El Blog de Enrique Dans

Popcorn Time: ¿es realmente la nueva bestia negra de la industria audiovisual?

Escrito a las 7:39 pm
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PochoclinPopcorn Time, la aplicación para ver películas y series gratis creada originalmente por un grupo de hackers argentinos que fue originalmente cerrada en marzo de 2014, pero que continuó su vida como proyecto de código abierto, ha anunciado que ya tienen disponible una app para iOS. A falta de algunos detalles estéticos, pero que funciona fenomenalmente bien, y que además puede ser instalada en cualquier dispositivo sin necesidad de llevar a cabo un jailbreaking.

En Android, la app ya estaba disponible desde mayo de 2014. En ambos casos, además, con soporte para Chromecast, lo que implica que los usuarios pueden sencillamente buscar los contenidos que quieren ver desde sus dispositivos, y enviarlos cómoda y funcionalmente desde ahí a su televisión mediante un simple dispositivo de tan solo treinta y cinco euros. Interfaz elegante, uso sencillo, funcionamiento aparentemente a prueba de bomba… parece que empieza a haber pocas dudas: la industria ya tiene su nueva bestia negra, que amenaza con suceder a la tantas veces perseguida e inútilmente bloqueada The Pirate Bay. Con un problema adicional: Popcorn Time no es una página web que se pueda cerrar o bloquear, sino una app que hace streaming al usuario a partir de torrents. Deténlo tú, que a mí me da la risa.

El funcionamiento de Popcorn Time supone una especie de reinterpretación del consumo de contenidos por vías irregulares a la luz de los nuevos tiempos: atrás queda la idea de procesos manuales, de clientes torrent y de búsqueda de enlaces magnet en páginas llenas de banners pornográficos… ahora, simplemente te instalas un programa en tu ordenador o una app en tu smartphone, y buscas en un catálogo con una interfaz bien diseñada, elegante y completa. La experiencia es tan buena, que ha llevado a Netflix a considerar a Popcorn Time como “su competidor más peligroso”. Más de cien mil instalaciones al día lo atestiguan: es la nueva gran amenaza.

Y además, hacen vídeos de autopromoción divertidos llenos de guiños a escenas de películas y a la cultura de la red:

 

 

¿Cómo parar algo así? Por el momento, la respuesta de la industria parece ser el “más de lo mismo”, las mismas recetas que, en su absurda mentalidad, creen que han ido funcionando: persecución policial, lobbying hiperactivo para cambiar leyes, intentos de bloqueo, etc. La aparición de la app en iOS desencadenará, sin duda, toda una dinámica de jugar al gato y al ratón con Apple, que eventualmente seguirá dejando como único resultado que es muy mal negocio tratar de parar el avance de la tecnología.

La cuestión sigue siendo exactamente la misma que llevamos planteando desde el principio de los tiempos: la única manera de luchar contra este tipo de cosas es con mercado, mercado y mercado. Las descargas irregulares únicamente desaparecerán cuando la oferta de contenidos a través de sitios oficiales sea tan buena y tan competitiva, que los usuarios no vean la necesidad de recurrir a los otros. Cuando podamos de verdad pagar un precio que consideremos razonable por servicios que compitan ofreciéndonos un catálogo completo de contenidos para ver en el régimen que queramos – suscripción, pago por contenido individual o visionado gratuito con publicidad – sin ventanas de explotación temporales ni geográficas, y con una experiencia de uso semejante a la que ofrece Popcorn Time. Mientras la industria siga bloqueando la llegada de este escenario, seguirá habiendo opciones que conquisten a un número elevado de usuarios y los retiren temporalmente del mercado.

No, Popcorn Time no es la nueva bestia negra de la industria audiovisual. La bestia negra de la industria audiovisual es, desde hace mucho tiempo, ella misma.

 

ACTUALIZACIÓN (13/04/2015): Alfredo Pascual cita esta entrada en su artículo el El Confidencial titulado “Las webs de descargas de cine prescinden de la publicidad para eludir la ley“.

 

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Los niños y la publicidad

Escrito a las 1:23 pm
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IMAGE: Ilka Erika Szasz-Fabian - 123RFUno de esos casos interesantes se miren por donde se miren: diez organizaciones de consumidores y de protección de la infancia firman una petición que solicita a la Federal Trade Commission (FTC) que investigue a YouTube por su producto “YouTube Kids”, lanzado el pasado 23 de febrero, por contener publicidad considerada inadecuada por los mecanismos de mezcla entre publicidad y contenidos que utiliza para influenciar a los niños.

La publicidad diseñada para impactar en los niños es la base de infinidad de canales infantiles de televisión en países de todo el mundo. Salvando determinadas acciones destinadas a evitar engaños, a mostrar juguetes volando cuando en realidad no vuelan o grandes lotes de productos que en realidad no vienen incluidos en el precio, tratar de influenciar a los niños para que pidan determinados productos a sus padres es una práctica perfectamente habitual en todo el mundo. La queja de las asociaciones en el caso de YouTube Kids, sin embargo, se refiere a “unfair and deceptive marketing practices”, “prácticas de marketing desleales y engañosas”, a la idea de que los niños a esas edades no han desarrollado las habilidades cognitivas para resistir esos mensajes publicitarios y entender que están siendo objeto de una táctica comercial.

La televisión comercial infantil norteamericana, como la de otros países, está sujeta a una serie de restricciones que han ido siendo introducidas a lo largo de los años, como la introducción de productos por parte de los presentadores de programas infantiles, precisamente por ese motivo. La publicidad en general también cuenta con protecciones específicamente diseñadas para proteger a los menores, supuestamente más influenciables, o incluso, en algunas regiones y países, como Quebec, Noruega y Suecia, está completamente prohibida por debajo de los doce años.

