El Blog de Enrique Dans

El móvil como sexto sentido social

Escrito a las 1:23 pm
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Todos los años en el SXSW hay alguna aplicación que destaca especialmente, una señal que, además, suele coincidir con una buena acogida posterior en términos de adopción. Aplicaciones como Twitter o Foursquare tienen a SXSW como explicación directa de sus procesos de expansión. La aplicación estrella de este año se llama Highlight, y me gusta la manera en la que la define este artículo de Business Week: ambient social networking (casi tanto como desagradable y molesto me resulta su logotipo). Hay otras aplicaciones en este ámbito, tales como BanjoGlancee o Sonar, pero por la razón que sea, no parecen haber sido tocadas por la varita mágica de la diosa Fortuna del SXSW.

Escogí la pantalla de la izquierda porque creo que resume bastante bien la idea de la aplicación : la instalas (solo en iPhone), la conectas con tu Facebook, y a partir de ese momento, cada vez que estés cerca de otro usuario de Highlight que tenga algún tipo de conexión contigo, la aplicación te avisa y te proporciona la información relevante sobre esa persona y su conexión contigo. Podrás ver en un mapa dónde está esa persona con respecto a ti, examinar su información, ver su foto, o enviarle un mensaje. La idea es sencilla, y proviene simplemente de la combinación de una web social que alberga infinita información sobre las personas, y un dispositivo móvil permanentemente conectado que esas personas llevan consigo en todo momento.

Puedes pensar de todo. Desde que es ideal para los que tenemos tendencia a olvidarlo todo, hasta que es una herramienta perfecta para ligar, o para un acosador. O que permite un nivel adicional de relación cuando puedes empezar a hablar con alguien gracias a que conoces a alguien que lo conoce, sabes su aspecto y puedes ver algunos intereses comunes. Si una aplicación así te plantea problemas de privacidad, la respuesta de su desarrollador, Paul Davison, es perfectamente clara, concisa y contundente: no la uses. Su idea es la de entrar en un sitio y poder ver quiénes están ahí, no solo porque los conozca directamente – y pueda acordarse o no de ellos – sino porque tenga vínculos de algún tipo con ellos. El uso que se pueda dar a esto ya es cosa de cada uno.

La idea, en cualquier caso, no es nueva, y no falta quien, en base a desarrollos anteriores, advierte de posibles problemas derivados de diversa naturaleza. Por el momento, los usuarios son mayoritariamente masculinos. Pero con varias aplicaciones de “descubrimiento social”, “información social extendida” o ” de este tipo pululando por el panorama y una de ellas recibiendo el plus de atención del SXSW, lo seguro es que te encontrarás con ellas más pronto que tarde. Vete pensando si vas a darte de alta o no.

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“Reinventando”, columna en Expansión

Escrito a las 11:52 am
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Después de la mesa redonda del martes pasado en el Encuentro Financiero Internacional Bankia 2012, algunas personas me comentaron que esa inacción que yo reprochaba a los bancos ante desarrollos tan radicalmente importantes y que generaban tanta redefinición del ecosistema como la web social o los smartphones no era cierta, que los bancos “ya estaban” en esos temas… Pues precisamente a eso me refiero: a lo de “ya estamos ahí”, como si ese “ya estar ahí” justificase algo. Si no “estuviesen ahí” sería síntoma de que están muertos. El problema es que a ese “estamos ahí” no añaden nada que de verdad reinvente los planteamientos negocio bancario, sino que se limitan a la innovación incremental, al “más de lo mismo”. Las innovaciones no vienen de ellos, vienen de fuera (un par de comentarios en la entrada dedicada al tema incidían en lo mismo desde dentro del sector). Claramente, falta perspectiva de innovación abierta en esa industria.

En fin, que puesto en formato de columna de prensa, me quedó la cosa como sigue:

 

Reinventando

¿Cuántas veces en su vida profesional ha tenido la sensación de estar reinventando algo? Un proceso, una aproximación al mercado, un producto o servicio… ante una pregunta así, la mayor parte de los directivos se encogerse de hombros. Cambios incrementales, sí: ahorrar costes en un proceso, introducir alguna mejora, rediseñar partes de un producto o etapas de un servicio… pero con la misma idea fundamental detrás. Eso de la “reinvención” suena demasiado radical.

