La inteligencia artificial empresarial actual resulta extrañamente familiar: la infraestructura es poderosa. Las capacidades son reales. Las demostraciones son impresionantes. Los modelos pueden escribir, resumir, razonar, programar, buscar, recuperar información, traducir, clasificar, planificar y, cada vez más, actuar. La maquinaria básica ya existe.
Y, sin embargo, dentro de las empresas, el mismo patrón se repite una y otra vez: pilotos por todas partes, transformación muy lejos de la promesa. El primer artículo de esta serie argumentaba que los grandes modelos de lenguaje nunca fueron diseñados para dirigir una empresa porque las empresas operan mediante memoria, contexto, retroalimentación, restricciones, estado, incentivos y dependencias, no mediante ...