La decisión preliminar del Tribunal Regional de Munich contra Google por sus AI Overviews no es una simple anécdota europea más en la larga historia de fricciones entre Bruselas, los tribunales nacionales y las grandes tecnológicas norteamericanas.
Tampoco es, aunque algunos quieran presentarlo así, otro episodio de ese supuesto reflejo antimonopolístico europeo que en Silicon Valley se interpreta con una mezcla de irritación, superioridad moral y victimismo. Es algo bastante más importante: un tribunal ha dicho, en esencia, que cuando una compañía utiliza inteligencia artificial para producir una afirmación nueva, no puede esconderse detrás de la excusa de que «solo estaba organizando información».
El caso es especialmente interesante porque no gira alrededor del copyright, ni del abuso de posición dominante, ni de la remuneración a los medios, aunque todos esos temas están obviamente en el fondo: dos empresas alemanas demandaron a Google porque sus AI Overviews las asociaban con estafas y prácticas fraudulentas. El problema es que las fuentes enlazadas por Google no decían eso. La inteligencia artificial había mezclado, inferido, sintetizado y, finalmente, inventado. Y el tribunal entendió que esas afirmaciones no eran contenido de terceros: eran contenido de Google.
Esa distinción es crucial. Durante décadas, los buscadores han sido tratados como intermediarios. Un buscador rastrea, indexa, ordena y enlaza. Puede equivocarse, puede priorizar mal, puede reflejar basura, pero en principio no está hablando: está señalando. La inteligencia artificial generativa cambia radicalmente esa arquitectura. Ya no estamos ante una página de resultados que remite a otros. Estamos ante un sistema que lee, combina, resume y presenta una respuesta con apariencia de autoridad. Es decir, ante una máquina que habla en nombre de la empresa que la despliega.
Google intentó defenderse con un argumento que, en realidad, revela la magnitud del problema: los usuarios podían comprobar los enlaces. Pero si el usuario tiene que verificar cada frase de una respuesta generada por inteligencia artificial, ¿para qué sirve entonces la respuesta? La función se vende precisamente como una simplificación, como una manera de ahorrar tiempo y evitar clics. Si funciona, sustituye al proceso tradicional de búsqueda. Si se equivoca, no puede convertirse mágicamente en una simple invitación a seguir investigando. No se puede vender comodidad y, cuando esa comodidad causa daño, refugiarse en que el usuario debía haber hecho el trabajo completo.
La cuestión va mucho más allá de Google. Afecta a cualquier empresa que despliegue un sistema generativo capaz de producir afirmaciones sobre personas, compañías, productos, médicos, profesores, periodistas, políticos o competidores. Durante años hemos aceptado con una sorprendente docilidad que las plataformas no eran responsables de casi nada: ni de lo que recomendaban sus algoritmos, ni de lo que amplificaban, ni de las consecuencias económicas o reputacionales de sus decisiones automatizadas. La inteligencia artificial generativa rompe ese pacto implícito. Cuando el algoritmo ya no se limita a clasificar contenido ajeno, sino que crea una afirmación nueva, la vieja coartada del intermediario empieza a desmoronarse.
En Estados Unidos, el choque con la famosa Section 230 de la Communications Decency Act será inevitable. Esa norma, considerada por muchos fundamental para el desarrollo de internet, establece que un proveedor de servicios interactivos no debe ser tratado como editor de la información proporcionada por otro proveedor de contenido. Su lógica histórica era razonable: proteger a las plataformas frente a responsabilidades imposibles por cada contenido publicado por terceros. Pero la pregunta incómoda es evidente: ¿qué ocurre cuando la información ya no la proporciona «otro», sino un modelo entrenado, afinado, desplegado, optimizado y monetizado por la propia compañía?