La pregunta, por tanto, es hasta qué punto ha sobrepasado YouTube Kids, un servicio gratuito financiado mediante publicidad, las teóricas líneas rojas impuestas habitualmente a otros medios. Uno de los vídeos específicamente citados en la denuncia es, por ejemplo, este unwrapping de juguetes:

 

 

Un contenido que en un medio convencional caracterizaríamos como abiertamente publicitario, en YouTube Kids aparece mezclado con muchos otros vídeos de todo tipo, recomendado por ejemplo cuando un niño escoge una oferta de contenidos mediante, por ejemplo, una búsqueda de sus personajes favoritos. Mientras en otros medios convencionales marcan – o deberían marcar – de manera mucho más clara la separación entre contenidos y publicidad, las características de YouTube y la ausencia de una parrilla de programación establecida como tal llevan a que las marcas diseñen contenidos específicamente pensados para aparecer en las búsquedas. En el caso del vídeo expuesto, que forma parte de una larguísima serie de vídeos similares con niveles de visionado bastante elevados, el diseño del propio título, “Giant Surprise Egg with PLAY DOH McDonalds Arch filled with Happy Meal Toys Barbie, Star Wars Toy” es un clarísimo caso de “name dropping” de marcas que son objeto de deseo de niños de diversas edades.

¿Es la publicidad algo de lo que tenemos que “proteger” a los niños? ¿Aplica esta idea de “protección” a la publicidad en general, o tan solo al tipo de prácticas de fronteras difusas entre contenido y anuncios? ¿Estamos cómodos como padres sometiendo a nuestros hijos a un bombardeo publicitario de esas características? ¿Es YouTube responsable de un posible mal uso que algunos anunciantes puedan estar llevando a cabo dentro de YouTube Kids? ¿Es en realidad colaborador de dicho comportamiento, dado que se lucra con él? ¿Son culpables los padres por no ejercer una supervisión más activa de los contenidos que consumen sus hijos, y utilizar la televisión o el ordenador a modo de baby-sitter? Muchas preguntas, y por el momento, una denuncia ante la FTC. Veremos en qué queda.

 

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Bloquear o no bloquear contenidos: la gran discusión

Escrito a las 3:50 pm
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IMAGE: Yong Hian Lim - 123RFLa discusión sobre si bloquear o no bloquear contenidos vuelve al Reino Unido: en la actualidad, toda instalación de banda ancha doméstica exige a su propietario responder al tipo de filtro que desea para los contenidos a los que desea acceder a través de ella, entre distintos epígrafes que incluyen pornografía, descargas no autorizadas, etc., una opción que, según las investigaciones del regulador, Ofcom, ha demostrado ser escasamente popular: de los cuatro proveedores de acceso más importantes, únicamente uno ha recibido solicitudes de bloqueo de más de un tercio de sus usuarios, mientras los otros se mantienen en porcentajes que oscilan entre el 4% y el 9%.

Ahora, probablemente influenciados por la baja tasa de aceptación de los citados filtros a nivel doméstico, los conservadores vuelven a la carga pretendiendo exigir a los proveedores de contenidos pornográficos que desarrollen mejores métodos para filtrar sus contenidos a menores de edad o, en caso de no hacerlo, ser incluidos en una lista negra que será objeto de bloqueo a nivel de los proveedores de acceso. Sistemas basados en tarjeta de crédito o de otros tipos que permitan hipotéticamente asegurar que quien accede a esos contenidos tenga la edad adecuada para ello. La discusión, aunque se refiere a un escenario concreto en un país determinado, resulta enormemente interesante a todos los niveles en función de lo que puede desprenderse de ella: ¿deben realmente ese tipo de contenidos ser filtrados? ¿Resulta mínimamente viable hacerlo?

La discusión es, en realidad, mucho más compleja de lo que inicialmente podría parecer, y toca aspectos que van desde la libertad de expresión hasta la responsabilidad de los padres en la educación de sus hijos, además de los puramente tecnológicos. Tecnológicamente, la respuesta a la pregunta de si pueden llegar a elaborarse filtros verdaderamente eficientes es relativamente sencilla: no. Países como Australia, que en su momento llegaron a implantar sistemas de filtrado de contenidos y que han estudiado volver a implantarlos varios años después, han llevado a cabo pruebas y publicado informes que demuestran que, a pesar del importante avance tecnológico que estos han experimentado, siguen siendo ineficientes a la hora de discernir correcta y fehacientemente el contenido que debe ser filtrado y el que no.

Censurar todas las páginas que publican contenido pornográfico en internet es completamente inviable: la lista no solo sería enorme, sino que resultaría imposible de mantener actualizada, debido al enorme dinamismo de este segmento. Los intentos que se han hecho en este sentido han resultado infructuosos en ambos sentidos, en el de dejar de bloquear páginas que respondían al criterio de bloqueo, y en el de bloquear páginas que no tenían por qué haber sido bloqueadas. Obviamente, no todos los contenidos pornográficos llegan a través de páginas web, y no tiene mucho sentido bloquear esas páginas si los usuarios pueden acceder a contenidos similares a través de P2P, foros o grupos de diversos tipos. Los filtros son incapaces de reconocer adecuadamente contextos, de manera que todo aquel contenido que hable de pornografía o que contenga fotografías que puedan interpretarse como pornográficas, sean artísticas, médicas o de otros tipos, resultan incorrectamente bloqueados. Estudios destinados a determinar la eficiencia de estos filtros han concluido que los más restrictivos llegan a bloquear en torno a un 91% del contenido pornográfico, pero pagan muy cara esa eficiencia bloqueando también un 23% de contenidos catalogados como no pornográficos.

La brecha tecnológica generacional también juega en contra de los filtros: ¿podemos confiar en el mantenimiento de esos filtros a nivel doméstico cuando los usuarios teóricamente más interesados en acceder a esos contenidos son, en muchos casos, tecnológicamente más aptos que sus padres? ¿Puede un filtro diseñado para ser gestionado por adultos inexpertos resistir los intentos de modificarlo llevados a cabo por un adolescente “hormonalmente empeñado” en desactivarlo? O incluso, dando un paso más allá: ¿qué impide que ese mismo adolescente se haga con una VPN o acceda a través de un proxy, opciones que en el caso del Reino Unido ya han sido ampliamente popularizadas debido a los sucesivos intentos del gobierno de bloquear páginas de descarga de contenidos?