En tecnología, es el escenario el que se reinventa de manera habitual. Hace no demasiados años, soñar que llevaríamos un teléfono permanentemente en el bolsillo  era algo cercano a la entelequia. Y ahora no solo lo llevamos, sino que su función como teléfono es, para mucha gente, la menos importante, y se ha transformado en un potente ordenador. Una radical redefinición del escenario. Mientras, la gran mayoría de las empresas siguen trabajando en mejoras incrementales, en usar la tecnología para hacer lo mismo que ya hacían, en lugar de hacer lo que realmente tendrían que hacer: reinventarse en un escenario diferente.

Hace pocos días, en una conferencia para el sector bancario, afirmé que los bancos llevaban años usando la tecnología para hacer las mismas cosas, no para hacer cosas nuevas. Cuando piensan en tecnologías que están marcando nuestras vidas y nuestra manera de hacer muchas cosas, como los smartphones o las redes sociales, no piensan cómo hacer cosas nuevas con esas piezas, sino cómo hacer lo mismo que ya hacían antes de que éstas existiesen. No preguntan a los jóvenes cómo usan la tecnología, no adoptan ningún enfoque mínimamente radical.

De acuerdo: las reinvenciones no abundan, ni tienen lugar todos los días. Pero que invariablemente vengan de fuera de tu industria y de tu compañía es, en sí, una triste gracia. Si en toda tu vida profesional nunca has tenido oportunidad de ver de cerca una reinvención, hay algo ahí que no estás gestionando bien.

iPad: ¿te lo vas a comprar?

Escrito a las 10:47 am
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No había hablado hasta el momento del lanzamiento del nuevo iPad – ni iPad 3, ni iPad HD… simplemente iPad – porque lo de hacer conjeturas, especulaciones y adivinanzas no es lo mío. Contesté a Telemadrid cuando me preguntó sobre ello que la expectación se debía, sencillamente, a que Apple es capaz de modificar drásticamente las cuotas de mercado de toda una industria poniendo un solo producto en el mercado y que este iba a ser, una vez más, el caso: en efecto, la marca de la manzana se las arregló de nuevo para ser la protagonista del Mobile World Congress de Barcelona sin estar presente en el mismo, únicamente haciendo un anuncio. Que la situación del mercado y el abrumador liderazgo de la marca de la manzana parezca bien o mal a unos o a otros ya es otra cosa, pero es lo que hay.

¿Impresiones? Buenas. Si alguien se siente defraudado porque la compañía “solamente” ha lanzado una reedición de un producto mejorando enormemente su resolución, con un procesador mucho más potente, con LTE, con más memoria, y manteniendo la duración de la batería, es que no se habría sentido ilusionado ni aunque el nuevo aparato fuese capaz de volar, hacer teletransporte, dotar de visión de rayos X o hacer invisible a su portador.

Por mi parte, ante la pregunta de si me voy a comprar el nuevo iPad, la respuesta es sí. No soy especialmente fanboy ni de bolsillo alegre: el MacBook Pro que uso habitualmente tiene más de cinco años, no tengo iPhone, no me compré el iPad 2, pero sí me voy a comprar este. ¿Por qué? Porque mis impresiones de uso con el anterior fueron en general buenas, porque cuando no lo fueron tanto se debió a la limitación de sus prestaciones, y porque creo que el planteamiento de “era post-PC” de Apple está empezando a hacerse una realidad digna de ser probada. Porque, de hecho, me dispongo a intentar “vivir sin PC” para muchas cosas, siendo plenamente consciente de que ello puede acarrear, de entrada, algunas limitaciones. El nuevo iPad es la prueba del nueve de una intención, de un deseo: de modificar la interacción hombre-máquina en muchos sentidos, y de hacerlo con la solvencia de un hardware suficientemente potente. Que ya no necesariamente vaya a ver mi iPad como un dispositivo centrado en determinados tipos de uso poco exigentes, sino que posiblemente pueda plantearme una visión más ambiciosa que me permita salir de casa únicamente con esa delgada lámina bajo el brazo (y algún adaptador en el bolsillo). Ya es hora de comprobar seriamente si eso de la “era post-PC” va realmente en serio. Veremos.

