Artículos sobre bubble

 

Lunes, Julio 28, 2008

De los errores también se aprende…

Escrito a las 5:40 pm

A través de Digg llego a Business Pundit, que publica una recopilación de las que fueron para ellos las veinticinco start-ups más notables que se la pegaron horriblemente, 25 Internet Startups That Bombed Miserably, desde aquellas primeras Pets.com o Boo.com que marcaron el principio de la explosión de la burbuja a finales de los ‘90, hasta sitios como Webvan, eToys, Kozmo, o Go.com; algunos que aún existen como AltaVista, Friendster o Lycos pero que ya no son ni la sombra de sí mismas; o los más recientes casos de Kiko.com o KaZaA.

Una recopilación discutible y que proporciona una explicación más bien escasa de cada caso (de ahí que haya añadido los vínculos a Wikipedia de las que me parecieron más notables), pero sin duda interesante: de los fracasos se aprende, y en ese sentido, Internet es como un laboratorio que permite estudiar este tipo de errores de gestión o de oportunidad “en formato cámara acelerada”: para que un académico de hace algunos siglos pudiese tener la perspectiva que tenemos hoy en día en este tipo de temas, habría tenido que encadenar varias vidas una detrás de la otra…

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Martes, Enero 23, 2007

Supervivientes de la burbuja, en Cinco Días

Escrito a las 12:44 pm

Hoy en Cinco Días, un artículo de Javier F. Magariño, “Los supervivientes de la burbuja tecnológica cumplen diez años“, para el que nos pidió opinión a Manuel Castells, Martin Varsavsky y a mí, además de a algunos emprendedores y directivos de la época: Juan Gil (Obralia), Cesar Rodríguez (MachinePoint.com), Guillermo Mercader (Ya.com), Rafael Citoler (Arsys), Mauricio Prieto (eDreams), Juan Antonio Estaban (InfoJobs) y Marcos Enríquez (Ozu).

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Domingo, Noviembre 26, 2006

¿Vuelven los noventa?

Escrito a las 11:44 pm

ImagenSudores fríos me han entrado al ver en TechCrunch el anuncio de la vuelta de Boo.com, una de las ideas más estúpidas e irracionales de la década de los noventa y, consecuentemente, una de las primeras puntocom en quebrar en las primeras sacudidas del pinchazo de la burbuja.

La historia de Boo.com es uno de esos ejemplos que he utilizado en infinidad de ocasiones en clases y conferencias: lanzada a principios de 1999 como un sitio de moda y complementos, la web contravenía todos los principios de usabilidad y también los del sentido común. Por un lado, ofrecía una web en la que la carga de una simple página tardaba varios minutos y resultaba frustrante para cualquier usuario con dos dedos de frente. Por otro, su equipo directivo viajaba en primera clase, se alojaba en las habitaciones más caras de los mejores hoteles, e instalaba su call-center en el medio de Carnaby Street, una de las zonas más caras del mundo por metro cuadrado de oficina. Al cabo de seis meses, tras redefinir el concepto de burn rate puliéndose más de ciento veinte millones de dólares de algunos incautos venture capitalists, el sitio cerró dejando deudas a diestro y siniestro, y dando lugar a una de las más negras páginas de la desmesura en el management de empresas tecnológicas, uno de esos episodios que contribuyeron a dar mala fama a todo un sector.

Vuelve Miss Boo, y lo hace vestida de negro. Esperemos que no traiga con ella ningún gafe…

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Lunes, Noviembre 13, 2006

Web 2.0 versus burbuja 2.0

Escrito a las 6:53 am

ImagenComo habréis visto los habituales, llevo una buena temporada escribiendo sobre las características de la llamada Web 2.0 y sus connotaciones y comparaciones con respecto a la burbuja Internet de finales de los noventa, dando lugar a lo que se ha dado en llamar Burbuja 2.0. La preocupación por este tema, tanto por las posibles consecuencias de una hipotética burbuja como por las derivadas de que mucha gente piense que ésta existe son, por lo que puede verse, claramente generalizadas.

Loïc LeMeur se descuelga hoy con una entrada para mí genial por su claridad de análisis,Differences betwwen Web 2.0 and Bubble 2.0, en la que aparecen prácticamente todas las piezas que llevamos tiempo comentando al hilo de la próxima celebración en París de LeWeb 3.0, en donde por cierto estaré. Su motivación para escribirla es el temor a que algunas personas estén efectivamente intentando construir la Burbuja 2.0 encima de la Web 2.0, de manera que, como comentaba recientemente Joi Ito, estemos pasando

“… de hablar de una plataforma para el futuro de la web, a hablar de una plataforma para el futuro a corto plazo de una serie de gente muy codiciosa.”

