El Blog de Enrique Dans

El replanteamiento de los modelos basados en datos

Escrito a las 6:34 pm
5

IMAGE: Limbi007 - 123RFAmaya Quincoces, de EFE, me llamó para hablar acerca de la aparente crisis de confianza y relaciones públicas que Facebook está experimentando al hilo del anuncio de relanzamiento de su nueva plataforma, Atlas, que propone la administración de publicidad segmentada en base a la información de los usuarios recogida y procesada por Facebook, pero en páginas web no pertenecientes a la compañía.

En realidad, nada que Google no lleve más de diez años haciendo, pero que viniendo de esa Facebook en la que, en lugar de “simplemente” buscar, volcamos la historia de nuestra vida y milagros, puede resultar, al menos de manera intuitiva, más preocupante para algunos.

El artículo de Amaya se titula “Facebook abre el botín de sus datos en un entorno agitado por la privacidad“. Yo lo he visto en El Confidencial, pero está apareciendo en bastantes sitios como es habitual en las noticias de EFE.

Los problemas de Facebook, en cualquier caso, habría que encuadrarlos dentro de un movimiento más generalizado en el que, como comentábamos hace algunos días, se empiezan a cuestionar los modelos basados en la gratuidad como forma de obtener información que permita segmentar la publicidad, modelos en los que el usuario no es cliente, sino realmente producto, literalmente “pares de ojos con tarjeta de crédito” que son ofrecidos a los anunciantes.

Por otro lado, el movimiento de Facebook con respecto a su política de cambio de nombre, que ha afectado de manera directa a la comunidad LGBT, ha llevado a una escenificación todavía más fuerte de las protestas contra su forma de tratar la privacidad, lo que ha redundado en un fuerte apoyo de este colectivo – con todo lo que conlleva en cuanto a fijación de tendencias – a iniciativas prácticamente recién estrenadas como Ello. En muy pocos días desde su lanzamiento en beta cerrada, la red social que promete no hacer publicidad, no vender datos de sus usuarios, no obligar al uso de nombres reales y tener una tolerancia cero hacia los comportamientos de tipo abusivo ha visto como el interés por probarla crecía hasta superar en algunos momentos las veintisiete mil solicitudes por hora. Claramente, plantear tu identidad como una contraposición a Facebook, como un auténtico anti-Facebook que odia todo aquello en lo que el invento de Mark Zuckerberg se ha convertido, puede ser una posición muy interesante.

Obviamente, queda mucho por ver sobre Ello: además de estar en rigurosa beta – y muy beta, sin una simple versión móvil y a falta de muchísimas prestaciones razonablemente exigibles, – su modelo sin publicidad solo se comprende en función de planteamientos como el pago por uso o, como mínimo, el freemium, que parece ser lo que por el momento insinúan sus promotores. Por otro lado, el hecho de estar financiados mediante capital riesgo, que lógicamente exige una salida a su inversión y, por tanto, un “momento de la verdad” en el que el número de usuarios es “vendido” al siguiente inversor para que lo ponga en valor, hace que algunos analistas hayan manifestado sus dudas sobre el modelo de Ello, lo que ha sido contestado desde el ámbito de la compañía con un pragmático “con financiación o sin ella, odiamos la publicidad, queremos cambiar los valores, y somos libres para hacer lo que queramos“.

Por el momento, estamos asistiendo con Ello a uno más de esos experimentos en difusión de la innovación: ya están dentro todos los sospechosos habituales de probar este tipo de cosas, y se puede ver cómo el interés por probar una propuesta nueva e indudablemente provocativa se superpone a la fatiga mental que produce la idea de crear perfil en la enésima red social, o síndrome YASN (Yet Another Social Network). Lo que sí parece claro es que, más allá de la novedad de una nueva red social o las protestas contra Facebook por uno u otro motivo, estamos viviendo un auténtico cuestionamiento de un modelo al hilo de la fuerza de la mensajería instantánea o de los mensajes “de usar y tirar” como Snapchat que, para muchos, resulta la auténtica razón de ser, toda una filosofía que los ha llevado hasta donde están. Si la tendencia continúa, tiene la magnitud de un auténtico movimiento sísmico.

 

This article is also available in English in my Medium page, “Rethinking models based on data

¿Estamos viviendo otra burbuja en la web?

Escrito a las 9:47 am
13

IMAGE: Markus Gann - 123RFDaniel Viaña, de El Mundo, me llamó para preguntarme sobre mis recuerdos de la burbuja de finales de los ’90, que viví entre California y España, para documentar un articulo que ha escrito junto con César Urrutia titulado “La primera burbuja del siglo XXI” (pdf). Básicamente, hablamos de mis recuerdos de entonces, de las anécdotas, de los síntomas y de los condicionantes que llevan a definir un entorno como burbuja o no.

