El Blog de Enrique Dans

La tragedia del hombre que solo leía periódicos

Escrito a las 12:17 pm
40

IMAGE: Vladimir Voronin - 123RFÉrase una vez un hombre que solo leía periódicos. Empezaba por un periódico deportivo, seguía por algunos periódicos generalistas, y terminaba por los económicos, siguiendo una escala de prioridades que solo él podía entender. Los periódicos aparecían apilados todas las mañanas en su mesa, y él los hojeaba: algunas partes, rápidamente, solo mirando los titulares. Otras, de forma más detallada. Sobre todo, tendía a detenerse más en aquellas noticias que lo mencionaban, que hacían referencia a lo que él o su organización habían dicho o hecho, que investigaban sobre ellos, que intentaban recopilar y correlacionar información de distintas fuentes.

Aquella pila de papeles tenía para él algo de místico: los veía como algo fresco, recién traídos de un quiosco, como pan caliente que acaba de llegar de la panadería, con su olor y su tacto familiar y agradable. Los leía porque eran su nexo con la realidad, con lo que ocurría más allá de las paredes de su despacho, en un mundo hostil en el que no podía aventurarse sin ir rodeado de guardaespaldas. Y en muchos sentidos, entendía que aquellos periódicos condicionaban la hostilidad de ese mundo exterior: cuando inventaban cosas malas sobre él o sobre su organización, cuando vertían bilis, cuando daban datos descarnados y sin contexto, cuando hacían parecer negro lo que solo era de un bonito gris marengo, sentía cómo esa hostilidad crecía, veía elevarse el tono de los reproches, de las protestas de los que vivían más allá de ese círculo inmediato en el que todos le adoraban.

Sintiendo el peligro, viendo peligrar la marcha de su sagrado proyecto, este hombre empezó a abrigar una fantasía: controlar los periódicos. Eliminar de ellos todo aquello que le resultaba molesto, que le incomodaba, que según su criterio, mentía o desinformaba. Así, se dio cuenta de que aquellos periódicos que alguna vez habían afirmado ser los garantes de la democracia y que publicaban todo aquello que podía resultar incómodo para alguien ver publicado, estaban ahora en manos de grupos empresariales que, además, estaban pasando por un mal momento económico. Sin pararse a pensar que aquel mal momento económico venía precisamente de no saber adaptarse a lo que su público y el escenario actual demandaba, empezó a comprar las voluntades de aquellos que publicaban lo que llegaba a la mesa de su despacho por las mañanas. A unos, los habitualmente más propicios, les ofreció dinero, prebendas, privilegios y leyes propicias a sus intereses. A otros los amenazó con el ostracismo, les retiró la palabra, los conminó a acercarse al lado de los buenos. Al cabo de un cierto tiempo, lo había logrado: tras una breve resistencia, los medios “buenos” seguían siendo buenos, y los “malos” habían dejado de serlo. De hecho, ya no eran ni la sombra de lo que alguna vez habían sido: irreconocibles, con otros directores, mansos, dóciles… por fin, su lectura matinal de la prensa recién llegada del quiosco ya no le daba acidez de estómago. Podía terminar de leer con la misma sonrisa papanatas con la que había empezado, aparecer en la primera reunión matinal con la mirada alta, henchido de gozo y pletórico de buen humor. Un verdadero gusto.

Lo que este hombre no vio fue que esos periódicos que tanto había trabajado por controlar ya no eran lo que la gente leía. Que sí, que seguían estando en las barras de algunos bares, en las salas de espera de algunas empresas rancias, en los ministerios y hasta en los aviones. Que aparecían en esos lugares tan puntualmente como encima de su mesa todas las mañanas, pero que ya no eran lo que la “gente normal” leía. Aparentemente, un número cada vez mayor de gente estaba informándose en otro lado. Concretamente, en pantallas de diversos tipos. En sus teléfonos móviles, en sus tabletas, en sus ordenadores. Y que en lugar de leer lo mismo que él leía en papel, leían otras cosas. Hablaban entre sí. Intercambiaban malintencionados chistes, viñetas, chascarrillos… noticias de medios a los que él no daba importancia, ¡medios que ni siquiera aparecían en el quiosco!

Pensó en los países árabes, donde los ciudadanos se habían echado a la calle hacía algunos años a pesar de que los periódicos, las radios y las televisiones decían que todo iba bien, porque se estaban “intoxicando” con barbaridades e insidias que circulaban por lugares extraños. Pensó en Turquía, donde su presidente se afanaba por cerrar servicios web difamadores y malintencionados que seguían apareciendo como setas, a los que los ciudadanos seguían pudiendo acceder por métodos cada vez más extraños. Pensó incluso en Venezuela, donde hacía años que ningún medio publicado dentro de sus fronteras osaba hablar mal del gobierno. No, eso no podía estar pasándole a él. Era imposible.

Pero sí: una caterva de deslenguados que él creía minoritaria y tras la cual suponía a malvados personajes con ideas desestabilizadoras estaba, a través de esos medios “subterráneos” sin presencia en el quiosco, llegando cada vez a más ciudadanos, haciendo crecer su influencia, extendiéndose como la peste. Un día, por curiosidad, preguntó cuántas personas leían uno de esos medios que él creía casi “clandestinos”. Y se asustó.

