El artículo de Jordi Pérez Colomé en El País, «Las erratas como símbolo de prestigio: cómo escribir para que no parezca IA«, me ha dejado una sensación entre el cansancio, la irritación y la tristeza. La idea de que, en plena explosión de la inteligencia artificial generativa, algunos empiecen a introducir erratas deliberadamente para que sus textos parezcan «más humanos» es una de esas distopías absurdas que, precisamente por absurdas, terminan describiendo muy bien una época.
Vivimos instalados en una sospecha permanente. Ya no se lee un texto para preguntarse si dice algo interesante, si está bien argumentado, si aporta algo o si invita a pensar. Se lee, demasiadas veces, como quien pasa un detector de metales: buscando la prueba, el rastro, el supuesto tic, la señal que permita levantar el dedo y decir: «esto lo ha escrito una inteligencia artificial». Es la nueva policía del estilo, una inquisición de andar por casa armada con intuiciones bastante pobres, detectores que no funcionan y una curiosa superioridad moral.
No hay semana en la que no reciba un mensaje, un comentario o una insinuación acusándome de escribir con inteligencia artificial. Y la verdad es que empieza a cansar. Mucho. No porque me moleste que alguien piense que uso inteligencia artificial: la uso, por supuesto que la uso. Me molestan la simpleza del razonamiento, la acusación barata, la idea de que cualquier texto bien documentado, corregido, estructurado o con enlaces adecuados deba ser sospechoso. Me molesta esa pulsión de convertir una herramienta en una prueba de culpabilidad.
Llevo escribiendo más de un artículo diario desde 2003. Eso son casi veinte años antes de que ChatGPT apareciese en noviembre de 2022. Veinte años escribiendo, documentando, enlazando, argumentando, equivocándome, rectificando, aprendiendo y publicando. Francamente, creo que eso debería concederme algo de crédito. No mucho, si no quieres. Pero al menos el suficiente como para no tener que ensuciar deliberadamente mis textos con faltas de ortografía para demostrar que sigo siendo una persona.
Porque no, no voy a hacerlo. No pienso introducir erratas, torpezas o descuidos calculados para parecer «auténtico». No pienso degradar mi escritura para adaptarme a la paranoia de quienes confunden imperfección con humanidad. La humanidad de un texto no está en una tilde que falta ni en una coma mal puesta. Está en la intención, en la trayectoria, en la capacidad de construir una mirada, en la responsabilidad de sostener una idea y en la posibilidad de responder por ella.
Sí, uso inteligencia artificial, y mucho, pero no para escribir. La uso para documentarme mejor, para encontrar fuentes que antes me habría costado más tiempo localizar, para que agentes configurados por mí y bajo mis instrucciones busquen artículos que puedan ampliar o contrastar lo que estoy pensando. La uso para revisar ortografía y gramática. La uso, en ocasiones, para que otro agente, entrenado con mis propios artículos, me sugiera pequeños ajustes de estructura o me señale puntos débiles, basándose en la comparación con mis artículos más exitosos o con más lecturas. A veces, incluso, al terminar un texto, se lo copio a un agente que lo critica y me dice qué ángulos no he considerado. Después leo esa crítica y, si me parece pertinente, escribo un párrafo adicional, matizo una idea o refuerzo un argumento. Yo. Con estos deditos.
¿Y qué? Eso no convierte el artículo en «AI slop«. Eso no significa que el texto lo haya escrito una máquina. Significa que escribo en 2026, no en 1996. Significa que utilizo las herramientas disponibles para hacer mejor mi trabajo, exactamente igual que en su momento utilicé buscadores, gestores de referencias, correctores ortográficos, bases de datos académicas, lectores RSS o traductores automáticos. La diferencia es de potencia, no de naturaleza. Y quien no entienda eso, en realidad no está defendiendo la escritura humana: está defendiendo una visión romántica, artesanal y profundamente equivocada del trabajo intelectual.
