Cambiando los métodos de trabajo

ImagenAyer mantuve una interesante conversación acerca de lo que supone Internet y los buscadores de cara al desarrollo de metodologías de trabajo en los alumnos, de manera casi independiente de su nivel. A nadie se le escapa que la creciente popularización del ordenador e Internet a nivel doméstico está redundando en un importante número de trabajos presentados por alumnos que, en realidad, únicamente han realizado una búsqueda en Google, Wikipedia o algún otro tipo de fuentes, y después utilizado una muy poco imaginativa combinación de teclas para llevar a cabo su trabajo: Ctrl-C y Ctrl-V. La proliferación de trabajos desarrollados de esa manera es notable, y más preocupante todavía que el hecho en sí, lo es la falta de conciencia en los alumnos de estar haciendo algo mal. En muchos casos, el alumno que presenta el trabajo no ha llegado ni tan siquiera a leerse completamente el texto que introduce en el mismo: una búsqueda rápida, una constatación de que el tema tratado coincide con lo solicitado, un copiado, un pegado, y un formateado posterior.

Resulta evidente que, como todo, se trata de una pura cuestión de matices. En realidad, los alumnos vienen a hacer lo mismo que en tiempos podíamos hacer con una enciclopedia, con el añadido de la inmediatez en la búsqueda y la comodidad en la reproducción. Antes, un alumno malo podía buscar algo en la enciclopedia y copiarlo, mientras que uno bueno seguramente recurría a varias fuentes, visitaba una biblioteca, y además, copiaba y refundía de manera selectiva procurando aportar un cierto valor. En el entorno electrónico se puede hacer exactamente lo mismo.

Por tanto, de lo que se trata es de plantearnos dos cosas: uno, el objetivo del trabajo; y dos, la necesidad de educación no sólo en el contenido, sino también en la metodología. El objetivo de un trabajo suele ser el de lograr una familiarización del alumno con determinados contenidos mediante el manejo de los mismos. Lógicamente, si reducimos dicho manejo de los datos a un mero «buscar, marcar, copiar y pegar», el objetivo de aprendizaje se ve reducido a un nivel casi nulo. Sin embargo, la tarea de búsqueda, de investigación de contenidos, sí aporta valor, y sí merece ser desarrollada. El alumno se enfrenta, por tanto, a un dilema del tipo «escaso esfuerzo, gratificación rápida» frente a uno de «trabajo riguroso de investigación, gratificación diferencial dudosa». La respuesta, claro está, sería que el profesor intentase discernir cuando esos trabajos provienen de una fuente que ha sido directamente plagiada, y cuando corresponde a un verdadero trabajo de documentación. En esta línea inciden programas como Turnitin, CopyCatch y similares: proporcionar herramientas que permitan al profesor detectar la copia literal de una fuente. Sin embargo, aparte de que su uso sólo es útil en entornos en los que la presentación del trabajo se lleva a cabo de manera electrónica, su mecánica tampoco tiene una relación directa con la calidad del aprendizaje.

Seguramente la solución esté en la transparencia: educar al alumno en los fines y los medios. Si el trabajo deja de ser un fin en sí mismo, y se convierte en un vehículo que sirve para el desarrollo consciente de un aprendizaje que se testa posteriormente, tendremos seguramente bastante avanzado. Pero por supuesto, es mucho más fácil decirlo que hacerlo, y exige una serie de cambios profundos a nivel de metodologías educativas en alumnos y en profesores. El estímulo del pensamiento y valoración crítico-comparativa de fuentes de información, la capacidad de redacción adaptada a un nivel y pretensiones concretos, etc. son fines en sí mismos, y el alumno debe darse cuenta de que es eso lo que se pretende desarrollar, más allá de la mera presentación de un trabajo.

Ante un cambio tan profundo en el acceso a la información como el que supone Internet, todos, alumno y profesores, necesitan cambiar sus métodos de trabajo. Algo que, por el momento, no recoge plan de estudios alguno y corresponde únicamente, con suerte, a iniciativas personales e individuales de profesores aislados. El primer colegio o institución que empiece a desarrollar este tipo de métodos de manera eficiente, podrá generar una generación de estudiantes con un nivel de preparación mucho más elevado para este nuevo entorno, y logrará, sin duda, una buena e interesante diferenciación.

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