Cuando la consultoría deja de pensar y empieza a desaparecer: la inteligencia artificial y el colapso del viejo modelo

IMAGE: A split scene showing traditional business consultants standing on a crumbling cliff on one side, and engineers working alongside a powerful humanoid AI system on the other, symbolizing the shift from strategy to execution in the age of artificial intelligence

Los despidos anunciados por McKinsey, un recorte cercano al 10% de su plantilla, no son una anécdota ni una simple corrección de costes en un ciclo económico menos favorable. Son una señal inequívoca de que, como llevo tiempo comentando, el modelo tradicional de la consultoría estratégica está entrando en una fase de agotamiento acelerado.

Como bien explica Fast Company en su análisis sobre el caso McKinsey, no se trata sólo de menos proyectos o de clientes más cautelosos, sino de algo mucho más profundo: la inteligencia artificial está vaciando de contenido buena parte de lo que durante décadas justificó la existencia de estas firmas como intermediarios privilegiados del conocimiento y el análisis.

Durante años, la consultoría vivió cómodamente instalada en la asimetría de información. El acceso a benchmarks, a metodologías propietarias, a marcos conceptuales y a ejércitos de analistas producía que la capacidad de procesar datos y producir recomendaciones se desarrollase a una velocidad inalcanzable para la mayoría de las organizaciones: si contratabas a una consultora, obtenías respuestas a más velocidad, y recubiertas además por una reputación de validación externa. Ese diferencial, sin embargo, se ha ido desintegrando a una velocidad sorprendente. Hoy, cualquier directivo con criterio puede obtener análisis comparables en minutos, apoyándose en modelos de inteligencia artificial generativa que no solo sintetizan información, sino que proponen escenarios, riesgos y alternativas con un nivel de sofisticación que hace apenas unos años parecía ciencia-ficción.

Este fenómeno no es una simple automatización de tareas, sino una comoditización del núcleo mismo del negocio. Como ya he señalado anteriormente al analizar el colapso del modelo de horas facturables y la fragilidad de la pirámide clásica de consultoría, la inteligencia artificial no solo reduce costes: además, hace innecesaria una parte sustancial del trabajo que antes se cobraba como «de alto valor añadido». Los despidos son, en ese sentido, la manifestación visible de una pérdida de tracción estructural, no un ajuste temporal.

Sin embargo, el verdadero problema no es que la estrategia se haya vuelto barata, sino que el foco se ha desplazado radicalmente. En la era de la inteligencia artificial, el cuello de botella ya no está en decidir qué hacer, sino en hacerlo de verdad. Las organizaciones acumulan diagnósticos, roadmaps y estrategias de inteligencia artificial impecablemente redactadas, pero sus iniciativas reales se atascan en pilotos que nunca llegan a escalar. La distancia entre la promesa y la ejecución, ese eterno «implementation gap», ha dejado de ser una molestia gestionable para convertirse en una amenaza existencial. En un entorno donde la ventaja competitiva basada en datos y modelos se refuerza con el uso y el tiempo, no ejecutar rápidamente equivale a quedarse fuera del juego.

Aquí es donde la consultoría tradicional muestra sus mayores carencias. Diseñar una visión es relativamente sencillo. Integrar modelos en sistemas legacy, limpiar datos caóticos, rediseñar procesos, cambiar incentivos internos y vencer resistencias culturales es otra historia muy distinta. La inteligencia artificial no fracasa por falta de ideas, sino por falta de organizaciones capaces de absorberla. Y ese trabajo exige perfiles, capacidades y mentalidades muy alejadas de las que dominan en las grandes firmas estratégicas.

Las empresas que están avanzando de forma tangible en su transformación con inteligencia artificial están buscando socios diferentes. No tanto «gurús» de la estrategia como equipos obsesionados con llevar soluciones a producción, medir impacto y ajustar sobre la marcha. Integradores tecnológicos con conocimiento profundo del negocio, firmas especializadas en datos, equipos mixtos que combinan ingeniería, producto y gestión del cambio, o incluso capacidades internas reforzadas de manera muy selectiva. El prestigio de la marca pesa cada vez menos frente a la capacidad demostrada de ejecutar sin paralizar la organización.

Los casos de éxito rara vez aparecen en grandes presentaciones corporativas, pero son reveladores. Empresas industriales que han pasado de pruebas conceptuales a sistemas de mantenimiento predictivo integrados en sus operaciones diarias, reduciendo costes y paradas de forma sostenida. Entidades financieras que han incorporado modelos de detección de fraude directamente en sus flujos operativos, con impacto real en pérdidas evitadas. Compañías de distribución que han conectado previsiones basadas en inteligencia artificial con decisiones automáticas de inventario y logística, rompiendo silos que llevaban décadas intactos. En todos ellos, el patrón es el mismo: menos discurso, más ejecución, y una gobernanza clara orientada a resultados, no a presentaciones ni a powerpoints.

A medida que avanzamos en 2026, la pregunta clave para los consejos de administración ya no debería ser si necesitan una estrategia de inteligencia artificial: esa fase está superada. La cuestión real es quién les va a ayudar a convertir esa estrategia en sistemas que funcionan, en personas utilizándolos y en decisiones tomadas de forma distinta. En ese nuevo escenario, la consultoría que no sepa ejecutar está condenada a adelgazar o desaparecer. Y las organizaciones que sigan comprando pensamiento sin exigir implementación están asumiendo un riesgo que, esta vez, no podrán justificar como un simple retraso.


