Un lector en Medium, Jay Kay, dejaba un comentario especialmente lúcido tras leer mi artículo sobre la crisis de la consultoría: durante décadas, para muchos profesionales, la gran consultoría no fue tanto un destino como una escuela. Un lugar duro, exigente y a menudo ingrato, pero extraordinariamente eficaz como rampa de lanzamiento hacia carreras corporativas de alto nivel. Su pregunta era tan sencilla como incómoda: si ese camino está desapareciendo, ¿cuál es ahora el punto de entrada para los jóvenes?
La cuestión es fundamental, porque durante más de medio siglo la consultoría funcionó como algo más que un proveedor de servicios caros: fue una de las principales fábricas de capital humano del capitalismo avanzado. Entrar como analista o junior associate significaba aprender, a velocidad de ...