El Blog de Enrique Dans

Google es un monopolio predatorio: ¿y ahora qué?

Escrito a las 3:57 pm
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Be evilUn documento de 160 páginas de la Federal Trade Commission (FTC) del año 2012 filtrado a The Wall Street Journal viene a probar lo que muchos llevamos mucho tiempo afirmando: que Google hace un uso predatorio de su condición de monopolio en la búsqueda con el fin de perjudicar a posibles competidores. No solo que lo hace, sino que, además, la FTC lo sabía, recomendó claramente y por escrito proceder judicialmente contra la compañía y, sin embargo, se limitó a desestimar el tema y cerrarlo con sanciones mínimas. Básicamente, no hizo nada.

El documento demuestra claramente que la compañía incurre en todas las prácticas de las que ha sido acusada durante los últimos años: extrajo información de competidores (scraping) aprovechando su privilegiada posición de motor de búsqueda al que estos tenían forzosamente que abrir sus contenidos para que estos fuesen encontrados, perjudicó artificialmente la posición de estos competidores en sus resultados, y al revés, manipuló esos mismos resultados para situar sus servicios en posiciones más visibles, cuando no directamente los situó en lugares privilegiados sin más explicación. Estas maniobras no solo perjudicaron a sus competidores y beneficiaron sus servicios, sino que además fallaron en su teórica misión de cara a los usuarios, ofreciendo resultados que no eran los más relevantes en sus búsquedas.

Más alarmante todavía resulta el hecho de que estando toda esta información en un informe de la FTC, el regulador tomase la decisión de no hacer prácticamente nada al respecto. Que la causa sea la fortísima inversión en lobbying de la compañía o algún tipo de instrucción de estamentos políticos superiores no es lo importante ahora: el caso es que Google no solo ha falseado su misión, “to organize the world’s information and make it universally accessible and useful”, y su lema, “don’t be evil”, sino que además, le ha salido prácticamente gratis, tanto en los Estados Unidos como en Europa. Para la forma de competir de Google, sencillamente, vale todo. 

Competir con Google es prácticamente imposible. Si te esfuerzas por ofrecer un servicio en la web y te va bien haciéndolo, tu crecimiento llamará su atención, y en no mucho tiempo, desarrollará un servicio similar, utilizando si hace falta para ello la información que extrae de tus propias páginas – páginas que no puedes evitar que vea, porque eso conllevaría no salir en sus resultados y convertirte en completamente invisible, lo que equivale en la practica a cometer un “SEOcidio”. Durante muchos años, Google ha llevado a cabo esta estrategia sin ningún tipo de pudor: con negar los hechos, por evidentes que estos fuesen, le ha bastado. Cuando empezó a sentir que el cerco se cerraba un poco, pasó a tratar de disimular mediante la adquisición de compañías: la compra de Zagat, por ejemplo, tiene todo el aspecto de ser un claro caso de intentar probar que tenía acceso a datos propios, y que no estaban simplemente copiando y reutilizando los de otros competidores.

No contenta con alterar arbitrariamente los resultados de sus búsquedas para beneficiar sus servicios y perjudicar a sus competidores, la compañía ha pretendido blindarse para poder hacerlo con impunidad: recientemente, ha obtenido un importante triunfo judicial cuando sus páginas de resultados han pasado a ser consideradas una publicación protegida por la Primera Enmienda de la Constitución de los Estados Unidos, lo que autoriza a la compañía a manipularlas.

Google es una compañía que, en muchos sentidos, ha cambiado la forma en que accedemos a la información, la manera en que muchos trabajamos, y muchas cosas más. Sin duda, la idea que Larry Page y Sergey Brin tuvieron de aplicar un criterio social a las búsquedas para así construir la relevancia de la misma manera en que se hacía en el mundo académico con el citation index ha cambiado el mundo tal y como lo conocemos. Pero al tiempo, Google ha superado la marca que batió Microsoft, que necesitó veinticinco años para convertirse en un monopolio predatorio: Google tan solo ha necesitado quince – en realidad, unos cuantos menos. Preocupante si consideramos que el ese tan poco honorable récord había sido ostentado anteriormente por IBM, que consiguió evitar sanciones por competencia monopolística predatoria a los aproximadamente cincuenta años de su constitución, y por AT&T, que las sufrió aproximadamente a los cien años de su fundación como Bell Labs. Que los monopolios predatorios se obtengan y se exploten cada vez más rápido solo puede significar una cosa: los consumidores necesitamos más protección.

 

This article is also available in English in my Medium page, “Google is a predatory monopoly, so what are we going to do about it?”

Conectividad al margen de internet… y piedras verdes

Escrito a las 2:57 pm
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GreenStoneFireChat, la herramienta de mesh networking que saltó a la fama con la “revolución de los paraguas” de Hong Kong del pasado año cuando los manifestantes comenzaron a utilizarla para conectarse y coordinarse, acaba de recibir el premio “Innovation in connecting people” en el SXSW y de anunciar el desarrollo de GreenStone, un pequeño dispositivo o beacon que actúa como nodo de conectividad y punto de intercambio de mensajería, para dar más alcance a las redes creadas con FireChat

La idea de FireChat surgió en torno a eventos multitudinarios como conciertos o concentraciones en lugares con escasa o nula conectividad, o en los que existía una probabilidad elevada de saturación de la red. La idea es proporcionar conectividad off the grid, al margen de la red mediante redes mesh en las que cada dispositivo actúa como un nodo para transmitir mensajes entre los usuarios o desde la organización.