La jurisprudencia norteamericana no ha resuelto todavía ese dilema. En Gonzalez v. Google, el Tribunal Supremo evitó pronunciarse sobre el alcance real de la Section 230 en relación con los algoritmos de recomendación. Pero la inteligencia artificial generativa plantea una cuestión mucho menos cómoda que la recomendación algorítmica: no hablamos solo de seleccionar qué ve un usuario, sino de fabricar una respuesta que antes no existía. Como señalaba un análisis de la American Bar Association, estos sistemas se parecen cada vez menos a intermediarios neutrales y cada vez más a autores que sintetizan, interpretan y generan contenido propio.
Ahí está el núcleo del asunto. Si una persona escribe una acusación falsa, responde por ella. Si un periódico publica una acusación falsa, responde por ella. Si una empresa utiliza una inteligencia artificial para producir una acusación falsa y colocarla en la parte más visible del buscador más usado del mundo, ¿de verdad vamos a aceptar que nadie responde? ¿Que el perjudicado debe resignarse porque «el modelo se equivocó»? Esa idea solo resulta defendible si seguimos tratando a la inteligencia artificial como una especie de fenómeno natural, como la lluvia o el viento, y no como lo que realmente es: un producto diseñado, controlado y explotado comercialmente por una empresa.
Además, este debate se cruza con otro igualmente importante: el de la extracción de valor. Los editores europeos llevan meses denunciando que AI Overviews les roba tráfico, visibilidad e ingresos. La Independent Publishers Alliance presentó una queja antimonopolio ante la Comisión Europea argumentando que los medios no pueden excluir sus contenidos de las respuestas de inteligencia artificial sin desaparecer también de Google Search. En Italia, los editores describieron la función como un «traffic killer». Y la Comisión Europea ya investiga el escenario conocido como «Google Zero», en el que Google utiliza contenidos de terceros para responder dentro de Google, sin enviar tráfico fuera de Google.
Pero la resolución alemana introduce una dimensión más profunda que la competencia o la compensación. No se trata solo de si Google abusa de su posición dominante. Se trata de si una empresa puede convertir internet en materia prima, destilarlo mediante algoritmos opacos, vender la destilación como respuesta autorizada y, al mismo tiempo, negar responsabilidad cuando esa respuesta destruye reputaciones, altera decisiones de consumo o daña negocios.
La respuesta debería ser obvia. La responsabilidad no puede evaporarse en la arquitectura técnica. Si el sistema está diseñado por Google, desplegado por Google, optimizado por Google, integrado en Google Search y monetizado por Google, entonces sus errores no son simples accidentes del ecosistema informativo: son fallos de producto, fallos editoriales o ambas cosas a la vez. Y eso cambia por completo el debate.
La inteligencia artificial no necesita una impunidad especial para innovar. Necesita incentivos correctos. Si las empresas saben que no responderán por nada, desplegarán sistemas cada vez más agresivos, opacos y baratos de mantener. Si saben que responderán por los daños que causen sus afirmaciones inventadas, invertirán en verificación, trazabilidad, mecanismos de corrección, límites de uso y evaluación de riesgos. Exactamente lo que cualquier industria responsable debe hacer cuando sus productos pueden causar daño.
La sentencia alemana es preliminar, sí. Google recurrirá, matizará, minimizará y repetirá que la inmensa mayoría de las respuestas son correctas. Pero ese no es el punto. El punto es que el viejo contrato de internet, basado en plataformas que decían no ser responsables porque solo alojaban o enlazaban contenidos de terceros, ya no encaja con sistemas que generan lenguaje propio a escala industrial. La inteligencia artificial no es un enlace. No es una lista. No es una ventana neutral al mundo. Es una máquina de producir afirmaciones. Y quien pone esa máquina en marcha debe responder por lo que dice.
Durante demasiado tiempo, las grandes tecnológicas han disfrutado de una asimetría extraordinaria: capturan el valor cuando sus algoritmos funcionan y socializan el daño cuando fallan. La decisión de Múnich apunta justo contra esa asimetría. Y por eso es importante. No porque sea europea. No porque sea contra Google. Sino porque empieza a formular la pregunta que definirá la próxima década: cuando una inteligencia artificial habla, ¿quién está hablando realmente?