Para Loïc, lo verdaderamente diferencial acerca de la Web 2.0 proviene de la llamada “revolución amateur” (traduzco directamente de su entrada):

  • Publicación sencilla:
    • 2.0, todos podemos publicar textos, fotgrafías y vídeos de manera muy sencilla, tan fácil como enviar un correo electrónico
    • 1.0, era complicado, había que manejar herramientas de construcción de páginas, temas de hosting, y demasiado código html. La novedad es la simplicidad.
  • Accesible:
    • Los amateurs 2.0 pueden dar a conocer su contenido fácilmente, y algunos de ellos alcanzan audiencias apreciables gracias a la eficiencia de unos motores de búsqueda que facilitan la aparición de una larga cola de la distribución de audiencias.
    • Los motores de búsqueda 1.0 enviaban la mayor parte de su audiencia a sitios de noticias masivos y marcas conocidas como la CNN y similares. Ahora, el contenido amateur tiene la misma voz, o en algunos casos incluso más.
  • Control de tus datos:
    • En 2.0 tu contenido te pertenece (como en Second Life), y puedes exportarlo o recuperarlo con gran facilidad (como en Flickr, Typepad…)
    • En 1.0, cuando subes tus datos, el sitio al que los has subido los poseen y no te dejan recuperarlos fácilmente (sobre esto escribió recientemente Joi Ito una muy buena entrada titulada Is YouTube Web 2.0?

Al hilo de las teorías de David Weinberger, uno de los autores del Cluetrain Manifesto, el reciente éxito de la Web 2.0 se debe fundamentalmente a la explotación de unos principios relativamente novedosos, algo que él denomina Small Pieces Loosely Joined: una red formada por muchos pequeños grupos que trabajan conjuntamente alrededor de una serie de estándares abiertos, una comunidad de gente tratando de interconectar sus diferentes proyectos, en lugar de intentar construir barreras a la movilidad como se hacía en la web 1.0. Según Joi, los sitios que no respetan ese último punto, en los que es preciso recurrir a herramientas externas desarrolladas por terceros para extraer o recuperar el contenido, como YouTube, pertenecen claramente a la Burbuja 2.0. En ese sentido, creo que la reciente adquisición de Google podría avanzar algunos aspectos en ese sentido, que coincide con recientes declaraciones que comentamos anteayer de Eric Schmidt. A diferencia de YouTube, en Google Video sí se puede bajar el contenido, aunque sea con un reproductor propio).

Cualquiera de las entradas citadas y esta otra de Hugh MacLeod, que comenta el tema hoy, son de muy recomendable lectura. O esta otra de Rogelio Bernal, exactamente en el sentido contrario, que viene bien para tener un buen contrapunto.

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Lunes, Octubre 30, 2006

La naturaleza de la audiencia

Escrito a las 9:57 am

ImagenEste artículo del Chicago Tribune, YouTube deal leads to surge in online speculation, me ha parecido muy interesante y me ha inspirado para mi columna de Libertad Digital de esta semana, hasta el punto de ponerme a escribirla ahora mismo en lugar de un ratito antes de enviarla (como hago habitualmente para desesperación de mi editor).

El artículo parte de la compra de YouTube por Google, y comenta sobre las condiciones que pueden dar lugar a una especulación sobre las audiencias online, algo difícil de crear que lleva a aquellos que no las tienen o las codician a ofertar fuertes sumas de dinero por obtenerlas mediante el “método abreviado”, es decir, comprándolas. En su momento, ese tipo de condiciones fueron, entre otras muchas, las que dieron lugar a esa famosa “burbuja de Internet” a la que ahora todos parecen querer referirse como si fuera el lobo feroz.

