El Blog de Enrique Dans

Todo gratis, columna en Expansión

Escrito a las 10:01 am
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Todo gratis - Expansión (pdf, haz clic para leer)Mi columna de esta semana en el diario económico Expansión se titula “Todo gratis” (pdf), y habla de la decisión de Apple de pasar a ofrecer su software, tanto el sistema operativo como las aplicaciones, completamente gratis.

El movimiento de Apple en su última presentación de productos el pasado 22 de octubre ha recibido cierta atención en algunos medios y páginas, pero no sé hasta qué punto ha sido analizado en toda su extensión. ¿Puede una estrategia basada en regalar una parte significativa de tus productos hacerte ganar más dinero? De lo que hablamos es de una compañía que, estando en uno de los mejores momentos de su historia en cuanto a resultados, toma la decisión de dejar de cobrar por productos como el sistema operativo o el software, además de plantear rebajas de entre doscientos y trescientos dólares en una parte significativa de su gama de hardware con respecto a sus versiones anteriores.

En el hardware, muchas señales, y todas ellas interesantes: un ajuste de precios a la baja – a pesar de que, lógicamente y como no podía ser de otra manera, ley de Moore mediante, los productos tienen mejores prestaciones en todos los sentidos que los modelos anteriores – y aún así, un margen de fabricación que nadie en la industria es capaz de mantener, además de la relocalización del ensamblaje de uno de los productos, el Mac Pro, en los Estados Unidos. Pero es en el software donde el movimiento se convierte en más agresivo: gratis. Todo gratis. Y el anuncio de que no se trata de una excepción, sino que se convertirá en norma.

De cara a la rivalidad competitiva, un intento de jaque sin duda bien planteado: tanto el sistema operativo como las aplicaciones representan una fracción importantísima de los ingresos de Microsoft, que aunque ha hecho algún experimento con el precio cero para algunas versiones, las ha planteado más como actualización o como “corrección de trayectoria” más que como tendencia, mientras su evolución hacia el hardware crece, pero no con la pujanza que logra la marca de la manzana. El planteamiento de experiencia completa, de “paga el precio de mi hardware pero ya no te preocupes de nada más”, vinculado a la idea de plataforma continua de dispositivos entre los que se mueve la información que manejas sin prácticamente restricciones, puede ser muy potente para la compañía, además de ser marcadamente agresivo.

En el lado negativo, que todo indica que para Apple, pasar a la gratuidad implica reducir las prestaciones de sus productos, tal vez un paso previo a llevárselos a la nube. Las nuevas versiones de Pages y Numbers, pero sobre todo la de Keynote, son sensiblemente peores en todos los sentidos – prestaciones y experiencia de uso – que las anteriores. Por mi parte, tras instalarlas y probarlas, he decidido directamente volverme a las anteriores. Y que potencia y gratuidad parezcan ser incompatibles podría llegar a convertirse un problema para una marca desgraciadamente ya acostumbrada a alienar en múltiples ocasiones a sus usuarios más exigentes.

Demasiadas ideas para plasmarlas en una columna de trescientas palabras, así que hice lo que pude… a continuación, el texto completo:

 

Todo gratis

De la noche a la mañana, Apple ha pasado a regalar todo su software. ¿Quieres su nuevo sistema operativo? Bájatelo gratis si tienes un ordenador mínimamente moderno. ¿Proceso de textos, hoja de cálculo, programa de presentaciones? Lo mismo: gratis. ¿Suite de tratamiento de fotografías, vídeo o música? También gratis. ¿Qué tienen en común todas las nuevas versiones de software que Apple presentó el pasado martes? Todas son gratis.

Además, Apple actualizó gran parte de su gama de hardware: un ordenador de sobremesa, varios modelos de portátil, nuevos iPads… En todos los casos, sus máquinas mantienen el precio de los modelos anteriores menos potentes, o incluso  los rebajan, hasta en trescientos dólares.

¿Qué está pasando aquí? ¿Qué lleva a una compañía a renunciar al principio de la economía de mercado de “cobrar lo más posible”? ¿Por qué cambia las reglas así?

En primer lugar, percepciones. Compromiso: la empresa que te cobraba por algo, ahora te lo regala. Apple no quiere vender software o hardware: quiere vender experiencias completas. Pagas hardware, con un margen espectacular frente al resto de la industria, y el software viene puesto. Homogeneizar la experiencia de cliente, acelerar la adopción. Menos versiones en circulación, más facilidad para el mantenimiento, menos herencias de compatibilidad con versiones pasadas. Si no actualizas, ahí te quedas.

El siguiente paso es que el software, además de ser gratis, esté directamente en la red. Compra el ticket de acceso pagando por una máquina, usa software en la red, y guarda tus archivos también en ella, para utilizarlos cómodamente desde cualquier dispositivo. Para Apple, la entrada es una máquina, con un elevado margen. Para Google, es la publicidad. Para Microsoft, que obtiene el 25% de sus ingresos del sistema operativo… ya veremos.

 

(This post is also available in English in my Medium page, “Apple’s free ride“) 

La conectividad como norma de interacción social

Escrito a las 1:29 pm
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FoneraNo tengo más relación con Fon que la que me da el hecho de ser amigo de su fundador y que de vez en cuando me envíen sus novedades para probarlas, pero me ha gustado mucho su última fonera, la nueva iteración de su router inalámbrico: pequeñísima, de configuración extremadamente simple, desbloqueada para que pueda actuar como punto repetidor o como se quiera… y con una novedad que en principio no me llamó la atención, pero que me va gustando más cuanto más la pruebo: integración con Facebook.

¿Qué es eso de integrar un router con Facebook? Algo que de entrada me pareció poco más que una frivolidad, pero que tiene realmente mucho sentido: que puedas autenticarte en la red con tu cuenta de Facebook, y que, por tanto, puedas dar acceso a tu WiFi a partir de ahí a cualquier invitado que venga a tu casa, con que simplemente sea tu amigo en Facebook. Simplemente tiene que hacer login en tu fonera con su cuenta de Facebook.

