El Blog de Enrique Dans

Tenía que pasar: el “derecho al olvido” y la lógica de internet

Escrito a las 4:35 pm
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Hidden from GoogleNo han pasado ni dos meses de la equivocada decisión del Tribunal de Justicia de la Unión Europea que pretende asentar el absurdo concepto del “derecho al olvido” mediante el procedimiento de eliminar resultados de los buscadores, cuando ya han surgido reacciones para evitar sus efectos: un programador, Afaq Tariq, crea una página titulada Hidden from Google, que recoge los resultados censurados del buscador, enviados por todo aquel que se moleste en comprobarlos.

Auténtica lógica internet: como muy bien decía Howard Rheingold“the Internet reacts to censorship as damage, and routes around it”: “la red reacciona a la censura como ante un daño, y reencamina el tráfico alrededor del mismo”. Por el momento, el fallo del TJUE ya ha generado dos efectos secundarios directos: si por la razón que sea solicitas la eliminación de un enlace determinado de una página de búsqueda asociada a tu nombre, Google insertará un pie de página avisando a otros usuarios de esa circunstancia, lo que en la práctica es una forma de decir “ojo con esta persona, que algo tiene que ocultar” y una invitación abierta a entrar a través de un proxy o usando una VPN en la edición del buscador de un país no europeo – no sometida, por tanto, a censura – y ver qué es exactamente lo que esa persona tiene tanto interés por hacer invisible. No olvidemos, además, que los resultados eliminados no estarán disponibles si se hace una búsqueda por el nombre de la persona, pero sí aparecerán si se buscan otras palabras que formen parte de la página. 

Por otro lado, páginas como “Hidden from Google”, de recogida de los datos eliminados, que permitirán simplemente entrar y hacer una búsqueda de texto. O posiblemente, soluciones automatizadas que se encarguen de llevar a cabo una comparación contraponiendo los resultados de Google de países europeos con los de otros países no sometidos a censura. Para cualquier programador, un trabajo divertido que garantiza un cierto nivel de exposición.  

Si hay algo que quieras borrar, piénsatelo. Es posible que hacer uso del formulario de Google solicitando su eliminación no sea la mejor de las ideas. Es muy posible que tu intento de eliminación, por justificado que te parezca desde un punto de vista personal y de supuesta protección de tu intimidad termine por desencadenar una especie de efecto Streisand y que termine llamando más la atención sobre ello de todo aquel que tenga la ocurrencia de buscar tu nombre por la razón que sea. Al final, tener la notita de Google a pie de página puede llegar a tener un efecto peor que el propio resultado que se trataba de eliminar.

Es lo que tiene tratar de ser más papista que el Papa y fiar la justicia al desmesurado tamaño del ego de determinados usuarios y bufetes de abogados. Y sobre todo, es lo que tiene hacer las cosas mal.

Hardware is hard

Escrito a las 2:53 pm
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IMAGE: Picsfive - 123RFLa frase, original de Marc Andreessen, pretende dejar claro que, en términos tanto de dedicación como de riesgo intrínseco, el hardware no es lo mismo que el software. Los retos inherentes al diseño físico, el prototipado, la elección y abastecimiento de los materiales, los procesos de fabricación, la distribución y logística, las iteraciones sucesivas derivadas del feedback de los usuarios, etc. dotan al hardware de una dimensión de complejidad sensiblemente mayor que lo que supone crear productos basados únicamente en líneas de código – aunque ello, obviamente, tampoco implique que los productos de software sean sencillos.

Algunos artículos recientes, como este de ayer en TechCrunch o este de hace algunos días en El Mundo en el que me citan brevemente, inciden en la caída de las barreras de entrada que parecen estar alimentando un florecimiento del emprendimiento y de las transacciones relacionadas con proyectos empresariales nacidos en torno al mundo del hardware. Como profesor de IE Business School, sin duda una de las escuelas de negocios del mundo que más énfasis pone en el emprendimiento, debo confesar que el sesgo de los alumnos hacia proyectos basados en software me lleva preocupando desde hace bastante tiempo, hasta el punto de ser una de mis conversaciones habituales con responsables académicos de la institución. La economía “real” se compone fundamentalmente de átomos, no solo de bits, y cualquier desfase entre esa economía real y el agregado de los proyectos que proponen los alumnos me resulta preocupante.

Efectivamente, Marc Andreessen no anda nada desencaminado: hardware is hard. Pero una serie de cuestiones recientes permiten que esa dureza intrínseca se haga relativamente más accesible. La primera de ellas es, claramente, la caída de barreras de entrada que supone poder diseñar y prototipar con componentes sencillos y baratos. La nueva microelectrónica desarrollada en torno a iniciativas como Arduino o Raspberry Pi (que hoy precisamente presentaba su nuevo modelo, el Raspberry Pi B+) permite poner un ordenador o una placa programable en cualquier sitio y con presupuestos dignos de la electrónica casera, al tiempo que las impresoras tridimensionales posibilitan, por un presupuesto igualmente modesto o mediante el acceso a equipos compartidos, hacen posible crear piezas diseñadas específicamente para un proyecto, cuyos ficheros, además, sirven como base para la fabricación industrial posterior.

