El Blog de Enrique Dans

En Bloomberg, hablando sobre el uso de Twitter de la Policía española

Escrito a las 10:23 am
7

Twitter PoliciaManuel Baigorri, de Bloomberg, me llamó hace un par de días para hablar del uso de Twitter por parte de la policía española, y ayer me citó brevemente en su artículo publicado bajo el título For Spain’s police, Twitter is the social media gun, que he visto también en Mashable.

Sobre este mismo tema he hablado ya en algunas otras ocasiones (aquí, o aquí con France Presse), y mantengo la misma opinión: el valor potencial de un canal que pone en comunicación directa a la policía con un número elevado de ciudadanos que voluntariamente deciden seguirla es muy elevado: no solo ayuda a mantener una imagen adecuada de lo que debe ser la policía y favorece la colaboración con su actividad, sino que además, puede ser extraordinariamente útil en caso de emergencia o alerta.

La metodología empleada por la policía española para obtener esos resultados, basada en un intenso trabajo de community management y en la gestión de una imagen de proximidad y naturalidad, es verdaderamente buena. Aunque responde en principio a una falta de presupuesto para hacer las cosas de otra manera, ha sabido encontrar un balance muy adecuado entre la coloquialidad y el “hablar como las personas” y la seriedad y el rigor necesarios en su labor comunicativa: no todos los mensajes, respuestas o reacciones que la policía pone en Twitter son perfectos e inmaculados, todo trabajo de community management tiene elementos que podrían estar sujetos a discusión fundamentalmente porque lo llevan a cabo personas y no máquinas, pero en balance, es muy bueno, y sin duda muchísimo más eficiente a la hora de conseguir sus objetivos que lo que sería una cuenta gestionada a la manera tradicional, con actividad escasa o con el estilo comunicativo rígido y envarado habitual en la mayoría de los organismos oficiales. El uso de la policía española busca generalmente maximizar la viralidad y la extensión de sus mensajes, y lo hace de una manera que evidencia claramente que comprende los mecanismos de la comunicación en redes sociales.

Cuando empecé a escribir sobre este tema, abundaban los críticos que se quejaban sobre un estilo supuestamente “artificial” o “forzado” para dar una apariencia de “modernidad” y de “buen rollo”, o incluso quienes afirmaban que esa forma de comunicar “no era digna” de una organismo oficial. También abundan quienes, de manera completamente frívola y absurda y con una muy escasa sensibilidad o sentido de la medida, incrementan la carga de trabajo de los gestores de la cuenta con mensajes absurdos y completamente inútiles, o con supuestas denuncias sin sentido que no van a ningún sitio. En esos y en otros casos, el balance que la policía tiene que hacer entre la proximidad, el código de comportamiento y la no judicialización de la conversación no resulta en absoluto trivial, y tiene que ser además llevado a cabo “a velocidad Twitter”, con muy poco tiempo para estudiar las decisiones.

La policía española no solo es capaz de mostrarse próxima a los ciudadanos y de comunicar directamente con ellos, sino que además, ante cualquier eventualidad que requiera una comunicación ágil – emergencia, catástrofe, situación irregular, demanda de colaboración ciudadana, etc. – posee un canal cuyo valor potencial no es fácil de calcular. Es, sin duda, un muy buen trabajo, y un ejemplo que muchos otros cuerpos similares toman ahora como referencia a nivel mundial.

 

(This post is also available in English in my Medium page, “The Spanish police and Twitter“)

Facebook, la generosidad y el desarrollo de negocio

Escrito a las 7:19 am
12

IMAGE: Rukanoga - 123RFEl pasado día 16, Facebook anunció el desarrollo y despliegue de un botón que permite a las organizaciones sin ánimo de lucro que superen un proceso de aprobación recibir directamente donaciones mediante tarjeta de crédito a través de la red social. Según la compañía, la iniciativa proviene del éxito registrado por una acción de petición de donaciones vinculada con el pasado tifón Haiyan en Filipinas.