Tras el lanzamiento de la herramienta en marzo de 2014, empezó a ser utilizada en Irak a raíz de las restricciones que el gobierno del país estableció sobre internet, y de ahí pasó a Hong Kong en un intento de evitar la vigilancia del gobierno chino o posibles cortes de la conectividad en las zonas de las revueltas, a pesar de que los creadores de la app, Open Garden, avisaron claramente de que ese no era el uso original de su herramienta y que los usos destinados a evitar una posible vigilancia o represión podían acarrear problemas a los usuarios: los mensajes no tienen cifrado de ningún tipo y deben entenderse como comunicación pública, como quien publica algo en una cuenta en abierto en una red como Twitter en la que los usuarios pueden adoptar un seudónimo o nick, pero pueden resultar muy interesantes a la hora de coordinarse o para transmitir información de diversos tipos.

El pequeño dispositivo, pensado para tener un precio muy barato, está equipado con una batería que dura un año, empieza a funcionar inmediatamente sin necesidad de configuración de ningún tipo, es resistente al agua, y contiene un sensor de luminosidad, un acelerómetro, y conectividad mediante Bluetooth LTE. En el momento en que una persona con la app de FireChat instalada pasa a seis metros o menos del beacon, este recibe los últimos mensajes hasta un total de mil, los almacena y los transmite a todos los usuarios que pasen cerca a partir de ese momento. La idea es incrementar el alcance de las redes recurriendo a dispositivos más baratos que los propios smartphones que la integran.

La comunicación en estas redes, por tanto, se desarrolla al margen de internet y sin necesidad de una conexión, lo que ha llevado a denominarlas un-internet. Los usuarios pueden, en caso de tener conectividad, seguir utilizando sus herramientas habituales, y simplemente recurrir a FireChat para otros usos. El uso está por determinar, pero podríamos encontrarnos piedras verdes de este tipo dispuestas en lugares de reunión habituales, como estadios o recintos en los que tienen lugar otros eventos multitudinarios, con el fin de facilitar la conexión mediante mensajería instantánea de los asistentes, pero no sería extraño que, como ocurrió en el caso de FireChat, surgiesen otro tipo de usos para facilitar conectividad al margen de internet en otros lugares.

 

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Entornos sociales y percepciones

Escrito a las 6:56 pm
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IMAGE: Stuart Miles - 123RFFacebook dedica una amplia entrada en su Newsroom a tratar de explicar y clarificar sus criterios con respecto a la eliminación de contenido, la gestión de la identidad  y las peticiones de información gubernamentales, una entrada que me parece recomendable para observa lo complejo que el tema puede llegar a resultar cuando se gestiona una comunidad de unos mil quinientos millones de personas con orígenes y culturas de todo tipo.

La entrada me sugiere una pequeña reflexión sobre las percepciones que tenemos en torno al funcionamiento de los distintos entornos sociales: las reglas que definen la interacción en una red son las que, en último término, condicionan el ambiente y las percepciones en ella. Y el caso de Facebook, aún con toda la crítica que han podido inspirar cuestiones delicadas como su política de nombres reales (que ha ido ocasionándole problemas con colectivos como el LGBT o los indios americanos, por poner solo dos ejemplos) o la eliminación de contenidos supuestamente obscenos que resultaban ser cosas tan lógicamente aceptables como mujeres dando el pecho a sus hijos u obras de arte, me genera una percepción como usuario más agradable que la que me pueden generar otras redes.

Me explico, no sin antes aclarar que voy a hablar de percepciones personales, y por tanto, no pretendo tener la razón ni ir más allá de la expresión de esas percepciones: en mi uso de Facebook, mi sensación habitual en la mayor parte de los casos es de control de la interacción. Si alguien, por ejemplo, me insulta o escribe contenido ofensivo en mi perfil o en mi página, tengo todo tipo de herramientas a mi disposición para controlarlo, desde la simple eliminación hasta el bloqueo, pasando por el reporte del incidente a la propia Facebook o por cuestiones tan curiosas como eliminar ese contenido pero que siga siendo visible para quien lo escribió y para sus amigos (siempre me ha parecido una idea sibilina, dejar al troll ahí, viendo su mensaje, pero extrañado porque nadie le contesta… algo sin duda diseñado por quien entiende el mecanismo que lleva a un troll a actuar en busca de atención). En general, en las escasas ocasiones en que me he podido sentir molesto en Facebook con los comentarios de alguien, he podido tomar control de la situación, eliminar el problema y mantener una percepción agradable, de sitio que cuida las dinámicas de interacción y convivencia.

Twitter, en cambio, supone el caso opuesto: ante cualquier insulto o salida de tono, las normas que supuestamente deberían servir para gobernar la interacción están, en general, entre lo inútil y lo absurdo, pasando incluso por lo contraproducente. Bloquear a alguien simplemente evita que te mencione, pero no que te siga insultando utilizando, por ejemplo, tu nombre real en lugar de tu nick. No evita que lea tus actualizaciones, simplemente le resulta un poquito – casi nada – más molesto porque tiene que entrar en tu perfil desde el navegador, pero eso es todo. Y reportar algo a Twitter es ya directamente de risa: aún considerándome una persona con la piel muy gruesa y que suele dar muy poca importancia a ese tipo de cosas, no ha habido ni una sola vez en la que Twitter haya considerado que mi protesta tenía razón, independientemente de cuál fuese el insulto o la amenaza, o en situaciones que, a mi entender, rozaban claramente el acoso. Da lo mismo. Para Twitter, supongo que la situación tiene que ser de amenazas de muerte directas y claras, que no puedan interpretarse en modo alguno como una ironía ni echándole mucha imaginación, o algo que resulte especialmente sangrante, para que la empresa tome algún tipo de decisión al respecto. La sátira siempre está permitida, por cruel que pueda llegar a ser, e incida en los aspectos que incida: puedes burlarte de quien sea y poner énfasis en lo que quieras, sean limitaciones físicas, defectos o lo que sea, con tonos de humor tan negros como el más negro de los carbones, que Twitter siempre dirá que está dentro de algún tipo de libertad de expresión y que no debe ser objeto de ningún tipo de acción.

