Futuros que ya están aquí

FuturisticYa lo dijo William Gibson: «el futuro ya está aquí, solo que no está uniformemente distribuido«.  Varias de las noticias de esta semana, en la que casualmente estaba preparando un tema sobre la tecnología 5G para la barra tecnológica de La Noche en 24 horas (a partir del minuto sugerido por la redacción del programa (tengo completa libertad para proponer temas, pero también me gusta, en ocasiones, que sean ellos los que me proponen temas a mí), tienen que ver con el desarrollo de tecnologías que muchos considerarían «futuristas», pero que ya están desarrolladas a un nivel que las convierte en perfectamente reales, en opciones que simplemente esperan su dinámica de popularización.

Dediqué también al tema mi columna en El Español, titulada «Futuro que no lo es«, en la que reúno algunos de los anuncios llevados a cabo por Google en su Google I/O 2016 con respecto al hogar digital: el lanzamiento de Google Home como competidor de Amazon Echo en lo que supone el desarrollo de una competencia fuerte en torno a la interfaz con el entorno en el que vivimos o en el que pasamos una parte significativa de nuestro tiempo. Cuando algunos todavía piensan que Siri, Cortana o Google Now son jueguecitos para hacer bromas con los amigos, resulta que las grandes empresas de tecnología ya están diseñando un futuro en el que una buena parte de las cosas que haremos en casa, sean resolver una duda, poner música, encender o apagar una luz o prepararnos para salir a algún sitio serán instrucciones que daremos a un cacharrito colocado en el medio del salón.

Ver a una persona pidiendo a su Amazon Echo que le diga a su Tesla que salga del garaje tiene un punto sin duda futurista, sí. Pero la realidad es que las tecnologías implicadas, aunque aún no estén obviamente al alcance de cualquiera, ya están aquí, y no precisamente en fase de beta. Ya están probadas, ya son desarrollos comerciales completos. Otras están aún en pruebas, pero muy avanzadas: mientras los taxistas siguen protestando por la llegada de Uber, resulta que en algunos sitios ya puedes, mediante una app, pedirle a un Google Car que venga a buscarte y te lleve a algún sitio, y que los últimos desarrollos de Uber sobre la plataforma de un Ford Fusion ya circulan sin conductor por las calles de Pittsburgh. O que podrás, aunque aún esté en pruebas, dirigirte a tu interfaz para pedirle que compre algo que te corre prisa, y te llegue en menos de media hora mediante Amazon Prime Air.

¿Cuánto cambian los planteamientos ante un desarrollo como 5G (aquí mis notas de preparación del programa) en el que el incremento de velocidad es obviamente importante, pero lo de verdad relevante es la mejora en conceptos que se vuelven tan críticos como la latencia, que asegura que la respuesta de los actuadores a la lectura de un sensor va a ocurrir en tiempo real? ¿Cuántos sensores, botones, actuadores y dispositivos vamos a tener imbricados en nuestra vida cotidiana como para que nuestra interacción con ellos se convierta de verdad en una de las variables clave de nuestro bienestar?

Cuando hablas de estas cosas que, en efecto, tienen una apariencia futurista, casi como en Los Supersónicos, la interlocución, por la razón que sea, pierde seriedad. Se convierte en una sucesión de chistes, de hipérboles o de chascarrillos, en lugar de centrarse en lo que tiene que centrarse, en las oportunidades de todo tipo que un escenario así puede generar seas una compañía o una persona. Las objeciones suelen ser inesperadamente débiles, basadas en tópicos o en lugares comunes, como si empresas dispuestas a invertir millones de dólares en una tecnología y a ser capaces de atraer a los mejores especialistas del mundo en ella fuesen de repente a «olvidarse» de algo completamente básico y fundamental, o la difusión de su tecnología fuese a detenerse de manera abrupta porque no tuvieron en cuenta un problema que sí sale en una conversación casual.

Me encanta la ciencia-ficción. Leo y he leído mucha, he disfrutado con muchos autores… y creo saber diferenciar entre ciencia-ficción y realidad. Lo importante hoy es darse cuenta de que muchas de las cosas que muchos aún consideran ciencia-ficción y cuyo análisis despachan con tres chistes y dos generalidades se han convertido ya, en cuestión de muy poco tiempo, en realidades patentes que van a cambiar la manera en que vivimos. Es el momento de reajustar nuestras herramientas de análisis, de dejar de tildar de «visionarios» o de «fumados» a los que hablamos de estos temas, y de situar de una vez lo que la tecnología ya es capaz de hacer. Todo evoluciona, incluido el escepticismo. Bienvenido sea el sano escepticismo… pero el de este siglo, no el del anterior!

 

This article is also available in English in my Medium page, “The Future is here«

 

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