La idea parece muy razonable: reducir la fricción en el proceso de donación y vincularlo a un canal rico en información como una red social es un procedimiento que indudablemente puede redundar en más donaciones, lo cual, sujeto a un control adecuado, es susceptible de mejorar las vidas de muchos. Desde hace muchos años, la red se ve como un aliado ideal para la popularización y dispersión de información sobre causas relacionadas con el tercer sector: una gran parte del activismo y de las acciones destinadas a recaudar fondos para este tipo de iniciativas se han trasladado con notable éxito a canales electrónicos, redundando en costes más bajos para las organizaciones que recaudan y en una mayor facilidad para quienes donan.

Sin embargo, todo indica que hay un factor adicional en el desarrollo de Facebook: la red social mantendrá en sus archivos la información referente al pago, es decir, todos los datos de la transacción, en principio con el fin de facilitar otras transacciones posteriores. Es decir, que por el hecho de haber contribuido con tu donación a una causa determinada – y es claro que muchas de estas causas, por su naturaleza, son capaces de convencer a un gran número de personas para que efectúen una donación – pasas a ser un cliente del que Facebook no solo posee información referente a la pura actividad social, sino también información financiera.

La inclusión de información financiera en la base de datos de clientes es uno de los factores importantes que afectan a la valoración de una base de datos de clientes. Empresas como Amazon, por su naturaleza puramente transaccional, o Apple, que recopila los datos de la tarjeta de crédito cuando un cliente abre una cuenta de iTunes necesaria para muchos procesos en su relación con la compañía, reciben valoraciones muy elevadas del mercado precisamente por eso. El caso de Google, por ejemplo, no es tan sencillo: no tantos clientes finales comparten información sobre medios de pago con la compañía, dado que la gran mayoría de sus productos destinados a consumidor final son de naturaleza gratuita. En el caso de Facebook, tras fantasear durante algunos años con la idea de crear su propia moneda mediante los Facebook Credits empleados para transacciones virtuales en juegos y aplicaciones, todo indica que la idea de recolectar información financiera empieza a ser vista con cada vez más atractivo.

¿Estamos hablando de una iniciativa previa al desarrollo de funciones comerciales dentro de la red social? ¿Cuánto vale una compañía con más de mil millones de usuarios activos y con los datos de su tarjeta de crédito almacenados? ¿Veremos en breve a Facebook ofrecer una pasarela de pago como tal para todos aquellos negocios que han ido desarrollando su presencia mediante páginas en la red social? ¿Generosidad, desarrollo corporativo, o un poco de ambas cosas?

 

(This post is also available in English in my Medium page, “Facebook’s Donate: enlightened self-interest?“)

La privacidad como moneda de cambio

Escrito a las 3:58 pm
59

IMAGE: Srapulsar38 - 123RFUna oferta de conectividad mediante fibra óptica de AT&T en Austin (Texas) abre una muy interesante polémica por sus condiciones de precio: el servicio, una conexión de 300 Mbps. que será actualizada al mismo precio a 1 Gbps. tras un período de despliegue inicial, tiene un precio estándar de $99/mes, pero ofrece un descenso a los $70/mes si el cliente acepta participar en un programa llamado “AT&T Internet Preferences”: aceptar que la compañía pueda utilizar la información del usuario (qué páginas visita, qué términos de búsqueda introduce, etc.) para tratar de administrarle publicidad adecuadamente segmentada.

La primera reflexión es clara: de manera efectiva, la oferta de AT&T pone el precio a la privacidad de un usuario en unos $350 anuales. ¿Es esa cantidad adecuada? ¿Existe un número suficientemente significativo de usuarios con inclinación a permitir que una compañía inspeccione todo lo que hacen en la red – con la excepción de las conexiones https – a cambio de $350 al año? ¿Cómo funciona, en medio de esa época post-Snowden que nos ha llevado a saber que nuestra información está siendo registrada por las agencias de inteligencia gubernamentales de medio mundo, esa dinámica? ¿Nos volvemos más recelosos e intentamos proteger todo lo posible nuestra privacidad, o por el contrario, pensamos que ya toda resistencia es fútil, y al menos debemos intentar que nos paguen algo por ella?

