Mi columna de esta semana en Invertia se titula «Estamos en 2026: no te van a ‘hackear’, te van a ‘convencer’» (pdf), y trata sobre algo que seguimos resistiéndonos a aceptar porque nos obliga a reconocer una verdad incómoda: la mayoría de los fraudes financieros no son un problema de tecnología, sino de psicología.
No «entran» en tu banco rompiendo sistemas, entran en tu cabeza fabricando urgencias, miedos y atajos. Y lo hacen cada vez mejor porque el móvil se ha convertido en el centro de nuestra vida financiera y la inteligencia artificial les permite industrializar el engaño, multiplicarlo y adaptarlo a cada contexto con una verosimilitud que hace unos años parecía ciencia ficción.
El patrón se repite con una monotonía casi insultante: un mensaje que ...