¿Puede repetirse la burbuja? Sí, sin duda, como puede repetirse casi todo en la vida. ¿Sería razonable que en las condiciones actuales se repitiese? Yo, sinceramente, creo que no. Pero este artículo me ha llevado a pensar sobre la naturaleza de las audiencias, su valoración y la especulación que suele rodearlas en momentos como estos, y las conclusiones me están gustando (tengo el Google Docs abierto en otra pestaña). Como siempre, agradeceré contribuciones interesantes e inspiradoras de esas que tenéis a bien hacer en tantas ocasiones…

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Lunes, Octubre 16, 2006

Un diamante llamado YouTube

Escrito a las 1:12 pm

ImagenCorroborando mi opinión acerca de la idoneidad de YouTube como objetivo de adquisición, aparece un análisis en HipMojo, recogido y comentado por Robert X. Cringely y rebatido malamente por ZDNet en donde se discute una posibilidad sumamente interesante: que la imagen de “máquina de perder dinero” de YouTube fuese, de hecho, una tapadera sostenida por sus fundadores que oculta en realidad una empresa ya rentable. De acuerdo con los números, que parten de la base del número de páginas visualizadas y visitantes únicos de YouTube, y del precio que está cobrando por su publicidad, YouTube podría estar ingresando alrededor de unos $7.5 millones al mes, frente a una factura en almacenamiento y ancho de banda estimada en menos de $2 millones. La cifra de publicidad proviene de un dato: YouTube viene vendiendo sus anuncios en la página principal por $175.000 para unos 400.000 usuarios, de acuerdo a datos de la habitualmente fiable PaidContent. Este dato daría lugar a ingresos de $5.25 millones al mes, suponiendo una página completamente vendida, algo que parece razonable considerando la popularidad de YouTube. Pero además, habría que añadir los cien millones de páginas vistas al día, con una impresión por página, y un CPM que, estimando conservadoramente en el rango de los $0.75, le reportaría unos sanísimos $75.000 al día, unidos a los $175.000 de la página principal. Multiplica, y te salen $7.5 millones al mes, una cantidad francamente interesante para una empresa de pocos meses de antigüedad.

Por el lado de los costes, las cifras intentan estimar lo que YouTube estará pagando a LimeLight Networks en concepto de ancho de banda y almacenamiento, y que están entre los disparatados $0.85/Gigabyte estimados por ZDNet y los $0.10 aventurados, en función de su experiencia en NerdTV, por el propio Cringely. En un punto intermedio, HipMojo estima unos costes de alrededor de $2 millones, lo que proporcionaría un ingreso aproximado limpio mensual, en grandes números, de $5.5 millones. Descuéntalo, y la expectativa, uniendo las evidentes sinergias obtenidas del hecho de ser Google quien la compra, son notablemente diferentes a cualquier cosa que pudiésemos denominar desinformadamente “burbuja”. ¿Algún otro analista aficionado quiene decir que “esto le huele a burbuja” sin haberse molestado en hacer un triste número ni informado de cómo es el negocio de YouTube? ¿Qué hace falta para defender estos números? Simplemente, entender que YouTube sirve la friolera de un minuto de vídeo al día por cada residente de los Estados Unidos, una cantidad simplemente impresionante para ser rentabilizada mediante una publicidad que, no lo olvidemos, llegará a tener mucha más calidad de impacto que la propia unidireccionalidad pura de la televisión.

Incluso en la estimación más conservadora, la de ZDNet, la empresa muestra unos interesantes ingresos a los que faltaría descontar, por un lado, las sinergias y fortísimas reducciones en costes de ancho de banda y almacennto que la escala de su integración con Google, la granja de servidores más grande del mundo, obviamente situaría en el lado positivo de la ecuación. Y por el otro, y también igual de evidente, la potencia que una maquinaria de ventas publicitarias de Google aportaría a un soporte como YouTube, algo que Google por supuesto habrá tenido en muy buena consideración como experta en el negocio que es.

¿Qué habría llevado a YouTube a “hacerse la pobrecita”? Simplemente, un intento por mantener su imagen de “underdog”, de idea divertida pero al margen de los fríos negocios tradicionales y, por supuesto, un intento de no parecer una presa atractiva para aquellos que pudiesen plantearse demandarla por infracciones a la propiedad intelectual, un tema que Google está intentando terminar de cerrar mediante los correspondientes acuerdos. La idea de que YouTube perdía dinero venía, en realidad, de una YouTube interesada en hacer ver que así era.

¿Alguien, tras ver los análisis, quiere seguir siendo tan simplista como para afirmar que YouTube no ingresaba “prácticamente nada” y que Google compraba “únicamente expectativas”? ¿Burbuja 2.0? ¿O le llamamos mejor “negocio 2.0″? YouTube es, para cualquier analista con la suficiente cualificación, un soporte publicitario con un enorme valor, precisamente en un momento en que el anunciante medio empieza a darse cuenta de el poder de la bidireccionalidad y de la interacción en el soporte Internet con respecto a los medios tradicionales. Lo demás son, simplemente y mientras no se demuestre lo contrario, opiniones sin fundamento numérico alguno.