Pero la oferta de AT&T abre, en realidad, una serie de asuntos más importantes con respecto a la privacidad de los usuarios: ¿hasta qué punto la privacidad de los usuarios se ha convertido en una moneda de cambio de uso habitual, y quién o quiénes están sacando partido de ello? Google, sin ir más lejos, lleva ya un cierto tiempo convirtiendo en anónimas todas las búsquedas de sus usuarios, algo que elimina la posibilidad de todo aquel que tiene una página de saber qué términos estaban buscando los usuarios que llegaron hasta ella. El movimiento de adopción de https por defecto para el cifrado de todas las búsquedas, se inició hace ya bastante tiempo – primero como opt-in, después presuntamente como respuesta al espionaje de la NSA – y convierte a la compañía en la única que posee datos sobre las búsquedas de sus usuarios. ¿Un sistema de protección, o la obtención de una información con la que comerciar?

¿Cómo pretende AT&T obtener datos de las búsquedas de sus usuarios, si el motor de búsqueda más extendido cifra esa información? ¿Cómo reaccionará si el usuario que acepta esos términos y condiciones decide, por ejemplo, cifrar su navegación mediante una red privada virtual?¿Y cómo va a explotar la información que supuestamente obtenga, si afirma que no va a sustituir los anuncios de las páginas que visitemos? ¿Pretende AT&T convertirse en una reedición del modelo de Google, y ofrecer a los anunciantes o a los soportes la cualificación de sus campañas a través de los datos que obtengan? ¿Qué acuerdos hay detrás de lo que los usuarios firman, que supuestamente permiten a AT&T obtener y explotar adecuadamente esos datos? La diferencia con respecto al modelo de Google es clara, pero afín: mientras Google “remunera” al usuario con el uso gratuito de sus productos, AT&T lo hace mediante una rebaja en los precios de los mismos. Mientras en el primer caso los usuarios tienen que elucubrar acerca del valor que adscriben al uso de los productos de la compañía y valorar si dicho uso compensa la cesión de sus datos, en el segundo caso la etiqueta de precio tiene directamente un número puesto en ella. ¿Cuál de los dos escenarios es más justo o transparente con el usuario?

En torno a la privacidad del usuario estamos viendo una gran cantidad de movimientos sospechosos. Cuando la mayor parte de los usuarios instalan apps en sus smartphones, se han acostumbrado a aprobar los permisos en bloque, sin siquiera leerlos ni fijarse en ellos, lo que permite a muchas apps obtener datos del usuario que no resultarían en principio necesarios para su funcionamiento. ¿Por qué la nueva versión de Android, Kit Kat, sale al mercado con un modo que permite a los usuarios tomar decisiones individualizadas sobre los permisos que dan a cada app, pero pasa a decir, en cuanto el tema se empieza a comentar mínimamente, que fue un error derivado de un modo de desarrollo, y retorna a la situación anterior? ¿Qué lleva a Google a hurtar a los usuarios un modo de instalación que podría protegerlos mucho más de aquellas apps que solicitan privilegios que no son estrictamente necesarios para su funcionamiento?

¿Cuánto vale la privacidad de un usuario? ¿Cuánto de ese valor puede o debe ser capturado por un tercero, y en qué condiciones? ¿Pueden desarrollarse auténticos emporios económicos en torno a la explotación de datos que no son ni fueron en ningún momento propiedad de las compañías, sino que tienen a sus usuarios como legítimos dueños?

 

(This post is also available in English in my Medium page, “Privacy as a exchange currency“)

The Circle: distopías del futuro cercano

Escrito a las 2:17 pm
19

The Circle (Dave Eggers) - Amazon.esMe bajé The Circle, de Dave Eggers, tras leer esta crítica en The New York Times, y la verdad es que me ha resultado una lectura muy sugerente. Generalmente tiendo a leer mucha menos ficción que no-ficción, así que me gusta encontrarme con oportunidades de leer novela que tenga que ver con mi contexto e intereses profesionales.