La disponibilidad de capacidad ociosa en fabricación, dinamizada a través de plataformas como Alibaba.com, ofrecen un futuro en el que fabricar será algo tan simple como enviar un fichero y pedir varios presupuestos, como quien hace una reforma doméstica. Ojo con Alibaba.com, porque no solo va a ser el salvavidas de Yahoo!, sino posiblemente una de las propiedades más valiosas de toda la web y uno de los seguros protagonistas de las futuras portadas de The Economist que señalan los actores importantes de la web.

El elemento que faltaba, claramente, era la financiación. Y en ese sentido, plataformas como Kickstarter o Indiegogo proporcionan precisamente ese nivel de capitalización que muchas empresas de hardware necesitan: no accionistas, sino pre-compradores, que no comprometen la propiedad de la empresa, pero contribuyen a hacer los proyectos realidad al participar en una parte del riesgo inherente a ponerla en práctica.

Elementos que contribuyen a hacer que el hardware, aunque siga siendo hard, sea posiblemente un poco menos hard. Que las empresas de toda la vida aprendan a gestionar estos recursos a su disposición y a conectar con sus usuarios gracias a este tipo de herramientas es cuestión de tiempo. Que Martín Varsavsky, que no necesitaba especialmente recursos para lanzar un producto nuevo, recurra a Kickstarter para validar con el mercado su lanzamiento y para obtener el ruido mediático que lo convierte en un éxito antes incluso de que sea lanzado, demuestra que este tipo de estrategias tienen mucho sentido. El mundo de la red, en muchos sentidos, empieza a parecerse más y más al mundo de fuera de la red. Con todo lo que ello conlleva.

 

(This article is also available in English in my Medium page, “Hardware is hard“)

El problema de legislar a la carta

Escrito a las 2:44 pm
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IMAGE: Limbi007 - 123RFComo las más de 3500 tiendas de libros francesas a pie de calle se quejaban por los perjuicios que les estaba ocasionando la competencia con una Amazon infinitamente más eficiente y potente, al gobierno francés le dio por sacarse de la manga una nueva legislación que prohibía a Amazon y a otras compañías de venta a través de la red hacer ofertas de envío gratuito. ¿El resultado de semejante “apaño” legislativo? Ahora Amazon, sin necesidad de hacer ningún derroche de ingenio, ofrece sus envíos de libros al precio de… un céntimo.

Dado que el potente lobby de las cadenas hoteleras españolas se quejaba amargamente a las comunidades autónomas a cuenta de los beneficios que supuestamente perdían por los turistas que decidían alojarse a través de Airbnb en lugar de en sus establecimientos, la Comunidad de Madrid ha decidido “ser creativa” e “inventarse” que, a partir de ahora, las viviendas turísticas deberán alquilarse un mínimo de cinco noches.

El problema de legislar a la carta en función de las presiones e intereses de determinados grupos empresariales es que… nunca funciona. Introducir obstáculos artificiales en el desarrollo de un mercado es un trabajo absurdo: por un lado, desgasta al legislativo y evidencia hasta qué punto la defensa de determinados intereses económicos termina desembocando en abierta corrupción. Por otro, hace que los nuevos entrantes se vuelvan más imaginativos y traten de superar esas barreras artificiales mediante otros métodos, al tiempo que los participantes en ese tipo de modelos son presionados para entrar en esquemas de economía informal cada vez más difíciles de detectar. Cuando el desarrollo o la adopción de una tecnología posibilita que una industria vea su modelo de negocio comprometido, solo la adaptación profunda de esa misma industria y la revisión crítica de su propuesta de valor puede evitarlo. Las leyes a la carta nunca lo consiguen: son como un subsidio que únicamente aplica una tirita a una herida profunda.

Modelos como Airbnb y otros similares simplemente aprovechan que la tecnología permite unos costes de coordinación mucho menores que permiten que la oferta y la demanda se encuentren en condiciones más ventajosas. Antes de Airbnb, alquilar una propiedad era una tarea compleja e incómoda, con pocas garantías y, en muchos casos, mala reputación. Después de Airbnb, muchos propietarios de pisos que pueden ser puestos en alquiler los ponen en el mercado de manera cómoda y sencilla, los posicionan en el nivel que desean, e incluso se permiten el lujo de llevar a cabo procesos de interacción con sus clientes que tienen como objetivo “humanizar” la oferta y poner una cara detrás del contrato, lo que suele incidir en un mejor trato a la propiedad. No es extraño que el propietario de la vivienda alquilada reciba a los inquilinos, les ofrezca recomendaciones locales, les deje bebidas en la nevera, etc. como forma de crear un vínculo que favorece tanto un mejor cuidado como una posibilidad mayor de repetición. Un modelo de interacción que muchos aprecian, y que muchos incluso prefieren a la frialdad, la industrialización y la estandarización del esquema habitual en los hoteles. Si quieres parar el desarrollo de un modelo como ese, vas a tener que hacer algo más que legislar en torno a “ideas felices”.

Gracias a un coste de coordinación más bajo, se produce la entrada de oferta y de capacidad ociosa en el mercado que antes se mantenía fuera de él. Mientras el resultado neto sea un mejor aprovechamiento del área que define la curva de oferta y demanda, y por tanto se produzca, en último término, un beneficio para los usuarios, invertir en detener ese proceso es sencillamente absurdo. Y si para ello nos dedicamos a legislar en modo “idea feliz” tratando de diseñar restricciones que dificulten artificialmente la entrada en el mercado de esa capacidad ociosa, las consecuencias pueden llegar a ser incluso peores.

