El Blog de Enrique Dans

El estado de internet a día de hoy

Escrito a las 10:38 am
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Iván Corral me llama la atención sobre esta presentación de Henry Blodget y su equipo en Businesss Insider, centrada en el mercado norteamericano, pero en la que se pueden ver en su verdadera magnitud muchas de las tendencias que estamos viviendo, así como las respuestas fundamentadas a varias de las dudas objeto de discusión en todo tipo de foros últimamente, tales como si estamos viviendo una burbuja (que no), o las valoraciones de Apple o de Facebook. Es el tipo de presentación que de verdad te centra la vista, ciento treinta y ocho páginas pero que pasan volando, vale la pena echarle un ojo.

Atención especial, por supuesto, a la importancia, tendencias y crecimiento de las plataformas móviles, y a la brutal caída de negocios tradicionales como los periódicos y la televisión. Esto son las cifras y sus proyecciones no la expresión de ningún tipo de posición o de deseo. Es lo que las tendencias de adopción colectivas están marcando. Básicamente, la definición de los escenarios en los que todos nos vamos a mover – los que se sigan moviendo – en un futuro cercano.

¿Qué es lo que más os llama la atención? ¿En cuál de los temas os interesaría un análisis más en detalle?

Cambio de era tecnológica

Escrito a las 7:31 am
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Era cuestión de tiempo, pero ocurrió ayer. El valor de la acción de Google subió un 0,7% hasta los 759,98 dólares, lo que da lugar a una capitalización bursátil de 249.200 millones de dólares. Al mismo tiempo, la cotización de Microsoft descendió un 0,3% hasta los $29,67 por acción, lo que la deja en una valoración de 248.700 millones.

Por primera vez, el valor en el mercado de Google supera al de Microsoft: la empresa que en gran medida caracteriza el desarrollo de la web supera a la que fue protagonista de la revolución del software para ordenadores personales.

El valor en sí es meramente anecdótico: aunque al cierre del mercado la diferencia se había hecho algo más grande, las cosas pueden, a corto plazo, dar muchas vueltas. Lo que parece claro es la tendencia en sí. A Microsoft, esa red a la que tardó tanto tiempo en dar importancia se le sigue, muchos años después, atragantando duramente (si incluímos provisiones por adquisiciones, el resultado es mucho peor). La compañía, empeñada en una necesaria reconversión fortísima que la dirige hacia la nube y los servicios, sigue pareciéndose demasiado a aquella del siglo pasado que vendía fundamentalmente licencias y discos metidos en cajas envueltas en celofán.

Microsoft es una gran empresa en todos los sentidos, con magníficos profesionales y un potencial brutal, aún sujeta como está a una dirección nefasta. Que a la empresa de Redmond le vaya bien en segmentos como la web, la nube o la movilidad es algo que aporta diversidad a un ecosistema enormemente necesitado de ella. En los tiempos que vivimos, algo que es bueno para todos. La compañía sigue teniendo un ascendente importantísimo en el segmento empresarial y en la informática personal, ascendentes en los que debería ser capaz de apalancarse, pero la tarea de encontrar el camino en la web parece mucho más complejo. Aunque sin duda, las reconversiones son complejas, pero no imposibles: sin ir más lejos, la compañía que simbolizó la tecnología en la era anterior a Microsoft, IBM, se parece hoy muy poco a la de aquellos años, y mantiene una saneada capitalización de 240.520 millones de dólares.

Mientras, Google sigue creciendo a pesar de seguir obteniendo la inmensa mayoría de sus ingresos de una sola línea de negocio. Una compañía con catorce años de historia que desde que salió a bolsa el 19 de agosto de 2004 se ha revalorizado en un 660%, frente a otra de treinta y siete años que en los últimos ocho lo ha hecho un 27%. Las predicciones se van cumpliendo: la web, de la que el negocio de Google representa tan solo una parte, la publicidad, que no es ni con mucho su principal valor, crece hasta desbancar o fagocitar en gran medida otros negocios como el del software, que dejan prácticamente de poderse concebir sin ella.