Y en este sentido, The Circle es una novela muy aprovechable. Bien escrita, muy fácil de leer, con un buen trabajo de construcción de personajes, y capaz de situarnos en un escenario que para mí se define con el título de esta entrada: distopías del futuro cercano. Situaciones y contextos obviamente distópicos, de lo que tradicionalmente describiríamos como ciencia-ficción, pero que podrían suceder pasado mañana o incluso estar sucediendo ya.

Por supuesto, es una novela criticable desde su base (ojo, la crítica de Wired contiene spoilers): claramente, el autor no es una persona que tenga una especial sensibilidad o que manifieste un gran aprecio hacia el entorno tecnológico actual y, además, no parece haber hecho demasiado trabajo de documentación al respecto. A partir de unos cuantos elementos generales sobre la esencia y las herramientas de la interacción social en los tiempos que vivimos que a todos nos suenan ya familiares, la novela nos lleva a un futuro escenario de total transparencia, en el que todos compartimos todo con todo el mundo, la privacidad no existe y tiene una percepción negativa, y todo es público y puede ser visto por todos en todo momento. Un escenario orwelliano de accesorios low-cost repartidos por todo el mundo, de registro permanente de todo, en el que todos actuamos con nuestra verdadera identidad provista por la compañía, y en el que siempre hay ojos mirando. No completamente creíble si nos atenemos estrictamente a las restricciones tecnológicas, pero suficientemente bien planteado como para prolongar la lógica de los razonamientos.

Muchos lectores de la novela afirman que The Circle, la todopoderosa compañía que lidera el mundo sin atisbo alguno de competencia y que cuida obsesivamente de sus trabajadores, es en realidad una metáfora de Google. Lo sea o no en las intenciones del autor, hay muchos elementos que llevan a que hacer el paralelismo valga la pena, como los hay también en la bipolarización que plantea entre quienes se encuentran a gusto en ese escenario y quienes no son capaces de adaptarse a vivir en él. Muchos elementos de reflexión sobre la privacidad, la identidad, y las consecuencias de su evolución como consecuencia del avance de la tecnología. Por supuesto, hablamos de ciencia-ficción y de novela. Pero de escenarios que, en muchos sentidos, podrían estar pasando en un futuro cercano. Como mínimo, estimulante.

 

(This post is also available in English in my Medium page, “The Circle: dystopias of the near-future“)

Replanteando los departamentos de IT

Escrito a las 12:37 pm
41

Mordac (IMAGE: Scott Adams, Inc.)Un interesante artículo en Wired, titulado apocalípticamente The IT Department is dead. Long live the IT Department, construye un escenario obviamente sesgado entrevistando a cuatro fundadores de compañías que ofrecen software de uso corporativo con filosofía de software de consumo, pero llega a una conclusión correcta e inapelable: los departamentos corporativos de IT necesitan una completa redefinición.

En muchas de las empresas que conozco, la imagen perfecta que define al Departamento de IT es la del Mordac de las tiras de Dilbert: siempre vigilantes para dificultar e impedir cosas, plantear restricciones y problemas, y hacer la vida mucho más difícil para todo aquel que pretenda hacer algo productivo. Alegando razones como la seguridad, la estandarización, el mantenimiento o el coste, los departamentos de IT se convierten en auténticos peajes que hay que pagar para poder trabajar en determinadas empresas, en una serie de posibilidades a las que hay forzosamente que renunciar porque han sido supuestamente escritas en piedra.

El problema evidente de ese planteamiento es que la tecnología ha evolucionado muchísimo en los últimos años. La seguridad ya no se obtiene reinventando la rueda mediante sistemas construidos desde cero, sino utilizando herramientas adecuadas y probadas en el mercado. Lo importante, cada día más, es poder adaptarse a la forma en que cada persona quiere trabajar, y no forzar a todo el mundo a trabajar de una manera rígida y predeterminada. Los sistemas que no se adaptan al usuario solo generan que el usuario los termine adoptando por su propia cuenta y riesgo, fuera del asfixiante control corporativo, dando lugar a problemas potencialmente mayores.