Pero más allá de la cuestión puramente tecnológica, existen otras preguntas igualmente relevantes: los filtros producen en los padres una ilusión de seguridad y una relajación en la educación, una clara dejación de responsabilidades en manos de la máquina. Cuando todo indica que la mejor respuesta al consumo de contenidos pornográficos está en la educación, en quitarles importancia y en desmitificarlos de manera que no sean visto como algo sujeto al atractivo de lo prohibido, los filtros llevan a una inacción que redunda en que esos mismos adolescentes, incluso aunque el filtro funcionase bien, se verían en algún momento expuestos – en otro ordenador, en casa de un amigo, etc. – a esos contenidos para los que no los hemos preparado, que pasarían a tener sobre ellos un efecto potencialmente mucho más perjudicial. Después de todo, si durante generaciones hemos tenido un acceso relativamente poco restrictivo a pornografía y la amplia mayoría de los adultos actuales han desarrollado una relación con ese tipo de contenidos que no puede calificarse como de “enfermiza”, ¿qué nos lleva a pensar que la época actual debería hacer precisas medidas diferentes? O, como otros usuarios dicen, ¿por qué la ineptitud de algunos padres a la hora de educar a sus hijos redunda en que se intenten bloquear determinados contenidos a nivel de todo un país? Después de todo, si unos padres desean, por la razón que sea, llevar a cabo un bloqueo de contenidos, cuentan con una oferta suficientemente elevada de filtros parentales en el mercado como para intentar llevar a cabo esa opción, sin necesidad de que ese bloqueo sea efectuado a nivel general.

Desarrollar y activar todo un sofisticado sistema de filtros es una manera de poner en marcha un sistema de control social, que muchos gobiernos desearían tener a la hora de controlar el acceso a otros contenidos, no necesariamente pornográficos. Para muchos, es el precedente de una “gran muralla china“, una forma de, con la excusa de la pornografía, ofrecer a un gobierno un banco de pruebas perfecto para desarrollar filtros para otros contenidos que puedan considerar peligrosos en otro momento.

La cuestión de los filtros está de máxima actualidad, y entronca con la supuesta responsabilidad de protección que los ciudadanos parecen exigir a sus gobiernos. Por el momento, países como Canadá, Dinamarca, Estados Unidos, Finlandia, Italia, Noruega, Nueva Zelanda, Reino Unido y Suecia han puesto en marcha sistemas de este tipo para bloquear el acceso de sus ciudadanos a contenidos como pornografía infantil, una tendencia que aún no ha demostrado ningún tipo de efectividad. Marginalizar el contenido mediante filtros parece más bien tender a ocultar el problema, en lugar de luchar realmente contra su producción o su consumo: una situación de “esconder el problema bajo la alfombra” con la que muchos gobiernos y ciudadanos parecen encontrarse razonablemente cómodos, pero que no combate en modo alguno la raíz de la cuestión, e incluso convierte algunos contenidos en más atractivos para aquellos que podrían tener tendencia a consumirlos.

La frontera entre la responsabilidad de los padres a la hora de educar a sus hijos y la del gobierno de proteger a sus ciudadanos parece jugar un papel fundamental en esta discusión. Lo que los conservadores británicos – y muchos otros gobiernos de similar ideología – parecen decir es algo así como “quiero que el gobierno me proteja a toda costa (y sobre todo, proteja a los niños, convertidos en excusa que todo lo justifica) de todo aquello malo que pueda venir por mi conexión de red”. Y eso, nos pongamos como nos pongamos, es no solo imposible, sino también profundamente peligroso.

 

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Redes sociales e información bursátil

Escrito a las 11:19 am
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SECA raíz del April Fool’s de Tesla del que hablamos hace dos días y de su efecto sobre la cotización de la compañía en el NASDAQ han surgido algunas voces que critican que determinadas noticias sobre compañías cotizadas puedan publicarse en las redes sociales, debido a las supuestas posibilidades de manipulación del mercado que ello podría posibilitar.

¿Qué viene a decir la Securities and Exchange Commission (SEC) de todo esto? Fundamentalmente, lo que intenta la regulación al respecto es de armonizar la idea de progreso tecnológico y de herramientas de comunicación en permanente evolución, con la necesidad de una comunicación uniforme, que se realice a través de canales reconocidos como oficiales por la compañía para evitar sorpresas, y que no otorgue ventajas a unos colectivos frente a otros.

Hace años, la comunicación de noticias que fuesen susceptibles de afectar la cotización de una compañía en el mercado debía llevarse a cabo a través de canales específicos, y debía ser accesible mediante repositorios especializados como la base de datos centralizada EDGAR (Electronic Data Gathering, Analysis, and Retrieval) de la propia SEC. Las normas se actualizaron en el año 2008 para permitir el uso de páginas web corporativas oficiales como medio de comunicación, y se volvieron a actualizar en el 2013 para incluir también el uso de cuentas oficiales de medios sociales. 

¿Dónde están los límites? Básicamente, en que el canal utilizado haya sido presentado como canal oficial de la compañía, y en que no genere un sesgo en el mercado al privilegiar a un segmento del mismo frente a otro. En este sentido, parece claro que la página web, el blog corporativo, la página de Facebook o la cuenta de Twitter del fundador de la compañía o de su departamento de comunicación cumplen el requisito de ser canales considerados ya como “oficiales”, y que tampoco generan un privilegio a un segmento del mercado frente a otro, dado que cualquiera con acceso a una conexión a internet en un ordenador o smartphone, requisitos considerados ya ubicuos en el perfil del inversor medio, puede acceder a dichos canales.

La compañía, lógicamente, no podrá “sacarse de la manga” una nueva página web no anunciada, del mismo modo que no podrá considerar como “oficial” de repente la cuenta de Twitter de un trabajador cualquiera si no la ha inscrito previamente en el regulador correspondiente como un canal oficial, pero más allá de eso, la norma tiene bastante sentido común. Extremar la precaución para tratar de proteger a inversores que no acceden a esos canales “porque no los conocen” sería absurdo, retrógrado y no generaría ningún beneficio al mercado: sería en realidad una manera de negar el progreso y la evidente generalización del uso de la tecnología, o de obligar al mercado a desarrollar su actividad en una especie de “burbuja” artificial. Si quieres invertir en una compañía cotizada, obtén las herramientas adecuadas para monitorizar su actividad, o asume las consecuencias si conscientemente decides no hacerlo, pero no esperes que por el hecho de ser tú una especie de troglodita, tenga que venir el presidente de la compañía a contarte sus novedades a la puerta de tu casa o enviártelas mediante señales de humo. Sería completamente absurdo sancionar a Tesla por el uso de sus canales de comunicación, como lo sería castigar a cualquier otra empresa que no llevase a cabo una utilización eminentemente malintencionada o torticera.

