Redes sociales y democracia: un encaje difícil… ¿o imposible?

IMAGE: modified from Mohamed Hassan - Pxhere (CC0)

Una tesis potencialmente muy interesante aventurada por Josh Constine, editor jefe de TechCrunch: si Facebook no es capaz de controlar el uso de su plataforma para evitar las mentiras y la manipulación en unas elecciones, lo que tiene que hacer es prohibir toda actividad de campaña electoral. Sencillamente, lo que nos jugamos como sociedad es demasiado importante como para tolerar los posibles efectos de algo así.

¿Qué es exactamente lo que Facebook ha dicho sobre ese tema? Que si bien su política de publicidad es la de no aceptar anuncios que contengan mentiras (específicamente, «contenido engañoso, erróneo o falso») y la de intentar evitarlos o retirarlos cuando es sabido que es así, la compañía exime específicamente de cumplir esa regla a los anuncios que tengan que ver con campañas políticas. Las razones que llevan a Facebook a tomar esa decisión pueden ser relativamente claras: la falsedad en política es una cuestión que puede llegar a ser muy relativa e interpretable, pero sobre todo, en donde decidirlo no parece una cuestión que pueda resolverse mediante una solución tecnológica, sino que requiere otro tipo de recursos. Y de hecho, ¿alguien piensa que poner a Facebook a decidir lo que es cierto o falso en una campaña electoral podría llegar a ser de alguna manera una buena idea?

Sin embargo, que Facebook no se considere capaz de controlar la difusión de mentiras en su plataforma cuando hablamos de campañas electorales no debería convertirse, como de hecho se ha convertido, en una especie de carta blanca para que algunos candidatos hagan de la mentira su forma de campaña y difundan noticias claramente falsas con el fin de alarmar o polarizar a la población. De hecho, el sinsentido que supone que Facebook decline su responsabilidad a la hora de impedir la mentira en campañas políticas ha sido rápidamente explotado por otra candidata, la demócrata Elizabeth Warren, que insertó en la plataforma un anuncio en modo trolling en el que afirmaba que Mark Zuckerberg daba su apoyo explícito a la candidatura de Donald Trump (para aclarar que era mentira unas líneas más abajo).

Posiblemente deberíamos plantearnos dos preguntas: la primera, ¿qué diferencia las campañas políticas de cualquier otro tipo de marketing? La idea de que los políticos mienten cuando están en campaña está enormemente extendida, pero el tipo de mentiras de las que hablamos suele asociarse con las promesas, no tanto con cuestiones factuales. Que un político prometa que va a hacer algo y después no lo haga es algo que entra dentro del panorama habitual, y que además, en el momento en que lo afirmar, no tiene comprobación posible. Otra cuestión, obviamente, es que haga afirmaciones factuales patentemente falsas, como por ejemplo que los demócratas pretenden derogar la 2ª Enmienda de la Constitución (el derecho a poseer y llevar armas), algo que ningún candidato demócrata ha dicho hasta el momento, con el fin de polarizar el voto. Eso, claramente, entra dentro de lo que se considera publicidad engañosa, y no debería poderse hacer, ni en Facebook, ni en ningún otro canal.

La segunda pregunta es qué diferencia las campañas en redes sociales de las de otro tipo de medios, de las llevadas a cabo a través de otros canales. La respuesta es sencilla: su enorme capacidad para la segmentación en función de variables de todo tipo. Eso permite al político que miente dirigir sus mentiras precisamente a aquellos colectivos que identifica como más vulnerables o sensibles a esas mentiras, lo que le proporciona una capacidad de manipulación muy superior. Una mentira evidente que intenta ser difundida a través de un canal masivo se encontrará generalmente con una respuesta masiva inmediata, probablemente a través de las redes sociales, que puede asumir que una gran parte de la población tiene información de contexto sobre el tema, y que puede hacer que la mentira se vuelva contra su emisor. En una red social, en cambio, la mentira puede administrarse, puede hacerse crecer en determinados colectivos menos críticos o reactivos, y puede difundirse con estrategias progresivas, a modo de bola de nieve que rueda por una ladera, y que en muchos casos nos llega a través de los perfiles de amigos o conocidos en los que confiamos. Contra las mentiras a través de redes sociales, en muchos sentidos, estamos menos equipados, menos preparados como sociedad.