El resultado es claro: mientras Facebook tiende a generarme una percepción positiva en su dinámica de interacción, me resulta tristemente habitual que en Twitter no sea así – y no me refiero particularmente a mí, que como digo, he aprendido a tener una piel bastante gruesa, sino a amigos o conocidos. Mientras en Facebook puedo controlar a alguien que entre en dinámicas de insulto permanente o de acoso, en Twitter carezco de ningún tipo de control, me siento completamente ignorado o hasta “desamparado” por parte de la compañía, y me obliga a tener mucho más cuidado con lo que digo para evitar que surjan malentendidos que generen ese tipo de situaciones. A nadie le agrada ser insultado, menospreciado o criticado de manera en muchas ocasiones innecesariamente cruel en público, pero la compañía hace gala de permitir todas esas situaciones y de no aplicar ningún tipo de herramienta de censura, salvo en casos muy específicamente delimitados.

¿Supone esto que estoy descontento con Twitter? No, en absoluto: como entorno, tiene muchas cosas fantásticas. Pero la pregunta es: ¿habría riesgo de perder algunas de esas cosas positivas si la compañía no hiciese una dejación prácticamente total de sus responsabilidades sobre la gestión de la comunidad? Sinceramente, creo que no.Una comunidad en la que no existen prácticamente normas de respeto y educación tiende a evolucionar mal. Considero que Twitter sería un entorno mejor si cuando alguien se siente gravemente insultado, amenazado o agredido pudiese reportarlo y encontrarse una respuesta positiva al otro lado, un “tienes razón, ese tweet está completamente fuera de lugar y se debe hacer algo al respecto”, y no un “no es nada, eres un llorica, déjanos en paz”. Pero obviamente, Twitter no piensa así, y prefiere una política en la que el criterio imperante sea un “vale todo”. Qué le vamos a hacer. Cuestión de percepciones…

ACTUALIZACIÓN (23/03/2015): Twitter anuncia una herramienta para eliminar los tweets amenazantes y abusivos del timeline de sus víctimas. No me parece la solución, creo que la cuestión no está en ocultar sino en disuadir, y que amenazar o acosar nunca debe salir gratis, pero al menos es algo, y prueba que algo de sensibilidad con el tema, al menos, pretenden tener…

 

This article is also available in English in my Medium page, “How important are good manners on the social networks?”

Entrevista en La Voz de Galicia

Escrito a las 3:44 pm
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Un futuro sin conectarse a la red sería posible, pero sería muy triste" - La Voz de Galicia (pdf) Estuve dando una charla sobre la evolución de la red y las dinámicas de alfabetización digital en la Diputación de Lugo, y Xose Ramón Penoucos me hizo una entrevista larga para La Voz de Galicia, el periódico que se leía en casa de mis padres cuando yo vivía en ella, cosa que siempre hace cierta ilusión :-)

Publicaron ayer un extracto bajo el título “Un futuro sin conectarse a la red sería posible, pero sería muy triste” (pdf). A continuación, el texto completo de las preguntas y respuestas que intercambiamos:

 

P. ¿La brecha digital se cerrará pronto en España,especialmente en comunidades muy dispersas como Galicia?

R. En un país como el nuestro en términos de renta media, la mayoría de la brecha digital no es nu problema económico, sino cultural. Las personas que están en situación de exclusión tecnológica son, salvo escasas excepciones, personas que simplemente no manifiestan interés en lo que la tecnología tiene que ofrecerles, es decir, lo analizan con un profundo desconocimiento de sus posibilidades. Hoy, la postura tecnofóbica no puede defenderse con seriedad, no tiene lógica posible, y las personas que deciden conscientemente renunciar a ella lo hacen por simple ignorancia. La lucha contra la brecha y la exclusión digital ya no es tanto una cuestión de recursos económicos como lo es de educación.

P. ¿Qué futuro le augura a la prensa escrita tal y cómo la conocemos?

R. La prensa escrita tiene un maravilloso futuro por delante, nos dirigimos hacia una auténtica Edad de Oro en el periodismo. Pero por prensa escrita, por supuesto, no me refiero a prensa en papel: el papel fue la mejor manera – la más eficiente – de transmitir información… pero solo hasta finales del siglo pasado. Ahora ya no lo es, y la prensa tiene que tomar conciencia de ello y abandonarlo. El papel es ya únicamente un soporte obsoleto, ineficiente, absurdo, incómodo y que no ofrece ninguna ventaja concreta más allá del romanticismo o la costumbre. Y para muchos medios, es realmente su mayor problema, porque mientras cuenten con los ingresos del papel, aunque sean decrecientes, no serán capaces de concentrar sus esfuerzos en una buena propuesta de valor en la red.

P. ¿Quién ganará la batalla entre la industria musical y las páginas que ofrecen descargas gratuitas?

R. La batalla la ganarán los usuarios – en realidad, ya la han ganado. Pueden seguir obteniendo su música de donde buenamente quieran con total libertad, y simplemente están a la espera de que la industria deje de pelearse con molinos de viento y se decida a ofrecer sus productos en unas condiciones que conviertan en absurda la alternativa de recurrir a quienes se aprovechan del trabajo ajeno.

P. ¿Las grandes compañías de Internet y telefonía realmente nos controlan por completo?

R. No, no controlan nada. Simplemente intentan vendernos sus productos, o intentan generar sistemas de gestión de la atención que nos permitan recibir publicidad de una manera que nos resulte interesante y ventajosa. Algunas lo hacen mejor y otras peor. Y en el caso de las empresas de telefonía, intentan desesperadamente escapar de la comoditización, de convertirse en las siguientes eléctricas o distribuidoras de agua.