La evolución de Facebook ha ido, lógicamente, experimentado una progresiva madurez: desde unos inicios, relativamente habituales en las primeras redes sociales, caracterizados por usuarios que prácticamente “competían” absurdamente por tener más amigos y los buscaban hasta debajo de las piedras y entre los recuerdos de su más tierna infancia (y no, aquella ex-pareja de tu juventud nunca está como tú la recordabas… ni tú tampoco :-) , hacia un modelo en el que lo típico es llevar a cabo un progresivo proceso de “poda” de tu red de contactos, excluyendo a aquellos que no son realmente amigos, y aplicando criterios cada vez más selectivos. En mi caso, al menos, me parece perfectamente adecuado pensar que si estás como amigo en mi perfil de Facebook, puedas pasarte por mi casa a tomar algo con cierta probabilidad, y si lo haces, puedas disfrutar de mi WiFi. Decididamente, una integración con sentido y un buen aporte de la capa social a algo como la conectividad, que requería compartir contraseñas escogidas con un mínimo de seguridad (y por tanto, relativamente farragosas a poco que sepas del tema, además de dar acceso posiblemente, a pocas habilidades que tengan tus invitados, a más recursos que la mera conectividad) o bien dedicarse a experimentar con la configuración del router para ofrecer una red de invitados, como la que ofrece la configuración por defecto de los Airport Extreme de Apple.

Pero más allá del producto de Fon, lo interesante es la reflexión a la que da lugar: vivimos en un mundo en el que las normas de cortesía han evolucionado hasta un punto en que lo hospitalario con un invitado, además de ofrecerle un café, es poner conectividad a su disposición. La conectividad ha pasado a ocupar un nivel progresivamente más importante en nuestra jerarquía de necesidades, en un fenómeno que seguramente haría reflexionar al mismísimo Maslow sobre su pirámide. En una empresa, una red abierta y bien etiquetada para invitados es como una sala de espera cómoda, y es valorada infinitamente mejor por muchos invitados que el típico taco de revistas o la prensa del día – que normalmente languidecen mientras el invitado aprovecha la espera para enterarse de la actualidad con su smartphone. Ofrecer conectividad se ha convertido en un detalle de hospitalidad, en una norma social de aceptación cada vez más generalizada, en algo que los amigos – que directamente asumen que vas a tener WiFi – reclaman cuando llegan a tu casa, y que diferencia a los habituales – los que ya tienen la clave de tu WiFi memorizada – de aquellos que no lo son. Que sí, que todos tenemos conectividad en nuestros terminales sin necesidad de WiFi… pero no es lo mismo.

Vivimos vidas hiperconectadas, y queremos tener buena conexión hasta cuando estamos en casa de unos amigos, aunque ello no quiera decir que vas a estar como un autista consultando tu terminal en vez de hablar con ellos. Una curiosa y natural integración de la tecnología en las normas, usos y costumbres sociales, y sin duda una evidencia más del papel que el acceso a la información ha pasado a jugar en nuestras vidas.

 

(This post is also available in English in my Medium page, “Connectivity: a new norm of social relations“)

Line, el éxito y las métricas inadecuadas

Escrito a las 7:58 am
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Line stickerUna conversación con un buen amigo y ex-alumno coreano que me preguntaba por el éxito de la aplicación de mensajería instantánea Line en España me ha llevado a hacer un poco de investigación en el tema, que de por sí tenía ya bastante estudiado a raíz de mi vinculación como asesor con la española Spotbros.

Cuando hace algunos meses mi amigo me hizo la misma pregunta, Line estaba vendiendo activamente a sus inversores la importancia de su éxito en el mercado español como prueba de concepto para su expansión internacional. Mi opinión fue, simplemente, que aquel supuesto éxito distaba mucho de serlo: que Line había invertido mucho dinero en una campaña masiva y completamente convencional en medios masivos y había logrado en consecuencia unas buenas cifras de conocimiento de marca y de descargas, pero que el nivel de uso estaba muy por debajo de lo esperado.

Ahora, Line vuelve a la carga ante los analistas internacionales hablando de quince millones de descargas en España y de más de un millón de suscripciones a canales como los de Rafael Nadal, el Real Madrid y el Barcelona, pero mi planteamiento vuelve a ser exactamente el mismo: el nivel de uso real de la aplicación es sumamente bajo.

Estamos, claramente, ante un problema de métrica errónea: las descargas de una aplicación gratuita pueden representar muchas cosas, pero no necesariamente el éxito de la misma. En el caso de Line, el éxito vendría representado por la cifra de usuarios habituales, por un lado, y por la venta de productos como stickers, juegos, etc. ¿Está Line, que en ningún momento ofrece datos de ningún tipo sobre estas variables, siendo realmente un éxito en el mercado español? ¿O nos enfrentamos, más bien, a un caso de enormes costes de captación por cliente debidos a campañas de comunicación convencionales desmesuradas con estrellas mediáticas y contratos con entidades de elevada popularidad, pero a un nivel de uso real sumamente bajo?

La propia dirección de la compañía reconocía la semana pasada en el diario Expansión que España estaba siendo para ellos un mercado menos competitivo de lo esperado, y que “los consumidores no son dados a cambiar de aplicación como en otros países, sino que son usuarios de servicios por un largo periodo de tiempo”. La percepción de la directiva de Line no me parece especialmente correcta: no se trata de que en España “nos apeguemos más” o tengamos mayor fidelidad a las aplicaciones, sino que en el caso concreto de la mensajería instantánea, la adopción está condicionada a un efecto red enormemente potente: al hecho de encontrar en esa app a un porcentaje elevado de las personas con las que comunicas de manera regular. De hecho, España tiende a destacar especialmente por la velocidad de sus procesos de adopción y la marcada influencia del entorno social: a partir de una determinada masa crítica, la curva de adopción suele tener una pendiente más acusada que en otros países – razón que está detrás de las elevadas cifras de penetración en el mercado español de productos como Google o WhatsApp, prácticamente inéditas en otros países. En el caso de una herramienta de mensajería instantánea, obviamente, el mismo efecto red protege a las herramientas ante un hipotético abandono: WhatsApp, con sus constantes fallos de seguridad, caídas del sistema y anuncios inconsistentes sobre su política de precios ha podido exasperar en ocasiones a un porcentaje significativo de sus usuarios, pero estos se mantienen fieles porque es en esa herramienta donde siguen encontrando a sus contactos habituales.

