La posible salida a bolsa de SpaceX marca un punto de inflexión que va mucho más allá de Elon Musk, de sus urgencias financieras o de su conocida tendencia a convertir cada decisión corporativa en una especie de teatro para el espectáculo personal: es, en realidad, el momento en que la conquista del espacio deja de ser un proyecto científico, estratégico o hasta civilizatorio, para transformarse de manera explícita en un producto financiero destinado a alimentar la maquinaria de expectativas de los mercados. Lo que antes se vendía como un proyecto con financiación privada para «garantizar la supervivencia de la especie humana» se prepara ahora para venderse, con el mismo entusiasmo, en forma de acciones cotizadas y con promesas de rentabilidad exponencial. ...