La jugada de mantener el iPad 2 en el mercado con un descenso de precio indica que, por otro lado, la marca no es en absoluto indiferente a la competencia. Que los nuevos tablets basados en Android que irrumpieron en la categoría que Apple recreó están arañando cuota de mercado y forzando concesiones poco habituales en una marca que generalmente ofrece poco margen de elección a sus usuarios: buenas noticias, porque la competencia es buena para todos, y las cosas que vienen desde Corea del Sur o desde Seattle son ofertas y posibilidades sumamente competitivas e interesantes.

¿Y tú? ¿Cuáles son tus impresiones? O mejor, la pregunta directa: ¿te lo vas a comprar?

 

ACTUALIZACIÓN: esta entrada fue citada por Marimar Jiménez en su artículo titulado “El iPad siembra dudas y pasiones por igual” (ver en pdf), en el diario Cinco Días

Impresionante documento…

Escrito a las 6:27 pm
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A través del recién instalado sistema de telefonía integrada con el correo electrónico que han adoptado en mi empresa, recibo un mensaje hace un rato con la transcripción de lo que alguien ha dejado en mi buzón de voz. Lo tenéis a la izquierda.

Por más vueltas que le doy, no alcanzo a entender nada. Me planteo si será una transmisión en clave, algún tipo de código secreto… finalmente, veo que hay un archivo de audio adjunto. Lo escucho: absolutamente nada que ver. Solo coincide la duración, veintinueve segundos.

(La solución, en una nota de una línea hacia la mitad de esta página con la descripción del servicio :-)

Hablando sobre innovación, tecnología y banca, en El País

Escrito a las 1:27 pm
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Ayer participé en una mesa redonda en el Encuentro Financiero Internacional Bankia 2012 junto con Carlos Barrabés, Carina Szpilka y Sebas Muriel, moderados por Miguel Jiménez. Hoy lo recoge El País en “La banca necesita integrar la tecnología en su trato al cliente” (ver en pdf).

Miguel nos había pedido que centrásemos el tema en el cambio del modelo bancario por la irrupción de cuestiones como el móvil o la web social, la evolución de los medios de pago y el aprovechamiento de la tecnología como fuente de ventajas competitivas.

Por mi parte, centré el tema en cómo la banca, que mantiene una inversión notable en tecnología, se dedicaba salvo excepciones a vivir en sistemas legacy y estaba desconectada del panorama tecnológico actual más allá de cuestiones anecdóticas como “abrir página en Facebook” o “tener cuenta de Twitter”, considerándolas prácticamente “extravagancias de moda” y sin integrarlas en absoluto con el negocio. En ese sentido, el paso de “móvil para hablar por teléfono” a smartphone es algo que vive una evolución coartada por factores políticos y luchas de poder, mientras la innovación suele corresponder a empresas externas a la industria: en lugar de intentar liderar y extraer ventajas competitivas, la banca, salvo excepciones, se dedica a seguir la rueda de los que innovan y a intentar adaptarse como puede.

La presentación que utilicé está disponible en Slideshare.

 

ACTUALIZACIÓN: la organización del evento ha hecho públicas las presentaciones, fotografías, y los vídeos completos de las jornadas. El vídeo completo de la mesa redonda a la que se refiere esta entrada está disponible en esta página.

American Express y la madurez del social commerce

Escrito a las 10:50 am
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American Express lleva un cierto tiempo ya planteando desarrollos interesantes en la interacción entre medios de pago y redes sociales, en ese ámbito todavía difuso que se ha dado en llamar social commerce. Tras haber anunciado a lo largo del pasado año alianzas con Foursquare, SCVNGR y Facebook, ayer comunicaron una nueva pieza en su estrategia: Twitter.