Por el momento, no he detectado ninguna tendencia de adopción marcada de Line en ningún colectivo concreto, y es más, me extrañaría mucho verlas. Me resultaría todavía menos esperado ver cifras de negocio significativas en cuanto a la venta de stickers o de juegos: sigo viendo en Line una aplicación con una estética completamente asiática, con escaso encaje cultural en nuestro país más allá de lo meramente anecdótico, y nulas posibilidades de adopción por parte de determinados segmentos. Muchas descargas, sí, pero un nivel de uso muy poco significativo. Un caso de elección de la variable equivocada, y de reporte destinado a ofrecer una imagen que, desde mi punto de vista, responde poco a la realidad.

En cualquier caso, lo mejor en este tipo de casos es preguntar: ¿alguien está observando una adopción significativa de Line en algún segmento demográfico concreto? ¿Opiniones al respecto?

 

(This post is also available in English in my Medium page, “Line: international success or inadequate metrics?“)

El éxito de la Fiesta del Cine y la elasticidad al precio de la demanda

Escrito a las 1:59 pm
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Fiesta del cine

La Fiesta del Cine, una promoción realizada en España con patrocinio de tres grandes marcas que ha rebajado el precio de las entradas a 2,90€ durante tres días ha dado lugar a un lleno histórico en las salas, y a colas que hacía muchos años que no se veían ni en los días de estreno de las películas más sonadas. Según datos de Rentrak, el lunes acudieron a las salas 335.000 espectadores, un 550% de incremento calculado sobre el lunes anterior, que generaron un aumento en la recaudación del 330%. Los resultados fueron tan buenos, que el lunes superó en recaudación al domingo, cuando generalmente el domingo suele suponer un 25% de la recaudación semanal y el lunes tan solo un 7%.

Unos resultados, en un entorno prácticamente deprimido que llevaba muchos meses evolucionando a la baja, que deberían llevar a una reflexión de la industria: ¿cómo es posible que tantos espectadores se agolpen en las salas, si todavía les resulta perfectamente posible y sencillo obtener las películas completamente gratis en la red? La respuesta es clara, y es eso que los economistas, en sus cursos más básicos, denominan elasticidad al precio de la demanda: la medida utilizada para mostrar el grado de respuesta, o elasticidad, de la cantidad demandada de un bien o servicio a los cambios en el precio del mismo.

No, no es “la piratería”. Ni siquiera es la subida del IVA. Es que, pura y simplemente, EL CINE ES MUY CARO. Así, con mayúsculas y en negrita. Suficientemente caro como para provocar una retracción de la demanda, y que las salas se queden vacías. La subida del IVA puede haber empeorado la situación, pero en realidad, no nos engañemos, el problema de verdad estaba en la base, no en el porcentaje de incremento. Y ese problema es el de siempre: que alguien pretende ganar más de lo que el mercado está dispuesto a aceptar, y cuando ve que no puede hacerlo, dispara a todo aquello que se encuentre por delante. La “piratería” es un factor que no ha variado en absoluto: si quiero obtener una película en la red, puedo obtenerla hoy con la misma facilidad que antes de que la industria empezase a forzar esa hipertrofia legislativa absurda que no ha servido para nada más que para hacer que hoy vivamos en un país en el que la norma fundamental de la democracia, la separación de poderes, no es más que una entelequia.

La gran verdad aquí es que la industria sigue sin proporcionar a sus clientes medios para que puedan consumir sus productos como ellos quieren. Que las películas que más se descargan, no se descargan porque los consumidores sean intrínsecamente malvados o lleven un parche en el ojo y una pata de palo, sino porque, de nuevo en mayúsculas y negrita, PORQUE NO LAS PUEDEN ENCONTRAR EN LA RED. Sencillamente, no se puede. Las insostenibles y absurdas ventanas de explotación generan una escasez artificial que es lo que, en realidad, origina las descargas. Un problema creado por la propia industria, cuya incidencia ya se ha comprobado en el caso, por ejemplo, de las series de televisión: en España ya empieza a ser posible acceder a series de mercados como el norteamericano prácticamente al mismo tiempo que son emitidos allí, y eso ha redundado en una inmediata disminución de las descargas. Abre las ventanas y mira el paisaje: la industria está generando sus propios problemas, y después intentando generar un entorno legislativo demencial y absurdo para tapar las evidencias de sus malas prácticas.

¿Qué significa trabajar sistemáticamente con un precio que supera la elasticidad de tu demanda? En primer lugar, generar una demanda insatisfecha que se busca por su cuenta la manera de acceder a tus productos, con todo lo que ello conlleva. Pero en segundo, y posiblemente más grave, que tu estructura de costes no sea la adecuada para afrontar el nuevo escenario en el que tiene lugar tu negocio. Si el cine es caro, lo es por una combinación de factores que así lo determinan, factores que dependen de una serie de intermediarios en la cadena que tienen que revisitar su contribución y entonar el necesario mea culpa. En lugar de eso, lo que la industria hace es boicotear a su propio canal de distribución – y mucho más, a las alternativas de consumo en la red – forzando unos márgenes insostenibles que hacen que esas alternativas se conviertan en inviables, en incómodas, o directamente, en absurdas. Si tu precio está claramente fuera de la elasticidad de la demanda, lo que tienes que hacer es adaptar ese precio, y reajustar tus estructuras de costes a lo que el mercado diga. Ese desfase que en la Fiesta del Cine pagan una serie de patrocinadores, tiene necesariamente que consolidarse. Si no eres capaz de hacerlo, no eches la culpa de tus salas vacías a “la piratería”, al IVA, al gobierno o al mal tiempo… échatela a ti mismo.