Me parece interesante repensar el concepto de canales de comunicación corporativa en el escenario que definen estas reglas: la compañía que, como una gran parte del IBEX 35 en España, decide no utilizar mecanismos como la página web o la cuenta de Twitter corporativa o del presidente para publicar noticias que podrían afectar a la cotización de su acción está en realidad perdiendo una valiosa herramienta dotada de una velocidad y un alcance muy interesantes. Resulta incluso posible que, con el paso del tiempo, llegue un momento en que la regla “se dé la vuelta”, e informar únicamente a través de los canales considerados “oficiales” hace algunas décadas llegue a considerarse una forma incorrecta de proporcionar información.

Igualmente, se hace necesario reconsiderar el papel del directivo representativo de la compañía y el uso que hace de los canales sociales: directivos con un perfil público visible y una cuenta de Twitter con miles o millones de seguidores pasan a ser un activo importante por su capacidad de comunicar al mercado y por su capacidad de conectar directamente con los accionistas y analistas. Herramientas como Twitter, en manos de personas con un adecuado sentido común, pasan de ser un peligro que las expone a denuncias del regulador, a ser un activo fundamental con muchas posibilidades de cada a la comunicación.

Algunos deberían tomar buena nota de este tipo de cuestiones. Despiertas un día, te encuentras con que mandar faxes ya no es lo que era… y te das cuenta de que, en realidad, llevabas dormido desde el año 2008!! :-)

 

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Canary: innovar desde una startup frente a innovar desde grandes compañías

Escrito a las 1:31 pm
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CanaryHablé de Canary en una entrada hace ya mucho tiempo, en julio de 2013: en aquel momento, lo acababa de ver en Indiegogo, y me pareció que tenía muchos elementos para convertirse en una buena opción de seguridad para el hogar de muchas personas.

Aquella campaña de crowdfunding, que terminó el 26 de agosto de 2013, consiguió reunir casi dos millones de dólares sobre la petición inicial de cien mil que hacía la compañía. La entrega del producto, como es bastante habitual en estos casos, se retrasó un cierto tiempo: en mi caso, casi un año. Sin embargo, la compañía, durante todo ese tiempo, convirtió en norma el envío habitual de actualizaciones sobre novedades y planes, y consiguió que en ningún momento tuviese la impresión de haber invertido mi dinero de forma temeraria o arriesgada.

Si voy a mi repositorio de correos, tengo no uno ni dos, sino nada menos que un total de ¡cuarenta y siete! mensajes de correo relacionados con el producto, si incluimos los de Indiegogo para confirmar mi pedido, y en muchos de ellos me explican cuidadosamente que, dado el volumen de dinero y la popularidad obtenidas, habían decidido mejorar la unidad con una cámara de mejor resolución o con otra serie de añadidos, que me han ido generando una impresión positiva. El desembolso del dinero que comprometí no tuvo lugar de manera efectiva hasta finales de septiembre de 2014, tras preguntarme respetuosamente si aún seguía interesado en el dispositivo. Totalmente alejado de la impresión de “pagué, y ahora qué” que en ocasiones acompaña a algunos proyectos de crowdfunding.

Hace aproximadamente un mes recibí mi dispositivo, por el que había pagado $199 (más gastos de envío). Mi impresión fue fantástica: excedió completamente mis expectativas. Un packaging impresionante, muy similar al de los productos de Apple, con un diseño muy cuidado para que encajasen perfectamente cada uno de los componentes del producto, desde la unidad y el cargador hasta el último de los cables. Además, un adaptador a enchufe español: alguien en la compañía se había preocupado por comprobar que el pedido venía desde España, había conseguido un adaptador que además encajaba perfectamente con su cargador sin ningún tipo de holguras y era hasta del mismo color, y lo había metido en la caja del courier.

Configurar el producto fue facilísimo: descargar la app, y seguir unas instrucciones claras y concisas. Dado que mi router, casualmente, está en un punto de la casa que ofrece una amplia visibilidad a la cámara del dispositivo, opté por la conexión directa mediante un cable de red en lugar de la conexión a través de WiFi. Tras eso, un paso de verificación mediante un cable de audio, también incluido, y todo listo. Dar de alta al resto de miembros de la casa, y empezar a probarlo.

¿La experiencia tras la prueba? Que tiene todo lo que le pido a un sistema de seguridad, y algo más: un diseño inteligente. Soy usuario de alarmas en mis dos casas, y la impresión que siempre he tenido de esos dispositivos es que están decididamente mal diseñados, por empresas que no ponen nada de cuidado a la hora de hacer las cosas. Resulta paradójico que siendo un servicio por el que pago bastante todos los meses, la calidad sea tan profundamente inconsistente y los dispositivos hayan evolucionado tan mal desde que empecé a ser usuario. Por supuesto, en ningún momento esperaba que Canary pudiese considerarse un sustitutivo de este tipo de instalaciones completas en toda una casa unidas a un servicio de conexión con la Policía o la Guardia Civil, pero me estoy encontrando con que no solo lo es, sino que tiene prestaciones que desearía que alguien en mi empresa de alarma viese funcionando y pensase en la posibilidad de desarrollar. Y no hablo de ningún tipo de “tecnología punta”: hablo de puro sentido común.