Como el autor del artículo dice, cuando un juego es peligroso, no nos planteamos eliminar al árbitro, sino dejar de jugar. La evidencia de la peligrosidad del juego no la tenemos simplemente en los Estados Unidos en las elecciones anteriores y en las siguientes si no hacen nada para evitarlo, sino en hasta setenta países que han sido ya objetivos de campañas de desinformación políticas de diversos tipos, por diversos actores, a lo largo de la relativamente corta historia de las redes sociales. Entre utilizar las redes sociales para hacer llegar un programa electoral a colectivos en un área o con un demográfico determinado como se hacía anteriormente, y usarlo para provocar la difusión de mentiras destinadas a polarizar el voto hay claramente una gran diferencia. Pero de una manera u otra, el problema se termina si, mientras no se desarrollan mecanismos adecuados para lidiar con el problema, se dejan de utilizar las redes sociales para campañas electorales.

¿Sería posible hacerlo? Para las compañías que gestionan esas redes sociales, obviamente, algo así supondría importantes pérdidas económicas. Es relativamente habitual que Donald Trump sea el mayor anunciante en Facebook, lo que da una idea de la naturaleza de sus estrategias. ¿Sería posible obligar a Facebook a renunciar a esos ingresos? Pero, más importante aún… ¿supondría eso la solución del problema? Muchas de las campañas de desinformación política utilizadas en redes sociales no están etiquetadas como campañas publicitarias, sino que toman la forma de «coordinated inauthentic behavior», supuestos grupos ciudadanos, activistas o cuentas generalmente falsas que simulan actividad legítima de ciudadanos supuestamente reales. Si se prohibiesen las campañas electorales explícitas en las redes sociales, ¿no podría llevar eso a un incremento inmediato de la actividad ilegítima, como forma de tratar de lograr el mismo fin a través de un método diferente?

Si no permitimos – o al menos, intentamos impedir – la falsedad en la publicidad en todo tipo de productos o servicios, ¿qué sentido tiene que la política sea un «vale todo»? Y si ni siquiera «vale todo» en medios convencionales, ¿por qué en las redes sociales sí? ¿Tenemos que asumir que el actual modelo de redes sociales es incompatible con una democracia sana? ¿Tiene sentido, dado que las plataformas sociales afirman no ser capaces de poner bajo control las mentiras y la manipulación en campañas electorales, obligarlas a dejar de participar en esa actividad? ¿Deberíamos imponer límites a la publicidad en redes sociales e impedir que los partidos políticos o candidatos las utilicen para tratar de convencer a sus votantes? ¿Tendría sentido plantear algo así, unas redes sociales libres de actividades de campaña electoral explícita, al tiempo que tratamos de controlar la «coordinated unauthentic behavior«? ¿Muerto el perro, se acaba la rabia? ¿O ese perro no se va a dejar matar tan fácilmente?


This article was also published in English on Forbes, «Social networks and democracy: a difficult fit, or just plain impossible?«


18 comentarios

  • #001
    Gorki - 15 octubre 2019 - 11:10

    Hoy toca Facebook

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  • #002
    Pit - 15 octubre 2019 - 11:16

    El estado de la difusión de mentiras y manipulaciones en facebook daña profundamente la convivencia en las sociedades democráticas. Sólo se me ocurre una forma en que podría empeorar la situación: exigir a la propia Facebook que decida sobre la veracidad de la «información política» que circula por su red.
    Nada de lo que le pidamos a Facebook que haga para impedir la difusión de «mentiras» va a servir para nada, salvo para dar alas a las tendencias censoras que todos llevamos dentro y con toda seguridad difundir una sensación de discriminación informativa en todos los sectores sociales.

    Creo que solo deberíamos hacer dos cosas. La primera es aplicar las leyes por los tribunales existentes, con alguna adaptación si se estima necesaria. La segunda es asumir el hecho de que hay mucha gente que igual que se cree lo del alargador de pene o la pulsera magnética, es capaz de tragarse cualquier chorrada populista, y contra esto solo cabe seguir llenando el discurso político de argumentos racionales y huir de los remedios mágicos que nos emparentan con ellos (como dijo Isiah Berlin la idea más peligrosa del siglo XX es que hay soluciones sencillas a los problemas más complejos)

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  • #003
    Asier - 15 octubre 2019 - 11:25

    El problema es que la mentira y el engaño no tengan consecuencias. Tanto las redes sociales como cada uno de nosotros tendríamos que bloquear/boicotear/»castigar» a todos los productos, personas, empresas o partidos políticos que nos mientan o traten de engañar. Tendrían bastante más cuidado la próxima vez. Por desgracia no actuamos así (¿os suena lo de seguir votando a los mismos corruptos?) pero es bastante sencillo: rompe lazos con todo aquello que ha tratado de engañarte, porque muy probablemente volverá a hacerlo.

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  • #004
    MANUEL MARIN - 15 octubre 2019 - 14:55

    Ciertamente difícil dilema. ¿Va a resultar que somos incapaces de gestionar la libertad sin poner en peligro la democracia? Seguramente en China tendrían mecanismos para controlarlo. ¿Podremos nosotros conseguirlo desde la libertad?

