El Blog de Enrique Dans

La batalla por las llamadas de voz

Escrito a las 4:22 pm
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IMAGE: Bruno Passigatti - 123RFHubo un tiempo, no hace tanto, en el que la comunicación dependía de un número. Poder llamar a alguien era prácticamente la única manera síncrona de comunicarse con alguien a distancia, superando la asincronía de una carta o un telegrama. El número de teléfono era tan central e importante, que determinaba con quién podíamos o no comunicarnos, y necesitábamos dedicar un ratito a buscarlo en una agenda y teclearlo en el teléfono (o antes, a hacer girar un disco de esos cuyo funcionamiento un adolescente actual es casi incapaz de entender).

Con el tiempo, la telefonía se hizo móvil, y las agendas se convirtieron en un suplemento a nuestra memoria. Nuestro cerebro se acostumbró a no memorizar más números que el nuestro para poder dárselo a otra persona – o ni eso. El número como clave en una base de datos empezó a perder protagonismo, y a convertirse en algo secundario, restringido al momento de su indexación: “dame tu teléfono”, como forma de abrir un canal de comunicación que, una vez inaugurado, ya no precisaba de la memorística ni de ningún papelito o agenda física.

Como ya comenté en varios medios a raíz del anuncio de la operación, la desmesurada adquisición de WhatsApp por parte de Facebook solo puede entenderse, y de manera limitada, si la planteamos como la ofensiva final al reinado de las operadoras sobre las llamadas de voz, algo que se evidencia en el anuncio realizado hoy mismo por Jan Koum en el Mobile World Congress de Barcelona: la compañía ofrecerá llamadas de voz a partir del segundo trimestre de este año, ya a la vuelta de la esquina.

Las llamadas de voz son un reducto interesante: en su momento, la irrupción de Skype provocó que las operadoras se lanzasen a una estrategia de tarifas planas en todos aquellos países en los que no las tenían ya, con el fin de evitar que el momentum y la propuesta de valor de aquella startup provocativa y de rápido crecimiento alcanzase la totalidad de su línea de productos. Tras la llegada de las tarifas planas a nivel nacional, Skype ya no tenia tanto sentido como medio para sustituir a unas llamadas de voz nacionales que suponían entonces el grueso de la facturación de las compañías telefónicas, pero sí mantuvo su atractivo para las carísimas llamadas internacionales: en enero de 2010, Skype ya suponía el 12% de todos los minutos de llamadas internacionales, una cifra que pasó a ser del 25% un año después, y que se ha mantenido en crecimiento desde entonces. Casi todos los usuarios los que eran suficientemente versados en tecnología y tenían una necesidad sistemática de comunicarse con alguien en el extranjero optaron por llamar a través de Skype.

Las operadoras, que ya vieron cómo WhatsApp convertía en humo a toda velocidad los ingresos derivados del fenómeno SMS, podrían ver ahora cómo la idea de cobrar por las llamadas de voz se convierte también en algo ilusorio a la misma velocidad: no importa que la tecnología sea ya muy antigua, que técnicamente esté disponible desde hace muchos años o que haya un buen número de competidores ofreciéndola; lo que importa es la velocidad de implantación y popularización, la gestión del proceso de sustitución.

La otra gran duda es, claro, hasta qué punto es la voz un negocio tan importante: nuestros teléfonos ya tienen de teléfonos únicamente el nombre, ya no son dispositivos para transmitir sonido, sino datos, y pasan muchísimo más tiempo en nuestras manos que en nuestras orejas. Cuanto más descendemos en edad, el efecto es aún más acusado: muchos jóvenes podrían prescindir completamente de su tarifa de voz, porque sencillamente no la usan para prácticamente nada que no sea llamar a sus padres o abuelos. Si el plan de Facebook con WhatsApp es provocar la disrupción definitiva del mercado de la comunicación por voz, es posible que esté llegando tarde a una tarta cada vez más pequeña y menos significativa. Además de encontrarse con Microsoft y su Skype, con Google y sus hangouts, y con infinidad de competidores como Line, Viber y otros, se encontraría en un mercado de rendimientos claramente decrecientes, con competidores que ofrecen el servicio de manera gratuita o a precios ridículamente bajos, con unas operadoras resignadas a perder o ver enormemente reducida la que fue su fuente de ingresos histórica durante décadas, y con unos hábitos sociales que cada vez optan en más situaciones por esquemas no basados en la comunicación verbal.

Adiós al número de teléfono: comunicación cuando quieras, en el formato que quieras – texto, voz o incluso vídeo – con cualquier persona que esté en tu red social. Redes sociales convertidas en la nueva agenda de contactos – algo que ya vivimos todos los que la sincronizamos la agenda de nuestro smartphone con Gmail, con Facebook, con LinkedIn o con los todos a la vez – y comunicación establecida en base a la persona, no a un dispositivo ni a un número. El escenario del futuro está más que anticipado. Pero… ¿valía la pena para posicionarse en él llevar a cabo una adquisición de… 19.000 millones de dólares?

 

(This post is also available in English in my Medium page, “The battle for the voice call market“)

¿Son las plataformas de aplicaciones un modelo sostenible?

Escrito a las 12:55 pm
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Aplis hasta en la sopa - El País (pdf, haz clic para leer a un tamaño razonable)Miguel Ángel García Vega, de El País, me llamó un par de veces para hablar sobre el tema de las apps (él insiste en llamarlas “aplis”, que suena indudablemente más castellano y hasta más “cariñoso” :-) y sobre el mercado establecido en torno a las mismas, y hoy me cita brevemente en su artículo titulado “‘Aplis’ hasta en la sopa” (pdf).

