El Blog de Enrique Dans

Hungría, internet y el triunfo del activismo

Escrito a las 9:31 am
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Hungary protests

Las recientes protestas de finales del octubre pasado en Hungría a raíz del intento de establecimiento de un impuesto a la conectividad a través de internet son un ejemplo claro de cómo el activismo bien organizado y ejercido de manera pacífica puede llegar a obtener sus fines.

Un gobierno en sus más altas cotas de popularidad, con un Viktor Orbán recién reelegido el pasado abril para su tercer mandato consecutivo con una mayoría absoluta de más de dos tercios del censo, que de repente decide sacarse de la manga un impuesto a internet expresado en una cantidad aproximada de cincuenta céntimos de euro (150 forints) por gigabyte. Ante el anuncio, una página de Facebook creada para la ocasión, “Cientos de miles contra en impuesto de internet” consigue rápidamente más de doscientos mil seguidores (en un país de unos diez millones de habitantes), y es utilizada para coordinar marchas de protesta nocturnas en las calles en las que los ciudadanos levantan la pantalla encendida de sus teléfonos móviles, obteniendo un efecto sumamente llamativo.

Tras las primeras protestas, que congregaron en la calle a entre treinta y cinco mil y cuarenta mil personas, el gobierno da marcha atrás, y anuncia un recorte del impuesto que impondría un tope máximo de unos 2.26€ por persona y unos 16€ por compañía al mes. Los ciudadanos, sin embargo, vuelven a salir a las calles reclamando la suspensión total de la medida, suspensión que finalmente obtienen cuando el primer ministro anuncia que retira el impuesto porque “no son comunistas y no gobiernan en contra de los ciudadanos“.

El episodio de Hungría, en el que los ciudadanos salen a la calle para defender la red como un canal abierto y libre que no debe bajo ningún concepto ser sometido a restricciones y que debe estar a disposición de la mayor cantidad de gente posible, debe ser interpretada como una señal muy clara: es perfectamente correcto y democrático organizarse y salir a la calle para protestar pacíficamente contra los planes de un gobierno, por popular que este sea, cuando se está en desacuerdo con ellos, y es igualmente correcto y razonable que ese gobierno entienda las protestas y anule sus planes. Las mayorías no son una carta blanca para que un gobierno haga lo que le dé la gana independientemente de los deseos e intereses de los ciudadanos: las medidas gubernamentales y las leyes deben someterse al escrutinio público, y el gobierno debe escuchar la voluntad de las personas, expresada en la calle, en la red o de la manera que sea. Pensar que “tengo mayoría y por tanto puedo dictar las leyes que me dé la gana” supone un carácter esencialmente antidemocrático, una auténtica perversión de la esencia de la democracia: los votos pueden otorgar escaños, pero nunca la verdad absoluta ni la legitimidad para gobernar en contra de los ciudadanos.

 

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Reflexionando sobre la web y los modelos de negocio: el caso de Ello

Escrito a las 9:32 am
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Ello logoEllo es una red social, como mínimo, enigmática. Supimos de ella a finales del pasado mes de octubre, aunque llevaba en pruebas desde marzo: definida por oposición como “el anti-Facebook“, con un manifiesto que afirmaba que los usuarios no deben ser productos que vender a los anunciantes, y con un esquema de prueba por invitación que estaba atrayendo, en determinados momentos, más de veintisiete mil solicitudes a la hora.

En los comienzos, una pequeña inversión de $450.000, que llevó a algunos a afirmar que sus promesas eran falsas, porque una vez que vendías tu negocio a un inversor, estabas vinculado al momento en que este decidiese hacer su salida y venderte para hacer negocio de la manera que fuera. Ante estas afirmaciones, Ello dio un paso más, y además de afirmar que a pesar de tener dinero de terceros eran libres para hacer lo que quisieran, lo demostró anunciando su transformación societaria en una Public-Benefit Corporation (PBC), un proceso con el que trata de asegurar que, pase lo que pase en el futuro y sea cual sea el propietario de la red más adelante, ésta nunca tendrá publicidad ni comercializará los datos de sus usuarios.

Obviamente, es muy pronto aún para hablar del éxito de Ello. Este tipo de planes se han encontrado en muchas ocasiones con comienzos fulgurantes, que con posterioridad se demuestran estériles, y terminan convertidos en páramos sombríos y sin actividad alguna, víctimas del llamado “efecto red“. Especular ahora sobre si Ello va a ser un éxito o un fracaso equivale poco menos que a sacar la bola de cristal, y no conduce a nada especialmente productivo. Sin embargo, sí me parece muy interesante reflexionar sobre la tendencia que marca, y especialmente, sobre el hecho de que la transformación de Ello en PBC, que cierra de manera prácticamente definitiva su posible aprovechamiento publicitario o vinculado a la explotación de los datos de sus usuarios, no haya detenido a los inversores, que a pesar de ello han decidido poner encima de la mesa ya más de cinco millones y medio de dólares.

¿Cuál es el modelo de negocio que los propietarios de Ello tienen pensado para su creación y que los inversores parecen comprar sin demasiados problemas? Mientras los fundadores hablan de posibles modelos freemium basados en el pago de los usuarios por determinadas funciones, la reflexión que surge es inmediata: ¿estarán esos usuarios dispuestos a pagar por unas prestaciones de red social que pueden encontrar gratis y sujetas a un efecto red considerablemente mayor en otros sitios? ¿En cuánto exactamente valoramos nuestra privacidad? ¿Resulta la publicidad en las redes sociales tradicionales suficientemente molesta como para que los usuarios se planteen irse a otro sitio? ¿Afecta esto por igual a todos los niveles de la pirámide demográfica, o son los jóvenes mucho más sensibles y de ahí su éxodo masivo hacia redes como Instagram o Snapchat?

Tradicionalmente, se ha considerado que la ausencia de un modelo de negocio expresado como tal no tenía por qué ser un problema para el futuro desarrollo de una compañía. Google, Twitter y muchas otras nacieron y se desarrollaron sin un modelo de negocio claro: mientras la primera pretendía vivir del uso de su caja de búsqueda en páginas de terceros (y no “encontró” la publicidad contextual hasta que robó la idea de un tercero, GoTo.com, lo que la llevó a tener que negociar una licencia perpetua con su ulterior propietario, Yahoo!), la segunda directamente decía que no tenía modelo de negocio, y que estaban a la espera de que surgiese uno que valiese la pena.

