El Blog de Enrique Dans

La publicidad es un enfermo terminal

Escrito a las 10:17 am
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Autohop - DishA finales del año 2014, la metáfora que mejor define la publicidad actual es la de un auténtico enfermo terminal. Técnicas trasnochadas, absurdas, odiosas, que el mercado rechaza de todas las maneras posibles, y directivos empecinados en seguir funcionando como siempre, en continuar forzando a ese mercado a ingerir un brebaje en el que no tienen el más mínimo interés, que en el mejor de los casos provoca hastío y aburrimiento, cuando no un abierto rechazo, todo ello santificado con el cansino mantra de “sí, pero genera brand awareness“. Métricas diseñadas para satisfacer a ejecutivos aunque en la realidad no tengan sentido ninguno.

Dos episodios interesantes que ilustran el estado terminal de la publicidad: por un lado, Dish Network, un proveedor de televisión por satélite en los Estados Unidos que había desarrollado una tecnología , AutoHop, para saltar automáticamente las pausas comerciales en las grabaciones de programas, y que había salido victoriosa en todos los juicios relacionados con esa tecnología que las televisiones lanzaron en su contra, es obligado a dejar de utilizarla – o a “desactivarla” permitiendo su uso únicamente en programas de más de una semana de antigüedad – debido a las presiones de las televisiones comerciales, que amenazaban no solo con una interminable batalla en los tribunales, sino también con no permitir el uso de sus contenidos en el canal online que Dish ofrece a sus suscriptores. El razonamiento de las cadenas de televisión es tan peregrino como que “eliminar las pausas publicitarias infringe su copyright”, pretendiendo absurdamente que la emisión como tal es, supuestamente, una obra con derechos de autor, un argumento que les ha llevado a perder juicio tras juicio. La realidad es que los mismos usuarios que cambian de canal o aprovechan para irse al baño durante las pausas comerciales en la emisión en vivo, pasan la publicidad rápidamente cuando consumen programas grabados, privando a los mensajes de los anunciantes de efectividad alguna. De cara a la comodidad de los usuarios, hacer que los anuncios simplemente no se graben tiene todo el sentido y la lógica del mundo.

Por otro lado, todo indica que los editores franceses preparan una demanda contra AdBlock Plus, uno de los servicios de bloqueo de publicidad utilizados por más usuarios en la web – y curiosamente, el más business-friendly de todos ellos, pues permite a los anunciantes aceptar unas normas de autocontrol, adherirse a un Acceptable Ads Manifesto, y evitar los filtros salvo que los usuarios decidan proactivamente excluirlos. La cuestión está clara: mientras los bloqueadores de publicidad se mantuvieron en cifras de penetración de un dígito, no hubo problema ninguno, y los editores se limitaban a calificarlos como “cosas de frikies“. Ahora, ya en cifras globales entre el 14% y el 29%, con mucho más impacto en sitios de contenido tecnológico, y con los adolescentes norteamericanos en tasas de adopción del 41%, todo son intentos por matar al mensajero.

Los editores, como siempre, muestran su ignorancia al no entender que llevar los bloqueadores de publicidad a juicio solo empeorará sus problemas, dará más publicidad y popularidad a estos, y generará procesos de adopción todavía más rápidos a partir de aplicaciones que, no lo olvidemos, son de código abierto, y por tanto, imparables. Basta que un usuario tenga un mínimo interés por bloquear la publicidad molesta, para que pueda hacerlo sin problemas, hayan dicho los tribunales lo que hayan dicho. Judicializar esta cuestión no es más que reeditar otro caso similar al de la persecución de los programas P2P, que aún mantienen su elevado nivel de uso salvo en aquellos países en los que la industria ha mejorado su oferta.

La manera de curar los males de la publicidad no es matando al mensajero. Es aprendiendo a adaptar la publicidad al medio, utilizar formatos que no generen rechazo, y fundamentalmente, respetar al usuario. Algo que la publicidad actual está todavía muy lejos de hacer.

 

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El dilema del cifrado

Escrito a las 2:18 pm
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IMAGE: a2bb5s - 123RFLa disyuntiva lleva ya cierto tiempo servida: crear aplicaciones completamente cifradas y con privacidad garantizada a prueba de bomba es, desde un punto de vista puramente técnico, enteramente posible y relativamente sencillo. Apple, de hecho, lo ha convertido en un argumento comercial, en una parte de la propuesta de valor de sus productos: “nuestro compromiso con tu privacidad no termina con una petición de información de un gobierno“. La opinión de la compañía es, sencillamente, que las acciones del gobierno de su país demuestran que ha entendido mal el balance entre seguridad y privacidad, y que es su papel contribuir a rebalancear ese equilibrio mediante productos cifrados que la compañía no tiene posibilidad razonable de descifrar.