Hablamos sobre las características de los mercados de aplicaciones, ecosistemas en los que se prima por lo general un precio bajísimo o una gratuidad, y en los que se tiene que recurrir a modelos basados en publicidad, comercialización de datos o freemium (para mí, sin duda, el esquema más válido cuando se plantea adecuadamente) para dotarlos de un esquema económico viable.

Claramente, hemos instalado apps por encima de nuestras posibilidades: no hay más que ver nuestros terminales para ello. Si te planteases hacer limpieza, seguro que podrías desinstalar alrededor de la mitad de las apps que tienes instaladas en tu smartphone sin que llegases a percibir un problema de funcionalidad. Las características del ecosistema han funcionado exactamente como esperaban sus promotores, fundamentalmente Apple y Google: se ha demostrado que no existe mejor manera de ofrecer funciones para un aparato que ser capaz de generar una comunidad abierta de desarrolladores que se pone a trabajar en ello. Basadas en esquemas similares, con algunas diferencias en la gestión, tanto la App Store como Google Play han llegado a una situación en la que una brutal cantidad de apps ofrecen todo tipo de funcionalidades: hay apps literalmente para cualquier cosa imaginable. La conocida frase “there’s an app for that”, “existe una app para eso”, llevada al exceso y la exageración en mercados cuyo buen funcionamiento se está convirtiendo en su propia maldición.

Un número enorme de nuevas apps aparecen cada día, en una sucesión completamente inabarcable de las que, como comenta el artículo, el 99.99% fracasa. Tengo una buena cantidad de apps en mis terminales que he actualizado más veces que utilizado. La saturación parece estar sentando mal al mercado en todos los sentidos: cada vez menos rentabilidad para los desarrolladores, prácticas cada vez más perversas y establecidas de marketing y promoción, modelos de arquitectura de datos absurdos que solicitan permisos que nadie se detiene a chequear mínimamente, y esquemas en general cada vez más insostenibles. Y todo ello con el trasfondo de modelos incipientes como Firefox OS basados no en plataformas cerradas para vender aplicaciones, sino en web apps y uso extensivo de HTML 5.

No, a pesar del fuerte crecimiento del mercado smartphone como plataforma, las apps ya empiezan a estar lejos de ser aquel supuesto “paraíso” donde los emprendedores podían, con barreras de entrada muy bajas, llegar a un mercado de manera sencilla y hacerse ricos. Lo cual da lugar a una reflexión interesante: la estrategia de desarrollar una plataforma con esquemas relativamente abiertos y bajas barreras de entrada ha funcionado, fundamentalmente, para que unos pocos (verdaderamente muy pocos en términos porcentuales) ganen mucho dinero, mientras muchos millones compiten por alcanzar esa especie de El Dorado. Pero sobre todo, para construir un buen negocio para Apple y Google.

 

(This post is also available in English in my Medium page, “Is the app store ecosystem a sustainable model?“)

En “La noche en 24 horas”, hablando sobre WhatsApp y el canon de AEDE

Escrito a las 1:01 pm
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Lanoche24h

Anoche estuve en Televisión Española, en el programa “La noche en 24 horas“, hablando sobre la operación de adquisición de WhatsApp por Facebook y, muy brevemente, también un poco acerca del canon de la AEDE, con América Valenzuela y Sergio Martín, y con algunas intervenciones de los contertulios habituales del programa.

 

 

Hablamos fundamentalmente de la operación de adquisición de Facebook sobre WhatsApp: hasta qué punto lo radicalmente disparatado de su precio permite asumir que se trata de un ataque directo al negocio de las operadoras telefónicas, único capaz de soportar un plan similar con una escala y unas cifras tan apabullantes. Ovum calcula que las operadoras ya perdieron en torno a los 33.000 millones de dólares a nivel mundial a cuenta de la sustitución de los SMS por plataformas de mensajería instantánea como WhatsApp, y que esa cifra puede proyectarse a prácticamente el doble, 54 mil millones, en 2016. Ese mercado, con un nivel de concentración relativamente elevado a pesar de su diversidad (Skype, Line, Whatsapp, Viber, WeChat, Kakaotalk y Facebook Chat concentran a la mayor parte de los usuarios) tiene claramente como próxima parada la sustitución ya no de los mensajes de texto, sino la del total de la comunicación: llamadas nacionales, internacionales y videollamadas. En no mucho tiempo, nuestra libreta de direcciones será la que tengamos en nuestras redes sociales, y una serie de compañías pugnarán por ofrecernos que comuniquemos con quien queramos en cada momento mediante herramientas versátiles y con unos niveles de precio que las empresas clásicas de telecomunicaciones nunca han llegado a ofrecer. Una situación y unas herramientas que ya existen como tal desde hace tiempo, pero que aguardan su adopción y generalización. Ese es el mercado que se está definiendo, y lo que sin duda pretende ocupar Facebook con la adquisición de WhatsApp.