Y en ambos casos, el valor de las compañías citadas queda eclipsado por los mareantes 618.120 millones de dólares que vale Apple, la compañía tecnológica más valiosa del mundo, que según algunos podría llegar a ser, en abril de 2015, la primera compañía en llegar a una capitalización de un billón de dólares. Las eras geológicas son una magnitud inabarcable para la escala humana. Las eras tecnológicas no lo son. Los tiempos cambian.

Sonríe, te estamos rodando

Escrito a las 10:59 am
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Tras oir hablar del programa de grabación de vídeo de su ciudad en un pleno municipal, un ciudadano californiano, consultor de seguridad sin ningún tipo de actividad criminal, rellena un formulario de public-records request, un procedimiento perfectamente legal y regulado en los Estados Unidos, y se encuentra con que la policía tiene un completo archivo de casi una foto semanal de su coche circulando por diversos lugares, incluyendo imágenes bajándose del automóvil, con sus hijas en la puerta del colegio, aparcado en casa de un amigo o en el bar en el que suele parar a tomar un café. Ciento doce fotografías de sus dos vehículos tomadas entre 2008 y 2010 y convenientemente clasificadas y archivadas.

A medida que proliferan las cámaras de seguridad en lugares públicos, que mejoran las tecnologías de reconocimiento de imágenes, y que disminuye radicalmente el coste de almacenamiento, nos encontramos con que el concepto de sociedad panóptica que hemos mencionado en algunas ocasiones al hilo de diversos temas abandona el terreno de la ciencia-ficción y se convierte en una realidad perfectamente tangible. Como en un auténtico episodio de Person of interest.

Unido a los datos que generan nuestros teléfonos móviles, nuestras tarjetas de crédito, nuestras búsquedas y nuestra actividad en redes sociales, una imagen completa de cualquiera. En un condado de California, la actividad de los cuarenta y nueve coches de policía correspondía a un total de más de seis millones de capturas de unos dos millones de matrículas únicas, perfectamente almacenadas, indexadas y listas para su uso en cualquier investigación, sin necesidad de una orden judicial, y sin idea de borrarlas a medida que pasa el tiempo.

Por si la presión del Estado fuera poca, aparecen modelos de explotación privada: empresas que ruedan vídeo en la calle desde coches equipados con cámaras, aplican programas de reconocimiento de imágenes, y capturan datos con el fin de comercializarlos a quienes tienen deudas impagadas y exigen su cobro. Pronto, aparecerán otros modelos de negocio relacionados, legales o no, como el oficial de policía que se declaró culpable de usar las imágenes de vehículos estacionados frente a un bar de ambiente para intentar chantajear a sus propietarios.

Si no has leído a Orwell recientemente, no es mal momento para que lo hagas. Y si no, léete el artículo del WSJ. Te provocarán, poco más o menos, la misma sensación.

El servicio al cliente se hace social

Escrito a las 12:11 pm
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Un recomendable artículo de Mashable, Why social media makes customer service better, apunta algunas cifras y claves interesantes sobre la progresiva transición de las actividades de servicio al cliente a la web social, que en los Estados Unidos se prevé alcanzará al 80% de las compañías a finales de este año, y que es utilizada ya para este tipo de actividades a día de hoy por el 62% de los clientes.

