Prohibirlas a los menores es sólo el principio: el verdadero problema son las redes que incumplen la ley

IMAGE: A crowd of people illuminated by glowing smartphones, surrounded by swirling streams of data, symbolizing mass data extraction and algorithmic control in social networks

Que los menores estén presentes en las redes sociales no es solo un problema educativo, ni siquiera únicamente un problema de salud mental. Es, sobre todo, un problema estructural: hemos permitido que sistemas diseñados para explotar datos personales, manipular la atención y maximizar la polarización se conviertan en espacios cotidianos de socialización para los colectivos más vulnerables. Y lo hemos hecho mirando hacia otro lado durante demasiado tiempo.

En ese contexto, el anuncio del presidente del Gobierno de prohibir el acceso a las redes sociales a los menores de 16 años supone, contra lo que algunos se apresuran a afirmar, un paso en la dirección correcta. No es una ocurrencia improvisada ni un gesto paternalista: es una medida de protección razonable para el colectivo más vulnerable frente a un entorno digital que se ha demostrado tóxico, manipulador y profundamente asimétrico.

Como explican algunos medios españoles, el anuncio no llega solo, sino acompañado de un paquete más amplio que incluye responsabilidad penal para directivos de plataformas que no retiren contenidos ilegales y una mayor exigencia de transparencia algorítmica.

Proteger a los menores importa, y mucho, y dado que no hemos logrado hacerlo mediante la educación, como sería mi preferencia, debemos planteárnoslo con otras medidas. Odio las prohibiciones, pero los datos acumulados en los últimos años muestran con claridad el impacto de las redes sociales en la salud mental de niños y adolescentes, desde la amplificación de trastornos de ansiedad y depresión hasta dinámicas de adicción diseñadas deliberadamente para maximizar el tiempo de exposición. Esos daños no han surgido de manera accidental: son el producto intencionado de unas compañías irresponsables y con un comportamiento abiertamente predatorio.

Ahora bien, sería un error gravísimo quedarse ahí. La prohibición a menores arregla algo, pero no arregla el problema de fondo. Las redes sociales dominantes siguen siendo, para adultos y menores por igual, estructuras empresariales cuyo modelo de negocio es incompatible con nuestra legislación, especialmente en lo relativo a privacidad, protección de datos, transparencia y derechos fundamentales. Como ya argumenté hace pocos días, hemos permitido durante demasiado tiempo que estas plataformas operen como si estuvieran por encima de la ley, amparadas en una supuesta neutralidad tecnológica que nunca ha existido.

Los argumentos en contra son conocidos y se repiten casi mecánicamente, cuando no directamente se convierten en ridículos e impresentables: se habla de censura, de infantilización de la sociedad o de un supuesto ataque a la libertad de expresión. Pero ninguno resiste un análisis mínimamente riguroso: no hay censura cuando lo que se limita no es el contenido de las ideas, sino un modelo de negocio basado en la explotación sistemática de datos personales. No hay paternalismo cuando el objetivo es proteger derechos fundamentales ya legislados y socialmente consensuados hace tiempo frente a empresas que han demostrado, una y otra vez, que no son capaces o no están dispuestas a autorregularse. Y no hay ataque a la libertad de expresión cuando lo que se exige es que quien quiera operar en una democracia avanzada lo haga respetando sus leyes. No se pretende «sobreproteger», lo que se busca es que las leyes que los europeos nos hemos dado y hemos aceptado desde hace mucho tiempo se cumplan como debe ser.

El núcleo del problema no es quién entra en las redes, sino cómo funcionan las redes. Plataformas basadas en la extracción masiva de datos personales, en la elaboración de perfiles psicológicos y en la manipulación algorítmica de la atención no pueden cumplir, por definición, con normativas como el GDPR sin vaciarlas de contenido. No es que incumplan la ley de forma puntual: es que su arquitectura misma se basa en vulnerarla. Y mientras eso siga siendo así, permitir su operación equivale a aceptar una excepción permanente al Estado de derecho. La experiencia acumulada en países que han empezado a imponer límites reales a las plataformas, desde las sanciones bajo el GDPR europeo hasta las restricciones impuestas por el Digital Services Act, muestra que el impacto no es la desaparición del debate público, sino todo lo contrario: una reducción de abusos, de desinformación organizada y de incentivos perversos. Debemos seguir avanzando con medidas más drásticas en esa misma línea.

Por eso, el siguiente paso lógico, y aquí es donde el debate se vuelve incómodo, es asumir que no todas las redes sociales tienen derecho a operar. Igual que una empresa alimentaria que no cumple las normas sanitarias es clausurada, o un banco que vulnera sistemáticamente la regulación es intervenido, una red social que no pueda demostrar que no procesa datos personales de forma abusiva, que no perfila usuarios y que no utiliza algoritmos opacos para amplificar contenidos en función de sus intereses (sean puramente económicos o directamente sociales o políticos) no pueda seguir operando. Igual que ocurre con cualquier otro sector económico, cuando una empresa no es capaz de cumplir de forma estructural con la normativa vigente, la consecuencia no es una negociación infinita, sino la retirada de su licencia para operar. En el ámbito digital, eso puede implicar la prohibición o el cierre de aquellas redes sociales cuyo modelo de negocio sea incompatible con la legislación en materia de privacidad y derechos fundamentales. No solo para menores. Para todos.