La propuesta de Apple se convierte así en el mejor apóstol de las teorías expuestas por ese Cypherpunks de Julian Assange cuya versión española tuve el honor de prologar: el cifrado nos hará libres. Pero la propuesta no solo es transgresora desde un punto de vista testimonial: en los Estados Unidos, no menos de nueve investigaciones policiales a lo largo del pasado año se han visto obstaculizadas por la infranqueable política de privacidad de Apple, razón que parece estar llevando a las autoridades a plantearse la prohibición directa de toda herramienta que no permita el acceso a la policía, supuestamente controlado mediante orden judicial.

El resultado son las conocidas como Crypto wars, que cuentan ya con su propio artículo en Wikipedia: los intentos del gobierno norteamericano de limitar el uso de cifrados fuertes por parte de los ciudadanos. ¿Deben los ciudadanos tener la libertad de proteger sus comunicaciones y archivos privados utilizando cifrados fuertes realmente seguros, o debe el gobierno forzar a los programadores y comercializadores de esas herramientas a construir puertas traseras que permitan el acceso judicialmente controlado de las autoridades? En el fondo, una discusión muy antigua, pero que Apple ha conseguido volver a poner de actualidad.

Toda puerta trasera implica la introducción deliberada de una vulnerabilidad, que como resultado, debilita la seguridad del conjunto. Los ciudadanos demandan la privacidad de las herramientas de comunicación que figura establecida como uno de los derechos fundamentales, pero esa misma garantía de inviolabilidad que exigen a sus herramientas se convierte en relativa cuando piensan en su posible uso por parte de terroristas o delincuentes de diversa índole. Privacidad para mi sí, pero no para los malos, como si eso fuera de alguna manera posible. El compromiso de permitir el acceso únicamente cuando exista una sospecha razonable y un juez lo autorice bajo las debidas garantías de independencia es un sistema que también ha fallado, y las revelaciones de la era post-Snowden son una buena prueba de ello. Por otro lado, el actual ecosistema de desarrollo, con infinitos actores capaces de poner en marcha y popularizar herramientas de comunicación con barreras de entrada cada vez más bajas – en general representadas más por la presencia del efecto red que por la dificultad de acceso al mercado como tal – hace difícil pensar que una hipotética demanda de control por parte del gobierno norteamericano fuese a tener el más mínimo efecto: en este momento tengo instaladas herramientas de mensajería creadas en España, en Rusia y una tercera con base en Islandia que afirman garantizar la seguridad de mis comunicaciones. El cifrado fuerte se ha convertido en una demanda de muchos clientes, en algo que toda herramienta de mensajería pretende ofrecer. El sueño del control de las comunicaciones se desvanece a medida que más empresas deciden construir sistemas basados en protocolos de cifrado realmente robustos.

El debate, por tanto, ya no es tecnológico, sino de otro tipo. El derecho a la inviolabilidad de las comunicaciones implica la posibilidad que toda persona tiene de no ver su correspondencia y comunicaciones sujetas a vigilancia, independientemente de cuál sea el contenido de esa comunicación, sea un mensaje a un amigo o los planes para destruir todo atisbo de la civilización occidental. Los países más civilizados son los que consagran ese derecho y protegen a sus ciudadanos respetando la privacidad de sus datos. No se trata del derecho a mantener las narices de la policía alejadas de nuestros mensajes, sino del derecho de los emisores de esa comunicación a tener únicamente ellos las llaves de la misma. Obviamente, eso no implica que la policía no pueda hacer nada: en algunos casos, puede tratar de obtener los datos en tránsito a través de las empresas de comunicaciones. En otros, puede castigar al acusado por impedir la investigación policial. Lo que parece claro es que, dada la opción de cifrar de manera segura sus comunicaciones y sus datos, la mayoría de los usuarios optarán por hacerlo, lo que supone un nuevo escenario de cara a la actuación policial. Para bien y para mal.

 

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En La Noche en 24 Horas, hablando sobre tecnología y educación

Escrito a las 3:02 pm
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El pasado jueves estuve en La Noche en 24 Horas, con Sergio Martín, hablando sobre tecnología y educación, al hilo de cuestiones como la reciente decisión de Finlandia de quitar importancia a la práctica de la caligrafía para otorgársela al manejo del teclado, la legislación que varias comunidades autónomas españolas han puesto en marcha para impedir el smartphone en las aulas, los libros de texto, etc.

Como siempre, muy corto y muy difícil tratar los temas con la profundidad que requieren, pero espero haber provocado una cierta reflexión :-)

Compartir mola: la revolución colaborativa

Escrito a las 12:57 pm
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Compartir mola: la revolución colaborativa (haz clic para acceder a la película)

Ya está en abierto el documental “Compartir mola: la revolución colaborativa“, en el que participé con una grabación de nueve minutos. Disponible íntegramente para su visionado en Tutellus. Los vídeos con las entrevistas completas, tanto el mío como cincuenta más con diversos casos, comentarios y ejemplos de economía colaborativa  pueden verse previo registro gratuito en la plataforma.