Finalmente, a base de controlar los periódicos que llegaban a encima de su mesa, “sus” periódicos, de poner en ellos a directores amigos, de contribuir a su soporte económico con generosas dádivas, lo había conseguido: aquellos medios ya solo los leían él, los suyos, y algunos viejecitos y desinformados más. El resto, o los miraban distraídamente en un avión porque no tenían conexión, o los hojeaban con displicencia para, inmediatamente, tornar su atención a la pantalla para mofarse de lo que decían. La información, el pulso y las ideas de los ciudadanos ya no estaban allí. Estaban en otro sitio. Tras varios años de intentar controlar lo que decía la prensa, de hacer que la prensa contase las cosas “como dios manda”, había logrado que lo que sus periódicos decían afectase cada vez a menos gente. Y que además, siguiesen perdiendo dinero. A espuertas.

De nuevo volvieron las sombras: ¿y si el buen humor con el que terminaba su lectura matinal de los periódicos fuese en realidad ficticio, y hordas de ciudadanos malhumorados, informados por medios malintencionados, le esperasen más allá de las paredes de su despacho?

Esto no podía ser. Había que hacer algo.

Las consecuencias de amenazar la neutralidad de la red

Escrito a las 6:04 pm
34

Internet a dos velocidades: rica y pobre - ABC (pdf, haz clic para leer)Jose Manuel Sánchez, de ABC, me llamó la semana pasada para hablar acerca de la neutralidad de la red, su definición, su importancia, y el peligro que para la misma podían representar los últimos movimientos que estamos viendo en los Estados Unidos. Hoy domingo ha publicado un artículo, titulado “Internet a dos velocidades: rica y pobre” (pdf) en el que me cita brevemente.

La Red Neutral es un concepto claro y definido en el ámbito académico, donde no suscita debate:

los ciudadanos y las empresas tienen derecho a que el tráfico de datos recibido o generado no sea manipulado, tergiversado, impedido, desviado, priorizado o retrasado en función del tipo de contenido, del protocolo o aplicación utilizado, del origen o destino de la comunicación ni de cualquier otra consideración ajena a la de su propia voluntad. Ese tráfico se tratará como una comunicación privada y exclusivamente bajo mandato judicial podrá ser espiado, trazado, archivado o analizado en su contenido, como correspondencia privada que es en realidad.

 

Además de su definición completa y canónica, es necesario explicar con claridad lo que ocurre cuando la neutralidad de la red no es protegida: las empresas de telecomunicaciones pasan a tener un incentivo para negociar con los proveedores de contenido para ofrecerles, a cambio de un coste, una garantía de que la comunicación de sus bits recibirán prioridad. En realidad, el ancho de banda es cada vez más abundante, por lo que la “oferta de priorizar contenidos” de las operadoras es, en realidad, un chantaje que se articula para evitar que esos bits sean degradados. En realidad, las operadoras no “priorizan” nada, simplemente degradan a todo aquel que no les paga.

Esto implica fundamentalmente cuatro cosas muy importantes: por un lado, que quienes no pagan – startups, empresas pequeñas, bloggers o cualquiera que simplemente no pueda planteárselo – son relegados a una “internet de segunda”, que por pura lógica se va viendo progresivamente abandonada, frente a una oferta de contenidos “de primera” que los usuarios pueden ver con calidad. La situación es idéntica a la de un gobierno repartiendo licencias de emisión de televisión o radio, pero sin más salvaguardia de la pluralidad que la que ofrece una empresa privada con sus intereses.

La segunda, que las operadoras pueden controlar cualquier servicio que pretenda competir con los suyos, sean servicios de telefonía IP, de transmisión de oferta audiovisual, o de cualquier otro tipo. Y no solo servicios consolidados: eliminar la neutralidad de la red convierte a los operadoras en auténticos “aduaneros” que si ven pasar cualquier servicio que les interese, pueden ofrecerle prioridad a cambio de participación en sus beneficios. Pueden decidir qué ideas funcionan o no, qué startups lo consiguen o se quedan por el camino, y competir en ventaja con su oferta de servicios frente a cualquiera de ellas.

La tercera, que los proveedores de contenido que deciden hacer frente al pago ven como sus costes se incrementan, y lógicamente, los repercuten en los usuarios, lo que conlleva un encarecimiento generalizado de los precios al cliente, acompañado de un empobrecimiento de la oferta.

Y la cuarta, que una red en la que únicamente unos cuantos pueden emitir con calidad, el flujo de información es mucho más fácilmente controlable por una autoridad centralizada. Es infinitamente más difícil controlar a una multitud de medios que emiten sus bits en igualdad de condiciones, que a unos pocos medios que tienen el privilegio de “pagar por su licencia”.

La neutralidad de la red no tiene nada que ver con que todos recibamos todo a la misma velocidad: cada uno recibe los bits a la velocidad que los contrata. Tampoco tiene nada que ver con que haya servicios críticos que necesiten más calidad: esta calidad diferencial ya se puede ofrecer hoy en día sin vulnerar. Es, simplemente, un principio básico de internet, y lo que ha convertido la red en lo que es hoy. Si quieres tener claros algunos de los argumentos más habituales a favor de la neutralidad de la red, escribí una entrada hace unos cuatro años sobre ello.