Con el tiempo, hemos dado un paso más: Ello no solo no tiene modelo de negocio expresado como tal, sino que además, cierra expresa e inequívocamente la puerta a determinados esquemas, lo que riza el rizo de la dificultad. Pero el esquema general sigue siendo el mismo: si eres capaz de construir algo que un número suficientemente grande de usuarios aprecien lo suficiente, tu negocio será viable. Una reflexión que me lleva a elevar la vista hacia la barra superior de mi navegador, y mirar con detenimiento todas las pestañas que tengo abiertas en ella, en busca de evidencias de este tipo. Soy una persona metódica, que tiende a tener siempre abiertas las mismas pestañas en la ventana principal del navegador, así que veamos por orden:

  • Feedly: para leer las noticias, un servicio por el que, efectivamente, he pagado una suscripción premium.
  • StatCounter: estadísticas, también pago una suscripción premium para incrementar mi log y tener más visibilidad. Sigo haciéndolo a pesar de que cuento con Google Analytics, convertida ya en un auténtico estándar, en parte por costumbre y en parte por mantener mi registro de visitas de antes de que existiese Google Analytics.
  • Google Analytics: es gratis, y plantea su modelo premium con niveles de precio enfocados claramente al mercado corporativo, que nunca podría plantearme pagar.
  • WordPress: no pago expresamente por WordPress, pero sí por prestaciones como su filtro anti-spam, o por cuestiones relacionadas como los dominios que uso, etc.
  • Gmail y Google Calendar: no pago directamente por ello, aunque me he planteado hacerlo, sobre todo vinculado con el uso de otras herramientas relacionadas, como Google Docs. Sí pago por espacio extra de almacenamiento.
  • Facebook: no pago… ¿pagaría? Sinceramente, no lo sé. Y tampoco me atrevo a decir si me imagino a otras personas pagando por ello… ¿lo haríais?
  • Google+: no pago, y si lo hiciese, sería por prestaciones accesorias como los indispensables hangouts, no tanto por la función principal, si es que llego algún día a saber cuál es.
  • Twitter: no pago… ¿pagaría? Suponiendo un precio razonable, sin duda.

Un ejercicio que, más allá de mi propensión a pagar y de si soy representativo como usuario medio, me parece interesante: en efecto, parece que existe una tendencia a pagar por aquellos servicios que valoramos. ¿Me plantearía pagar por una red social en la que no recibiese publicidad, en la que mi privacidad estuviese asegurada, y en la que sintiese que tengo libertad para compartir los contenidos que estime oportunos, sin que venga “la autoridad competente” a discutirme si se ve o no se ve un pezón, o si mi nombre es realmente mi nombre? Creo que sí. Es más… empiezo a pensar que lo preferiría. Después de todo, navego por sitios como Facebook no solo con un bloqueador de publicidad activado, sino también con una herramienta, DoNotTrackMe, que intenta proteger en la medida de lo posible mi privacidad – sí, ya sé que “en la medida de lo posible” no quiere decir que ésta esté ni mucho menos completamente protegida… pero demuestra una indudable inquietud por el tema.

No tengo ni idea de cómo le irá a Ello en el futuro. Pero sí empiezo a tener cada día más claro que estamos viviendo un cambio de tendencia en la web. Y que a algunos les está costando enterarse.

 

This article is also available in English in my Medium page, “Ello: how much would you pay for real privacy and no advertising?”

Por qué es importante boicotear los medios de AEDE

Escrito a las 8:11 am
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Medios de AEDE

Desde el día de la introducción subrepticia por parte de Soraya Sáez de Santamaría de un artículo en la reforma de la ley de propiedad intelectual que consagraba la aparición de un canon sobre los enlaces en internet a favor de los medios de AEDE, una caduca asociación de periódicos en papel, dejé de enlazar a esos medios desde mi página. Mi práctica desde entonces ha sido muy clara: cuando se trata de contenido creado por mí, enlazo únicamente a un pdf situado en mi propio servidor para evitar enviar tráfico al medio, y destacar siempre que fuera posible el nombre del periodista con el que había hablado enlazando a su cuenta en Twitter, para dejar claro mi respeto a los profesionales que trabajan en esos medios, pese a mi disconformidad con la estúpida política de los mismos.

Por supuesto, mi página tiene una importancia completamente testimonial sobre el tráfico de los medios de AEDE, no comparable a la que puede tener un sitio como Menéame o como podría tenerla un boicot generalizado de una cantidad elevada de usuarios desde todas las páginas y redes sociales como Facebook, Twitter y Google+, pero con ello pretendía una cosa muy clara: establecer mi postura personal con respecto a una serie de medios que habían aceptado ser asquerosamente subvencionados por un gobierno corrupto y obsesionado con su imagen, que aceptaban mamar tranquilamente de la teta de la publicidad institucional, y que habían llegado a un punto de sumisión tal que incluso reemplazaban a los directores díscolos o más incómodos para ese gobierno cuando este se lo pedía. Unos medios en los que, para poder hacer carrera directiva, era preciso llevarse personalmente bien con la siniestra Soraya Sáez de Santamaría, convertida en figura omnipotente del gobierno que más ha contribuido a empeorar la calidad democrática de nuestro país desde la transición.

Soy consciente de que mi postura personal con respecto a los medios de AEDE puede provocarme problemas. Una parte de mi dedicación profesional está enfocada a la divulgación, y aunque no cobro directamente de manera habitual de ningún medio de esa asociación, es perfectamente posible que sufra represalias que pueda llegar a notar directa o indirectamente. Si eso ocurre, trataré de enfocarme a otros medios españoles no incluidos en esa asociación, que los hay y muy buenos, o en medios internacionales.