Escenarios tecnológicos y cambio generacional

Escrito a las 9:28 am
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Generaciones - Expansión (pdf)

Mi columna de esta semana en el diario Expansión se titula “Generaciones” (pdf), habla de cambios en el escenario tecnológico y de la manera en que afectan a las sucesivas generaciones: está en parte provocada por los ecos de la discusión en torno a la medida de Finlandia de eliminar la enseñanza de la caligrafía en las escuelas y sustituirla por la práctica en el uso del teclado, y por otro lado, por el interesante gráfico utilizado recientemente por Henry Blodget, CEO de Business Insider, en el que preguntaba qué canal de comunicación echarían más de menos las personas y confrontaba los diferentes resultados obtenidos por el segmento de “entre 16 y 24″ años frente al de “más de 75″. Mientras los mayores ignoran completamente el smartphone, en gran medida el ordenador, y se mantienen fieles a la televisión y radio, y, en mucha menor medida, a los periódicos, los más jóvenes se centran precisamente en sus smartphones y sus ordenadores, reducen drásticamente su preferencia por la televisión, prácticamente ignoran la radio, y no saben ni lo que es un periódico.

 

Media and generations - Business Insider

Las generaciones se adaptan al entorno tecnológico que les ha tocado vivir, y ajustan sus preferencias al mismo. La mayoría de los que les resulta de alguna manera preocupante el que Finlandia deje de hacer énfasis en la caligrafía pertenecen a una generación que no concibe cómo sería el mundo si no escribiésemos a mano, y que se agarra a esa tecnología, la del bolígrafo y el papel, como si fuera un salvavidas, como si realmente fuese fundamental para nuestro desarrollo cerebral (igual que otros creyeron que lo eran la plumilla y el tintero, o el punzón anteriormente), o como si nos fuese a salvar de algún tipo de Apocalipsis mundial. Vamos a dejarnos de dramatismos: el papel y el bolígrafo solo son una tecnología más, claramente inferior y propia del siglo pasado, y jubilarla es una simple cuestión generacional. Sin más problemas. Ni la siguiente generación crecerá llena de carencias, ni tendrán horrorosos problemas de psicomotricidad fina, ni serán ágrafos, ni nada por el estilo. Sencillamente, dinámica generacional y tecnológica.

A continuación, el texto completo de la columna:

 

Generaciones

Un estudio reciente muestra las diferencias generacionales existentes en la sociedad actual: al ser preguntados qué canal de comunicación echarían más de menos, los jóvenes entre los 16 y 24 años afirmaron que no podrían vivir sin sus smartphones ni sus ordenadores, pero no tendrían demasiado problema en prescindir de la televisión o radio. Los periódicos, ni existen: nadie en esa generación los echaría de menos.

En el otro lado de la distribución, personas de 75 años o más, las cosas eran también  previsibles: prescindir de sus ordenadores no les suponía ningún problema, ignoraban los smartphones, y la gran estrella era la televisión, el medio mayoritario por excelencia… del siglo pasado. La radio mantenía una importancia moderada, mientras los periódicos eran mencionados en un escaso número de ocasiones.

No hablamos de opinión, sino de datos: las radicales diferencias ponen de manifiesto un importantísimo desplazamiento generacional: el contexto en que vivimos, reflejado en los medios que consumimos, en los diferentes criterios al acceder a información. Preferencias distintas en rangos de edad opuestos, que indudablemente, nos parezca bien o mal, darán forma a sociedades diferentes. Parece obvio, pero no lo es tanto. 

La sociedad cambia como reflejo de los cambios del entorno tecnológico. Hace pocas generaciones, se escribía con plumilla, tintero y secante. Los jóvenes actuales teclean incesantemente a toda velocidad. Escriben más, no menos, lo que lleva a que acaben escribiendo mejor, expresándose con más soltura. Para ellos, escribir a mano es irrelevante, lleno de inconvenientes. Pronto, dejarán de hacerlo: en Finlandia, de hecho, la caligrafía desaparecerá de los temarios de los colegios en 2015. 

¿Preocupante? En absoluto. Simplemente, dinámica generacional… ¿acaso queda alguien escribiendo en cuneiforme? Al pasado, lo que es del pasado. Pura naturalidad generacional. Vaya acostumbrándose. 

 

 

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La ley, las multinacionales y los impuestos justos

Escrito a las 12:15 pm
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IMAGE: CogentMarketing - 123RFEl Reino Unido anuncia un cambio legislativo que permitirá imponer un impuesto del 25% a toda aquella empresa que se pueda interpretar que difiere beneficios a subsidiarias de otros países. El movimiento supone una respuesta a un problema claro: toda aquella compañía capaz de llevar a cabo operaciones de facturación cruzada entre subsidiarias de diversos países terminaba pudiendo poner en marcha mecanismos de optimización fiscal, perfectamente legales, que le permitían alcanzar tasas impositivas efectivas absolutamente ridículas.

