El algoritmo que no quería niños

IMAGE: A young man sits absorbed in his smartphone amid glowing social media icons, while an empty stroller and a fading image of a couple symbolize loneliness, isolation, and declining birth rates in the digital age

La tasa de natalidad lleva tiempo desplomándose en prácticamente todo el mundo, y ya no podemos seguir explicándolo únicamente con el precio de la vivienda, la precariedad, el retraso de la emancipación o el cambio en las expectativas profesionales de las mujeres. Todo eso importa, por supuesto. Pero empieza a ser muy difícil ignorar una coincidencia demasiado persistente, bien analizada por el Financial Times en «Why birth rates are falling everywhere all at once«: allí donde el smartphone y las redes sociales se convirtieron en el entorno por defecto de socialización, la formación de parejas, la vida en común y la natalidad empezaron a resentirse de manera acelerada.

Durante años hemos hablado de las redes sociales como máquinas de polarización. Lo eran, y lo son. Sus algoritmos aprendieron que la indignación retenía más que la calma, que el conflicto generaba más clics que el matiz, y que encerrar a cada usuario en una cámara de eco era mucho más rentable que exponerlo a una realidad plural. No fue un accidente: fue diseño. La Royal Society ya advertía que el problema de la desinformación no se resolvía simplemente eliminando contenidos, sino atacando los mecanismos de amplificación que los convertían en virales. En otras palabras: el problema no era solo la mentira, sino la arquitectura que la premiaba.

Ahora empezamos a ver que esa arquitectura no solo deforma la conversación pública. También deforma la vida privada. Un trabajo reciente de Nathan Hudson y Hernan Moscoso-Boedo, de la Universidad de Cincinnati, «The collapse of teen fertility in the digital era«, vincula la expansión de smartphones, banda ancha móvil y 4G con una caída abrupta de la fertilidad adolescente, acompañada por una reducción muy fuerte de la socialización presencial y un desplazamiento hacia el ocio digital. La cuestión no es moralizar sobre los teléfonos, sino entender algo mucho más incómodo: cuando una tecnología captura el tiempo social de una generación, también captura las condiciones en las que se forman las relaciones.

Las redes sociales nos prometieron conexión y nos entregaron sustitutos de la conexión. Nos dieron likes, seguidores, notificaciones, mensajes, stories y reels, pero redujeron los espacios donde las personas se encuentran sin guión, sin filtro, sin comparación permanente y sin estar compitiendo contra una versión optimizada de todos los demás. Para encontrar pareja hay que exponerse a la imperfección, a la conversación torpe, a la presencia física, al aburrimiento compartido, a la vulnerabilidad. Las plataformas, en cambio, han convertido la vida social en un escaparate infinito en el que todo el mundo parece más atractivo, más interesante, más exitoso o más feliz de lo que realmente es.

Eso tiene consecuencias. Si las expectativas sentimentales se forman mirando Instagram o TikTok, se forman contra una realidad trucada. Si el tiempo libre se consume en scrolls infinitos, desaparece el tiempo necesario para conocer a otros. Si el vínculo social se transforma en comparación permanente, la relación real parece siempre insuficiente. Y si el algoritmo aprende que la inseguridad, la ansiedad, el deseo y la indignación retienen al usuario durante más tiempo para que destile más información y se le puedan poner más anuncios, entonces la compañía tiene un incentivo directo para fabricar entornos psicológicamente tóxicos. El problema no es que los jóvenes no quieran tener hijos: es que cada vez hay más jóvenes que ni siquiera llegan a construir las relaciones estables desde las que esa posibilidad podría plantearse.

La evidencia demográfica apunta en esa dirección. The Lancet ya documentó en 2024 la caída global de la fertilidad y sus enormes implicaciones sociales, económicas y geopolíticas Y el artículo del Financial Times va un paso más allá: en muchos países, el problema ya no es que las parejas tengan menos hijos, sino que hay menos parejas. Esa es una diferencia fundamental. Las políticas públicas tradicionales como cheques bebé, permisos parentales, guarderías y beneficios fiscales pueden ayudar a quienes ya tienen un proyecto familiar, pero sirven de poco si una parte creciente de la población vive aislada, frustrada, atrapada en dinámicas de comparación, precariedad emocional y relaciones cada vez más difíciles de iniciar y sostener.