Un ejemplo: en mi alarma, tengo que llevar un imán en el llavero con el que la desactivo al entrar en casa. El imán o la unidad que lo lee que tengo en la puerta de mi casa son un maldito desastre: fallan en numerosas ocasiones, originando falsos saltos de alarma y una comunicación completamente innecesaria con la compañía. ¿Cómo soluciona esto Canary? Sencillamente, detecta si los miembros de la familia estamos o no en casa mediante la geolocalización de nuestros smartphones, y se arma o se desarma en función de eso. Si sales de casa, en cuanto la app ve que estamos fuera, el dispositivo se arma, y si detecta cualquier movimiento, una elevación brusca de la temperatura (posible incendio), o de la humedad (posible inundación), nos envía un mensaje. Con ese mensaje, podemos activar la cámara del dispositivo, un gran angular que funciona fantásticamente incluso con muy poca luz, y trata de ver qué está pasando. Cuando llegamos a casa, la app sencillamente lo detecta y el dispositivo se desarma solo. Y si alguien va a poner como problema el que puedes llegar a casa con el móvil sin batería… ¡que se compre una batería extra y la lleve en el bolsillo! Los posibles problemas no son nada comparado con la comodidad que el sistema ofrece :-)

En algo más de un mes de uso, ni una sola falsa alarma que supusiese la más mínima molestia, aunque sí hemos recibido avisos en la app cuando, por ejemplo, detecta a alguien que no está dado de alta en el sistema o cuando alguno de los smartphones da problemas con su geolocalización. Cada vez que recibes un aviso en tu smartphone, puedes optar por decirle que “everything is OK”, e incluso definirle lo que ha pasado entre una amplia gama de opciones, tales como la presencia de animales domésticos, de cortinas que se mueven con el viento, o de reflejos. El sistema trata de aprender y de reconocer posteriormente ese mismo tipo de causa para intentar evitar avisos innecesarios. El servicio es gratuito en su tramo básico, que permite hasta cuatro unidades en una casa y el almacenaje de hasta doce horas de vídeo, y tiene un plan de precios mensuales a partir de ahí para necesidades más sofisticadas.

¿Puedo confiar en este dispositivo como confiaría en un completo sistema de alarma? Repito: obviamente, no hablamos de lo mismo, ni en precio, ni en prestaciones. Si mi alarma salta, mi compañía me llama, me pregunta, y puede supuestamente enviar a la Policía o a la Guardia Civil a mi casa en un tiempo razonable. Si mi Canary salta y veo a unos ladrones en mi salón a través de la app, tendría que ser yo mismo el que llamase y tratase de convencer a la Policía o a la Guardia Civil de que tengo un dispositivo instalado por mí y no homologado, y que le juro por lo que más quiera que he visto a alguien en mi casa a través de su cámara. Si ese alguien entra en mi casa por otra zona, el Canary posiblemente detectaría el ruido y me avisaría, pero yo no podría comprobar si es o no una falsa alarma salvo que pasasen por la zona controlada por la cámara. Podría hacer sonar la sirena que tiene incorporada, pero eso seguramente solo conseguiría, además de molestar a mis vecinos, que los ladrones localizasen el dispositivo (que de otra manera es razonablemente discreto) y lo desenchufasen o lo rompiesen. No, no hablamos de lo mismo. Olvídate de sistemas de detección de apertura de puertas o ventanas, de avisos en caso de corte de suministro eléctrico, etc. Pero la sensación que tengo es razonablemente parecida, y si no quisiese pagar por la alarma que tengo, consideraría que mi casa está razonablemente segura, y decididamente mucho más que frente a la opción de no tener instalado ningún sistema de seguridad.

No tengo absolutamente nada que ver con la compañía, no me ha regalado nada, y no he tenido ningún contacto con ellos más allá de pagar por su producto y recibirlo. No me considero un “blogger de producto”, de hecho, no es demasiado habitual que haga reviews: cuando las hago, es porque algo me ha llamado especialmente la atención (si quieres ver reviews, aquí tienes las de sitios como C|Net, GigaOM o Engadget, completas y no todas especialmente positivas). Mi caso es mucho más sencillo: he pagado por un producto en régimen de crowfdunding, y a partir de ahí, contando incluso con retrasos en su producción y con todo, he tenido una experiencia de cliente calificable como excelente.

La seguridad no es un tema para tomárselo a la ligera, y por supuesto, no estoy diciendo que me parezca recomendable sustituir de la noche a la mañana los sistemas de alarma de empresas especializadas que tengamos en nuestras casas por un simple dispositivo y una app. De hecho, ni siquiera pretendo convencer a nadie para que se compre el producto, no me dedico a eso. Mi reflexión es otra: una simple startup que ha desarrollado su producto mediante crowdfunding ha sido capaz de incorporar en su diseño elementos mucho más innovadores y, sobre todo, más minimalistas y con más sentido común que algunas empresas que conozco y que llevan muchos años dedicándose al negocio de la seguridad. Si trabajase en alguna de esas empresas de seguridad, este es un producto que decididamente compraría para examinarlo. ¡¡Ya podían aprender las empresas de seguridad de algunos de los elementos, tanto de diseño y de funcionamiento como de relación con el cliente, que han determinado mi excelente opinión sobre este producto!!

 

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Los algoritmos no tienen sentido del humor (todavía)

Escrito a las 12:34 pm
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Tesla Model WUna buena forma de tranquilizar a todos aquellos que entran en modo pánico cuando les hablan de tecnologías de desarrollo autónomo de inteligencia artificial puede ser explicarles lo que ocurrió en el NASDAQ con el valor de Tesla Motors el pasado día 1 de abril, la fecha conocida como April Fool’s en el mundo anglosajón.

La compañía publicó una broma en su blog corporativo y en su Twitter en la que daba cuenta del lanzamiento de su nuevo modelo, el Model W, en el que la “W” significaba “Watch”, junto con una fotografía de un reloj con un descomunal Big Ben sobre su esfera, un pie de foto en el que alertaba de que era necesaria la fuerza de un orangután para ser capaz de levantar el brazo con el reloj puesto, y un texto en el que claramente bromeaba sobre el inminente lanzamiento del Apple Watch con frases como “los estudios han demostrado que el uso del Model W mejorará dramáticamente tu salud – si haces ejercicio – ¡y está disponible en platino!”

Obviamente, una simple broma sin más trascendencia, una forma de honrar la tradición del April Fool’s de manera completamente inofensiva, como también hicieron con la otra broma lanzada desde su cuenta de YouTube y su Twitter anunciando un “ticket-avoidance mode”, una función que evita las multas de aparcamiento activando los limpiaparabrisas y desplazando automáticamente el coche para evitar al agente.

