Compraste un coche. Crees que es tuyo. Pero desde el momento en que arrancas el motor, ya sea de combustión o eléctrico, el coche empieza a trabajar para otros. Registra dónde vas, a qué velocidad, cómo frenas, si llevas el cinturón puesto, con quién hablas por teléfono, qué música escuchas, dónde aparcas.
Los modelos más modernos añaden además cámaras interiores capaces de analizar tu expresión facial, detectar si estás somnoliento o distraído, o identificarte biométricamente. La pregunta ya no es si tu coche recopila datos sobre ti: todos los coches conectados lo hacen. La pregunta es quién los recibe, qué hace con ellos, a quién los vende, y si en algún momento te pidieron realmente permiso para ello.
La Fundación Mozilla lleva ...