La soledad ya no es un asunto anecdótico. Las autoridades sanitarias de los Estados Unidos la calificaron como una epidemia con efectos profundos sobre la salud y el bienestar. El mismo organismo ha advertido que no podemos concluir que las redes sociales sean suficientemente seguras para niños y adolescentes, y que existen indicios importantes de riesgo para su salud mental. De nuevo, no estamos hablando de tecnofobia, sino de responsabilidad. Ninguna industria debería poder desplegar productos adictivos sobre menores y jóvenes, optimizados mediante experimentación masiva, sin demostrar antes que no destruyen los fundamentos psicológicos y sociales de quienes los utilizan.

Durante mucho tiempo, las plataformas se refugiaron en una coartada cómoda: «solo damos a la gente lo que quiere». Es falso. No nos dan lo que queremos, nos dan lo que maximiza la permanencia. No optimizan para bienestar, conocimiento, amistad, amor o vida comunitaria. Optimizan para tiempo de uso, recurrencia, reacción y monetización publicitaria. Si para conseguirlo tienen que radicalizar, radicalizan. Si tienen que angustiar, angustian. Si tienen que convertir la autoestima en un mecanismo de dependencia, lo hacen. Y si el resultado agregado es una sociedad más sola, más enfadada, más desconfiada y con menos parejas, lo llaman externalidades.

Ahí está la irresponsabilidad central: diseñaron sistemas que intervenían sobre la conducta humana a escala planetaria sin asumir ninguna responsabilidad por sus efectos. Primero rompieron la conversación pública. Después rompieron la confianza. Ahora empezamos a sospechar que también están erosionando las condiciones básicas de la reproducción social. No porque Facebook, Instagram, TikTok o YouTube «causen» por sí solos la caída de la natalidad, sino porque amplifican, aceleran y consolidan todos los factores que la hacen más probable: aislamiento, inseguridad, expectativas irreales, polarización entre hombres y mujeres, ansiedad, deterioro de la salud mental y sustitución de la interacción presencial por consumo algorítmico.

No se trata de pedir a la gente que tenga hijos: esa decisión pertenece a cada persona y a cada pareja. Se trata de algo que va mucho antes: de preguntarnos qué tipo de entorno social estamos construyendo cuando la infraestructura dominante de relación entre personas está diseñada por compañías que ganan más cuanto más tiempo permanecemos mirando una pantalla. Una sociedad en la que la conversación se deteriora, la confianza se erosiona, la intimidad se aplaza y la pareja se vuelve estadísticamente menos probable es una sociedad que ha delegado demasiado en algoritmos que nunca fueron diseñados para cuidarla.

La solución no pasa por prohibir internet ni por idealizar un pasado que tampoco existió: pasa por prohibir la publicidad hipersegmentada, regular los sistemas de recomendación, limitar los patrones adictivos, exigir transparencia real, impedir la explotación conductual de menores, desactivar la amplificación automática de contenidos dañinos y reconstruir espacios de socialización presencial. Pasa también por dejar de aceptar la idea absurda de que la innovación consiste en lanzar productos al mundo y ya si eso estudiar después los daños. La innovación sin responsabilidad no es progreso: es extracción.

Llevo años diciendo que las redes sociales estaban rompiendo la democracia. Luego vimos que estaban rompiendo la verdad compartida. Ahora empezamos a entender que quizá también estén rompiendo algo más profundo: la capacidad de una generación para encontrarse, vincularse, confiar y proyectar una vida en común. Y cuando una tecnología empieza a afectar no solo a lo que pensamos, sino a cómo vivimos, amamos y nos reproducimos, seguir hablando de «engagement» resulta prácticamente obsceno.


