El Blog de Enrique Dans

Privacidad real frente a privacidad percibida

Escrito a las 10:15 am
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IMAGE: IQoncept - 123RFEl último escándalo sobre violaciones de privacidad afecta a Snapchat, la aplicación que desde hace tiempo se ha convertido por su crecimiento en la estrella del panorama de la comunicación entre los adolescentes, pero no es responsabilidad directa de la compañía. El llamado the snappening ha supuesto la publicación de miles de fotos y vídeos, muchos de ellos con contenido explícito y de menores de edad, que utilizaban Snapchat habitualmente, pero no ha sido debido a un descuido o problema de seguridad originado en la compañía, sino al uso de una aplicación auxiliar, llamada Snapsaved, que muchos jóvenes utilizaban precisamente para hacer lo que no se puede hacer con Snapchat: almacenar las imágenes recibidas. La aplicación ya ha admitido su responsabilidad y ha anunciado su cierre.

El escándalo debería hacernos reflexionar sobre el papel de la privacidad en el entorno actual de la comunicación: por un lado, millones de jóvenes abandonan Facebook debido a que ya no lo consideran cool, a que están ahí “hasta sus padres y abuelos”, y a que todo lo que comentan en esa red pasa a formar parte de una especie de “historia de su vida en fascículos coleccionables”.

Por otro, se lanzan en brazos de una nueva aplicación, Snapchat, que les promete la autodestrucción inmediata, a los pocos segundos, de las fotografías y mensajes que envíen, a pesar de que tienen todos ellos evidencias claras de que la privacidad que Snapchat promete está muy lejos de ser una privacidad real. En muy poco tiempo, Snapchat experimenta un crecimiento desmesurado de usuarios que la llevan a rechazar una oferta de la propia Facebook por tres mil millones de dólares, supuestamente otra de cuatro mil millones de Google, a alcanzar una valoración estimada de diez mil millones, y a ser calificada por el mismísimo Mark Zuckerberg como “un fenómeno de la privacidad“.

Pero aquí es donde surge la paradoja: desde el primer momento en que los primeros usuarios comenzaron a probar las primeras funcionalidades de Snapchat, quedó perfectamente claro que la privacidad que supuestamente ofrecía no era tal, y que los mensajes podían ser capturados con cierta facilidad, desde utilizando el llamado “agujero analógico” (consistente en tomar una fotografía de la pantalla con un segundo móvil antes de que la imagen desaparezca del primero), hasta siendo capaz de hacer una captura de pantalla (tarea no sencilla dado que hay que mantener un dedo pulsado en la pantalla para poder ver el snap recibido, pero tampoco imposible), hasta, a partir de muy poco tiempo después del comienzo de la popularización de Snapchat, mediante apps específicamente diseñadas para ello. La cuestión era evidente: ofrece a un desarrollador una tarea supuestamente “imposible” o que alguien ha diseñado para que no pueda ser llevada a cabo fácilmente, y te vendrá con una solución, sobre todo si hay interés y mercado para ella. Pero sin ni siquiera pensar en factores externos, la propia Snapchat demostró, en enero de 2014, que sus prácticas de seguridad eran como mínimo muy mejorables, y que la supuesta privacidad que ofrecía podía ser violada con relativa facilidad.

Llevados por el interés en capturar mensajes de otra manera efímeros, muchísimos usuarios instalaron apps de este tipo, precisamente para lograr romper aquello que inicialmente consideraban “la gran ventaja” de Snapchat: que sus mensajes no quedaban reflejados en ningún sitio. La propia Snapchat se dedicaba a patrullar la App Store y la Play Store localizando apps de este tipo y denunciándolas por lo que suponían de violación de sus términos de servicio y por las vulnerabilidades que podían suponer, pero poco hay que hacer cuando un mercado demanda un producto. De hecho, tras el éxito de su primer producto basado en los mensajes que se autodestruían en pocos segundos, la propia Snapchat lanzó otras modalidades de comunicación que sí permitían guardar y compartir mensajes, pero aún así, la popularidad de este tipo de apps se mantuvo.

La pregunta es: si prácticamente todos los jóvenes usuarios de Snapchat sabían que la privacidad de la herramienta que utilizaban era prácticamente una ilusión, que existían múltiples y muy cercanas posibilidades de que aquellos mensajes que enviaban no fuesen en realidad tan privados, o si incluso ellos mismos, en muchos casos, sabían de la existencia de esas herramientas porque ellos mismos las utilizaban… ¿qué les llevó a seguir utilizando alegremente Snapchat para compartir todo tipo de mensajes, algunos además con contenido explícito? (interesante eufemismo este del “contenido explícito” :-)

La respuesta parece clara: lo importante no es la privacidad de la herramienta, sino el planteamiento de la misma. Para millones de jóvenes en medio mundo, el determinante de la adopción de Snapchat no fue la confianza en sus garantías técnicas de privacidad ni sus incuestionables prácticas de seguridad, sino el simple hecho de que el planteamiento del servicio estaba hecho en torno a esas premisas – aunque no fuesen reales. Y naturalmente, al propio fenómeno de adopción en sí mismo: todos mis amigos lo están usando, por tanto yo también lo uso.

