Durante décadas, la defensa más eficaz de las compañías petroleras frente a la emergencia climática consistió en una frase aparentemente razonable: nadie puede demostrar que un huracán, una inundación, una ola de calor o un incendio concreto haya sido causado por sus emisiones. El clima era global, las catástrofes eran locales y, entre ambos extremos, se abría un espacio de incertidumbre suficientemente amplio como para que la responsabilidad se evaporase.
Ese espacio está empezando a cerrarse. Y precisamente por eso algunos están intentando impedir que la ciencia llegue a los tribunales.
A finales de 2025, el Federal Judicial Center, la institución encargada de formar y proporcionar materiales de referencia a los jueces federales estadounidenses, publicó junto con las Academias Nacionales de Ciencias, de Ingeniería y de Medicina una nueva edición de su prestigioso «Reference Manual on Scientific Evidence«. Por primera vez, el manual incluía un capítulo dedicado a la ciencia climática y, en particular, a la llamada ciencia de la atribución: el conjunto de métodos que permiten calcular hasta qué punto el calentamiento provocado por el ser humano ha aumentado la probabilidad o la intensidad de un fenómeno meteorológico extremo.
El capítulo había pasado por varias rondas de revisión científica y judicial. Sin embargo, tras las quejas de varios fiscales generales republicanos, el Federal Judicial Center decidió retirarlo. En él no aparecía ninguna nueva evidencia que invalidase su contenido ni se descubrió ningún error metodológico decisivo: simplemente, la ciencia que describía podía resultar incómoda en los numerosos litigios climáticos que había ya abiertos contra las compañías de combustibles fósiles.
La acusación utilizada para justificar la retirada fue la supuesta falta de neutralidad de sus autores, vinculados a instituciones que han trabajado en litigios climáticos. El ex-fiscal general William Barr, cuyo bufete casualmente representa a múltiples clientes del sector energético, escribió un artículo en The Washington Post en el que afirmaba que el capítulo inclinaba la balanza en favor de los demandantes. Las National Academies, por el contrario, defendieron el proceso de revisión y mantuvieron el documento disponible. El episodio revela una estrategia conocida: cuando resulta imposible rebatir la evidencia, se cuestiona la legitimidad de quien la presenta.
La ciencia de la atribución no afirma que el cambio climático sea la única causa de una catástrofe. Distingue entre peligro, exposición y vulnerabilidad, y reconoce que una tormenta se convierte en desastre también por la mala planificación urbana, la pobreza, la ausencia de infraestructuras o la incompetencia política. Tampoco ofrece el mismo grado de certeza para todos los fenómenos. La atribución es especialmente sólida en las olas de calor, razonablemente robusta en lluvias extremas y más compleja en sequías, incendios o ciclones, donde intervienen numerosas variables.
Pero esas limitaciones no invalidan la disciplina: son precisamente lo que la convierte en ciencia. Un nuevo análisis de las National Academies concluye que la atribución climática está madurando rápidamente, aunque todavía debe mejorar sus modelos, explicitar mejor sus incertidumbres y evitar extrapolaciones excesivas. La conclusión no es que no podamos saber nada, sino que ya podemos saber mucho más de lo que las petroleras desearían.
En 2016, las propias National Academies publicaron uno de los primeros grandes informes sobre atribución de fenómenos extremos, estableciendo una metodología basada en comparar el mundo real con un mundo contrafactual sin emisiones antropogénicas. Desde entonces, la capacidad computacional, los modelos climáticos, los registros históricos y las técnicas estadísticas han mejorado enormemente. Hoy es posible afirmar, por ejemplo, que determinadas olas de calor habrían sido prácticamente imposibles sin el calentamiento global, o calcular cuántos grados adicionales y qué incremento de probabilidad pueden atribuirse a las emisiones humanas.