¿Estamos viviendo otra burbuja en la red similar a la de los ’90? Sin duda, es una de esas grandes preguntas que todo el mundo lleva tiempo haciéndose, y la respuesta, como suele ocurrir en estos casos, no es tan simple como un sí o un no. El hecho de que haya valoraciones estratosféricas de compañías sin ingresos no necesariamente conlleva que exista una burbuja, si esas valoraciones tienen sentido en cuanto a sus posibilidades de generación de valor en el futuro, sea de manera independiente o en virtud de las sinergias que pueden crear con otras compañías.

Que Instagram no tuviese modelo de negocio ni interés alguno por tenerlo no implica que no pueda valer mil millones en manos de Facebook, por mucho que mil millones (al final fueron menos, unos $715) parezcan una cantidad demencial. Que en su momento no tuviese modelo de negocio no implica tampoco que, al año escaso de su adquisición por Facebook, no estuviese generando campañas de publicidad de empresas de medio mundo que, además, exploran una nueva manera de generar canales de comunicación con usuarios interesados sin convertirse en una molestia incómoda para ellos, sino con todas sus bendiciones e interés. No, las interpretaciones de las cosas no son nunca tan sencillas.

A finales de los ’90, el entorno desarrolló una presión brutal que afectaba a todas las compañías cotizadas por demostrar que estaban haciendo algo, lo que fuese, en internet. Si no presentabas un plan de inversión en la red, se interpretaba que no estabas comprando tu billete al futuro, y tu cotización descendía indefectiblemente. Ahora existe presión para muchas cosas: la mayoría de las grandes adquisiciones recientes con valoraciones estratosféricas han pasado por la mesa de estudio de tres o cuatro grandes compañías, y en muchas ocasiones, las ofertas se deciden para evitar que sea un competidor quien lleve a cabo la adquisición. Pero mientras las presiones de los ’90 afectaban a todo el mercado, las de hoy afectan a cuatro o cinco compañías y a las dinámicas de la competencia entre ellas, no a la totalidad de la economía. Que Facebook pague 19.000 millones por una compañía como WhatsApp e incorpore a su consejo a un chalado como Jan Koum no implica que el mercado se haya vuelto loco… implica otras cosas: que Mark Zuckerberg es un imprudente, que ve cosas en la compañía que otros no vemos, o que no quiere que sea otro quien compre WhatsApp. Del mismo modo, comprar Oculus VR puede parecer una locura cuando la compañía únicamente tiene poco más que un prototipo y un número completamente marginal de clientes, pero puede ser interesante si te permite con ello fichar a un equipo que puede ser el que defina el futuro de la realidad virtual.

Posiblemente, el entorno tecnológico esté sobrecalentado. Son cosas que pasan cuando existe incertidumbre sobre el futuro, cuando hay movimientos que pueden contribuir a redefinirlo, cuando hay alternativas cuya valoración no es calculable (¿cuanto vale el liderazgo de una categoría aún casi sin explorar o explotar?) o cuando los actores en liza son pocos y tienen recursos en abundancia. Que empresas como Google o Apple puedan en la práctica montar un almacén de dinero mayor que el del tío Gilito y dedicarse a nadar en él no es algo casual ni una extravagancia de sus administradores: muestra cuánto vale en una industria con un dinamismo sin parangón en la historia de la economía mantener la flexibilidad de los recursos. ¿Son una burbuja los 159 mil millones de dólares en cash que atesora Apple, o son dinero contante, sonante y real? ¿Es una burbuja que Google haya construido una máquina capaz de facturar 60 mil millones de dólares en un año (2013) o son dólares de curso legal que miles de empresas de todo el mundo pagan por poner sus anuncios delante de los ojos de millones de personas? No, entre la burbuja de finales de los ’90 y la que algunos dicen ver hoy en día veo unas cuantas diferencias. En los ’90 se trataba de valorar expectativas. Ahora, hay algo más que expectativas: hay usuarios, hay consumo, hay facturación y hay billetitos de curso legal que muchos clientes de muy diversos tipos entregan a cambio de productos y servicios.

¿Estamos en riesgo de que la situación se convierta en insostenible, las valoraciones caigan de repente y todo lo que un día era oro pase a valer menos que el peso del papel en que imprimiríamos los títulos de las acciones correspondientes? En global, mi impresión es que no. ¿Puede pasar con alguna compañía, o incluso con un grupo de ellas que se dediquen a temas afines o relacionados? Sin duda. Pero la incertidumbre o el riesgo no implican necesariamente que haya una burbuja. Implican que hay un mercado, y que se mueve más rápidamente y de forma más impredecible que los mercados de hace algunos años.

