Durante años, las empresas han asumido que su relación digital con los clientes tendría lugar en un espacio que ellas controlaban: su página web, su app, su proceso de compra, su interfaz, su embudo cuidadosamente optimizado.
Esa suposición ha moldeado una enorme cantidad de comportamientos corporativos. Las marcas han invertido fortunas en sistemas de diseño, SEO, optimización de conversión, customer journeys y experiencias digitales porque la pantalla era donde tenía lugar la persuasión, donde se completaban las transacciones.
Esa suposición está empezando a romperse.
La siguiente ola de la inteligencia artificial no consiste solo en responder mejor a las preguntas. Consiste en actuar. Operator, de OpenAI, está diseñado para navegar por la web y realizar tareas ...