Sin embargo, examinando la actividad de las cincuenta marcas norteamericanas más importantes, puede verse claramente que el concepto de uso de la web social sigue respondiendo, en gran medida, a un esquema trasnochado y puramente unidireccional: el 56% de esas marcas no respondió a ni un solo comentario de clientes en su página de Facebook, e ignoraron completamente el 71% de las quejas en Twitter. Marcas que “van de modernas” y de “estamos en las redes sociales”, pero que en realidad lo ven como un simple canal donde bombardear con sus mensajes, y defraudan lo que sus clientes esperan de ellas en esos canales: según las encuestas de satisfacción, el 55% de los clientes esperaban una respuesta a su queja en el transcurso de un día, pero tan solo el 29% recibieron una. Las conclusiones del estudio de Maritz Research de septiembre de 2011 sobre las actitudes y percepciones de usuarios que habían utilizado Twitter para quejarse sobre algún producto, servicio o compañía es, en este sentido, una lectura muy interesante.

Mi primera lectura recomendada cuando hablo de este tipo de temas en clase suele ser el capítulo 4 de “Twitterville“, escrito por Shel Israel en 2009, y que describe muy bien la experiencia de Frank Eliason, un empleado de servicio al cliente de Comcast que abrió una cuenta en Twitter, @ComcastCares, y que logró gracias a ella una mejora del 10% en el American Customer Satisfaction Index (ACSI) en tan solo un trimestre, además de convertirse en director de servicio al cliente a nivel nacional y de terminar abandonando la compañía para incorporarse a Citibank como director global de social media.

Pero en una estrategia de servicio al cliente, Twitter es solo una parte. Hay mucho más, y va mucho más allá de simplemente abrir cuentas y empezar a contestar. Se trata de incorporar esos canales en tu estructura existente de servicio al cliente, y de balancear la transición y la carga entre canales a medida que los clientes lo van pidiendo. La idea es crear rutinas y procedimientos, pero sin llegar a una automatización que deje de ser percibida como un trato humano y entre en la rigidez. En este sentido, es fundamental utilizar el sistema como una manera de alimentar repositorios de conocimiento y procedimientos que vayan generando prácticas de mejora, y que permitan a un empleado disponer de recursos en los que buscar casuísticas similares, experiencias anteriores, información sobre clientes, etc. en función de los parámetros que necesite en cada momento. Tratar la atención al cliente como algo público, pero disponiendo de canales para poder llevársela a lo privado en cuanto la situación lo requiera puede tener un efecto muy interesante sobre la imagen de la compañía y la interpretación de lo que es, sin duda, un valor en alza: la transparencia.

Mi analogía en clase es que las compañías tienen que tener orejas, sí, para escuchar todo lo que se dice de ellas en la web social e intervenir antes de que pueda convertirse en una situación de crisis, pero también tienen que desarrollar una boca, un canal a través del cual poder expresarse con suficiente visibilidad. La transición de los call centers hacia los llamados contact centers (incorporando más canales de interacción) y el creciente predominio de la función inbound (recepción y atención de llamadas) frente al cada día más desacreditado outbound (origen de llamadas con ofertas comerciales) son síntomas de una evolución que, sin duda, vamos a ir viendo como una tendencia en todas las industrias.

Facebook y Datalogix: conectando los datos offline y online

Escrito a las 2:02 pm
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Facebook anuncia un acuerdo con Datalogixlíder en la integración de bases de datos de marketing con medios digitales, con el supuesto fin de medir la muchas veces discutida eficiencia de su publicidad, y dispara con ello todas las alarmas sobre la privacidad de sus usuarios. Mientras algunas grandes cadenas de establecimientos como CVS afirman categóricamente que no comparten información personalmente identificable con Facebook ni con Datalogix, la Electronic Frontier Foundation publica un detallado artículo en el que da cuenta de los procedimientos que Facebook pretende llevar a cabo con la información, y el proceso para hacer opt-out del sistema.

Básicamente, lo que Facebook pretende hacer es comparar la gigantesca base de datos de Datalogix, que contiene datos de cientos de programas de lealtad utilizados por consumidores norteamericanos, obtener muestras de clientes que podrá dividir en función de si han sido expuestos a campañas publicitarias o no, y muestrear el número de consumidores en cada grupo que adquirieron un producto determinado. La estructura de cifrado de los datos, el hecho de que se manejen de manera agregada por grupos, y el acuerdo que Facebook ha firmado con Datalogix para proteger la privacidad de los usuarios impide adscribir un comportamiento de compra a un usuario específico de la red social.