 

This article is also available in English in my Medium page, “Are we headed towards another dot.com bust?”

La marca personal y los bálsamos milagrosos

Escrito a las 9:41 am
5

Personal branding (IMAGE: Jay Dolan)La evolución de los temas relacionados con la marca personal me parece una de esas cuestiones de las que se empieza hablando de metodologías sencillas y de sentido común para desarrollar una presencia web que refleje lo que hace una persona, y se termina creyendo en bálsamos milagrosos, recetas magistrales y secretos inextricables que provienen de ancianos sabios.

Lo he dicho ya en otras ocasiones: la marca personal es tan sencilla como “trabajar bien y permitir que se vea”, en ese orden. Si alteras el orden y te dedicas a invertir en que se vea antes o en lugar de invertir en trabajar bien, lo que se verá será un autobombo impresentable y muy cargante que terminará por hacerte mucho más mal que bien.

Sobre cómo trabajar bien y hacer cosas interesantes hay ya muchísimo escrito,  en mi caso, perfil motivacional donde los haya, se reduce a “trabaja en cosas que de verdad te gusten y te apetezca hacer”. Llevo casi un cuarto de siglo trabajando en el mundo académico precisamente por eso, porque no conozco ninguna otra industria que te dé la libertad que te da ésta para poder dedicarte a cosas que te gustan, para poder cambiar y reenfocarte cuando quieres.

Si trabajas en algo que te gusta y te mantiene motivado, es infinitamente más fácil que hagas las cosas – o al menos, algunas cosas – bien. Y ya que las haces bien, trata de ser justo contigo mismo, y ponlas en valor todo lo que puedas, para que estén a disposición de todos aquellos a los que les puedan generar valor o encontrarlas interesantes, y tratando de no convertirse en un pesado.

¿Recetas? Pocas. Ser suficientemente ordenado como para que no se te pierdan las cosas, tanto las que haces tú como las que hacen otros y te interesan. Para conseguir una forma de almacenarlas que te aporte algo de valor (aunque solo sea por la facilidad de encontrarlas tu mismo más adelante), y sobre todo, comparte, comparte y comparte. Que no quiere decir “envíaselas a todo el mundo”, sino “déjalas en un lugar donde si quieren, las puedan encontrar”. Poco más. El secreto de la marca personal es que no hay secretos. Solo trabajo. Una reputación se consigue a lo largo del tiempo a base de trabajo duro y confianza: si alguien te dice que tiene un atajo para ti, no te lo creas.

¿Qué cuento a los alumnos en clase sobre estos temas? Básicamente, que las herramientas de la web social pueden servirles para muchas cosas: que un Feedly bien afinado y un Twitter en el sigues a quienes son referencias para ti te servirán para escuchar mejor y de manera más eficiente, porque por muy bueno que seas, no todo lo bueno que hagas va a haber salido únicamente de tu cabeza o de tu cosecha. Que un repositorio online, llámese Delicious, Pinterest o como sea, te servirá para poder rebuscar en lo que guardaste. Que una página personal, sea un WordPress o un simple Tumblr, te servirá como carta de presentación y para exponer lo que vas haciendo, sea un trabajo muy bueno, un estudio relevante, o una simple opinión sobre un artículo de otro. Y que si publicas algo, de nuevo las redes sociales te podrán servir para contar a otros que lo has hecho. ¿Hay que estar en redes sociales? Simplemente, hay que hacerse fácil de encontrar por aquellos que quieran encontrarte: que esto se llame Twitter, LinkedIn, Facebook, About.me o todos ellos a la vez me es indiferente. Al margen de esto, de la lógica y del sentido común, muy poco más.

Daniel Villagrasa, de El Imparcial, me envió algunas preguntas por correo electrónico para un artículo sobre marca personal titulado “¿Ha sustituido el perfil de Twitter al ‘curriculum vitae’? A continuación, el texto completo que intercambiamos:

 

P. ¿Hasta qué punto se ha vuelto imprescindible la marca personal?

R. Ni más ni menos de lo que era antes, solo que las herramientas de comunicación han evolucionado de tal modo que ahora el boca-oreja es más rápido y eficaz, y lo que dices no solo se ve, sino que se puede enlazar, distribuir, reenviar y compartir. Lo que ahora llamamos marca personal es lo que toda la vida hemos definido como reputación, antes limitada a los círculos profesionales en los que uno se movía, ahora mucho más fácil de exportar a todos los ámbitos de nuestra vida.

P. ¿Se corre el riesgo de anular el efecto al caer en el autobombo? ¿Qué otros riesgos hay para el profesional que se auto promociona en la web?