 

(This article is also available in English in my Medium page, “The road to Hell is paved with good intentions“)

La marca como referencia social

Escrito a las 2:27 pm
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IMAGE: Hoack - 123RFLa evolución de la web desde sus inicios ha marcado una permanente redefinición del papel de las empresas y las marcas en ella. Al principio, en una web en la que el contenido era creado por pocos, las marcas se plantearon estar ahí para poder ser encontrados, como quien pone un anuncio o hace un folleto. Las páginas web corporativas se hacían o bien como demostración de modernidad, de estar en tendencia, o como manera de impresionar, de parecer grande, en la equivocada concepción que provenía del paralelismo con la televisión.

En su segunda época, muchas marcas se vieron tentadas por la transaccionalidad: la idea de que la web era un entorno bidireccional en el que los usuarios podían hacer transacciones y pagar hizo que muchas marcas se planteasen el comercio electrónico, montar tiendas de diversos tipos en los que ofrecer acceso a sus productos y servicios. La idea, lógicamente, tiene sentido, pero obligó a afrontar, además de un lento despegue derivado de un proceso de adopción complejo, multitud de problemas derivados de logística, conflictos de canal, seguridad, e infinidad de aspectos relacionados.

Hoy, la presencia en la web de las marcas responde a un esquema muy distinto. Sí, lógicamente hay que estar, pero estar supone no solo una presencia testimonial, sino la necesidad de plantearse el valor como referencia de la marca. Hay que vender, posiblemente, pero la manera de vender también ha cambiado de manera notable. La progresiva importancia del buscador ha llevado a que las marcas no puedan limitarse simplemente a estar, sino a que deban competir duramente por la visibilidad, por aparecer en búsquedas de las palabras genéricas que definen su actividad. La indexación se convierte en la principal pesadilla de muchos, mientras la evidencia demuestra que, superados unos cuantos elementos de “higiene” que rayan cada vez más en el más puro sentido común y que se van ajustando más y más con el tiempo (salvando determinadas “tentaciones” monopolísticas), la optimización de la presencia en buscadores es una cuestión que refleja cada vez más la relevancia social, el nivel de importancia que la marca tiene entre los usuarios.

Cada día más, el valor que la web ofrece a una marca es la capacidad de posicionarla como referencia social. Una página web no sirve para nada si no es socialmente relevante, si no genera contenido de manera constante, y si ese contenido no es referenciado por los usuarios a medida que es producido, construyendo conversaciones en torno a la marca y a la categoría. Una marca no puede sobrevivir con una presencia estática, porque la propia web demanda dinamismo, capacidad de contestar a preguntas, de proporcionar servicio e interacción, de generar comunidades. No, no se trata de que las comunidades sean lo más grandes posibles: resulta completamente absurdo o incluso grotesco imaginar una comunidad enorme vertebrada en torno a la gran mayoría de los productos o servicios industriales, por ejemplo. Se trata de que en la comunidad estén los que tienen que estar, y que organicen su participación en torno a la marca de manera que se pueda percibir una propuesta de valor por el hecho de formar parte de ella. Quien en una categoría de producto participa, de manera ocasional o habitual, en la comunidad de una marca, termina por asociar a esta un valor como referencia social que, en último término, genera un sesgo positivo de cara a su eventual adquisición.

En la construcción de la marca como referencia social participan muchos elementos, y el desarrollo web es únicamente uno de ellos. No se trata de tener buenos responsables de desarrollo web, sino de que toda la empresa se oriente a la web. Que un número cada vez más elevado de actividades de la compañía se vuelquen a la web. Que la información sobre el producto o el servicio esté en la web y se actualice permanentemente, que los directivos sean referencias en el ámbito de la actividad y demuestren una actitud positiva hacia la web, que todo en la empresa sugiera una vocación por comunicar lo que se hace con transparencia, y que la relación entre la marca y sus usuarios se lleve a cabo de manera sostenible.

La web está pasando de ser un simple aspecto de la actividad empresarial a ser, cada vez más, el reflejo de todas ellas. ¿Cuántas marcas conoces cuya presencia en la web refleje este tipo de aspectos?

 

(This article is also available in English in my Medium page, “The brand as a social benchmark“)

Ya están aquí: la idea de una China robotizada

Escrito a las 1:22 pm
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Ya están aquí - Expansión (pdf)Mi columna de Expansión de esta semana, titulada “Ya están aquí” (pdf), utiliza la noticia de la implantación de robótica en la cadena de ensamblaje de Foxconn de cara a la fabricación del próximo iPhone 6 para especular sobre la importancia de un cambio radical en la forma de hacer las cosas en China. Elegí el titular porque no tenía claro si pensar en los robots, en los chinos, en la niña de Poltergeist o en todo a la vez :-)

Que el gigante asiático pase finalmente de ser “el paraíso de la manufactura” entendida como “hacer las cosas a mano” a convertirse en una potencia en ensamblaje mediante robótica es algo que va a tener muchas más consecuencias de lo que inicialmente parece: hablamos de una redefinición de la ventaja competitiva de la industria de todo un país, que conlleva consecuencias de todo tipo, incluidas las sociológicas. La idea de una China en la que los ingenieros del país tengan sueldos medios más elevados que los de países como España no es muy fácil de asimilar, e indica claramente un problema que es preciso diagnosticar.