Las garantías, no obstante, sean contractuales o técnicas, no sirven para tranquilizar a muchos usuarios que ven en esa conexión entre su comportamiento dentro y fuera de la red una invasión a su privacidad. Artículos como el que el New York Times publicó el pasado febrero, How companies learn your secrets, nueve páginas detallando los procedimientos de las compañías utilizan y cómo han servido, en muchos casos, para tener más información sobre los clientes de la que estos tienen sobre sí mismos, no contribuyen precisamente a crear un clima de confianza en este sentido. En realidad, es perfectamente sabido desde hace muchos años que las compañías que son capaces de reunir información sobre el comportamiento de compra de categorías amplias de productos, como Tesco en el Reino Unido, tienen más información que nadie sobre sus consumidores gracias a sus tarjetas de fidelización, y trabajan con ella con relativa libertad a la hora de intercambiar el acceso a la misma con marcas y fabricantes.

En realidad, es bien sabido que las empresas que utilizan bien esa información son capaces de revertir valor a todos los lados de la ecuación: los fabricantes obtienen un mejor conocimiento de sus clientes sin tener acceso a los datos individuales de estos, los clientes reciben ofertas y cupones mejor adaptados a su consumo que les permiten pagar menos por su compra, y la empresa captura una parte de ese valor generado cobrándoselo a los fabricantes que, de otra manera, se verían obligados a repartir sus cupones al azar. El sistema de tarjetas de fidelización lleva tiempo funcionando bien, y a la mayoría de los clientes de las mismas no parece preocuparles especialmente que el establecimiento en el que realizan sus compras pueda tener una imagen muy detallada de sus patrones personales y familiares de consumo. O no les preocupa, o el precio pagado en términos de pérdida de privacidad les parece adecuado. Pero ver a Facebook, con el vasto repositorio de información que atesora sobre nosotros (porque nosotros se la hemos ido dando a lo largo del tiempo), entrando en contacto con ese sistema, parece un paso más delicado.

Particularmente, no creo que vayamos a presenciar ningún tipo de avalancha de usuarios haciendo opt-out en la página correspondiente. Es más, no creo que lo viésemos ni aunque el procedimiento llevado a cabo por Facebook fuese una especie de carta blanca abierta al uso y eventual abuso de cualquier dato. Es más: mi opinión es que la conexión completa de sistemas de generación de datos offline y online  es simplemente cuestión de tiempo. Para bien o para mal, y sin querer entrar en esa espinosa discusión de si eso es bueno o es malo, estoy convencido de que nos dirigimos a un mundo en el que esta conexión será completa y en tiempo real. Un mundo que caracterizará en gran medida el entorno de los negocios en el que vamos a vivir, y que, en mi faceta como profesor de escuela de negocios, tendré que conocer exhaustivamente. Habrá que ir preparándose.

Apple, sus mapas y sus disculpas

Escrito a las 7:01 pm
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Apple publica una disculpa a todos sus clientes por la mala calidad de sus mapas en iOS 6, que algunos ya denominan “el mapocalipsis“, en una carta firmada por su CEO Tim Cook.

 

Lo que viene a decir:

Normalmente, nuestros productos son muy buenos. En el caso de los mapas de iOS 6, no es así: a día de hoy son una basura impresentable. Vamos a hacer todo lo posible por mejorarlos. Mientras tanto, como nuestros mapas no están a la altura, os recomendamos que instaléis las apps de Bing, Mapquest o Waze; o bien que creéis un acceso directo para usar los de Google o Nokia en la web.