La implicación jurídica es evidente. Si puede establecerse que una empresa generó una proporción determinada de las emisiones históricas, y que esas emisiones aumentaron de manera cuantificable la probabilidad o la intensidad de un daño, la distancia entre contaminación y responsabilidad empieza a ser jurídicamente transitable. No hablamos de una causalidad perfecta e individual, sino de probabilidades, contribuciones y riesgos, conceptos con los que los tribunales trabajan continuamente en casos de toxicidad, medicamentos, tabaco o negligencia industrial.
En diciembre de 2024 ya escribí sobre las leyes de Nueva York y Vermont que pretenden obligar a los grandes productores de combustibles fósiles a financiar los costes de adaptación climática. Antes, en 2022, ya planteé que los daños climáticos no son una externalidad abstracta, sino una gigantesca deuda acumulada que alguien tendrá que pagar. La atribución científica puede ser el instrumento que permita asignar esa factura con criterios racionales.
Por eso resulta tan importante retirar un capítulo de un manual para jueces: no se trata de una disputa académica, sino de controlar qué conocimientos llegan a quienes deberán decidir sobre miles de millones en indemnizaciones. El gobierno de Donald Trump ha ido mucho más lejos al revocar el «endangerment finding» de 2009, fundamento legal de la regulación federal de los gases de efecto invernadero, una decisión que ya ha provocado demandas de organizaciones médicas, ambientales y de numerosos estados.
Este tipo de cuestiones relacionadas con la formación de los jueces son extraordinariamente importantes: en junio de 2005, un juez que era además lector habitual de mi página logró que me invitasen a dar una conferencia para un curso de verano para jueces, hablando sobre propiedad intelectual: recuerdo que aquella conferencia me salió especialmente didáctica y transgresora, defendiendo redefiniciones radicales de la propiedad intelectual tras la llegada y popularización de internet, ante la horrorizada mirada de un abogado de la SGAE que había en la sala que llegó incluso a interrumpirme en varias ocasiones. La formación de los jueces es fundamental para obtener una justicia adecuada, y puede llegar a tener una fuerte influencia en sus decisiones en casos relacionados.
Durante años, las petroleras financiaron la duda porque la duda retrasaba la regulación. Ahora necesitan financiar otra cosa: la idea de que ninguna ciencia es suficientemente precisa para atribuir responsabilidades. Pero la incertidumbre no equivale a ignorancia, y mucho menos a inocencia.
El futuro de la litigación climática dependerá en buena medida de si los tribunales entienden esa diferencia. La ciencia no necesita prometer certeza absoluta. Le basta con seguir reduciendo, fenómeno a fenómeno, empresa a empresa y tonelada a tonelada, el espacio en el que durante décadas se escondieron quienes sabían perfectamente lo que estaban haciendo.


Espera,
O sea que el que era el fiscal general de Estados Unidos, ahora tiene un despacho de abogados…?
De la wiki primeras lineas
«William Pelham Barr (born May 23, 1950) is an American attorney who served as United States Attorney General in the administration of President George H. W. Bush from 1991 to 1993 and again in the first administration of President Donald Trump from 2019 to 2020.»
Trump es el rey Midas del WC, todo lo que toca lo convierte en mierda
«cuando resulta imposible rebatir la evidencia, se cuestiona la legitimidad de quien la presenta.»
(EDans).
Este es el paradigma de la política actual, del trumpismo, mucho más grave que al ser usado, solamente, en el terreno filosófico o aatístico.
«la incertidumbre no equivale a ignorancia» (EDans).
Precisamente, con ese principio, se avanza con en la ciencia, ya que se trata de superar la incertidumbre con una nueva certeza… Certeza que, lógicamente, ya nace con fecha de caducidad (no establecida pero asegurada como probable)… Pobre Descartes en el mundo actual.