¿Está realmente en peligro la neutralidad de la red? Mi impresión es que es fundamental mantener la vigilancia sobre el tema, pero que las cosas van moviéndose, aunque sea lentamente, en la dirección correcta. Que muchos países empiecen a garantizarla por ley es un movimiento muy importante, que además emerge claramente de la presión ciudadana. Son casos como Chile, la Unión Europea, o más recientemente, Brasil. En los Estados Unidos, la famosa “puerta giratoria” de la política ha llevado a que actualmente ocupe la dirección de la FCC un lobbista de la industria, Tom Wheeler, lo que podría invitar a pensar que la neutralidad de la red está en peligro. Pero cualquier movimiento en falso que amenace la neutralidad de la red se encontrará con la mayor respuesta ciudadana de todos los tiempos. No garantiza nada, por supuesto, pero estamos mucho mejor que hace algunos años, cuando este concepto no estaba claro, se veía como algo técnico y oscuro, y pocos hablaban de ello. Una labor de concienciación y educación progresiva que, precisamente, ha sido posible gracias a que existe la neutralidad de la red.

Innovación corporativa y gradiente tecnológico

Escrito a las 4:26 pm
9

IMAGE: Chudomir Tsankov - 123RFUn comentario en The Guardian, Technology law will soon be reshaped by people who don’t use email, habla del problema de la falta de cualificación tecnológica entre los jueces que toman decisiones susceptibles de condicionar el panorama y el futuro de la tecnología.

El asunto es, sin duda, complejo: por supuesto, no podemos pretender que un juez sea un experto en todo, pero desde un punto de vista del beneficio para la sociedad que emana de sus decisiones, parece claro que cuanto mejor sea capaz de entender el alcance de los temas sobre los que imparte justicia, mejor para todos. El asunto resulta tanto más preocupante sí, como es el caso en España, la formación que se imparte a los jueces en los cursos supuestamente destinados a su cualificación suele estar en manos de unos pocos lobbies y grupos de presión.

Pero si bien el tema resulta de gran importancia, creo que una visión todavía más amplia y no limitada a la administración de justicia puede resultar todavía más interesante: deberíamos plantearnos qué ocurre en una empresa, sea del tipo que sea, cuando las personas que toman decisiones en la misma carecen de los conocimientos tecnológicos mínimos como para entender las necesidades y los deseos de una parte cada vez más significativa de la sociedad.

La tecnología se ha convertido en un criterio cada vez más importante en la toma de decisiones de cada vez más consumidores, en cada vez más industrias. En el sector del automóvil, por ejemplo, donde los criterios que tradicionalmente tenían más peso a la hora de decidir la adquisición de un vehículo eran elementos como precio, prestaciones, consumo, estética, estilo, etc., cada vez más marcas afirman estar encontrándose, en un entorno caracterizado por jóvenes cada vez menos interesados en sus productos, con un factor tecnológico cada vez más consolidado e importante: las prestaciones tecnológicas, la conectividad, o la disponibilidad de una plataforma de apps que ofrezca una variedad lo más amplia y dinámica posible. Naturalmente, que un automóvil se convierta en un “objeto tecnológico” cuya compra se decide de manera parecida a la de un ordenador cambia muchísimos aspectos, desde el planteamiento de la I+D que la marca debe desarrollar, hasta el enfoque de su marketing o el diseño del proceso de venta. O incluso el que muchos clientes privilegien a marcas cuyos vendedores son capaces de hablar “en su idioma” sobre esos temas en lugar de confesarse – o peor aún, evidenciarse – como auténticos ignorantes tecnológicos. Hay quien cita, incluso, un enfoque menos orientado al precio: después de todo, cuando vamos a una tienda de electrónica de consumo no pretendemos discutir o negociar el precio de nada.

El “factor geek” tiene un comportamiento muy interesante, porque no solo afecta de manera directa a quien se define como geek, sino también como factor aspiracional o de prescripción a quien no lo es. ¿Qué ocurre en una industria en la que una parte progresivamente más significativa de la sociedad decide convertir la tecnología en un criterio importante que sesga su consumo? Que aquellos competidores capaces de entenderlo e internalizarlo mejor, tienen mucho a ganar. Estamos hablando de algo a lo que yo suelo referirme como gradiente tecnológico: a medida que se incrementa el diferencial entre la afinidad tecnológica de la sociedad y la de los directivos que toman decisiones en la compañía – o en general, el entorno de la compañía, que suele estar condicionado por el primero – la empresa tiende a estancarse en su visión tecnológica, algo que no afecta únicamente a sus productos , sino también a aspectos como su marketing, su comercialización, su arquitectura de canales de venta o el planteamiento del servicio al cliente. Si en una industria en concreto escogemos el competidor que mejor lo esté haciendo desde un punto de vista de afinidad tecnológica o con el segmento de la sociedad para el que el factor tecnológico es importante, sin duda nos encontraremos personas dentro de la compañía que están influenciando dicha afinidad por la tecnología.

El razonamiento nos lleva a considerar el gradiente tecnológico del mismo modo que consideramos un factor tan crucial como la diversidad: parece claro que compañías con una mayor diversidad en su plantilla y en sus cuadros directivos son capaces de generar culturas más innovadoras, más flexibles y más proactivas. Posiblemente, ha llegado el momento de considerar factores que vayan más allá del género o el origen racial a la hora de diseñar esa diversidad: incorporar personas cada vez más afines al factor tecnológico podría ser crucial para muchísimas compañías cuyos cuadros directivos se muestran patentemente incapaces de entender los efectos de la tecnología.