Llevamos muchos años trabajando con las prioridades equivocadas. Las máquinas de ayer eran un recurso escaso: rígidas, unívocas e inflexibles, determinaban metodologías de trabajo inalterables que todos debíamos seguir so pena de perder eficiencia. Las máquinas de hoy, además de no desplegarse únicamente bajo el mantra de la eficiencia, son ubicuas: las tenemos en todas partes, en nuestras casas, en nuestros bolsillos, en nuestros maletines, y son variadas, ofrecen infinidad de posibilidades que se adaptan a nuestra forma óptima de vivir y de trabajar. Ya no es posible defender una manera única de hacer las cosas. En la empresa de hoy, la prioridad deben ser las personas, los usuarios, no las restricciones que supuestamente imponen las máquinas o los sistemas.

En ese panorama, ¿qué es lo que deberíamos esperar de un Departamento de Sistemas corporativo? Que fuese capaz de ofrecernos una mirada amplia, informada y completa del paisaje existente en el mercado, del “estado del arte”. Que no se enrocasen en formas de hacer las cosas que han sido ya exponencialmente superadas. Que no fuesen víctimas del “efecto Mar Muerto“. Que identificasen en las nuevas herramientas todas las posibles oportunidades para ofrecer más comodidad, más conveniencia y más inspiración a la forma de trabajar de nuestros empleados, dentro de restricciones de seguridad que tengan sentido, que no pretendan que todo lo que hacemos esté custodiado con el mismo nivel de seguridad que aplicaríamos a Fort Knox. Que cuando llegases a preguntarles por una herramienta, no solo la conociesen ya, sino que la hubiesen descargado, instalado, y sometido a veintiuna pruebas. Que siendo profesionales de la tecnología, supiesen algo más del progreso de la misma que el nivel mínimo que tiene un usuario medio bien informado. Y que además, tuviesen la empatía suficiente para entender lo que suponen las restricciones que plantean para la forma de trabajar de cada uno de los empleados de la compañía.

¿Está tu Departamento de IT a ese nivel? Si no lo está, está perjudicando a tu compañía a todos los niveles. Su productividad. La moral de sus empleados. Su flexibilidad. Sus costes. Su capacidad de atraer y retener talento. Su competitividad. Y no es solo es una cuestión de presupuesto. Es fundamentalmente una cuestión de actitud.

 

(This post is also available in English in my Medium page, “Rethinking the IT Department“)

Entrevista en Tecnocarreteras

Escrito a las 9:31 am
2

Entrevista a Enrique Dans - TecnocarreterasCésar Hinojosa, de Tecnocarreteras, me entrevistó por correo electrónico interesándose por mi opinión sobre algunos de los temas que trata habitualmente en su página al hilo de algunas entradas que he publicado centradas en la automoción y la tecnología, y la publicó hace unos días bajo el título “Entrevista con Enrique Dans“.

Hablamos sobre el uso de tecnología en vehículos, el modelo de App Store aplicado a la automoción, la tecnología en las ciudades, el binomio seguridad frente a control referido a la circulación y las normas de tráfico, los vehículos de conducción autónoma, y el uso de la información social en las aplicaciones relacionadas con el tráfico.

“Cuestión de tamaño”, mi columna de esta semana en Expansión

Escrito a las 10:22 am
16

Cuestión de tamaño - Expansión (pdf, haz clic para leer con comodidad)Mi columna de esta semana en el diario Expansión se titula “Cuestión de tamaño“, y se refiere a la evolución histórica de los terminales de eso que llamamos todavía “teléfono móvil” pero que ya hace mucho tiempo que dejó de ser un teléfono y se aproxima mucho más al concepto de “ordenador de bolsillo”.

En la columna recuerdo los primeros tiempos de la la popularización de la telefonía móvil, a mediados de los ’90, cuando los terminales debían diseñarse para tratar de ser lo más pequeños posibles, y los comparo con el momento actual, en donde el cambio progresivo de funciones nos va abocando cada vez más al uso de los descomunales phablets. Una evolución del factor forma en menos de una década que resulta cuando menos sorprendente.