Y cuando hablas de financiar la duda (las multinacionales), volvemos a lo mismo. Debemos tener en cuenta que no se trata de la duda científica, ya que ella permite avanzar en los conocimientos. La duda que se fomenta es la de la gallina y el huevo (sin aclaración), porque es algo que diluye la disputa. Se le puede llamar la duda del creyente. Y por eso la filosofía estuvo navegando tanto tiempo por el mar de la metafísica, alejándose lo más posible del océano de la ciencia. Y por eso, en filosofía, es tan famoso el argumento «ad hominem». Que es lo que representa la primera cita. Es un rescoldo intelectual, que nos queda de la metodología que usaron los primeros filósofos socráticos.
Los mismos hijos de puta que dicen: «nadie puede demostrar que un huracán, una inundación, una ola de calor o un incendio concreto haya sido causado por sus emisiones», son de la misma lacra que también defendían de Grünenthal GmbH:
* La talidomida no era la causante de las malformaciones de los recién nacidos entre 1957 y 1963
Espera, esa me la conozco: y cuando lo de la colza que era un bichito que si se caía de una mesa se mataba. Y lo de los hilillos de plastilina, y tantas y tantas otras…. En fin…
En fin, pelillos a la mar, que aquí no ha pasado nada.
Y, mientras tanto, el lince del alcalde de Barcelona, otro comebragas, plantea un, atención, simulacro de 50º en BCN.
50º
y en Barcelona. (Si es que…)
El calentamiento global o, más concretamente, sus efectos no se distribuyen uniformemente. Los países y habitantes más pobres son quienes sufren sus consecuencias de manera más intensa y severa. Por ello, cada vez que se abre el debate climático no debería olvidarse que incluso aquellos que se suman a las filas de quienes defienden la regulación y sanción de las empresas de hidrocarburos terminan, luego, criminalizando las migraciones asociadas a sequías y conflictos asociados.
Utilizar la judicialización local como herramienta para culpabilizar los atentados contra el clima resulta, pues, algo mezquino e insuficiente.
Pero al abordar el problema climático suelen omitirse dos hechos intrínsecos al debate: primero, la presentación de la ciencia como un corpus honesto que habla desde un consenso objetivo; segundo, la separación artificial entre la crisis climática y la crisis sistémica provocada por lo que se conoce como el «peak oil». Ambas van sospechosamente asociadas.
Son sobradamente conocidas las interferencias del lobby energético en la producción de líneas de investigación afines a sus intereses. Sin embargo, cuando hablamos de «la Ciencia» nos referimos a menudo a la narrativa dominante, institucionalizada y legitimada. Las líneas de investigación independientes y alternativas que cuestionan la narrativa oficial suelen ser asfixiadas financieramente. Y si es necesario, se recurre al desprestigio académico o incluso al asesinato social.
La ventana temporal de viabilidad del modelo de hidrocarburos coincide oportunamente con las posiciones más agresivas de los think-tanks climáticos. Del mismo modo, las consecuencias del peak oil, que frecuentemente se olvida que se adelantan por efecto de expectativas racionales, son evidentes en los movimientos geopolíticos de las últimas décadas.
Si el capital invertido en renovables a día de hoy no está monopolizado por las propias corporaciones de hidrocarburos, mientras el peak oil llega a su fin… ¿qué está sucediendo? Que el modelo renovable queda cautivo de la narrativa climática, sin poder evitar, por ello, una crisis sistémica.
Se abre el telón… y el modelo capitalista no funciona, pero es «lo que hay». La culpa de las condiciones es del clima, y la culpa del clima de las petroleras que ya no existen. Resiliencia para el 99%. …¿Como se llama.la.película?
En los casos humanos no se trata de evidencia, ciencia o inteligencia se trata en la mayor parte de las veces en el cortijo y su funcionamiento.
El tabaco JAMAS se podra demostrar que es el causante de ESTE cancer de pulmon en concreto.
Asi es como los amos matan, secuestran y roban todo a su alcance. Siempre ha sido y es asi.
¿Genocidio? ¿donde?…
¿Inminente colapso planetario? No mireis para arriba.
El planeta es plano si los amos dicen que lo es.
Yo hace mucho tiempo que me pregunto: ¿Es un manicomio dentro de un cortijo o viceversa?
SALUDOS