El caso ofrece una interesante perspectiva de los mercados tecnológicos: para lograr una adopción exitosa no es preciso ofrecer realmente unas prestaciones o una funcionalidad determinada, sino simplemente pretender ofrecerla, generar la ilusión de su existencia, contar una historia que suene suficientemente bien en ese sentido, aunque en realidad no soporte un análisis mínimamente riguroso. Basta una promesa para que los usuarios no solo adopten la herramienta, sino que incluso le confíen materiales, fotografías o vídeos personales para los que razonablemente tenían unas expectativas de privacidad elevadas.

¿Inconsciencia? ¿Imprudencia? ¿Exceso de confianza? ¿Locuras de juventud? ¿Fashion victims? ¿Todo a la vez? Sea lo que sea, mucho me temo que no va a ser la última vez que nos encontremos casos de este tipo…

 

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Los viejos periódicos y el ostracismo digital

Escrito a las 11:39 am
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IMAGE: Sparkstudio - 123RFYa han sido varias las ocasiones en las que los editores de AEDE han ido a reunirse con Google enarbolando una factura, pretendiendo cobrar al buscador por reseñar sus titulares en su servicio Google News. Para ellos, era “dinero fácil”, algo casi “de cajón”: Google usa nuestros contenidos, por tanto Google debe pagar, porque ellos ganan dinero y nosotros no somos capaces de hacerlo. Los matices iban aparte: que Google News fuese un servicio gratuito y sin publicidad alguna, o que fuese una muy importante fuente de visitas para las páginas de sus periódicos era algo para ellos secundario. La cuestión era que Google debía pagar, “porque tenía mucho dinero”. Y si no pagaba, habría que obligarlo.

Los dinosaurios de AEDE encontraron en el gobierno de Rajoy y en Soraya Sáenz de Santamaría la horma perfecta para su zapato. Un presidente obsesionado con el control de los medios y con lo que los periódicos “de toda la vida” decían de él, y una vicepresidenta que se cree omnipotente, que desprecia internet y que es la reina absoluta del “sostenella y no enmendalla”. El presidente que quiere verse guapo en la portada del ABC, y su todopoderosa vicepresidenta. La única diferencia entre Soraya Sáenz de Santamaría y Dios es que Dios no cree ser Soraya Sáenz de Santamaría. Así que la maquinaria se puso a trabajar de la única manera que sabe hacerlo: a golpe de decreto. O de “artículo colado de rondón”, una costumbre muy española: metemos un nuevo artículo en una ley, sin encomendarnos ni siquiera a Europa – peor aún, enviando a Europa la versión de la ley sin ese artículo – y organizamos una componenda con los periódicos de AEDE digna de una república bananera: nos tratáis bien, cambiáis a los directores hostiles al gobierno, y os conseguimos el dinero de Google. Impresionante, muy democrático, muy estético… pero da igual. Habrá daños colaterales, se perjudicará a los emprendedores y a páginas que citan noticias en toda la red española, se convertirá a España en el único país del mundo que institucionaliza un “pago por enlazar”, iremos en contra de la dinámica de la red desde sus mismos orígenes… da lo mismo. Soy Soraya, y puedo hacerlo. Todo sea por “la causa” y por controlar las portadas de los periódicos “de toda la vida”.

Quisieron tensar la cuerda… y la cuerda se ha roto. Quisieron forzar a Google a pagar, y ahora Google afirma no solo que no pagará, sino que además, cerrará Google News en España si es preciso para no hacerlo. Que pagar no es una cuestión de dinero, sino de defender la naturaleza de la red. El “dinero fácil” con el que el gobierno pretendía comprar la línea editorial de los medios de AEDE va a resultar que no es tan fácil. Para el gobierno era el acuerdo ideal: controlo a los periódicos, y pago con dinero de otro. Un trato al que en España estamos ya, en realidad, muy acostumbrados: los sucesivos gobiernos llevan décadas pagando a la prensa sus favores mediante el desvío interesado del dinero de todos que supone la publicidad institucional.

De poco sirvió que la Coalición pro-Internet, los medios no afiliados a AEDE, los analistas internacionales, publicaciones de prestigio o la mismísima Wikimedia Foundation insistiesen en que el canon era una barbaridad, que no podía ser aceptable de ninguna manera, que atentaba contra la propia naturaleza de internet o que supondría un impacto económico negativo. ¿Peticiones de firmas? Bah, cuatro gatos. La ley tenía que salir sí o sí, porque lo contrario habría sido una muestra de debilidad. Para beneficiar a unos cuantos dinosaurios inadaptados, había que cambiar cómo funciona internet.

¿Y ahora? La situación actual, con la ley finalizando su trámite de aprobación y Google anunciando que cerrará Google News España, es la de “y para que se fastidie el sargento, no como rancho”. Por un lado, los periódicos no cobrarán ni un euro de Google. Por otro, perderán una fuente importante de tráfico para sus páginas, posiblemente unida a muchas otras páginas que, como yo mismo llevo haciendo desde que se anunció la tramitación de la ley, decidirán no enlazar. Muchos poquitos, sí, algunos casi insignificantes, pero que juntos acaban dando lugar a un tráfico apreciable. Al final, un ostracismo digital que la ciudadanía ve como el mejor premio a la tozudez y a la inadaptación, como una forma de dar a los viejos periódicos precisamente lo que se merecían.

Para España, toda una evidencia de la alarmante pérdida de calidad democrática que ha supuesto el mandato del gobierno actual: España se convierte en uno de los pocos países del mundo donde Google News no está presente, y el único donde tuvo que cerrar sus operaciones debido a la presión gubernamental. Un país donde por ley ocurre algo tan disparatado como que no se pueden citar las noticias sin pagar. Repítelo despacio: para poder referirme a una noticia y enlazarla, ¡tengo que pagar!! ¿Pero qué clase de dinosaurio estúpido e iletrado concibe una ley así?