Intenté explicar que era preciso, para hacer un análisis correcto de la situación, huir de planteamientos basados en la realidad española: Facebook, en realidad, ha comprado a la plataforma líder, pero no a la líder mundial: en los Estados Unidos, el propio chat de Facebook aventaja sensiblemente a WhatsApp en uso, y en Asia, plataformas como Line, WeChat, Viber o Kakaotalk dominan el mercado de manera clara. La pregunta, por tanto, es: dado que era preciso hacerse con un competidor para poder comprar la carta de admisión a este mercado de las telecomunicaciones personales, ¿es correcto comprar precisamente WhatsApp, una empresa de cincuenta trabajadores, con una ingeniería y una seguridad claramente deficientes, sensiblemente por debajo de prestaciones con respecto a las otras plataformas, y a un precio demencial? Si Rakuten pagó 900 millones por los 300 millones de usuarios de Viber, ¿cómo explicar el brutal premium de varios órdenes de magnitud desembolsado por WhatsApp? Por muy apetitoso que pueda ser el mercado objetivo, mi impresión (y ya la de algunos otros) sigue siendo la de un grave error estratégico que será enormemente difícil llegar a rentabilizar. Hablamos, además, de un mercado enormemente volátil y voluble: solo en los dos días inmediatos al anuncio de adquisición, una plataforma como Telegram que parte de la nada ha visto respectivamente la llegada de 500.000 y 800.000 usuarios nuevos, y se ha convertido en la aplicación líder en descargas en países como España, Suiza, Austria, Alemania, Holanda, México y seis más.

En otro orden de cosas, hablamos también, aunque muy brevemente, del canon de la AEDE y de sus posibles efectos, con cierta resistencia por parte de algunos de los miembros de la mesa. Nada que permitiese un diálogo realmente informado, así que simplemente intenté dejar claros los dos puntos para mí más preocupantes: que no se está produciendo en modo alguno un abuso (ni mucho menos “un robo”), dado que los periódicos pueden salir del sistema de agregación siempre que lo deseen, y que  lo verdaderamente peligroso, además de amenazar la naturaleza de internet poniendo en cuestión la libertad de enlazar y de utilizar fragmentos no representativos, es el uso de ese canon generado junto con la publicidad institucional para comprar la anuencia de los medios con el gobierno.

Once años de blog

Escrito a las 12:58 pm
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OnceHoy se cumplen once años desde que empecé esta página que tienes ante ti. Once largos años, 4.018 días, exactamente 6.225 entradas y 146.275 comentarios en el momento en que escribo estas líneas.

Aproximadamente una entrada y media al día, si no fuera porque eso de los promedios es más bien poco representativo. Una entrada como mínimo todos los días, a veces dos o tres si son reseñas de otras publicaciones, siguiendo esa característica tan acusada de mi carácter que pone a mi mujer tan de los nervios y que hace que o bien me tome las cosas muy en serio y con una gran disciplina, o no sea capaz de hacerlas en absoluto (la verdad, no sé cómo me aguanta :-)

Sin escribir jamás “para la nevera”: sigo sintiendo una necesidad acuciante de darle al botón de “Publicar” nada más terminar de escribir, con la misma ilusión de ver cómo llega el tráfico, como aparecen los primeros comentarios, o cómo pintan las primeras reacciones a lo que has escrito. Hace años, la emoción se quedaba en el botón “Publicar”. Ahora, se transforma en tweets, en Likes, en +1 y en infinitas manifestaciones de que lo que has escrito ha llegado a algún sitio, hay personas al otro lado que te leen, te contestan y te enriquecen con sus opiniones de todo tipo, las buenas, las malas y las regulares. Ya hemos pasado de todo: días buenos, días malos, días anodinos, días excitantes, días en los que sientes que todo va de maravilla, días de mierda, días en los que te llevan a juicio, días que ganas, días que se demuestra que estabas en lo cierto, días en los que se ve que ni tú ni nadie sabe nada de todo esto, días de mal ambiente y mal rollo y, cada vez más, días de diálogo abierto, constructivo y civilizado… muchos, muchos días. Y aquí seguimos, con la ilusión y las ganas del primer día, o seguramente con bastantes más. Ahora incluso en inglés.

Más de sesenta y cinco mil personas suscritas al feed en sus diversas formas, con unas diez u once mil activas en un día normal (según cuenta FeedBurner en los días que funciona). Ciento ochenta y ocho mil seguidores en Twitter, treinta y tres mil en Facebook, seiscientos cuarenta y tres mil en Google+, unos once mil en LinkedIn, más de seis mil recibiendo las entradas por correo electrónico…

MUCHAS GRACIAS A TODOS.

Más sobre la compra de WhatsApp

Escrito a las 10:53 am
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Que WhatsApp vale... ¿QUÉ? - Expansión (pdf, haz clic para leer sin dejarte los ojos en el intento)El miércoles por la noche cambié rápidamente el tema de mi columna de Expansión para dedicarla a la para mí demencial operación de adquisición de Facebook sobre WhatsApp, que se ha publicado hoy bajo el título “Que WhatsApp vale… ¿QUÉ?” (pdf). Además, mi opinión ha estado en varias radios en directo, y en medios como el Diari de Girona (pdf), ABC (pdf), El Mundo (pdf), No Solo Cine o Hemerotek.

Me reafirmo en mis comentarios: por muy atractivo que pueda parecer el crecimiento y el número de usuarios de WhatsApp, hablamos de una compañía que bajo ningún concepto vale la barbaridad de dinero que Facebook va a pagar por ella. Ni por la información y la libreta de direcciones de unos usuarios que en su amplísima mayoría ya estaban en Facebook (nivel de solapamiento de bases de datos elevadísimo, potencialmente superior al 90%), ni mucho menos por la ingeniería o tecnología que la empresa posee, ni menos aún por su claridad o visión estratégica.

