La Comisión Europea acaba de hacer algo que resulta difícil de defender: ha decidido añadir los wearables (relojes inteligentes, pulseras de actividad, gafas inteligentes y otros dispositivos integrados) a la lista de productos que no tendrán que permitir que el usuario sustituya por sí mismo la batería. La norma general del Reglamento europeo de baterías era sensata: a partir del 18 de febrero de 2027, los productos con baterías portátiles debían permitir retirarlas y sustituirlas con herramientas disponibles en el mercado, sin calor, disolventes ni utillaje propietario. La Comisión explicaba que eso alarga la vida de los productos y facilita el reciclaje. Pero ahora, en su nuevo acto delegado, introduce seis nuevas categorías exceptuadas, entre ellas ...