En muchos sentidos, las políticas de acción afirmativa dirigidas a incrementar la presencia de mujeres y minorías van a tener que adaptarse para buscar de manera proactiva una mayor presencia de geeks , de personas con afinidad tecnológica, en la organización, con el fin de reducir el gradiente tecnológico entre la compañía y el conjunto de la sociedad. Y si creíamos que el simple factor demográfico iba a ser suficiente, nos equivocamos: mi experiencia como profesor me está demostrando que los jóvenes, aquellos supuestos “nativos digitales”, no son necesariamente más proactivos ni están más formados en ese sentido.

La afinidad tecnológica es un factor cada día más necesario para desenvolverse en la sociedad en la que nos ha tocado vivir. Y si quieres reducir el gradiente tecnológico, además de mejorar tus políticas de formación, vas a tener que incorporar más geeks a tu compañía.

 

(This article is also available in English in my Medium page, “Reduce your technological gradient: hire a geek“)

Sobre el aprendizaje organizacional

Escrito a las 11:00 am
4

Aprenda de todo - Expansión (pdf, haz clic para leer a mayor tamaño)Mi columna en Expansión de esta semana se titula “Aprenda de todo” (pdf), y es un intento de resaltar la necesidad de metodologías de aprendizaje organizacional en el entorno actual.

Las actividades empresariales que desarrollamos tienen lugar en un entorno cada vez más rico en información, que va desde la que manejamos y gestionamos internamente (transaccional) hasta la que recibimos del exterior si sabemos escuchar adecuadamente. La clave para una ventaja competitiva y para el desarrollo de una cultura de innovación está en aprender a escuchar y analizar, partiendo de una mentalidad adecuada: no se trata de acosar ni perseguir al cliente para intentar acorralarlo con nuestras propuestas, sino de entender qué le interesa, por qué razones y de qué maneras.

Solo cuando entiendas la necesidad de escuchar y analizar podrás plantearte la adopción de métodos adecuados para hacerlo, desde la inteligencia social hasta el machine learning.

A continuación, el texto completo de la columna:

 

Aprenda de todo

El entorno empresarial actual se caracteriza por un acceso casi ilimitado a una desmesurada variedad de información. La información sobre clientes y transacciones ha pasado de estar diseminada en silos departamentales a vivir en modernas aplicaciones que integran la gestión de toda la compañía.

Pero vayamos más allá de nuestro negocio: la fortísima implantación de la web social  supone un entorno radicalmente bidireccional en el que nuestros clientes nos cuentan de todo… lo que nos gusta y no nos gusta oír. Hacer como que no oye las quejas y las reclamaciones no le llevará muy lejos.

La cuenta de Twitter o el muro de Facebook se han convertido en el nuevo número 900, el lugar donde los clientes preguntan o reclaman, generando otra inmensidad. Y aunque parezca difícil analizar tan heterogénea variedad de interacciones, se puede. Escuche y aprenda, pero de manera respetuosa. No se convierta en espía. Sea transparente: que sus clientes entiendan que el análisis de esos datos le sirven para mejorar su relación, no para exprimirlos.

Pero de nuevo, no se quede ahí. La web ofrece también datos sobre sus competidores, o incluso sobre otras industrias o entornos diferentes en donde se están teniendo lugar procesos de innovación. Diversifique sus fuentes de información. Busque la inspiración. Lea, lea mucho, y trate de rodearse de personas que también lo hagan. Analice. Ponga a una máquina a aprender de los datos: el machine learning, máquinas capaces de aprender y deducir modelos y reglas de conjuntos enormes de datos, ha sufrido una disminución tan drástica de sus barreras de entrada que le sorprenderá el nivel al que puede llegar.

Innove. Aprenda de todo. Este entorno es demasiado rico como para seguir haciendo más de lo mismo.

 

(This article is also available in English in my Medium page, “On organizational learning“)

Replanteando las bases de la privacidad en la web social

Escrito a las 2:30 pm
8

Facebook and Anonymity

Me han llamado la atención algunos de los anuncios realizados por Mark Zuckerberg en el F8, su conferencia para desarrolladores, sobre la privacidad: el desarrollo de un “modo anónimo” que no servirá para que un usuario se mueva anónimamente dentro de Facebook, pero sí para que pueda hacer login en un sitio con sus credenciales de Facebook de manera anónima, sin suministrar información al gestor de la aplicación.

Pensado como una modificación en la Facebook Platform para ofrecer a los usuarios una “garantía de privacidad en otros sitios ofrecida por Facebook”, la idea incrementar la propuesta de valor de utilizar Facebook como un sistema universal de identificación a través de la web, para que puedas hacer comentarios en cualquier servicio o página de manera anónima. Un anonimato muy relativo: por un lado, Facebook sabe perfectamente quién eres, y utilizará los detalles de tu navegación en cualquier sitio en el que entres de manera anónima usando sus credenciales para tratar de administrarte una publicidad mejor adaptada a tus intereses. Por otro, Facebook suministrará tu identidad a las autoridades en caso de peticiones justificadas, como en casos de difamación, amenazas o cualquier otro tipo de comportamiento presuntamente delictivo sujeto a investigación.

