París y la micromovilidad compartida: aprendiendo de la experiencia

IMAGE: Jacques Gaimard - Pixabay

Cuando, hace algunos años, algunas compañías comenzaron a operar patinetes eléctricos en muchas ciudades en todo el mundo, fue un absoluto caos. Sin regulación de ningún tipo, las aceras se llenaron de vehículos tirados de cualquier manera, circulaban por cualquier sitio, y se convertían, para muchos, en una molestia, cuando no directamente en un peligro. Aparecían patinetes por todas partes: tirados a un río o canal, robados, despiezados…

París fue una de las ciudades que más rápido reaccionó en ese sentido: introdujo regulación aclarando por dónde y cómo debían circular los patinetes, limitó su velocidad máxima, impuso multas a los que incumplían las normas, y sobre todo, redujo el número de compañías que operaban los vehículos para dejarlo en únicamente tres, Dott, Lime y Tier, a las que exigió un fuerte compromiso de sostenibilidad de su actividad. Ante la irrupción de un nuevo esquema de micromovilidad en el ecosistema urbano, entender sus consecuencias, sus posibles problemas y las posibles formas de atajarlos era algo fundamental y que requería una buena comunicación entre los operadores y el ayuntamiento de la ciudad.

Tras esas medidas, con el vandalismo ya mucho más reducido al terminar el «efecto novedad», y ya con cada una de las compañías limitadas a operar un máximo de cinco mil patinetes en la ciudad por los que debían además pagar, la alcaldesa emprendió una revolución destinada a librar París de coches: muchos kilómetros de carriles destinados a la micromovilidad, calles y zonas enteras cerradas a la circulación de automóviles, limitación de la velocidad a 30kmh en toda la ciudad, eliminación de plazas de aparcamiento de automóviles para dedicarlas a la micromovilidad, y restricciones de diversos tipos, todo ello en una ciudad con un muy buen transporte público, un metro de buena calidad que llega a todas partes, en la que son muchos los hogares que no poseen un coche, muchos de los que lo poseen no lo utilizan de forma cotidiana, y la mayor parte del tráfico que sufre diariamente es de paso.

¿Qué ocurrió? Que algunos accidentes, en un par de casos mortales, alarmaron a la opinión pública. La cuestión es como mínimo curiosa: todos los años, los automóviles provocan un cierto número de muertos en accidentes y atropellos, concretamente 1,414 en la Francia urbana en 2021… pero como la opinión pública está acostumbrada a ello y lo considera, de alguna manera, parte del paisaje urbano habitual, no pasa absolutamente nada, y han pasado años sin tomar ninguna medida al respecto. Con los patinetes, en cambio, llegó una nueva restricción, en este caso a 10kmh, aplicada además a los vehículos mediante software.

Mientras todo esto pasaba, los parisinos en general no solo se acostumbraron a los patinetes eléctricos compartidos: unas cuatrocientas mil personas los empezaron a utilizar muchísimo, cerca de dos millones y medio de veces al mes, varias veces al día. Cada cuatro segundos, un patinete empieza un desplazamiento, y en el 85% de los casos, lleva encima a un residente en la ciudad. Las compañías, con estos números, captaron financiación, se capitalizaron, e invirtieron también en flotas de bicicletas eléctricas compartidas. Ahora, tras unos pocos años, no todas las compañías son rentables y algunas están pasando por dificultades, pero otras sí afirman tener EBITDA positivo y estar comprometidas con la continuidad de sus operaciones a largo plazo.

Ahora, sin embargo, la ciudad se está planteando la renovación de las licencias, que terminan en marzo de 2023, y las cosas están muy lejos de ser automáticas: en el ayuntamiento de la ciudad hay división de pensamiento. Desde quienes plantean que los patinetes compartidos, en realidad, están sustituyendo a personas que caminaban o tomaban el metro, y no a viajes en automóvil (la distancia media de uso de los patinetes son unos 2.5km, larga para caminar, pero no suficiente como para justificar el sacar el coche del garaje), hasta quienes opinan que los empleados de esas compañías están mal tratados, aunque actualmente son ochocientos, y todos ellos con contratos fijos.