P. ¿Será posible vivir en un futuro próximo sin estar conectados a la red?

R. Será posible, pero muy triste. La red ofrece tantas cosas, que renunciar a ellas será el equivalente moderno de la decisión de convertirse en monja de clausura. Puedes hacerlo, sí, es una decisión que eres libre de tomar, pero es muy dura y muy difícil de justificar, porque supone renunciar a muchísimas cosas.

P. ¿Es posible controlar Internet por parte de los gobiernos o grandes empresas o es poner puertas al campo?

R. Es imposible. Puede plantearse por breves períodos históricos de tiempo, pero si se insiste irracionalmente en ello, llegaremos al desarrollo de soluciones tecnológicas que lo convertirán en imposible, y que darán además forma a un escenario que será peor para todos. Pero que sea imposible no quiere decir que no debamos protestar y manifestarnos en contra de ello: si no se lucha, no se consigue nada.

P. ¿Los costes por estar conectados tienen a abaratarse o se mantendrán?. ¿Si bajan mucho cómo lograrán ingresos los proveedores?

R. La lógica económica dice que los costes de conexión descenderán a medida que el desarrollo tecnológico incremente el ancho de banda disponible. Cada vez más empresas pugnan por ofrecernos conectividad: en Estados Unidos, Google se ha convertido en un ofertante de fibra en un número creciente de ciudades. Ante una oferta cada vez mayor, lo lógico es pensar en una tendencia a la baja.

P. ¿Que viene después de la nube?

R. Después de la nube viene más nube. Los datos vivirán no en un servidor remoto, sino en una constelación de servidores en la que se mueven constantemente siguiendo, por ejemplo, a la luna, para obtener mejores tarifas de electricidad en horas valle, y con los datos replicados en varios sitios a la vez para evitar problemas derivados de un desastre de cualquier tipo. ¿Dónde están tus datos? Imposible saberlo, están en la nube. Ya hay empresas que funcionan así.

P. ¿Qué le parecen las grandes cifras que se pagan por compañías cuyo resultado económico a veces se desconoce?

R. Las compañías ya no valen la proyección en el tiempo de los flujos de caja que generan, sino que su valor se calcula en función de lo que pueden generar en manos de un tercero capaz de obtener sinergias de lo que esas compañías hacen gracias a la combinación con los activos que tiene el comprador. Pinterest no valía mil millones cuando Facebook los ofertó por ella, pero un servicio como el suyo, unido a una máquina de vender y diseñar publicidad como la que tiene Facebook, la han llevado a que hoy valga mucho más. El caso de WhatsApp, sin embargo, no está necesariamente tan claro.

P. ¿Cómo podemos defendernos de los bulos interesados que circulan por Internet?

R. Tenemos que adiestrarnos en habilidades que antes pertenecían a los periodistas entrenados y con experiencia, como la validación de fuentes y la investigación. Creerse lo primero que se encuentra uno en internet es característico de usuarios ignorantes y con poca experiencia, a medida que se utiliza más, vamos mejorando nuestras habilidades para ver, por ejemplo, quién dice qué, en qué sitio lo dice, la credibilidad que nos inspira, la posibilidad de hacer búsquedas adicionales de comprobación, etc. Pronto, serán habilidades que se enseñen en los colegios.

P. En su libro habla de neohumanismo. ¿En qué consiste?

R. El neohumanismo es la importancia cada vez mayor de la persona a medida que la tecnología le ofrece más posibilidades de expresarse como tal, de manejar sus propios canales de comunicación. Antes, lo importante de una persona cuando entregaba una tarjeta de visita era el nombre de la compañía para la que trabajaba, era ese dato el que le daba más o menos peso. Miles de personas disfrutan de mayor o menor autoridad por tener el cargo X en la empresa Y. En el futuro, la autoridad de la persona dependerá de quién es y qué ha hecho en su vida, no de para qué empresa trabaja en cada momento.

P. ¿Es imparable el software libre y recomienda su uso?

R. Por supuesto. La mejor manera de desarrollar es hacerlo con miles de ojos mirando, porque ante la mirada atenta de miles de ojos, todos los errores son sencillos de detectar y más fáciles de corregir. La calidad intrínseca acaba por ser mayor. Nada es más efectivo que la colaboración bien estructurada. Pero por supuesto, no todo tiene que ser llevado hasta sus últimas consecuencias, no hablamos de una religión, sino de decisiones empresariales.

P. ¿Los dispositivos informáticos seguirán siendo compatibles o algunos cree que desaparecerán?

R. Los dispositivos tienen una vida determinada, y terminan por ser sustituidos por otros mejores, o por la convergencia de sus funciones con las de otros que las absorben. No debemos “encariñarnos” con los dispositivos, son lo que se interpone entre nosotros y nuestros fines. Debemos estar dispuestos a probar cuantas más cosas mejor, a superar la inercia y la “pereza” ante el cambio, porque eso nos adiestra, nos hace más hábiles, nos enseña a ser más adaptativos, a tener una mejor actitud ante la innovación. Todo dispositivo puede ser “sublimado”, podemos hacer fantásticas fotografías con una cámara espantosamente limitada, pero debemos estar dispuestos a cambiarla si podemos acceder a una mejor.

Tomando apuntes

Escrito a las 10:58 am
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ApuntesMe llaman la atención en Twitter sobre un artículo en The Chronicle of Higher Education, The benefits of no-tech note taking, en el que una profesora, Carol E. Holstead, alerta sobre los beneficios de tomar apuntes a mano, con papel y bolígrafo, frente a hacerlo en un ordenador portátil o en otros tipos de dispositivos. En efecto, mi posición es exactamente la contraria: eliminar de manera radical el papel en el proceso educativo – mi posición, en realidad, es la de eliminar el papel en todas partes – y fomentar el uso de dispositivos. Pero en realidad, mis diferencias con respecto a la postura expuesta en el artículo van mucho más allá.