El problema no es en absoluto exclusivo de las empresas tecnológicas: entre las mencionadas como usuarios habituales de esquemas bien conocidos como el double Irish o el Dutch sandwich, entre otros, se cuentan empresas como Amazon, Google o Facebook, pero también otras tan tradicionales como Starbucks, que venden simplemente café y servicios. En general, cualquier empresa con capacidad de abrir subsidiarias en varios países y cuya actividad le permita establecer precios de transferencia entre ellas puede llevar a cabo este tipo de prácticas de optimización fiscal.

No lo olvidemos: hablamos de esquemas estrictamente legales, que responden entre otras cosas a la existencia de estrategias impositivas en distintos territorios que forman parte de su estrategia como país. Para Irlanda, mantener un entorno fiscalmente ventajoso supone una manera clara de atraer una inversión que le ha permitido desarrollar todo un tejido industrial, de generación de empleo y de creación de startups que forma hoy en día una parte fundamental de su florecimiento económico. El anuncio de medidas por parte del estado irlandés que ponían fin al esquema del “double Irish” se llevó a cabo como resultado de una estrategia de presión por parte de la Unión Europea, y con unas moratorias que permiten, de facto, el uso por parte de nuevas empresas hasta el año 2015, y el mantenimiento de los beneficios por parte de las que ya lo usaban hasta el año 2020. Más allá del análisis populista de “qué malas son esas empresas”, tenemos que pensar en el papel de unos estados que, convencidos de los beneficios que tiene para su economía el que esas empresas se radiquen en su territorio, les ofrecen esas ventajas para que las utilicen como parte de un esquema completamente legal.

¿Cuál es el planteamiento del gobierno británico? Tal vez sea legal, pero yo quiero recaudar los impuestos correspondientes que de esta manera se me escapaban. Y la forma de hacerlo es tan sencilla como “si no me gusta la ley, voy y la cambio”. A partir de ahora, mediante mecanismos que serán anunciados el próximo día 10 de diciembre, estimará los beneficios que la actividad de una empresa genera en territorio británico, y en caso de estimar que está difiriendo beneficios hacia otros países con el fin de eludir impuestos, aplicará una tasa del 25%. Si el complejo entramado de la fiscalidad internacional permite ese tipo de prácticas, el planteamiento es ni más ni menos que resolverlo unilateralmente.

La solución obvia toda connotación persecutoria: a las alegaciones de que esto es la manifestación del último episodio de “Europa contra la tecnología” que aparecen en medios como The Wall Street Journal se opone el hecho de que la medida afecta a todo tipo de empresas, no solo a las tecnológicas, y que además, un país tan lejano como Australia también está poniendo en marcha medidas similares: un estudio llevado a cabo por su gobierno demostró que una empresa como Apple, que había vendido 27 mil millones de dólares australianos en el período que iba desde 2002 hasta marzo de 2014, había pagado únicamente 193 millones a la hacienda del país, lo que suponía una tasa fiscal efectiva del 0.7%

En el fondo, una medida recaudatoria con sentido: una empresa que desarrolla su actividad en ese país consume recursos de ese país financiados con los impuestos de todos sus ciudadanos, y debe contribuir en la manera justa a la financiación de esos recursos. Sin embargo, como ya hemos dicho en otras ocasiones, no puede caerse en la mojigatería de culpar a las empresas por utilizar todos los mecanismos legales que estén a su alcance para optimizar su pago de impuestos, y mucho menos de pensar que este tema era intrínseco o exclusivo de las empresas tecnológicas: el sistema está diseñado así, los accionistas exigen que los beneficios sean optimizados con arreglo a todas las posibilidades existentes dentro de la legalidad, y si las leyes lo permiten, solo caben medidas como las tomadas por el Reino Unido: cambiar las leyes.

 

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Asegurando proyectos de crowdfunding

Escrito a las 11:22 am
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Olive (insurance) - IndiegogoEl crowdfunding es uno de los temas a los que, desde hace cierto tiempo, presto especial atención en mis cursos de innovación en IE Business School. En su modalidad reward-based, que ofrece esquemas de incentivos de diversos tipos (desde la mera satisfacción de colaborar con el proyecto hasta el acceso preferencial al propio producto, pasando por tazas, camisetas, etc.), ofrece a los emprendedores la posibilidad de obtener financiación precisamente cuando hace falta, en fases tempranas del proyecto, sin tener que entregar acciones a cambio.

Esta modalidad de crowdfunding implica, lógicamente, la asunción de un riesgo: los creadores del proyecto afirman que entregarán el producto en cuestión en una fecha determinada, pero la realidad es que los retrasos son enormemente habituales. Problemas derivados del desarrollo del proyecto, inconvenientes encontrados en la fase de fabricación, o simplemente, cuestiones derivadas de la falta de experiencia suelen generar aplazamientos en la entrega que afectan a una gran mayoría de los proyectos, lo que ha generado en muchos casos enfados entre los usuarios que habían decidido contribuir a ellos con unas expectativas determinadas.