Finalmente, Richard Gingras y Google han planteado el único escenario lógico que podían plantear: no capitular ante unas exigencias que suponían un auténtico pecado capital contra la libertad de información, contra el derecho de cualquiera para enlazar a una noticia. La posición de Google es incómoda, era una decisión que no interesaba a nadie tomar. Pero el problema no era pagar: era convertirse en el que, con su pago, legitimaba semejante barbaridad – o semejante estupidez irracional. Para el “consejo de ancianos” en el que se ha convertido AEDE y para el gobierno español, todo un “triunfo”: ni honra, ni barcos. Enhorabuena. Por el bien de todos, esperemos que no obtengan muchos más triunfos como este.

 

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La mojigatería fiscal

Escrito a las 12:17 pm
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IMAGE: Lightwise - 123RFDesde hace cierto tiempo, cada vez que menciono a empresas como Google, Amazon, Facebook, Microsoft, Uber y algunas otras, surge indefectiblemente un comentario que habla de las prácticas fiscales de estas compañías, y de la ventaja que teóricamente supone el no pagar impuestos en nuestro país y hacerlo en su lugar en otras jurisdicciones aprovechando las ventajas fiscales que estas ofrecen.

Todas las empresas y particulares llevan a cabo, dentro de sus posibilidades, lo que se conoce como “optimización fiscal”. Lo escribo entrecomillado por una razón muy sencilla: es un eufemismo. Quitémonos la careta: un EUFEMISMO así de grande, como la copa de un pino. Todos, absolutamente todos, “optimizamos” impuestos en el mismo sentido: pagar los menos posibles. Los impuestos son algo que toda empresa y todo particular tratan de eludir de la mejor manera posible, y cuya mecánica está de hecho diseñada para que así sea: se delimita un marco legal, y se permite que los usuarios, empresas o particulares, se ajusten a él todo lo que estimen oportuno sin sobrepasarlo. A veces, entrando en zonas que podríamos denominar “grises”, y teniendo que defender su criterio ante una eventual inspección.

Todos tratamos de reducir nuestro pago de impuestos dentro de nuestras posibilidades. No existe empresa que, ante la posibilidad de pagar menos impuestos dentro de los límites de la legalidad, diga eso de “no, voy a escoger pagar más, porque así contribuyo más al bienestar de mi país”. Si existe una posibilidad de pagar menos y esa posibilidad no es abiertamente ilegal o no supone un incremento excesivamente elevado de la contingencia fiscal, es utilizada. Es más: de no ser así, los accionistas protestarían por lo que supone una no optimización de los recursos de la compañía.

Optimizar el pago de impuestos no supone ningún tipo de “dilema ético”, ni convierte al que lo hace en algún tipo de sinvergüenza: simplemente, el sistema fiscal está diseñado así, para permitir determinadas cosas. Podemos criticar el sistema fiscal, podemos pedir cambios en sus normas, pero no podemos – no es lícito – insultar al que hace uso de ellas dentro de los márgenes de la ley. Está, simplemente, ateniéndose a las leyes y haciendo lo que tiene que hacer. Hablamos de un ámbito para el que se forman específicamente profesionales de la dirección de empresas, en el que se estudian de forma especialmente cuidadosa los límites, y en el que hay mucho, mucho escrito sobre prácticas y posibilidades. No hablamos de ningún tipo de delitos, sino de cuestiones que están estrictamente dentro de la ley, abiertas para todo aquel que quiera y sepa utilizarlas. Querer homologar esa optimización fiscal con la calidad moral de quien la práctica es sencillamente mojigatería.

Vivimos en una época curiosa: ante la falta de argumentos, se exageran los que no existen hasta llegar al límite de lo grotesco. Tener que aguantar, cada vez que mencionas a determinadas empresas, al “mojigato fiscal” de turno que viene con la cantinela de que “no pagan impuestos” es fundamentalmente cansino, empobrece absurdamente el debate, y no lleva a ningún sitio. Por supuesto que las empresas, sean del mundo online o no lo sean, optimizan su pago de impuestos. Lo hace Amazon, lo hace Inditex, y lo hacen miles de empresas y particulares mediante SICAV en medio mundo. Lo hace el que, tras ver si le sale mejor declarar conjunta o separadamente, escoge indefectiblemente la opción que reduce su pago de impuestos. Cada uno lo hace a su nivel, dentro de sus posibilidades. Posibilidades que no suponen ser más o menos sinvergüenza, sino simplemente estar en disposición de utilizarlas. Si tienes subsidiarias en diversos países, tus posibilidades de optimización mejoran, y eso no quiere decir que seas algún tipo de ladrón: simplemente, que utilizas el marco legal vigente para optimizar tu pago de impuestos. Como hace todo el mundo. Si quieres tener acceso a ese tipo de posibilidades, tendrás que crecer hasta tener operaciones en diversos países, tendrás que contratar expertos en optimización fiscal, y tendrás que llevar a cabo un diseño que las diferentes autoridades tributarias de los distintos países en los que operas consideren adecuado.