Y la respuesta, por mucho que incomode a Silicon Valley, no puede ser «nadie».
This article is also available in English on my Medium page, «No more alibis: why generative AI can’t hide behind Section 230 any longer»


Añado un ejemplo inventado, que igual queda un poco exagerado, así que pido disculpas por adelantado.
Un ejercito usa la IA para procesar información y termina señalando un «target» incorrecto. Así que manda un misil a una casa equivocada, matando a la persona «equivocada».
¿Quién tiene la culpa?
No me parece exagerado en absoluto, sino de actualidad. Palantir está a tope con ese tema, dejando caer aquí y allá que les parece un planazo usar la IA con fines militares. En el caso de Israel sin embargo, no tienen el riesgo de equivocarse de persona, saben muy bien lo que hacen.
No entiendo qué quieres expresar con tu ejemplo.
Se me ocurre otro diferente: se supone que cuando hablas por teléfono el operador, que debe ser neutral, transmite sin cambios tu voz a través de la línea.
¿Qué ocurriría si el operador empieza a cambiar lo que se transmite para digamos introducir publicidad, eliminar palabras soeces o insultos y eso provoca que quien está al otro lado no entienda la conversación?
Supongamos que esa confusión provoca daños de algún tipo o una muerte, ¿quién sería el responsable?
¿Qué quién tiene la culpa? ¿Cómo? ¿Qué? ¿Qué culpa? ¿Cuál culpa? ¿Por matar a alguien? Corre a contarle esto mismo a la familia de José Couso, y a las de los otros dos periodistas que también mataron ese día, y verás que risas.
Y como te despistes y andes tú por allí cerca, la acabarás teniendo tú.
+1000
Es lo que pasó con el colegio de Teheran de niñas que se cargaron a más 200. El culpable es sencillo el aque da las órdenes y admite que haya crímenes. En est caso TRUMP
y toda la cadena de mando posterior también. Por lo que he leído, en EEUU estos crímenes se castigan con la pena de muerte (no sé si a toda la cadena de mando)
HAHAHAHAHAHAHAHAHAHAHAHAHAHAHAHAHAHAHAHAHAHAHAHAHAHAHHAHAHAHAH….
La madre que os trajo… que me ando pensando: «tómate un tiempo de relax y no comentes», y vosotros ahí… ala…. provocando….XDDDDD
Por mucho menos que la muerte de un perrito o un gatito norteamericano (dejémoslo en gatito, al que a modo de ejemplo llamaremos Kitty), Fox y el resto de la banda, estarían haciendo un mega despliegue mediático/lacrimógeno, dando la turra cada 15 minutos durante las 24 hs tanto en redes sociales, como en cada graph de cada emisora, contando la vida y obra del amado Kitty: como fue su feliz infancia en la granja del tío Tom, en la profunda y republicana Arkansas.
Sus travesuras felinescas en los tejados del pueblo, sus andanzas amorosas de adulto, sus posibles descendientes (…auspiciado por 23andMe, obviamente…) un familiar (de preferencia una niña rubia de entre 5 y 8 años) con lágrimas corriendo por sus mejillas, cara de compungida, contando cuál era su comida favorita, sus juguetes preferidos, la madre de la familia humana de Kitty (Karen), contando desde el jardín de la casa, donde solía jugar Kitty, la profunda tristeza de su desconosolada famila humana por la irreparable pérdida de Kitty, y de fondo la infaltable banderita norteamericana flameando.
Y todo ello sazonado por la grave voz del padre de la familia (Bob) con su gorra de beisbol, con la cara y el cuello enrojecidos de trabajar de sol a sol dentro del John Deere, clamando venganza por la muerte del pobre Kitty.