 

Lo que no puede decir:

Desde la primera versión de iOS, hemos dependido de Google para nuestros mapas. Ahora, Google es un competidor peligroso, su aplicación de mapas en Android era mucho mejor que la que nos permitía usar a nosotros, y encima, nos cobraba por el uso y nos ponía anuncios que cobraban ellos. Para toda posible mejora en los mapas dependíamos de nuestro competidor más peligroso. Y eso, en un tema con tanto desarrollo futuro como los mapas, no podía ser. Por esa razón, hemos liado la mundial: hemos comprado varias compañías y negociado con quince socios distintos para intentar integrar todos sus productos en uno solo. Y como en toda integración que se precie, nos ha salido un engendro monstruoso, un Frankenstein al que le queda muchísimo por pulir. A ver: montar una aplicación de mapas es un trabajo terrible, complicadísimo, carísimo y de mejora iterativa y constante, en el que Google nos lleva muchos años de ventaja. Pero al menos, en el futuro, las mejoras dependerán de nosotros.

“La explosión smartphone”, mi columna en Expansión

Escrito a las 10:50 am
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Mi columna en el diario Expansión de esta semana se titula “La explosión smartphone” (pdf), y pretende servir como aviso a los lectores sobre el cambio que estamos viviendo en el concepto de terminal de telefonía móvil: ya no tanto el paso de “aparato para hablar por teléfono” al de “ordenador de bolsillo”, que ya viene de relativamente lejos; como más bien la evolución desde “aparato de bajo precio o gratuito que me entrega una compañía de telecomunicaciones” a “aparato caro, que dura poco, con funcionalidad extendida, sobre el que tengo que tomar decisiones de compra meditadas, y de cuyo manejo y entendimiento depende en gran medida mi percepción del entorno”.

Para muchos, atrapados entre el cambio de táctica de las operadoras que van dejando de subvencionar terminales y las políticas corporativas de BYOD (Bring Your Own Device), todo un nuevo escenario de toma de decisiones de adquisición con importes en ocasiones superiores al de muchos ordenadores convencionales. Y decididamente, un cambio de mentalidad.

A continuación, el texto completo de la columna, junto con los enlaces que no puedo poner en la versión papel:

 

La explosión smartphone

Un estudio publicado recientemente en el Wall Street Journal muestra cómo la adquisición de smartphones y las comunicaciones son la categoría de gasto que más crece en los hogares norteamericanos. De hecho, se ha elevado hasta desplazar a muchos otros gastos habituales: muchas familias reducen la factura de ropa, servicios, comer fuera o entretenimiento con el fin de costearse terminales que, en muchos casos, tienen precios más elevados que ordenadores portátiles o de sobremesa, a cambio de una durabilidad muy inferior, y cuya adquisición en muchas ocasiones conlleva compromisos de gasto mensual sensiblemente elevados.
En muy poco tiempo, los consumidores han pasando de simplemente utilizar el móvil que su operadora les entregaba, a gastarse cantidades que llegan hasta los quinientos y los ochocientos euros en el segmento más alto. La estructura y evolución del mercado español, además, lleva a una tendencia en las operadoras de abandono de la subvención y el bloqueo de los terminales. El iPhone 5 es ofrecido directamente en las tiendas Apple como terminal libre.

El smartphone ha multiplicado su funcionalidad mediante las apps: lo que hace pocos años era un aparato para hablar por teléfono, hoy es GPS, monitor para hacer ejercicio,  lector de correo, navegador, cámara, y medio millón de usos que hacen que pase mucho más tiempo entre nuestras manos que pegado a nuestra oreja.

La predicción de Eric Schmidt, que entiende el smartphone como la clave fundamental en el acceso a la red de lo que denomina “la mayoría aspiracional” de la población mundial, es que en unos doce años, un terminal que hoy cuesta cuatrocientos dólares nos cueste en torno a los veinte. Mientras eso llega, prepárese para gastar un dinero importante en algo que le durará poco tiempo, y que ya no es simplemente “para presumir”: necesitará aprender a sacarle buen partido si pretende entender mínimamente el entorno en el que vive. Ha llegado la explosión smartphone.