Ensamblar no es una tarea sencilla de cara a su robotización. Muchos de los procesos específicos se han llevado a cabo tradicionalmente  a mano no solo porque fuese más barato, sino también porque las propias características de los procesos, relacionadas con elementos como la flexibilidad de los materiales, el encaje fino o la gestión de tolerancias hacen verdaderamente difícil su automatización. La experiencia que Foxconn va a desarrollar con sus Foxbots en una línea de montaje como la del iPhone es susceptible de alterar de manera drástica el panorama competitivo a nivel internacional.

A continuación, el texto completo de la columna:

 

Ya están aquí

Foxconn, el mayor fabricante de China, un monstruo con más de 1.2 millones de trabajadores en plantilla, ha anunciado que para la producción del próximo terminal de Apple empleará unos diez mil “Foxbots”, robots con un coste de entre veinte y veinticinco mil dólares y capaces de construir unos treinta mil terminales al año cada uno, que  están ya en sus últimas fases de pruebas.

Se desconoce aún si los robots serán capaces de llevar a cabo el proceso completo de fabricación del terminal, o si se centrarán en tareas específicas que serán completadas por mano de obra humana. Hay labores de ensamblaje y manipulación cuya robotización supone un reto complejo. Pero la robotización a esa escala de una cadena de producción como la de Foxconn marca un momento histórico que podría desequilibrar duramente la balanza económica del futuro.

Durante años, China fue la gran potencia industrial de la manufactura, entendida como producción desarrollada manualmente tomando como base unos costes laborales muy bajos. En China, todo lo que podía hacerse a mano, se hacía a mano – con todo lo que ello conllevaba en términos de costes bajos, pero también de irregularidades en la calidad y de posible explotación de los trabajadores.

El gigante asiático ha consolidado así una ventaja que le ha llevado a liderar el crecimiento económico a nivel mundial, pero en el curso del cual ha ido evolucionando, lógicamente, hacia sueldos cada vez mayores. Empresas españolas que fabrican en China comentan ya que en muchos casos, ingenieros chinos cobran ya sueldos superiores a los de muchos ingenieros españoles.

Que China se convierta en una potencia mundial en robótica puede tener potentes implicaciones competitivas de cara al futuro. Habrá que planteárselo: ya están aquí.

 

(This article is also available in English in my Medium page, “They’re here: getting used to the idea of a robotized China“)

Twitter, el marketing y las war rooms

Escrito a las 6:47 am
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#Ha llegado el momento de la verdad - Capital (pdf, 5.4MB)De nuevo, una semana complicada para Twitter en los mercados vuelve a traer la discusión sobre la viabilidad futura de la compañía: su marcha irregular en el mercado y sus importantes caídas, generadas por un crecimiento en número de usuarios no tan elevado o tan sostenido como el que se preveía en el momento de su primera oferta pública de acciones parece generar dudas sobre la evolución del valor.

En un reciente artículo en Capital titulado “#Ha llegado el momento de la verdad” (pdf, 5.4MB), Jordi Benítez me pedía mi opinión sobre Twitter al hilo de sus aparentemente discretos resultados. Desde mi punto de vista, el gran problema de la compañía radica en la incapacidad para explicar quien es y lo que hace: en Twitter todavía persisten muchísimos mitos relacionados con su primera época, con el momento en que servía básicamente para saber qué hacían los amigos a los que decidías seguir, cuando su función original provenía básicamente de la idea de ser una especie de “red social” entre los participantes. Desde ahí, Twitter ha evolucionado para convertirse en algo completamente distinto, en el sitio que recoge el pulso constante del mundo en todo tipo de temáticas, en la escena en la que se desarrolla una conversación constante entre marcas y usuarios, en un elemento de inteligencia ambiental capaz de generar una imagen constante de nuestra actividad.

A la hora de explicar su función, Twitter hace un trabajo más bien discreto: se limita a proporcionar la herramienta, ofrecer al nuevo usuario un abanico de posibles cuentas a seguir, y a esperar a que ese usuario, de alguna manera, “se ilumine” con el uso. Algo que, en muchas ocasiones,tarda en pasar, o solo sucede después de algunos períodos de vacilación, abandono u observación.

La marcha real de la compañía, sin embargo, es más que positiva: el uso se consolida, sobre todo vinculado a eventos de todo tipo: algunos momentos de la semifinal del Mundial de fútbol entre Brasil y Alemania alcanzaron la cifra de 580.000 tweets por minuto, reflejando unos niveles de atención que ya querrían para sí muchas herramientas. El volumen de negocio no deja de subir y se espera que alcance entre 1.2 y 1.25 miles de millones de dólares este año, doblando los $665 millones que facturó en el ejercicio anterior. Pero lo más importante es que Twitter está redefiniendo en muchos sentidos la forma de hacer publicidad: frente a soportes que únicamente plantean el modelo clásico de impresiones o de eficiencia a través de la exhibición repetitiva de unos anuncios que cada vez nos resultan más aburridos o incluso más molestos, Twitter propone una participación genuina de las marcas en la conversación, una forma de convertirse en relevantes mediante la simple lógica de ser relevantes, de estar allá donde el usuario o el prospect quieren que estés: comentando un evento, siendo gracioso u ocurrente, contestando cuando se te pregunta o inquiere algo, haciendo promociones…