Sigo sin concebir ninguna razón por la que se pueda llegar a pagar ese dinero por una compañía que, sencillamente, no lo vale. Desde la óptica de España, país donde WhatsApp ha sufrido un proceso de difusión viral desmesurado, se tiende a pensar que el éxito de WhatsApp es universal: no, no lo es. En Asia hay muchos competidores (Line, WeChat, Viber, etc.) que pueden reclamar para sí niveles de protagonismo y de penetración similares en sus territorios, y en todos los casos con prestaciones mejores que las de WhatsApp. Y definitivamente con mejor ingeniería y seguridad.

Como punto de referencia, creo muy pertinente citar el caso de Viber, una empresa con un producto intrínsecamente superior en prestaciones a WhatsApp – además de mensajería instantánea, posee llamadas mediante voz sobre IP – y que posee más de trescientos millones de usuarios, que hace muy poco fue adquirida por la japonesa Rakuten por un total de novecientos millones de dólares. Esos niveles de precio pueden tener sentido. Pero plantear una cifra como diecinueve mil millones de dólares, no. No hay forma de que tenga sentido ninguno. Es una exageración absurda, una burbuja descomunal, y fundamentalmente, un error estratégico. Por muchos razonamientos que se le quieran poner, esa valoración no hay por dónde cogerla.

Por cierto, solo en el día de ayer, Telegram ganó medio millón de usuarios. Este mercado es intensamente volátil: nada que ver con la evidente stickiness de los filtros de Instagram. Y si alguien cree que el hecho de haberse convertido en verbo genérico en España para referirse a la actividad de mensajería instantánea con ese “te guasapeo“, que piense en el caso de Rimmel y eche un ojo a su cuota de mercado actual.

A continuación, el texto completo de la columna:

 

Que WhatsApp vale… ¿QUÉ?

No, no se ha equivocado con los ceros. Lo pondré en letra para que no haya dudas: diecinueve mil millones de dólares, cuatro mil millones en metálico y el resto en acciones. Eso es lo que, pendiente de la aprobación de las autoridades, ha ofrecido Facebook por WhatsApp.

Si consideramos los tan solo cincuenta empleados que tiene WhatsApp, Facebook ha pagado unos trescientos ochenta millones de dólares por cada uno. Como pelotazo para su autoestima, no está decididamente nada mal. Considerando los cuatrocientos cincuenta millones de usuarios activos de WhatsApp, Facebook ha pagado unos 42 dólares por usuario. Eso sí, por unos usuarios que mayoritariamente son redundantes porque ya tenían cuenta en Facebook, que como mucho han pagado algo menos de un euro por usar el servicio – los que lo han llegado a pagar – y a los que se ha prometido que el servicio nunca incluiría publicidad.

Las comparaciones con otras transacciones son todavía más alucinógenas, por poner un adjetivo no malsonante: a finales de 2006, Google pagó mil seiscientos millones de dólares por YouTube, en una transacción que, en su momento, no me pareció cara. El Washington Post, hace tan solo unos meses, se vendió por doscientos cincuenta millones de dólares: con lo pagado por WhatsApp se podrían comprar setenta y seis periódicos de ese porte. El precio de WhatApp supone más de dos veces las ventas… ¡pero de la empresa compradora!

No entiendo nada. En mi modesta opinión, WhatsApp es una aplicación de mensajería instantánea mala e insegura, creada por una empresa con una estrategia inconsistente. Un producto perfectamente sustituible y sin una ventaja competitiva consolidada.

Después de más de veinte años analizando internet y su entorno, he descubierto que no sé nada.

Hablando sobre el canon de AEDE, en Huffington Post

Escrito a las 6:05 pm
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"Tasa Google": por qué todos están a la gresca con la reforma de la Ley de Propiedad Intelectual - El Huffington PostMiguel Ángel Criado me lanzó tres preguntas para El Huffington Post acerca del canon de la AEDE, y ayer me citó en su artículo titulado “Tasa Google”: por qué todos están a la gresca con la reforma de la Ley de Propiedad Intelectual“.

A continuación, el texto completo de las preguntas y respuestas que crucé con Miguel Ángel:

 

P. Como profesor mas que como blogger, ¿por qué eres contrario a que los agregadores de contenidos paguen a los editores de prensa?

R. Por las mismas razones por las que en su momento estuve en contra del canon de la SGAE, que de hecho, es exactamente igual: hablamos de supuestamente “compensar” a una industria que no sabe competir ni desenvolverse en el medio digital, que se creen el centro de la red cuando en realidad solo aportan una pequeña parte de los contenidos, y que erigen a una sociedad de gestión en recaudadora de un canon supuestamente “irrenunciable” que calculan nada menos que en función de sus pérdidas. Desde el punto de vista de sentido común y de justicia, es un absoluto insulto a la inteligencia. Se trata simplemente de una manera de subvencionar a la prensa para colocarla bajo el control del gobierno, algo repugnante desde el punto de vista de una democracia civilizada, y además, ataca un elemento tan fundamental de internet como el enlace y la libertad para compartir contenido. Que un gobierno venga y declare que mi contenido, que yo libremente he escogido que se pueda compartir libremente, no pueda serlo sin devengar un canon “irrenunciable” que es usado para financiar un negocio caduco es algo completamente inaceptable.

Este caso, además, genera un problema de calidad democrática: en España estamos viviendo un proceso de toma de control de la prensa crítica por parte de un gobierno obsesionado por las próximas citas electorales: en menos de un mes, hemos visto como se producían relevos en medios tan importantes como La Vanguardia, El Mundo y El País, y cómo se sobornaba abiertamente a esos periódicos primero mediante un reparto torticero de la publicidad institucional, y después entregándole la cabeza de su “enemigo”, Google, en una bandeja. Entre la publicidad institucional y el canon de la AEDE estamos perdiendo todo atisbo de tener una prensa libre: ahora mismo, si buscas una información no mediatizada por el gobierno, tienes que buscarla en medios nativos digitales.