This article is also openly available in English on my Medium page if you use this link, «The algorithmic loneliness behind falling birth rates»

35 comentarios

  • #001
    Alguien - 18 mayo 2026 - 09:21

    La edad biológica de tener hijos para la mujer (que es la parte más importante en este caso) sería entre los 20 y los 30 años, y tener 2,1 hijos de promedio.

    En España el primer hijo se tiene a los 32 y se tiene 1,1 hijos de promedio.

    Situaciones similares ocurren en otros países.

    32 años! 1 hijo por mujer! esto es algo que no parece tener mucho que ver con redes sociales.

    Yo creo que los móviles y las redes apenas tienen influencia.

    La tendencia ya viene de antes.

    Se fortaleció cuando salieron los móviles, pero es que coincidieron con una crisis económica y de la vivienda, y por eso se ve cierta correlación.

    Obviamente, si a la gente le quitas todo entretenimiento, terminan haciendo mas hijos.

    Sin TV, sin videojuegos, sin smartphones, etc, al final quedaría más contacto físico y más aburrimiento, y eso nos llevaría indudablemente a mas niños.

    Pero no creo que sea mucha culpa «de las redes sociales».

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    • Asier - 18 mayo 2026 - 10:41

      Yo también creo que se dan muchos otros factores y que en conjunto están creando la tormenta perfecta para que la natalidad caiga en picado. Lo de los smartphones y redes sociales, siendo parte de la causa, habría que ver si no es más correlación que causalidad.

      Principalmente se lo achaco al aumento de la calidad de vida junto con una oferta infinita de ocio, donde tener hijos se percibe como una tarea interminable que además de costosa ‘roba’ muchísimo tiempo para disfrutar de las infinitas posibilidades que ofrece la vida moderna. Antes gran parte de la motivación para tener hijos era que nos cuidaran de mayores o siguieran con el negocio familiar generando recursos para cuando nos retiráramos pero con las garantías del estado de bienestar ya no tiene tanto sentido.

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      • Alguien - 18 mayo 2026 - 13:15

        En efecto, aumento de la calidad de vida junto con una oferta infinita de ocio, y junto con una disminución de la capacidad económica a los 20 años.

        En los 70s la gente se metía en una hipoteca con 25 años. Incluso viviendo solo. A los 30-35 ya la tenían pagada.

        En la actualizad una hipoteca la pillan con 40 años, entre dos, y a pagar en 30 años.

        Y además, con 25 años, son los dos trabajando sin tiempo para cuidar niños, que además ahora es mucho más difícil, no los puedes dejar solos ni jugando en la calle. Lo cual, por cierto, los infantiliza aún más.

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      • Pablo Esteban - 18 mayo 2026 - 17:14

        Creo q estos 2 comentarios presentan aproximaciones válidas hace 15 años y están recogidas en el primer párrafo del artículo de Enrique Dans.

        Pero su análisis va mucho más allá, a 2026, a las condiciones o influencias de los últimos 15 años, y a nivel global, no sólo en el ámbito de España o de las economías del mundo desarrollado … sino a todo tipo de economías, sociedades, culturas y religiones.

        Así creo q además de todos los aspectos materiales degradados (vivienda, salarios, oferta de ocio infinita …q efectivamente tienen una gran influencia) hay algo más … y ahí es donde va el artículo … las redes sociales, su permeabilidad en las mentes más jóvenes y las oportunidades de encuentro físico, seguro, tranquilo, chisposo … que eliminan …

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  • #005
    Gorki - 18 mayo 2026 - 10:38

    La última vez que visité mi pueblo, Rueda (Valladolid), me sorprendió lo muerto que está, pese a que ha vivido un florecimiento con las bodegas de vino., No hay paro, hay algunos buenos sueldos y hay futuro para los jóvenes y no hay problema de vivienda, pero las calles estaban vacías y muchos bares han cerrado y casi no hay vida social. Yo pregunté a un amigo a qué se debía que no salieran ya a los bares y el me dijo que la culpa es de Neltflix la gente en vez de bajar al bar, se queda en casa viendo una serie.