La internet de las cosas triunfa en Kickstarter

Escrito a las 8:36 am
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Llegué a este proyecto, SmartThings, a través de un tweet de Martin Varsavsky: cuando lo vi, ya habían superado con mucho sus objetivos originales de financiación en Kickstarter (solicitaba originalmente $250.000, iba por más de $1.2 millones), y muchos de los escalones de financiación relativamente asequibles ya estaban llenos.

El proyecto lo tiene todo para ilusionar: promete algo que resulta muy apetecible, la conexión de infinidad de “cosas” a la red para poder monitorizarlas, controlarlas o automatizarlas desde un ordenador o un dispositivo móvil con su app correspondiente, y ofrece un kit de software y hardware (solo si eres de los que poseen un soldador, dicen :-) abierto para promover un ecosistema de desarrollo que proponga soluciones para seguir añadiendo funciones y posibilidades. Por el momento, un conjunto de posibilidades que incluyen encendido y apagado de aparatos eléctricos en el enchufe, sensores de apertura y cierre de puertas, ventanas o armarios, y sensores de detección de movimiento y presencia. En el futuro, la posibilidad de interactuar con cerraduras, aparatos eléctricos, persianas, etc., hasta crear condicionales que actúen en función de mediciones de algo, como por ejemplo un sensor de lluvia, o secuencias encadenadas, como una “rutina mañanera” que active desde el despertador a la máquina de café. Tienes un canal de YouTube con ejemplos e ideas. Todo eso que veíamos en las novelas de ciencia-ficción, convertido en posibilidades reales. La llamada home automation, con un desarrollo sencillo y elegante.

Aunque tienen ya bastante hecho, es un proyecto todavía sin terminar y que depende de la creatividad de muchos, así que habrá que estar pendiente de cómo les va y de qué tipo de usos plantean para ese dinero inesperado que han conseguido. Pero solo con lo visto hasta ahora, tiene un aspecto verdaderamente interesante.

La última idea estúpida: romper la nube a golpe de canon

Escrito a las 9:10 pm
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Una noticia en CIO comenta lo que parece ser la penúltima ocurrencia de las insaciables entidades de gestión, en estudio por la Comisión Europea: gravar con un canon el uso de servicios en la nube  para supuestamente “compensar” a los creadores por la circulación y uso de sus obras a través de este soporte.

Según las doce entidades de gestión de derechos de autor que contactaron ayer miércoles a la Comisión, el canon por copia privada es un sistema fundamental para la remuneración de los artistas, ha probado no ser un desincentivo a la adquisición de dispositivos en los países en los que se ha puesto en marcha, y es preciso que se reconvierta para afrontar su nuevo reto: operar en un entorno en el que la copia física ya no es necesaria y tanto la circulación como el consumo tiene lugar a través de plataformas en la nube. El planteamiento, aparte de ser el enésimo exponente de la voracidad recaudatoria y de seguir pretendiendo que por alguna misteriosa razón haya que subvencionar a una serie de negocios porque se quejan del progreso de la tecnología, sería sumamente problemático en el caso del tramo gratuito de servicios de uso freemium como Dropbox, GDrive, Skydrive y similares.

La idea de pagar un canon por el uso de plataformas en la nube por si acaso subimos a ella obras con derechos de autor es tan absurdo como pretender cobrarnos un canon por el aire que respiramos, por si acaso tenemos la idea de silbar alguna canción. Pero por supuesto, no faltan entidades capaces de plantearlo, ni políticos dispuestos a escucharlas. Vuelve la guerra del canon. Agarrémonos, que vienen curvas.