Estoy seguro de que tomar apuntes en una libreta y con un papel hace que memoricemos y retengamos mucho mejor lo que nos están contando en una clase. Totalmente seguro. Es más: si en lugar de permitir que los alumnos tomen notas con un bolígrafo y un papel, les obligamos a tomarlas con un cincel y un martillo sobre una lámina de granito, estoy plenamente seguro de que retendrán esos conocimientos muchísimo mejor.

Ironías aparte, me explico: el problema es establecer los objetivos del proceso educativo en términos de retención o memorización del conocimiento. Es sencillamente absurdo. En la época en la que el conocimiento está disponible a un solo clic de distancia, lo que tenemos necesariamente que primar en el proceso educativo no es la retención memorística a través de la toma de apuntes, sino la capacidad de asimilar y entender el conocimiento mediante la lógica, mediante el recurso a una combinación de inteligencia analítica e inteligencia intuitiva. La inteligencia intuitiva es un proceso prácticamente automatizado en nuestro cerebro, que se desarrolla con escaso esfuerzo y que no depende directamente de los recursos cognitivos memorizados o a los que tengamos acceso, pero que sí es preciso adiestrar – más que preciso, fundamental, diría yo, para una amplia variedad de tareas. La inteligencia analítica requiere un esfuerzo mayor y el acceso a recursos que almacenamos en la memoria, y que permiten resolver un problema o llevar a cabo un razonamiento a través de un proceso consciente, de un trabajo que muchas veces se desarrolla en varias secuencias.

Tradicionalmente, la inteligencia analítica se ha asociado con la memorización, pero no es así: en realidad, las personas más eficientes son las que entienden esos procesos, no las que los memorizan. La reiteración en las tareas juega sin duda un papel: una gran parte del aprendizaje consiste en la práctica mediante ejercicios, o en explicaciones destinadas a fijar determinados conocimientos en nuestro cerebro gracias a explicaciones sobre ellos. Lo que ya tiene poco sentido, y cada vez va a tener menos, es tratar de memorizar conocimientos sin más, mediante la repetición sin más, o “la repetición por la repetición”. Estructúrame lo que tengo que aprender, explícamelo, y ya me lo aprenderé. Si hay datos específicos, terminaré por memorizarlos si efectivamente mi cerebro decide que vale la pena hacerlo. Si no, sabré dónde ir a buscarlos, y sin duda, estarán cada vez más fácilmente disponibles.

La mayor parte de los estudios que los tecno-escépticos pretenden utilizar para argumentar el continuismo educativo, o la supuesta necesidad de que las instituciones educativas se mantengan al margen del progreso tecnológico y se conviertan en islas o reductos de metodologías del siglo pasado tienen un grave problema: asumen que los objetivos del proceso educativo no cambian, o lo hacen mínimamente. Para ellos, al final del proceso debemos tener una serie de estudiantes capaces de recitar una serie de conocimientos. Y eso es sencillamente absurdo. Si recitamos algo, será porque lo utilizamos tan a menudo que se habrá fijado en nuestra memoria. Para lo demás, lógica, intuición bien adiestrada, y capacidad de análisis, que son las habilidades que el proceso educativo debe adiestrar.

Durante mis años universitarios, fui un fantástico tomador de apuntes. Tan bueno, que lo habitual era, al pasear por la biblioteca de mi Facultad, ver mis apuntes fotocopiados en un buen número de mesas, muchas veces subrayados en mil colores. ¿Me ayudó ese tedioso trabajo de escriba a retener más los conocimientos? Posiblemente a corto plazo, pero nada más. Estropeó sensiblemente mi caligrafía, me convirtió en razonablemente popular porque prestaba a todo el mundo mis apuntes sin contrapartida alguna, pero eso es todo. Habría sido mucho más inteligente recibir los apuntes directamente del profesor – o de la red, si hubiese existido entonces – y dedicar ese valioso tiempo de adiestramiento a entender lo que había detrás de todos aquellos folios garabateados. Las metodologías del tipo flipped classroom, cada vez más en boga y que son la base de la formación en las escuelas de negocios, tienen mucho de esto: en lugar de dedicar el valioso tiempo de interacción en clase a algo tan absurdo como tomar apuntes, entrega esos apuntes, requiere un trabajo de asimilación previo a la clase, y dedica la sesión a discutir, razonar y fijar mediante el desarrollo de las estructuras mentales adecuadas, no a la retención memorística sin más.

La introducción de tecnología en el proceso educativo no tiene ningún sentido si no modificamos radicalmente tanto las metodologías en las que se basa la educación, como los supuestos objetivos que trata de cumplir. Pensar que el proceso educativo del futuro va a seguir basándose en memorizar conocimientos para volcarlos en un examen unas semanas después y olvidarlos posteriormente es, sencillamente, no haber entendido nada.

 

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Cambiando de pantalla en el avión

Escrito a las 9:14 pm
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Entretenimiento a bordo - Iberia Express

Ayer, en un avión de Iberia Express, tuve la ocasión de probar Immfly, una solución de entretenimiento que utiliza los dispositivos que lleva el propio pasajero para proponer contenidos, ofertas, cupones, estado del vuelo y toda la gama habitual de servicios que anteriormente solían ofrecerse en las pantallas de los asientos en vuelos de cierta duración.