Un modelo verdaderamente nuevo en el que las marcas se organizan de forma diferente, constituyendo auténticas war rooms en las que se reúnen expertos de analítica que monitorizan un determinado evento junto con creativos, responsables de producto y asesores jurídicos para tratar de generar momentos de atención que se conviertan en virales, que humanicen la marca, que alimenten la comunidad que la rodea, que sean capaces de circular llevados por la participación de usuarios que toman un papel activo en su difusión y que interactúan con ella. Un formato que aleja a la marca de “la cantinela” del anuncio repetido mil veces, pero que la expone a la atención de una forma que, en muchos casos, puede tener una gran eficiencia, un gran valor referencial. Momentos de alta intensidad publicitaria, de elevadísima exposición del mensaje, unidos a una presencia constante, a un desarrollo de comunidad gestionada con muchísima atención, a un análisis constante del sentimiento y a un desarrollo de elementos promocionales que permitan la conversión de esos elementos de proximidad en ventas reales y en valor económico. El modelo de atención, redefinido en torno al ágora donde se desarrolla una parte importante de la conversación en abierto de la sociedad.

Si algo está logrando demostrar Twitter, aunque sea lentamente, es que el marketing se está redefiniendo, y que muchas de las campañas que antes considerábamos exitosas o modélicas nos parecerán, dentro de no mucho tiempo, tan trasnochadas como hoy nos parece la publicidad de los años ’50. Presumiblemente, Twitter seguirá ahí entonces para recoger los frutos de esa redefinición. Pero para ello, tendrá que hacer un mejor trabajo explicando quién es, lo que hace y las posibilidades que ofrece, sin perder su esencia, sin caer en un uso que la acerque a los atributos de la publicidad tradicional que generan rechazo, y dando lugar a casos de éxito que permitan la proyección de ese nuevo tipo de estrategias. No, ni es fácil, ni tiene el éxito en absoluto garantizado. Pero al menos es quien más se está acercando a redefinir conceptos como la relevancia y la atención. Si te interesa el marketing y su evolución, piensa cuanto darías por estar o por ver a través de un agujerito una de esas war rooms.

 

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Monarquía y redes sociales

Escrito a las 7:16 am
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Monarquía y redes sociales - Capital (pdf)Arturo Criado, de la revista Capital, me pidió un artículo acerca del uso de las redes sociales por parte de la monarquía española, tratando de introducir algunas claves estratégicas acerca de cuál debería ser el uso que una institución como la Casa Real debería o podría permitirse hacer de una herramienta comunicativa con tanto potencial como esa, pero que tiende a generar tantos recelos, miedos y prevenciones. El artículo se titula “Monarquía y redes sociales” (pdf).

Para plantear el artículo, documenté extensamente el uso que otras casas reales hacen de herramientas como Twitter o Facebook, el nivel de unidireccionalidad o bidireccionalidad que gestionan, el tipo de cuentas a las que siguen, la actividad que mantienen en cuanto a retweets y replies, el uso personal frente a puramente institucional, etc. Como ejercicio, resultó bastante interesante, porque me permitió apreciar bastantes diferencias de planteamiento entre monarquías más clásicas, envaradas, serias o distantes, típicamente con una sola cuenta oficial; frente a otras más modernas, dinámicas o en las que predomina un uso más directo, con cuentas personales múltiples o, incluso en ocasiones, con esquemas de comunicación informal.

A continuación, el texto completo del artículo:

 

Monarquía y redes sociales

El relevo en la jefatura del Estado plantea, sin duda, un reto importante en términos de comunicación: ante un deterioro y un cuestionamiento progresivo de la imagen de la monarquía, la institución se encuentra ante la imperiosa necesidad de presentar una imagen más moderna, más próxima y capaz de, como bien dijo el nuevo rey en la frase final de su discurso de proclamación, inspirar orgullo a los españoles.

El orgullo es un sentimiento que nace de la admiración. Y en ese sentido, pocas cosas resultarían más admirables que la capacidad de la Casa Real para asumir una imagen de modernidad y transparencia que la acerque a los ciudadanos a través de las redes sociales. Indudablemente, la participación abierta en un entorno bidireccional supone un reto en muchos sentidos, pero debe asumirse como algo natural: permanecer al margen de ese medio daría lugar a una percepción anquilosada, anticuada y oficialista.

El pasado 21 de mayo, la Casa Real estrenó su perfil en Twitter. Sin duda, una de las herramientas más adecuadas para servir a los fines comentados. Sin embargo, existen múltiples síntomas que revelan un uso excesivamente envarado y rígido: la cuenta sigue únicamente a otras casas reales europeas (Bélgica, Holanda, Noruega, Reino Unido, y el Gran Ducado de Luxemburgo), además de a instituciones españolas como el gobierno, el Congreso y el Senado. Una circunstancia que ofrece una imagen claramente clasista y elitista, y que contrasta con las casi doscientas cuentas a las que sigue la monarquía británica, las casi setecientas de la Casa del Príncipe Carlos de Inglaterra, o las más de veintidós mil a las que sigue la monarquía noruega. La reina Mette-Marit de Noruega, sin ir más lejos, mantiene una presencia propia en Twitter independiente de la de su Casa Real desde noviembre de 2011, y sigue a más de mil cuentas.