La clave de la historia parece estar en el concepto “frictionless”, la eliminación de fricción. Lo que American Express busca es la asociación o sincronización de su tarjeta con las cuentas sociales de sus usuarios, lo que le permite plantear una redención automática de cupones y ofertas sin pasar ni por la obviamente ya arcaica fase papel, ni tan siquiera por la necesidad de comunicar verbalmente que se está en posesión de un cupón determinado: simplemente se consume, se paga con la tarjeta, y se recibe el descuento en la cuenta. Para la compañía de tarjetas, esto significa un mayor nivel de uso, uno de los factores críticos esenciales del negocio, unido a una mayor información sobre los hábitos de sus consumidores, y al intangible pero enorme valor de ser el “método de pago por defecto” asociado a algo que está alcanzando una percepción central y constante en la vida de sus usuarios. Para las redes, una vía de financiación directa añadida a una mayor propuesta de valor para sus miembros que evite la percepción de agotamiento. Y para quien hace la oferta, una difusión social de sus productos o servicios unida al gráfico social de quien consume.

El vídeo difundido ayer por American Express deja clara la idea:

 

 

American Express no es un “nuevo entrante del mundo puntocom“, ni “una de esas redes de moda”: es una empresa sólida, de toda la vida, de un mundo tan asentado y competitivo como los medios de pago. Estamos entrando en la madurez del social commerce. Para algunos, los que llevan tiempo explorando, midiendo y evaluando, nada nuevo bajo el sol aparte de un poco de “bigger, better, faster… more!” Pero para los que hasta ahora lo han despreciado, no tenían tiempo para ello y parten del cero absoluto, todo un mundo por explorar, y una necesidad brutal de reciclaje de su “marketing de toda la vida”.

 

ACTUALIZACIÓN: No intentéis hacerlo con tarjetas expedidas en España. Ya sabéis…

“Malas excusas para una ley peor”, en La Gaceta

Escrito a las 1:34 pm
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Desde Opinión en el diario La Gaceta me pidieron un artículo breve sobre la aprobación de la ley Sinde-Wert, que titulé como “Malas excusas para una ley peor” (pdf), y que ha sido publicado hoy. A continuación, el texto completo del mismo:

 

Malas excusas para una ley peor

El camino recorrido por la ley Sinde-Wert hasta su entrada en vigor está, como el del infierno, empedrado de buenas intenciones. O de patéticas excusas.

Se dice que es “necesaria para proteger a los creadores”. Se obvia el hecho de que quienes exigen la ley no son los creadores, sino los intermediarios, los que con una mano estrangulan a los creadores con márgenes disparatados mientras con la otra impiden el desarrollo del mercado digital, el que acabaría con el problema de las descargas. “No se puede competir con el todo gratis” o “la gente no quiere pagar”, afirman. ¿Como explicar entonces los millones de personas que pagaban a Megaupload? No, la solución a las descargas no es más represión, sino más mercado. El mercado que la industria del entretenimiento no quiere construir.

“Pérdidas millonarias”… mentira clamorosa. Que una descarga sea una venta perdida es insostenible. Falso, tramposo e ingenuo. Un razonamiento tan torticero e idiota que insulta a la mismísima inteligencia.

“Compromisos internacionales”, dicen. La soberanía de un país incluye independencia frente a industrias de otro. Ni la Casa Blanca ni la Unión Europea creen en leyes destinadas a cerrar páginas web. La primera acaba de oponerse a SOPA/PIPA, ley similar, por miedo a sus posibles efectos sobre la red. La UE ve cerrar páginas como una solución desproporcionada que no entra en su agenda. Quienes sí presionaron a España fueron las asociaciones y lobbies de la industria del entretenimiento. Y los torpes, provincianos e incultos políticos españoles, ante el interés de empresas privadas, se dejaron influenciar. No, la aprobación de la ley Sinde-Wert no pone a España “en el club de los países desarrollados”, sino en un club con China o Irán: en el de los países donde el gobierno puede cerrar páginas a golpe de comisión administrativa. Con los liberticidas y las dictaduras.