This article is also available in English on Medium, «AI is ending the golden age of strategy consulting: just ask McKinsey«

10 comentarios

  • #001
    Jaime Bravo - 13 enero 2026 - 13:59

    Hay algo muy certero en este diagnóstico estimado Enrique: la inteligencia artificial no está abaratando la estrategia, sino está desplazando el cuello de botella.
    El problema ya no es pensar qué hacer, sino dónde y cómo ocurre la acción. Ese fue siempre el problema de la estrategia en muchas organizaciones, como ejecutarla. Hoy este problema se acentua ya que no es problema de información es problema de acción

    Desde lo que viene planteando Luciano Floridi, esto tiene una lectura aún más profunda: cuando la información deja de ser un insumo y pasa a ser el entorno donde operan las organizaciones, el valor no está en producir más ideas, sino en diseñar bien ese entorno para que las decisiones puedan ejecutarse con sentido.

    Ahí es donde muchas consultoras fallan: siguen entregando representaciones (ppts, roadmaps, narrativas), pero no intervienen en la arquitectura real donde viven los datos, los procesos, los incentivos y la cultura.
    Y sin ese rediseño del entorno, la capacidad organizacional se diluye: hay diagnósticos impecables, pero poca capacidad real de actuar.

    Posiblemente el colapso del modelo tradicional no tenga que ver solo con la IA, sino con que la ejecución exige hoy responsabilidad de diseño, no solo recomendación.
    Se requiere menos intermediarios del conocimiento y más constructores de sistemas que funcionen en la práctica, que conozacan y vivan la realidad.

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    • Enrique Dans - 13 enero 2026 - 15:30

      Totalmente. Esa es la interpretación, y además, la hemos basado en el mismo autor…

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  • #003
    Gorki - 13 enero 2026 - 14:01

    Sin entrar a juzgar tu opinión, basarlo solo en que una determinada empresa decida reducir su plantilla un 10 %, me perece un poco arriesgado.

    MI opinión es, que hoy por hoy, las respuestas de la AI, son en exceso complacientes con la opinión del interrogador. (Algo que desde luego ya ocurría con las opiniones de las Consultoras).

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    • Enrique Dans - 13 enero 2026 - 15:31

      Lee mis artículos anteriores de esta serie dedicada a la consultoría, están enlazados en este, y verás que no me baso en una sola compañía… ya son muchas las que han recortado plantilla, y van a seguir haciéndolo…

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    • Luis - 13 enero 2026 - 20:37

      Me pregunto si este artículo no estará hecho con IA o validado con la misma. Pensar que una empresa.seria.va a hacer lo que le diga ChatGPT es no tener ni idea de cómo funciona por dentro las grandes consultoras como Mckinsey, mucho tiene que mejorar la IA aún.

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  • #006
    Xaquín - 13 enero 2026 - 20:53

    «convertir esa estrategia en sistemas que funcionan, en personas utilizándolos y en decisiones tomadas de forma distinta.» (EDans).

    Resulta curioso, pero yo lo podría aplicar al proceso de análisis de los problemas educativos, que se dan e en un centro escolar (público)… aunque, en ese contexto, pocas veces se conseguía que una mayoría del equipo docente se preocupara por dar el paso de sacar conclusiones… el resto (aplicarlas) ya…

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  • #007
    Ferran Muñoz - 13 enero 2026 - 21:39

    Buen análisis. He de decir que en mi carrera he visto consultoras cuya funcionalidad sigue siendo la de inflar presupuestos (para cobrar más del cliente) y justificar retrasos en entregables por falta de entendimiento entre equipos, calidad del dato, etc. Todo excusas que con la IA se van al pairo. La IA no piensa, ejecuta, sin miramientos.

    Todo esto con jefes de proyecto adictos a formas de trabajar arcaicas, gestionando proyectos en Excel, sin un control claro de la situación. Cuanto me alegraré de ver que son estas personas las que caigan cuando varios.MCPs/Agentes de IA generen automáticamente tareas, les cambien el estado a partir de eventos que vayan recibiendo,.que realicen cálculos/simulaciones y desplieguen sin nadie perezoso o que justifique su ineptitud.

    Si estamos hablando de esto, bienvenido sea :)

    PD: Cuanto tiempo sin pasarme por aquí, querido Enrique!

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  • #008
    Arturo - 14 enero 2026 - 13:16

    El. Modelo de consultoría tradicional murió hace 20 años y eso que no había IA. El asunto es simple: las compañías requieren de intervenciones ágiles, concretas y específicas.Necesitan nuevas estrategias o implementar cambios rápidos y profundos porque lo demanda la competitividad. El. Modelo Mc Kinsey como el de las big 4 donde en un proceso de consultoría aparecian con un equipo tipo pirámide de 10 asesores no corre más. Hoy el modelo es artesanal, adhocratico con 2 o 3 personas que resuelvan problemas, las cosas sucedan y estabilicen la solución. La IA es una herramienta más, no la única. Lo que pueda facilitar es la agilidad en la solución. Saludos

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  • #009
    Sergio - 14 enero 2026 - 19:42

    Puede cambiar usted la palabra consultor por profesor de escuela de negocios y consultora por escuela de negocios, a ver que le sale…

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  • #010
    Ana mendez - 16 enero 2026 - 00:48

    Leyendo el artículo me quedé pensando que, en el fondo, muchas consultoras llevan años repitiendo marcos y presentaciones que ya nadie cuestiona demasiado. La llegada de la IA solo hace más evidente algo que ya estaba ahí: pensar no es lo mismo que ejecutar. Puedes tener el mejor análisis del mundo, pero si no cambia nada en el día a día de la empresa, se queda en papel (o en slides).

    Me parece interesante verlo no tanto como el fin de la consultoría, sino como una especie de espejo incómodo: obliga a preguntarse qué valor real se está aportando. Acompañar decisiones, asumir riesgos junto al cliente y ayudar a que las cosas pasen de verdad quizá sea lo único que no se puede automatizar tan fácilmente.

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