Mi columna de esta semana en Invertia se titula “Cuando la gasolina amenaza tu economía (y el coche eléctrico la rescata)” (pdf), y trata sobre algo que, sorprendentemente, sigue sin formar parte del debate público con la claridad que debería: la electrificación del transporte no es solo (ni principalmente) una cuestión medioambiental, sino una decisión económica de primer orden.
Para ilustrarlo, he utilizado dos ejemplos que, a primera vista, no podrían ser más distintos. Por un lado, Costa Rica, una economía pequeña, sin producción de petróleo, con una fuerte dependencia de las importaciones energéticas y, al mismo tiempo, con una matriz eléctrica prácticamente renovable. Por otro, Noruega, uno de los países más ricos del mundo y uno de ...