Pero más allá de mi postura personal, me parece importante exponer por qué creo que es importante boicotear a los medios de AEDE:

  1. Primero y fundamental, porque es COMPLETAMENTE INACEPTABLE que una asociación de medios ponga sus páginas al servicio de los intereses de un gobierno corrupto y manipulador.
  2. Porque la información de esos medios ya no puede ser considerada libre ni independiente: está mediatizada por su servilismo a ese gobierno.
  3. Porque pretender que se pague por un acto tan esencial e intrínseco a la esencia de internet como enlazar es el mayor contrasentido que existe, algo sencillamente inconcebible. El enlace es la pieza fundamental de la web, y no se le pueden imponer tasas sin romper la web. La reacción de la web ante una medida así tiene que ser el aislamiento de quienes la pretenden.
  4. Porque se compromete claramente la imagen internacional de España y su atractivo para la inversión en empresas de internet.
  5. Porque hay que estar sistemáticamente en contra de todo canon que pretenda nutrirse de la red para beneficiar a quienes no saben adaptarse a ella. Estuvimos en contra del canon de la SGAE, seguimos estando en contra de que se use el dinero público de los presupuestos generales que pagamos todos para “compensar” a las discográficas, y estamos en contra de este nuevo pseudo-impuesto que supone el canon AEDE. Un canon que, no lo olvidemos, se quiere poner en función de las pérdidas de cada medio: cuanto más inútiles sean en internet, más van a poder ganar.
  6. Porque hacer destinatarios de ese canon únicamente a los medios de esa asociación es completamente arbitrario y no tiene sentido ninguno, más allá de satisfacer la obsesión del gobierno con los medios de papel. La propia AEDE ha reconocido que “la ley está hecha para ellos“, subrayando claramente el nivel de corrupción de un gobierno que legisla en función de lo que le dice el lobby de turno.
  7. Porque un canon “obligatorio e irrenunciable” es incompatible con el hecho de que existan medios y páginas que utilicen licencias abiertas, como las Creative Commons, cuyo uso es especialmente relevante en el contexto español.
  8. Porque no se puede ser sumiso ante medidas como estas. En otros países, tras comprobar los efectos perniciosos de este tipo de leyes, los medios han rectificado su posición.
  9. Porque la situación genera una contradicción absoluta: no se puede llenar las páginas de botones que solicitan la colaboración de los usuarios para que compartan sus noticias, y después venir quejándose de que su información es compartida en otros sitios. La contradicción es tal, que la inmensa mayoría de los responsables de las ediciones electrónicas de los diarios de AEDE están en contra de esta medida.
  10. Porque la postura más lógica ante quienes pretenden “cambiar la red” para que funcione a su antojo es bloquearlos y aislarlos. Si la web no te gusta, eres muy libres de irte. El boicot es una reacción lógica a unos medios que pretenden que “su información es solo suya y no puede compartirse sin pagar”.

 

La resistencia ciudadana es fundamental a la hora de cambiar las cosas. Un boicot no es ningún tipo de mecanismo antidemocrático: es precisamente lo contrario, la expresión de la voluntad de los ciudadanos ante lo que consideran injusto, ante las medidas que sus supuestos representantes en un país supuestamente democrático toman en contra de sus intereses y para favorecer a una minoría. En este caso, es aún peor: se trata de un boicot para proteger la calidad democrática y el derecho a la información, por encima de los intereses de lobbies fosilizados y corruptos.

¿En qué consiste exactamente un boicot? Básicamente, en ignorar a los medios de AEDE en la red. No visitarlos, no enlazarlos y no citarlos. Dejar de seguirlos, si es que lo hacías, en redes como Twitter, Facebook o Google+, hasta el punto de que noten claramente la caída en su número de seguidores. Si necesitas ayuda para recordar no visitarlos o para evitar entrar por error, puedes utilizar este plugin para Chrome o para otros navegadores y plataformas. No lo olvides: a veces, las medidas de presión pueden llegar a cambiar las cosas.

Únete al boicot. Deja de consumir medios de la asociación que reúne a los periódicos más viejunos, caducos y mediatizados de nuestro país, y sobre todo, deja de enlazarlos o compartirlos. Aunque el reto sea complejo considerando que los medios de AEDE han llegado incluso a negar que el boicot de AEDE les hubiese afectado lo más mínimo, intenta que lo noten, que vean bajar sus cuentas de suscriptores en redes sociales, que sientan el desprecio de quienes les recriminamos haber abandonado el periodismo para caer en el más asqueroso clientelismo, en la connivencia gubernamental a cambio de favores y dinero, a cambio de convertir en ley lo que jamás debería ser ley. Consume otros medios. Infórmate por otras vías. Los primeros días es posible que te encuentres raro, pero se te pasará a medida que vayas encontrando alternativas. Hay muchas y muy buenas alternativas, sea cual sea la orientación de la línea editorial que prefieras consumir. Ya lo verás.

Compartir mola

Escrito a las 10:28 am
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Partners - Compartir mola

Miguel Caballero, de Tutellus, me ofreció la oportunidad de participar en el rodaje de “Compartir mola“, un documental sobre el desarrollo de la economía colaborativa que recoge la opinión de muchas plataformas que trabajan en aspectos de todo tipo relacionados con este ámbito de actividad. Se estrena el próximo día 4 de diciembre en los Cines Renoir de Princesa en Madrid, y simultáneamente en más de cien centros de coworking de España y Latinoamérica. 

A continuación, el avance del documental:

 

 

Sobre la confianza

Escrito a las 12:54 pm
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La sociedad de la confianza - Marie Claire (pdf)Verónica Marín me envió algunas preguntas por correo electrónico para documentar un artículo para Marie Claire titulado “La sociedad de la confianza” (pdf), acerca del nivel de confianza que depositamos en aplicaciones que nos permiten, por ejemplo, conocer a otra persona para viajar con ella en coche a algún sitio, sin tener más idea de cómo conduce esa persona ni saber esencialmente nada más de ella que el hecho de tener una puntuación de cuatro estrellas o más sobre un máximo de cinco otorgada por otra serie de usuarios.

¿Qué lleva a que confiemos en una persona a la que no conocemos de nada a la hora de escoger un restaurante o un hotel en virtud de su opinión, de buscar un apartamento para pasar unos días, de encontrar un compañero de viaje para ir a un sitio, o incluso de algo tan delicado como escoger pareja? Las plataformas sociales en la red basadas en sistemas como la evaluación colectiva o los intereses comunes presentan al usuario un salto de fe importante, que en muchas ocasiones se basa en el deseo de contribuir a la utilidad de la propia plataforma, o en la idea de reciprocidad.

Obviamente, la confianza en la red tiene muchos matices, y el primero de ellos, el propio sentido común: lo que parece demasiado bueno para ser verdad, suele ser en prácticamente todos los casos porque no es verdad. Pero a partir del momento en que descontamos los fraudes evidentes y las promesas de ganancias impresionantes a cambio de nada, el funcionamiento de algunas plataformas supone un desarrollo interesantísimo de determinados aspectos de la personalidad humana, en los que entran factores como la sostenibilidad: suponemos que alguien que pretende usar la plataforma para generar un perjuicio a un tercero no puede, por el propio funcionamiento de esta, llevarlo a cabo de manera sostenible.