P. También como profesor, ¿la relación Google (o Menéame) y la prensa es simbiótica o alguien vampiriza a alguien?

R. La única vampirización está en la mentalidad enfermiza y desfasada de los ejecutivos de la industria. Los agregadores simplemente utilizan un titular y una entradilla, algo que siempre ha sido de libre uso en internet cuando se vincula a la fuente, y no lo hacen “para montar un negocio”, sino como forma de ofrecer a sus usuarios una visualización ventajosa y conveniente de la actualidad informativa. Los medios que prefieran no estar, pueden perfectamente evitarlo. En el caso de Google News, no existe ningún negocio (que los directores de determinados periódicos insistan absurdamente en que “Google se enriquece a nuestra costa” no demuestra más que su ignorancia o su mala intención: Google News carece de publicidad), y en el de otros agregadores, el negocio es exiguo y siempre inferior a la ganancia en tráfico monetizable que entregan a los medios. Si los medios no saben monetizar su tráfico – o no saben cómo hacerlo sin molestar e incomodar a sus usuarios – lo que tienen que hacer es aprender, y no pedir al gobierno que les permita parasitar a terceros.

P. Y como blogger que muchas veces aparece en lugares destacados de Menéame o Google News, ¿qué harás? ¿en que posición quedan todos los que crean contenido? ¿y los que lo crean bajo alguna licencia CC?

R. Me parece demencial. Yo sé perfectamente lo que supone estar en portada de Menéame, y la idea de que por el hecho de que mi contenido esté ahí se genere un canon que financia a una serie de medios que desprecian lo que yo hago y lo consideran “un género menor” – cuando en muchas ocasiones son ellos los que me entrevistan o utilizan mi contenido para elaborar sus noticias, y jamás me han pagado nada a cambio – me parece directamente insultante. A ver cómo me lo explico: un periódico se sirve de mi contenido para crear su producto informativo, y si les pido que me paguen, me contestan que ellos me pagan en atención, que salir en sus páginas es muy bueno y poco menos que “me hacen famoso”. Pero cuando Google News o Menéame cita breves extractos de sus noticias y les envía tráfico, resulta que no, que lo consideran una utilización vampírica y que deben ser “compensados” por ello. Lo siento, pero no se sostiene. No es más que “lo viejo contra lo nuevo”: el futuro es de medios nativos digitales que entienden la red y saben desenvolverse en ella, no de quienes pretenden cambiar las reglas que nos afectan a todos.

Que además sea algo que se hace por orden del gobierno, estableciéndolo como un supuesto “derecho irrenunciable”, y que sea recolectado por una entidad de gestión para repartirlo en función de un criterio arbitrario es algo que me recuerda tan poderosamente la época del canon de la SGAE, que me genera un enorme rechazo.

Entrevistado por Elena, de ChicaGeek

Escrito a las 4:57 pm
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Me llamo Enrique Dans, y así es como trabajo - ChicaGeekUna pequeña entrevista de 5 preguntas sobre hábitos de trabajo, productividad y aplicaciones favoritas que Elena Santos, chicageek, me hizo reciclando un cuestionario de Lifehacker, y que ha titulado siguiendo ese mismo esquema, “Me llamo Enrique Dans, y así es como trabajo“.

Por si hay algún interesado en mi forma de trabajar. O por si entras algún día en mi despacho y te parece que me han echado porque no hay ningún papel en la mesa…  :-)

No tiene ningún sentido

Escrito a las 9:53 am
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WhatsApp & FacebookNo es habitual encontrarme en el lado del escepticismo. Soy consciente – y ávido defensor – del papel de la tecnología a la hora de cambiar hábitos, usos, costumbre, de afectar a la manera en que vivimos. En bastantes ocasiones he saludado con comentarios positivos operaciones de adquisición que parecían desmesuradas, aplicando ese prisma tan criticado del crecimiento o de las expectativas que otros analistas se negaban a creer.

Pero esta vez no puedo. Por más que intento encontrar la lógica de la operación de adquisición de WhatsApp por Facebook, no lo consigo. Vaya por delante que conozco WhatsApp razonablemente bien: aunque no lo uso ni lo instalo en mis dispositivos desde hace tiempo, aconsejo a una startup española, Spotbros, que entre sus funciones tiene una que algunos han dado en llamar, en lo que desde mi punto de vista es una definición limitada, “el WhatsApp español“. Pero no, no es ese papel el que me influye o “me ciega”, en absoluto (más allá de lo que me aporta haber tenido gracias a él la oportunidad de estudiar a WhatsApp con cierta profundidad). Son otras cuestiones.

El precio de la adquisición me parece completamente desmesurado. No desmesurado, sino directamente demencial. Sí, muchos usuarios y mucho crecimiento. ¿Y? ¿Realmente alguien piensa que un usuario de WhatsApp se parece lo más mínimo al de otras aplicaciones que generen un mínimo de fidelidad? ¿En base a qué vale uno de los 450 millones de usuarios de WhatsApp unos $42? ¿Es porque pagan alrededor de un dólar por año de uso – aquellos que lo han llegado a pagar? ¿Es porque la app funcione de manera enormemente fiable, sin caerse ni dar problemas nunca? ¿Es porque tenga una propuesta de valor única que nadie puede igualar? ¿Tal vez porque se les asume una fidelidad a prueba de bomba, un fervor religioso que hace que se les vea dispuestos a no abandonar jamás esa plataforma cuyo logotipo probablemente se han tatuado en la piel? ¿O es que son usuarios muy especiales a los que era muy difícil que Facebook llegase?