En este contexto, la idea de exigir responsabilidad penal a los ejecutivos no es ninguna barbaridad, sino una consecuencia natural de aplicar la ley con seriedad, que ya he expuesto anteriormente. Durante años, estas empresas han tratado las multas como un coste asumible del negocio, mientras seguían generando beneficios multimillonarios. Cuando la infracción sistemática deja de tener consecuencias personales para quienes toman las decisiones, el incentivo a cumplir desaparece. Si la única forma de garantizar el respeto a la legislación es que los directivos respondan penalmente por ello, entonces ese es el camino que hay que recorrer.

Algunos pretenden presentar estas medidas como un intento de controlar el discurso público o de limitar la expansión de determinadas corrientes ideológicas. Es una lectura interesada y profundamente errónea: aquí no estamos hablando de ideas, sino de reglas del juego, que hoy están siendo vulneradas por unos y mañana pueden estar siéndolo por otros. La libertad de expresión no incluye el derecho a explotar datos personales, a manipular audiencias mediante algoritmos adictivos, a lanzar y amplificar campañas socialmente corrosivas o a incumplir sistemáticamente la ley.

La prohibición de acceso a menores de 16 años es, por tanto, una buena noticia, pero solo si la entendemos como lo que es: el primer paso. Es, sin duda, un tema en el que mi opinión ha ido evolucionando con el tiempo, a medida que íbamos viendo cómo las redes sociales iban pasando de su propósito original, al verdadero desastre en el que se han convertido, en uno de los experimentos sociales más peligrosos que ha vivido la humanidad. No es en absoluto exagerado describir así las redes sociales: nunca antes se había expuesto de forma masiva a miles de millones de personas a sistemas de recomendación opacos diseñados para maximizar adicción, polarización y respuesta emocional, con efectos ya documentados sobre la salud mental, la radicalización política y la calidad del debate público.

Por eso, la prohibición a menores ha pasado a parecerme razonable, pero no suficiente: el verdadero reto empieza después, cuando tengamos que decidir si estamos dispuestos a aceptar que determinadas plataformas no tienen cabida en una sociedad democrática avanzada mientras sigan funcionando como lo hacen hoy. Proteger a los más vulnerables es imprescindible, pero proteger al Estado de derecho frente al negocio de la manipulación es la verdadera tarea pendiente.


This article is also available in English on Medium, «Banning minors from social networks isn’t enough: it’s time to close predatory platforms for good»

40 comentarios

  • #001
    EL PAIS - 4 febrero 2026 - 13:02

    ¡Enhorabuena! un post certero y sensato

    Rápido vendrán los palmeros de siempre a contaminar el debate

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  • #003
    Dedo-en-la-llaga - 4 febrero 2026 - 13:06

    «Proteger más vulnerables imprescindible, proteger Estado derecho frente negocio manipulación verdadera tarea pendiente.»

    Muy bien, excelente, sólo que ahora mismo los que «mandan», (y una inmensa caterva desorejada de lamelomos compulsivos y ansiosos de obediencia) están más dispuestos que nunca a realizar lo que, de siempre, ha sido el sueño húmedo del liberalismo, y ya no digo nada del neoliberalismo: «Hacer que el tamaño del Estado sea tan pequeño, que se pueda ahogar en una bañera»*.

    Ni más ni menos.

    Ahí lo dejo.

    * Grover Norquist, estratega republicano estadounidense en la década de 1990. (Esta frase es la clave con la que explicar una cantidad de cosas en política, y entender otras, absolutamente inmeeeeeeeeensa.)

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    • Dani - 4 febrero 2026 - 13:16

      «El sueño húmedo del liberalismo, y ya no digo nada del neoliberalismo: «Hacer que el tamaño del Estado sea tan pequeño, que se pueda ahogar en una bañera»*.»

      Es correcto.

      El liberalismo es el extremo contrario al fascismo («Todo en el Estado, nada contra el Estado, nada fuera del Estado»).

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      • Dedo-en-la-llaga - 4 febrero 2026 - 15:57

        Sí, es en extremo tan contrario, que por eso mismo se llevan a las mil maravillas. Como se puede comprobar día a día. «Nada en el Estado, todo en contra del Estado, todo fuera del Estado, porque el Estado soy yo, y vete poniéndote mirando a Cuenca, que verás qué risas…).

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        • Dani - 4 febrero 2026 - 17:22

          Liberalismo es reducir el Estado a la mínima expresión.

          Fascismo es darle al Estado el poder absoluto sobre los individuos.

          Si crees que algo o alguien puede ser a la vez liberal y fascista… entonces es que te has inventado un significado erróneo y propio para el término fascismo/fascista.

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          • BUZZWORD - 4 febrero 2026 - 18:11

            El liberalismo y el fascismo son el mismo perro con distinto collar. Ambos tienen el mismo dios y es su inquebrantable devoción por preservar el orden mundial capitalista. Ambos sistemas, han colaborado en la gestión económica y solo favorecen la propiedad privada, y tienen en la práctica las mismas políticas.