Hay países que emplean exenciones y beneficios fiscales como parte del diseño de sus ventajas comparativas. Para atraer inversiones, para fomentar la radicación de determinadas empresas, para intentar dar origen a un tejido industrial determinado… mientras se atengan al marco internacional adecuado y no sean objeto de sanciones, boicots o restricciones por ello, lo que hacen es perfectamente legal. Pretender que esos países pueden existir, pero que cualquiera que haga uso de las ventajas que ofrecen – repito, perfectamente de acuerdo con la legalidad vigente – es algún tipo de sinvergüenza malvado es una absoluta hipocresía y una estupidez. La presión sobre estos países puede acabar determinando cambios en sus políticas fiscales, como de hecho acaba de ocurrir con Irlanda, pero son temas que suelen moverse despacio, y que responden a dinámicas internacionales complejas.

Abandonemos la absurda dialéctica de la mojigatería fiscal: los impuestos son como la muerte, están ahí, y todos, del primero al último, tratamos de evitarlos en la medida de lo posible. Lo único que se puede reclamar en este sentido es que esa optimización se haga dentro del marco legal correspondiente. Si las empresas no optimizan su pago de impuestos, sus accionistas les reclaman – con toda la razón, además – que lo hagan. Es lo que hay. Si el nivel de optimización fiscal que practican algunas empresas nos parece excesivo y esas empresas están ajustándose, como parece indicar el caso, estrictamente a la ley, o cambiamos las leyes, o nos callamos y las dejamos que actúen. Lo que es legal, es legal, y lo que no lo es, no lo es. Lo demás, son argumentos de mal perdedor, y es tan absurdo como introducir la moral en aspectos que nunca estuvieron diseñados para que tuviera cabida.

Dos lecturas interesantes a cuento del tema:

 

This article is also available in English in my Medium page, “Tax self-righteousness” 

Comercio electrónico y logística: elevando las barreras de entrada

Escrito a las 7:21 pm
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IMAGE: Scanrail - 123RFEn menos de una semana, dos experiencias relacionadas: en la página de una gran superficie francesa “de las de toda la vida”, adquiero un televisor, y me decido por esa página y por ese modelo fundamentalmente por la promesa de entrega de entre dos y cuatro días. Tras cumplirse cinco días del pedido y comprobar que la página de seguimiento del mismo muestra un enigmático “-1 día” y no ha sido entregado, contacto por vía telefónica, y me comunican que mi pedido llegará en seis días, y que si no es así, que simplemente “vuelva a llamar”. Ninguna solución más, ninguna compensación, nada más allá de un “es lo que hay”. Hemos hecho una promesa, hemos adquirido un compromiso con un cliente, lo hemos incumplido de forma manifiesta… pero no pasa nada. Y si volvemos a incumplirlo, haga usted el favor de volver a llamar.

Mientras, veo como hoy Amazon.es anuncia su reparto de mercancía en el mismo día: todos los pedidos de productos vendidos o gestionados por la compañía y realizados antes de las 13:30 podrán ser entregados el mismo día en el área de Madrid por un coste de 9.99€, o 6.99€ si tienes la opción Amazon Premium. Y en caso de que no puedan llevar a cabo la entrega, te reembolsan los gastos de envío inmediatamente.

¿Podría simplemente esa gran superficie contratar con el mismo proveedor logístico que Amazon – en este caso, Seur – y tratar de competir con el gigante norteamericano en servicio? No, todo parece indicar que no resulta tan sencillo: los problemas que impiden que esa gran superficie cumpla con sus compromisos de entrega o simplemente sea capaz de ofrecer un servicio así tienen mucho más que ver con sus problemas y su sistemas internos que con la disponibilidad de un servicio logístico determinado. Mucho me temo que pasarán todavía años antes de que esa gran superficie sea capaz de ofrecerme una alternativa así, y muchos más antes de que, además, lo ofrezca con la actitud de servicio al cliente con la que lo hace Amazon, en lugar de gestionarlo “como si te hicieran un favor”.

El gran problema de la competitividad en la red de las empresas no es la logística, sino los sistemas y, sobre todo, la actitud. Esa actitud de “vendo a través de la web porque no me queda más remedio”. Y todavía nos extrañamos de que las cuentas de Amazon en nuestro país no hagan más que subir, mientras las grandes superficies “de toda la vida” no hagan más que bajar – y lo que les queda. Con competidores como Amazon, las barreras de entrada al comercio electrónico en términos de nivel de servicio no hacen más que elevarse: lo que empieza siendo un servicio premium, termina por convertirse en una expectativa razonable en muy poco tiempo: la de una reducción de la fricción próxima a “hago clic, y entra por la puerta”. Cuando algunos quieran darse cuenta, la distancia, tanto a nivel operativo como a efectos conceptuales, de imagen percibida por el cliente, será muy, muy difícil de salvar.

Medium crece

Escrito a las 2:19 pm
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Enrique Dans on MediumMedium actualiza mi colección a su nuevo diseño, mucho más actual y visualmente atractivo, y yo me tomo un ratito para reflexionar sobre una herramienta que en su momento empecé a utilizar porque me llamaban la atención las aventuras de sus creadores y para tratar de dar algo de visibilidad en el mundo angloparlante a las entradas traducidas de mi blog en español, y en donde en la actualidad tengo ya más de 4.100 seguidores y un nivel de lectura razonablemente elevado, seguramente bastante más del que podría haber alcanzado si simplemente hubiese empezado a publicar esas entradas en inglés en esta misma página.