Así las cosas, el próximo 2 de abril está previsto un referéndum para preguntar a los parisinos si quieren o no patinetes compartidos en su ciudad. Según las encuestas, el 40% está satisfecho con ellos y el 88% piensa que están aquí para quedarse, pero también hay peticiones de firmas para su prohibición que superan las 19,000. Pero sobre todo, ¿qué ocurre si desaparecen? Simplemente, que los que se han aficionado a utilizarlos pasarán, en muchos casos, a adquirir sus propios patinetes, lo que supone una flota mucho más difícil de controlar o limitar, y añade el problema de tener que cargar con los patinetes y preocuparte por ellos una vez que llegas a tu destino.

Por el momento, el ayuntamiento de la ciudad no se ha pronunciado sobre la renovación de las licencias, y su silencio tiene desesperados a unos operadores que están tratando de plantear todo tipo de soluciones, desde matrículas para sus vehículos hasta el uso de la red de cámaras de la ciudad para la detección de infracciones. Y además, como la fecha del referéndum previsto es posterior a la de la finalización de las licencias, los operadores no tienen ni idea de qué tienen que hacer con sus vehículos, si retirarlos de las calles o no, entre marzo y abril de este año.

(ACTUALIZACIÓN: me comenta Maxim Romain, co-fundador y COO de Dott, que el ayuntamiento ha aprobado una extensión de seis meses a las licencias para que no tengan que retirar los vehículos de micromovilidad mientras tiene lugar el referéndum)

Por supuesto, lo que decida París tendrá una fuerte influencia en las decisiones que otras ciudades con menos experiencia tomen más adelante. En algunas ciudades como Los Ángeles, históricamente una ciudad de automóviles y con un transporte público notablemente deficiente, las cosas parecen estar más claras, el movimiento hacia la delimitación de zonas para bicicletas y patinetes es más lento, pero nadie parece considerar la posibilidad de limitar su uso o su explotación en régimen compartido.

¿Seguirán siendo las flotas de movilidad compartida parte del paisaje urbano dentro de unos años? Es difícil saberlo. Pero como en todo fenómeno novedoso, ser capaz de aprender de la experiencia es fundamental.


This post is also available in English on my Medium page, «Paris and shared micromobility: learning from experience»

18 comentarios

  • #001
    JM - 16 enero 2023 - 14:57

    Pues Barcelona ha prohibido los patinetes en metro y autobuses por la «explosión» de un patinete. Aparte de que ha sido un único incidente por lo que se ven en las imágenes más que explosión ha sido un incendio, pero ¿desde cuando la realidad va a estropear un buen titular?

    Por alguna razón que se me escapa hay mucha animadversión a bicicletas y patinetes de forma que cualquier incidente por mínimo que sea va a provocar que se oigan voces encolerizadas pidiendo su prohibición. Las mismas voces que no se oyen para pedir que se restrinjan los SUV que causan lesiones mucho más graves en los atropellos que otros coches, que contaminan innecesariamente dad su gran tamaño o que se cumplan los límites de velocidad en las ciudades.

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    • Enrique - 16 enero 2023 - 15:45

      Le recomiendo observar un semáforo durante un minuto para entenderlo.

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      • JPR - 16 enero 2023 - 18:46

        Por si el aprendizaje por inmersión no es suficientemente claro aqui una web que lo explica como si fueras usuario de chatGPT

        ¿Qué es un semáforo?

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      • Gabriel - 17 enero 2023 - 08:10

        ¿Te refieres a la cantidad de peatones que pasan en rojo por no esperar?

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      • Fran - 17 enero 2023 - 10:55

        Cuando me pongo a observar un semáforo durante unos minutos, lo que más me llama la atención es que ningún coche hace caso al color ámbar y se lo pasan, acelerando si hace falta, y los dos o tres primeros segundos del semáforo en rojo es como si fuera verde, la mayor parte de los coches e incluso algún autobús también se lo saltan. Estoy deseando de que algún día decidan instalar cámaras en los semáforos para parar esta costumbre de una vez. Es cierto que también hay patinentes que hacen lo mismo, pero me preocupan más las máquinas de más de una tonelada, ya que suponen un peligro mucho mayor y deberían ser la prioridad.

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        • JM - 17 enero 2023 - 17:08

          Muy buena respuesta a aquellos que «ven la paja en el ojo ajeno pero no la viga en el propio».

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          • Enrique - 17 enero 2023 - 18:29

            No he contestado a ninguna respuesta anterior porque no acabo de entender el «y tú más».

            Sin embargo, como hago más de 6.000km en bicicleta y de 20.000km en coche al año, te puedo confirmar que la animadversión hacia las bicicletas está más que justificada, aunque quieras ver manos negras.