    Yo creo que el tener un espectáculo al alcance de un click, sea un serie, o TikTok, en efecto reduce socialización y con ello la posibilidad de noviazgos.

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  • #006
    Benji - 18 mayo 2026 - 11:10

    Hay varios factores más que sumaría a esta lista del señor Dans.

    1) La economía precaria
    2) La falta de acceso a viviendas
    3) El egoísmo innato de muchos no dispuestos a ceder, algo imprescindible para una vida de pareja
    4) El alto coste de in vitro o vientres de alquiler. El primero lo puede hacer la seguridad social, el segundo cuenta con mucho rechazo social
    5) La imposibilidad real de adoptar (mi mujer y yo queríamos adoptar en Ucrania a algunos hermanos huérfanos… no fue bien la cosa, no pasamos ni al papeleo)
    6) La comida cada vez menos sana, hormonada y con ultraprocesados agarrando más y más fuerza
    7) Estrés y falta de tiempo
    8) La falta de estabilidad en muchas parejas

    Si todo ello se suma a las redes sociales (Enrique Dans), a las series (Gorki), al aumento de la edad media (Alguien) y asociarlo al costo (Asier) económico y temporal…

    Pues es la tormenta perfecta, ¿no?

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    • Alqvimista - 18 mayo 2026 - 11:57

      Efectivamente, ligar este problema social sólo al fenómeno smartphone y RRSS creo que es un error. Casualidad no implica causalidad
      Creo que la gran crisis económica mundial del 2008 es más influyente al causar unos menores ingresos e imposibilidad de adquirir vivienda.
      La Crisis explica mejor esos cambios sociales.

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      • Alqvimista - 18 mayo 2026 - 13:36

        Este comentario va destinado más al análisis del WSJ que al del sr. Dans, por si hace falta aclararlo.

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      • Gorki - 18 mayo 2026 - 13:42

        No creo que sea por la crisis económica, El boom de la natalidad en España ocurrió entre 1958 y 1975.y no creo que nadie opine que entonces la economía era mejor quela actual, De hecho, los españoles emigraban a centroeuropa en cantidad.

        Creo que influye el que hoy sea sencillo y no mal visto desde el punto de vista moral, utilizar anticonceptivos y si hoy puedo tener un hijo, pero tengo otras prioridades, lo dejo para mañana,… hasta que se pasa el arroz.

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        • Alqvimista - 18 mayo 2026 - 14:03

          Eso es muy relativo porque:
          1- El WSJ no habla de España, precisamente. Y el problema ahora es mundial.
          2- A lo largo del s.XX y en casi cualquier país y de forma muy generalizada, en una familia trabajaba el hombre, la mujer era ama de casa y aún así esa familia podía comprar una casa, comprar un coche, criar mínimo 3 hijos e incluso enviarlos a la Universidad (según país, claro).

          Ahora, y también de forma muy generalizada, trabajan ambos y aún así tienen grandes dificultades económicas o para acceder a una vivienda.
          ¿Qué salario necesitarías ahora para que una familia pueda comprar una casa, pagarla a no más de 20 años, un coche familiar donde meter a tres o cuatro hijos e irse de vacaciones aunque sea sólo años alternos?

          Todo esto de manera muy generalizada, insisto.

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        • Alguien - 20 mayo 2026 - 13:38

          La época de 1960-1970 ?

          Un hombre de 25 años en 1965 tenía certidumbre/optimismo económico, con un solo sueldo medio podía costear una vivienda propia, pagar la hipoteca en menos de 10 años y mantener una familia de tres o cuatro miembros y comprar un coche.

          Seamos serios, no hay comparación. 1960-1970 fue una época de boom económico, mil veces más fácil formar una familia que ahora.