Al final, es una cuestión de números y probabilidades: que una plataforma del tipo que sea muestre unas estadísticas de satisfacción muy buenas en los servicios que presta suele esconder siempre algunas historias problemáticas en las que un cierto número de usuarios vieron su confianza traicionada, pero suelen representar un porcentaje bajo que permite que otros usuarios mantengan su confianza en el servicio. ¿Esconden un riesgo este tipo de servicios? Básicamente, el mismo que muchas de esas actividades cuando son llevadas a cabo fuera de la red, porque en el fondo, ese riesgo está mucho más en función de la naturaleza humana que de la naturaleza de la plataforma en la que se prestan.

A continuación, el texto completo de las preguntas y respuestas que intercambiamos:

 

P. No deja de resultar paradójico, que en una sociedad obsesionada con la seguridad, nos fiemos tanto de las opiniones de los demás para hacer cualquier cosa en la web. Si vamos a un restaurante, nos fiamos de las opiniones de la gente, si vamos a un hotel lo mismo… ¿A qué crees que se debe?

R. Tres razones fundamentales: el interés genuino, la ley de los grandes números, y la comprobación. La primera, el interés genuino, consiste en que si nos ponemos en el lugar de las personas que han escrito esas opiniones, entendemos que tienen un genuino interés en que el sistema funcione, con el fin de beneficiarse ellos mismos de él. Nadie en su sano juicio gasta tiempo y esfuerzo en hacer unas fotos y escribir una crítica si no espera sacar algo positivo de ella, y lo más positivo que se puede extraer de forma sostenible es beneficiarse de un sistema que funciona. La segunda, la ley de los grandes números, es que la posibilidad de “engañar” al sistema haciéndose pasar por un cliente cuando eres el propietario o un miembro de su familia no funciona, porque los clientes aprenden rápidamente a descontar ese efecto y porque la ley de los grandes números hace imposible que funcione a medio plazo. Un restaurante o un hotel malo termina por salir como malo aunque su dueño y tres empleados más introduzcan críticas falsas en el sistema, que además, en muchos casos, resultan ser burdas y muy poco creíbles. Las personas que critican este tipo de sistemas “porque todas las opiniones son falsas” solo puede ser o porque no los han usado, o porque no tienen ni idea de lo que hablan. Finalmente, la comprobación: estos sistemas llevan suficiente tiempo entre nosotros como para que muchos hayamos tenido no una, sino varias oportunidades para comprobar que aquel sitio que salía tan bien era porque era muy bueno, y aquel otro al que decidimos ir porque nos gustaba a pesar de las opiniones negativas que tenía terminó siendo una mala experiencia.

 

P. Me ha sorprendido al entrar en Airbnb su eslogan: nuestra casa es tu casa. Realmente nos cuesta hablar por la calle con desconocidos, rehuimos la mirada en el metro pero nos vamos a casa de alguien a compartir su sofa… ¿Es un poco raro, no?

R. De nuevo, lo que funciona es el interés genuino: tendemos a creer en los sistemas con tendencia a la sostenibilidad. No parece razonable pensar que alguien que lleva tiempo acumulando una buena reputación, lo esté haciendo para, de repente, fastidiarnos a nosotros cuando vamos a su casa. Lo lógico es pensar que esa persona con buenas evaluaciones las tiene por una razón, por su forma de tratar a los usuarios, por su implicación, por su dedicación… y esa persona, para resguardar su inversión, tiende además a preocuparse por establecer una cierta relación personal con los usuarios: dejarles bebidas frescas en la nevera, saludarlos, indicarles sitios interesantes o bonitos a los que ir, etc. Una persona que está usando tu casa y que te conoce es más difícil que te la estropee. En el fondo, el sistema acaba generando sostenibilidad en base a la confianza y al sentido común: nadie está a salvo de una mala experiencia, pero estas terminan por minimizarse.

 

P. El último caso de hackeo a móviles de famosas nos hace preguntarnos: ¿Realmente resulta tan fácil hackear las fotos, acceder a la nube, acceder a los mails privados?

RSi existe un interés suficientemente grande por parte de alguien en acceder a algo, no existe sistema seguro, y esto aplica lo mismo para sistemas físicos que para sistemas virtuales o electrónicos. Hablamos de sistemas con poco tiempo de implantación, de usuarios inexpertos que muchas veces cometen errores, y de intereses que van desde la simple demostración de concepto de que el sistema es poco seguro, hasta el interés por el dinero o la popularidad. Es muy difícil de evitar, y se trata fundamentalmente de adoptar una serie de buenas prácticas que, sin caer en la paranoia, nos conviertan en un objetivo más difícil.

 

P. ¿Qué es lo más peligroso/menos seguro que se puede hacer en Internet hoy día?

REl concepto no es correcto: internet es igual de seguro o inseguro que la calle. Hay calles mala y calles buenas, hay actividades en la calle en las que el fraude es más habitual, y sobre todo, en la calle no suele ocurrir que aparezcan oportunidades que son demasiado bonitas para ser verdad… simplemente no son verdad, sino estafas. Pero como llevamos muchos años familiarizándonos con la calle y con internet no, tendemos a pensar que internet es inseguro. No es así, o no más que la calle. Existen bolsas importantes de fraude asociadas a muchas actividades, en general muchas de ellas relacionadas con estímulos que buscan satisfacción inmediata: la pornografía, el juego, etc. Pero en general, lo que tenemos que hacer es consolidar ciertas prácticas dentro del sentido común de quien usa la red, y dejar de comportarnos como niños curiosos que van por todas partes probándolo todo. Quien recibe un correo electrónico y hace clic en un enlace tiene que saber a lo que se arriesga, lo mismo que quien responde a un mensaje del sistema sin pensarlo o sin evaluar si ese mensaje debería estar ahí, o quien hace login en una pantalla sin plantearse por qué el sistema le vuelve a pedir misteriosamente que haga login. O quien utiliza la misma contraseña en todas partes.

 

P. Queremos dar consejos a las lectoras sobre las precauciones que deben tener a la hora de hacer ciertas cosas en Internet, nos podrías dar algún consejo de seguridad a la hora de:

1. Comprar

Comprar en sitios conocidos, con página cifrada, a los que accedemos nosotros mismos, no mediante un correo electrónico con una oferta que nos proporciona un enlace. Utilizar una tarjeta de crédito cuyos términos de servicio conozcamos, particularmente con respecto a la responsabilidad que asumimos en caso de fraude.