            Defensa del Capitalismo: Aunque el fascismo es estatista y el liberalismo defiende el libre mercado, ambos sistemas funcionan dentro del marco del capitalismo y buscan protegerlo contra otras alternativas.

            Colaboración Histórica: El fascismo surgió en Europa Occidental a menudo dentro de las democracias parlamentarias liberales, no fuera de ellas, y recibió apoyo de grandes industriales y terratenientes, incluso dentro de regímenes considerados democráticos.

            Gestión del Mercado: En la práctica, el fascismo ha permitido la existencia de empresas privadas y la propiedad privada, integrándolas en una estructura estatal corporativista, lo que no elimina por completo la lógica de mercado capitalista, sino que la utiliza para fines estatales.

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          • Dedo-en-la-llaga - 4 febrero 2026 - 18:38

            Dani, de verdad, quiero lo que tú fumas. ¡¡¡Urgentemente!!!

            Responder
            • BUZZWORD - 4 febrero 2026 - 18:44

              Se llama cultura, libros, leer, ser demócrata, etc etc. Tener sentido crítico, importarnos las personas en su colectividad, que haya servicios públicos, justicia social, etc…

              Eso da como resultado que desde un PUNTO DE VISTA EMPIRICO, se repite en la historia que no hay fascismo que no haya nacido en una democracia liberal, que esos partidos fascistas hayan dado golpes de estado, para hacerse con el poder (España, Chile, Italia, Argentina) y han respetado a las grandes empresas, de hecho lo contrario también ha pasado que esas empresas han traido dictadur (p.ej transporte Chile) etc

              Asi que ya sabes si te interesa aprender, lee mis comentarios

            • Dani - 4 febrero 2026 - 21:47

              «Eso que yo fumo» se llama un tener unos mínimos conocimientos de economía.

              No hace falta demasiado tiempo, en 1 año puedes aprender lo suficiente para poder desenvolverte.

              El liberalismo te puede gustar o disgustar. Pero es lo que es. Que un político diga que es liberal para ganar votos no lo hace liberal.

              El intervencionismo del Estado es justo lo contrario del liberalismo.

              Ejemplos: poner aranceles (lo hace la UE, EEUU, China, … todo el mundo) es lo contrario al liberalismo. Sacar leyes para favorecer a ciertas empresas es lo contrario al liberalismo. Regular el discurso de los medios de comunicación es una medida antiliberal.

              Y, desde luego, el «capitalismo de amiguetes» de Putin o Trump o los rescates a empresas con dinero de todos, sean líneas aéreas o sean empresas de otro tipo, son lo contrario al liberalismo. También cualquier medida represora de la libertad individual, claro.

              El liberalismo te puede gustar o disgustar. Pero es lo que es.

      • Luis Crespo - 4 febrero 2026 - 21:52

        Entonces, ¿cómo es que Trump y Milei se llevan tan bien?

        Responder
  • #012
    Benji - 4 febrero 2026 - 13:25

    Yo abogaría más por la educación en casa primero. Esto sucede porque muchos padres y madres, por la razón que sea, han abandonado a los menores a su suerte con el cacharrito.

    En mi época mis padres no se les ocurría comprarme el GTA III para que no me volviera violento ni ver determinadas series. ¿Sobreprotección? Tal vez, pero se tomaron en serio el educarme con unos valores que tenían. Si un cajero me daba demasiado cambio me obligaban a devolverlo.

    Ahora tenemos que poner «parches» porque los padres le sueltan a un niño de 9 años el android de sobra y que se apañe solo.

    Lo de poner como resposables a los directivos me parece excederse puesto que son ciudadanos de otros países. Pero se podría plantear cerrar la sucursal «española» de Meta y prohibir a cualquiera en España publicitarse allá o pagar campañas. Eso sí que afectaría a su dinero de entrada y a la difusión de desinformación.

    Peeeeeero lo que es desinformación y lo que no es un tema demasiado complejo como para sacar una ley y listos. Es multifacético y polimórfico.

    EDIT: He borrado toda la parrafada política por amor al debate en curso.

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    • Enrique Dans - 4 febrero 2026 - 13:41

      No, cuando se habla de responsabilidades penales para los directivos, se habla de aquellos que estén en tu fuero. No digo que Zuckerberg no acabe, posiblemente, no pudiendo venir a Ibiza con su barquito porque tenga pendiente una orden de busca y captura, pero sí de que las directivas de Meta en España tengan que hilar verdaderamente fino si no quieren acabar en un hotelito de máxima discreción con rejas.

      En cuanto a la educación, que siempre fue mi bandera más clara en este tema y en otros muchos, me temo que ya es tarde. Las redes sociales que hay que prohibir se han convertido en un modelo refinadísimo y profundamente predatorio, en el que no vale la pena educar a nadie. Es mejor acabar con ellas y dejar que la dinámica emprendedora deje espacio a que aparezcan otras redes – que aparecerán, porque el hombre es un ser social – con modelos diferentes y que sí respeten la legislación europea sobre privacidad.