R. Marca personal y autopromoción en la web no tienen nada que ver. Marca personal es lo que los demás dicen de ti, no lo que tratas de construir tú mismo. De nada sirve que uno tenga muy buena imagen de sí mismo si los demás piensan mayoritariamente que es un idiota o un inepto en su profesión. Por más que monte páginas y páginas dedicadas a mí persona, si lo que digo en ella son estupideces, otros pensarán que soy un estúpido, nada más. Otra cosa es que aprovechemos los medios de comunicación a nuestro alcance para magnificar lo bueno que se dice de nosotros o aquellas cosas que hacemos profesionalmente, o incluso personalmente, que consideramos pueden contribuir a nuestra buena imagen.

P. ¿Cuánto cuesta crear y mantener una imagen de marca personal? No sólo en dinero, sino en tiempo.

R. Ni tiempo ni dinero, se trata de ser profesional y construirse una reputación como siempre ha existido en cualquier sector. Una buena marca personal no depende de la autopromoción que uno se haga o se pague, pues luego hemos de enfrentarnos a la realidad y esa es la verdadera prueba de fuego. Para mí, la marca personal consiste únicamente en poner en valor lo que hago: si invierto una hora en algo, quiero que el resultado esté disponible para otros, y que se pueda compartir. Simplemente trato de ser todo lo transparente que puedo con los demás, y honesto conmigo mismo: si invierto trabajo en algo, quiero que se vea.

Lujo y comercio electrónico

Escrito a las 8:37 am
3

Se disparan las ventas online - Expansión (pdf)Revisando el clipping reciente encontré en Expansión este artículo sobre el comercio electrónico y el mercado del lujo titulado “Se disparan las ventas online” (pdf) que se me había pasado reseñar, y para el que Eva Dallo me envió en su momento tres preguntas por correo electrónico.

A continuación, el texto completo que intercambiamos:

 

P. ¿Cómo influye el mundo digital en el proceso de compra?

R. El canal digital es inmensamente más rico en información, permite aportar muchos más elementos y estímulos a la toma de decisiones, y permite además un proceso en el que el usuario se siente más en control, libre de presiones externas. Obviamente, esto no afecta de la misma manera a todos los productos: en los bienes durables y de compra meditada, esta riqueza adicional de información tiende a ser utilizada para tratar de obtener una idea más objetiva, estudiando los diferentes criterios que forman parte de la toma de decisiones y asignándoles pesos relativos en virtud de preferencias personales. En bienes en los que predomina más la compra por impulso, el canal digital aporta una mayor exposición a potenciales influencias de todo tipo.

P. ¿Es internet un prescriptor especialmente importante en el consumo de marcas premium-de lujo?

R. Internet como tal no es un prescriptor, sino un canal con una gran amplitud. La labor de prescripción no la lleva a cabo un ente abstracto llamado internet, sino habitualmente personas o fuentes de información. Podemos hablar de diferentes tipos de influencia en virtud de diferentes criterios, unos más racionales, otros más emocionales, pero habitualmente se encuentran vinculados a personas: un influenciador lo es porque, de alguna manera, vincula un aspecto de su persona a un atributo que el cliente valora. Se puede influenciar una compra en función del conocimiento que se muestra de un tema, en virtud de un elemento puramente estético, gracias a una influencia que se traslada desde otro ámbito, o en función de criterios mucho más elaborados y complejos, pero en general, se trata de la exposición a una cierta información (sea textual, audiovisual, gráfica, etc.), e internet, en ese sentido, es un canal indudablemente superior.

P. ¿Cómo de importante es la presencia en internet para marcas de este tipo?

R. Una presencia adecuada en internet aporta, además de un elemento de credibilidad, la oportunidad de desarrollar esas fuentes de influencia en un canal rico en información. Lejos quedaron ya los tiempos en que el lujo se asentaba sobre una supuesta asimetría informativa y una restricción del acceso. Ahora, si no encuentro información en la red, ya no lo asocio con lujo, sino todo lo contrario, con algo que no está en el mundo. Lo que antes se asimilaba con una imagen lujosa, las páginas web ampulosas, basadas en un gran peso de lo audiovisual y una estética más propia de la televisión, ahora tienden a considerarse anticuadas y fuera de lugar, y lo que se busca son páginas mucho más orientadas al servicio, a proporcionar información útil, en un salto de lo connotativo a lo denotativo, a lo funcional, que el mundo del lujo aparentemente necesita todo un cambio generacional para llegar a comprender. ¿Qué hay que darle a un potencial cliente en la red para que se reafirme en su proceso de compra e incluso termine por llevarlo a cabo? ¿Audiovisuales en flash que posiblemente ni pueda ver si intenta acceder desde un dispositivo móvil, o información completa, enriquecida y amplia que le sirva como una forma completa de hacerse a la idea del producto y sus atributos? El verdadero lujo está en que tu producto pueda mostrarse con todos sus detalles, que reduzca la incertidumbre del potencial comprador, y que le reafirme en su decisión de compra. Y eso, en la web, puede llevarse a cabo de maneras magistrales.