2. Intercambiar casa

Fijarse en la reputación de los implicados, y tratar de buscar cierto nivel de proximidad personal sin llegar a agobiar. La conexión personal, la buena química y la demostración de ese “querer ir un poquito más allá”, lo que los norteamericanos suelen llamar “go the extra mile” son los elementos que aseguran una buena reputación y una minimización de los riesgos implicados.

3. Hacer couchsurfing

De nuevo, la reputación es crucial: buscar personas con cierto historial en el sistema, que suelen ser mucho menos propensos a poner su nivel en riesgo por una situación determinada.

4. Compartir coche

La reputación, el nivel de experiencia dentro del sistema, y en general, todo aquello que sirva para hacer disminuir nuestro nivel de incertidumbre. Los conductores que acumulan muchas opiniones y con un porcentaje elevado de opiniones positivas, los que indican datos sobre el vehículo, etc. suelen ser apuestas lógicamente más seguras.

5. Ligar

En las relaciones personales no hay nada escrito, y el sistema únicamente nos propone una forma de entrar en contacto con alguien. A partir de ahí, todo es sentido común y tratar de que los intereses de la persona tengan aspecto de coincidir con los nuestros.

6. Intercambiar fotos/vídeos eróticos

Aplicar el sentido común: solo hacerlo con personas con las que se tenga una relación de mucha confianza, y a través de sistemas que proporcionen un cierto nivel de seguridad

 

P.  ¿Existe algún lugar en el que estemos seguros en Internet?

RInternet es fundamentalmente seguro: si tienes la idea de que es una cueva de ladrones o un sitio muy inseguro, es que no lo sabes usar. Pero para que internet sea seguro, tienes que tener unas mínimas precauciones, del mismo modo que las tienes que tener para que la calle sea segura.

 

P.  ¿Qué opina de la deep web? ¿Cómo es ese mundo?

RLa deep web es la respuesta lógica a una red en la que las personas estaban cada vez más vigiladas y controladas, la respuesta tecnológica al control. En la deep web podemos encontrar de todo, desde lo más delictivo y turbio hasta activismo y resistencia contra regímenes antidemocráticos o que no respetan los derechos humanos. No podemos etiquetar la deep web con pre-concepciones, porque es en realidad mucho más que eso.

 

P. A pesar de los escándalos de espionaje, aún seguimos dando datos en Internet. ¿Confiamos demasiado? ¿Por qué no aprendemos?

RLa red es un sistema en el que la mayoría de los usuarios tienen poca experiencia, el sentido común tarda cierto tiempo en desarrollarse en entornos nuevos. Pero si unimos a esto el hecho de que el propio sistema está en constante y rápida evolución, creo que entender por qué las personas con poca experiencia se sienten desorientadas resulta bastante fácil. La solución no está en alejarse de internet, está en desarrollar el sentido común mediante el uso.

 

P. ¿Qué papel cree que juegan las redes sociales en esta sensación de seguridad?

RLas redes sociales nos acostumbran a sistemas cerrados en los que, supuestamente, la seguridad está controlada por el gestor de la red, y en donde podemos además comprobar que otras personas que conocemos también desarrollan actividad habitualmente. Por un lado, tiendes a percibir seguridad cuando miras hacia arriba y ves a la empresa que supuestamente vela por ella, por otro, tiendes a sentirte seguro cuando ves a otros. La verdadera sensación de seguridad debe asentarse en el desarrollo de nuestra propia experiencia.

 

This article is also available in English in my Medium page, “A matter of  trust

La guerra del pago móvil

Escrito a las 9:21 am
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La guerra del pago móvil - Expansión (pdf)Para mi columna de los viernes en Expansión, titulada “La guerra del pago móvil” (pdf), he retomado un tema sobre el que ya había escrito, la guerra entre el sistema de pago mediante smartphone de Apple y algunas de las cadenas de distribución más grandes de los Estados Unidos que lanzan su propio sistema, y le he dado forma de mini-caso, intentando llevar al lector a lanzar sus propias hipótesis. Me parece una de esas situaciones interesantes de las que pueden derivarse análisis y conclusiones de cierto valor no solo para los interesados en la evolución de la industria tecnológica, sino también en otras como la banca o la distribución.

A continuación, el texto completo de la columna:

 

La guerra del pago móvil

Una guerra cuyas batallas están viviéndose de manera prácticamente exclusiva sobre suelo norteamericano, pero que están dejando un panorama apasionante – además de determinar muchos de nuestros hábitos futuros.

Por un lado, Apple, que reúne a emisores de tarjetas, cadenas de tiendas y bancos en torno a un smartphone que, en Estados Unidos, llevan encima prácticamente la mitad de los usuarios. Integra a todos los actores sin prescindir de ninguno, cobra a los bancos, pero sobre todo, ofrece una usabilidad magnífica, comodísima, siguiendo la tradición de la marca de la manzana.

Por otro, una alianza de grandes cadenas de distribución (WalMart, Rite-Aid, CVS, 7eleven y muchas más), con un sistema en desarrollo que prescinde de la tarjeta de crédito: se conecta directamente con la cuenta corriente del usuario, evita comisiones, y permite el funcionamiento de programas de fidelización y esquemas de cupones. El sistema parece más incómodo (escanear un código QR, meter una contraseña, mostrar la pantalla a la persona de la tienda, etc.), pero funciona en cualquier smartphone y genera un ahorro a las tiendas, que además controlan los terminales de pago.

¿Primer asalto? Apple logra más de un millón de usuarios activos en las primeras 72 horas de funcionamiento y se convierte en el esquema más popular de la historia. Pero las tiendas de esa alianza bloquean su funcionamiento desactivando sus lectores NFC.

¿Sufrirán esas tiendas la ira de los fieles usuarios de Apple enarbolando sus iPhones al grito de “quiero pagar así”? ¿Se marcharán a otras tiendas, rompiendo esquemas de conveniencia o proximidad que les unen a las de toda la vida? ¿O por contra, aceptarán las restricciones y pagarán de otra manera? El resultado, en pocos meses.

