La iniciativa Genesis Mission no es simplemente otro programa gubernamental norteamericano con un nombre grandilocuente. Es, posiblemente, la formulación más clara hasta ahora de una idea que muchos llevamos tiempo viendo venir: que la próxima gran frontera de la inteligencia artificial no será escribir textos, generar imágenes o automatizar oficinas, sino transformar radicalmente la manera en que hacemos ciencia. Y quien domine esa transformación no dominará una industria, sino el mecanismo mismo con el que se inventan las industrias.
El artículo de Communications of the ACM, uno de mis journals de cabecera, se titula «From Manhattan to Genesis«, y lo plantea con una comparación inevitable: el Proyecto Manhattan. Pero la analogía, aunque eficaz, se queda corta. ...