La música busca alternativas

Escrito a las 12:55 pm
14

Thom Yorke - BitTorrent Bundle

Thom Yorke, líder de Radiohead y una de las auténticas “fuerzas vivas” actuales del mundo de la música, lanza su nuevo disco en solitario, Tomorrow’s Modern Boxes, y lo hace a través de un nuevo canal cuyo nombre evoca los peores fantasmas en la industria de la música: BitTorrent.

En efecto, desde hace ya bastante tiempo, el nombre BitTorrent no solo se usa para referirse al protocolo descentralizado de compartición de archivos creado por Bram Cohen y responsable de un gran porcentaje del tráfico de la red a nivel mundial, sino a la compañía que gestiona y mantiene ese protocolo y sus clientes, junto con un servicio de distribución de contenidos. Una compañía, fundada en el año 2004 por el propio Bram Cohen y por Ashwin Navin con el fin de poder dar un carácter comercial y lucrativo al uso del protocolo abierto, que aspira desde hace tiempo a convertirse en un actor importante en el mundo de la cultura, con actividades que van desde la financiación de obras a través de crowdfunding hasta la distribución. El pasado mes de julio, BitTorrent anunció el desarrollo de una pasarela de pago para comercializar los llamados bundles, que básicamente consisten en cualquier cosa que un artista pueda querer distribuir (vídeo, música, arte, etc.) en un solo archivo, mediante el esquema que al artista le parezca adecuado utilizar: gratis, tarifa plana, pago por descarga, sujeto a restricciones de diversos tipos, etc.

En el esquema de venta directa de contenidos, BitTorrent retiene un 10% del precio pagado por el usuario mientras el 90% restante va directo al artista, un esquema sensiblemente diferente – o prácticamente inverso – al de las discográficas o editoriales convencionales. El artista tiene completa libertad para decidir el precio al que quiere poner su obra, pero también cuestiones como las canciones, vídeos o materiales promocionales que quiere ofrecer de manera gratuita, el número de descargas a las que da derecho el precio, o restricciones de otro tipo, como requerir un correo electrónico o algún sistema de autenticación.

El movimiento tiene potencialmente mucha importancia: el número de usuarios de BitTorrent es como el doble de la suma de los que tienen Spotify, Hulu y Netflix todas juntas, y aunque tradicionalmente este tipo de usuarios han utilizado masivamente el protocolo de manera mayoritaria para la descarga gratuita, nada implica que un porcentaje importante de ellos no puedan inclinarse por consumir mediante otros esquemas que incluyen un pago si las condiciones les parecen adecuadas. De hecho, el desarrollo de opciones que los usuarios consideran adecuadas es, sin duda, la fuerza más importante a la hora de hacer disminuir el porcentaje de estos que recurren a métodos irregulares de obtención de contenidos, lo que lleva a que, en un giro más que interesante, el protocolo que posibilitó que las descargas irregulares creciera, podría convertirse en una fuerza a la hora de reconducir a muchos de esos usuarios hacia alternativas que contribuyan al sostenimiento de los artistas y creadores.

BitTorrent es una compañía tecnológica que ha sido capaz de desarrollar el que es, sin duda, el mejor protocolo para mover archivos pesados a través de la red. El reto ahora es ser capaz de convertirse, además, en un buen distribuidor de contenido, en una discográfica sujeta a un modelo mucho más adecuado a los tiempos en su esquema de comisiones, y que sea capaz de proporcionar a los artistas exposición a los canales de marketing que necesitan para promocionar su obra. El acceso a los canales de promoción masivos como radio o televisión, capaces prácticamente de dar forma a nuestros gustos mediante esquemas como la reiteración o la creación de tendencias, son hoy en día el principal método que las discográficas utilizan para mantener su hegemonía: la clave no está, obviamente, en las condiciones que establecen para los artistas ni en la excelencia en producción, sino en el control de esos canales mediante técnicas que aseguran que la inmensa mayoría de lo que suena en la radio o de lo que aparece en televisión está lanzado y controlado por una empresa discográfica.