El ADN como última frontera en la gestión de la salud

Escrito a las 9:35 am
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Me ha llamado mucho la atención el anuncio de apertura de la API de 23andMe, el servicio de análisis genético personal creado por Linda Avey y Anne Wojcicki cuyo diagnóstico ha ido bajando de precio desde los mil dólares iniciales hasta los $299, acerca del cual he escrito ya en algunas ocasiones.

Los detalles de la API para programadores están disponibles en ProgrammableWeb, y ReadWriteWeb especula sobre las posibilidades de disponer de una nueva generación de apps dedicadas a los fines más diversos (monitorización de salud, ejercicio, nutrición, etc.) capaces de usar, con la debida autorización por parte del usuario, los datos de su genotipo.

El estudio del genotipo de un individuo no es lo mismo que la secuenciación de su ADN: la secuenciación, o determinación de la secuencia completa de nucleótidos  del ADN de un individuo, es un proceso todavía muy largo y complejo. Secuenciar completamente el ADN de unos pocos individuos llevó a varios laboratorios agrupados en el Proyecto Genoma Humano más de diez años de trabajo, y sus procedimientos no han alcanzado aún el nivel de desarrollo y automatización suficiente como para plantearlo a gran escala a un precio razonable para un mercado de consumo. El análisis del genotipo consiste en buscar marcadores específicos ya conocidos (el gen que codifica una enfermedad o un rasgo determinado, por ejemplo) dentro del genoma de una persona, algo que puede hacerse únicamente si sabemos qué es lo que estamos buscando (la secuencia completa del marcador en cuestión), pero que puede llevarse a cabo de una manera económicamente eficiente.

Las posibles implicaciones vienen a reforzar algunas de las cuestiones que venimos comentando aquí en torno al quantified self y la gestión de los datos relacionados: la primera utilidad obvia proviene de gestionar esos datos nosotros mismos, para tomar decisiones cotidianas sobre qué comer, si tomar o no café, o el tipo de hábitos cotidianos que mantenemos. Pero la segunda derivada, mucho más importante, es el uso de esos datos, tanto en lo personal como en lo agregado, para su manejo por parte de los profesionales de la salud: no veo lejano el momento en que aparezcan servicios de gestión de la salud basados en la medicina preventiva que exploten de manera exhaustiva ese tipo de datos con la autorización del usuario. El entorno legislativo en ese sentido es, obviamente, importante: en los Estados Unidos, la Genetic Information Nondiscrimination Act (GINA) protege a los ciudadanos contra la discriminación en función de su información genética en lo relacionado con empleo y con seguros de salud, cuestiones que podrían generar problemas en caso de no ser reguladas. En España únicamente he encontrado una mención relacionada con el tema en la Comunidad Autónoma de Andalucía, pero por supuesto, en temas legales, que yo no lo encuentre no quiere decir que no exista.

Muchas preguntas. ¿Hasta dónde llegan los posibles beneficios y el posible impacto de contar con esa información agregada o individualizada para la investigación en el área de la salud? O, en otro ámbito completamente distinto… ¿estamos, en lo personal, preparados para asumir un nivel de determinismo como el que puede, en muchas ocasiones, deducirse del análisis de nuestro genoma? ¿Y las consecuencias, en unos servicios de salud mayoritariamente congestionados, de la posibilidad de un manejo de información mucho más exhaustivo? A mí personalmente me encantaría que mi médico pudiese tener en cuenta toda la cantidad de información que genero sobre la evolución de mis variables de interés cuando me diagnostica, y formo parte de un estrato social dispuesto a pagar por ello a quien lo quiera ofrecer con las suficientes garantías. Pero ¿puede almacenarse, gestionarse y utilizarse algo así en los seis minutos escasos que un médico tiene para ver a un paciente en una consulta de atención primaria? ¿O estamos construyendo cada día más una medicina para ricos y otra para pobres? Sin duda, nuestra relación con la gestión de la salud va a cambiar en los próximos años como consecuencia de vivir en un mundo exhaustivo en la captura de información. ¿Estamos preparados para asumirlo?

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