          Responder
  • #012
    D. FALKEN - 18 mayo 2026 - 12:03

    Es lo que tiene el individualismo cuando se convierte en una suerte de ‘religión mundial’. Todo lo demás es una serie de causas y consecuencias encadenadas. Y todo esto, desemboca en el síndrome de la rana hervida.

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  • #013
    Alqvimista - 18 mayo 2026 - 12:10

    Para encontrar pareja hay que exponerse a la imperfección, a la conversación torpe, a la presencia física, al aburrimiento compartido, a la vulnerabilidad.

    Y no sólo para encontrar pareja, para simplemente SOCIALIZAR. ¿Cuántas veces hemos dicho algunos en este blog que era un error que los padres dejaran a los niños al cuidado de un teléfono? ¿Que los niños necesitan socializar cara a cara y no a través de una pantalla? Que sí, que vale que como herramienta para estudiar podía servir como también sirve una calculadora, pero no como instrumento de uso casi permanente. ¡Qué tristeza ver a un grupo de ¿amigos? en el patio del colegio comunicándose entre sí vía teléfono!
    Y nos llamaban luditas o prohibicionistas.

    Ahora tenemos a los políticos preocupados por la natalidad, hasta ahora no se habían preocupado por el cambio social, pero cuando se toca la natalidad… ¡que se preocupen por permitir a una pareja vivir con un sólo salario, de acceder a una vivienda!

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  • #014
    Dedo-en-la-llaga - 18 mayo 2026 - 12:43

    Uhm, a ver, que el artículo no va de confundir causa(lidad) con casua(lidad), sino de mostrar hasta qué punto un sistema que vive de fagocitarse a sí mismo, lo hace más y mejor teniendo un buen aparato de masticación. Y este aparato de masticación son las pantallas: la pantalla te chupa, te come y luego te escupe. Es de estructura, por eso se puede decir «me comía con la mirada» o «este come con los ojos», etc., etc. Nuestra arquitectura pulsional está «diseñada» así.

    Y claro, basta que alguien se invente todo un aparataje que explote esta arquitectura hasta su más íntimo recodo, y que ese aparataje tienda a infinito, (o sea, no tenga límites, ¿o es que ya hemos olvidado el Nothing is impossible…?) para que todo, atención, se compulsivice, y por lo tanto se vuelva tóxico. ¿Y qué es tóxico? Hablad con un toxicómano, con un alcohólico, con un ludópata, con un anoréxico, y podréis entender el mundo en el que vivimos… De lo contrario, es que NO entenderéis nunca, jamás, nada de nada.

    PD: Obviamente, NO estoy diciendo, como también lo señala Dans, que todo esto sea el ÚNICO factor. Las cosas sociales son siempre retorcidamente complejas.

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    • Lua - 18 mayo 2026 - 13:13

      Pues yo, me quedo con dos comentarios de este articulo:

      La generación Z quería un reloj de lujo por 400 euros: ha terminado con tiendas cerradas, peleas y gases lacrimógenos

      «A primera vista me había parecido más un regalo de la caja del Colacao que un reloj de lujo»

      «la GenZ se lo come todo… y son los mismo que que se quejan que no pueden ahorrar dinero para comprar una casa, y son «forzados» a vivir con sus padres.

      a juntar a esto, añadimos las suscripciones de netflix, spotify, iphones, cafés a 5€ todos los días (starbuck), comida a domicilio, bebidas caras, etc etc..»

      Sin quitarle razon a eDans y apoyandome en comentarios de Alqvimista y Benji… que desastre todo…

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      • Alqvimista - 18 mayo 2026 - 13:33

        Es que hemos creado una Sociedad infantiloide. Sin Educación Moral en casa, sin Educación Intelectual en el Colegio, sin capacidad Social, sin siquiera la excusa del ‘trabaja, vive dignamente’.
        Con la Clase Media desaparecida, hemos vuelto a los tiempos de los Ultra Ricos, Ricos y Supervivientes pobres.
        Y ahora nos quejamos de que los pobres no tienen hijos…

        _
        Yo recuerdo que cuando nació la marca, allá por los noventa, ya se crearon esas histerias con los Swatch.