Existen ya múltiples métodos y esquemas que permiten a un artista hacer un lanzamiento de una obra al mercado, tales como SoundCloud, Bandcamp, Spotify y servicios similares de streaming, el lanzamiento de una app propia o incluso la venta de copias físicas. Pero para un artista, optar por canales alternativos a las discográficas suele suponer hoy en día renunciar a un marketing tradicional que resulta completamente necesario a la hora de posicionar su obra en la memoria de los usuarios, lo que en la práctica excluye a todos aquellos artistas que no gozan de un nivel de reconocimiento tan elevado que les lleve a ser capaces de convertirse en “noticia por sí mismos”. Esquemas de publicidad cruzada, plataformas exclusivas de distribución de obras, estadísticas y listas de ventas manipuladas o relaciones directas con las compañías de medios permiten que las discográficas “de toda la vida” mantengan un férreo control sobre esos canales, y consiguen que posicionar una canción para que suene en las radios comerciales sea prácticamente imposible o muy difícil para cualquier artista que no venga a través de una de esas discográficas. Un artista puede tener la inspiración para una obra maestra, puede perfectamente crear un bundle con ella y ponerla en BitTorrent o llevarla a cualquier otra plataforma que teóricamente la acerque al público, pero su problema sigue siendo el mismo: le resultaría prácticamente imposible llegar a las televisiones y a las radios comerciales más allá de una presencia testimonial.

El verdadero problema de la música y de los músicos no es la tecnología. La tecnología es perfectamente capaz de ofrecer canales adecuados y viables tanto para la distribución como para la monetización de sus obras. El problema de los artistas, desde mi modesto punto de vista, se llama discográficas, y sobre todo, las relaciones de éstas con las televisiones y las radios comerciales. BitTorrent y otros canales pueden convertirse en fantásticas alternativas a las discográficas y proponer estructuras de márgenes infinitamente más justas, pero sin la llegada adecuada a las televisiones y las radios comerciales, seguirán reducidas a circuitos relativamente minoritarios salvo en el caso de determinados artistas que puedan asumir el peso de esa comunicación por sí mismos. Pero en cualquier caso, bienvenidas sean las alternativas…

 

This article is also available in English in my Medium page, “At last the emergence of ways to end the record companies’ stranglehold on the music business?

Sobre el talento

Escrito a las 10:54 am
6

Talento - Expansión (pdf)Mi columna en Expansión de ayer se tituló “Talento” (pdf), e intenta destacar la encarnizada lucha por la captación de personas con las habilidades y conocimientos adecuados que se vive en el escenario tecnológico. Lucha que, obviamente, se puede observar también en otras industrias, pero a un nivel mucho menos llamativo.

La velocidad y el dinamismo de la industria tecnológica permite visualizar de manera cada día más evidente cómo las empresas tratan de atraer ese talento, hasta el punto que sus anuncios de incorporaciones y ofertas de trabajo se convierten en pistas para predecir la dirección de sus iniciativas estratégicas. Si la persona o el equipo que han demostrado capacidad de desarrollo o de puesta en marcha de algo que me interesa está trabajando en otra compañía, trato de atraerlo a la mía. Si trabajan en su propio proyecto, trato de adquirirlo y garantizar que se queden en el proyecto mediante los denominados acqui-hires. Cada día más, el acceso al talento y la capacidad de atraerlo y retenerlo se convierten en un recurso competitivo fundamental.

Mientras tanto, en otras industrias y en otros mercados, hay empresas que siguen pensando que contratar a alguien es poco menos que “hacerle un favor”. No, en el mercado del talento, lo que tienes que hacer no son “favores”, sino tratar de convertirte en esa empresa en la que, por las razones que sean – qué personas están en ella, qué proyectos tiene, cómo paga, qué condiciones de trabajo ofrece, etc. – es capaz de atraer y retener el talento.

A continuación, el texto completo de la columna:

 

Talento

En la industria tecnológica se lucha una encarnizada batalla por un activo fundamental, estratégico, crítico: el talento. Por supuesto, esta competencia tiene lugar en muchas otras industrias también, pero el sector tecnológico, con su velocidad, marca claramente tendencia.

La competencia por atraer a los mejores profesionales se ha convertido en una constante. Ya no hay pactos. Las empresas se roban personas y equipos unas a otras, hasta el punto de que cada vez resulta más fácil hacer análisis de estrategias futuras basándose en los perfiles que las compañías incorporan.

Si ves que Apple está fichando por todos los medios directivos de empresas como PayPal y American Express, no hace falta ser adivino para plantearse que, muy posiblemente, estén trabajando en un medio de pago. Si además resulta que esos perfiles en concreto tienen en común estar centrados en el área de los programas de lealtad… atar cabos nunca fue tan sencillo.

Una de las prácticas en las que se comprueba la enorme importancia del talento es en la súbita abundancia de los llamados acqui-hires: adquisiciones de compañías que tienen en realidad como fin principal incorporar a la empresa compradora al equipo directivo o a los  desarrolladores de la comprada. Básicamente, “como no puedo ficharte porque estás trabajando en tu propio proyecto y no te vas a dejar, compro el proyecto entero y a ti con él”.