Por enésima vez: el problema no es “la piratería”. El problema es la propia industria. Y los resultados de la Fiesta del Cine son solo una prueba más.

 

ACTUALIZACIÓN: Citado por Pedro Villalar en “El precio de la cultura” (pdf), en La Verdad

(This post is also available in English in my Medium page, “Spain’s Fiesta del Cine and price elasticity of demand“)

Crowdfunding: algunos usos “diferentes”

Escrito a las 5:17 pm
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IMAGE: Stephan John - 123RFDesde que se comenzó a hablar del fenómeno del crowdfunding, el grueso de la atención se ha dirigido a los proyectos que, de una manera u otra, han sido capaces de generar una gran atención y de batir, gracias al efecto red, todos los récords de recaudación en una u otra plataforma. En muchos sentidos, lo que llamaba la atención y generaba titulares era el hecho de que determinados proyectos fuesen capaces, gracias a una plataforma de crowdfunding, de alcanzar una visibilidad más elevada y de convencer a un número elevado de personas para que “pre-comprasen” el producto, financiando así a la compañía mediante unas donaciones no exentas de un cierto nivel de riesgo, pero que ponían el dinero en manos de los emprendedores precisamente cuando más falta les hacía.

El equity crowdfunding, por ejemplo, que permite invertir en acciones o en deuda subordinada de las compañías, ha tardado algo más en popularizarse, en gran medida debido al hecho de que en el país que más interviene en la popularización de este tipo de fenómenos, los Estados Unidos, son opciones que no están disponibles aún.

Pero aparte de este tipo de vertientes del crowdfunding, hay otros usos “diferentes” que me parece interesante comentar. Podríamos hablar, por ejemplo, del uso de este tipo de esquemas para proyectos relacionados con el tercer sector (voluntariado, sin ánimo de lucro, ONGs, etc.) o para la integración, la solidaridad y el desarrollo de comunidades, o la especialización de determinadas plataformas en proyectos que poseen unas características determinadas, como el caso de la española Goteo.org con los proyectos “con ADN abierto”, que contribuyan al desarrollo del procomún, el conocimiento libre y/o el código abierto. Considerando la proliferación de compañías dedicadas a explorar el ámbito del crowdfunding, parece claro que una parte del futuro de esta industria que muchos ven con una fuerte tendencia a la concentración estará en la especialización.

Otro caso interesante es el del uso del crowdfunding por parte de compañías consolidadas o de proyectos que, en realidad, no tendrían problemas para acceder a financiación. El tema saltó a la opinión pública con proyectos como la película sobre la serie de televisión Verónica Mars lanzado por su creador, Rob Thomas, la petición de un millón de dólares por parte del millonario Richard Garriott para financiar el desarrollo de un videojuego, o la de Spike Lee para una nueva película. El hecho de que personas que indudablemente no iban a tener problemas a la hora de financiar sus proyectos incluso posiblemente con dinero de sus propios bolsillos – Richard Garriott pagó en su momento treinta millones de dólares para convertirse en el sexto turista espacial – recurriesen a Kickstarter para ello atrajo algunas críticas de quienes consideraban que eso privaba de recursos a personas que podían realmente necesitarlos.

La verdad, sin embargo, es diferente: el crowdfunding no es un juego de suma cero, de manera que el hecho de que haya proyectos de un tipo no impide que aparezcan otros,y además, los proyectos con famosos detrás pueden actuar como un imán a la hora de atraer a nuevos participantes que, inicialmente, no se sentían atraídos hacia este tipo de plataformas. En varias entradas en su blog corporativo, Kickstarter dejó claro que su plataforma servía para hacer realidad proyectos, y que en nada afectaba a dicha misión el que detrás de los mismos estuviesen personas desconocidas, famosas, con dinero o sin él. No solo eso, sino que los proyectos que funcionaban especialmente bien, y los protagonizados por famosos como Spike Lee, funcionaban a la hora de incrementar la popularidad de la plataforma y de, por tanto, atraer más dinero a otros proyectos.

¿Qué pretenden realmente esos famosos o personas con dinero cuando ponen sus campañas en Kickstarter? Obviamente, el dinero no es malo para nadie, pero en realidad, el beneficio que se busca tiene mucho más que ver con el vínculo que se establece entre el proyecto y sus backers o financiadores, con la prospección del mercado para cuantificar la posible demanda, o con el extra de popularidad que otorga al proyecto el hecho de haber sido financiado por aquellos que tienen de verdad interés por él. En el caso de empresas, parece evidente que la viabilidad de un proyecto de crowdfunding dependerá en gran medida de la imagen de la compañía y de su conexión con los usuarios, así como del atractivo del proyecto. Pero la posibilidad de que una empresa establecida utilice una plataforma de este tipo para ver la demanda potencial de un producto o servicio existe, y no tiene por qué ser malinterpretada ni confundida con la falta de recursos. Para algunas plataformas y en algunos mercados, la idea de contar con un proyecto que genere atención mediática y que lleve a más usuarios a interesarse por este tipo de financiación colectiva sería sin duda una buena noticia. Y para algunas empresas, significaría la posibilidad de acercarse más y mejor al mercado y de tener la seguridad de que quienes dicen estar interesados lo están de verdad, hasta el punto de anticipar el dinero. No existe mejor focus-group que algo así. En muchos sentidos, además, la financiación colectiva sirve como un cierto espaldarazo de legitimidad para determinados proyectos, y pone a las compañías en donde realmente les debería gustar estar: en un punto de conexión con sus futuros clientes que genera no solo su compra, sino incluso su apostolado, su prescripción.