 

Hasta aquí, todo genial: bromas diseñadas para arrancar una sonrisa y posiblemente incluso un poco de viralidad, una imagen de compañía fresca y desenfadada… todo muy divertido. Divertido, hasta el momento en que llegamos al NASDAQ y empezamos a hablar de dinero de verdad: en la actualidad, una gran cantidad de órdenes de compra y venta de acciones en los mercados bursátiles tienen lugar a través del llamado algorithmic trading, mecanismos automatizados capaces de detectar movimientos en el mercado y actuar en consecuencia. Mecanismos que detectaron el movimiento de noticias en torno a la compañía, aislaron la causa de dicho movimiento mediante análisis semántico como el “lanzamiento del nuevo Tesla Model W”, y lanzaron en consecuencia un gran volumen de órdenes de compra que elevaron momentánea y fugazmente la cotización de la acción de la compañía en torno a un 1%… en una compañía con una capitalización de mercado de más de 24.000 millones de dólares!

Literalmente, algoritmos automatizados cayendo en una broma que fueron incapaces de detectar porque había sido diseñada por seres humanos, para seres humanos. Si el sentido del humor es una prueba de inteligencia y esto es lo que podemos esperar del estado del arte de las complejas máquinas y programas diseñados para manejar la meca del comercio mundial, es posible que nos queden aún unos cuantos años de tranquilidad antes de que un Terminator llegue desde el futuro para asesinar a Sarah Connor… :-)

(No, esto no es en modo alguno una prueba que la inteligencia artificial esté aún muy lejos. Pero me pareció muy divertido)

 

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Google y el mercado del PC

Escrito a las 10:45 am
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Google ataca con nuevas armas el negocio del PC - Cinco Días (pdf)Marimar Jiménez, de Cinco Días, me llamó ayer para hablar sobre las incursiones de Google en el mercado PC y de lo que han supuesto o pueden llegar a suponer dispositivos como el Chromebook, el Chromecast o el recientemente anunciado Chromebit, y hoy me cita en su artículo titulado “Google ataca con nuevas armas el negocio del PC” (pdf)

Una estrategia que sin duda debe ser interpretada como un modelo de extensión progresiva de la cuota de cliente: Google pretende disminuir barreras de entrada de todas las maneras posibles en el acceso a la web, se haga este desde un ordenador, desde un smartphone, o desde el salón de casa con dispositivos conectados a la televisión. Tan sencillo como que cuanto más accedamos a la web, mejor le va a Google. Una estrategia aparentemente modesta, basada mayoritariamente en código abierto y menospreciada por muchos en su lanzamiento, pero que lentamente va situando a la compañía como una alternativa razonable en cada vez más mercados.

Para los competidores tradicionales, la estrategia de Google es una pesadilla, que viniendo desde abajo, ha llegado a materializarse ya incluso en un dominio de las ventas de PCs en canales no tradicionales, como Amazon, desde hace ya algunos años.

A continuación, el pequeño texto que envié a Marimar con mis impresiones sobre la cuestión:

 

El tema está en entender bien la estrategia de Google: no ser un fabricante de hardware, sino una plataforma basada en desarrollos abiertos. Para Google, cuanto más tiempo pasemos en la web, sea en el dispositivo que sea, mejor. Por tanto, si puede monopolizar la plataforma smartphone poniendo a cuantos más fabricantes mejor a competir y es capaz, gracias a eso, de hacerse con un 90% del mercado mundial, más espacio tiene donde poner su publicidad y ofrecer sus servicios. Si puede hacer lo mismo con la televisión mediante dispositivos baratos y que disuadan de la compra de otros más caros, mejor aún: el Chromecast es una delicia y permite que muchos usuarios hoy en día utilicen su televisor para ver vídeos de YouTube, poner música, mostrar fotos, etc.

Si con ChromeBit replican la estrategia, supone un éxito más en la plataforma televisión, lo que ofrece una cuota de mercado importante en el salón de casa. En el mercado ordenadores, la idea es aplicar la filosofía nube a tope, algo para lo que sus competidores no están completamente preparados: para Google, el paso es natural porque toda su suite está en la nube por diseño y concepción. Pero para Microsoft, la idea es más compleja, porque aún pretende vender licencias de Office en algunos dispositivos al tiempo que la va complementando con una adaptación a la nube, pero no completa, sino parcial. Para muchos usuarios, la estrategia de Microsoft es un intento de adaptación al nuevo entorno, mientras que la de Google es nativa en ese entorno y mucho más natural, más lógica…

 

Repositorios de información compartidos

Escrito a las 12:55 pm
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Flipboard groupsFlipboard lanza revistas grupales, un desarrollo potencialmente muy interesante para grupos de trabajo o departamentos que tratan de mantenerse actualizados en un tema específico, y que pueden ahora recolectar noticias relacionadas durante su navegación por la red desde cualquier dispositivo simplemente instalándose un plugin o una app.

El mantenimiento de repositorios comunes de información entronca con la idea de organizaciones innovadoras: es imposible mantener una cultura innovadora sin un aporte constante de información del exterior, y este tipo de herramientas, como los tablones compartidos de Pinterest y algunas otras, proporcionan una manera cómoda de compartir información mediante el principio de “muchos ojos ven más que dos” y permiten consultarla en un formato cómodo y atractivo. En una revista de este tipo puedes situar desde un clipping corporativo, hasta una recopilación de noticias relevantes para un proyecto determinado, ofreciendo a los participantes en el mismo un lugar en el que mantenerse informados y motivados. La idea de una revista interna privada a la que los trabajadores de la compañía envían aquellas noticias que han considerado relevantes para su trabajo genera sin duda una interesante gama de posibilidades para quien las sepa aprovechar.