En realidad, es un planteamiento del tipo “confía en el botón azul”, limitado a que seas bueno, te portes bien, y siempre con la salvedad de que quien está detrás del botón azul sí sabe quién eres. Un anonimato muy limitado, pero un avance con respecto a un Mark que jamás se había hecho planteamientos de ese tipo pero que, en su momento, se confesó muy intrigado por la privacidad como fenómeno que emergía de la popularidad de redes como Snapchat, y que está sabiendo imprimir a su empresa una flexibilidad de planteamiento y una velocidad de ejecución que me parece envidiable.

Pero Facebook no es en absoluto un caso aislado en lo referente al replanteamiento de la privacidad: al rediseño de Snapchat, que añade mensajería instantánea y videollamadas cuya información desaparece al terminar la conversación, se une el posible lanzamiento de un whisper mode en Twitter, que plantea el desarrollo de conversaciones entre grupos de amigos que no sean públicas – toda una novedad en una red que, salvo en las comunicaciones individuales mediante el DM o Direct Message, siempre se había planteado en modo public-first.

Además, por supuesto, de desarrollos como Secret o Whisper, o incluso de mensajerías instantáneas diseñadas para parejas, parece claro que todas las redes sociales están en busca del replanteamiento de las bases de la privacidad en la web, en modos que van desde lo relativo a lo radical, pero demostrando claramente que existe una demanda latente por ese tipo de comunicación. Las primera época del desarrollo de las redes sociales, a pesar de que ofrecían la posibilidad de comunicación privada entre sus miembros mediante grupos y mensajes privados, se caracterizaron por un énfasis de lo público, por una especie de vocación por la exposición constante. Todo indica que la evolución del fenómeno no va a seguir esa misma línea, y que para incrementar su propuesta de valor, deberán ofrecer herramientas que proporcionen mayor control al usuario para comunicaciones que vayan desde lo sencillamente privado hasta lo directamente anónimo. Después de todo, una evolución natural si nos planteamos los esquemas habituales en la comunicación humana.

 

(This post is also available in English in my Medium page, “Rethinking privacy on the social web“)

Comunicaciones seguras: un síntoma de un problema mucho mayor

Escrito a las 12:39 pm
15

IMAGE: Sergey Ilin - 123RFUna de las más llamativas e interesantes tendencias del momento tecnológico es el énfasis que estamos empezando a ver en el desarrollo de herramientas y métodos para tratar de garantizar unas comunicaciones seguras: proyectos en Kickstarter, emprendedores ya consolidados, desarrollos desde Google o concursos promovidos por la FCC son una evidencia clara del interés en el tema, y de que muy pronto estaremos incorporando herramientas de este tipo a nuestras comunicaciones cotidianas.

Herramientas de cifrado existen desde hace mucho tiempo, pero la investigación ha demostrado de manera fehaciente que su aplicación al correo electrónico resulta compleja, farragosa y fundamentalmente fuera del alcance del usuario medio. Básicamente, un problema de usabilidad: la necesidad de convertir en un desarrollo simple una tarea cuya funcionalidad reviste una inherente complejidad.

Pero más allá del desarrollo de este tipo de herramientas, recomendable desde todos los puntos de vista para garantizar derechos tan fundamentales como la privacidad y el secreto de las comunicaciones, creo que lo importante es plantearse lo que nos ha traído hasta aquí. La evidencia es clara: este auge en el desarrollo de herramientas de cifrado proviene, con atribución casi exclusiva, de la cadena de revelaciones llevadas a cabo por Edward Snowden y de la evidencia de que determinados gobiernos estaban dedicando enormes esfuerzos tecnológicos y presupuestarios a vigilar a todos los ciudadanos.

Vamos a repetirlo por si no queda claro: el mayor esfuerzo de desarrollo para proteger un derecho fundamental de los ciudadanos proviene de que este se vea amenazado no por delincuentes de ningún tipo… sino por los gobiernos que esos mismos ciudadanos han elegido. ¿No revela esto un problema fundamental que tiene un recorrido mucho, muchísimo mayor? En realidad, el espionaje gubernamental es simplemente un síntoma de un problema mucho mayor: una crisis tan de base en los sistemas democráticos que ha llevado a que los gobiernos se conviertan en la mayor amenaza percibida para los ciudadanos. Que los ciudadanos, tras haber ejercido su derecho al voto para escoger quién les va a gobernar, se encuentren con que ese que han elegido se convierte en la principal amenaza a sus derechos.

No, lo que está revelándonos la tecnología no es un problema puntual derivado de su buen o mal uso, sino una grieta enorme en la misma base del sistema. Lo que tenemos que plantearnos no solo es cómo poner un parche más o menos puntual al problema de las comunicaciones que terminará invariablemente por ser de nuevo subvertido por la aplicación de otra tecnología, sino cómo conseguir un sistema que permita que los representantes de los ciudadanos sean efectivamente representantes de los ciudadanos, y no la mayor amenaza a sus derechos. Que los que representan a los ciudadanos lo hagan de manera fehaciente y transparente, y no se conviertan en defensores de los intereses de lobbies económicos de todo pelaje.

No, no hablamos de un problema tecnológico. Hablamos de la mayor crisis de confianza de todos los tiempos, y de la ineludible necesidad de que esa tecnología que ha llevado la disrupción y la redefinición a tantas industrias, redefina finalmente la “industria” que más nos afecta a todos: el cómo nos gobernamos y administramos como sociedad.