Y que no falte el hijo de la familia (Timmy, +18), en el sillón de la sala, con una semi-automática reluciente entre las manos.
¿Que eran niñas y encima musulmanas? …common man…just another «casualty», don’t bother me….
We’ll improve the prompt and that’s it, problem fixed…
La paradoja de la IA es que cuando por fin hayan conseguido absorber todo el dinero del mundo, no quedará nadie para generar ese contenido con el que entrenan. Supongo que alguien en Google se cree muy listo por conseguir que los usuarios se queden en su plataforma en vez de saltar a otras. Me pregunto si será sostenible cuando los editores lleguen a la conclusión de que estar en Google o no estar no les supone mucha diferencia. Aunque como no necesitan permiso de nadie para robar datos y entrenar IA con ellos, tampoco les debe importar.
En mi opinión, la enshittification y la Dead Internet solo van a empeorar en los próximos años. La Unión Europea es uno de los pocos (si no el único) actores con suficiente poder y voluntad para marcar la diferencia en la dirección correcta.
OffTopic:
Elon Musk está manipulando el mercado… ¿otra vez?
El nuevo rey del mundo. Menos mal que le hemos elegido democráticamente
Se avecina una ostia de proporciones epicas….
https://www.lavanguardia.com/economia/20260613/11563573/estudio-cambridge-advierte-monopolio-spacex-erosiona-soberania-estados.html
le he pedido opinion a Claude:
Mi opinión
El razonamiento es sólido y el ejemplo del caso alemán lo ilustra bien. La distinción entre señalar y hablar es el núcleo jurídico del asunto, y la IA generativa claramente cruza esa línea.
Dicho esto, hay matices que el artículo deja un poco en segundo plano. Primero, la dificultad técnica de exigir responsabilidad sin frenar el despliegue de cualquier sistema generativo: si el estándar es «cero errores o responsabilidad legal», pocos sistemas se atreverán a operar. Segundo, la proporcionalidad: una empresa de periódicos que publica un error también responde, pero no de forma que la paralice — hay un régimen de correcciones, réplicas y daños tasados. El reto regulatorio es construir algo equivalente para IA, no simplemente trasladar el régimen de difamación clásico.
Lo que sí parece incuestionable es el punto final: si el sistema está diseñado, desplegado, optimizado e integrado en el producto más usado del mundo y monetizado por Google, sus errores no son accidentes del ecosistema informativo sino fallos de producto. Eso es difícilmente rebatible, y la sentencia de Múnich, aunque preliminar, apunta en la dirección correcta
«Es una máquina de producir afirmaciones. Y quien pone esa máquina en marcha debe responder por lo que dice.» (EDans).
Muy buen resumen. Lo vital está en reproducir, no es el mero transporte de una mercancía.
Si un tipo fabrica una bomba y usa a un intermediario, para dejarla en un domicilio, el intermediario no es responsable de lo que pueda suceder. Salvo si mete la pata, por ir fumado y se estrella contra un bus (escolar, por ejemplo).
Pero la IA que reelabora una información no es mero transmisor, podría reelaborar la bomba, haciendo, por ejemplo, que sea de doble o triple efecto.
Sin ir más lejos la IA de Google podía ponerse diarreica y escribir en tu entrada de Google, que eres «un activista experto en usar tecnología que hace daño»… por ser suave. Está claro a quién denunciar… otra cosa es que te hagan caso… que, en eso, Spain es mucha Spain.
OT o no….
Y si nos metemos con los “grandes números”…???
Mil millones de usuarios (1.000.000.000)
pagando una cuota de 200€ al mes = 200milM (200.000.000.000)
Eso no cubre, ni lo invertido en un
añomes.2.000M usuarios? = 400.000.000.000 casi casi
4.000M usuarios? = 800.000.000.000 ya casi casi, casi…
…y como dijo aquel… Todo esto quien lo paga…???
cero arriba, cero abajo… XDDD
No lo veo tan claro… Si consulto en la Wikipedia la Batalla de Bailén y me da un a respuesta false, ¿Es culpa de la wikipedia?,
¿Es culpable cualquiera que te da una respuesta si esta respuesta es errónea, sobre un tema determinado. ¿Es culpable el Instituto meteorologico cuando a partir de los datos que tiene, dice que va a hacer fresco y hace sol?