La economía del compartir

Escrito a las 8:54 am
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Compartir en vez de tener - Avianca (pdf)Gabriela Origlia me envió algunas preguntas por correo electrónico para la revista de las líneas aéreas colombianas Avianca, sobre el desarrollo de la llamada “sharing economy”, o economía del compartir, y me cita en su reportaje titulado “Compartir en vez de tener” (en pdf)

A continuación, el texto completo de las preguntas y respuestas que intercambiamos:

P. ¿Qué factores te parece que influyen en el surgimiento de la “sharing economy”?

R. El desarrollo de la “sharing economy” responde a un descenso muy brusco de los costes de coordinación y comunicación, provocado por el desarrollo y popularización de la red y de las aplicaciones móviles. Antes de dicha popularización, poner en marcha y lanzar comercialmente mecanismos que coordinasen oferta y demanda era una tarea compleja y al alcance de pocos, lo que generaba mercados caracterizados por la ineficiencia. En el mercado del transporte de pasajeros o en del alojamiento turístico, por poner dos ejemplos de reciente actualidad, existían bolsas muy importantes de capacidad ociosa en manos de personas que no podían, aunque lo deseasen, ofrecer sus servicios como conductores o como prestadores de alojamiento, porque carecían de un mecanismo que les permitiese hacerlo fácilmente y con las adecuadas garantías. A partir de la popularización de la web y del fenómeno smartphone, surgen prestadores de servicios que ponen en marcha plataformas de coordinación basadas en mecanismos sencillos que facilitan la comunicación entre oferta y demanda posibilitando un aprovechamiento más eficiente de ese mercado. Si añadimos una capacidad de comunicación cada vez al alcance de más compañías, tenemos el surgimiento de la “sharing economy” como fenómeno que algunas compañías, como Uber, Lyft o Airbnb, entre otras, tratan de explotar.

P. ¿Qué rol juegan las redes sociales?

R. Las redes sociales generan, en primer lugar, un efecto indirecto: al ser una de las aplicaciones de implantación más popular, su uso funciona como un incentivo para la adquisición de smartphones y planes de datos, contribuyendo a la popularización de una plataforma que ha resultado fundamental para el desarrollo de las apps que sustentan la “sharing economy”. Además, juegan un claro papel de canal de comunicación: en un tejido social de uso tan intenso y popular como el actual, las buenas ideas circulan a gran velocidad. Finalmente, algunos mecanismos básicos de la “sharing economy”, como la evaluación colectiva (que permiten puntuar al prestador de un servicio y proporcionar una medida de su calidad y un incentivo para mantenerla), también se originaron en plataformas sociales.

P. ¿Te parece que es posible desplazar la fórmula costo/beneficio que domina hoy las relaciones económicas? ¿Qué perspectivas de crecimiento le vez a la “sharing economy”? ¿Hay sectores más permeables a este esquema?

R. El efecto de la “sharing economy” desde un punto de vista económico es un aprovechamiento más eficiente del área situada bajo la curva de la oferta y la demanda: gracias a mecanismos eficientes, surgen nuevos incentivos para prestadores de servicio que satisfacen las necesidades de determinados clientes, que optan por esa oferta frente a la tradicional. Los sectores más permeables son los caracterizados por niveles de ineficiencia más elevados: en el caso del transporte de viajeros, es claro que algunas de las restricciones que convierten de manera artificial la oferta en escasa están diseñados no para favorecer al usuario, sino a quienes adquieren unas determinadas licencias y a quienes las conceden. Pero esas licencias, ante el desarrollo de una capacidad ociosa y de unos usuarios dispuestos a hacer uso de ella, no son capaces de mantenerse como restricciones artificiales, y terminan por caer a medida que la sociedad detecta que no tienen sentido.

P. ¿Cómo enfrenta la competencia estas propuestas?

R. Lo que más caracteriza la reacción de los competidores tradicionales es la desinformación. En la mayor parte de los casos, lo que vemos es un descrédito del nuevo entrante en virtud de criterios falsos, basados en información tendenciosa, o directamente sin sentido, carentes de datos. El resultado son argumentos extremadamente fáciles de desmontar, lo que redunda en un importante apoyo popular a los nuevos entrantes y un descrédito de los tradicionales. Otras reacciones, como las huelgas o las denuncias, suelen generar igualmente reacciones negativas en los consumidores, contribuyendo a posicionar a los competidores tradicionales como “defensores de sus intereses” frente a unos nuevos entrantes que tratan de generar mercados más eficientes y con mejores condiciones.

 

This article is also available in English in my Medium page, “On the sharing economy

Premios que hacen ilusión

Escrito a las 8:20 am
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AdigitalLa Asociación Española de la Economía Digital lanza los I Premios Adigital, con la idea de reconocer la excelencia que han alcanzado personas, instituciones o empresas de ámbito nacional en el campo de la economía digital, y tienen el detalle de pensar en mí como nominado para la categoría de comunicación y divulgación.

Una nominación que me hace especial ilusión: primero, porque viene de la asociación más representativa en nuestro país en este ámbito, que tiene la idea de crear unos premios, y va y me nomina nada menos que para su primera edición. Segundo, porque me acompañan en la categoría monstruos como Teknautas, la fantástica sección de tecnología de El Confidencial, con la que colaboro en ocasiones y que responde al trabajo y esfuerzo de un buen puñado de profesionales, o como la genial comunicadora, escritora y periodista Mara Torres.

Y tercero… porque supone que me premian por hacer algo que me gusta mucho hacer y que he convertido en una parte importante de mi trabajo: leo, comunico y escribo sin responder a más agenda que el interés por entender bien las cosas y preparar mejor mis clases, tratando de hacer que mi actividad docente, además de responder a las (lógicamente elevadas) expectativas de mis alumnos, trascienda las paredes del aula y llegue un poquito más allá. La nominación indica, como mínimo, que tras casi doce años leyendo y escribiendo todos los días sobre la tecnología y sus efectos, la cosa no va por mal camino :-)

Muchísimas gracias.

Corrupción: no me hagas reír

Escrito a las 8:32 am
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IMAGE: Gunnar Pippel - 123RFAyer, en el Senado de España y a través de Twitter, un presidente de gobierno pidió perdón a los ciudadanos por los ya incontables escándalos de corrupción que inundan la vida política española hasta el punto de haber convertido lo que ya nunca fue una democracia, sino una triste partitocracia, en una auténtica corruptocracia. Y lejos de alegrarme por el reconocimiento del evidente problema y ante la débil o casi evanescente promesa de intentar ponerle solución, mi única reacción posible ante las palabras de ese presidente es la de “no me hagas reír”.

