Las fake news como problema generacional

IMAGE: Memyselfaneye - Pixabay (CC0)

Un estudio de College Reaction para Axios afirma que los integrantes de la llamada Generación Z están mucho más preparados y son más inmunes a las fake news porque aplican más contexto, matices y escepticismo a su consumo de información.

Como profesor que lleva ya un buen número de años tratando con la Generación Z, me temo que pensar en algún tipo de «inmunidad» o, como menciona el artículo, «superioridad innata» es un enorme error, comparable a aquella absurda calificación ya descartada que afirmaba que existían los «nativos digitales«.

No, ni los nativos digitales existen, ni la Generación Z está más preparada para hacer frente a las fake news, y pensar eso solo nos llevará a no cuidar su educación, a no hacer énfasis en su preparación, y a perpetuar el problema. La gran verdad es que ninguna generación está más o menos preparada que la anterior para nada: las diferencias genéticas no tienen lugar en el paso de una generación a otra, sino a través de muchas más generaciones, y a través de mutaciones que se producen por casualidad y que, de alguna manera, condicionan el éxito reproductivo de algunos individuos con respecto a otros. Es completamente absurdo y sin sentido pensar que la Generación Z tiene algo diferente en su genética a lo que tenían sus padres o sus abuelos: esa afirmación, simplemente, indica que quien la hace no tiene ni idea de genética.

Sí es cierto que la Generación Z ha estado más tiempo durante su vida, y en particular durante su infancia y juventud, en contacto con la red, y que eso puede determinar procesos de aprendizaje más basados en la experiencia, como bien ilustraba el genial Randall Munroe en alguna de sus tiras. Pero ese aprendizaje basado en la experiencia produce resultados muy desiguales y, sobre todo, no suficientemente estructurados ni formalizados: es posible que la Generación Z se trague menos bulos y menos fake news que sus padres y abuelos, pero eso no quiere decir en absoluto que estén de alguna manera «inmunizados» contra ellos. De hecho, en las discusiones en mis clases con alumnos pertenecientes a esa Generación Z me enfrento constantemente a mitos, fake news o titulares mal interpretados, y me veo obligado a hacer constantemente una labor didáctica de verificación.

Si el aprendizaje de la verificación, el fact-checking y la aplicación del juicio crítico no se lleva a cabo de manera formalizada como parte del proceso educativo, su implantación termina siendo desigual, irregular y voluntarista. La decisión de Finlandia de formalizar ese tipo de contenidos en lugar de asumir que los niños de alguna manera «nacen preparados» parece estar funcionando especialmente bien, y debería servir como modelo. La vulnerabilidad a las fake news depende no solo de la edad, sino en gran medida de la experiencia online de la persona, de su voluntad de invertir esfuerzo en el proceso de verificación, y de otros factores, como la reiteración.

Una dieta informativa adecuada y el conocimiento sistematizado y estructurado de los procesos de transmisión viral o de los perfiles que tienden a difundir información falsa resultan fundamentales para evitar el efecto de las fake news. Redes sociales carentes de principios éticos como Facebook, que anteponen sus métricas al uso de mecanismos para detener la circulación de fake news, resultan enormemente peligrosas, como hemos visto en países como Birmania y muchos otros y como, desgraciadamente, nos disponemos a ver en otros como Nigeria o Etiopía. En este sentido, los jóvenes pueden adquirir experiencia más rápido, pero no dejan de estar expuestos a esas fake news, a menudo con estrategias de difusión cada vez más sofisticadas, y precisan, por tanto, de procesos de aprendizaje adecuadamente formalizados.

No volvamos a equivocarnos: los jóvenes no son «nativos digitales», y pensar que por ser jóvenes, podemos inhibirnos en su educación no los convierte en nada más que en «huérfanos digitales», condenados a aprender por su cuenta mediante ensayo y error, y solo si de verdad manifiestan una voluntad y un interés en aprender. Las redes sociales conforman un contexto específico con sus propias reglas, reglas que es fundamental conocer y entender. Enfocar la educación al desarrollo del pensamiento crítico es la única alternativa que tenemos para no convertir las fake news en un legado que se perpetúe en la siguiente generación.


This article was also published on Forbes, «You’re wrong if you think Generation Z is «immune» to fake news«


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