Indiegogo, uno de los sitios internacionales más importantes dedicados a esta modalidad de crowdfunding acaba de poner a prueba una cuestión que me ha resultado interesante: una póliza opcional de seguros asociada con el proyecto. En la ilustración aparece el Olive, una pulsera que permite monitorizar y supuestamente controlar el nivel de estrés. El incentivo principal para los usuarios es obtener la pulsera, un cargador y la app para gestionarla por un total de $129, con entrega estimada el 15 de noviembre de 2015. Pero además, en este caso, Indiegogo ofrece la posibilidad, por $15 adicionales, de asegurar la entrega del producto en un máximo de tres meses desde la fecha indicada. Si el proyecto se retrasa más allá de ese plazo, te devuelven el dinero.

El concepto de riesgo asociado a un proyecto empresarial no necesita demasiada explicación cuando hablamos de proyectos con el perfil habitual que suelen tener en crowdfunding: equipos que no necesariamente tienen mucha experiencia, con ideas y prototipos capaces de generar interés, pero con capacidades de ejecución no probadas. Pasar de las fases de idea, concepto o prototipo a las de fabricación masiva supone un reto muy importante, que se superpone a otros riesgos habituales tales como los problemas derivados de la gestión del propio equipo humano. Para quien desembolsa el dinero basándose en una promesa de un producto que le ha generado interés, ese riesgo también resulta fácil de entender y se suele ver como algo inherente al modelo de crowdfunding frente a la opción de simplemente adquirir el producto en una tienda, pero eso no significa que los retrasos o incluso las cancelaciones no puedan generar una intensa frustración. La idea de asociar una póliza de seguros con un coste razonable a la entrega del producto en cuestión parece interesante. Obviamente, en el caso de un proyecto, el riesgo para la compañía de seguros es importante, dado que en caso de retraso, lo habitual sería que afectase a todos o la mayoría de los usuarios que hubiesen decidido aportar fondos al proyecto. Pero si hablamos de una base importante de proyectos, ese riesgo se diluye considerablemente, y puede cubrir una buena parte de la sensación de incertidumbre que puede generarse en el usuario.

En el caso de Indiegogo, que suele tener la consideración de “segunda opción” con respecto al líder, Kickstarter, asociada con una cierta imagen de menor supervisión de los proyectos que se presentan en su plataforma, la idea de proporcionar un seguro asociado a sus proyectos puede resultar estratégicamente muy interesante. Por el momento, la iniciativa parece únicamente una prueba piloto asociada con ese único proyecto, pero no descartemos planes para verla consolidada como una opción general.

 

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Caligrafía, educación y futuro: examinando los argumentos

Escrito a las 4:51 pm
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Cuadernos RubioLa entrada del pasado domingo sobre los cambios en la educación infantil en Finlandia ha generado, como esperaba, un importante debate a nivel general, no solo en esta página, sino en muchos otros sitios, cuyos argumentos fundamentales me parece muy interesante recoger.

Empecemos por puntualizar: como bien fue aclarado, primero a través de este comentario en Slashdot y posteriormente por muchas otras personas con conocimientos de finlandés o experiencia en ese país nórdico, la noticia no dice que no se vaya a enseñar a los niños a escribir. Lo que se elimina del curriculum no es la escritura como tal, sino la caligrafía, como parte de un plan que aún está en estudio. Se introduce un énfasis en la enseñanza del uso eficiente del teclado, y se propone eliminar los ejercicios destinados a adquirir soltura con las cursivas, con la escritura manuscrita. Por supuesto, esto no conlleva que los niños no aprendan a escribir, simplemente que no harán ejercicios destinados al perfeccionamiento de esa letra, porque, sencillamente, no se considera práctico. Punto en el que estoy, no hace falta decirlo, completamente de acuerdo.

La primera parte de los comentarios creo que puede contestarse muy rápido: no, en Finlandia no se han vuelto locos ni pretenden convertir a sus niños en analfabetos ni en ágrafos. Seguirán aprendiendo las letras y seguirán sabiendo escribir. Simplemente, se propone dar más énfasis a la escritura en teclado – físico o virtual – que a la escritura en papel. Es decir, se pasa a privilegiar el soporte en el que los niños van a trabajar más a menudo durante toda su vida.

Una cuestión muy repetida, supongo que derivada de la aparente sofisticación del argumento, fue el supuesto efecto de la escritura en la enseñanza de la psicomotricidad fina. Un argumento que ignora una cuestión fundamental: la psicomotricidad fina se puede entrenar de muchísimas maneras, y las mejores no son precisamente la escritura, sino las manualidades o el dibujo. Pretender que por practicar menos la caligrafía vamos a tener una generación de niños torpes y carentes de habilidades motoras es algo que no tiene en cuenta los posibles sustitutivos a nivel educacional, que existen – y muy buenos.