      Responder
      • JM - 4 febrero 2026 - 17:49

        Totalmente de acuerdo.

        Echarle la culpa a la educación (padres, profesores, etc.) es como cuando se echa la culpa a los consumidores de lo que compran: a menudo no hay tiempo ni conocimientos para educar en estos temas ademas de todos el resto.

        Responder
    • D. FALKEN - 4 febrero 2026 - 15:04

      Yo abogaría más por la educación en casa primero. Esto sucede porque muchos padres y madres, por la razón que sea, han abandonado a los menores a su suerte con el cacharrito.

      Pues esto que dices, es síntoma de un problema que ha adquirido ya grandes dimensiones y es muy interesante de abordar. Asuntos cotidianos como estos dan para mucha reflexión.
      No me he documentado previamente de fuentes filosóficas/psicológicas, pero a simple vista, desde una perspectiva socio-económica, asoma como protagonista el creciente individualismo y otras consecuencias estructurales de esta fase de capitalismo destructivo.
      Sin ánimo de culpabilizar a los padres -que pueden a su vez, ser víctimas de otras dinámicas-, la educacion es la mayor de las responsabilidades. Y si no se cimenta en el hogar, a la vista quedan las consecuencias.

      Responder
      • JM - 4 febrero 2026 - 17:50

        No sé si te has preguntado que a lo mejor los padres y madres son las primeras víctimas de estas redes sociales y eso hace que no estén tan pendientes de los niños.

        Responder
    • Dedo-en-la-llaga - 4 febrero 2026 - 15:58

      Sí, eso, en casa, que menudo ejemplo. Los mismos que les enchufan el movil en la cuna, son ahora los que… Ya te digo.

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    • BUZZWORD - 4 febrero 2026 - 18:30

      No es una cuestión política es social, en eso te doy la razón. Resumiendo la situación es que Elon Musk está cabreado porque » Dirty sanchez » prohibe entrar a los menores en RRSS, y así sus amigos pedófilos que salen como él, en los papeles de Epstein no podrán lucrarse del «sharenting» de menores

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  • #019
    Jaime Bravo - 4 febrero 2026 - 14:14

    Tu exposición pone el foco donde realmente duele: el problema no son los usuarios ni el contenido, sino plataformas cuyo modelo de negocio choca de frente con la ley y con la agencia de las personas. Empezar por proteger a los menores es razonable, pero claramente no alcanza.
    Ahora bien, cuando bajamos esta discusión a América Latina, aparece un matiz clave: la implementación real es compleja. No porque la idea sea incorrecta, sino porque muchos países no cuentan hoy con la capacidad estatal, técnica y regulatoria necesaria para sostener medidas de este calibre en el tiempo.
    Exigir transparencia algorítmica, auditar plataformas globales, retirar licencias o incluso avanzar hacia responsabilidades personales requiere reguladores fuertes, equipos técnicos especializados, sistemas judiciales ágiles y coordinación internacional. Y esa infraestructura institucional, en buena parte de la región, todavía es frágil o está subdimensionada.
    El riesgo, entonces, es doble: aprobar normas ambiciosas que luego no se pueden hacer cumplir, o quedarse en gestos simbólicos que no alteran el modelo de fondo. En ambos casos, el resultado es el mismo: las plataformas siguen operando como siempre, pero ahora con una capa adicional de discurso regulatorio.
    Eso no invalida el planteo del artículo. Al contrario: lo refuerza. Si el problema es estructural, la respuesta también debe serlo. Pero en nuestro contexto, eso implica asumir que regular bien no es solo escribir leyes, sino invertir en capacidad estatal, conocimiento técnico y gobernanza real del entorno digital.
    Proteger a los más vulnerables es urgente.
    Pero construir Estados capaces de gobernar estos entornos sin improvisación es el desafío de fondo, y probablemente el más difícil.

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  • #020
    Bymiki - 4 febrero 2026 - 14:28

    Esperaba con ganas el artículo tras comentar ayer Enrique que salía hoy. Estoy totalmente de acuerdo, las redes sociales se han convertido en un problema mayor y hay que ponerle solución. Los menores siempre han tenido una especial protección jurídica en otros campos, este no debe ser una excepción.

    Habría que ver cómo afecta a un directivo de EEUU la responsabilidad penal en España, pues ya se ha visto que los convenios de reciprocidad se los saltan cuando quieren al otro lado del Atlántico. El siguiente paso debería ser directamente prohibir aquellas que no cumplan con la ley, al igual que se hace con otros sectores. La manipulación algorítmica a mi juicio es, junto con la comercialización de los datos personales, los dos grandes problemas, pero no los únicos.

    Responder
  • #021
    Javier - 4 febrero 2026 - 14:34
  • #022
    D. FALKEN - 4 febrero 2026 - 14:37

    De acuerdo con lo expuesto, pero con una salvedad.
    Y tiene que ver con la forma en la que se vaya a instrumentalizar esa prohibición.

