresas o provocar años de litigios. Un fondo concentrado en inteligencia artificial tendría otro riesgo: si estamos ante una burbuja, el Estado no pierde caja directamente, pero sí construye expectativas políticas sobre valoraciones que podrían evaporarse.
El otro problema es la gobernanza. ¿Quién decide qué decisiones corporativas «dañan al pueblo»? La participación pública puede democratizar el poder tecnológico, pero también derivar en captura regulatoria, clientelismo o intervención arbitraria. Una cosa es participar en los beneficios de una tecnología sistémica. Otra, usar participaciones accionariales para dirigir empresas complejas con criterios electorales.
La paradoja es que incluso la industria empieza a aceptar parte del diagnóstico. OpenAI ha propuesto en Industrial Policy for the Intelligence Age desplazar carga fiscal desde el trabajo hacia el capital y crear un fondo público de riqueza vinculado a la inteligencia artificial. Brookings, en su análisis sobre política fiscal en la era de la inteligencia artificial, apunta en una dirección similar. Trabajos como «Lead, Own, Share» estudian también los fondos soberanos como herramienta para repartir riqueza tecnológica.
¿Eliminaría esto el incentivo para innovar? No necesariamente. La innovación depende de talento, infraestructuras, competencia, acceso a capital, regulación predecible y expectativas razonables de retorno. Pero sí podría reducir incentivos si se percibe como confiscatorio o impredecible. La frontera entre participación pública legítima y expropiación mal disfrazada está en el diseño: gradualidad, reglas claras, diversificación y límites al poder político. Se puede permitir que las compañías ganen mucho dinero construyendo sobre una tecnología de propósito general; lo que no tiene sentido es permitir que se apropien de la tecnología general misma.
La pregunta no es si Sanders acierta en todo. Probablemente no. La pregunta es si podemos permitirnos que una tecnología construida sobre recursos colectivos, capaz de reconfigurar trabajo y conocimiento, quede gobernada por consejos de administración, fondos de capital riesgo y multimillonarios mesiánicos. Puede que este fondo sea una mala solución a un problema real. Pero el problema existe, y no desaparecerá mientras unas pocas compañías deciden la arquitectura económica, cultural y política de las próximas décadas.
This article is also available in English on my Medium page, «AI was built by society. Should society own part of it?»


Los grandes problemas a menudo plantean soluciones complejas. Sobre todo cuando se quieren conciliar intereses opuestos.
Lo importante de la propuesta legislativa de Sanders no radica en si se puede hacer efectiva: la mayoría republicana en el congreso ya se sabe de entrada que es un primer obstáculo insalvable.
El valor de la idea de B. Sanders subyace en que constituye un primer paso para materializar las diferentes inquietudes surgidas en el seno de la sociedad. Al menos es lo que se deduce de sus palabras. En este sentido, el movimiento legislativo es una declaración de intenciones. Y además, converge con otras iniciativas como la Californiana comentada ayer.
El tiempo separá lo que es una estrategia electoralista demócrata de lo que es una verdadera política reformista.
Políticos como el senador Bernie Sanders, procedentes del ámbito académico, demócrata pero independiente, son una garantía de honestidad y de rigor. Muchos otros deberían mirarse al espejo…
Los de Top Gear* se ríen de los yanquis diciendo que para ellos, cualquier motor de menos de 8 cilindros es un motor comunista. Y un poco de razón tienen.
Cualquier cosa que implique que alguien tenga que repartir parte de sus bienes es socialista o comunista.
Este plan lo tiene complicado (y el de ayer, ya puestos).
Lo que se está planteando en EEUU es un nuevo New Deal** que revitalice el estancado estado social y económico de ese país.
Espero que tengan suerte.
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* https://es.wikipedia.org/wiki/Top_Gear?wprov=sfti1
** https://es.wikipedia.org/wiki/Coalici%C3%B3n_del_New_Deal?wprov=sfti1#
Tampoco hace falta inventar nada nuevo. Basta con repetir lo que ya funcionó:
«Un IRPF al 94%… en EE UU. La época dorada del capitalismo estadounidense, cuando el país pasó a dominar la escena mundial, se sustentó en unos altísimos impuestos que llegaron a suponer el 94% de los ingresos.»
https://www.20minutos.es/noticia/2305048/0/impuestos-eeuu/impuesto-sobre-renta/capitalismo/
La solución de la IA es tan sencillo como hacen en China, son privadas pero la larga mano del Estado está por detrás, y el modelo económicamente funciona, pero sirve a todos los ciudadanos.