Nunca he sido ni seré político, ni políticamente correcto. Pero de gestión sí sé, sobre todo cuando la gestión toca los temas sobre los que llevo leyendo, escribiendo y dando clase veinticinco años. E incluso si no tuviese en cuenta todos los escándalos que salpican la vida política española actual, si únicamente tuviese ojos para aquellos en los que tengo una opinión formada y autorizada, las palabras del presidente me generan una incredulidad tan profundamente arraigada, un convencimiento tan absoluto de que únicamente está representando un absurdo papel que no se cree ni él mismo, que únicamente pueden llevarme a la risa. O en realidad, me llevaría a la risa si una cosa así pudiese tomarse con humor, cosa que hace ya mucho tiempo que dejó de ser posible. Porque, entere otras muchas cosas, esa fiesta de corrupción, ese reparto indecente de dineros y comisiones hasta límites completamente insostenibles, lo estoy pagando yo. Lo estamos pagando todos. Todos los días, una mano invisible se mete en nuestros bolsillos para pagar la fiesta de un montón de sinvergüenzas. Y el jefe de todos ellos se puso en pie ayer en el Senado, y pidió perdón. Genial.

Que el presidente de un partido y un gobierno tocado por escándalos de todo tipo y que mantiene en sus cargos a todo tipo de personajes siniestros, desde ministros a responsables de todo tipo de funciones en su partido pasando por alcaldes, concejales, diputados, senadores, presidentes de comunidades autónomas, consejeros, secretarios de estado y todo el escalafón completo de cargos imaginables pida perdón a los ciudadanos por la corrupción es tan alucinante, que solo cabe plantearse cómo es posible que no se abra la tierra en ese mismo momento bajo sus pies y lo engulla en medio de una lengua de fuego. Estamos hablando, y voy a tener el detalle de tocar únicamente los temas sobre los que tengo información directa, del mismo presidente que pacta con una empresa española no llevar al parlamento ni legislar nada que afecte a la neutralidad de la red, porque a esa empresa no le interesa.

El mismo presidente que, a través de su siniestra vicepresidenta, acuerda subvencionar a los periódicos “de toda la vida” con subsidios extraídos de las empresas de internet para que pinten las noticias en tonos propicios a sus intereses, incluso llegando al punto de cambiar a los directores que se estaban “portando mal”. Un presidente que pretende controlar los medios de comunicación tal y como lo hacía el Túnez de Ben Ali o el Egipto de Mubarak. O China, o Irán… todo sea por no salir mal en sus portadas. Con un presidente corrupto, medios de comunicación igualmente corruptos. Vendidos al poder. Todo muy coherente. Y esto se vota mañana.

Efectivamente, el mismo presidente que entró en negociaciones secretas con empresas norteamericanas – ya ni siquiera con el gobierno, sino con asociaciones de empresas privadas – para cambiar leyes en nuestro país que favoreciesen a sus intereses, que les permitiesen repartirse de manera indecente dinero público, o que conscientemente tomó medidas para hurtar a los jueces la capacidad de impartir justicia en determinados delitos. Sí, ese presidente, el mismo que puso al ministro de cultura que aprobó esa ley nada más llegar al cargo. Ese mismo presidente que, siendo ministro de cultura, conoció de primera mano toda la miserable corrupción que rodeaba los mecanismos por los que algunos “artistas” robaban el dinero de los derechos de autor que recaudaban inspectores por bares y cafeterías de todo el país, y no solo lo toleró, sino que lo auspició directamente convirtiéndose en “amigo” de esa institución, de esa cueva de ladrones.

Y solo estoy tocando los temas sobre los que tengo información directa, los que he estudiado. Porque si miramos un poco más allá, si abrimos un poquito el paraguas que ampara todo eso, podríamos hablar de un presidente aupado únicamente por un dedo índice, no porque nadie decidiese democráticamente que era el mejor preparado o el más adecuado para su cargo. Un impresentable que ha medrado en la política partidista toda su vida y que pretende perpetuar el sinsentido de la misma, la paradoja de que los partidos, que deberían estar en la base de la democracia, sean las estructuras menos democráticas que tenemos en este país, auténticas cuevas de ladrones donde reinan el culto al líder, dinastías con nombre y apellidos, y donde se medra en función del escalafón y de los méritos turbios. Las mismas estructuras que han desacreditado la política hasta el límite de impedir que atraiga a prácticamente ningún gestor que valga la pena o que pudiese haber demostrado algo en algún momento fuera de ella.

El mismo presidente que se negó a aprobar leyes de transparencia a la altura de las circunstancias, que excluyó de esas mismas leyes todo tipo de actividades para evitar su supervisión, que permitió que surgiesen todo tipo de argucias y subterfugios para financiar a los partidos o a sí mismo, que toleró donaciones, favores e intercambios impúdicos que tenían lugar bajo su más directa supervisión, bajo su misma nariz. Que pactó cargos y nombramientos futuros de responsables políticos a cambio de prebendas legislativas y de favores que tenían un impacto directo en las cuentas de resultados de las compañías. Sí, ese presidente cuya única forma de disculparse es “los otros también lo hacen”. Sí, ese. Ese impresentable.

Nos hemos acostumbrado tanto a ver cómo metían mano en el proceso legislativo, cómo “aparecían” artículos escritos por corruptos al dictado de intereses impresentables, cómo se negaban a escuchar a las infinitas voces que advertían sobre la falta de idoneidad o directamente la ceguera de sus medidas, cómo todas las votaciones caían siempre del lado “de los malos” porque en realidad, el propio acto de la votación era una mera pantomima, que nos hemos inmunizado. De la manera más triste y más grave que puede existir, hemos aprendido a golpe de experiencia que la corrupción era consustancial a nuestro país, estaba imbricada en todos y cada uno de sus estamentos, que era intrínseca a la actividad política. Que esa democracia que tanto costó conseguir era, en realidad, una maldita pantomima. Y uno de los que más esfuerzos ha hecho para que así sea y para que así siga siendo resulta que se levantó ayer en el Senado, y pidió perdón. No me hagas reír.