El balance, sin duda, es más que positivo, no solo en términos de visibilidad, sino también como herramienta de promoción con editores o profesores angloparlantes, además de servirme para mis clases (desde ya hace varios años imparto bastantes más cursos en inglés que en español). Recientemente, Medium presentó una colección para promocionar mejor sus páginas en español en la que lógicamente no tengo encaje, pero que es una prueba más de su crecimiento, como lo es el reciente anuncio de la apertura de una cuenta por parte de la Casa Blanca norteamericana.

¿La ventaja fundamental de Medium? Además de su crecimiento y su continuo incremento de popularidad, su carácter de colección editada, es decir, la posibilidad de que los editores de la compañía decidan destacar lo que has escrito, recomendarlo, o incluirlo en alguna de sus colecciones. Algo que me ha ocurrido ya en unas diez ocasiones, y que conlleva un incremento sensible de la visibilidad, a veces por factores de veinte o treinta veces. O las hasta ahora tres veces que editores de otras publicaciones (Vice y Business Insider, por el momento) me han solicitado la republicación de entradas que habían visto originalmente en Medium.

¿Seguiré con este tipo de mecánica de publicación dual, con mi propia página para las entradas en castellano y usando Medium para las escritas en inglés? Sinceramente, no lo sé. La alternativa, claramente, es una sola página “con banderitas”, para poder ver cada entrada en español o inglés indistintamente. Por el momento, constato que me va bien: Medium me sigue pareciendo una herramienta interesante, sencilla, fácil de usar, con unas estadísticas interesantes (entre otras el balance entre accesos y lecturas completas) y con una estética y un planteamiento agradablemente minimalistas. Tanto, que en las recomendaciones que hago a mis alumnos para sus páginas personales, en las que habitualmente les hablaba de WordPress, Blogger y Tumblr (por ese orden en términos de sofisticación, valor añadido del aprendizaje y pretensiones de cara a futuro), he añadido últimamente a Medium y a Ghost.

Y por otro lado, si en algún momento me planteo volver a traer todas mis entradas en inglés a esta página y dejar de alimentar Medium, tampoco pasa nada: mantiene una buena herramienta de exportación, así que todo es coger el archivo, pegarlo en la base de datos de entradas de WordPress, y salir por la puerta…

 

This article is also available in English in my Medium page, “A growing Medium

Amazon: ¿para qué una tienda física?

Escrito a las 8:49 pm
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7 West 34th St - New YorkAmazon anuncia la apertura de una tienda física en pleno corazón de Nueva York, a la sombra del Empire State, en una de las zonas de mayor tránsito peatonal y locales más exclusivos. Para hacerlo, ha escogido un local en el que antes había unos antiguos grandes almacenes. Y la pregunta, claro, es inmediata: ¿de qué manera encajan las tiendas físicas en la estrategia del rey del comercio electrónico?

Las respuestas, en este caso, pueden ser múltiples. Por un lado, una tienda física ofrece un punto de recogida y retorno de mercancía para aquellos clientes que lo deseen, al tiempo que ofrece la oportunidad de probar aquellos productos que puedan beneficiarse de una experiencia directa o una asesoría por parte del personal de la tienda, integrándose en la ya conocida tendencia del showrooming. De hecho, se sabe que la compañía había barajado la idea durante algún tiempo para el área de Seattle, pero lo terminó descartando por falta de tráfico peatonal.

¿Por qué Nueva York? Las especulaciones apuntan a que la compañía albergaría en el edificio, además de la tienda en sí, todo un polo logístico para dar servicio al área de Manhattan, una de las más intensas del mundo en términos de densidad de pedidos. De ahí que, en caso de tener éxito, todo parezca indicar que estaríamos hablando de un despliegue sumamente cuidadoso, únicamente restringido a áreas con fortísima demanda, capacidad de representación y tránsito peatonal.

Anteriormente, la compañía había experimentado vendiendo Kindles en algunas cadenas de establecimientos como Wal-Mart o Target, pero ambas compañías decidieron retirar esos artículos de sus estanterías con pocos meses de diferencia al ver la pujanza del gigante del comercio electrónico y el efecto que las ventas de Kindles tenía sobre las ventas de contenidos. Además, Amazon ha experimentado también en la vertiente física en diversos sitios con tiendas pop-up, y ha desarrollado una red de armarios físicos en tiendas de conveniencia y sitios similares para facilitar las recogidas a personas con problemas para estar en su casa a la hora de recibir los envíos.

¿Paradójico? Posiblemente viniendo de la empresa cuyo éxito, entre otras muchas cosas, significó la caída de compañías tan señeras de la distribución física como Borders. Pero posiblemente, un movimiento con cierto sentido, y algo que va un poco más allá de ser un simple símbolo.

 

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Facebook: nuevos tiempos

Escrito a las 1:46 pm
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Facebook: nuevos tiempos - Expansión (pdf)El imparable crecimiento de usuarios de Facebook, que supera ya los 1.317 millones de personas, parece estar apuntando un problema importante en la base de su pirámide demográfica: los jóvenes, como ya se había avanzado anteriormente, están abandonando la red social de una manera cada vez más evidente. Un estudio de PiperJaffray, Taking stock with teens – Fall 2014, muestra una impresionante caída desde el 72% al 45% en el porcentaje de usuarios en la franja de edad que va desde los 13 a los 19 años, tan solo entre el trimestre de primavera y el del otoño. 