    Con el precedente de Chat Control 2.0, que aún sigue vivo, (alimentado desde Bruselas, ignorando la falta de concenso entre países miembros) no olvidemos cual es el tipo de justificación oficial frente a lo que la opinión pública informada interpreta. Y respecto a este asunto, de cual es la posicion de nuestro gobierno. No me atrevería a decir que es incoherente -con un serio discernimiento se podría abordar como dos problemas diferentes-, pero me resulta bastante sospechosa.
    Por el contexto, por las correlaciones que aparecen y por los tiempos de estas.

    Y concreto esta sospecha, en el sentido de que la pelota no esta en el tejado de los menores: sino en el resto de usuarios de redes sociales. Técnicamente, hasta donde llega mi conocimiento, sería posible efectuar un registro con cierto grado de pseudo-anonimato, pero asunto diferente es si no hay otro interés detrás de ello.

    Personalmente, estoy a favor. ¿Por qué? Me la traen al pairo la mayoría de redes sociales. Uso alguna red descentralizada y abierta de forma limitada y con reservas. Si la regulación no genera confíanza en los ciudadanos, veremos si caen por su propio peso. Es necesaria una reforma profunda. Y en el sentido que valora @EDans vemos como se abandona tristemente, una vez más, a la educación como recurso más importante.

    Evidentemente, esta anunciada medida, no resuelve los problemas que implican el modelo actual de las RRSS. Si la intención es honesta, es un primer paso en la dirección correcta. Otra cosa, es si el «pan y circo» seguirá llenando «esos anfiteatros virtuales».

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  • #023
    Ano_nimato - 4 febrero 2026 - 15:39

    Proteger a los menores creo que es la escusa perfecta para evitar darnos cuenta de lo que verdaderamente se pretende y cuál será su forma de implementación. Me da la impresión de que lo que esconde esta medida no es otra cosa que poder conocer nuestra identificación real en las redes. Otro clavo más para el control de la libre opinión.

    Responder
  • #024
    Paco - 4 febrero 2026 - 15:42

    Para verificar la edad, y prohibir el acceso a menores y permitirlo a adultos, van a utilizar la app oficial Cartera Digital? Esa que se anunció hace 3 años, que sigue en Beta, y que nadie usa? La usarán los adultos para exponerse en determinados servicios? Podría crearse un mercado negro para validarse con perfiles creados en otros países más laxos por unas monedas?

    Responder
  • #025
    BUZZWORD - 4 febrero 2026 - 16:29

    Buen artículo

    Un consejo….

    Si hoy a las 6 le dices a Carles Francino que de pequeño eras como Máximo Pradera y te enfrentabas a los grises cantando la balada de Ho Chi Min, te deja más minutos en la ventana ;-) que lo que tenían previstos.

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  • #026
    juanpe - 4 febrero 2026 - 16:54

    Prohibirlas a los menores es solo el principio: el verdadero problema es que todos los politicos quieren controlar el relato por cualquier medio y las redes sociales se las estan resistiendo.

    Van a asaltar los conseijos de direccion de las redes sociales con las excusas de siempre: defender a menores y enfrentar a votantes de distintas ideologias (si no controlamos las redes sociales vendran los otros y diran cosas que no te gustan y al reves).

    Quitar el nombre que pone en este video y poner el del politico que peor os caiga. La reflexion es igual para cualquiera

    Responder
    • Juan T. - 4 febrero 2026 - 20:04

      No cuela; es la ultraderecha la que siempre se resiste a esto por que le sale gratis difamar, por una parte, y por que se le acaba el caladero de jovenes.

      Y si no espera a ver que partidos politicos ponen el el grito en el cielo, y despues mira lo que opina el 90 % de los padres con hijos de esa edad.

      Responder
    • BUZZWORD - 4 febrero 2026 - 22:24

      Hostia !!! el memo de Rallo… de verdad que aguantais a este tonto a las tres…

      ya no vende cromos a los cripto bros????

      Responder
  • #029
    Pablo - 4 febrero 2026 - 17:05

    Empiezo fuerte, ¿luego que viene? prohibir la reuniones de más de 3 adolescentes…

    No hay manera que crea que limitar los derechos de los ciudadanos o limitar el derecho de tutela de los padres sea algo que pueda tolerar, apenas quizás en algún estado de excepción (estado de sitio, ¿pandemia?), no, es absolutamente aberrante que en nombre de una supuesta protección (seguridad) se proponga la restricción de derechos.

    Si me parece muy buena la idea de regular hasta incluso prohibir la licencia del producto (redes sociales) que incumplan normativas, claro que entramos en aquello de ponerle puertas la campo pero por ahí debe ir la regulación.

    Se prohibe la venta de drogas, se persigue al narcotráfico, pero al drogadicto se lo ayuda y se le educa, y sí, algunos no lo lograrán, pero asi es la vida.

    Finalmente sobre educación, ¿realmente crees que hoy la educación está bien?

    Esto se parece mucho a «rompele las piernas y luego vendele las muletas.»

    IMHO

    Responder
    • Juan T. - 4 febrero 2026 - 20:05

      Otro que no tiene hijos.