¿Tiene sentido que una persona de cuarenta y seis años con una formación impecable y casado con una profesional de la comunicación mantenga una presencia en Twitter envarada, distante y que escribe mensajes exclusivamente institucionales? Sin pretender un diálogo constante y abierto, que resultaría imposible por su característica de asimetría comunicativa y sumamente complejo en términos de interlocución, los reyes Felipe y Letizia deberían aspirar a tener perfiles personales y activos, en los que poder seguir a cualquier persona que les resulte – dentro de unos límites razonables y protocolarios – interesante, que pueda contribuir a considerarse bien informados, e incluso pudiendo contestar a determinadas cuestiones en función de circunstancias específicas. Otras casas reales hacen retweet ocasionales de numerosos temas, animan a sus selecciones nacionales en competiciones deportivas, hacen gala de una imagen más distendida, o incluso abrazan causas humanitarias o de interés social con notable entrega, como es el caso de Noor o de Rania de Jordania, sensiblemente comprometidas con organizaciones internacionales o con los derechos de la mujer y de los niños.

No, mantener una cuenta en Twitter, una página en Facebook o un blog siendo miembro de una Casa Real no implica necesariamente la necesidad de aparecer rígido, envarado y elitista. Se puede hacer, sin duda, mucho mejor. Por otro lado, el papel de los reyes es, en la sociedad y las instituciones españolas, equivalente a un factor que en management siempre ha sido definido como clave en la consecución de los objetivos estratégicos: el apoyo de la alta dirección. Solo con una monarquía moderna y comprometida con una comunicación a la altura de las circunstancias puede contrarrestarse el espantoso desastre que supone tener un gobierno, un Congreso o un Senado que desprecian la tecnología y la consideran una especie de “fuente de todos los males” contra la que es preciso “proteger” a la ciudadanía. Ese “gran desafío de impulsar las nuevas tecnologías” que mencionó el nuevo rey en su proclamación tiene que mostrarse en más sitios que en los discursos si quiere que sea de verdad tomado en serio.

En una monarquía constitucional, el papel de los reyes debe alejarse de cualquier consideración de lejanía y elitismo, y servir el papel que de verdad se les encomienda: la representación y la diplomacia. En ambos roles, un buen uso de las redes sociales puede convertirse en un aliado fundamental.

 

(This article is also available in English in my Medium page, “King Felipe of Spain: a right royal Twitter“)

El absurdo conceptual del “derecho al olvido”, demostrado en la práctica

Escrito a las 9:27 am
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IMAGE: Amy Walters - 123RFMi postura con respecto a ese supuesto “derecho al olvido” ya ha sido expuesta en varias entradas anteriores, y no ha cambiado un ápice desde que comenzó la polémica en ese sentido. Hoy a las 19:30 participaré en una mesa redonda sobre el tema en la Fundación Canal (abierta con inscripción previa, y streaming disponible), así que podéis considerar esta entrada simplemente como una forma de ordenar y exponer mis ideas al respecto previa al debate con la sala. Participarán también Antonella Broglia, Guillermo Cánovas y José-Luis Piñar, y estaremos moderados por Carlos Rodríguez Braun.

Una desastrosa decisión del Tribunal de Justicia de la Unión Europea del pasado 13 de mayo pretendió consagrar un supuesto “derecho al olvido”, una teórica posibilidad de “borrar o maquillar el pasado”, completamente en contra del criterio del Abogado General. La situación no es habitual: es muy poco frecuente que el TJUE actúe en sentido frontalmente contrario al del Abogado General. ¿El problema? Nos hartamos de repetirlo: que el olvido no es un derecho, sino un proceso fisiológico que no puede ser demandado. Nadie puede obligar a nadie a olvidar algo, por mucho que se empeñe, y con la red pasa exactamente lo mismo.

Pero si añadimos el demencial procedimiento de intentar eliminar no la información en cuestión, sino los enlaces que apuntan a ella desde los buscadores, la cuestión ya roza el ridículo más absoluto: no se podrá encontrar información en un buscador, pero sí en las páginas originales. Cuando quieras investigar a alguien, tendrás o bien que entrar desde un país no sujeto a censura, o bien acceder directamente a los buscadores de los medios originales. En resumen, una soberana estupidez, equivalente a que el TJUE, en esta ocasión, haya jugado el papel del aprendiz de brujo, cocinando una pócima imposible cuyos efectos nadie es capaz de anticipar, pero que cada vez más actores anticipan como muy peligrosas.

El pretendido “equilibrio” entre el recibir información veraz por cualquier medio de difusión (artículo 20.1d de la Constitución) y el de limitar el uso de la informática para garantizar el honor y el derecho a la intimidad personal (artículo 18.4 de la Constitución) tampoco es real, porque lo que se pone supuestamente en conflicto no lo está realmente: obviamente, recibir información veraz es un derecho. Pero el honor y el derecho a la intimidad personal no se salvaguarda atacando a una herramienta de búsqueda, sino yendo al origen del problema, a la fuente que publicó la información que supuestamente atenta contra el honor y la intimidad personal. Nos hemos hartado de repetirlo: si antes del desarrollo de la red nunca se pretendió ir por las hemerotecas arrancando páginas, tampoco ahora puede pretenderse ir por el mundo censurando enlaces y photoshoppeando el pasado. Es exactamente lo mismo, fricción arriba, fricción abajo. Y si no parece adecuado patrullar la red con una supuesta goma de borrar, menos aún lo es, en lugar de eliminar la información teóricamente infractora, tratar simplemente de difuminar de manera torpe los caminos que conducen a la misma.