Las funciones importantes en una herramienta de este tipo son, además de disponer de una capa de presentación eficiente y atractiva, la posibilidad de deduplicar los envíos múltiples (preferentemente, además, con un indicador de “enviado por” que se actualice en función del número de miembros del equipo que han considerado relevante esa noticia), la de encontrar los artículos enviados mediante un buscador razonablemente bueno (un ámbito en el que Flipboard todavía tiene que hacer los deberes), y la de hacer comentarios a los artículos que puedan generar un cierto “entorno social” utilizando estos como contexto. En mi ámbito, me puedo imaginar a un grupo de trabajo de alumnos recopilando lecturas interesantes sobre las asignaturas que están cursando, o a los miembros de un proyecto emprendedor tratando de cubrir noticias sobre competencia y desarrollos interesantes relacionados con el mismo.

Estoy seguro de que este tipo de mecanismos de participación en torno al descubrimiento y la difusión de contenidos jugarán un papel muy importante en las “learning organizations” del futuro. El número de desarrollos en ese sentido no deja de crecer, con herramientas propias lanzadas por LinkedIn o Facebook, y sin duda con muchos más competidores preparándose para entrar. Los entornos sociales tienen cada vez más como base la compartición de información, y en el ámbito corporativo esto va a tener un acomodo mucho más natural.

 

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Analizando el clicktivismo

Escrito a las 11:53 am
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Activismo a golpe de clic - El Pais (pdf)Rosa Alvares, de El País, me envió un cuestionario intentando llevar a cabo un pequeño análisis sobre el auge de las plataformas e iniciativas que surgen en torno al llamado “clicktivismo”, la firma de peticiones en la red para todo tipo de fines, y el pasado domingo me citó brevemente en su artículo titulado “Activismo a golpe de clic” (pdf), en El País Semanal.

A continuación, el intercambio completo de preguntas y respuestas que mantuve con Rosa:

 

P. Causas virtuales, ¿compromiso virtual?

R. Indudablemente, el nivel de compromiso que se genera con una acción de clicktivismo es menor que el que se origina con una acción de activismo tradicional: una buena parte de la percepción de ese compromiso proviene precisamente de la fricción, de la necesidad de bajar a la calle, participar en una manifestación o protesta, etc. Al llevar este tipo de acciones a un proceso de registro – solo si es la primera vez – y un clic, la percepción de implicación desciende, aunque se mantiene el interés y la inquietud por recibir información sobre el resultado de la acción. De hecho, la mayor parte de las páginas que desarrollan este tipo de actividades mantienen el contacto con los firmantes para proporcionarles más información sobre la causa que han apoyado.

P. El clicktivismo predispone a los ciudadanos a ser más comprometidos dadas las facilidades que tienen para actuar? ¿Puede ser un paso previo a la acción directa? ¿O es un activismo descafeinado?

R. El clicktivismo incrementa el nivel de accesibilidad y visibilidad de las campañas: el usuario se encuentra mucho más expuesto a un número mucho mayor de causas, muchas de las cuales le habrían pasado completamente desapercibidas de no haber sido por los mensajes de la página o por la difusión que llevan a cabo otros usuarios. Este hecho, unido al de la escasa fricción implicada, genera que se preste apoyo a causas que, en circunstancias normales, no lo habrían obtenido. El hecho de que todo el proceso se lleve a cabo sin intervención humana, sin tener que hablar con nadie, genera también una sensación de mayor facilidad. Las personas, sin embargo, tienen un cierto “umbral” para este tipo de actividades, lo que puede generar un cierto efecto de “dilución” a medida que ese número de campañas se incrementa.

P. Estas iniciativas son eficaces digamos en un mundo global o más bien solo una ayuda para mejorar nuestro entorno inmediato?

R. Lo más habitual es circunscribirlas a nuestro entorno cercano, a nuestro país. Existen campañas globales y algunas de ellas han tenido éxitos notables, pero típicamente se genera una percepción mayor de empatía y de tangibilidad mediante la proximidad que genera el que la campaña esté en nuestro mismo entorno, o en uno con el que tenemos cierta familiaridad.

P. Muchos ciudadanos ven en el clicktivismo una forma directa de conseguir sus deseos, más que en la urnas, votando cada cuatro años. ¿Le parece una impresión real?

R. Las campañas aportan visibilidad, permiten transmitir inquietudes ciudadanas y trasladar al político un cierto “pulso” de la opinión pública en función de su nivel de apoyo, pero no están integradas como tal en el sistema político, lo que puede hacer que los poderes públicos las ignoren completamente. En cualquier caso, esa visibilidad adicional puede incidir en que se tomen medidas para intentar aportar una pluralidad de puntos de visto u opiniones más elevada, para abrir procesos de consultas con implicados o para, en general, dar mayor voz a los ciudadanos. Pero para esto, obviamente, es preciso que exista un cierto nivel de sensibilidad y voluntad política.

P. ¿Qué tiene de positivo el clicktivismo?

R. El clicktivismo supone, en cierto sentido, una “caída del caballo” para el ciudadano: cuando participa, toma conciencia de que la red ha hecho posible una bidireccionalidad muy superior, y empieza a reclamar de manera instintiva que esa bidireccionalidad se extienda y alcance otros elementos de la vida pública. Tras hacer peticiones, suele generarse una mayor conciencia de participación, que se asume que forma parte de una evolución natural a medio/largo plazo de la política tal y como la conocemos. Si nos fijamos en países con más tradición en el uso de la red, como los Estados Unidos, podemos ver la articulación de cada vez más mecanismos para la participación en la vida pública: los mensajes del presidente del gobierno aparecen en YouTube y cuentan con comentarios abiertos, la página gubernamental tiene su propio mecanismo para acomodar peticiones populares (que además obliga al propio gobierno a responder si se supera un determinado umbral de apoyo), etc.

P. ¿Crees que es un arma realmente efectiva para movilizar a los ciudadanos? ¿Más que las propias urnas?

R. El papel de ambos mecanismos es diferente. La urnas o los mecanismos de voto electrónico son generalmente vinculantes e iniciados por el gobierno, mientras que las páginas de peticiones suelen ser no gubernamentales y simplemente tratar de influir en el gobierno o en las partes afectadas de forma no vinculante. Ambos mecanismos pueden tener un papel perfectamente compatible y activo en una democracia sana.

P. ¿Y no hay un riesgo de banalización, de que la gente firme o dé un like de forma frívola, sin implicarse en realidad en las causas?