La importancia de apostar por equipos (el talento atrae más talento) y el desarrollo de entornos de trabajo atractivos es ahora un factor crítico. El acceso al talento es ya la nueva gran ventaja competitiva, y las estrategias para atraerlo y retenerlo se han convertido en una clave fundamental.

¿Te has planteado que tal funciona tu empresa en ese sentido?

 

 

This article is also available in English in my Medium page, “On talent“.

Hablando sobre Uber en La Noche en 24 horas

Escrito a las 8:57 pm
15

En mi sección de tecnología de los miércoles en La Noche en 24 horas, hablamos sobre Uber al hilo de su llegada a Madrid.

Personas, no productos

Escrito a las 8:40 am
21

IMAGE: IQoncept - 123RFTodo parece indicar que estamos viviendo el inicio de una cierta transición entre modelos de negocio basados en la publicidad segmentada y otro tipo de alternativas con otra filosofía, más basadas en producto o en una cierta concepción humanista.

Al clarísimo énfasis puesto por Apple en su última presentación de productos en las garantías de privacidad reales a la hora de maneja la información de salud o al “no somos Google, vivimos de vender productos, no de vender información de nuestros clientes“, se une ahora el incipiente desarrollo de una nueva propuesta de red social, Ello, basada fundamentalmente en una definición negativa: no queremos ser Facebook. Por el momento en beta cerrada y, si logras entrar, con apariencia de pueblo fantasma o sitio completamente despoblado, Ello incide en la idea de que los usuarios somos personas, no simples targets que una serie de anunciantes esperan caracterizar en función de sus movimientos, como si fueran ratas de laboratorio metidas en un laberinto y toda la actividad que desarrollasen fuese en realidad el pretexto para administrarles publicidad segmentada.

Piénsalo: Facebook o Google son empresas cuyos productos pueden gustarte más o menos, pero en las que la totalidad del modelo de negocio se basa en estudiar tu comportamiento. Qué buscas, dónde estás, con quiénes hablas habitualmente, qué tipo de cosas te llevan a hacer clic o a no hacerlo, qué temáticas te hacen quedarte más tiempo o te incitan a comentar… en el fondo, estás ahí, metido en un bote de cristal, siendo estudiado con una lupa, sometido incluso a experimentos para manipular tu estado de ánimo, y todo con el fin de poner delante de tus ojos la publicidad adecuada.

¿Modelo no válido? No necesariamente: es muy posible que pueda ser más interesante que el anterior consistente en martirizarnos a todos con una exhibición constante de ofertas, productos y servicios de los que una gran mayoría no te interesaban en absoluto, pero sin duda, no precisamente una exaltación del humanismo. Muchos empiezan a ver en los modelos de explotación de la información del usuario una cierta degradación de la esencia de la persona, del individuo, convertido simplemente en una diana caminante cuyos movimientos están en constante escrutinio para lograr el codiciado impacto, el tiro con la bala adecuada, el que determina un comportamiento de compra positivo.

Apple parece caminar por rutas conocidas: fabricamos productos, los vendemos, y por supuesto, pretendemos convencerte para que nos compres más, pero no en función de recopilar información sobre ti y utilizarla o venderla a otros, sino basándonos en que nuestros productos son buenos. Frente a esto, el modelo objeto de las críticas trata de ofrecerte los mejores productos posibles a precios muy competitivos o incluso gratuitos, porque tú en realidad ya no eres el comprador de esos productos, sino el usuario que nos entrega su información y se convierte en target, en diana publicitaria.

La idea de una red social no dominada por anunciantes y en la que lo que hacemos no es recopilado y procesado como parte de un modelo de datos utilizado para perseguirnos de forma más eficiente puede resultar, en principio, atractiva para cualquiera. La duda, claro, está en las posibilidades de financiar una actividad así: si el objeto no es cobrar a unos anunciantes por un acceso segmentado a los usuarios, y estos tampoco pagan por el uso, la pregunta inmediata no es “¿dónde hay que firmar?”, sino dónde va a estar el modelo de negocio sostenible que permita que algo así subsista. Una incógnita que, por el momento, queda para más adelante, como queda el posible recibimiento del mercado a una propuesta más de red social, la enésima, y en un entorno que, salvo en algunos (muy pocos) países, está completamente dominado por un solo jugador: los cuatro mil registros por hora que está obteniendo Ello en el momento de escribir esta entrada solo indican que la propuesta de una red social sin publicidad nos resulta intuitivamente atractiva, pero no dice nada de cómo será o en qué se basará realmente su modelo de negocio. No, no somos productos o no queremos serlo, pero ¿dónde está la alternativa? ¿Con qué moneda se paga el perder la etiqueta de producto y la recuperación de la condición de persona?