 

(This post is also available in English in my Medium page, “The demand for secure communications: a symptom of a much bigger problem“)

Está pasando… nos lo estamos perdiendo

Escrito a las 8:38 am
26

IMAGE: Viktoriia Kazakova - 123RF

Digital technology is now so ubiquitous that many think a rounded education requires a grounding in this subject just as much as in biology, chemistry or physics.”

(La tecnología digital es ya tan omnipresente que muchos piensan que una adecuada formación requiere una buena base en esta materia, al mismo nivel que en la biología, la química o la física.)

 

The Economist dedica un breve pero muy interesante artículo, A is for Algorithm, al estado de la educación tecnológica en diversos países del mundo: al hilo de la decisión del Reino Unido de enero del pasado año que incorporaba las Ciencias de la Computación a la educación reglada al mismo nivel que la Física, la Química y la Biología, se revisan las iniciativas de varios países en ese sentido, y se ve hasta qué punto están siendo aceptadas y exitosas.

Además de la iniciativa británica, comentarios sobre los desarrollos en este sentido llevados a cabo por países punteros como Israel, Nueva Zelanda, algunos länder alemanes, Australia, Dinamarca y Estonia, que cualquier responsable de educación español debería mirar seriamente. Países en los que la educación en tecnología ya no tiene nada que ver con “enseñar a usar tres herramientas”, y sí con entender de verdad los principios que regulan la vida en un mundo en el que cada vez más, vivimos rodeados de objetos programables: pensamiento computacional, resolución de problemas, análisis, física, creación de código, creación de contenido digital, propiedad intelectual, creación de valor en la economía digital… No, no se trata de “sentar a los niños delante de un ordenador y dejarles hacer”. Hablamos de formación y cualificación real del profesorado, de cursos serios y estructurados, con importancia curricular al mismo nivel que otras ciencias. De hardware y software abiertos, de herramientas accesibles y con un coste que nunca fue tan bajo, de prácticas reales y de aprendizaje tangible, de integrar en la educación la tecnología que muchos tienen en casa o llevan en el bolsillo. De decisiones que van a determinar en el futuro las ventajas competitivas de los países. Y las de tus hijos.

Sí, está pasando. Y en nuestro país… nos lo estamos perdiendo.

La importancia del caso Aereo

Escrito a las 9:26 am
18

Aereo logoEl caso Aereo es, sin duda, uno de esos juicios con potencial importancia histórica y consecuencias de todo tipo sobre el entorno tecnológico y la innovación, además de uno de los que más cobertura está recibiendo en todos los ámbitos en los Estados Unidos, desde el puramente mediático hasta el judicial. Un caso que podría impactar de manera determinante cómo vemos la televisión o el futuro de los actuales jugadores en esa industria, pero también, y de manera muy amplia, la compleja relación entre innovación y derechos de autor, o incluso el desarrollo futuro de la tecnología.

¿Qué es Aereo, y cómo ha llegado hasta el Tribunal Supremo de los Estados Unidos? Aereo ofrece un sistema que consiste en la instalación remota de una micro-antena para cada usuario que es gestionada por la compañía, acompañada de una oferta de espacio de almacenamiento para grabar programas y una serie de aplicaciones para que cada usuario pueda ver o solicitar grabaciones del contenido desde cualquier dispositivo. La compañía, dirigida por Chet Kanojia y apoyada entre otros por el mediático Barry Diller, ha obtenido casi cien millones de dólares en financiación, ofrece por el momento servicio en nueve áreas metropolitanas de los Estados Unidos, y tiene anunciados planes de expansión a bastantes más.

Según la ley, la explotación del espectro radioeléctrico para la transmisión de señales de televisión está condicionada al hecho de que dicho espectro es un bien público, y que, por tanto, dichas señales estarán abiertas y podrán ser vistas de manera gratuita por cualquiera que pueda captarlas. Sin embargo, aunque el uso individual de antenas domésticas es perfectamente legal, la mayoría de los norteamericanos reciben la señal a través de cable o satélite, en muchos casos añadiendo además canales premium, y esas compañías pagan a los canales una cantidad determinada a los canales por cada suscriptor.

La idea diferencial de Aereo es sustituir las antenas domésticas – de calidad generalmente cuestionable y que únicamente sirven para ver la televisión en el aparato al que están conectadas – por una antena remota para cada usuario, situada en un lugar que asegura una recepción de calidad, y transmitir esa señal al usuario a través de internet. Un servicio por el que Aereo cobra a cada usuario entre $8 y $12 al mes, inferior al precios que se paga por servicios de televisión por cable o por satélite, con una enorme diferencia: mientras las compañías de televisión por cable o por satélite pagan religiosamente a los canales por cada suscriptor, Aereo no lo hace. Aereo se refugia en el hecho de que lo que está haciendo es simplemente hacer una gestión remota de la antena individual de cada usuario, algo que cada usuario podría hacer gratis, y no paga nada a los canales por su contenido (recordemos: contenido transmitido a través del espectro, bien público, con la condición de que pueda ser captado gratuitamente por los usuarios). ¿Por qué iba el servicio de Aereo a resultar atractivo, cuando resulta perfectamente legal instalarse una antena y recibir la señal gratuitamente? Porque asegura una mejor recepción, y porque la idea de poder administrar lo que uno quiere ver a través de una aplicación y poder verlo en cualquier dispositivo resulta razonablemente atractiva.