La idea es enormemente simple: una red WiFi que da acceso a un servidor en el propio avión. No hay acceso a internet, únicamente a los contenidos en ese servidor situado a bordo. Tan sencillo como, tras poner el dispositivo en modo avión como indica la norma preceptiva, habilitar la WiFi, localizar la red, y teclear en el navegador la dirección indicada, o utilizar la app específica del servicio, que además permite llevarse los contenidos descargados para poder seguir viéndolos tras abandonar el avión. A partir de ahí, una oferta que incluye noticias, episodios de series de televisión (el día que lo probé se limitaba a algunas emitidas en Atresmedia), guías turísticas del destino, mapas del vuelo con la posición del avión e información sobre los parámetros de navegación, y sugerencias de actividades en el destino junto con los correspondientes cupones de descuento. Para la compañía, una forma de ofrecer entretenimiento con una inversión escasa, muy inferior a lo que supone situar una pantalla en cada asiento, que aprovecha los dispositivos que el pasajero ya llevaba consigo, y con la posibilidad además de generar un flujo de ingresos en función del uso del canal para cupones, ofertas comerciales, o patrocinio de contenidos. Para el pasajero, la posibilidad de seguir utilizando su dispositivo para acceder a una oferta de entretenimiento o leer noticias, curiosear información sobre su destino, o hacer planes en función de las ofertas disponibles.

En Iberia Express lleva habilitado algo más de un mes, según me comentaron, aunque a mí es la primera vez que me coincide verlo (me enteré gracias a unas pegatinas y unos folletos sobre el servicio que había en cada asiento). Una idea simple, pero que me ha parecido bien llevada.

Cuestión de educación

Escrito a las 8:48 pm
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IMAGE: Stephen Denness - 123RFMucho se está hablando de los problemas de los padres para educar a sus hijos en un contexto en el que no son capaces de renunciar a un dispositivo que, por un lado, todo su entorno les presiona para utilizar y, por otro, ejerce un atractivo absolutamente cautivador e irresistible por su versatilidad. Padres y educadores observan con desesperación cómo sus hijos, en determinados rangos de edad, son absorbidos – o prácticamente “abducidos” – por la pantalla de un smartphone en la que llevan a cabo actividades que van desde la comunicación social vía mensajería instantánea hasta juegos de todo tipo, y se convierten en seres prácticamente inertes, capaces de permanecer horas en actitud asocial, sin comunicarse con nadie ni responder a más estímulos que los que provienen del otro lado de la pantalla.

En este contexto, que alguien como yo sugiera, como efectivamente hago, que “la mejor edad para que nuestros hijos empiecen a tener acceso a un smartphone es cuando dejen de llevárselo a la boca”, es interpretado por muchos como un “se nota que no tiene niños de esta edad y con este problema” o directamente un “no se entera de nada”. Si unimos a esto la aparición de jueces de tribunales de menores que descubren la emoción de ser intensamente mediáticos y que afirman que “si un adolescente echa mano de su teléfono móvil nada más despertarse es que tiene un problema de adicción“, tenemos un problema servido: a la figura de un ex-juez de menores se le tiende a atribuir un cierto conocimiento del contexto y una cierta autoridad, hasta el punto de que pocos se detienen a evaluar si no estamos, simplemente, ante un retrógrado, un tecnófobo y un tremendista del calibre 9mm Parabellum.

No, no existen adictos a la tecnología, ni adictos a los móviles, como no había adictos a jugar ni adictos a hablar por el teléfono fijo. Los móviles no son una droga, como no es una droga un ordenador y como no es una droga internet. Hay, simplemente, niños maleducados, o dejación de responsabilidad de sus padres a la hora de educarlos. Hay, y ahí sí coincido con el juez anteriormente citado, padres que no saben educar, o que están absurdamente convencidos de que, como sus hijos son eso que algunos llaman “nativos digitales”, no les pueden decir nada sobre cómo utilizan la tecnología. Hay una generación de padres irresponsablemente convencida de que no puede ejercer autoridad de ningún tipo sin supuestamente “atentar contra la dignidad de los niños” o sin “provocarles un trauma”, y que les permite absolutamente todo: “niño, no le tires cubiertos a las personas de la mesa de al lado… jajaja, usted sabe, es que claro, son niños…” Hay padres irresponsables que usan el móvil y la consola como “botón mágico apaganiños”, o que los dejan en “la habitación del ordenador” sin supervisión alguna como si el ordenador fuese una baby-sitter. No, el móvil no es adictivo, y además, va a ser un componente importante del futuro de nuestros hijos, que les conviene saber utilizar con habilidad y con responsabilidad. El móvil ejercita más la escritura, y a escribir se aprende escribiendo, aunque se escriba con abreviaturas y se omitan los acentos: los apocalípticos que afirmaban que tendríamos una generación de niños que no sabrían escribir ya han sido puestos en evidencia cuando hemos comprobado que en los tests de expresión escrita, las generaciones posteriores al uso del SMS y la mensajería instantánea obtienen mejores notas que sus mayores.

A los niños no hay que apartarlos de la tecnología, Hacerlo, de hecho, es hacerles un flaco favor, y posiblemente perjudicar sus posibilidades de futuro. Lo que hay que hacer es educarlos, como se ha hecho siempre. ¿Permitíamos que nuestros hijos jugasen a todas horas? No, había unas horas para jugar, y otras para hacer otras cosas. ¿Por qué entonces permitimos que nuestros hijos jueguen a todas horas con el móvil, o se vuelvan autistas a la hora de la cena? La educación sigue teniendo el mismo papel central que ha tenido siempre, y educar a nuestros hijos incluye educarlos en el uso de la tecnología, porque la tecnología no está al margen de esa ecuación. Pero no, educarlos no incluye privarlos de la tecnología, o no permitirles usarla hasta que tengan una edad determinada: lo que de hecho hay que intentar es que empiecen antes, y que tengan acceso a más tecnología, no a menos. Que experimenten con tecnología. Que jueguen con Arduino, con Raspberry Pi, con los kits de robótica de bq o con Lego Mindstorms, según sean nuestros presupuestos y preferencias. Que prueben Scratch, que se planteen proyectos, que puedan usar 123D o programas similares para después tener acceso a una impresora 3D y fabricar sus creaciones. Más tecnología, no menos. ¿Pueden jugar con Minecraft? ¡Por supuesto, es un juego genial que adiestra en un montón de habilidades! Pero lo que no pueden es meterse en Minecraft a las seis de la tarde y no desconectar hasta las doce como si no hubiese otra cosa en el mundo, porque eso es simplemente absurdo.