Obviamente, Facebook tiene un serio problema en la percepción de los jóvenes, una cuestión completamente veleidosa que en unos pocos meses ha pasado la compañía del HOT al NOT, y que, de no ser por movimientos como la adquisición de WhatsApp o la de Instagram, supondrían un verdadero desastre Porque son precisamente esas aplicaciones, la mensajería instantánea por un lado, e Instagram por el otro, las que están llevándose de calle el planteamiento de las relaciones sociales de los jóvenes: aplicaciones que no son percibidas como una especie de “almacén permanente de información” o “historia de mi vida y milagros para que otros la miren y la critiquen”, y en las que no corren el riesgo de que aparezcan sus padres y hasta sus abuelos para poner comentarios en sus fotos. En el mismo período de pocos meses, el uso de Instagram ha pasado del 69% al 76%, y el de apps como Snapchat, que la compañía intentó adquirir por tres mil millones de dólares, ha pasado a convertirse en prácticamente generalizado.

Estas “nuevas” herramientas tienen características muy interesantes: o bien directamente no tienen publicidad y han prometido seguir sin tenerla, como es el caso de WhatsApp, o bien están sujetas a modelos publicitarios completamente diferentes a los conocidos, en los que las marcas tratan de publicar contenido atractivo para obtener un seguimiento voluntario por parte de los usuarios, en lugar de perseguirlos, molestarlos o saturarlos. La ecuación de poder cambia completamente: el usuario pasa a poder bloquear a una marca en concreto si ésta se pone especialmente pesada en la reiteración, o puede optar por seguirla cuando, por el contrario, su contenido le resulta atractivo, abriendo así un canal de contacto permanente que, eso sí, tampoco puede ser objeto de un uso especialmente agresivo.

Se me ocurren muchas marcas que van a tener auténticos problemas adaptándose a canales así. Y sin duda, marca la transición a los nuevos tiempos… tiempos que, posiblemente, tengan mucho más sentido. Y muy posiblemente, con una Facebook completamente redefinida.

A continuación, el texto completo de mi columna:

 

Redes sociales: nuevos tiempos

Un nuevo estudio sobre los usos y costumbres de los adolescentes norteamericanos viene a confirmar una fortísima caída en la popularidad de Facebook, desde el 72% en primavera de este año hasta el 45% en este otoño: ya menos de la mitad de los jóvenes afirman ser usuarios habituales de la red social.

Quedan ya pocas dudas: la plataforma social de uso más universal, la que supera los 1.300 millones de usuarios activos en todo el mundo, está perdiendo el favor de la juventud, lo que para muchos podría ser equivalente a un problema de viabilidad futura.

Obviamente, nada que la empresa ignore: algunas de sus recientes adquisiciones están precisamente destinadas a tratar de capturar a este público mediante otras ofertas, tal y como ocurre con Instagram, cuyo uso crece y se sitúa ya por encima del 75% en esta franja de edad, o como esa WhatsApp en la que la compañía se ha gastado veintidós mil millones de dólares, líder de una categoría, la mensajería instantánea, que parece convertirse en tendencia imparable en las preferencias de comunicación.

Los jóvenes se han hartado de dejar huella. Con respecto a una Facebook a la que, como decía el jugador de béisbol Yogi Berra, “ya no va nadie porque está siempre demasiado llena”, la mensajería instantánea protagoniza la comunicación personal, con atención a lo que se dice y a la persona a la que se le dice, no a lo que va a parecer o a lo que otros van a pensar cuando lo vean en nuestro muro.

Un cambio de tendencia enormemente relevante, en muchos sentidos. La atención de los jóvenes, monopolizada por un medio que ha jurado mantenerse libre de publicidad.

Vienen nuevos tiempos.

 

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Cinco horas con Woz

Escrito a las 9:30 pm
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Woz and meSteve Wozniak.

Impresionante. Para mí, un momento de esos de “reto desbloqueado” total. Llegó a mediodía, y lo dejé ya en el camino a su hotel a las 17:00 para llegar a tiempo a mi clase de las 17:30. Cinco horas enteras compartidas con uno de los mitos más impresionantes de la historia de la tecnología: la persona que montó un ordenador desde cero, prácticamente él solo, y lo convirtió en un absoluto superventas, en el número uno de su época, en lo que provocó el cambio de concepto de lo que era un ordenador personal.

Lo presenté como una persona capaz de montar un ordenador desde cero él solo, como alguien capaz además de utilizarlo para hackear prácticamente cualquier cosa (haciendo referencia a sus tiempos con la Blue Box), y además, como alguien que podría robarle la novia a cualquiera porque, además de todo eso… sabía bailar! :-)

En realidad, había quedado únicamente en presentarlo en el evento, hacer una entrega de premios, y moderar un poco una ronda de preguntas en la comida posterior. En la práctica, me convertí en su sombra durante las cinco horas que duró el evento, yo creo que en algún momento debió temer que me fuese con él al hotel :-)

Un auténtico crack. Agradabilísimo, cercano, alucinantemente humilde (“con las cositas que iba creando, Steve se dedicaba a hacerme ganar dinero”… la cita no es exacta, pero la idea era esa), y con unas ideas interesantísimas en temas como la innovación, los procesos creativos, la educación, las libertades en la red, los derechos de autor, la privacidad o los derechos civiles (fue uno de los fundadores de la Electronic Frontier Foundation), ideas que además expone con la tranquilidad e independencia de no deberse a nadie.