Si el servicio proporcionado por Aereo escala en popularidad, los canales de televisión y las empresas de televisión por cable o satélite se verían privadas de una cantidad sustancial de ingresos, todo ello inmerso en una tendencia, el llamado cord-cutting, que lleva a que un número progresivamente mayor de usuarios renuncien precisamente a sus suscripciones de cable o satélite para consumir cada vez más contenido a través de internet, mediante servicios como Netflix, Hulu, Amazon y similares. Y lo cierto es que, en parte por las buenas críticas, y en parte por la popularidad que Aereo está recibiendo gracias a la cobertura mediática de su juicio, ya en manos de doce jueces del Tribunal Supremo, la popularidad de Aereo está creciendo cada vez más.

Aereo, indudablemente, utiliza un resquicio en la ley para evitar el pago a los proveedores: las minúsculas antenas dispuestas en enormes parrillas, en realidad, no serían necesarias. Pero si la compañía obtuviese la señal por su cuenta y simplemente la redistribuyese, estaría supuestamente llevando a cabo una comunicación pública, y la comunicación pública devenga por ley el pago de derechos. Tener una antena por usuario permite a Aereo afirmar que en realidad, lo que hace es simplemente gestionar “una antena en la nube”, y que no existe comunicación pública, sino transmisión individualizada a cada usuario de lo que “su” antena recibe, servicio por el que cobra añadiendo el espacio de almacenamiento para grabar, pero que no la obliga, al menos teóricamente, a pagar a los canales que producen ese contenido, porque el usuario está en realidad “subcontratando” un servicio al que tendría derecho gratuitamente en su casa.

Al final, el juicio es una pugna entre las leyes de copyright – según la Copyright Act de 1976, los poseedores de los derechos tienen control sobre su transmisión y retransmisión – y las que tratan de proteger el avance tecnológico: hay quien ha comparado este juicio con el caso Betamax que enfrentó a Universal con Sony en 1984, y en el que triunfó esta última. Por el momento, el juicio está permitiendo ver cómo los doce jueces intentan informarse para la toma de su decisión, y tratan de entender cuál sería el alcance de una decisión en uno u otro sentido. En un lado, las empresas de cable, de satélite y los canales de televisión, apoyados por una administración Obama que se ha puesto de su lado y afirma que el modelo de Aereo es “claramente infractor”. En el otro, la mayoría de las empresas tecnológicas, las proveedoras de servicios en la nube, la Electronic Frontier Foundation (EFF) y muchos más. Un caso complejo, con infinidad de opiniones de terceros ofrecidas voluntariamente al tribunal, y que tendrá previsiblemente una resolución a mediados del próximo mes de junio.

Por el momento, los jueces parecen mostrarse relativamente escépticos: ven significativo que Aereo sea la única empresa que ofrece este tipo de servicios que no paga por ello, aunque también afirman que ese modo de buscar subterfugios legales para no hacerlo es muy similar a lo que hace cualquier abogado, y una forma de crear oportunidades para el progreso. En caso de perder, Aereo ha afirmado no tener un plan B. Si ganan, algunos canales de televisión han afirmado que pasarían a emitir únicamente por cable y abandonarían las emisiones públicas, lo que llevaría de entrada a un drástico redimensionamiento de su negocio publicitario que ya veríamos si están dispuestas a aceptar. Muchísima atención, y un caso que, en manos de doce jueces del Tribunal Supremo de los Estados Unidos, puede marcar de manera sensible el futuro del desarrollo tecnológico.

 

(This post is also available in English in my Medium page, “Aereo: a groundbreaking case“)

Hablando sobre directivos indios, en El País

Escrito a las 3:00 pm
7

Los ejecutivos indios están de moda - El País (pdf, haz clic para leer cómodamente)Fernando Barciela, de El País, me llamó para hablar sobre la fuerte pujanza de los directivos de origen indio en las compañías tecnológicas, al hilo de mi experiencia como profesor en una escuela de negocios en la que, desde hace ya un buen número de años, la presencia de alumnos indios es creciente. Su artículo, en el que me cita brevemente, aparece hoy en El País bajo el título “Los ejecutivos indios están de moda” (pdf).

A lo largo de ya bastantes años, he podido comprobar cómo la presencia de alumnos procedentes de la India aumentaba progresivamente, al tiempo que mi contacto posterior con algunos de ellos me permitía ir siguiendo sus iniciativas emprendedoras en su país de origen y en otros. La red de antiguos alumnos de IE Business School en India tiene ya una presencia considerable, lo que permite que la afluencia de alumnos crezca al poder comprobar directamente los candidatos el nivel de reconocimiento y diferenciación que ofrece el título.

¿Qué factores diferenciales tienen los directivos indios? Con todas las precauciones necesarias cuando se habla de estereotipos, mis impresiones giran en torno a un dominio muy fuerte de las matemáticas y de las ciencias en general, una gestión de la información muy eficiente y disciplinada, una vocación emprendedora muy marcada, y una sociabilidad muy abierta.