Si EEUU les copiara el modelo volverían a ser la primera potencia mundial. Lo que les falta es perspectiva social, antes o despues su modelo colapasará, cuanto más tarde en ver que el camino de la libertad no es el individualismo, que la justicia social es la que debe establecerse, y que la educación pública, la sanidad gratuita para todos, y la lucha contra el odio, el racismo, la xenofobia, los carteles empresariales y de la droga es una necesidad perentoría, y prohibir falsos dioses,cripto especulaciones y abusos de poder es el único camino posible a la larga viable.
La china comunista de antaño es tan trasnochada como los fascismo de entreguerras, el capitalismo de Trump es donde se ha quedado… Esos dinosaurios: TODOS A EDUCACION ESPECIAL PARA DINOSAURIOS. Dejemos a Sanders iniciar el camino hacia un AMERICA GREAT FOR FIRST TIME.
Recordemos que una vez finalizada la 2GM. EEUU seguía encarcelando a personas por su ideología, matándolos en simulacros de juicios, etc etc.
La pesadilla norteamericana debe finalizar.
https://contraeditorial.com/la-mano-invisible-del-estado-el-92-de-las-empresas-son-privadas-en-china/
Este comentario no es para estar en contra, es una opinión solamente, la mía.
Si eres tan mediocre y gilipollas que repicas mi comentario, tu mismo, es tu oportunidad de mostrar tu mediocridad y falta de argumentos en tu propio hilo.
Tres horas de Qwen han dado para mucho… resumen (y se ha dejado mucho y muy importante de la discusion)
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La gobernanza imposible: ¿quién vigila a los vigilantes?
El problema de fondo es la incapacidad estructural de la democracia para regular tecnologías exponenciales. Vamos por puntos:
1. Los políticos no entienden la tecnología
En 2018, senadores de EE.UU. preguntaron a Zuckerberg si Facebook «retiene datos cuando el usuario no usa la app». No es anécdota, es la norma. Los políticos que legislan sobre IA no saben qué es un modelo de lenguaje, ni la diferencia entre entrenamiento e inferencia, ni cómo funciona una red neuronal. ¿Cómo regulas algo que no entiendes? Es como si en 1905 preguntaran «¿el coche necesita que le den de comer?».
2. La captura regulatoria
Las empresas de IA contratan a los mejores investigadores. Cuando el gobierno necesita expertos para regular, llama a esos mismos expertos (que trabajan o han trabajado en Google, OpenAI, Meta). Resultado: las normas las escriben, directa o indirectamente, las mismas empresas que deberían ser reguladas. La AI Act de la UE tiene tantas excepciones por el lobby tecnológico que pierde gran parte de su mordiente.
3. La paradoja de la velocidad
La tecnología avanza exponencialmente (mejoras del 30-50% cada 6-12 meses). La política avanza linealmente (una ley tarda 2-5 años). Cuando apruebas una regulación, la tecnología ya cambió dos veces. Y esto crea un efecto perverso: las regulaciones protegen a las grandes empresas (que pueden costear el cumplimiento) y ahogan a las startups. La regulación, en lugar de frenar a los gigantes, los blinda.
4. Ejemplos de fracaso
Redes sociales: 15 años intentando regularlas. Facebook sigue siendo monopolio, la desinformación campa, los adolescentes están deprimidos.
Criptomonedas: 10 años. Miles de estafas, lavado de dinero a escala industrial, reguladores siempre por detrás.
Tabaco: 50 años en regularlo efectivamente. Y el daño era obvio.
5. La paradoja de la democracia
¿Debería el pueblo decidir sobre la IA? En teoría sí, pero en la práctica la mayoría no entiende cómo funciona. Las decisiones técnicas no pueden someterse a referéndum. Si dejamos que el pueblo decida, puede elegir opciones populistas pero desastrosas. Es como la política monetaria: no preguntamos al pueblo sobre los tipos de interés, se lo delegamos a un banco central independiente. ¿Deberíamos crear una «autoridad independiente de IA»? El problema es que eso crea una tecnocracia no democrática.
6. El problema de la rendición de cuentas
Cuando un modelo de IA deniega hipotecas injustamente, genera deepfakes que provocan linchamientos, o comete errores médicos mortales, ¿de quién es la culpa? La empresa dice «solo proporcionamos la herramienta». El usuario dice «el modelo es una caja negra». Los datos dicen «solo publicamos información». Nadie es responsable. Es la perfecta tormenta de la evasión de responsabilidades.
7. ¿Hay solución?