“Proteger a los creadores”, dicen. ¿Alguien cree que los creadores van a estar mejor ahora? Las descargas no disminuirán: nuevas páginas, P2P, los indetectables magnet links, y una ciudadanía que, además de por falta de alternativas, lo hace por rabia y despecho. Los impulsores de la ley han sido entidades como SGAE, que presuntamente se ha llevado crudo el dinero de los autores, las grandes empresas discográficas que les obligan a firmar contratos leoninos, y un Hollywood experto en provocar las descargas con insostenibles ventanas de explotación. ¿Autores? ¿Creadores? Esta ley es una batalla comercial por dominar las alternativas de consumo de contenidos en la red. Una batalla en la que unos políticos, muy posiblemente ignorantes pero más probablemente corruptos, se han puesto del lado de los malos. Ni del de los ciudadanos, ni del de los creadores. Del lado de los mafiosos.

Mala, peligrosa e inútil. Como los políticos que la han engendrado, a cuyos apellidos la historia reserva ya su merecido lugar. Desprestigiada, odiada y recurrida ante el Supremo: un auténtico engendro. ¿Alguien da más?

Gripevine, para quejarse en condiciones

Escrito a las 8:27 am
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Gripevine es una composición de la palabra gripe, queja, con grapevine, rumor (I heard it through the grapevine), y es justamente eso, un sitio para exponer quejas sobre productos, servicios o servicios de asistencia de cualquier compañía.

La cosa tiene su gracia teniendo en cuenta que uno de los fundadores del sitio es Dave Carroll,  el guitarrista del grupo Sons of Maxwell a quien United rompió su guitarra en el año 2009, que logró hacer famosa su canción, United break guitars (más de once millones y medio de reproducciones en YouTube), que la aerolínea decidiese pagar la reparación, y convertirse en un icono del poder de la web social en las relaciones entre empresas y clientes.

El razonamiento es tan sencillo como eficiente: cada día más clientes de todo el mundo recurren a la web social para airear sus problemas con las compañías. El sistema descentralizado actual, aunque supone sin duda un mayor equilibrio entre empresas y clientes, dista mucho de ser perfecto: la capacidad de comunicación de cada persona dentro de la web social varía en función de todo tipo de factores, y la posibilidad de que una queja llegue a ser escuchada por la compañía que la ha provocado o que dicha compañía decida darle algún tipo de solución está fuertemente influenciada por la visibilidad que pueda anticiparse de la acción. El propio Dave afirmaba sentirse frustrado al recibir correos de personas que le pedían ayuda para airear sus reclamaciones, y ver que, obviamente,no podía escribir una canción para cada uno de ellos.

Para los usuarios, la idea de Gripevine es ofrecer un sitio donde exponer sus quejas de manera detallada (sin límite de espacio y con capacidad para subir fotografías o vídeos) y con conexión con las redes sociales (envío a Facebook o Twitter). Para las compañías, se ofrece la posibilidad de abrir cuenta en el sistema para así poder monitorizar las quejas de sus usuarios y tener una oportunidad de priorizarlas, responderlas o intentar solucionarlas en un panel de control organizado y centralizado. Me puedo imaginar, además, a Gripevine convirtiéndose en una extensión del American Customer Satisfaction Index (ACSI), generando información sobre la calidad de servicio de las empresas, y seguramente en uno de los lugares que habrá que mirar cuidadosamente antes de tomar determinadas decisiones de compra.

Para las compañías, la idea llega en un momento interesante: convencidas ya del poder de la web social a la hora de proporcionar un canal para las quejas de los clientes, y abandonadas ya por lo general las primeras actitudes de intento de acallar dichas quejas mediante el recurso judicial reclamando cuestiones variadas que van desde la difamación hasta la propiedad intelectual, la corriente de pensamiento en este momento es más próxima a que si no se ofrecen canales en las redes sociales, las quejas aparecen de manera más dispersa en sitios donde a la compañía le puede resultar mucho más complejo y comprometido proporcionar una respuesta. Canales como Facebook o Twitter se han convertido en vehículo habitual para quejas y reclamaciones, con todo lo que ello conlleva de cara a la reputación corporativa.

Si alguien era todavía escéptico con respecto a la bidireccionalidad y al cambio en las relaciones entre compañías y usuarios, que vaya despertando. Por cierto, las protagonistas del sitio son, como no… compañías de telefonía móvil y aerolíneas.