Hace bastantes años… un meteorólogo que era (y es) bastante reputado… dijo en TV3 que iba a caer la de Dios, según los modelos (de esa época) en un fin de semana.
Lo que paso, fue un cambio súbito. De tormentas, a cambio veraniego… Evidentemente, la hostelería se puso en pie de guerra, porque por ese pronostico, se anularon muchísimas reservas de fin de semana… a él, le despidieron “diplomáticamente” de TV3, (aunque ha seguido siendo, profesor en universidad). Era culpable??? Ahora los meteorólogos de Tv3 son más cautos, tanto, que a veces, ni aciertan, ni por exceso ni por defecto… el efecto “Pico”, todavía sobrevive a lo que pasó…
En Wikipedia, puedes consultar muchos datos. El problema de la Wiki (en España), no es la IA, que ahora, lo esta inundando todo, sino la “mafia”, que hay detrás, con los editores, sobre todo, con lo que respecta a política… , ya hace muchos años, que hay un grupo (y esto lo he denunciado aquí), que tiene unas derivas “derechistas”, y como tienen el “poder”, hacen y deshacen, según conviene… ya ves, tampoco hace falta IA…
Saca tus conclusiones.
Mi conclusión, es que estamos de acuerdo, Si la Wikipedia da resultados erróneos, no es culpa de la Wikipedia, sino en todo caso de quien introduce datos erroneos.en el sistema. y que el metereólogo es inocente cuando, pese a su esfuerzo y cuidado, la realidad no coincide con su previsión Por la misma considero que eol propietario de la IA no es responsable de la deducción que la IA haga de los datos que encuentra relacionados con la pregunta. Es una contestadora estocástico con todo lo que ello tiene de margen de error no el Oráculo de Delfos.
No lo entiendes, Gorki…
Una cosa es un error humano y otra diferente una tecnogia que infiere (y a veces a propósito) respuestas erróneas….
Por ejemplo. los partes metereológicos
No, Gorki, no. Lo de Picó NO fue adrede.
La IA generativa desmanteló la antigua defensa de intermediarios. Una vez que un sistema de IA habla, enruta, aprueba, deniega, escala o modifica registros, el problema ya no es la generación de contenido, sino la autoridad operativa.
Mas divertido…. ni se ha mudado a Bali, ni la IA le hace los videos… solo la han envenenado…
Me he mudado a Bali y una IA hace los vídeos del canal
Pero si el usuario tiene que verificar cada frase de una respuesta generada por inteligencia artificial, ¿para qué sirve entonces la respuesta? La función se vende precisamente como una simplificación, como una manera de ahorrar tiempo y evitar clics. Si funciona, sustituye al proceso tradicional de búsqueda. Si se equivoca, no puede convertirse mágicamente en una simple invitación a seguir investigando. No se puede vender comodidad y, cuando esa comodidad causa daño, refugiarse en que el usuario debía haber hecho el trabajo completo.
Que es lo que algunos llevamos mucho tiempo repetiendo por aquí: o nos fiamos de la IA o no la IA sólo es útil para expertos. ¿Para que queremos una IA cuyas respuestas tenemos luego que verificar? Acabamos haciendo doble trabajo.
Hoy por hoy y para casi cualquier necesidad, una IA sólo es útil para aligerar el trabajo de un experto, que rápidamente detectará inconsistencias y las corregirá.
Para los demás sólo es una ruleta rusa (o una tortilla rusa ;-D https://youtu.be/RY9roTo99ac?is=_3hUNx9zpK7zFd9J ).