El hecho de disminuir la fricción a la hora de solicitar y recibir donaciones para un proyecto produce precisamente esto: que puedan beneficiarse de ello no solo ciertos tipos de proyectos, sino la economía en su conjunto. El crowdfunding, como vemos, tiene bastantes más derivaciones de las que inicialmente parecía.

 

(This post is also available in English in my Medium page, “Crowdfunding: a few alternative uses“)

Los elementos de la innovación corporativa

Escrito a las 4:18 pm
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IMAGE: Nasir Khan - 123RF

Mucho se ha escrito ya sobre la criticidad de la innovación corporativa. Mantener una actitud innovadora no solo posibilita el sostenimiento de una oferta adecuada de productos o servicios que evoluciona con los tiempos, sino también factores que van desde la motivación y el clima laboral, hasta la capacidad para atraer a candidatos adecuados.

Pero la innovación corporativa depende de un equilibrio enormemente difícil de mantener. Hasta las compañías con mejor reputación de innovadoras tienen problemas a la hora de gestionar y preservar ese clima. A medida que las compañías crecen, tienden irremisiblemente a la homeostasis, al equilibrio, a una especialización cada vez más asfixiante, a una esclerotización progresiva. Soluciones como aislar la innovación en departamentos o células separadas de la empresa tratan de preservar el clima innovador dentro de burbujas, pero ocultan el verdadero problema: que la mayoría de la actividad de la empresa transcurre fuera de esa burbuja, que acaba en prácticamente todos los casos restringida a una actividad marginal. La idea de “industrializar la innovación” poniendo a un departamento a “producir innovación” como si fueran chorizos no funciona, porque la propia naturaleza de la innovación aplicada depende, fundamentalmente, de un contexto, de un entorno. Aislada o privada de ese contexto que se va haciendo inexistente, la innovación corporativa languidece y termina por desaparecer.

¿Cuáles son los elementos fundamentales que permiten, supuestamente, mantener un cierto nivel de innovación corporativa? Lo más adecuado para conceptualizarlos es pensar en ese elemento de contexto: se innova con lo que se percibe, con lo que se incorpora al cerebro, con las experiencias propias, con la observación de las experiencias ajenas, y por supuesto, con cierta serendipia, con esas chispas – que, sin embargo, no suelen surgir de la nada.

La construcción de un clima de innovación puede provenir de un empuje inicial, de la constitución en torno a una idea, de la comunión de una serie de innovadores, de la búsqueda de un desafío. Pero el mantenimiento de ese clima exige trabajo, trabajo y trabajo. Es algo que es preciso alimentar, a lo que es necesario dedicar recursos, tanto en tiempo como en dinero. La innovación no se mantiene del aire, porque planteada seriamente y en modo corporativo y aplicado es mucho, mucho más que inspiración.

¿Cuáles son esas prácticas que pueden, cuando están bien gestionadas, mantener un clima innovador en una compañía? En mi opinión, se trata de aprovechar estímulos que, actualmente, están cada vez más fácilmente disponibles. Si innovamos a base de alimentar nuestro cerebro con esos estímulos, debemos trabajar y destinar recursos a que esa actividad se mantenga. Eso incluye cuestiones como las siguientes:

  • Información: leer mucho, leer constantemente, leer como parte del día a día del profesional. Pero no simplemente leer. Leer para fomentar la innovación no tiene nada que ver con el tiupo de actitud que utilizamos para leer el periódico. Hablamos de lectura enfocada, eficiente, y con herramientas adecuadas para almacenar lo que se ha encontrado interesante, etiquetarlo, reenviarlo, etc. Y en ese sentido, no se ha inventado ninguna manera mejor de enfrentarse a una lectura en modo eficiente que el RSS. El uso de un lector RSS y la gestión de unas suscripciones determinadas debería ser algo que las compañías fomentase, y que lo hiciesen además en modo social. Que los trabajadores de una compañía tuviesen herramientas en las que poder ver qué lee cada uno, qué noticias le han parecido interesantes o ha marcado o etiquetado, o en qué temas parece más interesado – sin ánimo de que existan otras fuentes o temáticas que puedan considerarse del ámbito privado y puedan ser excluidas de la compartición.
  • No solo leer: la participación, el diálogo, la discusión, la proposición de temas de interés para foros de discusión y el intercambio en torno a una idea facilitan el tomarse la tarea en serio. No se trata solo de estar en contacto superficial con la información, sino de tener el incentivo de buscar algo más allá en aquellos temas que se han estimado interesantes, en los que se vea una mayor proyección.
  • Foros de presentación: las empresas que desean mantener una cultura innovadora pueden estimular foros y seminarios internos en los que aquellas personas que siguen con más interés un tema pueden presentarlo, hablar de él, o incluso señalar a expertos o influenciadores que puedan venir a compartirlo en un foro corporativo – para lo cual hay que destinar, lógicamente, un cierto presupuesto si no se quiere que todo aquel que pase por la puerta lo haga con actitud de vender. Los invitados, dado el ambiente adecuado, pueden ser enormemente importantes a la hora de estimular la innovación aplicada y la serendipia. Y los empleados que logren desarrollarse en aquellos temas que consideren importantes de cara a la innovación, pueden de hecho participar en foros externos, contribuyendo así a incrementar la percepción sobre la innovación en la compañía.
  • Estimular el conjunto de visiones internas y externas: no especializarse excesivamente, pero tampoco caer en la superficialidad del que “habla de todo”. Leer noticias de la industria, pero no perder la gran perspectiva, las posibles influencias que puedan llegar de fuera de la misma, el pensamiento lateral o paralelo.
  • La actitud: abierta, no negacionista.Una cultura innovadora precisa de personas con mentalidad innovadora. Los escépticos pueden ayudar a aterrizar muchas cosas y a solidificar o ver de manera más realista muchas otras, pero el escepticismo, como comentaba hace unas semanas, no debe confundirse con el negacionismo sistemático y con la protección a toda costa de la zona de confort.
  • Analítica: los usos de nuestros productos o servicios, y la evolución de esos usos a lo largo del tiempo, pueden darnos pistas sobre los parámetros sobre los que podría ser recomendable innovar a futuro. Por mucho que diga Steve Jobs (y sobre todo, porque lo más seguro es que no seas Steve Jobs) los clientes y sus dinámicas de uso pueden ser una fantástica fuente de innovación.
  • En el mismo sentido, usar tus propios productos y servicios en las mismas condiciones en que lo hacen tus clientes es una actitud que también ayuda a la innovación, te hace más sensible a lo que necesita mejora y a las áreas en las que es preciso cambiar. Que los empleados de una línea aérea no pasen por el mostrador para comprar sus billetes o que los de una eléctrica no reciban facturas puede ser una forma de estímulo o de compensación en especie, pero no favorece la innovación ni la sensibilidad hacia los problemas del cliente.
  • Dinámicas y discusiones de grupo similares a las que se llevan a cabo en experiencias de formación. Es bien sabido que la formación, sobre todo sujeta a una metodología adecuada, estimula la innovación.
  • Incentivos y competitividad: a los seres humanos nos gustan las recompensas. Una compañía innovadora debe proveer con incentivos adecuados a las personas que aportan buenas ideas, en lugar de dejar que se diluyan en una intrincada estructura corporativa.

