Durante un tiempo, a muchas empresas les pareció una buena idea medir la adopción de la inteligencia artificial contando tokens. Cuántos tokens consumía cada empleado, cuántas llamadas hacía, cuántas veces invocaba un agente, cuánto contexto movía por sus sistemas. Cómodo, cuantificable, fácil de poner en un dashboard y, sobre todo, producía esa tranquilizadora ilusión de control que tanto gusta en las organizaciones cuando aparece una tecnología nueva.
El problema es que, como casi siempre, la tranquilidad era falsa. El caso de Amazon, que acaba de eliminar un ranking interno de uso de inteligencia artificial después de que algunos empleados empezasen a inflar artificialmente su consumo de tokens para subir posiciones, es casi ...