      Responder
  • #031
    Xaquín - 4 febrero 2026 - 17:55

    «dado que no hemos logrado hacerlo mediante la educación» (Edans).

    A este tipo de actitud , en mi barrio, se le llamaba «bajada de pantalones». Como no puedo vencerte (o convencerte) me dejo dar por el culo… y además disimulo diciendo que he disfruto. Y me da igual que no el guste la comparación a los que usan esa parte del cuerpo como agujero natural de entretenimiento. La historia es como es (aproximada), no como me la cuentas.

    Hemos hecho, en la práctica, de la educación un proceso de domesticación, pero no nos planteamos darle la vuelta.. lo «mejor» o más fácil es ir reformando la domesticación, para que parezca menos inocua y… sobre todo, más necesaria, para que el sistema social siga funcionando igual.

    Y así nos va.

    Entramos en la fase bukelista del trumpismo… si no podemos convencerlos de que se porten «como nosotros queremos», les metemos un par de hostias y así conseguimos que «cambien» (superficialmente). O les quitamos el peluche, porque los puede hacer demasiado afectivos… y eso ya sabemos a donde lleva.

    Como con la ley seca, fomentaremos locales y venta ilegal de instrumental que les permita seguir disfrutando de la alienación global… algo que le sigue conviniendo a la sociedad de adultos dominantes.

    Y esto sí que va a misa : «en el que no vale la pena educar a nadie. Es mejor acabar con ellas y dejar que la dinámica emprendedora deje espacio a que aparezcan otras redes – que aparecerán, porque el hombre es un ser social «.

    Esta frase va en contra de dos principios básicos de la educación : uno, en todo momento y a todo el mundo se le puede educar (hasta cuando eres torturado)… y el otro, si somos un ser social como se puede hablar de suprimir mecanismos de comunicación social, por muy contaminados que estén. Más de una vez he puesto el caso de las cloacas, por donde se puede escapar de la muerte, tal como muestran Los miserables del Hugo. Y los misioneros muestran que no hay lugares imposibles, para educar/domesticar.

    Responder
    • Xaquín - 4 febrero 2026 - 18:04

      Es cierto que, cuando me hice algo más finolis, ya no decía bajar los pantalones, sino «tirar la toalla».

      Y es que, hablando de libertad o de educación, nuestro ADN NO nos permite tirar la toalla.

      Siempre que seamos una versión normal de homo sapiens, no una pieza bien encajada en la maquinaria social, usaremos la toalla para secarnos la sangre que se nos marcha (analógica o virtual).

      Responder
  • #033
    gon - 4 febrero 2026 - 18:43

    Tengo hijos que pronto serán adolescentes.
    No sé cómo agradecer que se legisle en este sentido.
    Llega tarde, pero llega!

    Responder
  • #034
    Matt - 4 febrero 2026 - 18:44

    Si en realidad no hay que inventar nada. La cosa debería ser sencilla: si no cumples la ley, no operas. Pero desgraciadamente ya sabemos que eso de que «la ley es igual para todos» es un solo un bonito slogan.

    Responder
  • #035
    Dedo-en-la-llaga - 4 febrero 2026 - 19:01

    Perro Xanche ese dictadorzuelo, aquí para algunos. Justito los primeros que se van a poner en pompa cuando gobiernen los suyos… Juasss!!!

    Tomad nota: diálogo entre Matt Damon y Ben Affleck en donde comentan que Netflix impone una serie de directrices, que enmierdan el desarrollo del film porque, atención, Netflix ya ha asumido que la mayoría de los espectadores ve las pelis/series mirando otros contenidos en el movil. Y, por esto mismo, hay que usar toda una serie de recursos de mierda en el propio desarrollo de la acción, para que el espectador pueda seguir dicha acción a la vez que mira su puto movil de mierda… A esto hemos llegado, pero aún irá a más, a muuuuucho más.

    Esto es, sin duda, una patología del sistema, y el que no lo quiera ver es que es ciego de los ojos; de los dos.

    Y, termino, esto tampoco lo va a arreglar, ni de lejos, un decreto ley, ni nada que se le parezca, porque lo «podrido» es la columna vertebral de todo el sistema, que a su vez es un muerto viviente. Que sabe que es un muerto viviente, y por eso le encanta bailar encima de barriles de nitroglicerina.

    Me vais a perdonar, o no, pero todos vamos a toda hostia por la vía de Adamuz… Y a ver quién es el guapo, con dos dedos de frente, dos ojos y dos orejas, que me dice que no.

    https://www.xataka.com/streaming/series-netflix-cada-vez-se-parecen-matt-damon-sabe-quien-culpable-tu-movil

    Responder
  • #036
    Guillermo - 4 febrero 2026 - 19:27

    Yo propongo prohibir todo lo adictivo:
    El tabaco
    El alcohol
    Drogas
    La comida adictiva
    Si un libro s adictivo, también.
    El trabajo para aquellos que es adictivo, también.
    Etc
    Etc
    El problema es que nos movemos por aficiones y adicciones y cuando pasan un límite son un auténtico problema.
    Porqué es más difícil que cale un libro en lugar de una rosa?
    Porqué cada vez vivimos más en una sociedad del no esfuerzo.
    La gente ya no cocina porque supone un esfuerzo.
    El tener hijos, lo mismo.
    Etc etc etc.
    Y si prohibidos las rrss, estarán los juegos.
    Y si prohibimos porque consideramos que el contenido es inapropiado, hasta donde llevamos esa línea?
    Estoy en contra de las rrss, pero lo que no sé es como acometer esa seguridad a los menores.
    PD, no es lo mismo 12 años, que 16.