Otra cuestión relacionada con las interpretaciones radicales: nadie pretende eliminar el dibujo. Posiblemente, en el futuro, una gran cantidad del dibujo tenga lugar con algún tipo de dispositivo electrónico y sobre una pantalla en lugar de un papel, pero eso permitirá exactamente igual el desarrollo de la psicomotricidad fina – posiblemente mejor aún, porque se eliminan determinadas limitaciones.

La escritura no es una habilidad natural del hombre. El uso de un lápiz y un papel para, utilizando un código determinado, representar ideas o conceptos en un papel es algo que proviene de un contexto histórico determinado, en el que el papel y el lápiz eran la manera más adecuada y más eficiente de hacer eso. Actualmente, el uso del papel y el lápiz ya no es ni el método más rápido, ni mucho menos el más eficiente, ni proporciona muchas de las ventajas que se obtienen de la escritura electrónica. Es más: el uso del papel y el lápiz funciona como un “corsé mental”, algo que se interpone en la posibilidad de refinar el texto en ediciones sucesivas.

Pensar que por no practicar la caligrafía manual vamos a obtener una generación de niños que escriban peor es algo que no se sostiene demasiado: de hecho, obtendremos una generación de niños que escriban MEJOR, porque crecerán acostumbrados a escribir pudiendo corregir y cambiar la estructura de lo que escriben sobre la marcha, algo que también es mejor de cara al desarrollo intelectual y cerebral (razonamiento abstracto y conceptual frente a pensamiento lineal y secuencial). No encontraremos ningún neurólogo mínimamente serio que sostenga que no practicar caligrafía determine una pérdida de funciones cerebrales. De hecho, la consecuencia de tener una generación de niños que crecen rodeados de aparatos con los que escriben constantemente redunda en unas capacidades de expresión escrita indudablemente superiores, como bien se razona en esta genial tira de XKCD.

Escribir en una pantalla es, sencillamente, SUPERIOR a hacerlo en un papel, por mucho romanticismo que el papel y el lápiz pueda evocar. Por supuesto, el mismo tipo de argumentos fueron utilizados en cada uno de los cambios que la escritura ha vivido a lo largo de la historia, o en general, en cada cambio tecnológico. Pero la cuestión es tan clara como que hoy en día, nadie escribe con grabados cuneiformes en piedra, ni sobre papiro, ni utilizando una pluma de ave mojada en tinta… y eso no nos ha convertido en más ignorantes. Frente a los que dicen que “hay que sumar, no restar”, les reto a intentar aprender la totalidad de las tecnologías utilizadas a lo largo de la historia de la humanidad para hacer cada cosa: es, sencillamente, un argumento falaz. Las tecnologías prevalecen hasta que son sustituidas por una tecnología mejor, y después, van convirtiéndose en residuales y cayendo en el abandono. Es una dinámica que hay que aceptar: no hacerlo nos convierte en ignorantes.

Otro tema que ha surgido en varias ocasiones es la supuesta menor velocidad o mayor distracción que proviene de tomar notas con un teclado, en un tablet o en un smartphone frente a hacerlo con bolígrafo y papel. Un argumento que, indudablemente, proviene de quienes no han utilizado lo suficiente esos métodos para tomar apuntes en una clase o reunión: basta con ver a cualquier adolescente (o con la debida modestia, con verme a mí, que no soy precisamente adolescente) escribir en un smartphone o en un teclado para comprobar que se puede ser mucho más rápido y eficiente tomando notas en un teclado, sea del tipo que sea, que con un bolígrafo y un papel. ¿Te distrae más? Eso es porque aún no lo has convertido en rutina. No desesperes: prueba más, y terminarás aprendiendo ;-)

Uno de los argumentos más absurdos que he leído en varias ocasiones y foros es el que compara la escritura con las matemáticas: “entonces, por la misma regla de tres, ¿por qué no dejamos de enseñarles a sumar y a restar, y les damos una calculadora?” Nada que ver. Las matemáticas suponen la adquisición de un conocimiento y una estructura necesarias para entender el mundo en que vivimos: aprendemos matemáticas porque nos ayudan a relacionarnos con el entorno que nos rodea, porque nos permite llevar a cabo infinidad de operaciones que nos ayudan a conceptualizar la idea de cantidad, o convertir en tangibles una serie de conceptos que de otra manera tendríamos que tratar como abstractos. Contar, sumar, restar, multiplicar o dividir responden a necesidades específicas, a soluciones a problemas que se plantean en la vida real, y aprender a solucionar esos problemas nos ofrece más grados de libertad a la hora de enfrentarnos a ellos. La calculadora simplemente nos ayuda a hacer más rápido esos cálculos, y la introducimos en el sistema educativo, si se hace correctamente, una vez que hemos entendido los conceptos de las tareas que pretendemos llevar a cabo. La caligrafía, en cambio, no tiene nada que ver con eso: cuando se hace a mano: la escritura es una barrera que me condiciona la forma de expresarme, que limita la creatividad al imponer trabas a la edición, y que, si puede ser perfeccionada por una tecnología mejor, debe ser perfeccionada. De hecho, no lo olvidemos, ya ha sido perfeccionada. Lo que aquellos que claman a favor de la caligrafía pretenden es que sigamos enseñando a los niños a utilizar un método de expresión obsoleto, que van a utilizar en muy pocas ocasiones en su vida adulta, y que ofrece infinidad de inconvenientes con respecto a la escritura con un teclado y sobre una pantalla.