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    • Pedro Torres Asdrubal - 15 octubre 2019 - 16:45

      La libertad solo tiene sentido si podemos equivocarnos.

      Pretender evitar los errores mientras se respeta la libertad es como liberal a los afganos invadiéndolos.

      No puede tenerlo todo, o permite el error, o lo impide. Elija.

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  • #006
    Juan - 15 octubre 2019 - 15:15

    Recordemos además los sonados escándalos producidos a partir del papel de facebook y twiter en las elecciones de EEUU en 2016, o su utilización via cambridge analytica en el brexit. En lo personal, se ha dicho que este este tipo de prácticas también han sido utilizadas en las elecciones de mi pais. El avance tecnológico lamentablemente también trae estas cosas. Debemos lograr sociedades cada vez más educadas, más conscientes, más justas. Seguramente es una utopia pero vale la pena intentarlo.

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    • Pedro Torres Asdrubal - 15 octubre 2019 - 16:43

      Hillary tambien uso las redes sociales. Que le funcionara a Trump o a Cumming en el Brexit es anecdótico.

      Es como culpar a la TV de que Kennedy derrotara a Nixon.

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      • JUAN - 15 octubre 2019 - 17:42

        Justamente Pedro. Estoy de acuerdo con tu comentario pero tal vez no se entendió bien lo que quise decir. Sin perjuicio de que la TV y demás medios deberán su mea culpa, ya que lejos de informar muchos de ellos son formadores de opinión, somos los ciudadanos quienes debemos aprender a distinguir la paja del trigo, y darnos cuenta cuando nos estan usando sistemáticamente, apoderándose de nuestros hábitos más sencillos en las redes sociales para llevarnos de las narices a donde quieren.

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        • Pedro Torres Asdrubal - 16 octubre 2019 - 15:10

          Esta culpando a los ciudadanos, y eso es muy «católico».

          También es bastante aristocrático, aunque lo mitiga usando la primera persona del plural.

          Tiene un reto mayor, mirarse al espejo y verse como es en realidad, como decía el lema de Delfos: «conócete a ti mismo». Entonces verá que con decenas de millones como nosotros se genera la realidad, lo bueno y lo malo.

          El conocimiento, como la libertad, no nos lleva a la sabiduría, sino a la angustia que da el vértigo.

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      • Enrique Dans - 15 octubre 2019 - 17:49

        Totalmente de acuerdo, Hillary utilizó las redes sociales. Y Obama antes que ella. Pero como digo en la entrada, las utilizaron «a la antigua», simplemente para difundir su programa y hacerlo llegar a las personas, con mensajes algo personalizados en los que resaltaba los aspectos de su programa que más podían interesar a cada demográfico, o tocando a personas en un área geográfica en la que iba a dar un mitin, o intentando recaudar fondos. Entonces llegó Trump (with a little help from his friends) y las empezó a utilizar «a su estilo», para difundir noticias falsas, para polarizar y sacar de sus casillas a las personas en función de variables sociodemográficas y comportamentales, como aún sigue haciendo. Ese uso, el de usar las redes para mentir y provocar, es el que está en discusión: si hablamos de un tipo de publicidad que nunca podrías plantearte hacer en televisión o en prensa, porque simplemente harías el ridículo porque los periodistas contrastarían lo que has dicho y te lo echarían en cara, ¿por qué debe poderse hacer en redes sociales? Si Facebook u otras plataformas no son capaces de evitar ese uso, ¿no deberíamos de dejar de permitir campañas en esos medios? ¿O hay que acostumbrarse a que ahora las campañas sean así, sucesiones de mentiras pensadas para polarizar e indignar al votante?

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        • Gorki - 15 octubre 2019 - 20:23

          ¿Cuando un político en campaña electoral ha dicho verdad?

          “las promesas electorales están para no cumplirse”.. Tierno Galván

          Rajoy reconoce haber incumplido hasta en 30
          ocasiones su promesa de bajar impuestos

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        • Pedro Torres Asdrubal - 16 octubre 2019 - 15:00

          Trump empezó cuestionando que Obama fuera yanqui, y ni presentando la partida de bautismo soltó el hueso.

          (Hipotesis) La desaparición de la URSS, el triunfo de la globalización y el baby boom, han llevado a un exceso de mano de obra y la erosión de sueldos a cuestionado el contrato social: progreso a cambio de confianza en el gobierno.

          Tu pregunta al revés: el votante está indignado, ello le polariza y comparte mentiras que ofenden a sus «enemigos», las cuales tienen más éxito en campaña que los eslóganes tradicionales.

          En China, donde el contrato social está en vigor, el gobierno tiene carta blanca hasta para aplicar el reconocimiento facial.