El problema, en realidad, empezó mucho antes, cuando las todopoderosas industrias del copyright consiguieron, tras forzar a múltiples gobiernos para legislar a favor de sus intereses y en contra de los de sus ciudadanos y de los creadores, obligar a Google y a otros buscadores a eliminar los resultados de búsqueda que conducían a páginas que presuntamente llevaban a cabo violaciones de la propiedad intelectual. En ese momento se consagró la idea de una “internet paralela”, de contenidos que existen pero que no son indexados. Algo que nunca sirvió para absolutamente nada – las descargas han proseguido, y si en algo se han reducido no es por no estar indexadas, sino por la propuesta progresiva de más y más modelos de negocio eficientes – y que nos acostumbró como sociedad a vivir en una mentira, a mirarlo todo a través de un absurdo velo.

¿Qué ha hecho Google ante la decisión del TJUE? Simplemente, tratar de cumplir con la ley lo antes posible… para poder así demostrar de manera clara hasta qué punto es un error. El pasado 3 de julio, en lo que podría considerarse una campaña de relaciones públicas desarrollada a la inversa, Google comenzó a notificar a medios como la BBC o The Guardian de que determinados enlaces a noticias publicadas por ellos no aparecerían más en el buscador, porque alguien así lo había demandado. La ausencia de un “proceso de apelación” que permita a los medios reclamar contra la desaparición de sus enlaces ha dado lugar a un nivel de confusión total: tras las protestas de los medios, Google ha restaurado algunos de los enlaces previamente eliminados, tratando de resaltar de manera clara el sinsentido que supone todo el procedimiento. ¿De verdad queremos vivir en una sociedad que se dedica a ir arrancando del buscador páginas de la BBC o de The Guardian que respondieron en su momento a informaciones correctas y fidedignas, simplemente porque alguien opina que no benefician a su imagen? Es sencillamente absurdo, una hipérbole desmesurada, una muy mala conceptualización, y una peor implementación.

Para terminar de liar el tema, está el hecho de que Google plantee “avisar” de la eliminación de los enlaces debido a la aplicación de la ley: una página de búsqueda correspondiente a una persona con una advertencia al pie se convertirá, a todos los efectos, en un reclamo que invita a profundizar en esa búsqueda, convirtiendo si cabe el tema en algo todavía más absurdo y sin sentido.

No se trata de plantear posiciones “en defensa” o “en contra” de Google. Google solo es un actor más aquí, el más grande, pero un actor más. Si esto prosigue, lo siguiente será acudir a todos aquellos que tenemos una función de búsqueda: desde Twitter a Facebook, pasando por cualquier página que permita buscar, incluyendo esta misma que estás leyendo. Te guste o no el modelo de negocio de Google, y plantees o no una regulación de las formas que tienen de explotar la información de sus usuarios – que, por otro lado, resultan infinitamente menos intrusivas y molestas que lo que se hacía en el A.G. (“antes de Google”) – debemos darnos cuenta que lo que está en discusión no es un juicio de valor sobre la compañía, sino algo infinitamente más grave y peligroso.

Que una ley ofrezca a alguien la posibilidad de “maquillar” su pasado, de jugar con él y con la libertad de alguien para comentar lo que en algún momento hizo o dejó de hacer es algo peligrosísimo, prácticamente orwelliano. Son cosas con las que no se puede jugar. Que se haya planteado además mediante el subterfugio de la consulta directa al TJUE con el fin de obtener un dictamen supuestamente inapelable es algo todavía más peligroso, pues ha conseguido hurtar la cuestión al debate judicial previo a la máxima instancia. El TJUE es un tribunal de última instancia, no está para acudir a él directamente. Y este caso es la demostración clara de que no debe ser así.

Repetimos: EL “DERECHO AL OLVIDO” NO EXISTE, NUNCA HA EXISTIDO, Y NUNCA VA A EXISTIR, lo legisle quien lo legisle. Es una invención absurda, un artefacto legal carente de sentido. Las cosas no pasan a tener carta de realidad porque alguien legisle sobre ellas. Nadie tiene ni puede tener derecho a promover el olvido y photoshoppear su vida, porque el olvido no se produce cuando uno quiere o cuando lo dice una ley, sino cuando otros olvidan de manera accidental, mediante un proceso fisiológico. Si de verdad como sociedad creemos conveniente que las cosas que han pasado sean eliminadas de los registros públicos, lo cual de por sí ya resulta bastante siniestro, habrá que orquestar otros medios, pero radicados en las fuentes, no en las herramientas de búsqueda. Los buscadores están y deben estar hechos para buscar.

ACTUALIZACIÓN (10 de julio): ABC recoge algunos temas mencionados en la mesa redonda, “La sentencia del Tribunal de Justicia europeo sobre el derecho al olvido es engañosa” (pdf).

 

(This article is also available in English in my Medium page, “The absurd concept of the ‘right to be forgotten’, as shown in practice“)

The other photo

Escrito a las 10:44 am
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The Other Photo (by Kerry Parke)Kerry Parke, del Departamento de Comunicación de IE Business School, me fotografió y entrevistó para The other photo, una página en la que publica periódicamente perfiles de profesores del IE tratando de mostrar otras facetas de su personalidad, aficiones, etc.