La respuesta a todas esas preguntas es negativa. La propuesta de valor de WhatsApp es floja y palidece con respecto a muchas otras mensajerías instantáneas. No es especialmente estable – ¿cuántas caídas estrepitosas van últimamente? – ni segura, no tiene una estrategia especialmente brillante, no tiene ninguna estrategia para evitar el spam a sus usuarios, y comunicativamente ha sido históricamente un desastre. Forma parte de una dinámica de adopción que me parece completamente reversible: con la misma rapidez y facilidad que sus usuarios la adoptan, la pueden dejar. Sus usuarios, en un porcentaje elevadísimo, se solapan con los de Facebook, y no está completamente claro que quieran uni el funcionamiento de ambas redes.

Es posible que veinte años de análisis del día a día de internet solo sirvan para darte cuenta de que, en realidad, no entiendes nada. Pero por más que lo miro, no lo entiendo. Transacciones exageradas hemos visto muchas. Pero situar el valor de WhatsApp a un nivel que permite sumar tres veces WhatsApp para comprarse Ford me parece sencillamente de locos. No puedo entender una adquisición que sitúa el precio de la empresa adquirida en un multiplicador de alrededor de dos veces la facturación de la empresa que la compra. Si fuese inversor, la perspectiva de una empresa que compromete semejante cantidad de dinero en la compra de algo como WhatsApp me llevaría a vender mis acciones a toda velocidad. Pero los mercados sabrán, y dentro de unas horas lo veremos.

Sencillamente, porque mi opinión es que esa compañía no vale ni mucho menos ese dinero. Por más que leo explicaciones de reputados analistas, como las de Sequoia Capital, las de BuzzFeed o las de Business Insider, sigo sin verlo. Habría asegurado, de hecho, que la empresa y su producto estaban destinadas a ser sustituidas por una segunda generación de herramientas de mensajería mejoradas y con planteamientos correctos en cuanto a su seguridad.

Así que, ante una disparidad de criterios como esta, lo mejor es ponerlo por escrito, como llevo haciendo ya casi once años todos los días. Eso me permitirá volver dentro de un cierto tiempo… a comprobar hasta qué punto estaba equivocado…

O no.

 

(This post is also available in English in my Medium page, “I just don’t get it“)

Canon de la AEDE: idéntico al canon de la SGAE

Escrito a las 1:02 pm
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Canon AEDEHablemos con propiedad y tratando de poner las cosas en su sitio: eso de la “tasa Google” es una patraña. Se trata, en realidad, de una mera maniobra de intoxicación informativa, de un intento de plantear un canon como si fuera una maniobra contra una empresa en concreto, disfrazándolo como “vamos a atacar a una empresa poderosa”, queriendo hacer ver que quien está en contra del movimiento en cuestión, lo está porque “defiende a Google”. No hay más que echar un vistazo a los medios de AEDE: no verás ni las más mínima mención a un canon, pero sí podrás comprobar de qué manera se afanan por introducir a toda costa a Google en sus titulares.

Nada más lejos de la realidad. En primer lugar, Google News no es, ni mucho menos, el único agregador de noticias existente. Es popular, sí, pero muchos usuarios se informan a través de Yahoo! News, de Bing News, de Menéame o de muchos otros. Por no citar los infinitos medios y plataformas sociales, como Feedly, Pinterest, Flipboard, Zite, Scoop.it, etc. o redes como Facebook, Twitter y afines que de manera habitual son utilizados para consumir y compartir titulares y noticias de los medios, con su total beneplácito y anuencia, en una actividad que incluso estimulan visiblemente. El ecosistema es enorme, creciente y variado, y pretender supuestamente “tasarlo” es algo calificable únicamente como ilusorio, algo que solo cabe en la mentalidad de alguien incapaz de comprender su funcionamiento.

Plantear una hipotética “tasa Google” y pretender contraponerla a cuestiones como que “Google gana mucho dinero” o “Google no declara impuestos en España” es una falacia brutal. No seré yo quien salga a defender a Google, bastantes artículos he escrito ya recientemente criticando muchas de sus acciones, y además, bastante bien se defiende ella solita. Pero a la afirmación de que “gana mucho dinero”, solo cabe decir que lo gana adaptándose al entorno, algo que los medios de la AEDE que tanto protestan no han sabido hacer, y que ofrece a esos periódicos la posibilidad de no participar en sus esquemas si no lo desean. Y a la de que “no declara impuestos en España”… me remito a lo mismo que he dicho en otras ocasiones: Google cumple estricta y escrupulosamente la ley, y lo hace igual que muchas otras empresas y sociedades que igualmente aprovechan sus recovecos para pagar los menos impuestos posibles. Si no nos gusta, no cabe censurar sus prácticas, lo que cabe (y por la vía rápida) es cambiar las leyes que las permiten. Invocar una “moralidad” en ese sentido es absurdo: las cuentas de resultados no entienden de moralidad, entienden de marcos legislativos y de métricas empresariales.

En segundo lugar, el mecanismo escogido. Como en el canon de la SGAE, se trata de imponer un canon a una actividad inabarcable. En el caso de la SGAE, se reconocía la imposibilidad de conocer con exactitud cuántas veces había sido reproducida una canción de un autor determinado en todas las radios, bares, cafeterías… o incluso, ya en un derroche supremo de imaginación, peluquerías. Debido a esa imposibilidad, se buscaba un mecanismo basado en una estimación de algo, de una métrica que pudiesen supuestamente comprobar, un “índice de popularidad”. Eso permitía a la SGAE, básicamente, repartir como le viniese en gana, con total opacidad, o reclamando una supuesta correlación con unas “listas de éxitos” que muchos afirman que estaban producidas o manipuladas por la propia industria.

