Durante años, las empresas han asumido que internet estaba construido para las personas.
Los sitios web se diseñaban para captar la atención humana, explicar, persuadir, generar confianza y, finalmente, convertir. El SEO, la experiencia de usuario, el merchandising digital y el diseño del checkout se apoyaban en una premisa básica: el usuario era una persona sentada frente a una pantalla.
Esa premisa está empezando a resquebrajarse.
No porque las personas desaparezcan, sino porque están empezando a delegar. Cada vez más, el primer sistema que leerá tu web, comparará tu oferta, interpretará tus políticas o incluso iniciará una compra no será un ser humano. Será un agente de software actuando en nombre de alguien. Esa es ...