El problema no es usar inteligencia artificial. El problema es delegar el pensamiento. El problema es entregar a una máquina la responsabilidad de decidir qué quieres decir, por qué lo quieres decir y desde dónde lo dices. Yo no escribo para llenar una página. Escribo para aprender, para ordenar ideas, para pensar, para después poder explicar esas ideas en clase o en una conferencia. Si una inteligencia artificial escribiese por mí, yo no habría internalizado nada. No podría defender el texto, no podría discutirlo, no podría usarlo como parte de mi proceso docente. Sería una impostura inútil.
Por eso la distinción relevante no es «con inteligencia artificial» o «sin inteligencia artificial». Esa distinción es infantil. La pregunta relevante es otra: ¿quién piensa? ¿Quién decide? ¿Quién asume la responsabilidad intelectual del texto? ¿Quién puede explicar por qué está ahí cada argumento, cada enlace, cada ejemplo y cada conclusión? Esa es la conversación que deberíamos estar teniendo, no esta especie de concurso ridículo para ver quién logra sonar lo bastante imperfecto como para ser aceptado como humano.
Además, la propia industria y la academia saben perfectamente que los detectores de texto generado por inteligencia artificial no son una solución fiable. OpenAI reconoce en su guía para educadores
que esos detectores no son suficientemente fiables y que pueden etiquetar texto humano como generado por máquinas. MIT Sloan lo dice de manera aún más directa en un recurso titulado «AI detectors don’t work«. Estudios como el publicado en Patterns sobre el sesgo de los detectores contra escritores no nativos en inglés muestran, además, que esas herramientas pueden ser injustas y discriminatorias: penalizan estilos más simples o más estructurados, y convierten en sospechosas a personas que simplemente escriben de manera clara.
Turnitin, una de las compañías más utilizadas en entornos educativos, advierte que sus modelos no deberían usarse como única base para tomar medidas contra un estudiante, algo que recoge también el ABA Journal. UNESCO, en su guía sobre inteligencia artificial generativa en educación e investigación, insiste en un enfoque centrado en las personas, en la transparencia y en el uso significativo de estas herramientas. En otras palabras: las instituciones serias no dicen «prohibamos, sospechemos y acusemos». Dicen «aprendamos a usar, a declarar, a evaluar procesos y a formar criterio».
Pero la cultura popular va por otro lado. Va por el camino fácil de la sospecha. Por el «esto suena a ChatGPT», porque lo digo yo. O por el detector milagroso. O por la búsqueda de tics estilísticos. O por la idea absurda de que un guion largo, una estructura ordenada o una conclusión redonda son ya indicios de culpabilidad. O ahora, según parece, por la reivindicación de la errata como certificado de humanidad. Hemos llegado al punto en que escribir bien puede ser sospechoso y escribir mal puede ser una estrategia reputacional. No se me ocurre mejor descripción de una sociedad confundida.
Lo más irónico es que muchos de quienes acusan a otros de usar inteligencia artificial lo hacen desde una ignorancia bastante notable sobre cómo funciona realmente la escritura. Escribir nunca ha sido un acto puro, aislado o místico. Escribir es conversar con fuentes, con lecturas previas, con notas, con editores, con correctores, con alumnos, con colegas, con críticas y con uno mismo. La inteligencia artificial se inserta en ese proceso como una herramienta más. Extraordinariamente poderosa, sí, pero no como una sustitución inevitable del autor. Que algunos la usen para sustituirse a sí mismos no significa que todos lo hagamos. Y menos los que más perjudicados podríamos salir si lo hiciéramos.
La autenticidad no está en rechazar las herramientas. Está en no abdicar del criterio. Está en no confundir asistencia con autoría. Está en poder decir: esta idea es mía, esta estructura la he decidido yo, esta fuente la he elegido yo, esta conclusión la sostengo yo. Y está también en aceptar que escribir con herramientas mejores puede producir textos mejores. Más largos, quizá. Más documentados. Más matizados. Más revisados. ¿Desde cuándo eso es un problema?