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El mito de la burbuja, en Expansión

Escrito a las 2:11 am

ImagenEl pasado viernes salió mi columna de Expansión, titulada “El mito de la burbuja“, en la que comparo la burbuja de la famosa exuberancia irracional de finales de los noventa con las circunstancias actuales con algunas de las últimas operaciones acaecidas en el panorama Internet, y en particular con la compra de YouTube por parte de Google. Desde mi punto de vista, en un entorno al que ahora sí acompañan los números y los demográficos cada día más y que se dispone, además, a recibir una parte significativa de la inversión en publicidad tradicionalmente realizada en otros medios, pocas cosas pueden considerarse irracionales o exuberantes. Si unimos esto a unas valoraciones realizadas de manera conservadora y a una austeridad notable en las prácticas de gestión de estas empresas, obtenemos un resultado interesante: el hecho de que tanta gente salte evocando el tema de la burbuja al escuchar operaciones como ésta no es más que una simplificación que no resiste un análisis serio.

A continuación, el texto del artículo:


El mito de la burbuja

El ser humano tiene una aversión natural al riesgo, que forma parte de algo crucial en su evolución: el instinto de conservación. Es el instinto que nos lleva a desconfiar, a cuestionar lo sorprendente, lo inexplicable, lo que rompe nuestros esquemas, sin plantearnos que tal vez podríamos estar utilizando, precisamente, esquemas equivocados.

El pasado lunes, Google anunció la compra de YouTube, una pequeña empresa dedicada a hospedar en la red vídeos que envían sus propios usuarios. La empresa, de pocos meses de vida, fue montada por dos jóvenes que buscaban respuesta al deseo de compartir vídeos con unos amigos tras una fiesta. Su servicio es completamente gratuito, su mantenimiento conlleva unos importantes costes en ancho de banda, y el precio pagado asciende a mil seiscientos cincuenta millones de euros. Ahora, relea cuidadosamente este párrafo. Por alguna razón, la combinación de datos sobre la que acaba de pasar la vista provoca un explosivo efecto en el intelecto, que le llevará a evocar inmediatamente una situación conocida de hace algunos años: la burbuja de Internet. Y en efecto, eche un vistazo a muchos análisis escritos acerca de la operación, y verá que casi todos hacen esa ominosa comparación: la burbuja ha vuelto.

Pero los instintos tienen un problema: su condición de instintivos hace que se procesen poco, que sean “de natural impreciso”. En realidad, un análisis cuidadoso nos lleva a ver que el precio pagado por YouTube es sólo una pequeña fracción de los, por ejemplo, doce mil millones de dólares que Terra pagó por Lycos, empresa con muchos menos usuarios y un modelo de atención notablemente más difuso. O que el pago se realiza mediante unas acciones que llevan ya un tiempo razonablemente largo sosteniendo su elevado valor. En realidad, la cantidad acordada supone en torno al 1.5% del capital de Google. Sólo con la subida inmediata provocada por la noticia de la compra, el mercado casi genera lo que Google paga por YouTube. Es una compra meditada, racional, y basada en unas expectativas factibles de generación de ingresos: cien millones de vídeos al día, en manos de un experto en cómo hacer publicidad poco molesta, no basada en la interrupción. Que Google consiga rentabilizar mediante publicidad una audiencia semejante no parece una expectativa arriesgada o construida sobre castillos de naipes, sino más bien lo que parecería normal pensar en un escenario conservador.

YouTube representa para Google una enorme toma de posición en un mercado tan interesante como el del vídeo en Internet, en el que pasa a tener un fastuoso 57% del mercado (que crecerá en los próximos días o semanas por el ruido mediático desatado). Esgrimir que Google se ha metido en un lío por un “quítame aquí estos derechos de autor” es negar la inteligencia de unas productoras que, pudiendo aliarse con YouTube para intentar controlar o incluso rentabilizar sus contenidos, podrían decidir en su lugar hacer procesión por los juzgados intentando obtener una compensación que sería pan para hoy y hambre para mañana. De hecho, varias de las más importantes productoras han mostrado ya sus intenciones al pactar ya con Google y YouTube, neutralizando de facto dichas demandas.

La adquisición de YouTube por Google abre una nueva frontera en la evolución de Internet, hacia unos contenidos que tienen un encaje natural con el medio. ¿Nueva burbuja? ¿Problemas legales? Es como tener una mina de oro, y no entrar porque está oscuro.