La fotografía original está tomada en el High Line de Nueva York, el pasado mes de marzo.

No, la caída de Gowex no tiene nada que ver con la tecnología

Escrito a las 4:52 pm
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Gowex crisis

La dura caída de Gowex, con una valoración de mil cuatrocientos millones de euros que se han evaporado completamente en menos de una semana, debería plantear muchas reflexiones… pero no necesariamente las que estoy viendo escritas en muchos sitios. La primera, y para mí la más clara, es que la cuestión no tiene absolutamente nada que ver con el ámbito de actividad de la compañía. Empresas que falsean sus cuentas las hay, desgraciadamente, en todas las industrias, desde el financiero hasta el inmobiliario pasando por cualquier otro. La industria de la tecnología, por mucho que se diga, no ha sido nunca especialmente  protagonista de este tipo de noticias. Que un CEO se lance a una espiral desenfrenada de crecimiento completamente por encima de sus posibilidades que le lleve a falsear sus cuentas y a engañar tanto al regulador como a sus accionistas es algo desgraciado, pero que puede ocurrir en cualquier sector. Tuve la oportunidad de conocer a Jenaro García hace ya bastantes años y parecía una persona con las ideas claras, capacidad de gestión y unas ambiciones fuertes, pero que de ninguna manera podían llevar a presagiar el lío en el que ha terminado metiéndose.

La segunda cuestión, obviamente, afecta a ese regulador: los mercados financieros no están fuertemente regulados por casualidad ni por capricho, y claramente, los mercados en los que Gowex cotizaba (el Mercado Alternativo Bursatil de Madrid, el OTC de New York y el Euronext de París) han demostrado o bien que sus controles no funcionan, o que no lo hacen como deberían hacerlo. Lo razonable es que el caso Gowex desencadene un fuerte replanteamiento de esos controles a todos los niveles: alternativo no puede ser sinónimo de “vale todo”. Una cosa es que sean necesarios mecanismos para que el dinero de los inversores llegue a las empresas,y otra que el hecho de reducir determinadas cuestiones relacionadas con la escala conlleve riesgos que podrían ser claramente evitados. La caída de Gowex es debida fundamentalmente al fallo de esos controles, y no solo arrastra a sus inversores, que al menos habían tomado conscientemente la decisión de arriesgar su dinero, sino a todos los españoles: la empresa había recibido importantes ayudas en forma de créditos blandos de diversos organismos públicos.

La tercera tiene que ver con la forma en que se ha descubierto el fraude: una empresa como Gotham City Research no podría haber existido de no ser porque el desarrollo y popularización de la red lo ha permitido. La empresa se dedica claramente a localizar empresas con problemas que puedan evidenciar, y ganar dinero tomando posiciones bajistas con respecto a ellas, posiciones que se convierten en realidad cuando sus informes, presumiblemente investigados de manera rigurosa o con argumentos bien razonados, son publicados. El informe de Gotham City Research sobre Gowex era terriblemente duro y ni siquiera era especialmente profesional en su aspecto: lleno de valoraciones subjetivas, pero asentado en observaciones que cualquiera con acceso a la red y un poco de dedicación podría haber obtenido. Precisamente es eso, la posibilidad de que hoy cualquiera con los conocimientos adecuados y un poco de dedicación pueda acceder a información sobre una compañía sin moverse de su mesa de trabajo y mediante únicamente algunos clics de ratón, es lo que ha permitido que una empresa como Gowex haya caído antes de provocar un agujero aún mayor.

La red es una herramienta que facilita una mayor transparencia, o que incluso la exige. La caída de Gowex, hace años, habría tardado seguramente mucho más tiempo en tener lugar: analistas como Gotham no tendrían ni sitio en el mercado, ni herramientas para llevar a cabo su trabajo, ni menos aún un canal para dar a conocer sus conclusiones. En el mundo actual, cualquiera puede analizar algo, llegar a unas conclusiones, y divulgarlo con todas sus consecuencias. Si de algo sirve la caída de Gowex es para que quienes tengan cosas que ocultar se preocupen más, porque siempre puede haber un Gotham que te ponga en su punto de mira – de hecho, no deja de ser un negocio potencialmente lucrativo, parecido al de los cazadores de recompensas de hace años.

No, sucesos como el de Gowex no tienen que ver con el ámbito de actividad de la compañía, ni con la industria tecnológica, ni con internet, ni con el hecho de que el WiFi sea una tecnología con un impresionante potencial. Tienen que ver con situaciones insostenibles y ambiciones desenfrenadas que tienen lugar en todas las industrias, con el fallo de las auditorías y los sistemas de control de determinados mercados bursátiles, y con la caída de las barreras de entrada al análisis bursátil. Pronto veremos muchos más jugando al juego de Gotham City Research, producidos por cualquiera con vocación de analizar una industria o una empresa desde su casa, planteando análisis duros que las empresas tendrán que rebatir, y que se convertirán en un mecanismo más de control. Francamente, no creo que sea mala cosa.

God save the Net

 

ACTUALIZACIÓN: entrada citada en El Economista, “Enrique Dans: ‘La caída de Gowex se debe al fallo de los controles de los reguladores’“, y en EFE, “Caso Gowex, el wifi gratis pende de un hilo en múltiples ciudades“.

(This article is also available in English in my Medium page, “Gowex: brought down by a modern-day bounty hunter“)

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