Me niego a participar en la teatralización de la imperfección. No voy a escribir peor para parecer más humano. Antes tenía más typos, ahora tengo menos porque me los corrige un agente. Antes ilustraba con aburridas ilustraciones de repositorio, ahora ilustro con inteligencia artificial, porque nunca he sido ilustrador ni considero que las ilustraciones sean lo que define mis artículos. Simplemente, me es más cómodo y me gusta más así. Y no, decididamente no voy a dejar faltas para tranquilizar a quienes han decidido que la corrección es sospechosa. No voy a convertir mi escritura en una coartada contra una acusación mal formulada. Si alguien quiere creer que un texto mío lo ha escrito una máquina porque está bien enlazado, porque no tiene faltas o porque incorpora puntos de vista adicionales, que lo crea. El problema no está en mi texto. Está en su incapacidad para entender cómo se trabaja hoy.
La inteligencia artificial obliga a repensar muchas cosas: la enseñanza, la evaluación, la autoría, la transparencia, el aprendizaje, la creatividad y la responsabilidad. Pero repensarlas no significa caer en una histeria permanente ni transformar cada texto en una escena del crimen, ni llegar a la página de un autor como un histérico maleducado gritando «esto es AI slop!!» Significa asumir que las herramientas han cambiado y que, por tanto, también debe cambiar nuestra forma de valorar el trabajo intelectual.
Yo seguiré escribiendo. Seguiré usando inteligencia artificial cuando me ayude a documentarme mejor, a corregir mejor, a contrastar mejor o a pensar mejor. Seguiré siendo yo quien decide qué se publica y qué no. Y seguiré negándome a aceptar que la humanidad de un texto se mida por su descuido.
Porque si hemos llegado al punto en que para parecer humanos tenemos que escribir peor, el problema no lo tiene la inteligencia artificial. Lo tenemos nosotros.
ACTUALIZACIÓN (22/05/2026): Fede Durán comenta este artículo en el suyo en El Mundo, «¿Puede la IA escribir mejor que el mejor de los escritores?»
This article is also openly available in English on my Medium page if you use this link, «How about a few deliferate mistales to make my writing seem more authentic?»


Creo que en el fondo de esas críticas está el miedo a ser irrelevante, a no sentirse capaz de competir en un mundo donde aparentemente cualquiera puede sonar tan inteligente como el último modelo generativo al que tiene acceso.
Y en el fondo es cierto que determinadas habilidades intelectuales se están viendo devaluadas, mientras que otras están floreciendo.
Totalmente de acuerdo. Pero con las imágenes llevamos mucho tiempo de NanoBanana o similares, como hoy :-)
Lo cual en realidad es genial porque es más fácil eso que buscar algo que pegue
La IA es Geordi La Forge, ingeniero jefe, apoyándose en la computadora para hacer su trabajo.
Algunos no pillaréis la referencia a Star Trek TNG, de los 90s, otros si.
Pero la idea es que cuando el ingeniero necesitaba encontrar qué sustancia estaba dañando la nave, que los sensores no detectaban, hablaba con la IA, le hacía las preguntas adecuadas, le decía que filtrase por tales o cuales condiciones, y lo que a mano te lleva horas, la IA le ayudaba a hacerlo mas rápido.
Y eso es una IA, un asistente.
Pero el inteligente tienes que ser tu, o vas a ser un pasajero que no suma nada.
—Existe A.
—Por supuesto. Y también B.
—Cómo puedes decir que existe B. Eso es negacionismo de A.
—No. Eres tú quien niega B. Yo no niego A. Si alguien es negacionista de algo eres tú.
—BUUU NEGACIONISTA FUERA
Y así llevamos nosecuántos años.
Orwell con 1984 se quedó corto.
ps.- Lo peor es que llega un momento que esto pasa tantas veces que dan ganas de negar A sólo por joder.
Macho, acabas de dar el puto clavo: Llevo sufriendo esto desde ni se sabe con un montón de gente cercana que acabo pensando que deben estar contagiados de idiocia profunda. ¿Negacionistas?, no. ¿Lo siguiente?, tampoco, ¡¡¡lo de después!!! No hay puta manera de que acepten que las cosas, TODAS, tiene su cara B, (mínimo), y por más que les digas que no niegas su puta cara A, pues ellos, erre que erre que la tuya, o sea, la cara B, que no, que no y que no… Es para levantarse, darles una somanta de hostias, y a continuación decirles, ¿lo veis?, está es la puta cara B de las discusiones que también la hay. Qué cruz!!!