OpenStreetMap: madurando por necesidad

Escrito a las 1:18 pm
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El reciente cambio en las condiciones de uso de la API de Google Maps por el que pasa a cobrar a aquellos servicios que llevan a cabo más de veinticinco mil cargas de mapas al día – según Google, el 0.35% del total de sitios que usan su sistema, se calculan más de mil doscientos unos sobre un total reportado en junio de 2010 de nada menos que trescientos cincuenta mil - está llevando a algunos de estos servicios afectados a buscar alternativas. Recientemente, empresas como Nestoria, Geocaching, StreetEasy, Fubra o Foursquare han anunciado la migración a sistemas basados en OpenStreetMap, el llamado “wikimapamundi libre”, un proyecto colaborativo alimentado por sus propios usuarios.

Esto podría suponer un impulso importante para OpenStreetMap, un proyecto que fue lanzado en 2004 y que cuenta con más de quinientos cincuenta mil usuarios, con un crecimiento mensual aproximado del 10%, de los que alrededor de doce mil se calcula que hacen ediciones en los mapas al menos una vez al mes. En España  está en proceso la importación del catastro, que mejorará sensiblemente la calidad de los datos. Y ahora, además, un crecimiento que podría verse respaldado con la contribución que marquen los nuevos entrantes en el proyecto, ansiosos por disfrutar de mapas lo más solventes y detallados posibles. Por el momento, la migración de los servicios se traduce en una cierta pérdida de calidad percibida – carencia de sistemas como las fotografías por satélite o el conocido Street View, en los que Google lleva invirtiendo muchos años, además de problemas en áreas, como Brasil, en las que parece ser que la cobertura de OpenStreetMap es escasa – pero como en todos los proyectos de naturaleza colaborativa, todo es una cuestión de masa crítica.

Por otro lado, el impacto para muchos servicios de geoposicionamiento es relativamente limitado:  si eres usuario habitual de Foursquare y, lógicamente, tiendes a utilizarlo prácticamente siempre en tu dispositivo móvil, seguirás en realidad utilizando Google Maps, debido a que en los dispositivos móviles, el servicio de mapas que las aplicaciones utilizan es aquel que esté configurado por defecto en el terminal, y que tanto en el SDK de iPhone como la API de Android Maps recurren a los mapas de Google. Para ver la cobertura en tu área habitual tienes que irte a la web, que no es el uso habitual de este tipo de aplicaciones de geoposicionamiento: en mi caso, en la zona de mi casa en Galicia, el nivel de detalle es todavía bastante escaso.

¿Implicará la llegada de estas aplicaciones a OpenStreetMaps una maduración del servicio merced a la posible inversión en esfuerzo o en dinero que dichos participantes lleven a cabo prácticamente por necesidad, por poder ofrecer una información más detallada y de más calidad a sus usuarios? Obviamente, las mejoras sucesivas que una empresa como Google ha ido incorporando a Maps, como la fotografía desde satélite, mediante aviones o desde automóviles en movimiento precisan de una importante inversión para llevarse a cabo y no serán acometidas por un proyecto abierto de esta naturaleza, pero que los mapas estén disponibles en abierto a cierto nivel de calidad, y puedan suponer una alternativa razonable no deja de ser una muy buena noticia.

Ministros de… ¿cultura?

Escrito a las 6:53 pm
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Los cuatro últimos ministros de cultura - Carmen Calvo, César Antonio Molina, Ángeles González-Sinde y ahora Jose Ignacio Wert - han estado sistemáticamente entre los peor valorados de sus respectivos gabinetes.

Dos mujeres y dos hombres, en gobiernos de dos colores diferentes, con experiencias y currículos sumamente variados… ¿eran tal vez todos ellos torpes de solemnidad? ¿Ignorantes? ¿Perversos? ¿Corruptos? ¿Arrogantes? ¿Qué lleva a que la cartera de cultura, con connotaciones supuestamente positivas para el ciudadano medio, sea merecedora de un tratamiento semejante?