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      • Matt - 19 mayo 2026 - 02:10

        A ver, el consabido «se quejan de que no pueden pagar 1000 euros por un zulo pero tienen netflix y movil» es cuñadismo de manual.
        Y yo apostaría a que los de las colas de los swatch son esos aprendices de criptobros con el cerebro lavado por los influmierders liberfachas que solo piensan la mitad en poder presumir de algo de marca pese a ser unos mataos y la otra mitad en venderlo en wallapop por el doble.

        Responder
        • Lua - 19 mayo 2026 - 16:51

          «Cuñadismo»… Matt…???

          Se llama priorizar… hay gente que prefiere un iPhone antes que llenar la nevera… preguntale a Cofidis… no me jodas…

          Responder
          • Luis - 22 mayo 2026 - 18:17

            A ver, que Netflix y Spotify cuestan entre 15 y 30 € al mes, y un móvil dura varios años, incluso uno de 1.000€ se amortiza a 20-30€ al mes.

            Ese gasto mensual no es nada comparado con el coste de la cuota mensual de una hipoteca, más aún si pretendes comprar un piso en el que te quepan 2 o más hijos.

            Aunque añadas otros supuestos gastos superfluos: los genZ no se gastan 5€ al día de media en Starbucks, pero si así fuera, son 150€ al mes, sigue sin dar para la hipoteca de un piso familiar.

            Responder
  • #020
    Alguien - 18 mayo 2026 - 13:17

    Creo que habría que hacer una simple encuesta a pie de calle o via web a mujeres de 20-29 años:

    – ¿Por qué no tienes hijos?

    Y si dicen que es porque prefieren salir bailando en TikTok y guapas en Instagram, la culpa es de las redes sociales.

    Responder
    • BUZZWORD - 18 mayo 2026 - 14:07

      La culpa es de los curas que no quitan el celiato, en una sociedad que se mira cada vez más en el espejo de la tauromaquia, de la ideologia ultra, de la iglesia con su apogeo de procesiones que surjen como setas por todos lados… la realidad es que hay una mayoría de brainless que les toman como ejemplo y claro no follan, y el que lo hace desde el pto de vista woke lo hace de forma más «hetero»diverso y por tanto poco fecunda ese esperma lanzado de forma aleatoria en Shangay….

      En toda ironía hay un «cul de sac» profundo…
      PS: modo ironico «on»

      Responder
  • #022
    BUZZWORD - 18 mayo 2026 - 14:16

    Hubo hace una semana un debate fuera del mundo STEM sobre los modelos de lenguaje masivos.

    ESTO SE NOS VA DE LAS MANOS.

    Debate (no de baseball) sobre los LLMs en el ateneo de Madrid. Ese reducto woke de Luis Arroyo

    Responder
  • #023
    Xaquín - 18 mayo 2026 - 15:32

    «Las redes sociales nos prometieron conexión… » (EDans).

    Con las RRSS hemos topado de nuevo, como dicen dijo el otro, aunque parece que no… y la cosa sigue estando muy oscura.

    Por lo visto lo que cuentan en la peli La Red Social, no vale para nada.

    Porque allí explican por activa y por pasiva, que, el invento de la susodicha y tan citada red, es para montar un pollo universitario , espiando unos a otros y tratando de ligar o desligar, como si no hubiera un mañana… y las tareas universitarias (oficiales o no) fueran un conjunto de enormes burbujas llenitas de mierda. Para que las hagan los «tontos» de turno. Los «listos» estaban enfrascados en su proyecto de red social.

    Luego vinieron los usuarios y la cagaron aún más (la típica mediocridad del SH actual…)… Pero, de ahí a creerse lo de la conexión, en una red que solo la promete claramente (en la peli y su primer tiempo de uso) para sabichear y decir guarradas de los otros…

    ¿Dónde estaba eso de conectar-comunicar con el otro-ayudar a una mejor comprensión expresiva…? Please, someone explain this to me.