Pero de qué rayos habláis??
No se de que hablas.
¿Quién dices que ha llamado negacionista a quien?
Houston, tenemos un problema.
Y como modo de ejemplificarlo he elegido esta cancion.
https://www.youtube.com/watch?v=aHQevuohJH8
Compárame esta cancion con la mierda actual tipo Bud Bunny, Quevedo, etc.
Yo lo siento mucho pero no me voy a preguntar que es IA o no.
Me voy a preguntar qué se me transmite, como se me transmite, qué me hace sentir, como me inspira, como me cura, como me enseña, cuan feliz me hace.
Voy a hacer una cata a ciegas y no me voy a preguntar como se hizo el vino.
Me voy a preguntar qué se me transmite, como se me transmite, qué me hace sentir, como me inspira, como me cura, como me enseña, cuan feliz me hace.
Exacto, si el contenido, (texto, imagen, video, música,…), me aporta o no. Si me aporta, como si lo han hecho con ayuda de alucinógenos.
Considerando que tú Gorki eres una persona normal en cuanto se refiere a leer, escuchar, ver,… obras y considerando que como la media de todos nosotros somos partes de personas que no podemos considerarnos ni premios nobel, ni fields, ni expertos en arte, ni melómanos con un oido extremo todas las obras que podemos enjuiciar estarán dentro de esa curva «normal» estadísticamente hablando de lo que hemos conocido, aunque la IA no sea en si misma creativa o innovadora, sus obras podrán formar parte de esas normalidad que conociamos de antes de la IA, y por eso me parece absolutamente NORMAL que nos pueda gustar o aportar cosas hechas con IA… No lo veo raro. Es un hecho predecible.
Lo cual no quita que haya obras hechas con IA que serán una porquería en si mismas. Por ejemplo cuando se ven manos deformes, cuando los fondos están descaradamente mal, cuando los motivos nos suenen repetitivos. Por ejemplo en esta página (la de enrique) haz el ejercicio de fijarte en las imágenes, verás que una a una están bien, alguna te gustará más otras no, pero en general están todas bien de calidad… pero luego haz el ejercicio de verlas todas en conjunto, al estar realidad por ejemplo con chatgpt, verás que todas siguen un patrón que se puede identificar, es ahí cuando al ojo entrenado en ver IA donde puedes ver que puede que en conjunto veas esa falta de libertad de la creación humana, y es que el motor de la IA es infinitamente más previsible que nosotros las personas. Es por eso que la creación IA deje de ser de algún modo «cansina».
la clave está aquí:
«Seguiré usando inteligencia artificial cuando me ayude a documentarme mejor, a corregir mejor, a contrastar mejor o a pensar mejor. Seguiré siendo yo quien decide qué se publica y qué no.»
Y hago mía al 120% esto:
El problema es entregar a una máquina la responsabilidad de decidir qué quieres decir, por qué lo quieres decir y desde dónde lo dices. Yo no escribo para llenar una página. Escribo para aprender, para ordenar ideas, para pensar, para después poder explicar esas ideas en clase o en una conferencia.
porque una obra de una máquina es plana, sin forma, pero claro hay que entrenarse en verlo, de primeras, completamente de acuerdo contigo Gorki. Cuando yo juego con imágenes, la primera que sale puede ser impresionante, pero hay que pedirle que haga lo que tu veas en la cabeza, no lo que ella quiera… como siempre hay buenas y malas ejecuciones con ese «pincel» que es la IA
Concretamente la imagen que acompaña el texto de Dans, me aporta poco, e igual me da que lo haya pintado Dans con una IA o con un becario de IE.
Lo que me atrae de esta pagina de Dans son sus textos, incluso aquellos con los que no coincido, porque habitualmente, (hay excepciones), me hacen reflexionar sobre el tema que tratan y me gusta entrar en temas que me ayudan a establecer mi propio criterio.
La imagen que acompaña al texto, es tan importante como el texto mismo… es “la medalla”, la insignia, el resumen de lo que se habla… El articulo lo conforma todo, Imagen+Texto.