Eres impresentable. Eres lo más profundamente hipócrita y lo más tristemente resignado que podría haber llegado a la presidencia de este país. Por no tener, no tienes ni la más mínima voluntad de cambio: solo unos toquecitos de maquillaje, un mohín, y a seguir como siempre. Das asco. Si realmente quisieras cambiar algo, harías una purga de cargos a tu alrededor que ya la quisiera Stalin. Te cargarías no solo a los corruptos, sino a todo aquel que alguna vez hizo algún chiste sobre la corrupción. A todo aquel que tiene la más mínima sombra de duda – es imposible, tendrías que empezar por hacerte el harakiri, y eso debe doler mucho y ser muy desagradable. Impondrías medidas estrictas de transparencia radical, de publicación inmediata de todas las cuentas incluyendo el gasto en post-its. O en sellos. O en sobres, ya que estamos. Asegurarías que ni un solo euro entra o sale de tu partido y del Estado sin estar adecuadamente reflejado en cuentas a la vista de todo el mundo – sí, la tecnología podría ayudarte mucho en ese sentido… suponiendo que tuvieras el más mínimo interés en ello, claro. Harías públicas las agendas de todos los cargos públicos: con quién se reúnen, de qué hablan, con luz y taquígrafos, con Twitter y con declaraciones inmediatas, sin dejar lugar a la imaginación. Perseguirías a todo aquel que simplemente hable de corrupción: no solo al político al que se la proponen, sino al empresario o al lobbista que la insinúa. ¿Cómo podemos esperar, si ni siquiera reconoces aún los escándalos de Gürtel, que alguna vez sepamos quiénes fueron las personas que, en sus respectivas empresas, negociaron o autorizaron esos pagos? Queremos saberlo todo, de uno y de otro lado. Pero ni nos dejas, ni nos vas a dejar saberlo.

Si la corrupción te importase lo más mínimo, trabajarías para mejorar la calidad de la democracia. Te esforzarías por conseguir una separación de poderes real y efectiva, y no por qué partido nombra a qué magistrado en el tribunal de turno. Lucharías por cambiar la ley electoral para que de verdad representase la voluntad ciudadana, y no fuese un turbio instrumento más para que siempre gobernéis los mismos. Intentarías establecer vínculos entre representantes y representados, en lugar de convertirte en el zar que tiene el sacrosanto privilegio de repartir prebendas y cargos al hacer las listas. Establecerías controles ciudadanos de todas las actuaciones gubernamentales a todos los niveles que permitiesen exigir responsabilidades políticas inmediatas a quienes no cumplen, por acción o por omisión, con lo encomendado. No, no hablo de ideologías: hablo de metodologías. Hay tanto que hacer. Y es tan difícil, o imposible, pensar en ti o en tu partido para hacerlo…

¿Disculpas? ¿Comprender a los ciudadanos? ¿Hartazgo? ¿Indignación? Los indignados somos nosotros, presidente. Lo estábamos ya hace algunos años, y lo seguimos estando, ahora mucho más y con muchas más razones. Con muchas más evidencias. ¿Disculpas? No me hagas reír. O mejor, directamente: vete al carajo.

 

This article is also available in English in my Medium page, “The Spanish prime minister’s worthless apology for yet another corruption scandal

Google Glass: el producto que no resistió la prueba del uso

Escrito a las 12:34 pm
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Google Glass droppedTwitter retira su aplicación de la tienda de Google Glass, dando lugar a algunas protestas aisladas de usuarios que no la encuentran al intentar reinstalarla, y dejando un hueco abierto para cualquier desarrollador independiente que quiera llenarlo… suponiendo que alguien tuviese algún interés en hacerlo.

La gran verdad parece ser que, pese a la total ausencia de datos oficiales de ventas para el producto procedentes de la compañía, las grandes proyecciones que se esperaban no solo no aparecen, sino que tampoco parece que se las espere con demasiado entusiasmo.

En su actual iteración, Google Glass es un producto que, pese a sonar originalmente bien, no resiste la prueba de un uso mínimamente serio: mi interés inicial ante la idea de superponer una capa de información a la realidad e interactuar con ella de manera sencilla resistió las primeras pruebas ocasionales de escasos minutos, pero se apagó completamente en cuanto tuve la oportunidad de tener las gafas unos días en casa para interactuar con ellas con total libertad.

Lo que inicialmente parecía una buena idea y deslumbraba en una prueba casual y rápida, se convertía en un aparato incómodo, con una interfaz de voz muy poco práctica y una táctil que te obligaba a llevarte continuamente el dedo a la sien, que fallaba en un buen número de ocasiones cuando intentabas llevar a cabo tareas sencillas, con una duración de batería completamente absurda, que terminabas usando relativamente poco, y que para algunas tareas, como conducir, se volvía una distracción que podía llegar a ser potencialmente bastante más peligrosa que accionar un GPS convencional o manejar el teléfono.

¿Por qué no se venden las Google Glass? Básicamente, porque como prototipo, llegan al punto de despertar un interés limitado en un grupo no muy grande de personas, pero que además lo pierden en cuanto tienen la oportunidad de probarlas seriamente o de hablar con alguien que las haya probado. Son “un prototipo demasiado prototipo”, con demasiadas limitaciones para ser considerado un producto serio. Los casos de uso son poco convincentes, y tienen más aspecto de ser un juguete (muy) caro que termina guardado en un cajón sin superar la prueba de un uso mínimamente serio. Demasiados temas que resolver. Al final, el resultado es el que es: pocos usuarios, poco nivel de uso incluso por los muy convencidos, y poca atención en torno al tema. Sinceramente esperaría más desarrollo y una etapa subsiguiente que generase más esperanza en un producto que parecía prometedor, pero empieza a parecer caad vez menos factible..

Tras el abandono de Twitter, una de las aplicaciones que podía plantear cierta comodidad para usuarios recalcitrantes pero que, igualmente, no ha llegado a pasar de un uso anecdótico del tipo “mira, tengo unas Google Glass”, pasaremos seguramente a una fase en la que los escasos usuarios que se hicieron con unas gafas vivirán el desesperante proceso de abandono en una Google ya tristemente acostumbrada a dejar caer sus productos cuando el mercado no responde. Para los proyectos de Google X, el primer fallo.

 

ACTUALIZACIÓN (16/11/2014): parece que TechCrunch tiene la misma opinión que yo

ACTUALIZACIÓN (17/11/2014): otro que se borra. Esto va más rápido incluso de lo que pudimos predecir…

ACTUALIZACIÓN (26/11/2014): MIT Tech Review publica Google Glass is dead; long live smart glasses

ACTUALIZACIÓN (1/12/2014): Google anuncia un cambio de procesador, Intel en lugar de Texas Instruments, y un nuevo modelo para el año que viene.

ACTUALIZACIÓN (15/01/2015): Google cancela el programa Explorers de Google Glass, deja de vender el producto, da por terminada su fase experimental en Google X, y pone el proyecto en manos de un Tony Fadell cuyo ascendente en Google no deja de subir…

 

This article is also available in English in my Medium page, “Google Glass: it truly seemed like a good idea at the time…” 

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