Otro razonamiento que no termino de comprender es el que aduce la necesidad de contar con métodos alternativos en el hipotético caso de que no contemos con un dispositivo que nos permita escribir con un teclado y una pantalla: todo tipo de preocupaciones que van desde el momento en que nos quedamos sin batería, hasta nada menos que una hipotética tormenta solar que aniquila todos los dispositivos electrónicos de la faz de La Tierra (es una de mis historias favoritas, porque recuerda exactamente los temores irracionales que existían en la Edad Media sobre la catástrofe que supuestamente acabaría con el mundo en el año 1000). A quienes exhiben ese razonamiento, conviene recordarles, primero, que no vamos a impedir que los niños escriban, simplemente vamos a reducir el número de horas que dedicamos a un tipo de escritura en particular: repetimos, no vamos a crear analfabetos ni ágrafos, simplemente personas que se expresarán mucho mejor con un teclado que con un lápiz. Tampoco se va a prohibir escribir, como si estuviésemos en una novela de Ray Bradbury y propusiésemos quemar todos los lápices y todo el papel: simplemente, se hará menos énfasis en la caligrafía. Además, es recomendable también recordar que la evolución de la tecnología lleva a que las baterías duren cada vez más y a que los dispositivos sean cada vez más baratos y omnipresentes. Y por supuesto, que incluso en el hipotético caso de una catástrofe provocada por una tormenta solar que destruyese todos los aparatos eléctricos, eso no destruiría nuestra capacidad de volverlos a fabricar. A quien pretenda que la humanidad retrocederá de repente a la era previa a la electricidad y que, además, permanecerá en esa distópica situación a partir de ahí, habrá que recomendarle simplemente… que vea menos películas (además de que, si pasase, como bien me comenta Ignasi Marcos en Google+, “el menor de nuestros problemas sería si tenemos o no buena letra” :-)

Sin duda, un debate interesante, y un aporte de argumentos que agradezco mucho a todos los participantes. Pero sobre todo, un debate que conviene continuar: en la educación, junto con la caligrafía, deberían caer muchas cosas más. El uso del papel, por ejemplo, debería reducirse hasta convertirlo en algo residual. Los libros, como ya he expresado en otras ocasiones, deberían ser sustituidos por la red, por repositorios de conocimiento interconectados y por la enseñanza del razonamiento crítico que permite cualificar fuentes de información, porque no se puede enseñar a los niños que el conocimiento está en un soporte cerrado entre dos tapas de cartón. Las metodologías que desarrollan el trabajo en grupo y las habilidades de presentación y expresión deberían sustituir al ejercicio indiscriminado de la memorística. Y como eso, muchas cosas más. La enseñanza a los niños no tiene que partir de lo que aprendíamos nosotros cuando teníamos su edad, sencillamente porque nosotros vivimos en otro contexto, y es absurdo educar a los niños para vivir en el contexto histórico en el que vivieron sus padres – o incluso, sus abuelos. Todo lo que sea perpetuar metodologías “porque siempre se hicieron así” debería ser desterrado, para dar lugar a instituciones educativas que de verdad preparen a los niños para la vida en el contexto histórico, cultural y tecnológico que les ha tocado vivir. Lo demás, es puro inmovilismo.

 

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Tecnología, educación… y España

Escrito a las 12:47 pm
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Escuela españolaUn reportaje en Financial Times, Google overtakes Apple in the US classroom, proporciona algunas cifras y datos interesantes sobre la evolución de la tecnología en las escuelas norteamericanas: durante el tercer trimestre, según datos de IDC, Google facturó 715.000 Chromebooks al mercado educativo, frente a un total de 702.000 iPads. Es el primer trimestre en el que Google supera a Apple en este mercado.

Las cifras, aún interpretándolas con precaución por el porcentaje que suponen en el contexto de un mercado como el de la educación en los Estados Unidos, reflejan claramente una tendencia progresiva e imparable hacia la integración de la tecnología en el aula. La discusión en las escuelas norteamericanas se centra en cuestiones como la idoneidad de unos u otros dispositivos de cara al trabajo de los alumnos: mientras las tablets se ven más como un dispositivo de acceso a contenidos, básicamente una forma de acceder a libros electrónicos o a páginas web, el Chromebook, que puede obtenerse en niveles de precio que comienzan en los doscientos dólares, se ve como una solución más completa, cuya necesidad resulta más obvia a medida que el alumno crece, y que facilita una relación con el contenido más bidireccional, en la que tiende a darse más protagonismo a la creación.