¿A qué se imponía el canon? A todo lo imaginable. A soportes físicos, a aparatos que permitiesen – aunque fuese de manera completamente marginal o secundaria – un supuesto uso. Desde CDs y DVDs hasta memorias USB, discos duros… lo que se te pase por la imaginación. La cuestión era establecer un punto de control, la venta de un bien, para cobrar un canon, para otorgar una prebenda a una industria que disfrutaba de una proximidad muy grande al poder político y de un lobby potente, y permitir además que se la repartiese como le viniese en gana. Corrupción en estado puro.

La oposición del Partido Popular al canon de la SGAE nunca fue una posición ideológica, sino simplemente electoralista. Y ahora, el mismo Partido Popular vuelve a insistir en exactamente el mismo corrupto mecanismo para otorgar una nueva prebenda a otra industria caduca e inadaptada: como supuestamente no se puede establecer con exactitud cuántas veces es citada una noticia, tomemos a otra entidad de gestión, en este caso CEDRO (o VEGAP en el caso de las imágenes), y desarrollemos un baremo de cobro completamente arbitrario, que posteriormente repartiremos con un criterio tan alucinante como (y aquí viene lo mejor)… ¡¡LAS PÉRDIDAS DE CADA MEDIO!!

ATENCIÓN AL TEMA: como los medios de AEDE dan pérdidas, vamos a legislar que tienen un “derecho irrenunciable” a cobrar por el posible uso de los titulares y minúsculos fragmentos de sus noticias, se lo cobramos a todo aquel que tenga una actividad relacionada con ello, y que se lo repartan en función de sus pérdidas. Que el supuesto “derecho irrenunciable” sea algo a lo que muchos ya renunciamos mediante una licencia de contenidos abierta les da lo mismo: de hecho, si no estás en esas sociedades, el que tu derecho sea “irrenunciable” les permite cobrar por un hipotético uso, y devengarlo adecuadamente… ¡sin tu participación! Un esquema genial, sin duda… pero completamente injusto.

Injusto, porque el funcionamiento de internet se desarrolla en base a actividades como el enlace y la cita. Cualquiera puede enlazar a donde buenamente quiera, no es preciso pedir permiso para enlazar nada, un enlace a algo ya publicado no puede suponer una acción punible, como tampoco lo es el hecho de compartir una cita breve. El esquema propuesto da lugar a la construcción de un “coto privado” en la red, donde enlazar o citar ya no es libre, sino que está sujeto a un canon. Como bien afirma Antonio Delgado en un reciente artículo publicado en ElDiario.es, o en la versión más completa en su página,

 

Esta ley no está limitada a un problema mercantil entre Google y los editores de AEDE, sino que afecta a todo Internet como proyectos basados en la colaboración. A la propia naturaleza de la red, que siempre ha sido libre tanto para enlazar como usar fragmentos; al propio comportamiento humano en sus acciones culturales de compartir y difundir información.

En definitiva, es una apropiación del procomún que afecta a derechos fundamentales. Esta ley pone en peligro toda la cultura libre, de la que España es uno de sus principales impulsores. España es desde hace años uno de los líderes mundiales en la adopción de Licencias Creative Commons para contenidos en Internet. En 2010, había cerca de 10 millones de obras en España con este tipo de licencias.

 

Por otro lado, y desde un punto de vista ya puramente de gestión empresarial: ¿qué significa hacer un reparto en base a las pérdidas en que cada medio incurre? Ni más ni menos que PREMIAR la incompetencia. Como no eres capaz de adaptarte al nuevo entorno, viene el gobierno de turno y te premia con el cobro de un canon. Así da gusto ser incompetente, ¿no? Si alguien cree que un país va a llegar a algo premiando la incompetencia, seguramente es porque milita en un partido político, que llevan años haciéndolo. Y así les va.

¿Estamos dispuestos a permitir un nuevo canon de la SGAE, ahora en versión medios de comunicación? ¿Un canon de la AEDE con idéntica estructura y funcionamiento, con la participación de los mismos esquemas de sociedades de gestión de derechos en régimen de monopolio, y similar sistema de incentivo a la incompetencia, a la inadaptación?

Pero la cuestión no acaba aquí: ¿estamos dispuestos además a que un gobierno utilice ese canon, unido a la turbia gestión y reparto de la publicidad institucional, para construirse un panorama de medios de comunicación a su medida, que no critique sus actuaciones y se dedique a ofrecer un panorama idílico de nuestro país para el consumo de sus ingenuos ciudadanos? Las dictaduras, las teocracias y los regímenes basados en el populismo se asientan en un control férreo de los medios de comunicación: en España, el gobierno ya ha logrado cesar en rápida sucesión a los directores de La Vanguardia, El Mundo y El País, medios que estaban desarrollando líneas informativas críticas con su gestión. No, el canon de la AEDE no es un movimiento aislado: es una parte del secuestro informativo de todo un país. Enhorabuena al presidente de la AEDE, al que pudimos ver recientemente haciéndose la foto a la derecha del ministro de Cultura en el acto de presentación de este anteproyecto: ha conseguido algo que debería perseguirle y avergonzarle durante toda su vida, una acción que debería repugnar a todo aquel que aprecie y valore la libertad de prensa.