A continuación, el texto completo de la columna:

 

Cuestión de tamaño

El teléfono móvil comenzó a popularizarse en España en torno a 1996. De aquella época, podremos seguramente recordar la impresionante velocidad de adopción, y la evolución de los terminales: desde los primeros, grandes y pesados, hasta los modelos de principios del siglo XXI, cada vez más reducidos. El comentario jocoso de la época era que “el teléfono móvil era lo único que un hombre presumía de tener pequeño”.

Poco podíamos imaginar entonces la evolución que iban a tener esos terminales. En pocos años, el teléfono móvil disparó su potencia de computación, y empezamos a utilizarlo alejado de nuestra cara para acceder a datos, en lugar de pegado a la oreja para hablar por teléfono. Hoy, al término “teléfono móvil” o al más moderno y anglosajón “smartphone” le queda poco sentido: hablamos de ordenadores de bolsillo que, eventualmente, utilizamos para hablar.

En consecuencia, la fisonomía de los terminales ha cambiado. El primer iPhone, que para muchos define ese cambio evolutivo, tenía una pantalla que muchos veían grande. Si coloco aquel iPhone sobre el terminal que llevo ahora en el bolsillo, caben casi tres como él.

Los phablet, a caballo entre teléfono y tablet, son monstruos con pantallas de más de seis pulgadas. Llevarlos en un pantalón hace que evoquemos aquella frase de Mae West, “¿Tienes una pistola en el bolsillo o es que te alegras de verme?” Ponérselos en la oreja queda pintoresco. Pero no importa, porque sus funciones se duplican en otros dispositivos: ves quien te llama en el smartwatch, y descuelgas con el auricular inalámbrico. Y para otros usos, mejor una pantalla grande.

Cuestión de tamaño: en menos de una década pasamos de presumir de terminal pequeño, a presumir de terminal grande. Impresionante. ¿Alguien da más?

 

(This post is also available in English in my Medium page, “A question of size: my column in this week’s Expansión“)

 

ACTUALIZACIÓN (03/09/2014): Phablets are exploding in popularity as Apple readies its 5.5-inch iPhone

Lo siento, Apple, pero Amazon te ha comido la tostada

Escrito a las 11:21 am
71

Kindle Fire HDX (IMAGE: Enrique Dans)Tras unos cuantos días probando intensamente el Kindle Fire HDX por cortesía de Amazon, tengo una opinión más que clara: Apple se ha dormido, y Amazon le ha comido la tostada del desayuno.

Vaya por delante que la idea de probar el Kindle Fire no me resultaba especialmente atractiva. Soy usuario de iPad desde el primero de todos ellos, y con un nivel de satisfacción razonablemente alto. No soy un usuario extremadamente activo de tablet: solo me lo llevo como sustituto del ordenador si tengo un día en el que crea que no voy a necesitarlo mucho, así que tiende a ser un dispositivo con un uso vinculado al sofá, a la lectura casual, o a cuestiones relativamente aisladas. Puedo contestar un correo, tomar alguna nota, pero en muy escasas ocasiones, por ejemplo, he escrito una entrada desde el tablet.

También soy usuario de Kindle: de hecho, mucho más que de tablet. Como buen académico, soy un lector impenitente, así que suelo llevar un Kindle casi siempre encima para aprovechar momentos perdidos. Pero hasta el momento, mi actividad se había limitado a dispositivos de tinta electrónica, porque básicamente, me parecía que hacían una sola cosa y la hacían muy bien: leía muy cómodamente sin ningún problema ni fatiga incluso en sol directo, me permitía tomar notas y extraer citas de los libros que leía, y además, me olvidaba completamente de que el dispositivo era eléctrico.

Con el Kindle Fire HDX se ha producido un fenómeno curioso: lo he abierto, me he logado en mi cuenta de Amazon, me he encontrado con mis libros inmediatamente ante mis ojos (y con portadas en color, que cuando llevas ya mucho tiempo leyendo en tinta electrónica, no deja de ser una “sorpresa” agradable), he instalado algunas apps desde Amazon… y me he encontrado comodísimo. Tan cómodo, que necesitaba plantearme qué era lo que realmente tenía este dispositivo que no tuviese el de Apple.