    Responder
  • #024
    Mauricio - 18 mayo 2026 - 17:44

    Lo que más me sorprende cuando se habla del tema de la disminución de la tasa de natalidad es que nadie le pregunta la razón de lo sucedido a los que estuvimos involucrados en todo este proceso. La cuestión es muy simple, a quienes formamos parte de la denominado generación X, nuestros padres nos dijeron que deberíamos primero culminar nuestros estudios, disfrutar de la vida y que luego ya tendríamos tiempo para pensar en formar una familia y tener un par de hijos. Y eso fue lo que efectivamente hicimos, sin considerar que hay un reloj biológico que permanece inamovible y que nos impidió incluso alcanzar la modesta meta de tener dos descendientes. La mayoría tuvo uno o ninguno o gemelos por inseminación artificial e incluso los pocos que sí se decidieron a tener hijos a tiempo, nunca consideraron que fueran más de tres.

    Así que fue, en realidad, la generación de los baby boomers la que impulsó unos cambios demográficos que luego otros factores que algunos ya han mencionado en sus comentarios han ayudado a consolidar. Sé perfectamente, además, que muchas parejas aseguran no haber querido nunca tener hijos cuando en realidad lo que sucedió es que no pudieron concebirlos, pero no quieren contárselo a los demás, ya que resulta duro darse cuenta de que uno sencillamente ha sido manipulado por una sociedad que suele recomendar diversas cosas sin analizar a fondo las posibles consecuencias.

    Responder
    • Dani - 18 mayo 2026 - 23:08

      «resulta duro darse cuenta de que uno sencillamente ha sido manipulado por una sociedad»

      Es cierto. Supongo que casi todos conocemos muchos casos de mujeres que no descubren que quedarse embarazada es difícil o casi imposible según la edad hasta que les ocurre.

      Responder
  • #026
    Matt - 18 mayo 2026 - 18:48

    Buf, no lo veo del todo. Sigo creyendo que la principal causa es la precariedad: si no puedes independizarte, no hay estabilidad en el empleo y los sueldos son bajos y se está desmantelando la sanidad y la educación publica está difícil lo de plantearse tener hijos. Aunque lo que se comenta en el artículo tambien se debería tener en cuenta y considerarse, desde luego.

    Responder
    • Dedo-en-la-llaga - 18 mayo 2026 - 20:27

      Eso de sueldos bajos y tal y pascual, no le queda bien a la brutal subida del salario mínimo en este país. Que es uno de los que menos hijos tiene y, encima, uno de los más viejos. Algo gordo está pasando.

      Responder
  • #028
    Alqvimista - 18 mayo 2026 - 23:41
  • #029
    Pedro - 19 mayo 2026 - 00:08

    Pues la mayoría de gente que conozco, con o sin pareja, que dice que no tendrá hijos es porque «no quieren que tengan que vivir en el mundo que les vamos a dejar», en referencia sobre todo al calentamiento global, la falta de trabajo fijo, los pecios de todo por las nubes, las guerras…

    Yo les respondo que, por esa misma regla de 3, ninguno de los que ahora tenemos más de 60 años habríamos nacido. Y enmudecen.

    Así que, sin obviar todo lo apuntado aquí, la razón fundamental para que no tengan hijos es el egoísmo.

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    • Matt - 19 mayo 2026 - 02:05

      Bueno, hay gente que consideraría más egoísta tener niños sin saber si les vas a poder dar una vida aceptable o si no van a vivir en un mundo de mierda simplemente porque tú quieres tener hijos.
      «Casualmente» los mismos que dicen lo de que «la gente hoy en día no tienen hijos por egoísmo» son los primeros que cuando sale alguna noticia de que desahucian a alguna familia o alguna madre con niños o ven a inmigrantes que malviven con muchos hijos sueltan el «y para que tienen hijos si no los pueden mantener?»

