Mi columna de esta semana en Invertia se titula «Inteligencia artificial y trabajo: la marea que no hace ruido» (pdf), y trata sobre cómo el impacto de la inteligencia artificial en el empleo está siendo mucho menos abrupto de lo que anuncian los titulares apocalípticos, pero también mucho más profundo y estructural de lo que sugieren los discursos tranquilizadores.
Frente a la idea de una destrucción masiva e inmediata de puestos de trabajo, los datos que manejan inversores, analistas y grandes firmas de investigación parecen apuntar más a una transformación progresiva que va reconfigurando tareas, carreras profesionales y equilibrios de poder dentro de las organizaciones.
Para construir el argumento me apoyo, entre otros, en el último informe de PwC sobre empleo e inteligencia artificial, elaborado a partir del análisis de cientos de millones de ofertas de trabajo y datos empresariales, que muestra cómo los sectores más expuestos no sufren necesariamente una destrucción inmediata de empleo, pero sí cambios acelerados en habilidades, salarios y composición de los puestos, con un impacto que, una vez iniciado, tiende a amplificarse y no a revertirse.
Desde la banca de inversión, el diagnóstico es muy similar. Morgan Stanley plantea que la inteligencia artificial acabará afectando a la mayoría de las ocupaciones, no tanto eliminándolas como redefiniéndolas, y vincula ese proceso a incrementos de productividad que históricamente suelen traducirse en presión organizativa y ajustes de plantilla. J.P. Morgan afirma además que muchas empresas todavía no han activado plenamente ese potencial, pero que una desaceleración económica podría acelerar la sustitución de contratación por automatización, convirtiendo la próxima crisis en un catalizador del cambio.
Mi artículo también intenta conectar estas visiones con la evidencia histórica analizada por Brookings, que nos viene a decir que la adopción de inteligencia artificial hasta ahora se ha asociado más a crecimiento empresarial que a destrucción neta de empleo, aunque ese crecimiento no se reparte de forma homogénea y suele penalizar siempre a los mismos perfiles, especialmente a quienes ocupan posiciones de entrada o intermedias en las organizaciones.
Finalmente, he intentado incorporar datos recientes sobre percepción y ansiedad laboral, como una encuesta en Reino Unido que muestra que más de una cuarta parte de los trabajadores teme perder su empleo por la inteligencia artificial en los próximos cinco años, pero no tanto porque esperen una sustitución directa, sino porque perciben que el equilibrio está cambiando, a menudo antes que sus propias empresas. Algo que en artículo califico como «una variación del síndrome del impostor», y que me temo que es un indicador temprano bastante fiable: si tú mismo, cuando evalúas las capacidades de la inteligencia artificial generativa en su estado actual (que dista mucho de lo que será capaz de hacer en no mucho tiempo), empiezas a temer por el futuro de tu trabajo, es una evidencia de que, en efecto, el futuro de tu puesto está en peligro.
Mi tesis de fondo es que no nos enfrentamos a un apocalipsis inmediato, sino a una marea lenta y silenciosa que va erosionando trayectorias profesionales, reduciendo la necesidad de perfiles junior y polarizando el mercado laboral. Un proceso menos vistoso que el despido masivo, pero mucho más difícil de corregir cuando ya se ha integrado en procesos, organigramas y hábitos de contratación. Como suele ocurrir con las mareas, el problema no es que lleguen sin avisar, sino que cuando miramos atrás, la costa ya no es la misma.


Enrique, hay dos cosas que quisiera comentar derivadas de lo que hoy expones:
1) Dices, entre otras cosas, que «no nos enfrentamos a un apocalipsis inmediato, sino a una marea lenta y silenciosa.» Esta afirmación que muy probablemente es cierta para el caso de la IA y el empleo lo es también con casi total certeza para el caso del cambio climático, como manifesté con cierta amplitud en un off topic en este mismo blog a inicios de este año (que deberías leerlo si es que en su momento no lo hiciste).
2) Cuando te sea posible, sería interesante que nos compartieras ejemplos del impacto positivo y/o negativo de la IA en empresas o instituciones que tú conozcas de primera mano. A veces tengo la sensación de que en un uso intensivo estas herramientas pueden resultar (todavía) verdaderamente decepcionantes. Por ejemplo, me he encontrado que a la hora de detectar la correspondencia entre los autores mencionados en un artículo académico y aquellos que constan en la bibliografía, la cantidad de errores que comete una muy conocida IA en su versión de pago es del 53% y lo peor es que te asegura que ha hecho las cosas de manera minuciosa y sin alucinaciones (y eso habiendo seguido todas las recomendaciones dadas para lograr las respuestas más óptimas). Estas situaciones solo provocan pérdida de tiempo y escepticismo y me crean la sospecha de que mucha gente no está evaluando con real profundidad la calidad de lo producido por la IA actual.
La opinión de alguien como yo, que ya lleva años alejado de las oficinas y despachos, es que la introducción de la AI en la empresa seguirá un proceso similar a lo que supuso la introducción de la digitalización en la empresa.
Puede dar lugar a traumas puntuales como lo fue en las comunicaciones la sustitución de las telefonistas por los teléfonos automáticos, o en la. la banca le eliminació de inmensas oficinas de contables, por un ordenador, pero lo cierto es que permitió multiplicar las operaciones comerciales desplazando a muchas personas de su trabajo habitual ,(burocrático), a otro, (comercial), en la mayoría de los casos incluso dentro de la misma empresa, (de ahí la proliferación de sucursales bancarias que se han cerrado a medida que se ha jubilado el personal).
Hoy el camarero del bar nos toma el pedido con una tablet, y nos cobra con un bizzum, la digitalización ha triunfado en todas las áreas, pero eso no ha supuesto una crisis en el empleo, incluso han proliferado los puestos de trabajo, que han permitido ac ceder a la mujer y a los emigrantes al trabajo manteniendo mas o menos estale el índice de paro.
Como tú, llevo algunos años fuera del mercado laboral, pero puedo asegurar, tras mi experiencia en el departamento de IT e Ingeniería de una conocida multinacional americana y mi participación en proyectos de automatización y robótica que mostraban el avance de lo que hoy en día estamos viviendo, que el impacto en el empleo SI puede ser bastante radical. Hoy en día las noticias nos muestran las bondades y defectos de los LLM’s pero para mí el verdadero hito serán los robots que, por ejemplo, a partir de finales de año Tesla (entre otros) quiere sacar al mercado. Como bien dices, hasta ahora los cambios tecnológicos «ayudaban» a que las personas progresaran a mejores puestos de trabajo pero la robótica simplemente los desplazará, no habrá sitio para todos donde puedan moverse. Un saludo
En su momento, la introducción del telar a vapor (buen relato del KF), fue una catástrofe para el empleo, pero luego se pudo recuperar, con la adaptación industrial consecuente. Dudo que con la IA, que además es más inteligente que un telar, no pueda hacerse la adaptación pertinente.
Eso sí, siempre que las fanáticas IHs, sean ludistas o capitalistas, no pongan barrotes en la rueda evolutiva.