Hagamos un pequeño análisis de algunos de los motivos que posiblemente puedan estar teniendo alguna influencia en el hecho de que tan negativa valoración se mantenga de una manera tan sostenida y persistente en el tiempo:

 

  • No existe un ministerio (o una secretaría de Estado) de cultura como tal, sino un “ministerio de industria cultural”. Su interlocución se produce de manera exclusiva con los lobbies y los empresarios de la industria del entretenimiento (discográfica, cinematográfica y editorial), que reclaman constantemente la protección de sus negocios mediante leyes más propicias y subvenciones.
  • Los ministros asumen de manera directa e inmediata la dialéctica propia de dicha industria. Los ministros, desde el primer día que juran o prometen su cargo, comienzan a hablar de “robo”, “expolio”, “piratería”, y a referirse a internet como “un problema que hay que resolver”… cuando internet es, en realidad y desde hace ya muchos años, el mayor y más potente aliado de la cultura.
  • Enfrentamiento frontal y permanente con los que llaman “los internautas”. Cuando, en realidad, un porcentaje cada vez mayor de españoles son ya usuarios de internet. El enfrentamiento de los ministros de cultura tiene lugar, en realidad, con todos los ciudadanos dotados de un mínimo de sentido común, que ven cómo sus ministros ignoran la realidad de la red y la criminalizan en sucesivas campañas profundamente impopulares pagadas con dinero público. Los problemas de la industria del entretenimiento derivan de su incapacidad para entender a sus usuarios. Los de los ministros de cultura, de lo mismo: cuando no provienen directamente de dicha industria, son “asimilados” completamente por ella.
  • Nula relación con “el otro lado”. No solo es que la interlocución se dé únicamente con los lobbies del entretenimiento, es que además, carece de todo contrapunto susceptible de equilibrarlo, aunque fuese mínimamente. Las posturas de los usuarios son simplificada hasta el ridículo (“todo gratis”, etc.), y sus sugerencias de cambio, a pesar de contar en ocasiones con un importante nivel de elaboración y análisis, son sistemáticamente desestimadas. La única interlocución con los ciudadanos se reduce a intentar “explicarles lo que no han entendido” o a través de “campañas y acciones formativas”.
  • Visión restrictiva del fenómeno cultural, y confusión total con el mundo del entretenimiento. Ministros que “se dejan seducir por la farándula”, se rodean de equipos de personas procedentes de las entidades de gestión, y desprecian toda manifestación cultural que no traiga consigo una licencia de copyright. Que España sea uno de los países con mayor producción cultural mediante licencias libres es un hecho que ha sido permanentemente obviado por todos y cada uno de los ocupantes de la cartera.
  • Desprecio total y absoluto del dominio público, de la liberación de obras, del acceso a la cultura, de la situación de obras huérfanas y, en general, de todo aquello que no esté directamente en la agenda de la industria del entretenimiento. La preservación y puesta a disposición de los ciudadanos del patrimonio cultural, a pesar de su importancia y del valor que muchos ciudadanos le otorgan, nunca ha estado en los planes de los ministros de cultura.
  • Negativa a considerar análisis diferentes a los marcados por la agenda de la industria del entretenimiento. Los datos y estudios utilizados provienen de estudios invariablemente sesgados que son financiados por dicha industria, y se alude a “presiones internacionales” que, en realidad, son gestionadas por los propios lobbies.
  • Asunción de los mecanismos de funcionamiento propios de la industria: la industria del entretenimiento española ha sido acusada en numerosas ocasiones de manejar cuentas de resultados drásticamente hinchadas para obtener subvenciones, de recurrir a la compra de taquilla, de utilizar mecanismos de colusión y monopolio en su acceso al mercado, o hasta de escribir directamente los borradores de determinadas leyes. La identificación entre entidades de gestión, asociaciones y lobbies de la industria y el propio ministerio de cultura es, en el imaginario popular, total y absoluta. La inacción del ministerio en este sentido y sucesos recientes y con fuerte repercusión mediática como el “caso SGAE” no han hecho más que empeorar el tema.

 

¿No sería interesante plantear de una vez un cambio en la forma de gestionar este ministerio? ¿Dar entrada a un poco de aire fresco? ¿Equilibrar las visiones con respecto a la gestión cultural? Políticamente, resignarse a que los ministros de cultura sean de forma invariable los peor valorados en cada gabinete no parece un enfoque demasiado inteligente…

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