    Responder
  • #037
    Juan T. - 4 febrero 2026 - 19:36

    Por favor Enrique, repite el tema con tu reacción respecto al mensaje masivo de Telegram a sus usuarios.

    Me parece de una gravedad inaudita, alg que no ha osado hacer ninguna tecnológica hasta ahora.

    Si no reaccionamos con una baja masiva estos nos comen vivos.

    Responder
  • #038
    Mauricio - 4 febrero 2026 - 19:42

    Enrique, el día de hoy con respecto a la prohibición de las redes sociales a los menores de 16 años manifiestas, entre otras cosas, lo siguiente:

    «La prohibición de acceso a menores de 16 años es, por tanto, una buena noticia, pero solo si la entendemos como lo que es: el primer paso. Es, sin duda, un tema en el que mi opinión ha ido evolucionando con el tiempo, a medida que íbamos viendo cómo las redes sociales iban pasando de su propósito original, al verdadero desastre en el que se han convertido, en uno de los experimentos sociales más peligrosos que ha vivido la humanidad.«

    Debo decir que me sorprende que de alguna manera estés asumiendo que te has equivocado, algo que tus lectores no estamos acostumbrados a ver. Esto me parece definitivamente positivo.

    La verdad, Enrique, es que todo indica que caíste en la trampa y por eso no le diste a este tema la importancia que merecía. Es más, como la persona bien enterada que siempre has sido, tú mismo ya mencionabas en tu post del 29 de agosto de 2009 un artículo de Slate del 12 de agosto de 2009 titulado Seeking. How the brain hard-wires us to love Google, Twitter, and texting. And why that’s dangerous. En dicho artículo se hacía una interesante exposición sobre el deseo y el gusto y cómo la dopamina generada por determinados estímulos, como los que se encuentran en internet, impulsa el primero. Tu reacción a dicho escrito probablemente lo explica todo:

    «Lo que me ha gustado del artículo de Slate es ver claramente reflejados muchos comportamientos de mi día a día, entender lo que pasa en mi cerebro cuando veo esos comentarios, esos retweets, esa retroalimentación que antes tardaba horas o directamente ni se producía… sí, es un vicio. Sí, me gusta, y ahora, tras leer la interesante teoría expuesta en el artículo, hasta me lo puedo explicar un poco más gracias a la neurofisiología. ¿Podría vivir sin ello? No lo sé ni me importa. Es parte de mi mundo, y estoy completamente dispuesto a vivir con ello.

    Es decir, a lo largo de los últimos años no solo habrías sido, de cierta manera, abducido por internet sino que, además de todo, ya lo sabías y, por lo visto, no te importaba por la sencilla razón de que era lo actual y de que todo lo nuevo del mundo tecnológico era y sigue siendo el centro de tu vida académica.

    Por otro lado, la educación como solución a los problemas que fueron apareciendo con el uso de las nuevas tecnologías ya la has mencionado desde hace varios años, aunque muchas veces en un contexto en el cual elevabas a los altares a los dispositivos y atacabas con enojo a quienes osaban hablar en contra de ellos. Por ejemplo, en tu post del 14 de marzo de 2015 decías:

    «En este contexto, que alguien como yo sugiera, como efectivamente hago, que «la mejor edad para que nuestros hijos empiecen a tener acceso a un smartphone es cuando dejen de llevárselo a la boca», es interpretado por muchos como un «se nota que no tiene niños de esta edad y con este problema» o directamente un «no se entera de nada». Si unimos a esto la aparición de jueces de tribunales de menores que descubren la emoción de ser intensamente mediáticos y que afirman que «si un adolescente echa mano de su teléfono móvil nada más despertarse es que tiene un problema de adicción«, tenemos un problema servido: a la figura de un ex-juez de menores se le tiende a atribuir un cierto conocimiento del contexto y una cierta autoridad, hasta el punto de que pocos se detienen a evaluar si no estamos, simplemente, ante un retrógrado, un tecnófobo y un tremendista del calibre 9mm Parabellum.«

    Sobre ciertos errores u omisiones que cometes cuando hablas de temas educativos ya me he pronunciado en diversas ocasiones. Algo que siempre habría que tener en cuenta es que la realidad de los estudiantes de la IE University tiene poco que ver, por muy diversas razones, con la del alumno promedio de primaria y secundaria. Sería interesante que le volvieras a dar un vistazo a lo que ya te decía en agosto de 2020 o, mejor aún, dar una mirada muy detenida a mi extenso y fundamentado comentario de octubre de 2020 al cual en su momento respondiste dándole poca importancia al tema de la dopamina de una manera que contradice el propio artículo de Slate que tú mencionaste en 2009. Además, algo muy importante a lo que no te referiste en su momento era a la entrevista a Marta Peirano, autora del libro «El enemigo conoce el sistema» , sobre los diseños que deliberadamente buscan generar una dependencia en la cual caen personas de todas las edades:

    «La adicción la genera la aplicación y cuando lo entiendes, empiezas a verlo de otra manera. No es falta de voluntad, están diseñadas [para] ofrecerte loops de dopamina, que te dan una satisfacción inmediata y te arrastran de cualquier otra cosa que no te la da, como por ejemplo jugar con tu hijo, pasar un rato con tu pareja, irte al campo o terminar un trabajo, que requieren una curva, porque hay satisfacción, pero no es inmediata.»