          Si la justicia permite a Bozo mentir con su autobus, Internet no va a ser más papista que el Papa.

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  • #013
    Pedro Torres Asdrubal - 15 octubre 2019 - 16:41

    Resumen: «ojos que no ven, corazón que no siente».

    En un colegio los nenes se hicieron fotos con el móvil en el baño, y cuando los padres las vieron culparon a la dirección del centro por no estar pendiente. A partir de entonces se prohibió que los niños llevaran teléfonos en todos los colegios.

    FB nos muestra como somos en realidad y no va a funcionar matar al mensajero.

    Lo de matar al perro le funciono a Hitler o Stalin, pues la mayoría solo cambiamos de opiniones con la muerte.

    ¿La mierda cae desde arriba o sube desde abajo?

    Hay quienes creen en los reyes magos, tres solamente, y quienes sabemos que detrás somos cientos de millones, somos legión.

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  • #014
    Juan Pena - 15 octubre 2019 - 18:23

    «Las tecnológicas son el mayor contaminante del planeta»

    Viajo por que tengo motivos. Consumo carne porque soy omnívoro al igual que consumo lacteos, vegetales, pescado, etc. Leo libros porque me inclulcaron el virus de la lectura. Me conecto a internet para consultar, aprender, divertirme con algún que otro video, comunicarme con amigos, etc

    PERO PARA QUE COÑO SIRVEN INSTAGRAM, FACEBOOK O TWITTER solo para aumentar la huella de CO2 para seguir algún pedante que cree que es importante que sepamos lo que piensa en 10 palabras. No eres especial por seguir a tanto gilipollas que busca llevarte al huerto para hacer negocio contigo. Luego republicanito protestón te sacan un ojo con una pelota de gomaYa lo has conseguido ahora «El tuerto es rey». Que contrasentido.Si eras republicano

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    • Gorki - 15 octubre 2019 - 20:14

      PERO PARA QUE COÑO SIRVEN SÁLVAME, OPERACION TRIUNFO Y LA TELEBASURA

      — Pues que distrae a mucha gente y esa gente tiene derecho a divertirse

      Si vamos a quitar lo que a ti o a mí no nos agrada, dejamos en cuadro el mundo del ocio.

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  • #016
    Xaquín - 15 octubre 2019 - 18:55

    Con la libertad de expresión «hemos topado», que no és exacto del todo, pero es muy preciso.

    El político (la mayoría, en la actualidad) miente con promesas e incluso contando la historia. Pero nada de rasgarse las vestiduras, porque un profesor de historia puede ser el ser humano más mentiroso del mundo.

    Parece imposible que cortar la cabeza del mensajero sea asumido mayoritariamente como un buen camino, para evitar tanto la verdad como la mentira. Y así nos va.

    La comunicación virtual no aumenta la gravedad (y cantidad) de las mentiras habituales. Es la domesticación humana que padecemos, la que favorece una propagación casi exponencial de las mentiras. En la Red y el barrio de cualquier ciudad. incluidos lógicamente los peores, los barrios ricos.

    Sigue habiendo mogollón de profes que valoran más la memorización de fechas y batallitas, que la adquisición de una capaciad (muy humana por cierto) para hacer y usar filtros de todo tipo. También virtuales.

    Y finalmente, esa afirmación de que los periodistas se enfrentan al político, para decirle lo que no les gusta, y sobre todo las mentiras históricas, económicas… , me obliga a un consejo (que nunca me gustaron) : necesitas mirártelo.

    Porque no pienso que el periodista medio, y más metido en «poderes y tertulianos varios», pueda presumir «de verdad» de un nivel medio alto en saberes necesarios para contrastar datos reales en esta sociedad megainformada. Pero con mierda informativa para parar un tren.

    Ya está bien de vivir de subvenciones y del paraguas policial. ¿No tocaría ser más autónomos (incluso independientes) de los diversos poderes establecidos? Sobre todo, de esos que no se cansan de repetir la cantinela de «nosotros somos mejores».

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  • #017
    achoapps - 18 octubre 2019 - 14:06

    Que daño están haciendo las redes sociales y toda la tecnología que tenemos… Pronto cambiará el mundo.

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  • #018
    Javier - 25 octubre 2019 - 13:56

    Si le estamos pidiendo a Facebook que controle la difusión de una opinión sobre las intenciones del Partido Demócrata sobre la segunda enmienda americana, intención que es de hecho compartida públicamente por muchos representantes electos y votantes demócratas, es que definitivamente hemos perdido el norte, con todos mis respetos hacia Enrique.

    No se puede forzar a una empresa a ejercer de policía del discurso público ni permitir que se ponga a ejercerlo por su cuenta.

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