Si no sabe educar a sus hijos, por su bien y por el de ellos, procure aprender. Pero la tecnología o los móviles no son el problema, el problema es usted. No hay niños adictos, hay niños maleducados. Es, simplemente, una cuestión de educación.

 

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Voto y redes sociales

Escrito a las 11:17 am
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Twitter y urnaUn interesante artículo en The Guardian, titulado A third of young people think social media will influence their vote, detalla y comenta los resultados de una encuesta de Ipsos Mori cuyos resultados indican que un 34% de los jóvenes entre 18 y 24 años consideran que el uso de redes y medios sociales ejercen una importante influencia sobre su voto, el segundo medio con más influencia tras los tradicionales debates televisados. Unos debates, además, en los que cada día predominan más patrones de consumo en modo “doble pantalla simultánea”, viendo la televisión al tiempo que se siguen y se comentan las reacciones en las redes sociales. En muchos sentidos, afirma la encuesta, las redes sociales parecen estar sirviendo para acercar al debate político a personas que no parecían interesadas en él, aunque aparentemente lo hagan de una manera claramente superficial y con una escasa calidad en formas y argumentos.

El resultado en sí no resulta especialmente sorprendente: a medida que un porcentaje cada vez más significativo del consumo de medios va cambiando de pantalla y va desplazándose a las redes sociales, cada vez más centradas en el consumo de contenidos frente a su uso tradicional u original de mantener el contacto con amigos y conocidos, parece lógico pensar que su influencia en una decisión como el voto crezca consecuentemente. El carácter bidireccional de las redes sociales favorece que los intercambios de opiniones, tanto aquellos en los que la persona participa como aquellos que simplemente presencia, se conviertan en una fuente de influencia, dotada además de una mayor sensación de proximidad, de cercanía al usuario. Las opiniones que impactan al usuario provienen de personas a las que este ha decidido seguir, que posiblemente pueda considerar como referencia en esos u otros temas, y por tanto impactan de una manera más eficiente. El hecho de que en muchos casos se añada a la opinión una métrica de popularidad en forma de retweets, likes o métricas similares se puede convertir además en un efecto de reafirmación colectiva que también juega un papel importante, sobre todo en usuarios jóvenes.

Las redes sociales, sin embargo, no responden a los patrones tradicionales de la comunicación unidireccional. Aquellos partidos que tratan de manipularlas de manera burda o de aplicar estrategias basadas en la “fabricación” de una falsa relevancia pueden fracasar con suma facilidad. Los tiempos en los que los partidos se dedicaban a colocar varias filas de militantes armados de ordenadores o teléfonos móviles en los mítines para “fabricar” artificialmente trending topics y fingir una relevancia de la que carecían completamente parecen haber pasado ya a la historia, pero en su lugar parecen anunciarse estrategias de coordinación muy similares: consignas dictadas directamente desde los partidos para que hordas de militantes actúen de una manera determinada, aparentemente inspiradas en el “estilo Hugo Chávez“, que utilizaba a cientos de personas contratadas para “elevar las barreras de entrada a la participación”, insultando y apaleando públicamente a quien osaba tener una opinión contraria a la oficial. 

La calidad del debate político en las redes sociales no es necesariamente buena: en muchos casos, hablamos más de frases cortas, lapidarias o irónicas y de simplificación burda de argumentos que de un verdadero intercambio de opiniones. Incluso cuando se utilizan las redes para difundir un artículo más largo y con más reflexión, es habitual que ese artículo termine siendo usado casi a modo de “arma arrojadiza”, pero con un nivel de lectura real muy bajo – aunque otros contenidos, como el vídeo o el cómic, puedan ser objeto de un consumo mayor. Posiblemente sea este componente de consumo “en píldoras”, unido a una asincronía que lo hace muy conveniente, una de las claves que estén haciendo que las redes sociales se conviertan en una potente fuente de influencia a la hora de decidir el voto: sostener la decisión de votar por una formación determinada cuando una mayoría de tu red está lanzando constantemente argumentos en su contra no es sencillo. Los argumentos negativos, por otro lado, parecen pesar más que los positivos, salvo cuando estos son aportados como un recurso al sentido común o de manera relativamente desapasionada: el mensaje claramente propagandístico, laudatorio u obviamente proselitista suele generar en redes sociales un rechazo o incluso un hartazgo. No, las redes sociales no son para “pegar carteles”: son (o deberían ser) más para otra cosa. Pero entre lo que son hoy y lo que deberían o podrían ser en el futuro, me temo que aún nos queda mucho por ver – y por sufrir.

 

This article is also available in English in my Medium page, “Are the social networks going to influence your vote?”

ResearchKit: la verdad está en los grandes números

Escrito a las 8:42 am
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Apple ResearchKitRealmente, lo que más me llamó la atención de la presentación de Apple del pasado lunes 9 fue la presentación de ResearchKit, una iniciativa de código abierto destinada a facilitar a cualquier usuario de iPhone la contribución desinteresada de datos sobre su salud a equipos de investigación médica. Hace poco escribía sobre cuánto me había llamado la atención el hecho de llevar encima un dispositivo que me permitía monitorizar mi frecuencia cardíaca, y cómo eso me había posibilitado tener cierta impresión – limitada, no soy médico – de que mi salud no estaba del todo bien.