Necesitamos personas como Steve Wozniak. Referencias. Héroes que lo son no por lo rápido que corren o por lo bien que juegan a nosequé deporte, sino por las cosas que han sido capaces de hacer con la tecnología. Por ser geeks, y por demostrar que los geeks terminarán dominando el mundo. Personas que inspiran a otras a crear, a aprender, a construir, a innovar, a solucionar problemas y retos. Una auténtica experiencia conocerle.

He visto una crónica del evento en Marketing Directo, y mañana habrá una entrevista muy buena en El Mundo (estuve con él mientras le hacían las preguntas).

 

El cierre de mi curso de innovación: bq y la robótica educativa

Escrito a las 11:39 pm
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bq educational roboticsHoy cerré mi curso de innovación en International MBA de IE Business School con un examen de esos que me gustan a mí, que intentan convertir la tarea de evaluación en una oportunidad para el aprendizaje mediante un caso que “toma vida propia” y se desarrolla directamente ante los alumnos – un tema que ya traté anteriormente en una entrada titulada “Innovando en formatos docentes“.

Mi “víctima” para la ocasión fue bq, empresa española líder en el mercado de la electrónica de consumo – sus smartphones son la segunda marca más vendida en el segmento de terminales libres, detrás nada menos que de un gigante como Samsung. Hablamos de una empresa fundada en el año 2003 por seis estudiantes de ingeniería en la Politécnica de Madrid, que empieza importando y vendiendo memorias USB, para pasar rápidamente a montar fábrica propia en China, avanzar hacia los lectores de libros electrónicos, pasar a los tablets y a los smartphones, y terminar llevando a cabo ellos la totalidad del proceso de diseño y fabricación de sus productos, al tiempo que inauguran líneas nuevas como las impresoras 3D, con fabricación íntegramente realizada en España. Hoy, la empresa emplea a casi 800 personas, opera en más de treinta países, y vende a través de las principales grandes superficies y tiendas de electrónica, tanto con marca propia como con marca blanca.

Una progresión sin duda impresionante, en la que me llamó especialmente la atención una línea en concreto: la robótica educativa. Un conjunto de productos y servicios basados originalmente en plataformas abiertas como Arduino o Scratch, que adaptan y mejoran muchos de sus aspectos de cara a reducir las barreras de entrada a su adopción manteniendo su carácter abierto, y que tratan de educar en las tres facetas de todo proyecto tecnológico: el software, el hardware y el diseño. Mientras el hardware se organiza con Zum, una placa derivada de Arduino y un kit de componentes cuidadosamente codificado y empaquetado con números y colores, el software se desarrolla con una adaptación muy buena y en la nube del Scratch del MIT llamada Bitbloq. El diseño, por su parte, se trabaja mediante elementos de modelado e impresión 3D, con una versión del proyecto RepRapPrusa, o bien encargando los elementos plásticos a la propia compañía. A partir de ahí, todo un desarrollo de materiales, vídeos educacionales, y en general, toda una plataforma para conseguir que los niños puedan llevar a cabo proyectos de robótica y electrónica, y adquirir familiaridad con este tipo de elementos.

Uno de esos proyectos que me encantan, pero que además se encuadra en un lugar sumamente interesante: una empresa que carece de experiencia en el mercado educativo, que prioriza claramente la educación al beneficio empresarial, pero que pretende, a medio plazo, que la actividad, que emplea a un grupo de ya más de treinta personas, sea como mínimo sostenible. Y una razón de ser que va más allá de la responsabilidad social corporativa, y que entronca con los orígenes de la compañía (la universidad), la vocación por el conocimiento abierto, y el fomento de la vocación por la ingeniería que permita en un futuro a la empresa incorporar talento con facilidad.

Para la ocasión, escribí un mini-caso con el contexto, y propuse un formato de examen a ordenador abierto con una duración total de hora y media, y con la aparición sorpresa a los quince minutos de Alberto Valero, ingeniero industrial y doctor en inteligencia artificial y robótica que dirige junto a Juan González Gómez el grupo de Robótica Educativa en bq. La idea es someter a los alumnos a un auténtico “information overload”: tienen el mini-caso, una presentación en pantalla, un invitado al que plantear preguntas, y un par de cuestiones que responder que, además, forman parte de un interés genuino de la compañía. Un examen, sí, pero tan real como los productos y servicios que toca, o como las preocupaciones de la compañía que lo protagoniza. 

Los resultados, en unos días. Pero por el momento, la satisfacción de los alumnos, muy elevada. Ah, y la satisfacción de tener un trabajo divertido en el que me dejan montar este tipo de líos :-)

 

This article is also available in English in my Medium page, “My innovation course exam: bq and educational robotics

Planteando estrategias sostenibles en Latinoamérica

Escrito a las 5:00 pm
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Multilatina puntocom

Mañana por la mañana participaré en la Casa de América en la presentación del informe “Multilatina puntocom: start-ups españolas de base digital en Iberoamérica 2014″, para el que me pidieron que escribiese un pequeño artículo de introducción que añado a continuación:

 

Planteando estrategias sostenibles en Latinoamérica

Latinoamérica no existe. La frase, pronunciada hace años por el escritor mexicano Jorge Volpi, hace referencia a la enorme diversidad de una región en el que conviven múltiples idiomas, veinte países, dos dependencias y una infinidad de culturas, circunstancias, actitudes y sistemas políticos. La diversidad es tan brutal, que lo que solemos denominar “estrategias de expansión en Latinoamérica” suelen integrar, a lo sumo, a media docena de países, habitualmente aquellos en los que la combinación entre demografía, riesgo país y crecimiento económico resulta favorable.