Si, como ya se ha dicho, a simple golpe de vista, podemos deducir, que IA la ha generado, podemos imaginar, “de que va el texto” (más de lo mismo). O como sueles decir tu: “hoy Toca Meta” (o lo que sea, y eso solo viendo la imagen).
Y algunos, ni viendo la imagen, no llegan a saber de que va el texto… cosas de leer en diagonal, o ni siquiera, leer…
A otros, al revés… con la imagen y el título, basta, para decir “next”…
Gorki
Siempre te hablo en mis ejemplos de imágenes pq a las personas nos es muy fácil notar patrones de repetición en ellas. Además sabemos que son IA.
En un texto yo veo patrones de repetición en Enrique? Muchos menos, lo que si observo (antes de la IA) es que sus textos, sus tópicos mantienen coherencia. Creo que no me equivoco que es mucho más dificil cuando algo tiene IA en un texto, afirmarlo, salvo cuando está calcado…
La estulticia humana no tiene límites. A pesar de la IA, sigo pensando que la autenticidad es elocuente. Confío en el instinto humano, en una especie de sexto sentido que, unido a la preparación, es capaz de diferenciar lo real de lo falso.
«Confío en el instinto humano, en una especie de sexto sentido que, unido a la preparación, es capaz de diferenciar lo real de lo falso.», Vaya, ya veo que tu «sexto sentido» es como el de la película… (O sea, o estás muerto, o vas directamente de cráneo si crees que puedes llegar a diferenciar nada…)
Una calculadora es una herramienta.
Una programa es una herramienta.
La IA es una herramienta mas.
No es cuestión de instinto, es cuestión de saber sumar pero usar la calculadora o el programa de diseño de estructuras como herramienta para hacer más trabajo, y al final el que está al mando eres tu.
Criticar el uso de herramientas IA para escribir es lo mismo que criticar a un albañil o carpintero por usar máquinas; ¿usas sierras de calar? ¿taladros o lijadoras eléctricas? ¿excavadoras?
Las herramientas están para usarlas; y como bien dices, lo que marca la calidad de un texto es su estructura, su argumentación, lo que pretende trasmitir, no cómo se hizo. Aún tengo que encontrar un LLM que en frío genere un texto de más de 500 palabras sobre algo interesante sin que se tenga uno que arremangar y dirigir al cacharro.
Y después, usar LLMs de corrector, editor, crítico, ayudante de documentación y hasta «negro» para algunas partes es la mejor manera de escribir buenos textos que jamás ha existido. Sin una mente pensante detrás, no habría texto, igual que sin el albañil o el carpintero no habría ni construcciones ni muebles, por mucha máquina que usen.
Uno de los problemas básicos de ser maestro en zonas rurales, donde la expresión lingüística (ya no digamos en el campo de las ciencias) suele ser penosa, era confiar en el típico alumno/a rarito/a, que se expresaba por encima de la media.
Normalmente llevaba a la desconfianza del profe. Que incluso lo planteaba en Claustro, dejando «bajo sospecha» al alumno y demostrando su incapacidad, en la interacción con su alumno, para sacarle la información necesaria sobre su nivel real de conocimientos (algunos alumnos superan con creces a sus profesores). Mucho profesorado solo interactúa con preguntas de examen y nota, el resto es «una pérdida de tiempo», para el técnico educativo, básicamente lector de libros de texto (o incluso mandar copiarlos, para que aprendan el texto).
Menos mal que nadie se atrevía a proponer que escribieran mal, para que así se pudiera confiar en ellos. Siempre fue más fácil buscar el error ajeno que el propio. Y de eso, en el sistema educativo/domesticador, se sabe mucho. Mucho.
+1000!
Aunque no sé por que lo enfocas en el entorno rural. Lo que cuentas es universal, aunque en la ciudad sea más fácil que quede camuflado o tenga otra distribución social.
Suscribo 100% el artículo. De los mejores que he leído últimamente sobre el tema. Debemos intentar ser mejores y usar las herramientas que tenemos a mano. Y no hacerlo según las modas (tener faltas ortográficas solo para no parecer que hemos usado la IA? Vamos…).