Mientras, en España, nos dedicamos a crear leyes para prohibir el uso del smartphone en las aulas, con el supuesto fin de evitar el enfrentamiento entre alumnos y educadores. En lugar de tratar de buscar el encaje de un dispositivo como el smartphone dentro del proceso educativo, de integrarlo como plataforma de computación ubicua que es, tratamos de cerrarle las puertas del aula, de excluirlo, de convertir la educación en un entorno hostil en el que los niños se ven obligados a retrotraerse a tiempos que ni siquiera vivieron. En una sociedad completamente conectada, las aulas pretenden mantenerse como un entorno completamente desconectado.

Mientras en otros países tratan de modificar los procesos educativos para conseguir que sirvan para socializar a los niños en el entorno tecnológico que les ha tocado vivir, se dotan las aulas con tablets y portátiles para convertirlos en vehículos de conocimiento, o incluso se diseñan cambios para conseguir integrar la tecnología como una parte fundamental del curriculum, en España la dirección del progreso es… prohibir dispositivos, porque no se es capaz de pensar en cómo integrarlos de manera positiva. Está claro: es mucho más fácil prohibir que pensar.

 

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Escribir a mano es del siglo pasado

Escrito a las 1:31 pm
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CalligraphyFinlandia anuncia que abandona la enseñanza de la caligrafía en los colegios, y la sustituirá, empezando en 2016, por el aprendizaje de la mecanografía y el uso del teclado. La caligrafía se define oficialmente como una habilidad anticuada, cuyo aprendizaje ya no aporta especialmente nada desde un punto de vista práctico al desarrollo de la persona, una habilidad que puede ser más encuadrada dentro de la curiosidad histórica.

El movimiento, sin duda, va a ser calificado por muchos como muy agresivo. ¿Es adecuado que los niños dejen de escribir a mano, en un entorno en el que ya prácticamente solo lo hacen cuando ejercitan dicha habilidad? Un examen detallado de la vida cotidiana de un niño en nuestros días revela claramente que escriben de manera constante en teclados de todo tipo, físicos o virtuales, en ordenadores o en smartphones, pero únicamente recurren a la escritura a mano cuando les es específicamente solicitado… para conseguir que aprendan a escribir a mano.

Con el paso del tiempo, a medida que esos niños se van haciendo mayores, la necesidad de escribir a mano va disminuyendo todavía más. Yo llevo un bolígrafo en mi bolsillo por puro romanticismo y para firmar algo de vez en cuando, pero la realidad es que me pasan días y días sin utilizarlo.

En mi paso por la universidad, mi forma de tomar apuntes era muy apreciada por muchos de mis compañeros, porque tendía a apuntar prácticamente todo, con una letra nada bonita, pero razonablemente inteligible. Un paseo por la biblioteca de la universidad me permitía ver mis apuntes fotocopiados incluso por personas que no conocía, y subrayados en todos los colores imaginables. Terminada la universidad, dejé de escribir a mano. Hoy me costaría muchísimo tomar más de unas líneas: cuando lo he intentado, me ha resultado incomodísimo. Para cualquier tarea de escritura que implique un mínimo de creatividad, escribir a mano es completamente implanteable: mi forma de escribir actual recurre tanto a la vuelta atrás, a la sustitución o al replanteamiento de la estructura de lo que quiero expresar, que un modelo en el que cada pensamiento se plasme de manera irreversible en un papel resulta, además de arcaico, directamente absurdo. Si tengo que tomar unas notas en una reunión, lo último en lo que pienso es en utilizar un papel y un lápiz: lo primero que se me ocurre es sacar mi smartphone, y arrancar Evernote. En mi labor como profesor, me limito a escribir algunas palabras aisladas en una pizarra en la que añoro un teclado y un ratón, y cada vez que lo hago – por lo general, muy pocas – mis alumnos entienden perfectamente por qué no me gusta hacerlo. Mi visión en este tema es completamente radical: de la misma manera que llevo años abogando por la desaparición total y absoluta del papel y si tuviese una empresa apostaría por prohibirlo, vería bien que la escritura a mano pasase a ser considerada algo del pasado.

Escribir a mano resulta decididamente poco práctico y cada vez menos habitual, firmar es un método de autenticación débil y absurdo, y el bolígrafo o la pluma son cada vez más un artefacto menos práctico. ¿Estamos preparados como sociedad para anunciar el fin de la escritura a mano, o surgirán legiones de nostálgicos planteándose cuestiones como el romanticismo, la preservación de un bien cultural – como si la escritura cuneiforme fuese una habilidad remotamente interesante para alguien – o como el qué vamos a hacer es ese cada vez más improbable y absurdo momento en el que no tengamos acceso a un smartphone o a un teclado?

 

This article is also available in English in my Medium page, “Writing by hand: so 20th century…

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