Ya están apareciendo movimientos, reacciones y páginas que se oponen a este canon, y es razonable que así sea. El canon de la AEDE es idéntico al odiado canon de la SGAE, pero con un componente adicional que lo hace aún más peligroso y repugnante: el carácter ideológico. Aquí ya no solo se trata de premiar la incompetencia y la presión de un lobby… además, se trata de hacerlo participar en una maniobra de censura informativa, en la construcción de un panorama de medios afín al gobierno. Ese es el foco completo de la maniobra. Y por eso es importante oponerse a ella.

Directivos y comunicación en redes sociales

Escrito a las 12:28 pm
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Despedidas en 140 caracteres - Expansión (pdf)El pasado viernes me llamó Nerea Serrano, del diario Expansión, para hablar acerca del reciente anuncio a través de Twitter de la salida de Telefonica de Carlos Domingo, y ponerlo en contexto con otros anuncios anteriores similares de otros directivos. El artículo se ha publicado hoy bajo el título “Despedidas en 140 caracteres” (pdf).

La tesis del artículo era el uso de las redes sociales como herramienta de comunicación en entornos corporativos, una práctica que se va convirtiendo en más normal a medida que más directivos las utilizan como una parte de su día a día. La tendencia, cada día más, es a valorar a un directivo no solo por su capacidad de gestión directa, sino también por su capacidad de ejercer una influencia a través de las redes sociales: el caso extremo está en muchas empresas norteamericanas, en las que se empieza a hablar de que “un directivo que no está en las redes sociales está dejando de generar un posible valor a sus accionistas”.

En todo momento asumí – y comenté con mi interlocutora – que me constaba que Carlos, al igual que los otros casos que citó, había comunicado su decisión primero a nivel interno en sus compañías, a través de todos los cauces habituales, y se habían dirigido a Twitter con posterioridad para hacer público lo que en sus compañías ya estaba perfecta y oficialmente comunicado con anterioridad.

Utilizar Twitter para comunicar este tipo de decisiones me parece perfectamente natural y lógico para alguien que utiliza esa red social habitualmente para compartir determinados aspectos de su vida. Es algo que nos vamos a encontrar de manera cada vez más frecuente, y que forma parte de una tendencia a la humanización de la comunicación, una tendencia lógica en un entorno cada día más bidireccional y en el que las barreras de entrada a la comunicación son cada vez más bajas. En el caso de Telefonica, no solo es habitual ver a directivos de la compañía haciendo un uso cotidiano de Twitter para temas de todo tipo y mezclando abiertamente lo personal y lo corporativo, sino que además, la compañía fue pionera a nivel español en el desarrollo de sistemas de soporte de clientes a través de las redes sociales.

En el año 2003, cuando se iniciaba la popularización del fenómeno blog, Microsoft fichó a Robert Scoble, conocido blogger, con el fin de desarrollar una cultura de blogging corporativo en la compañía. La teoría subyacente era que si dentro de la compañía, la inmensa mayoría de las personas mostraban una gran satisfacción y motivación, pero fuera se estaba cultivando una reputación cargada de connotaciones negativas, lo mejor que podía pasar era que muchas personas “de dentro” compartiesen información “fuera”. El experimento, que The Economist tituló en un artículo en 2005 como Chief humanising officer, se consideró muy exitoso, y es hoy comentado habitualmente en muchas escuelas de negocios.

Los directivos juegan cada día un papel más fundamental en la comunicación corporativa. Si piensas que tu empresa solo debe comunicar mediante mensajes cuidadosamente filtrados a través de un Departamento de Comunicación, tienes un problema. La comunicación corporativa se ha convertido en una conversación, y todos reaccionaríamos igual (de mal) si una persona con la que conversamos habitualmente se dedicase únicamente a decir, de manera constante y machacona, lo alto, guapo, rubio y maravilloso que es. Sin embargo, algunas empresas siguen pensando que, en lugar de una conversación, es mejor aburrir con notas de prensa que invariablemente dicen siempre lo mismo: que la empresa es maravillosa, un líder en todo, que sus productos son lo mejor de lo mejor, y que no hay ninguna discusión al respecto. No, la comunicación de hoy ya no se hace así: tus directivos, trabajadores y entorno juegan un papel clave. Si no están contentos, nada va a evitar que ese descontento se traslade y termine por afear la reputación de tu compañía. No, no es recomendable criticar a tu compañía en las redes sociales, por puro sentido común: hacerlo te convertirá, seguramente, en un perfil muy poco apetecible para otras. Pero aunque no se critique abiertamente, las compañías que no cuenten con directivos capaces de entrar en conversación y de transmitir una imagen humanizada, terminarán por tener problemas, porque los esquemas tradicionales de la comunicación ya no funcionan. Si tus directivos están en redes sociales, puede ser una fantástica manera de transmitir una imagen positiva, e incluso de atraer talento y negocio.

El caso de Carlos es, sencillamente, normal. Normal en él, y normal en la Telefonica de hoy. Habría sido muy extraño si alguien que comparte habitualmente tanto de su vida – sus lecturas de artículos, su pasión por la innovación, sus opiniones, sus comentarios y hasta sus aficiones futbolísticas – apareciese de repente en una empresa diferente y no hubiese comentado nada a quienes le seguimos en Twitter. De hecho, lo que nos debería preocupar es lo contrario: que haya aún empresas en las que las cosas no se vean así.

Y desde aquí, la mejor de las suertes para Carlos!! :-)

 

(This post is also available in English in my Medium page, “Managers: use the social networks!“)

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