No perfecta. Algunas ideas parciales:
Regulación basada en riesgo (solo usos de alto riesgo)
Auditorías obligatorias (pero requiere auditores escasos y caros)
Responsabilidad legal clara (pero frena la innovación)
Autoridades técnicas independientes (pero crea tecnocracia)
Transparencia obligatoria (pero revela secretos comerciales a China)
Todas tienen trade-offs. Todas requieren expertise técnico que los políticos no tienen.
La conexión con todo lo anterior
El fondo soberano de Sanders requiere una gobernanza que no existe.
La concentración es inevitable: si la regulación es cara, solo los grandes pueden cumplirla.
El monstruo de Paperclips sigue devorando sin consecuencias porque nadie es responsable.
China no tiene este problema: el Partido Comunista decide y punto.
La paradoja de Henry Ford: si la IA destruye empleos, ¿quién decide cómo redistribuir la riqueza?
La pregunta incómoda
Si aceptamos que los políticos no entienden la tecnología, la captura regulatoria es inevitable, la tecnología avanza más rápido que la política, y China no tiene estos problemas (porque es autocracia)… ¿es la democracia compatible con la regulación efectiva de la IA?
¿Estamos abocados a elegir entre una democracia que no puede regular la IA (y pierde frente a China) o una tecnocracia que puede regularla (pero pierde legitimidad democrática)?
Conclusión
Estamos ante una transformación estructural comparable a la Revolución Industrial. Pero aquella tardó 100 años. Esta va a ocurrir en 10-20 años. Y no tenemos las instituciones, normas, ni consenso social para gestionarla.
Lo más probable: iremos hacia un escenario distópico (crisis social, concentración de riqueza, pérdida de empleos) antes de llegar a un nuevo equilibrio. El camino será doloroso.
¿Qué podemos hacer? Exigir transparencia, apoyar modelos open-source, votar por políticos que entiendan tecnología (aunque sean escasos), y prepararnos para una transición laboral dolorosa.
Y sobre todo, seguir debatiendo. Porque el primer paso para resolver un problema es entenderlo.
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ps.-este es un resumen… del «resumen» (su puta madre, me ha metido 7 paginas) XDD
Pero tambien, me ha hecho preguntas «para el blog», por si alguien quiere contestarlas…
La pregunta para el blog
Si aceptamos que:
Los políticos no entienden la tecnología.
La captura regulatoria es casi inevitable.
La tecnología avanza más rápido que la política.
No hay respuestas objetivas sobre qué es «dañino para el pueblo».
China no tiene estos problemas (porque es una autocracia).
Entonces, ¿es la democracia compatible con la regulación efectiva de la IA?
¿O estamos abocados a elegir entre:
Una democracia que no puede regular la IA (y por tanto, pierde la carrera frente a China).
O una tecnocracia que puede regular la IA (pero pierde la legitimidad democrática).
Pero ahi está el asunto.
No son sus bienes; han expropiado los bienes de los demas para construir su negocio.
No se habla de repartir lo que es suyo, si no de devolver lo que no es suyo.
El problema no es si moralmente las empresas «deben devolver» lo que tomaron. El problema es que aunque exista razón moral, no pueden hacerlo sin perder la carrera tecnológica frente a otros (China, por ejemplo o entre ellas mismas)
Mientras China construye un sistema piramidal con una amplísima base que le proporciona una gran cantidad de élites, EEUU ha decidido darle la vuelta y olvidar que sin la base, sólo son una minoría con intención de autoreplicarse. Los muy estúpidos. Reinos más grandes han caído. Tan sólo podrán legar sus reinos a sus imbéciles hijos.
A no ser que consigan el trans humanismo que persiguen XXXD
cuentame, cuentame…
¡Cómo está el patio! Desde que no aparecen las kripto y sus cadenas de «choques», la cosa se lee mucho más fácil.
Aunque luego pasa lo de que : se lee, que USA va a darle tantos millones a Irán, y no saben que, de esos millones, USA no va a poner ni un centavo. Y, como pasó con el Plan Marshall, que AÚN ESTÁ PAGANDO Europa, las compras se le hacen a los USA.
El método «unionista USA» de tener obreros como esclavos, vendiéndole la comida, la ropa y la vivienda.
A mi me suena más a socializar perdidas. De hecho absolutamente todas las empresas americanas de A.I.; como todas las grandes empresas del trillonario Elon Musk, Palantir, Oracle, Meta, Alphabet Inc. etc, han nacido y crecido aupadas con contratos y fondos federales. De Facto debería
ser accionista el estado.