Inteligencia artificial y educación: en el anuario de Computing

Rufino Contreras, de Computing, me pidió un artículo para el Anuario de la revista sobre un tema del que me había escuchado hablar durante la primera presentación de Tau Tutor, el primer producto que presentamos en TuringDream.

El artículo que le envié, titulado «La educación hiper-personal cumplirá la tesis de Bloom«, parte de una idea tan antigua como potente: la convicción de que la educación es el mayor multiplicador de oportunidades que existe, y de que llevamos más de un siglo gestionándola con herramientas y mentalidades claramente obsoletas.

En él recupero dos referencias clásicas, Alan Turing y Benjamin Bloom, no tanto por nostalgia académica, sino porque ambos ayudan a entender con claridad el momento histórico en el que nos encontramos. Turing imaginó máquinas capaces de ampliar nuestras capacidades cognitivas, no de sustituirlas, y Bloom demostró empíricamente que la tutoría personalizada puede transformar radicalmente el rendimiento de cualquier estudiante. Durante décadas, esa evidencia quedó archivada como una bonita teoría imposible de escalar. Hoy, gracias a la inteligencia artificial, deja de serlo.

La tesis central de mi artículo es que la hiperpersonalización educativa ya no es una promesa futurista ni un eslogan de marketing, sino una consecuencia lógica del progreso tecnológico. Por primera vez podemos aspirar, de manera realista, a ofrecer a cada estudiante un acompañamiento adaptado a su ritmo, a su forma de aprender y a sus necesidades concretas. No se trata de reemplazar a los docentes, sino de liberarles de la parte más mecánica y repetitiva de su trabajo para que puedan centrarse en aquello que de verdad aporta valor humano: inspirar, orientar, desarrollar pensamiento crítico y crear comunidad. La inteligencia artificial, bien utilizada, puede ser el gran igualador educativo que nunca hemos tenido.

En el artículo también subrayo un aspecto que suele quedar en segundo plano en estos debates: la desigualdad educativa como raíz de muchas otras desigualdades. La falta de acceso a buenos profesores y a una atención individualizada marca trayectorias vitales completas, y lo hace de forma especialmente injusta porque el alumno no tiene capacidad alguna de elección. La combinación de aprendizaje automático y economías de escala abre la puerta a convertir lo que antes era un privilegio, un buen tutor personal, en un derecho potencialmente universal. Esa es, probablemente, una de las aplicaciones más transformadoras de la inteligencia artificial que podemos imaginar.

Finalmente, el artículo trata de plantear una visión de la educación como proceso continuo y vital, no como una etapa acotada a la infancia y la juventud. Un asistente educativo hiper-personalizado puede convertirse en un compañero intelectual a lo largo de toda la vida, ayudándonos a aprender, reaprender y adaptarnos en un mundo que cambia cada vez más deprisa. Pero para que ese futuro sea deseable, hay condiciones irrenunciables: la educación debe estar al servicio del alumno, no de las instituciones, y los datos deben pertenecer siempre al estudiante. Sin privacidad y sin confianza, no hay aprendizaje real. Con ellas, y con la tecnología adecuada, quizá estemos por fin en condiciones de cumplir aquello que Bloom demostró y que Turing intuyó: que el conocimiento no debe ser un privilegio, sino una auténtica herramienta de emancipación.

3 comentarios

  • #001
    Luis Hernández - 30 enero 2026 - 13:36

    Creo que siempre hemos sabido qué funcionaba en educación, pero no cómo escalarlo, sobre todo sin perder calidad humana.

    En nuestro caso, trabajando con IA aplicada a formación, hemos comprobado que la clave no está en «automatizar al profesor», sino en invertir la jerarquía: que el criterio pedagógico humano mande y la IA actúe como amplificador cognitivo, no como fuente autónoma de verdad.

    En los proyectos en los que estamos trabajando (bibliotecas públicas, universidad, formación interna en empresas), creo que lo que mejor funciona es la personalización como diálogo guiado, con materiales propios adaptados, reglas claras y control del contexto. En ese punto es donde la personalizada asistida por IA empieza a ser escalable sin volverse peligrosa.

    Estamos desarrollando una plataforma en esa línea (Live Aula), y lo más interesante es que los mayores beneficios no aparecen en la «innovación visible», sino en algo mucho más sencillo: menos fricción cognitiva, lo que resulta en menos abandono, más tiempo del docente dedicado a pensar y acompañar en lugar de repetir.

    Coincido también en el punto final del artículo: sin confianza, propiedad de los datos y un enfoque verdaderamente centrado en el alumno, la promesa de la IA educativa se desvirtúa rápido. En esas condiciones, en cambio, Bloom deja de ser una utopía académica y empieza a parecer una hoja de ruta realista.

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  • #002
    LEON - 30 enero 2026 - 13:44

    Vaya, por fin alguien toca ese tema.

    La educación reglada que hoy día padecemos tuvo su origen en los comienzos de la industrialización, cuando se necesitaba formar a muchas personas en las mismas materias para que fueran útiles en los procesos productivos que se estaban desarrollando.

    Estos paradigmas son difíciles de cambiar y así hemos llegado a los tiempos actuales en los que por la simple inercia a la que se añaden intereses particulares para que nada cambie, se obliga a los educandos a recibir la misma educación al mismo ritmo independientemente de las capacidades de cada uno, matando así las inmensas posibilidades que cada uno pueden desarrollar.

    Hoy disponemos de medios suficientes para proveer a cada alumno de un sistema que le forme a su ritmo y explote sus posibilidades en las diferentes ramas del conocimiento sin tener que forzar a los menos capaces o bloquear a los mas capaces en cada una de las distintas disciplinas.

    Cuantas mentes brillantes habremos perdido por no haberles ofrecido la posibilidad de desarrollarse.

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  • #003
    Gorki - 30 enero 2026 - 15:37

    De todos los profesores que he tenido/padecido, solo uno fue realmente extraordinario y lo fue, porque nos consiguió despertar el deseo de conocer.
    Fue un profesor de biología en uno de los últimos cursos de bachillerato. Nos hizo apasionados del tema. y gracias a ello aprendí sobre el tema muchísimo mas de lo que venia en los libros sin esfuerzo por mi parte., en un afán de conocer-

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