 

Es solo una pequeña lista de actividades posibles: la innovación puede, en realidad, jugar a innovar incluso en las herramientas utilizadas para estimularla. Lo importante, claro, es la actitud con respecto a estas herramientas. En la práctica, la gran mayoría de las empresas que intentan hacer uso de estas herramientas acaban por relegarlas a foros minoritarios o con un nivel de prioridad bajo, lo que lleva a seminarios vacíos, foros con presencia escasa, o actividades a las que solo acuden “los que tienen mucho tiempo libre”. No, no es “tiempo libre”… es, posiblemente, una de las actividades que más puede influir en el futuro de tu compañía. De hecho, la participación habitual de la alta dirección, la cultura del estímulo de este tipo de actividades, y de castigo para quienes abiertamente las subestimen es lo que diferencia a las compañías que siguen apostando por la importancia de la innovación frente a aquellas que ya no lo hacen.

No, la innovación no es gratis, no es sencilla, y no ocurre por casualidad. Hay que trabajarla. Pero en el escenario actual, es seguramente una de las funciones corporativas más importantes y de las que más dependa tu futuro.

 

(This post is also available in English in my Medium page, “What corporate innovation is made of“)

Hablando sobre salidas a bolsa de empresas tecnológicas, en medios de Vocento

Escrito a las 10:24 am
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Twitter-VocentoEl pasado jueves estuve hablando un buen rato con Michael McLoughlin, de Colpisa, sobre salidas a bolsa reciente de empresas tecnológicas, y hoy lo he visto en algunos medios regionales del grupo Vocento: en Las Provincias, La Rioja, Diario de Navarra, y dos noticias en La Voz de Cádiz.

Hablamos sobre los elementos que definen una salida a bolsa: el momento escogido para la misma y el control sobre las fechas en función de la eficiencia de las gestiones del gestor del mercado (y por qué Twitter ha preferido al NYSE frente a un sobrecargado NASDAQ que demostró sus muchos problemas con la operación de Facebook), el momento en el ciclo de la compañía (una Twitter aún en crecimiento y con productos incipientes, frente a una LinkedIn con tres fuentes de ingresos bien equilibradas y una Facebook ya casi en su madurez), los tipos de accionistas que invierten en este tipo de compañías (especulativos en busca de operaciones rápidas que no miran tanto los fundamentales de las empresas como el nivel de ruido que acompaña a su salida, frente a inversores pacientes que premian una buena estrategia con permanencias más largas), y las diferencias entre los análisis que predominan en el momento actual y los de la burbuja de principios de siglo.

La culpa no es de Spotify… es de los de siempre

Escrito a las 4:02 pm
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Spotify logoLa reciente polémica iniciada por un artículo de David Byrne en The Guardian, David Byrne: ‘The internet will suck all creative content out of the world’, en el que arremete contra un futuro dominado por servicios de streaming como Spotify ha vuelto a generar reacciones variadas en torno al modelo de reparto de ingresos de la plataforma sueca creada por Daniel Ek y Martin Lorentzon.

La diferencia con el ataque anterior contra esta plataforma, protagonizado por  Thom Yorke y Nigel Godrich y sobre el que hablé en su momento es que Byrne apunta a una responsabilidad de Spotify y plataformas similares que, en realidad, debe recaer, como sí dejaban entrever Yorke y Godrich, sobre quienes son en realidad los responsables de ese mal reparto que únicamente deja migajas en los bolsillos de los artistas: las grandes discográficas.

La gran realidad detrás de la transición de la industria de la música es que las grandes discográficas, sometidas a un proceso de consolidación que no hace más que incrementar su poder como oligopolio que paga a uno de los lobbies con mayor capacidad de influencia política del mundo, se las han arreglado para mantener los porcentajes que aplican como comisión, a pesar de no tener ya que incurrir en muchos de los costes que en épocas anteriores tenían en su cadena de producción. Mientras lloriqueaban que su negocio moría y afirmaban que con ellos moría la música, la realidad era que su negocio no hacía más que mejorar, y que la sustitución de los canales físicos tradicionales por los nuevos canales digitales fue algo que aprovecharon para mejorar su cuenta de resultados a costa de los artistas.

Atribuir el problema de los escasos ingresos que Spotify deja a los artistas a la propia Spotify resulta completamente absurdo cuando en realidad, Spotify entrega el 70% de sus ingresos a las discográficas en concepto de royalties, y que son esas discográficas las que reparten con los creadores y los músicos en acuerdos que, en el caso de las majors, suelen estar en torno al 15% (algunas discográficas independientes lo plantean de manera algo más justa y reparten lo que perciben al 50%). El hecho de que las discográficas sean accionistas de Spotify, única manera que Daniel Ek encontró para poder tener acceso a su catálogo, hace que la responsabilidad recaiga, de nuevo, sobre ellas mismas.