Para muchos europeos, Latinoamérica evoca sentimientos contradictorios, cercanos al déjà vu. La relación de Europa con la región ha podido ser considerada, según el momento histórico, como de auténtico parasitismo y latrocinio, de refugio económico y político, de ayuda y cooperación, o de potencia emergente en elevado crecimiento. Muchas empresas, particularmente en el ámbito de internet, han pasado de considerar la región como una suerte de “fondo de pensiones” en el que ir invirtiendo a la espera de un ulterior desarrollo, a verse en la tesitura de que su mercado original ya no crecía o decrecía de manera sensible, mientras Latinoamérica se convertía en la gran esperanza, en aquel mítico lugar donde los PIB crecían sin parar. Para el español medio, el viaje a muchos países de Latinoamérica se ha convertido, en los últimos años. en una auténtica “terapia”: bajarse del avión en un sitio en el que las grúas se mueven a todo ritmo, las personas trabajan y la economía crece con tasas que nuestro país difícilmente recuerda era toda una experiencia.

Durante un buen número de años, el tráfico latinoamericano en las empresas puntocom españolas, atraído por la afinidad lingüística, era poco más que una curiosidad. A pesar de contar con un crecimiento pujante y con un aporte de diversidad que, en el caso de las empresas de contenidos, podía calificarse como enriquecedor, pocas eran las empresas que se aventuraban a tratar de explotarlo de una manera mínimamente seria. Los anunciantes habituales excluían ese tráfico en sus campañas, lo que convertía su explotación en un recurso a intermediarios que, típicamente, otorgaban al soporte muy poco control. Incluso aquellos medios – pocos – que tenían enfoques caracterizados por el cuidado de su audiencia y la búsqueda de una publicidad respetuosa y relevante, tenían tendencia a caer víctimas del “ojos que no ven, corazón que no siente”, y servían al lector latinoamericano una publicidad que compraban en lote y con muy escaso nivel de atención. Las empresas dedicadas al comercio electrónico, por su parte, tendían a ignorar a unos visitantes de ultramar a los que la logística hacía muy difícil llegar, no solo por la distancia, sino por las limitaciones de la distribución física y de los medios de pago.

En efecto, el mercado latinoamericano se ha caracterizado, durante muchos años, por una logística muy compleja fuera de las grandes capitales, y por un nivel de bancarización y de penetración de medios de pago comparativamente muy inferior a la media europea o española. Sin embargo, dentro de esa realidad – que por otro lado está avanzando en algunos países con gran velocidad – surgen entornos en los que el incremento de actividad, el crecimiento y el potencial se convierten en una realidad muy difícil de ignorar.

Para muchas empresas, la alternativa de desplazar delegaciones permanentes a ciudades como México DF, Bogotá, Lima, Sao Paulo o Santiago se convierte en una cuestión de pura lógica: la citada diversidad de esos mercados lleva a que únicamente una presencia permanente en los mismos permita pensar en una explotación sostenible. El antiguo mito de una expansión limitada a una capital desde la que se dirigen las operaciones en toda la región empieza a probarse muy complejo: cada mercado tiene su complejidad, sus factores claramente diferenciales, sus influenciadores y su cultura. Por otro lado, resulta evidente que el crecimiento y potencial de los mercados latinoamericanos no atrae únicamente a los españoles: un potente tejido inversor local y estadounidense, a menudo alimentado por colectivos significativos de emigrantes ya establecidos económicamente y con conocimiento de sus mercados de origen lleva a que la explotación de dichos mercados sea, en realidad, una ventana de oportunidad que, en caso de no ser aprovechad, podría llegar a cerrarse.

En el futuro cercano, es más que posible que los escenarios tecnológicos del entorno latinoamericano lleguen a ofrecer una situación sumamente paradójica: si bien históricamente hemos visto cómo las empresas europeas acudían a la región con una visión de explotación de un mercado más retrasado en la adopción, las tecnologías móviles, con barreras de entrada mucho menores, parecen estar llevando a un proceso de auténtico leapfrogging, a un salto conceptual de la mano de segmentos de usuarios que no tienen que adaptar sus hábitos a los nuevos soportes, sino que directamente se desarrollan sobre ellos. Si añadimos a este escenario el aporte de personal cualificado procedente de universidades y escuelas técnicas en muchos casos más preparadas – o más sensibles al entorno – que las españolas, el potencial de la región como motor de desarrollo económico podría convertirse en una evidencia palpable en muy poco tiempo, y de una manera muy diferente al que refleja el tópico habitual: para muchas empresas, el mercado latinoamericano, con una población más joven, más orientada a la movilidad y con abundancia de desarrolladores, podría llegar a ser un auténtico banco de pruebas.

El presente informe ofrece una perspectiva completamente actualizada acerca de la sensibilidad que cuarenta y nueve empresas españolas del entorno digital tienen sobre el mercado iberoamericano. Su nivel de desarrollo, expectativas, prioridades, limitaciones y preocupaciones. En el momento actual, con una España necesitada de apertura y expansión hacia ese mercado y una Latinoamérica en pleno desarrollo, no cabe duda de que estamos tocando un tema de sumo interés, y que vamos a ver crecer mucho más en el futuro. Un futuro del que, sin duda, vamos a tener mucho que aprender. Para eso estamos los académicos :-)

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