Durante unas semanas, Manus fue exactamente lo que la industria de la inteligencia artificial necesitaba: una historia. No necesariamente una gran tecnología, o no solo eso, sino una narrativa perfectamente diseñada para alimentar el ciclo de expectativas. Un producto chino que aparecía de la nada, con acceso restringido, avalado por nombres influyentes y descrito por algunos como «la segunda DeepSeek» Una mezcla de misterio, escasez y promesa que lo convirtió en tendencia global prácticamente de la noche a la mañana.
Pero si uno se alejaba del ruido y lo probaba con calma, la imagen cambiaba. Manus no era tanto una revolución como un ensamblaje inteligente de piezas existentes, combinando modelos como Claude y Qwen para construir un ...