En un momento en el que las discográficas deberían haber reducido los costes de producción (los avances en tecnología hacen que hoy se pueda obtener una producción de nivel profesional con una inversión sensiblemente menor), de soporte (el soporte ya no es físico), de distribución (el movimiento de los bits es infinitamente más barato que la logística de productos físicos) y de marketing (una parte significativa del marketing lo hacen los propios fans), la realidad es que los porcentajes de reparto se han mantenido muy parecidos. ¿Realmente aportan tanto las discográficas a la creación musical como para que se justifiquen esos porcentajes de reparto?

El problema sigue viniendo del mismo tema: las discográficas afirman que, a pesar del teórico descenso de barreras de entrada que ha supuesto la popularización de la red, los grandes éxitos de la música siguen correspondiendo a lanzamientos llevados a cabo por ellas, mientras que “la red” como tal no ha alumbrado a prácticamente ningún artista nuevo. ¿Es esa situación real? ¿O se corresponde más bien con el control que esas grandes discográficas mantienen sobre canales de distribución tradicionales como la televisión o la radio FM? No, que los artistas reciban poco de plataformas de streaming como Spotify no es un problema derivado de esas plataformas, sino de unas discográficas que se niegan a renunciar a unas comisiones que ya no les corresponden en función del trabajo que hacen. Y si los artistas deciden dejar de alimentar a esas discográficas, se encuentran con que su acceso a canales de distribución para su música como la televisión o la radio FM se ve sensiblemente deteriorado, lo que lleva a que, salvo excepciones, no lleguen a los oídos del gran público. Lanzarse a la industria de la música por cuenta propia tratando de tener un control total sobre tu música, o incluso hacerlo a través de una discográfica independiente supone no tener prácticamente llegada a esos canales y, por tanto, estar condenado al ostracismo de las listas de éxitos.

Poner el énfasis en plataformas como Spotify es un error. El enemigo, el que se está llevando la verdadera porción importante del pastel… es el mismo de siempre. Antes, al menos, justificaba con los costes de sus actividades el margen que retenía. Ahora, ni siquiera eso.

 

(This post is also available in English in my Medium page, “Don’t blame Spotify; blame the music industry“)

Equity crowdfunding, columna en Expansión

Escrito a las 10:00 am
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Equity crowdfunding - Expansión (pdf, haz clic para ampliar)Mi columna de Expansión de esta semana se titula Equity crowdfunding (pdf), e intento introducir el término con las limitaciones del papel y con una cierta adaptación al público de un diario económico.

En muy poco tiempo, el crowdfunding se está convirtiendo en una parte muy significativa de la actividad económica, no solo vinculada a unos demográficos específicos ni necesariamente al segmento de los llamados early adopters. Dotado de unas características de viralidad notables alimentadas por el hecho de que cada backer, o persona que decide contribuir al proyecto, se convierte habitualmente en vector de la difusión del mismo, la popularización del crowdfunding ha hecho que un número ya apreciable de personas destinen una parte de su presupuesto a pre-comprar productos, oferta cultural y otro tipo de bienes y servicios a través de esta fórmula. Al tiempo, hemos podido ver cómo no solo empresas de nueva creación y startups recurrían a este método, sino también personas y empresas conocidas que teóricamente no tendrían problemas para financiar su proyecto, pero que prefieren utilizar el crowdfunding como una manera de popularizarlo o de pulsar el mercado.

La llegada del equity crowdfunding puede provocar algo similar. En un entorno en el que la rentabilidad de la mayoría de los productos financieros mantiene un atractivo relativamente bajo, la inversión en capital en proyectos con el perfil de los que suelen recurrir a este método es susceptible de ofrecer rentabilidades claramente superiores, a cambio, por supuesto, de unas características de riesgo completamente diferentes. Por otro lado, el equity crowfunding genera una mayor cercanía entre personas y proyectos, un vínculo que permite a los emprendedores atraer a un perfil de accionista distinto al habitual en los mercados financieros convencionales, lo que podría hacer que muchas empresas lo entendiesen como una fuente de financiación interesante y sin los muchos requisitos e inconvenientes de una salida a bolsa tradicional. Sin embargo, no olvidemos que gran parte de esos requisitos estaban destinados a construir una protección del accionista: el volumen de inversión media habitual en el equity crowdfunding suele ser pequeño, pero no olvidemos que el riesgo, naturalmente, existe, y que las startups tienen sus propias casuísticas por todos conocidas que es preciso introducir en nuestra evaluación de la inversión. Del mismo modo que no podemos obviar la posibilidad de que un proyecto suficientemente atractivo, bien planteado o presentado de manera brillante sea capaz de acceder de manera rápida a una cantidad de financiación significativa, utilizando unos sistemas, reglas y requisitos que hasta el momento no resultaban posibles.

A continuación, el texto completo de la columna:

 

Equity crowdfunding

El crowdfunding, o financiación colectiva de proyectos, es un tema indudablemente pujante. En su primera fase, hablábamos de sitios en los que emprendedores presentaban proyectos de todo tipo, generalmente con un vídeo, y solicitaban donaciones para llegar al umbral que les permitiese ponerlo en práctica. A cambio, solían ofrecer incentivos que iban desde un simple detalle hasta, en muchos casos, un acceso preferencial al producto a un precio ventajoso. El dinero aportado se consideraba una donación con riesgo: si el proyecto fallaba, se perdía.

En su segunda fase, el crowdfunding va más allá, y se convierte en equity crowdfunding: los aportes realizados pasan a ser participaciones accionariales que dan derecho a un hipotético reparto de beneficios. Mediante fórmulas que van desde el préstamo participativo remunerado en función de los beneficios del proyecto hasta la emisión directa de acciones, las personas aportan cantidades de dinero para financiar aquellos proyectos que más les gustan o más confianza les generan, y se convierten no solo en accionistas, sino en auténticos fans de la empresa, genuinamente interesados en que le vaya bien.