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Lunes, Julio 3, 2006

El ’show me the money!’ de la Web 2.0

Escrito a las 8:35 am

ImagenInteresante artículo en ZDNet, Web 2.0 financial success: Easy as ‘two weeks and $700 bucks’? y subsiguiente discusión en Digg acerca de las realidades económicas presentes detrás de la llamada Web 2.0, personalizada en sitios como el propio Digg, MySpace, YouTube o Facebook. Dos semanas y setecientos dólares es lo que un desarrollador amigo de Kevin Rose, cofundador de Digg, le dijo que costaría montar su idea, ante lo cual Kevin le dijo que adelante.

El sitio ha sido, indudablemente, un exitazo en cuanto a público y a generación de atención: sus trescientos y pico mil usuarios registrados envían cada día unas dos mil noticias, y consiguen congregar a más de nueve millones de personas diariamente en el sitio. Sin embargo, como en otros sitios similares, las posibilidades de generación de ingresos son limitadas. Los visitantes no parecen aceptar una monetización excesiva, y amenazan con huir de los sitios si se vuelven demasiado comerciales, de manera que todo el “jugo” del invento parece limitarse a insertar los códigos de AdSense, vender unos pocos banners no demasiado molestos, y ya está. ¿Es esto todo? ¿Es la Web 2.0 simplemente un inmenso mercado para que todos atraigamos atención hacia unos anuncios para que la gente pueda encontrar, hacer clic, definir la transacción y pagarla? ¿Cuánto vale una red social como Facebook o MySpace? ¿Depende de la riqueza de datos que contenga, o depende de las posibilidades de monetizarla adecuadamente?

La definición de YouTube ya no es la original como “video sharing site”, sino la de “consumer media company”. La de Digg es “to capture the interests of the Internet masses and use that interest to help organize the huge amounts of information on the Web”. Ambas definiciones generan valor, no me cabe la menor duda, pero… ¿a dónde va ese valor? ¿Es posible convertirlo en generación de ingresos tangibles más allá de los sistemas publicitarios que conocemos? ¿Acompañarán las cifras al volumen de atención generado por la Web 2.0? ¿Deberían hacerlo, o esto va de otras cosas y estamos hablando de temas diferentes?

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Lunes, Octubre 24, 2005

Vuelve la pasta…

Escrito a las 7:31 am

Publica el WSJ ($) un artículo, Venture capitalists return to Internet investments, en el que revela las cifras de crecimiento de la inversión en capital riesgo global en el trimestre que finalizó el 30 de Septiembre, frente al mismo período del pasado año. Mientras el crecimiento total puede calificarse de modesto, un 9% (de 5.02 a 5.49 miles de millones de dólares), la inversión directa realizada en empresas asociadas a Internet creció un 37%, desde los 1.87 mil millones de dólares de 2005 a los 2.56 del presente. Las inversiones en start-ups relacionadas con Internet representaron un 47% sobre el total de inversión en capital riesgo, frente al 37% del año pasado. Según frase citada en el artículo de Steven Baloff, socio de Advanced Technology Ventures, en Palo Alto,

“It is the Internet, and the consumer Internet in particular, that is vibrant”

La salida a bolsa de Google, entre otros factores, y su fuerte ascenso posterior, han dado lugar a la impresión generalizada de que existe todo un ecosistema en el cual las compañías pueden conseguir ingresos, mediante mecanismos como la publicidad contextual y afines, y ha generado un momento de optimismo que los analistas definen como mucho más ponderado o racional que el de hace seis años. Otras compañías que están consiguiendo financiación vía capital riesgo son las relacionadas con el mundo de las telecomunicaciones, incluyendo la mayor operación cerrada en este período, la inversión de $150 millones en FiberTower Corp., una empresa de San Francisco que fabrica infraestructura de comunicaciones inalámbricas para torres de comunicaciones celulares.

¿Reedición del burbujeante pasado o exhuberancia racional? No cabe duda de que hay ideas nuevas, conceptos interesantes y nuevos modelos de relación. ¿Monetizables? ¿Capaces de responder a la expectación generada en el mundo financiero? ¿Compatibles con un modelo de inversión de tipo capital-riesgo? Por ahora, muchas de las operaciones acaban proporcionando rentabilidad vía operaciones de fusión y adquisición, que en sí no parecen representar una generación intríseca de valor, sino más bien meras operaciones especulativas. ¿Hay algo detrás de todo esto o es simplemente la vuelta del péndulo?

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