    Es más, en mi mencionado comentario de agosto de 2020 hacía referencia a un artículo de The Guardian de 2017, que decía, entre otras cosas, que «Google, Twitter and Facebook workers who helped make technology so addictive are disconnecting themselves from the internet». Con esto queda aún más claro que el tema del diseño adictivo ya se había planteado desde hacía varios años en este blog.

    Todo esto lo expreso no para declararme victorioso sino para amistosamente decirte que tengas presente que aun mentes brillantes como la tuya pueden cometer diversos tipos de errores. La verdad es que a mí me preocupa, por ejemplo, el asunto de Tau de TuringDream, en particular porque cuando en su momento comenté al respecto me parece que no entendiste lo que dije, tal como te lo manifesté en mi contrarrespuesta. Estoy seguro de que la concepción de Tau debe ser muy sólida desde el lado informático y gerencial, pero no sé si igualmente lo sea desde la perspectiva de la tecnología educativa, la didáctica, la psicología del aprendizaje y la sociología de la educación. En España hay muy buenos especialistas en dichas áreas y si quieres que dicho proyecto sea exitoso deberías incorporarlos urgentemente.

    Responder
    • Dedo-en-la-llaga - 4 febrero 2026 - 20:48

      Dejarse de tonterías con el tema del cerebro; el tema del cerebro NO EXPLICA ABSOLUTAMENTE NADA de NADA. Ni la dopamina de los cojo***, ni el cortisol de las narices, ni etc., etc. Todos esos estudios tan sesudos que se citan, tienen más trampas que una película de chinos, pero de chinos mala y remala. Son más fakes que las fakes más fakes.

      En definitiva, es reducir hasta la necedad todo lo que tiene de esencial la vida humana y de paso, desresponsabilizarnos de nuestros propios actos; lo que, por cierto, consuena muy bien con los tiempos que corren.

      Responder
  • #040
    Marcos - 4 febrero 2026 - 22:01

    Sin entrar en palabrotas políticas que ya he visto en algunos comentarios…, diré lo que (aquí mismo) dije siempre.

    1)Cuando se comercializa un producto en España, sea alimenticio, farmacéutico, textil, etc…, debe de pasar por unos filtros para su consumición.

    Scroll infinito, cultura de los Likes, filtros, entre otras cosas, por no hablar de las cajas, botines, maletines, etc… sorpresa que desde hace años se ha puesto “de moda” en los videojuegos y que son literalmente, tragaperras virtuales a las que pueden acceder menores de edad.

    Si hay múltiples industrias que deben de acatar unos filtros de seguridad que entiendo que expertos se encargan de delimitar ¿por qué no pasa esto en cus to a productos o servicios de índole virtual?

    Y no es una pregunta retórica.

    2)Facebook, Youtube, Instagram, Apps de ligue… qué sé yo… . Lo que sea.

    Se lanzan y llegan de forma democrática a todo el mundo a lanzan vez (más o menos, el tema de invitaciones “es tan del 2006”— leer con voz de adolescente). Llega al teléfono de la persona de 44 años, de la de 72, de la de 15, la de 21, la de 69, la de 14…

    Claro. Las personas de 45 años (generalizando…) trabajan, se encargan de la casa, los hijos, necesitan tiempo para su ocio, a eso súmale todo lo que ya he dicho de la casa (salir a comprar, que si Manuelita necesita unas zapatillas nuevas, que si Jaime rotuladores, etc… ). Es absolutamente obvio que los adultos disponen de menos tiempo de esparcimiento que los adolescentes.

    Así que ellos (los adolescentes) acceden de forma masiva tanto en tiempo como en atención a nuevas herramientas y oh!!!, las controlan mejor que sus predecesores.

    Aunque no sepan hacer la o con un canuto. Aunque no sepan gestionar la comunicación con otros seres humanos de forma directa (estudios hablan de la fobia de contestar llamadas…), de experiencia vital al fin y al cabo que puede y solo puede hacer que la gestión de redes sociales sea diferente en una época adolescente que de una adulta (monetizaciones estúpidas aparte, que “por dinero baila el perro” por muy adulto que sea).

    De la misma manera que no dejamos a nuestros hijos acceder a locales de cierto tipo, al menos hasta tener los 18, por ejemplo, deberíamos de utilizar un sistema parecido para crear filtros frente a herramientas virtuales concretas.

    Responder

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