Y la respuesta es tan sencilla como que, con respecto al iPad Air con el que se compara, es sensiblemente más ligero (370 gr. frente a 450 gr.), tiene una pantalla con más resolución que la mítica Retina (339 ppi. frente a 264 ppi.), y es decididamente más barato (€380 frente a €479). Además de mejor cámara, mejor sonido, mejor batería… La comparativa fría entre prestaciones es fácil de hacer, y Amazon la ha planteado a modo de publicidad comparativa directa en su página y en este vídeo:

 

 

Las comparaciones, decididamente, son muy claras. A lo largo de nueve categorías (pantalla, procesador, almacenamiento, factor forma, precio, plataforma y aplicaciones, cámara, batería y accesorios), ZDNet solo otorga la victoria al dispositivo de Apple en una, y no precisamente la más decisiva: accesorios. La conclusión final que apunta es, literalmente, que “el iPad Air es un gran tablet, pero el Kindle Fire HDX es mejor”.

Pero más que esa comparación parámetro a parámetro, lo que me ha parecido impresionante – y no me considero fácil de impresionar – es la expresión de esa comparación multifactorial ante el uso: completamente diferente. No por un parámetro, sino por el conjunto de todos ellos. No es una cuestión de dispositivo, sino de sistema completo. Tomar el dispositivo, encontrarte el libro o libros que estás leyendo completamente a mano, poder leer sin que te dé la más mínima pereza porque la impresión de peso es completamente cómoda, poder pedirle que te lea el libro con voz sintetizada porque según en qué momentos te puede resultar más cómodo o más agradable, pero poderlo cerrar y continuar la lectura a otra hora del día en otro Kindle de tinta electrónica que te llevas en el bolsillo, en la pantalla del ordenador o en el phablet si te apetece, porque todo, desde tus notas hasta tus marcas de página, van a seguir estando ahí.

La idea es la integración con la lectura, con el almacenamiento, con la tienda de aplicaciones, con el soporte… con todo. Amazon ha impactado precisamente en la línea de flotación de esa idea de usabilidad en la que Apple solía ganar de plano. Y es ahí, realmente, donde la prueba se ha convertido en experiencia muy grata e inesperada. Con total sinceridad, y supongo que se trasluce por el tono de la entrada, el producto me ha encantado.

Lo interesante, visto el resultado, es plantearse dónde reside la ventaja competitiva una vez que has perdido la ventaja del pionero: en los primeros iPad, Apple asumió un riesgo: no sabía si un dispositivo así, perteneciente a una categoría largamente rechazada por el mercado, sería un éxito o un fracaso. Tras el primer éxito de ventas, muchos más se apuntaron a hacer un tablet, pero el iPad consiguió mantenerse como número uno absoluto en ventas durante varios años. Si durante esos años, tu dispositivo se limita a la innovación incremental (más resolución, menos tamaño, menos peso, etc.), alguien llega, plantea una estrategia similar a la tuya con elementos de integración e usabilidad afines (y ojo, que no es sencillo hacerlo!), y puede incluso plantearse mejorar las prestaciones de tu producto, hacer un producto objetivamente mejor, por muy pionero que fueses en su momento en su redefinición.

Apple ha redefinido una categoría olvidada por la que nadie daba nada, la del tablet, la ha exprimido todo lo que ha podido para convertirla en una rutilante estrella en su cuenta de resultados, y después… ha perdido a su propio juego.

 

(This post is also available in English in my Medium page, “Sorry Apple, but you’ve been beaten at your own game“)

Delitos informáticos, en 360º Press

Escrito a las 10:23 pm
12

Delitos informáticos - 360º PressDavid Casas me contactó por correo electrónico para pedirme algunas ideas generales sobre delitos informáticos para abrir perspectiva sobre el tema, y hoy cita algunas de las frases que le envié en su artículo titulado “Delitos informáticos al alcance de cualquiera“.