R. Lógicamente, la ausencia de fricción en el proceso puede generar que, en algunas ocasiones, se preste apoyo a causas de manera relativamente “alegre”, sin pensar demasiado en las consecuencias o sin pararse a razonar, por ejemplo, las posibles contrapartidas de una generalización de la acción solicitada. Sin embargo, este tipo de problemas tiende a normalizarse, a afectar únicamente a un cierto porcentaje residual de usuarios: resultaría absurdo tratar de descalificar una petición con un apoyo masivo en virtud de este tipo de procesos.

P. ¿Podrías darme algún “consejo para el perfecto clicktivista”?

R. La recomendación general es tratar de llevar a cabo un análisis lo más completo posible de la petición: quién la lanza, qué intereses puede tener más allá de los directamente expuestos en la petición, quién es y qué otras peticiones ha protagonizado (no tiene el mismo crédito alguien que lucha por una causa que conoce de cerca, que alguien que simplemente se dedica a lanzar peticiones de distintos tipos cada semana como si fuese parte de algún tipo de reafirmación social, por ejemplo), qué consecuencias podría tener si la petición tuviese éxito y se generalizasen otras similares, cómo afecta a los distintos actores implicados, etc.

Amazon y el mercado de los servicios

Escrito a las 1:46 pm
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Amazon Home Services

Amazon lanza una sección en su página, Amazon Home Services – por el momento, solo en algunas ciudades de los Estados Unidos – para ofrecer servicios de profesionales de servicios de todo tipo, desde fontanería, pintura, limpieza o reparaciones en la casa, hasta cuestiones como clases a domicilio, jardinería o montajes de cualquier índole.

La idea no es exactamente novedosa: plataformas para profesionales que ofrecen servicios existen desde hace mucho tiempo, con diversos planteamientos, ámbitos y escalas. No, la cuestión no está en montar una plataforma para que los profesionales ofrezcan sus servicios, sino hacerlo “al estilo Amazon”: con sus sistemas de valoración, sus garantías de satisfacción, y sobre todo, su escala. La idea es crear un servicio “envolvente”, en el que el usuario mantiene los estándares a los que la compañía ha conseguido acostumbrarle, y que trata de extenderlos a profesionales ajenos a la compañía, pero que aceptan trabajar con sus reglas y tienen buen cuidado de hacerlo de manera rigurosa, dado el riesgo que puede llegar a suponer quedarse fuera de una plataforma así.

Dentro de las formas de trabajar de Amazon, está claro que la búsqueda de la cuota de cliente es un factor importante: si empezaste utilizando Amazon para encargar tus libros, es más que posible que hayas ido pasando a comprarles artículos en una gama creciente de categorías que en muchas ciudades ya incluye hacer la compra doméstica, y finalmente, incluso a cuestiones como pedirle que almacene tus fotografías y archivos. Con Amazon puedes contratar personas para hacer tareas manuales o intelectuales repetitivas, puedes tener una varita mágica con la que hacer la compra sin moverte de tu casa y con logística en modo tarifa plana, o puedes poner un cilindro negro en tu salón al que hacerle preguntas de todo tipo. Una gama de cosas completamente mareante que va desde lo más razonable hasta lo más exótico, pero que comparte un clarísimo paraguas común y una experiencia de cliente consistente.

El crecimiento de la oferta de productos en la compañía es incesante, alimentado por una política de innovación en la que todo aquello en lo que la compañía desarrolla o adquiere algún tipo de expertise, puede ser de alguna manera transformado en un producto de cara al cliente. Por la razón que sea, cada vez termino utilizando más ejemplos de Amazon en mis clases de innovación, y no únicamente cuando discutimos el caso Amazon. En Amazon hay todo tipo de proyectos, obviamente no todos exitosos, pero no resulta habitual encontrar quejas generalizadas o consistentes de ninguno de ellos: cuando lanzan una línea nueva, podemos encontrarnos un nivel más o menos elevado de adopción, pero por lo general, la satisfacción de quienes la prueban suele ser consistentemente elevada.

Esto convierte a Amazon en un competidor formidable, en una auténtica amenaza para todo aquel que pretenda vender cosas a través de la red, en una especie de versión paralela – que no igual – de aquello que Jeff Jarvis decía de Google en el subtítulo de su muy recomendable libro “Y Google, ¿cómo lo haría?“: “hagas lo que hagas, Google lo acabará haciendo mejor que tú, y además gratis”. No, Amazon no suele hacer cosas gratis, pero sí parece que tiene una clara tendencia a irrumpir en el negocio de otros haciéndolo mejor que ellos, y consiguiendo, en muchas categorías, retirar al cliente de otras opciones. Los clientes que compran en Amazon Fresh o mediante Amazon Dash tienden a prácticamente retirarse de otras opciones de compra en una categoría tan dura y compleja como la de la gran distribución, porque una vez pagada la logística en modo tarifa plana, la sensación es que ya puedes pedir lo que quieras, a un precio razonable, y aparece mágicamente en tu casa. Pocas cosas hemos visto que estuviesen tan cerca de revolucionar una industria tan asentada como esa. Pero quien piensa eso de una industria, puede aplicarlo a muchas otras: realmente, hace ya muchísimo que no compro ningún libro en algún sitio que no sea Amazon, y si alguno llega a mis manos como regalo o por otra vía y lo termino leyendo, tengo incluso un sitio para “confesar mi infidelidad” y que Amazon lo tenga en cuenta a la hora de plantear mis recomendaciones.

Mi impresión es que Amazon Home Services puede suponer un cambio muy importante en la manera en que muchas personas buscan este tipo de profesionales. Que puede llegar a ser una versión moderna y sensiblemente mejorada de lo que en su momento fueron las páginas amarillas. Pero para saberlo, lógicamente, habrá que esperar un tiempo…

 

ACTUALIZACIÓN (01/04/2015): Marimar Jiménez cita esta entrada en su artículo de Cinco Días titulado “Amazon te busca desde un fontanero a un profesor” (pdf)

 

This article is also available in English in my Medium page, “Is Amazon set to shake up the services sector?”

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