 

This article is also available in English in my Medium page, “People, not products

El coche que no arranca si te retrasas en el pago del préstamo

Escrito a las 6:22 pm
13

IMAGE: Charmboyz - 123RFDefinitivamente, la cara de la innovación tecnológica no siempre resulta agradable.

En los Estados Unidos, algunas de las empresas que prestan dinero a personas con bajos niveles crediticios – los préstamos que componen el llamado segmento sub-prime tras ser colateralizados –  llevan ya algún tiempo utilizando contratos de préstamo para la adquisición de automóviles que incluyen como cláusula obligatoria la instalación de un dispositivo, el starter interrupt device, o desconectador remoto del encendido, una combinación de interruptor y GPS situado en alguna parte escondida y de difícil acceso, que permite no solo localizar el vehículo, sino también impedir que este pueda ser encendido. En el caso de impago, la empresa puede accionar remotamente el dispositivo, y localizar el automóvil mediante el GPS para poder recuperarlo, lo que limita financieramente el riesgo de la operación. Desactivar o retirar el dispositivo está prohibido por contrato y no es una tarea sencilla – aunque obviamente hay instrucciones sobre cómo hacerlo en la red – y además, es detectado de manera inmediata por la compañía, que puede iniciar las acciones que considere oportunas.

Este interesante artículo en The New York Times, Miss a payment? good luck moving that car detalla algunas de las situaciones que genera el ejercicio de este tipo de cláusulas sobre personas que, víctimas de la crisis económica, se encuentran sin más opciones que las que ofertan estas empresas a la hora de obtener un crédito.

Los argumentos que en su momento se ofrecieron para legalizar el uso de este tipo de dispositivos resultan muy llamativos: teóricamente, el desconectador remoto permite que accedan al crédito personas que, de no ser bajo esas condiciones de minimización del riesgo, no podrían hacerlo, lo que implica que se abran nuevas posibilidades y oportunidades para ellos. En muchos casos, tener o no tener un automóvil puede suponer el acceso a puestos de trabajo o a oportunidades que permitan que una persona salga financieramente a flote.

Otra justificación es que la alternativa, en realidad resulta todavía peor: antes de la llegada de estos dispositivos, el que una persona dejase de pagar su préstamo suponía el inicio de un proceso de recuperación del vehículo mediante el llamado repo man, una especie de “cazador de recompensas” a comisión encargado de localizar al deudor, incautar el bien objeto de impago, trasladarlo con una grúa a un depósito, incrementar la deuda facturando al deudor los costes de traslado y almacenaje del vehículo, y obligarlo a acudir al depósito correspondiente con el dinero en metálico en la mano para recuperarlo. Frente a ese durísimo proceso, el desconectador ofrece una alternativa mucho más “limpia”: la compañía acciona el interruptor desde la pantalla de un ordenador, el vehículo deja de encender (algunos deudores afirman que el fatídico momento de la desconexión llegó cuando esperaban en un semáforo, cuando estaban aparcados en un barrio peligroso, o en algunos casos, incluso con el vehículo en marcha y conduciendo por la autopista), y si el dinero llega a la cuenta correspondiente, puede ser conmutado de nuevo para que el automóvil vuelva de manera inmediata a estar operativo. Algunos usuarios en situación de precariedad económica llegan a acostumbrarse a vivir viendo cómo su automóvil, con cierta periodicidad, deja de funcionar, y solo vuelve a hacerlo cuando pueden hacer frente al pago correspondiente más los intereses de demora.

Impresionante. Esto debe ser lo que llaman “progreso”…

Internet, seguridad y sentido común

Escrito a las 7:38 am
9

Internet, seguridad y sentido común: 9 consejos para recordar - Voces EconómicasDesde Voces Económicas, el blog de MoraBanc, me solicitaron un artículo divulgativo sobre prácticas de seguridad en la red, un poco a modo de “conjunto de mínimos” o “errores peligrosos que no el usuario medio debería evitar cometer”. Traté de resumir las que son mis reglas de cabecera habituales, dentro de un concepto de sentido común que, si bien puede serlo para usuarios con una cierta experiencia, no lo son en absoluto para un nivel más inexperto, que se encuentra cada vez más expuesto al uso de la red, y que puede caer en prácticas peligrosas de manera relativamente habitual.

Obviamente, no es exhaustivo, no garantiza nada, y no va mucho más allá de ser un intento de concienciación para el usuario medio sobre la necesidad de plantearse algunas prácticas de seguridad en su uso de la red. Se titula “Internet, seguridad y sentido común: nueve consejos para recordar“.

Logotipo de Blogestudio Logotipo de Acens