  • #008
    Gorki - 16 enero 2023 - 17:00

    Es el momento de empezar a llamar las cosas por su nombre, y no se en Paris, pero si en Madrid donde vivo, la micro movilidad ha sido un fracaso. Solo se utilizan en la zona centro, en barrios semi peatonalizados y para trayectos tan cortos, que antes se hacían andando, lo que desde el punto de vista ecológico, se mire como se mire es preferible.

    Tampoco desde el punto de vista empresarial son negocio, pese a las facilidades dadas por el municipio, como es que se abandonen los aparatos ahí donde al usuario le parezca bien, las empresas de patinetes y bicicletas, no logran abandonar por mas que lo intentan los números rojos.

    No sería el momento de volver a plantear todo el procedimiento, pues sobre el papel, tomar un aparato barato cerca de tu casa y trasladarte a la velocidad media de 20 kmH a tu destino dentro de la ciudad y no tener problemas para aparcarlo, seria el ideal, al menos en una ciudad del tamaño de Madrid que tiene una zona urbana de unos 15 Km de radio. ¿Qué es lo que falla?

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  • #009
    Benji - 16 enero 2023 - 17:02

    Si queremos que sea sostenible necesitan carriles propios. Y viendo lo que están tardando los políticos con los carriles bici… vamos apañados.

    Yo veo además que el precio entre comprarlo y compartirlo es más o menos igual, así que igual me lo compro y así lo tengo bajo control

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    • Enrique Dans - 16 enero 2023 - 17:30

      No estoy seguro de que «tenerlo bajo control» sea una ventaja en el caso de un patinete (frente a usarlo y dejarlo en la calle sin que te preocupe que te lo puedan robar, me refiero). Pero eso es cosa de cada uno y de sus posibilidades: yo si viviese cerca de mi trabajo, no tendría problema, porque meter el patinete en el portal y que se quede ahí guardado me cuesta entre poco y nada. Pero si tengo que entrar en una oficina, subir a mi despacho o a una zona compartida y no se cuántas cosas más, ya me da un poco más de pereza… los patinetes buenos pesan lo suyo, cada vez los hacen más sólidos!!

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      • JPR - 16 enero 2023 - 17:54

        Gracias Enrique,

        decía Risto Mejide que entre lo poco que sabe de la vida, nada de ella vale la pena sin alguién que te haga ser incoherente

        ¿dejar el patinete en la calle?

        Que diferencia ves Enrique, entre tener una lavadora, una vaca o un patinete…. en la vía pública…

        Ha conseguido el patinete lo que no ha logrado una vaca, curioso que te llegue conseguir hacer lo que jamas creiste capaz de hacer, dejar chatarra en la via pública y que arrase de un plumazo con tus principios, tus valores, tus yo nunca, tus yo que va….

        que tendrá el monopatín, eso de empresas con contratos, para que pierdas la cabeza por ellos

        PS: a ver si podemos salir del modo ironía, pero no lo pones fácil

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      • Benji - 17 enero 2023 - 08:52

        Es verdad que cada vez pesan más :-)

        No, me refería con «tenerlo bajo control»…
        * al hecho de poder tener uno plegable, con los frenos en condiciones
        * con las luces que yo quiera para garantizar mi visibilidad
        * amén de un chaleco antirreflectante que metería en una cajita del patinete. * Y un sillín por si el trayecto es un poco más largo

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  • #018
    Ignatius J. Reilly - 17 enero 2023 - 10:32

    En Berlín en los últimos meses la situación ha mejorado. Lo que no está claro es si esto es fruto de la nueva regulación que impone multas más elevadas y más específicas por el uso indebido de los scooters eléctricos, o porque aunque el invierno está siendo alarmantemente suave, las calles húmedas y sucias por las hojas caídas del otoño, el frío, las pocas horas de luz y el calendario escolar (es alarmante el número de menores que viajan en tándem, lo cual está prohibido, y en pandilla fuera del carril bici) hacen que el uso de este medio de transporte haya disminuido, y con ello las incomodidades que acarrea.
    De hecho, las flotas tanto de patinetes como de bicis eléctricas disminuyen de manera notable en invierno para volver en verano a números desde mi punto de vista incompatibles con la convivencia entre peatones y ciclistas privados por un lado, y vehículos de micromovilidad por otro. Esperemos que sea diferente este año.

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