      Responder
  • #031
    Manuel - 19 mayo 2026 - 04:49

    Decia Marx (el bromista) que la economia era la que marcaba el ritmo.
    Je, je, je…
    Viendo el capitalismo moderno, conquistas, mejoras y rutilante avance no me cabe duda alguna.
    Pero el ritmo, letra y melodia lo pone una fuerza muy superior que supedita todo lo que acontece en este planeta.
    Modula IA, ciencia y tecnologia y para la entrada de hoy tambien la natalidad.
    https://www.youtube.com/watch?v=LjMCL6VmAA8
    Disfrutad de la sabiduria… mientras la tengais y podais.

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  • #032
    Lucas - 19 mayo 2026 - 09:36

    Es un tema de valores y cultura. En eso las redes sociales pueden ayudar o perjudicar. Si se pone de moda la crianza y tener bebés, la gente deseará tenerlos culturalmente. Si además los hombres ejercen más de hombres (proveedores y dar seguridad/fidelidad), y las mujeres pueden liberarse de la carga proveedora, y tienen la tranquilidad de tener alguien seguro y firme al lado, más fácilmente se lanzarán a la ardua e insegura tarea de tener hijos.
    La sociedad actual es antinatalista por valores y cultura. Los valores modernos tienen una consecuencia directa o indirecta en la bajada de natalidad.

    Responder
    • Ge - 19 mayo 2026 - 17:13

      Los valores modernos de la vivienda como elemento básico para un proyecto de futuro -en relación con los salarios- es lo que tiene una consecuencia bien directa en la bajada de la natalidad.

      Responder
  • #034
    Slopedia - 19 mayo 2026 - 15:53

    Sin duda, el tema de la caída de la natalidad y el boom de las redes sociales es urgente y necesario, y es fácil no caer en el reduccionismo, gracias por tu artículo.

    Quizás la caída de la natalidad venga de décadas antes del smartphone, y podría ser que allí donde el bienestar material resuelve la necesidad de continuidad como seguro existencial, reproducirse deje de ser impulso y se convierta en elección que no siempre encuentra justificación suficiente. Las redes no habrían inventado ese vacío: lo habrían amplificado y le habrían dado una arquitectura.
    Y esa arquitectura podría tener un nombre más preciso que la soledad: narcisismo estructural, entre otros factores. No el narcisismo clínico, sino el que produce un entorno donde la identidad se construye en público y exige atención continua, además de esa paradoja entre la conexión digital y la desconexión interpersonal. Un hijo no interrumpe solo el tiempo libre, también cuestiona todo lo que mencionas (estabilidad económica, emocional…). Y, en relación a las redes, por ejemplo, interrumpe también el relato personal. ¿Quién actualiza las redes tan trabajadas con contenidos siempre a la última cuando no hay tiempo suficiente para ello? ¿Qué relación sólida puede establecerse con tu generación cuando has crecido haciendo «next» en Tinder? Parecen preguntas superficiales. Rasgar debajo es realmente lo interesante, como bien has hecho.
    En Slopedia llevamos un tiempo pensando en ello, y a través de nuestra editorial digital ‘runtime press’ publicamos hace pocos meses un ensayo breve acerca del tema. Le llamamos ‘Humano opcional’ (runtime press, 2025), con permiso compartimos una breve cita: «La reproducción dejó de ser un acto inscrito en la estructura y pasó a convertirse en una decisión sometida a examen. Y una elección que requiere justificación permanente compite con todo lo demás.»

    Gracias por tu trabajo y saludos.

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  • #035
    Jose - 20 mayo 2026 - 09:49

    Es el estereotipo de los perfiles técnicos, como los informáticos, que ahora se aplica a quien está en redes sociales: la falta de confianza en las relaciones personales, y problemas de gestión emocional. Hace tiempo que sabemos que el aislamiento, ahora amplificado por la tecnología, puede limitar nuestras habilidades.

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