Lo clave para mi es no subcontratar a la IA el proceso cognitivo core, sino usarla para mejorar como personas intelectualmente capaces de pensar por nosotros mismos.
Es que además el razonamiento es absurdo. Si quisieras que la IA te escribiera los artículos contentando a los «faltistas», te bastaría un prompt tipo «oye Gepeto/Claudio/Bleurk, escríbeme un artículo sobre filostros y forlayos y de vez en cuando metes una falta de ortografía o alguna leve incoherencia gramatical».
Desde que apareció la inteligencia artificial y empezó a enseñar la patita y a compararse con la humana, a mí lo que más empezó a llamarme la atención no es lo que esta sería capaz de llegar a hacer, sino hasta qué punto iba a quedar a la vista, en su interacción con ella, la idiotez humana.
IA: Imbecilidad Artificial. XDD
(es coña… es coñaaaa….)
ps.- O no.
Podria ser OffTopic:
El claustro y la nave espacial: cómo salvar la universidad en la era de la IA
O podria no serlo… :P
En definitiva y resumiendo, pero dando en el clavo: Belfegor.
Personalmente me preocupo mas que el tema te canse, te irrite y te entristesca, porque la reflexión esta «sobradisima», como casi todos los demas que te he leido.
Zaludos.
OffTopic (ahora si)
Felicidades eDans… por muchos años mas…!!!! :P
Enrique, comparto el fondo del artículo.
Como escritor, me parece absurdo que hayamos llegado al punto de tener que ensuciar un texto para demostrar que es humano. Una errata no acredita humanidad; muchas veces solo acredita descuido.
La humanidad de un texto está en la mirada, en el criterio y en la responsabilidad de sostener lo que uno escribe.
Yo también uso inteligencia artificial todos los días. Me ayuda a contrastar, ordenar, revisar, detectar debilidades y ganar tiempo. Pero no le delego mi pensamiento. Ahí está la diferencia.
Una cosa es usar una herramienta. Otra muy distinta es desaparecer detrás de ella.
El problema no es que un texto esté corregido, bien estructurado o documentado. El problema es que no haya una cabeza detrás. Y eso se nota bastante más que una tilde mal puesta.
No pienso escribir peor para parecer más humano. Prefiero escribir lo mejor que pueda y responder por cada línea.
Curiosa observación la que haces, no me había dado cuenta de eso. La pega es que si empezáramos a hacer eso solo conseguiríamos que la IA, para parecerse a nosotros, también lo hiciera.
Pues nada, también le podemos decir a esas personas que, cuando tengan que hacer una presentación, no usen el PowerPoint, agarren un acetato DIN A4, lo pongan en posición horizontal, se compren un estuche de colorines Carioca y se pongan a pintar. Ponen los acetatitos en un retroproyector y listo. Todo precioso.
El gran problema es que muchísimos españoles no se preocupan por tener una mínima cultura, poder hablar, poder escribir, manejando con una mínima soltura nuestro idioma. Está muy de moda «defender lo español», ser «muy, mucho español», se atacan las demás lenguas de España, que se olvida siempre que son tan españolas como el castellano, desde Madrid se desprecia y se vituperan esas «otras lenguas», pero se desprecia aprender y usar el castellano.
Da pena escuchar a muchos políticos; uno de los diputados que mejor se expresa , que da lugar a más figuras irónicas y con gracia y soltura es, paradójicamente, de habla catalana materna, Gabriel rufián. Los artículos de los periódicos, casi todos digitales (que pueden usar corrección automática), dan pena por la cantidad de faltas, la mala expresión lingüística, la falta de ideas….
Es histórica la fobia española a «lo negro», muchos niños, y sus padres, directamente recuerdan sólo «los santos»(coloquialmente, los dibujos e ilustraciones de los libros de texto). Las ventas de libros son paupérrimas en España, muchas, muchas gente tiene a gala no leer. Y, si no lees, olvidas la expresión, tu lengua se empobrece.
La IA puede mejorar mucho los textos, pero si por detrás no hay cabeza, la persona no podrá mantener una buena calidad, seguirá siendo incompetente
La metáfora del detector de metales me ha resonado un montón, especialmente como docente. Es muy certera!