Llevamos ya un tiempo viviendo un giro inquietante en la cultura de la escritura: muchas personas ya no sólo desconfían de las herramientas de inteligencia artificial, sino de la propia autoría humana. El uso de chatbots generativos ha proliferado, y con ello surgió una nueva forma de paranoia estilística: hoy, basta usar guiones tipográficos, un vocabulario algo refinado, un espacio antes de un signo de porcentaje o un uso elegante del español o del inglés para levantar sospechas de que «esto lo escribió una inteligencia artificial»… y que además, te acusen públicamente de ello sin importarles quién seas o el tiempo que llevas escribiendo.
Ese pánico no es un mero rumor de internet. Estudios recientes muestran que la adopción de inteligencia artificial generativa ha transformado prácticas de ...