La petición de David era sobre “delitos telemáticos, un pequeño análisis sobre la situación de estos delitos en España, valorar los casos más comunes en el país (estafas en loterías navideñas, eventos deportivos, virus a particulares en spam, etc.) y lo que me puedas aportar que consideres relevante al respecto”. A continuación, los cuatro conceptos generales que le envié:

  • Todo aquello que “parece demasiado bueno para ser verdad” es porque no es verdad. La inmensa mayoría de las estafas que achacamos a internet son, en realidad, estafas que si nos las planteásemos fuera de internet, nos parecerían tan ridículas como el tradicional timo de la estampita. ¿De verdad alguien en su sano juicio sería tan idiota como para darle dinero a un nigeriano que se encuentra por la calle y que le dice que tiene una herencia sin cobrar esperando para él? ¿No suena completamente demencial? Pues el famoso “timo de los nigerianos”, o 419 scam, obtiene todos los años un buen número de víctimas y un importe medio por víctima relativamente elevado, de las que muchas además ni siquiera denuncian solo por la vergüenza que les da. Ese timo comenzó por carta, pasó al fax, y ahora se práctica en la red… ¿por qué razón un nuevo medio de comunicación nos resulta convincente hasta el límite del absurdo?
  • Lamento ser cruel, pero si a alguien le llega un correo electrónico diciéndole que le ha tocado el primer premio de la lotería belga sin haberla jugado jamás ni haber estado en su vida en Bélgica y resulta que se lo cree y contesta con sus datos bancarios, no solo merece ser timado. Merece también que le prohiban para siempre el uso de internet.
  • El spam existe porque existe un porcentaje suficientemente elevado de idiotas que siguen haciendo clic en él. Cada vez que un idiota responde a un mensaje de spam, no solo merece perder su dinero, sino que merecería que todos los usuarios de internet le hiciéramos un pasillo de centenares de kilómetros y le fuésemos dando collejas según va pasando por él. El coste de enviar spam es tan bajo que cada mensaje de spam respondido justifica en costes varios millones de mensajes recibidos por todos. Lo único que se puede decir con seguridad  sobre el spam es que nunca, jamás, pase lo que pase, vas a recibir un mensaje con apariencia de spam que valga la pena, y que si a pesar de todo, lo respondes, es que eres un idiota.
  • Todo aquel usuario o sistema que suponga un incentivo suficientemente elevado hackear, puede ser hackeado. Aunque seas el mayor experto en seguridad del mundo, si alguien está dispuesto a invertir suficiente tiempo y recursos en penetrar tu seguridad, sin duda lo conseguirá. He visto troyanos desarrollados a medida para determinadas personas o perfiles, esquemas vinculados a cadenas de confianza, metodologías de hacking social poco relacionadas con la tecnología pero prácticamente infalibles, métodos que requieren de un nivel de intervención escasísimo por parte del usuario… dado un incentivo adecuado, la seguridad no existe… O mejor, como decía el mítico Spaf, Gene Spafford, “el único sistema realmente seguro es uno que esté apagado, metido en un bloque de hormigón y completamente sellado en una habitación forrada de plomo protegida por guardias armados – y aún así, tengo mis dudas”.

Culturas corporativas e innovación, artículo en Philips Comparte Innovación

Escrito a las 3:26 pm
4

Culturas corporativas e innovación - Philips Comparte InnovaciónHoy me han publicado una colaboración en Philips Comparte Innovación, iniciativa en cuya presentación participé hace algunos meses y que mantiene un nivel de actividad y dinamismo bastante interesante. El artículo se titula “Culturas corporativas e innovación“, y pretende ofrecer una visión algo más estructurada de algunas de mis ideas sobre el desarrollo de entornos corporativos que faciliten la innovación.

Además, intenta explorar un poco la dualidad crecimiento vs. innovación, un tema que me preocupa especialmente a medida que veo más y más casos en los que el primero tiende a dificultar o a anular a la segunda, y aporta algunos itinerarios sobre cómo poner en práctica algunas de las ideas y principios que pueden tender a construir una cultura innovadora. Al final, por supuesto, hablamos de eso, de cultura, y por tanto, de personas y de relaciones entre personas, con todo lo que ello conlleva, pero creo firmemente que algunas de las ideas expresadas pueden contribuir a apuntalar un clima propicio para la innovación.

Logotipo de Blogestudio Logotipo de Acens