En la mayoría de los países existe legislación que regula la oferta pública de acciones, pensada para proteger al accionista. En elequity crowdfunding, son las propias plataformas las que de alguna manera examinan a los proyectos que concurren, en los que puede invertir cualquiera. En países como Estados Unidos, la legislación se esta adaptando para admitir el equity crowdfunding, que ya es una opción regulada y posible en entornos como el europeo.

Prepárese para un escenario futuro de democratización de la inversión, en el que startups y proyectos pequeños competirán por financiación aportada por particulares, al margen de los mercados financieros tradicionales. Otros factores, otras habilidades, otras reglas… en muchos sentidos, otra economía.

Aprendiendo de Kickstarter y los modelos predictivos

Escrito a las 9:51 am
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Funded with KickstarterLa transparencia de Kickstarter a la hora de rendir cuentas sobre sus proyectos está facilitando su uso para modelos predictivos de diversos tipos que bien merecen una reflexión.

Hace unos meses, mis amigos de BigML plantearon un modelo de machine learning basado en 17.000 campañas que mostraba la relevancia de factores como el número de personas que aportaban donaciones y la magnitud del objetivo  fijado como umbral (las campañas en Kickstarter solo se consideran exitosas cuando se supera el umbral fijado como objetivo por los emprendedores, momento a partir del cual se desembolsan las donaciones). Ahora, tres investigadores de la École Polytechnique Fédérale de Lausanne han desarrollado un modelo capaz de predecir con un razonable nivel de confianza (76%) qué proyectos en Kickstarter van a alcanzar su objetivo y cuáles no, tan solo examinando las primeras cuatro horas de su evolución. El porcentaje de proyectos que alcanzan su objetivo en Kickstarter está actualmente en torno al 44%, de manera que poder contar con una predicción en los primeros momentos del lanzamiento puede resultar de una gran ayuda a la hora de gestionar posibles acciones relacionadas.

Las conclusiones son muy interesantes, fundamentalmente por lo poco sorprendentes, pero también por su más que posible aplicación a otros ámbitos diferentes a los del crowdfunding. Una de las variables que el segundo estudio plantea es la actividad en redes sociales, específicamente las menciones en Twitter. Podríamos posiblemente entrar en discusión sobre si es esa o no la variable adecuada – mi opinión es que no ofrece un panorama completo, y que sería importante valorar las menciones en blogs y medios, que en último término tienen una gran influencia a la hora de generar confianza y atraer donantes al proyecto – pero deja meridianamente claro un hecho: la actividad en redes sociales tiene en el mundo actual una importancia de primer nivel en el éxito de prácticamente cualquier iniciativa – algo que sabemos, de hecho, todos los que habitualmente generamos contenido y tratamos de evaluar su impacto. ¿Puede salvarse una campaña en Kickstarter si recibe una mención positiva en una página de popularidad elevada cuando ya está iniciada? De hecho, existen claramente fenómenos de retroalimentación: en muchas ocasiones, y particularmente en las campañas más exitosas, las menciones surgen como resultado del éxito porque la noticia es la fuerte tracción que alcanza el proyecto, lo que da origen a un clarísimo efecto de arrastre o bandwagon effect.

La causalidad es, como sabemos todos los que trabajamos en investigación, una relación muy traicionera. No es completamente evidente si las menciones en redes sociales conducen al éxito, o si el éxito conduce a las menciones en redes sociales, pero sin duda existe una relación entre ambas. Lo que me lleva a plantear, dejando al margen el tema del crowdsourcing, cuántas empresas son capaces de aplicar modelos predictivos de este tipo a sus lanzamientos de productos o servicios. En realidad, la mayor parte de las compañías que conozco tienden a hacer un análisis post-mortem de sus proyectos: con el evento o la campaña terminados, se recopilan algunos datos con la esperanza de aprender algo de ellos, pero poco más. La capacidad de actuación sobre variables relacionadas con el proyecto suele ser escasa, cuando no directamente nula.

En un entorno caracterizado por lo que hemos dado en llamar “tiempo real”, la inteligencia de negocio correspondiente suele darse, por lo general, todavía “en diferido”. La latencia en el análisis de los datos, bien debida al tiempo necesario para recolectar y almacenar los datos, al requerido para analizarlos y transformarlos en información, o al utilizado para reaccionar a esa información y tomar decisiones, provoca retrasos que pueden en muchas ocasiones hacer imposible una corrección del curso de las acciones.

Resulta llamativo que en un pequeño proyecto de Kickstarter, sus participantes puedan recopilar muchas de las variables necesarias para predecir el éxito a las pocas horas de iniciarse la actividad (ritmo de donación, cantidades donadas, éxito relativo de cada uno de los incentivos, menciones en redes sociales, etc.) y en cambio, empresas grandes con mucho más medios no sean capaces de modelizar y plantear una analítica semejante. En el caso de las redes sociales, las empresas oscilan entre las que no les dan la más mínima importancia (salvo cuando se trata de una crisis comunicativa) y las que las consideran un fin en sí mismo (en modo “¡¡bieeeen, hemos sido trending topic!!) pero que no es vinculado con los objetivos reales de la acción. En ocasiones, la falta de análisis roza lo patético, como cuando se intenta presentar como un éxito el tener muchas apariciones en redes sociales pero basta un somero análisis de las mismas para detectar que se trataban mayoritariamente de menciones con componentes marcadamente negativos.

En este sentido, Kickstarter puede servir como una fuente de inspiración: ¿entendemos el entorno lo suficientemente bien como para poder construir modelos predictivos de ese tipo, accionables en tiempo real en nuestra compañía? Si la respuesta es no… ya sabe: lea más.

 

(This post is also available in English in my Medium page, “Learning from Kickstarter and predictive models“)

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