En realidad, se trata de la contrapartida agregada de HealthKit, la aplicación que los usuarios de iPhone pueden instalar – vendrá preinstalada en los nuevos modelos y con la actualización a iOS 8 – para llevar un registro de parámetros de salud en función de los sensores que conectemos a ella (algunos fabricantes, como Fitbit, han anunciado ya que no se conectarán con HealthKit porque pretenden construir un dispositivo competidor del Apple Watch, en lo que me parece un grave error estratégico). A partir de un consentimiento que se firma en el propio dispositivo, los usuarios podrán decidir aportar los datos obtenidos por sus sensores a equipos médicos de investigación que hayan solicitado a Apple su inclusión en el programa.

La cuestión no es tan sencilla como parece: muchos médicos critican la iniciativa afirmando que las métricas obtenidas por sensores como los brazaletes de tracking no son suficientemente fiables para ser aportadas a la investigación científica, y construida sobre una base, la de HealthKit, que está muy lejos de los estándares de calidad que suelen considerarse habituales en los productos de la compañía. Obviamente, una cosa es estar contribuyendo los datos de, por ejemplo, mi frecuencia cardíaca a un equipo médico, idea que en principio no suena mal, y otra hacerlo con una base de usuarios que se quita su brazalete con cierta frecuencia y sin control alguno o, peor, que experimenta bugs en la app que utilizan que hacen que deje de contabilizar durante ciertos períodos.

La idea, sin embargo, ha sido muy bien acogida por los usuarios: más de diez mil personas dieron su consentimiento a la recopilación de sus datos para investigación médica en las primeras veinticuatro horas tras su lanzamiento, en lo que supone una muestra de la voluntad clara para pasar por encima de los posibles riesgos de privacidad y confidencialidad que afectan a la información de la salud, considerada por lo general como sometida a protección especial, si el fin es hacer posible el progreso de la ciencia médica.

Por mi parte, no tengo claro que el colectivo al que haya que preguntar su opinión sean los médicos, sino los médicos investigadores, un subconjunto no tan amplio del total de facultativos. Médicos los hay de todos tipos, y su cultura tecnológica no es significativamente más alta que la del conjunto de la población general – en los congresos médicos y por parte de empresas farmacéuticas he escuchado incluso opiniones de que está por debajo. Los investigadores, sin embargo, entienden la trascendencia que puede tener para la investigación el contar con datos de este tipo: los datos son siempre el verdadero cuello de botella de toda investigación, siempre es posible diseñar controles que aíslen la incidencia de errores o incluso de sesgos muestrales, y en cualquier caso, siempre es mejor tenerlos en exceso que no disponer de ellos. Como afirmo en el titular: la verdad está en los grandes números. Estoy convencido de que la iniciativa de Apple puede llegar a ser muy significativa de cara al desarrollo de investigación médica, y creo además que es algo cuyos frutos empezaremos a ver en no mucho tiempo.

 

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Los medios de AEDE y los tiros que salen por la culata

Escrito a las 7:55 am
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"Simpatía por el débil": Por qué algunos periódicos no tienen éxito en su estrategia para frenar a Podemos - BolsamaniaRubén Folgado me envió un correo electrónico preguntándome sobre el efecto erosión (o no) que están teniendo algunas informaciones destacadas reiterativamente por medios AEDE sobre formaciones como Podemos, y ayer me citó brevemente en su artículo en Bolsamanía titulado “Simpatía por el débil: por qué algunos periódicos no tienen éxito en su estrategia para frenar a Podemos“.

A continuación, el texto completo con el que contesté a su correo:

 

En general, la credibilidad de los medios de AEDE está completamente bajo mínimos. Claramente, han optado en su mayoría por líneas editoriales que privilegian la opinión frente al verdadero periodismo, la “prédica a los fieles” frente a la información objetiva y la investigación. El alucinante episodio del canon AEDE, en el que la asociación ha pactado con el gobierno para obtener la aprobación de una ley absurda y de laboratorio que les beneficia económicamente a cambio de un tratamiento más favorable para las noticias referentes a la gestión de ese gobierno, y ha admitido incluso la injerencia del gobierno en los cuadros directivos de varios medios supuestamente considerados como de referencia, ha terminado por resquebrajar la poca confianza que algunos lectores mantenían en los que eran sus periódicos “de toda la vida”. El tratamiento que algunos de esos periódicos dan a determinadas noticias es directamente un mal chiste, un compendio exhaustivo de todos los males del periodismo, que además son ridiculizados puntualmente cada mañana por numerosos usuarios en las redes sociales.

En este contexto, si el ciudadano percibe que determinadas informaciones son publicadas – y especialmente enfatizadas – con el fin de perjudicar a una formación política determinada, la reacción es precisamente la de dar a esa información una credibilidad escasa, lo que desnaturaliza completamente el tratamiento informativo o incluso provoca, en determinados segmentos de la población, una sensación de “solidaridad con el débil”, que se produce independientemente de la veracidad o no de dichas noticias. Las noticias son percibidas como un intento de intoxicación, como una manera infructuosa de generar un clima de opinión determinado, algo que, sencillamente, ya no está al alcance de esos medios. El resultado neto, en esos casos, puede perfectamente ser un beneficio en términos de popularidad para la formación afectada: mientras el hipotético desgaste se produce únicamente entre los lectores directos de esos medios, que claramente experimentan una evolución a la baja según todos los observatorios, el efecto de generación de “simpatía con el débil” puede afectar a una base cuantitativamente bastante mayor.

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