Las impresiones de este tipo siempre son, evidentemente, muy sesgadas. En mi caso, se basan lógicamente en el subconjunto de alumnos indios capaces de llegar a ser admitidos, lo que conlleva restricciones importantes en términos no solo intelectuales, sino también socioeconómicos. Los exámenes de acceso a las instituciones académicas indias de prestigio son enormemente competitivas, lo que hace que los candidatos indios que acceden a los procesos de admisión en escuelas de postgrado prestigiosas a nivel internacional hayan pasado por filtros previos de considerable rigor. Pero además de contar con una educación de gran nivel, poseen alguna ventaja adicional: el manejo del inglés, y una sociabilidad elevada, diferencial con respecto a muchos candidatos de otros países, De cara a un entorno académico participativo, este factor es enormemente importante: el alumno indio no encuentra ninguna barrera de tipo cultural a la hora de levantar la mano y participar, no tiene ningún problema cuando llega el momento de disentir con sus compañeros o con el profesor – los estudiantes orientales, por ejemplo, suelen tener una noción jerárquica más rígida que les lleva a pasarlo mal cuando, en el curso de la discusión de un caso, tienen que contradecir lo expuesto por el profesor, circunstancia que ocurre con cierta frecuencia – y en general, están acostumbrados a mantener diferencias de opinión manteniendo unos modales y una empatía que tienden a minimizar el conflicto.

En el lado más propio de la tecnología, y de nuevo contando con las precauciones oportunas por el lado de los estereotipos y del efecto de auto-selección, veo una educación tecnológica muy completa, que se considera una fuente de prestigio social, que suele apoyarse en una metodología potente, y que se ve como un aporte de valor curricular importante. La excelencia técnica a la hora de programar o la capacidad de dirigir equipos técnicos en proyectos complejos se ven como una habilidad importante y valorada.

El resultado es el que Fernando comenta en el artículo: una presencia cada vez más importante de personas de origen indio tanto en niveles técnicos como directivos en las principales compañías norteamericanas y europeas, y en particular, en la industria tecnológica.

Hola, mi nombre es Tom Wheeler, y soy un topo de la industria…

Escrito a las 2:10 pm
27

Tom WheelerEse señor tan sonriente de la fotografía es Tom Wheeler, el presidente de la Federal Communications Commission (FCC): el subproducto más claro de la corrupción y de la grotesca “puerta giratoria” de la política norteamericana, y la persona escogida por el lobby de las telecomunicaciones para acabar con la neutralidad de la red.

Antes de su llegada al cargo, Tom Wheeler trabajó como lobbista para la industria de la televisión por cable y de la telefonía celular, en la que llegó a ostentar el cargo de CEO de la Cellular Telecommunications & Internet Association (CTIA), la asociación que defiende los intereses de las operadoras celulares a nivel internacional. Ahora, es el topo que esas industrias han conseguido colocar en lo más alto de la FCC, la prueba viviente de que en los Estados Unidos, la industria y la política ya ni siquiera creen necesario disimular sus prácticas corruptas.

Ahora, en medio de un clima internacional cada vez más abiertamente favorable a considerar la neutralidad de la red como un principio necesario para disfrutar de una red abierta y plural, y con las recientes decisiones de la Unión Europea y de Brasil al respecto, este corrupto defensor de las cuentas de resultados de la industria – que supuestamente había jurado defender los intereses de los ciudadanos – pretende “redefinir” las reglas de la neutralidad de la red para autorizar el desarrollo de rutas privilegiadas o fast lanes para la transmisión de determinados tipo de tráfico, exactamente lo que la misma FCC definía como nocivo e inaceptable en el año 2010.

La vergonzosa propuesta, que daría lugar irremediablemente a una “internet de clase A” para los proveedores que pagan a los proveedores de acceso y una de “Clase B” para los que no pagan, ha generado una fortísima polémica, por ser frontalmente contraria a la tesis principal de la neutralidad de la red: que los ISPs no puedan ofrecer tratamientos especiales a cambio de un precio determinado. La evidente hipocresía de Tom Wheeler, que todavía pretende en una entrada de su blog llena de promesas vagas e indeterminadas tratar a los ciudadanos como si fueran idiotas, es en realidad una declaración de guerra a la naturaleza abierta de la red, una garantía de precios más elevados para los ciudadanos, un regalo para las empresas de telecomunicaciones y muchas más posibilidades de control gubernamental directo de la información. Amenazas que no son hipótesis, sino que, dentro del nivel de indefinición en el que el tema se encuentra ahora en los Estados Unidos, ya han sido perfectamente probadas

Una maniobra que se convierte en la prueba más clara del nivel de corrupción de la política norteamericana, y del nivel de hipocresía de aquel presidente que en su momento ilusionó a los ciudadanos garantizando que la red seguiría siendo neutral. Es preciso que el lobby de las telecomunicaciones entienda que es demasiado tarde para sus turbios manejos: que la neutralidad de la red es ya un concepto respetado y aceptado en todo el mundo, una parte fundamental de la esencia de una red abierta, una garantía necesaria para el desarrollo de la red como vehículo de innovación. Tom Wheeler debe dimitir: nada bueno para los ciudadanos puede venir de un topo de la industria, de un impresentable lobbista que mintió abiertamente en la promesa que hizo al llegar a su cargo. Ahora, toca emprender acciones de protesta, y que sean las más grandes que la FCC haya visto nunca.

 

(This post is also available in English in my Medium page, “Hi, my name is Tom Wheeler, and I’m an industry type of guy…“)

Logotipo de Blogestudio Logotipo de Acens